Homenaje a Félix Varela, Sociedad Cubana de Filosofía (Exilio) 1979
Sociedad Cubana de Filosofía
(Exilio)

Homenaje a Félix Varela

Ediciones Universal

Colección Sociedad Cubana de Filosofía (Exilio)
Ediciones Universal. Miami, Florida 1979
Ediciones Universal
P.O. Box 450353
(Shenandoah Station)
Miami. Florida, 33.145. USA.
1979

© Copyright 1979 by Sociedad Cubana de Filosofía
Library of Congress Catalog Card Nº: 78-67008
ISBN: 0-89729-211-1
Depósito Legal: B. 25.711-1978
Printed in Spain · Impreso en España
Impreso en el complejo de
Artes Gráficas Medinaceli, S. A.
General Sanjurjo, 53 - Barcelona-12 (España)

Este libro se acabó de imprimir el día
14 de enero de 1979, en el complejo de Artes
Gráficas Medinaceli, S. A., General Sanjurjo, 53,
Barcelona-25 (España)


Índice

Edición digital íntegra del texto contenido en el libro de 103 páginas, formato 140×210 mm, publicado en 1979 en Miami por Ediciones Universal (aunque impreso en España). En la contracubierta figura el siguiente texto:

Sociedad Cubana de Filosofía (Exilio)

Hace casi dos décadas, la Sociedad Cubana de Filosofía, fundada en 1946 por un grupo de entusiastas devotos de los estudios filosóficos, suspendió sus actividades y guardó silencio, con motivo de la conculcación sufrida por la libertad de nuestra patria. Sus miembros se dispersaron por el mundo, y el espíritu de la Sociedad se unió al éxodo.

En enero de 1977, desde tierras de exilio, algunos de los antiguos miembros de la Sociedad Cubana de Filosofía, y otros amigos más recientes, consideraron llegado el momento de reanudar las actividades filosóficas interrumpidas en Cuba. Los propósitos que los han animado son los mismos que mantuvo la entidad que se forjó en la patria: continuar la tradición filosófica que enriquecía nuestro pasado; mantener al día los estudios de estas disciplinas y estimular en los jóvenes la vocación por las ciencias fundamentales.

Ya constituidos en un organismo legalmente establecido, comenzamos nuestras sesiones públicas el 21 de mayo de 1977, iniciando la celebración de un ciclo de conferencias sobre el P. Félix Varela.

Esta publicación, la primera, que lleva a cabo la Sociedad Cubana de Filosofía (Exilio), recoge los trabajos pronunciados sobre Varela en los primeros meses de su existencia. Deseamos continuar con el estudio de todos nuestros valores filosóficos del pasado, pues queremos que los jóvenes compatriotas que aquí crecen conozcan que existe una tradición gloriosa, que tuvo a la filosofía como fundamento de los ideales patrios, pasado que debe equilibrar su actual formación en la que tan alto papel juegan las ciencias prácticas y la técnica.


Decíamos ayer...

Recordamos la célebre expresión del gran poeta agustino Fray Luis de León cuando retornó a sus tareas académicas de la Universidad de Salamanca, deseando indicar, como seguramente quiso hacerlo él, que hay actividades culturales que pueden ser interrumpidas en el tiempo, pero que ese lapso no debe nunca constituir una permanente solución de continuidad.

Hace casi dos décadas, la Sociedad Cubana de Filosofía, fundada en 1946 por un grupo de entusiastas devotos de los estudios filosóficos, suspendió sus actividades y guardó silencio, con motivo de la conculcación sufrida por la libertad de nuestra patria. Sus miembros se dispersaron por el mundo, y el espíritu de la Sociedad se unió al éxodo.

La ausencia de libertad era incompatible con la filosofía, que requiere para la realización de sus tareas el más amplio respeto. No era la primera vez que en la historia las ciencias fundamentales eran víctimas de las circunstancias políticas. En la misma Grecia, cuna de esta rama de la cultura, la demagogia imperante en el siglo IV a. C. hizo ejecutar a Sócrates. Platón se vio compelido a huir y, «para que Atenas no pecara por segunda vez contra la filosofía», Aristóteles se exilió para siempre.

La libertad de pensamiento es tan esencial al ejercicio de estos estudios que, cuando carece de ella, se extingue, como muere la semilla caída en suelo estéril; y si naciera, una perversa mutación la transformará en otra clase de planta.

En enero de 1977, desde tierras de exilio, algunos de los antiguos miembros de la Sociedad Cubana de Filosofía, y otros amigos más recientes, consideraron llegado el momento de reanudar [8] las actividades filosóficas interrumpidas en Cuba. Los propósitos que los han animado son los mismos que mantuvo la entidad que se forjó en la patria: continuar la tradición filosófica que enriquecía nuestro pasado; mantener al día los estudios de estas disciplinas y estimular en los jóvenes la vocación por las ciencias fundamentales.

Ya constituidos en un organismo legalmente establecido, comenzamos nuestras sesiones públicas el 21 de mayo de 1977, iniciando la celebración de un ciclo de conferencias sobre el P. Félix Varela. Los motivos que nos indujeron a escoger la figura ejemplar de este hombre, eran realmente suasorios. En primer término, quisimos comenzar el recuento de nuestros valores filosóficos del pasado, y nadie mejor que el representado por «el primero que nos enseñó a pensar». Pero también había sido el primero en muchos otros aspectos: inició la pléyade de grandes desterrados que, por sus ideas separatistas, se vieron forzados a buscar en las playas extranjeras, la libertad para la expresión de su pensamiento. Fue por ello un forjador de la nacionalidad cubana y su ideario se unió al de los que, a lo largo de un siglo, lucharon hasta conseguir la independencia de Cuba.

Esta publicación, la primera, que lleva a cabo la Sociedad Cubana de Filosofía (Exilio), recoge los trabajos pronunciados sobre Varela en los primeros meses de su existencia. Deseamos continuar con el estudio de todos nuestros valores filosóficos del pasado, pues queremos que los jóvenes compatriotas que aquí crecen conozcan que existe una tradición gloriosa, que tuvo a la filosofía como fundamento de los ideales patrios, pasado que debe equilibrar su actual formación en la que tan alto papel juegan las ciencias prácticas y la técnica.

Queremos reanudar nuestros contactos con las sociedades filosóficas del mundo, con las que en otro tiempo compartimos tareas importantes. A todos nuestros antiguos miembros y amigos les hacemos un llamamiento fraterno. Lleguen a ellos nuestros deseos de contar con su cooperación, que aprovechamos para enviarles, con el saludo de los que vuelven a la palestra filosófica en el exilio, por haber escogido la libertad.

M. G. T.


Breve historia

Entre las cosas ocurridas en Cuba el año 1945, se cuenta la creación de lo que, casi en seguida, iba a ser la Sociedad Cubana de Filosofía. Digo así porque, en realidad, ese año tuve la ocurrencia de proponer la creación de un organismo llamado Grupo Filosófico de La Habana compuesto por un reducido número de personas, entre las que se contaban los doctores Mercedes y Rosaura García Tudurí, Máximo Castro, Dionisio de Lara, Rafael García Bárcena, José María Velázquez, Horacio Abascal, Roberto Agramonte, Ildefonso Bernal, Jorge Mañach, Luis A. Baralt y tal vez alguien más. El mencionado Grupo dio a conocer sus propósitos en un modesto Boletín ad-hoc, mimeografiado, que se publicaba bimestralmente. Y se dio inmediatamente y con sana pasión a la tarea de restaurar en Cuba la otrora gloriosa actividad filosófica, a la cual tanto deben la independencia y la cultura de nuestra patria.

La acogida y el entusiasmo que despertó en nuestros círculos intelectuales esa novel e inusitada iniciativa en aquel momento, hizo que, apenas un año después, a propuesta del doctor Horacio Abascal, el Grupo se convirtiese en Sociedad Cubana de Filosofía, dotada del indispensable Reglamento y debidamente inscrita en el Registro de Asociaciones del Gobierno Provincial de La Habana. Este paso lo justificaba el hecho del crecimiento continuo de la organización, cuyos miembros aumentaron notoriamente en número, no ya sólo en la capital sino también en todas las provincias. En consecuencia, nos sentimos animados a llevar adelante los planes de esa restauración filosófica mediante el desarrollo de varias actividades que consideramos fundamentales. En primer lugar, [10] el contacto sostenido con instituciones y personas dedicadas al quehacer filosófico. De esta manera, se confeccionó un nutrido directorio que nos permitió ponernos en relación inmediata con Universidades, Sociedades y toda clase de organismos relacionados con la filosofía, y en contados meses pudimos disponer de la adecuada información que nos permitiese, como así sucedió, dejar efectiva constancia de que en Cuba había renacido la inquietud filosófica, prácticamente inexistente desde fines del siglo pasado y reducida en la República a un escaso y monótono quehacer docente, incapaz de animar a nadie a perseverar en el campo del saber principal. Y en pocos años logramos contar con un importante volumen de correspondencia sostenida con figuras notables e instituciones consagradas al desarrollo de la filosofía. A esto contribuyó decisivamente la aparición de la Revista Cubana de Filosofía, creada por Rafael García Bárcena el mismo año en que surgió la Sociedad, la cual pasó a ser inmediatamente el órgano oficial de esta última. Mediante la susodicha Revista iniciamos y sostuvimos un fructífero canje tanto de publicaciones de este tipo como de libros y folletos que al cabo de los años constituían un sólido y eficaz testimonio de cuanto se había hecho a este respecto. La Revista Cubana de Filosofía dedicó sendos números extraordinarios a honrar a personalidades tan destacadas como Enrique José Varona, Renato Descartes, Francisco Romero y José Ortega y Gasset. Y con ella pudimos dar a conocer en el mundo entero cuál era, por entonces, el pensamiento cubano. Pues su circulación incluía Europa, todo el continente americano y hasta lugares tan distantes de Cuba como Australia, las islas Hawai y la India.

En segundo lugar, otra actividad que nuestra Sociedad desempeñó desde el comienzo y condujo a extraordinarios resultados fue el de mantener, año tras año, en forma de cursos regulares, la docencia filosófica, gratuita y libre. Dicha tarea comenzaba en octubre de cada año y concluía a fines de mayo del siguiente, exactamente como acontecía con la docencia secundaria y universitaria en Cuba. Al final, en un banquete anual de clausura de dichos cursos, se entregaban los certificados correspondientes a quienes lo habían merecido por su asiduidad y constancia. Labor que, sin exageración, puede calificarse de brillante, [11] tal como aconteció en aquellas memorables ocasiones en las que honraron nuestra tribuna hombres de la talla de Risieri Frondizi, José Ferrater Mora, Guillermo Francovich, Eduardo Nicol, Leopoldo Zea, Eduardo García Máynez, y tantos que contribuyeron decisivamente al renacimiento de la filosofía en nuestra tierra. Ocasiones hubo, y esto lo recordaremos siempre con profunda emoción, en que el salón de conferencias desbordaba de un público ansioso de escuchar la palabra autorizada de esa multitud de prominentes personalidades que, por la incesante gestión de la Sociedad Cubana de Filosofía, podían entonces incorporar a su itinerario de visitas a la patria por la cual hacíamos tan perseverante labor cultural.

Tampoco podía faltar, por supuesto, nuestra presencia en los Congresos de Filosofía, tanto en América como en Europa. La Sociedad se hizo sentir en los de New York (1947), México (1951), Chile (1954), Washington (1949), Bruselas (1953), Brasil (1954), Venecia (1958) y Buenos Aires (1959). Consumada la catástrofe cubana, desaparecida la Sociedad, sólo pudimos enviar algunas comunicaciones al de Costa Rica (1961) y al de Canadá (1967). Pero nótese lo que supone y significa una labor tan constante para que Cuba no quedase ausente del mapa de la actividad filosófica mundial.

Otro aspecto que no descuidamos fue el de promover el desarrollo del interés filosófico en la juventud, y a este respecto se creó en la Sociedad la categoría de Socio Estudiante, con una módica cuota, lo cual hizo posible que multitud de jóvenes provenientes de nuestros centros de enseñanza se incorporasen a nuestro movimiento, y eran ellos los que, en notoria proporción, llenaban los salones en días de trabajo. Conjuntamente con esto se llevó a cabo la gestión para obtener becas para el estudio de la filosofía en el extranjero, y fue así como la señorita Victoria González Morillo pasó cuatro años en La Sorbona y obtuvo allí su doctorado en Filosofía. También por aquel momento se habían iniciado las gestiones para enviar otros dos estudiantes a Alemania.

Ya para la fecha de 1958 la Sociedad Cubana de Filosofía había adquirido no sólo la personalidad jurídica e intelectual a que le daba derecho su prolongado quehacer, sino, además, una acusada personalidad moral, porque éramos escuchados [12] y se nos solicitaba a veces por parte de otras acreditadas instituciones, como, por ejemplo, la Unesco, quien nos confió un ciclo de conferencias luego publicadas con el título general de Filosofía y Sociedad. También, por lo que tiene de gran significación, debo señalar que la Universidad de La Habana acometió en 1956 la revisión de sus planes de estudios filosóficos y decidió reincorporar a éstos la Metafísica y la Ontología, e incorporarle asimismo la Filosofía de la Historia, la Filosofía de la Cultura y la Axiología. Y es que nosotros, con gran respeto pero con evidente firmeza, habíamos actualizado en Cuba la filosofía contemporánea en sus diversas manifestaciones —existencialismo, filosofía de la vida, axiología, fenomenología, teoría del objeto, neotomismo, &c. O sea que trascendimos llamativamente aquel estrecho marco de un positivismo casi olvidado que aún trasuntaba el escaso acervo de la docencia filosófica predominante entonces.

Desde 1950 ya se sabía en casi todo el mundo que Cuba existía también filosóficamente, porque habíamos sabido procurarle esta otra dimensión cultural, mediante el articulado esfuerzo de un grupo de personas vocadas al saber principal. Sin provecho particular alguno, como no fuese el acrecentar continuamente el conocimiento filosófico, mantuvimos este ideal hasta que la barbarie desatada en nuestra patria dio al traste con dicha empresa, indudablemente patriótica. Por esto mismo, la Enciclopedia de Cuba (tomo VI) habla de nuestra labor a ese respecto, y dice que «entre 1940 y 1950, algunos hombres fervorosos, algunos de los cuales no carecían del heroísmo intelectual de nuestras mejores épocas, llevaron a cabo la restauración de la filosofía en Cuba». Nótese que se habla del «heroísmo intelectual de nuestras mejores épocas», es decir, de esa resuelta, resignada y humilde actitud de quienes —como sucede con nuestros mayores—, estaban convencidos de que todo cuanto llevaban a cabo era por la mayor gloria de Cuba. Nada hicimos en provecho personal, ni remuneraciones de ninguna índole, ni tampoco esas ocultas intenciones que ponen por delante una tarea que degrada el fin a la calidad de medio. Simplemente, tal como la historia ya lo reconoce, ayudamos a escribir las páginas de una historia, como la nuestra, [13] pletórica de testimonios positivamente fecundos, pese a cuanto se intente probar en contrario.

Ahora, en el exilio, los sobrevivientes de aquella Sociedad Cubana de Filosofía, que durante dieciséis años mantuvo en alto el pabellón de tan noble quehacer intelectual, se agrupan en torno al recuerdo para ellos sagrado de lo que fue esencialmente vida propia, y con la generosidad y entusiasta cooperación de otros compatriotas, se disponen a continuar dicha empresa, porque ahora, en el amargo destierro, las instituciones cubanas han vuelto a desplegar su actividad en señal de que, con toda certeza, la tragedia cubana es algo pasajero, por lo que volverá a brillar allí el sol de la libertad. El destierro del pasado siglo echó a España de su colonial posesión cubana y dio a nuestra tierra el status de República libre y soberana. El actual destierro, aún más numeroso, mejor dotado en todos los órdenes, y saturado de patriótico fervor, echará de Cuba la tiranía castro-soviética. Por esto mismo, la renovación y puesta en marcha en el exilio de la Sociedad Cubana de Filosofía es, también, la inequívoca señal de su intensa cubanía, forjada allá y sostenida aquí por el ejemplo de Caballero, Varela, Luz, Saco y tantos que vieron en la filosofía, como lo vimos nosotros entonces y seguimos viéndolo ahora, el modo de acceder a lo fecundo, perdurable y glorioso de nuestra identidad nacional —Dios, patria, libertad.

H. P. LL.


Mensaje a la Sociedad Cubana de Filosofía

En este día en que reinicia sus actividades la Sociedad Cubana de Filosofía, yo quiero de alguna manera hacerme presente —ya que me ha sido imposible asistir, como hubiera sido mi mayor deseo— a través de estas palabras grabadas que les lleven a ustedes mi mensaje de aliento, mi mensaje de estímulo y de solidaridad con esa obra que la Sociedad Cubana de Filosofía reemprende ahora en el exilio.

En nuestra Patria hemos tenido, gracias a Dios, desde los comienzos de su nacionalidad, desde los albores en que surge nuestra Patria como pueblo, el desarrollo de una idea filosófica basada siempre en los principios cristianos.

Quizás el precursor fue precisamente un religioso, José Julián Parreño, sacerdote jesuita nacido en 1728 y que según el biógrafo Andrés Cavo, fue el primer filósofo cubano aunque desarrolló su actividad filosófica precisamente en México. Después los ya más conocidos: el Padre José Agustín Caballero; el Padre Félix Varela, de quien todos tenemos noticia, porque se ha hecho ya de fama pudiéramos decir universal; don José de la Luz y Caballero, aquel gran maestro que nos dejó también en sus Aforismos normas de vida y de conducta tan preciosas, enseñándonos también con el ejemplo de su vida; José Antonio Saco, José María Mendive, hasta llegar a José Martí, que igualmente, a través de toda su obra, desarrolla un pensamiento basado siempre en principios de espiritualidad y en la creencia de que hay algo más que la materia; en principios de respeto a la dignidad del hombre, a los derechos humanos, a la dignidad humana del hombre como dijo Dios, [16] y en principios también de solidaridad, de amor, de unión de todos los hombres en un ideal común.

Después, nuestras tres primeras décadas del presente siglo, ya de la Cuba independiente, se distinguen por un descenso en la actividad filosófica, un vacío, pudiéramos decir. Y en la década del cuarenta comienza la Sociedad Cubana de Filosofía, que resucita una nueva etapa de mayor actividad en este aspecto, ya que el hecho más destacado en esa etapa es precisamente esa fundación de la Sociedad Cubana de Filosofía, la cual mantuvo una estrecha relación con filósofos europeos y americanos; editó libros y folletos, y sobre todo la Revista Cubana de Filosofía.

Todo esto fue interrumpido en el 1959, como tantas cosas en nuestra Patria que fueron cortadas en esa fecha nefasta. Pero ahora ha surgido la feliz idea de reiniciar las actividades de esta Sociedad.

Ahora en 1977, en el exilio, vemos surgir de nuevo la Sociedad Cubana de Filosofía con grandes esperanzas, porque ha de poner otra vez en actualidad, ha de llevar al pensamiento de nuestro pueblo exiliado que tanto lo necesita, esas mismas ideas que fueron las que nos dieron el ideal de nacionalidad; que fueron aquéllas sobre las que nuestros libertadores quisieron asentar nuestra independencia.

Yo me alegro infinitamente de esta idea y quiero prestar a ella mi mayor cooperación, aunque sea la más humilde. Y me alegro también de que renazca la Revista Cubana de Filosofía, interrumpida durante estos años y que ahora de nuevo ha de surgir, y ojalá esté en muchas manos, y ojalá sean muchos los que se nutran con los pensamientos que a través de ella deben llegar a nuestro pueblo.

Creo que es importantísima esta labor de formar fundamentalmente el pensamiento. Desgraciadamente descuidamos mucho este aspecto de nuestra lucha. Yo lo he repetido muchas veces, pero creo que no está de más repetirlo una más. Nos preocupamos quizás de la lucha de liberación de Cuba en otros aspectos y no nos damos cuenta de que la lucha de las ideas tiene que preceder a cualquier otro tipo de lucha, de que fue el propio Martí el que nos dijo que «trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras». Nos olvidamos de que se actúa como se piensa, [17] y de que si no ganamos el pensamiento de nuestro pueblo no podremos ganar su acción. En esto los marxistas nos dan un ejemplo que debemos imitar. Decía alguien que ellos se preocupan de llenar la mente, mientras nosotros nos preocupamos a veces sólo, en nuestros países libres, de llenar el estómago, o sea, del bienestar material.

Ojalá la Sociedad Cubana de Filosofía contribuya a formar esta conciencia nacional basada en principios firmes, en criterios claros y profundos que seguramente nos han de llevar a la consecución de una Patria verdaderamente libre, verdaderamente creyente, verdaderamente respetuosa de la dignidad y de todos los derechos humanos.

Reciba, pues, la Sociedad que renace mi saludo y mis mejores augurios para que pueda realizar una labor muy fecunda en el exilio, y en un futuro, cuando Dios quiera, otra vez en nuestra Patria.

Mons. Eduardo Boza Masvidal.

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  Homenaje a Félix Varela
Miami 1979, págs. 1-17