Anselmo Herranz · 1864-1935
 
Compendio de Historia de la Filosofía

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Compendio de Historia de la Filosofía

Barcelona 1915 · segunda edición · páginas 212-221

Capítulo XIII

Tendencias materialistas

La teoría sensualista de Locke y Condillac, desarrollada por Robinet, Cabanís y Destutt de Tracy en sentido francamente materialista y cultivada con amor por los filósofos impíos de la Enciclopedia, tuvo a principios del siglo XIX muchos cultivadores. El materialismo, aunque no erigido en sistema, como lo fue más tarde por Muller, Büchner, &c., según veremos después, se presenta en muy variadas formas. Veamos las principales tendencias materialistas.

La Frenología. Siguiendo la corriente fisiológica iniciada por Cabanís, para explicar el pensamiento, Gall (1758-1828), Broussais (1772-1838) y Spurzheim (1776-1833), fundaron la Frenología, o sea la ciencia que localizaba todas las facultades del alma en el cerebro, aspirando a conocer por los abultamientos cerebrales o craneoscópicos las facultades, instintos, inclinaciones y disposiciones hasta intelectuales del hombre. Es un sistema materialista demasiado ridículo para que nos entretengamos en detallado. [213]

Escuela sensualista italiana. Las doctrinas de Locke y Condillac, que tanta influencia ejercieron en Francia, se propagaron a Italia, dominando en ella a principios del siglo XIX más que en otras naciones. La causa de esta influencia fue la estancia de Condillac en Parma durante diez años como preceptor del duque Fernando. En la universidad de Parma y en el colegio Alberoni de Plasencia estaban los focos de la filosofía sensualista. Esta escuela contó en Italia numerosos partidarios, siendo sus principales representantes:

El P. Soave (1743-1816). Es el primero y el más entusiasta de los discípulos de Locke, a quien llama «el mayor de los metafísicos». En sus instituciones de Lógica, de Metafísica y de Ética, en sus traducciones del inglés, como la del Ensayo sobre el entendimiento humano, de Locke, y en la cátedra de uno de los liceos de Milán y otra que ocupó, extendió y dio prestigio a la filosofía sensualista.

Gioia (1767-1828). Es otro representante notable de esta escuela. En sus Elementos de Filosofía y en su Ideología defiende el empirismo en el orden especulativo y el utilitarismo en el práctico. Una de sus obras más originales y la de más mérito es la Filosofía de la Estadística, en la que hace un estudio de la Estadística, haciendo aplicaciones a la Moral, a la Política y a la Economía.

Romagnosi (1761-1835). El autor de la Introducción al estudio del derecho público universal no es un sensualista rígido como los anteriores, mas, aunque para él las funciones intelectuales no sean meras sensaciones transformadas y admita facultades intelectuales, la verdad es que la razón en su teoría no pasa de un sentido superior, pero sentido al fin. [214]

Siguieron esta misma dirección Cicognara en sus Discursos sobre lo bello, Borelli, Costa, Bufalini y otros de menos importancia.

Lamarck (1744-1829). Aunque con tendencias también materialistas, muy diferentes de las anteriores son las doctrinas de este escritor. Él, y no Darwin, fue el verdadero autor del transformismo, sistema expuesto en su obra Filosofía zoológica. Según él, las especies de los seres organizados existentes no son fijas ni inmediatamente creadas por Dios, sino que deben todas su origen a la materia que, por generación espontánea, creó una forma protorgánica y simplicísima, de la cual, por evolución, han ido naciendo las demás, pasando de las más imperfectas a las más complejas y perfectas. La adaptación al medio que rodea, creando, por la ley de la necesidad, nuevos organismos, la herencia de las propiedades adquiridas y el hábito resultante del ejercicio u ociosidad de los órganos, son la causa del tránsito de una a otra especie. La especie de donde nació el hombre es el monotroglodita.

La solución biológica excitó los ánimos y dividió a los naturalistas. Mientras Jorge Cuvier sostenía con otros la inmutabilidad tradicional de las especies, Geofroy Saint-Hilaire, Bori Saint-Vincens, Naudint, Oken, Carus, Schaafhausen en Francia, Powell, Wallace y Erasmo Darwin, abuelo de Darwin, iban preparando el transformismo darwiniano.

Augusto Comte (1798-1857). Es el fundador del positivismo y el que echó las bases al materialismo crudo que se siguió de su teoría. Su doctrina se contiene en sus dos obras tituladas Sistema de Filosofía positivista y Sistema de Política positivista.

Filosofía de Comte. La filosofía de Comte contiene dos partes: una negativa y otra afirmativa. [215] En la parte negativa enseña: 1.º Que la Metafísica no existe y es una ciencia quimérica, pues todo lo absoluto, como son las primeras causas, es inaccesible por completo al entendimiento humano. 2.º Que la observación de los fenómenos y el fijar por análisis e inducción las leyes que los rigen, es la ciencia única y el único método para llegar al conocimiento de la realidad. Todo lo metafísico, teológico, cuanto escapa a la acción de los sentidos, está fuera del terreno verdaderamente científico y entra en el campo de lo incognoscible. La parte afirmativa puede resumirse en la doctrina de la famosa ley de los tres estados, teológico, metafísico y científico, por los que pasa necesariamente todo pensamiento humano, y la ley de filiación de las ciencias.

La ley de los tres estados es la que preside al desarrollo del espíritu humano. En el primer estado, el alma busca la causa de los seres del mundo y de los fenómenos que en él observa en seres sobrenaturales e invisibles y agentes personales y misteriosos, lo cual constituye el estado teológico de la ciencia. En el segundo estado, el hombre busca la causa de esos fenómenos por medio de hipótesis metafísicas, a priori, y ese es el estado metafísico. A la ficción teológica y a la hipótesis metafísica, sigue la ciencia positiva, única verdadera y posible, y este es el tercer estado.

La ley de generación de las ciencias es proceder en su desarrollo de lo simple a lo compuesto. En conformidad con esta ley el orden de las ciencias es el siguiente: Matemáticas, Astronomía, Física, Química, Biología y Sociología, que es la más perfecta.

Para Comte no hay diferencia esencial entre el hombre y el bruto; el concepto de derecho es una cosa [216] inmoral; el de causa, sofística e irracional. En filosofía Comte destierra y abomina de toda religión, mas en política habla de la religión, de la humanidad y habla de un gran Ser, viniendo a confesar de esa manera la necesidad imprescindible de una religión. En una palabra, la filosofía de Comte es la premisa del materialismo.

Movimiento positivista. Paralelamente al positivismo de Comte y recibiendo de él cierta influencia, cultivaron en Inglaterra un positivismo que pudiera llamarse moderado, por no ser manifiestamente materialista: Stuart Mill, que coincide casi siempre con Comte, Emilio Littré y Lewes, de los cuales volveremos a hablar con más amplitud.

Escuela humanitario-positivista

No sin razón tratamos aquí de esta escuela después de la exposición del positivismo y del materialismo, ya que no es otra cosa que una prolongación de esos errores aplicados a la constitución de la sociedad. Todas las teorías que comprendemos bajo ese nombre de humanitaristas tienen por fin y objetivo modificar las bases en que descansa y las instituciones por que se rige la sociedad para mejorar la suerte de los individuos. Esta escuela puede dividirse en dos: la humanitario-socialista y la humanitario-filosófica.

Escuela humanitario-socialista. Saint-Simón es el fundador de esta escuela. Hijo de una familia ilustre de Francia, peleó en América a las órdenes de Washington, y a su vuelta a Europa, después de una vida de disipación y ansioso de celebridad, comenzó a publicar varias obras, exponiendo su pensamiento, siendo la principal su Nuevo Cristianismo. En esta obra acusa a la religión cristiana de no saber o no querer [217] acomodarse a la ley del progreso, y aspira a reformarlo: 1.º, afirmando el principio de fraternidad «amaos los unos a los otros»; 2.º, organizando la sociedad en conformidad con ese principio, de modo que produjese el bienestar de las clases más pobres. Para esto se debe dividir la sociedad en tres clases: la sacerdotal, la científica y la industrial. Cada una ha de estar ordenada y gobernada por una jerarquía de jefes, sometidos a uno supremo, que divida el trabajo y su producto con arreglo a esta ley: a cada uno según su capacidad, a cada capacidad según sus obras.

Esta nueva religión, según Saint-Simón, concluirá la lucha entre la materia y el espíritu que enseña el Catolicismo, reconociendo la legitimidad y santidad de la materia y de los sentidos y rehabilitando las pasiones. Las consecuencias que en esas premisas se contienen y las acciones inmorales que permiten se encargaron de deducirlas y aun practicarlas sus discípulos.

Discípulos de Saint-Simón. Entre otros, son los principales Leroux y Raynaud, que fueron los que representaron la parte teórica y racional del sistema, del cual se separaron, y además, Enfantin, Barard, Olindo Rodríguez, Barrault, Chevalier y Talabot.

Fourier. En 1808 Fourier escribió su Teoría de los cuatro movimientos, en donde se inicia su sistema, que completó en su Tratado de la asociación doméstica agrícola. Su principio fundamental es: «el deber viene del hombre, la atracción viene de Dios»; es decir, la impulsión de las pasiones la da Dios y, por lo tanto, toda pasión es buena y la felicidad consiste en satisfacerla; el deber moral que limita la pasión tiene su origen en la voluntad humana, y por eso varía de pueblo a pueblo y según las circunstancias. Es, pues, esta teoría la santificación de las pasiones. Como que las [218] sociedades actuales coartan la satisfacción de las pasiones y su libre y legítimo ejercicio, es preciso cambiar sus organismos, contrarios a la naturaleza y a la voluntad divina, y crear una organización nueva en la que desaparezca toda represión. Todo lo demás del sistema de Fourier se reduce a explanar esa nueva organización social y a establecer sus célebres falansterios, que tuvo que suprimir la autoridad pública por su inmoralidad, como había de suceder necesariamente.

Owen. Inglés de nacimiento, pertenece por su doctrina a Francia y al sansimonianismo. La fraternidad universal y la irresponsabilidad individual son los dos fundamentos de este socialista. El hombre desea naturalmente la felicidad de sus semejantes, mas al reducir a actos ese deseo, como los hombres no son libres, pues sus actos son impuestos por convicciones, sentimientos y circunstancias que les rodean, resulta que son irresponsables y exigen, por tanto, un poder público que dirija las acciones de todos los ciudadanos al bien común. Siendo irresponsable el individuo hay que abolir toda suerte de premios y castigos, fuentes de desigualdad social; siendo el poder público el que rija la acción de los ciudadanos, hay que suprimir todo lo que es privado y abolir la propiedad. Igualdad perfecta y comunidad absoluta de bienes, mujeres, hijos y, en fin, de todo, ha de ser la aspiración suprema de la humanidad, según Owen.

Escuela humanitario-filosófica. En sus tendencias prácticas y político-sociales coincide con la anterior, pero sus representantes concedieron una mayor importancia a la especulación científica. Leroux y Raynaud, que son los que la fundaron, figuraron en un principio en la iglesia sansimoniana, pero cuando [219] Enfantin proclamó la emancipación de la mujer se separaron de ella.

Pedro Leroux. Nació en 1798, publicó sus ideas democráticas y socialistas en varias revistas y en los discursos de las Asambleas de 1848 y 1849, muriendo en París durante la Commune en 1871. Sus ideas filosóficas están expuestas en sus dos libros Refutación del eclecticismo y De la humanidad, su principio y su porvenir. El pensamiento del primero está contenido y reasumido en las siguientes proposiciones: 1.ª El objeto de la Filosofía y de la Religión, que son, por tanto, idénticas, es la realización del progreso, la perfectibilidad humana. 2.ª De aquí se infiere que el fondo metafísico de toda religión es verdadero como doctrina filosófica. 3.ª Este fondo metafísico es la doctrina de la Trinidad, porque el hombre es simultáneamente sensación, sentimiento e inteligencia, y por lo mismo la Trinidad es la esencia del espíritu humano. Toda la doctrina del segundo libro se reduce a aplicar la ley del progreso a esa Trinidad humana. En él desarrolla un panteísmo original que se debe llamar humanitario. La humanidad es un ser permanente y superior a los individuos, que sobrevive a ellos, del cual los individuos son meros fenómenos o encarnaciones concretas. Dios es para Leroux lo que para todos los panteístas; el alma, una realidad inseparable del cuerpo; el cielo y la gloria del hombre es la tierra y la felicidad que puede gozar en ella. No obstante esto, admite la metempsicosis.

Juan Ernesto Raynaud. Nació en 1806; en 1854 publicó, después de colaborar con Leroux, su gran amigo, en varias revistas, su libro titulado Tierra y Cielo. Su fondo doctrinal, con escasas variaciones, es el mismo de Leroux. [220]

Crítica de esta escuela. Es, como hemos dicho, el materialismo trasladado a la constitución de la sociedad, la substitución de la moral cristiana por la moral epicúrea. Cuando se niega a Dios, al alma, al cielo, es lógico buscar la felicidad en la materia y en esta vida. Con estas doctrinas que intentan destruir la organización social cristiana hizo su aparición el socialismo, que hoy amenaza a las sociedades modernas.

Proudhon. Nació en 1809 y murió en 1865. Este escritor impío y blasfemo, por más que condena el socialismo y aborrece a los socialistas y los insulta y denuesta, es bien cierto que su teoría es una evolución legítimamente deducida de las de Saint-Simón, Fourier y Owen; es la última deducción del racionalismo materialista en la esfera de la Moral y de la Sociología. Sus obras son: Sistema de las contradicciones económicas, La justicia en la Revolución y en la Iglesia y Filosofía de la miseria. Comienza por negar las ideas de causa y substancia, de providencia y de alma espiritual y eterna; preconiza el ateísmo y protesta de la existencia de Dios hasta en hipótesis. En Moral saca la última consecuencia de la moral independiente y no se limita a separar la moral de la idea de Dios, sino que proclama a la libertad individual y autónoma como principio, medio y fin de la moralidad. En su teoría social, Proudhon establece como principio la justicia, o sea un elemento esencial a la humanidad, que no es otra cosa que la libertad humana independiente de Dios, y como la justicia esencialmente consiste en la igualdad, saca de aquí que una sociedad perfecta exige la igualdad absoluta de todos los ciudadanos y que hay que abolir cuanto sea incompatible con esta igualdad, como es la autoridad, las desigualdades de fortuna y rango, y sobre todo la propiedad. [221] Se declara anarquista, afirmando que la mejor forma de gobierno es la anarquía, y que la propiedad, fuente primera de desigualdad social, es un robo. Su única inconsecuencia y falta de lógica está en atacar al socialismo y al comunismo, tratándolos de inmorales y vacíos de ideas, cuando su sistema es como el coronamiento de esos sistemas.


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Anselmo Herranz Establés
Historias de la Filosofía