El pesimismo en el siglo XIX (1878) a b c d e f g h Erasmo María Caro (1826-1887)

Erasmo María Caro · El pesimismo en el siglo XIX

Un precursor de Schopenhauer, Leopardi

¿Será verdad que el mundo sea malo, que haya un mal radical absoluto, invencible en la naturaleza y en la humanidad, que la vida sea el don funesto de un poder malévolo o la manifestación de una voluntad irracional; será verdad, en una palabra, que la existencia sea una desgracia, y que la nada vale más que el ser? Estas proposiciones suenan de un modo extrañó en los oídos de los hombres de nuestro tiempo, aturdidos por el ruido de su propia autoridad, orgullosos con justicia de los progresos de la industria y de la ciencia, y cuyo temperamento, medianamente elegíaco, se acomoda perfectamente a una existencia prolongada sobre esta tierra, a las condiciones de trabajo que les son impuestas y a las sumas de bienes y de males que les han [6] tocado. Existe, sin embargo, esta filosofía que maldice la vida, y no sólo se manifiestan en algunos libros brillantes como un desafío lanzado al optimismo científico e industrial del siglo, sino, que se desenvuelve por la misma discusión y se propaga por un contagio sutil entre ciertos espíritus a quienes turba. Es una especie de enfermedad intelectual, pero una enfermedad privilegiada, concentrada hasta ahora en la esfera de la alta cultura, de la cual parece ser una especie de refinamiento morboso y de elegante corrupción.

Se ha hablado aquí en diversas ocasiones de estas teorías del pesimismo, a propósito de los sistemas de Schopenhauer y de Hartmann, de los cuales constituye la parte moral. No volveremos a empezar lo que ya está hecho. Queremos colocarnos en otro punto de vista. La cuestión merece ser profundizada en sí misma y generalizada, aparte de las formas doctrinales que le impone la nueva filosofía alemana o de la explicación metafísica que ella se propone. Existe aquí algo como una crisis intelectual y literaria a la vez, que traspasa los límites de un sistema. Trataremos de analizarla en algunos grandes objetos de estudio, de observar sus analogías a través de los medios más diferentes, y por el examen de las formas comparadas y de los síntomas, [7] remontarnos hasta el origen de este mal esencialmente moderno. Un estudio semejante, es más de curiosidad psicológica que de utilidad práctica. No es mucho de temer que esta filosofía sea nunca otra cosa en Europa, que una filosofía excepcional y que la humanidad civilizada se abandone un día a la seducción mortal de estos consejeros de la desesperación y de la nada. Pero esta excepción merece ser analizada con cuidado, en razón misma de los autores que la han prestado un lugar en la ciudad de las ideas, ciudad muy confusa y discorde, mas de un interés inagotable para el observador.

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Armando Palacio Valdés Erasmo Caro · El pesimismo en el siglo XIX
Madrid [1878], páginas 5-7