Lorenzo Hervás Panduro
 
Doctrina y práctica de la Iglesia en orden a las opiniones dogmáticas y morales

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Lorenzo Hervás Panduro

Tratado sobre la doctrina y práctica de la Iglesia
en orden a las opiniones dogmáticas y morales

 
§ III. Doctrina de los padres de la iglesia hasta el siglo XIII sobre el uso lícito de las opiniones probables

En la cátedra doctrinal del cristianismo a los apóstoles sucedieron los padres de la iglesia, los cuales en ésta sobre el uso de las opiniones probables en materias teológico-morales enseñaron ciertamente la doctrina que de sus maestros, y doctores apostólicos habían aprendido, y conservado por herencia. Esta doctrina heredada es la misma, que antes se ha insinuado, como lo demostrarán los textos, que inmediatamente se citarán de insignes padres, que florecieron en diversos tiempos de los doce siglos primeros de la iglesia, y después sucesivamente se expondrán la doctrina de los [14v] doctores, y teólogos, que después de dichos siglos florecieron hasta el presente, y la práctica siempre continuada, y la misma en la iglesia. [15]

San Gerónimo doctor máximo de la iglesia, que en la común opinión se respeta justamente por uno de los escritores mas críticos, que ha tenido el cristianismo, tratando de sus comentarios sobre la sagrada escritura, en la que se contiene el manantial del dogma, y de la moral, escribía a s. Agustín{1} diciendo: «no me atrevo a decidir opinión alguna en cosa grave: mas habiendo leído los escritos de los antiguos, pongo sus varios pareceres para que cada uno adopte el que le agrade». Este modo de escribir está ya casi desterrado: por que rarísimo es el moralista, que nos presente sinceramente la variedad de opiniones entre los autores cristianos para que el lector elija la que le agrade. Vemos por lo contrario muchos libros de moralistas, que únicamente nombran en ellos las opiniones contrarias a las suyas para desfigurarlas, y criticarlas de propia, y caprichosa autoridad como temerarias, escandalosas, e impías. Con este lenguaje, que solamente no [15v] desdeciría de las verduleras públicas, están escritos no pocos libros morales. En cuantos de estos no hallamos a cada página, que se llama temeraria, escandalosa, y malvada una opinión defendida por centenares de autores a presencia, y oídas de la iglesia universal con profundo silencio de ésta? Tal raza de autores, a quienes caracterizan la temeraria presunción, y la mala crianza, o desvergüenza, podrá tener puesto alguno en la clase de los que enseñan la moral cristiana? La temeraria crítica, que hacen de las opiniones de otros autores iguales, o superiores a ellos en doctrina, y autoridad, y el desvergonzado lenguaje con que la exponen, no deben bastar al más idiota para abominar de sus libros?

Entre los padres de la iglesia hubo muchos, que entre dos opiniones diversas adoptaron, y practicaron una de ellas: mas cómo la defendieron? La defendieron reprobando la contraria, y criticándola como malvada, o pecaminosa? Nada de esto hicieron: yo, escribía san Cipriano{2}, según la cortedad de mi talento te he escrito, o hermano carísimo, no dando ley a ninguno: cada obispo obre según su parecer: éste determine su obrar». [16]

San Agustín respondiendo a Casulano, que le consultó sobre el ayuno del sábado, le dice{3}, que su madre santa Mónica tuvo la misma duda en Milán, en donde él la propuso a san Ambrosio, y que éste le había respondido diciendo: «no se puede enseñar sino lo que hago: aquí no ayuno: y cuando estoy en Roma ayuno». San Agustín concluye su carta diciendo: si quieres seguir mi consejo confórmate con el ejemplo de tu obispo sin escrúpulo, y sin disputar». San Agustín ignoraba cual fuese la opinión del obispo de Casulano, y no obstante a éste aconseja, que la adopte. Este consejo de san Agustín según la doctrina de muchos moralistas modernos se debería llamar temerario. Es digno de advertirse, que el santo doctor no dice a Casulano, que debía seguir su consejo, mas se lo propone sin indicarle la menor obligación de seguirlo.

El mismo Santo escribiendo a Januario, o Genaro sobre si el día, en que se celebra la institución del santísimo sacramento de la Eucaristía, ésta se podía recibir después de haber comido, declara su opinión negativa, y concluye diciendo{4}: «mas yo ni digo, que se coma antes de comulgar en dicho día: ni me atrevo a contradecir al que haga lo contrario». Tal era la conducta del santo doctor sobre dos opiniones, de las que una adoptada por el santo, se fundaba en [16v] la costumbre universal de la iglesia, y la otra en la razón probable de algunos. En estos términos el santo doctor{5} expone la calidad de las dos opiniones: y antes de exponerlas establece para su decisión los dos siguientes{6} principios, como basas de la disputa, y resolución. El primer principio es, que el divino Salvador, como se dignó declarar en el santo evangelio, vino a ponernos yugo suave, y carga ligera. El segundo [17] es, que es cosa indiferente opinar sobre todo lo que no se convence ser contra la fe, o contra las buenas costumbres». En la esfera de este segundo principio se contienen todas las opiniones probables: pues se llaman y son probables porque ninguna de ellas convence cosa alguna contra la fe, y las buenas costumbres.

No faltaban en tiempo de san Agustín teólogos no solamente obstinados en defender opiniones de probabilidad puramente aparente y consiguientemente improbables, mas también imprudentes, y temerarios en condenar la opinión contraria de otros: y contra estos el santo doctor en la dicha carta a Genaro declama{7} como contra personas, que con obstinadas disputas, y supersticiosa timidez excitaban cuestiones inútiles.

El santo doctor entre las opiniones propia, y verdaderamente probables no hacía distinción alguna: prueba de esto son los casos referidos, y principalmente el siguiente. Entre los antiguos cristianos se opinaba si era lícito, o no al cristiano comer manjares, que se hallasen en algún adoratorio de ídolos; porque se debía presumir, que se [17v] habían sacrificado, o consagrado a ellos. Preguntado el santo doctor sobre estas opiniones respondió diciendo: si se sabe{8}, que el manjar hallado en un adoratorio es idolotito, o consagrado a los ídolos, el cristiano lo desprecie: mas sino se sabe, o se ignora, que se haya consagrado, lo podrá comer sin ningún escrúpulo». Este caso es uno de los rarísimos en que parece descubrirse, que una opinión es más probable, que otra. El santo doctor decidió a favor de la menos probable.

Así mismo el santo doctor disputando si se podía bautizar un catecúmeno, que muriere repentinamente sin dar señal alguna de querer el [18] bautismo, decide, que se debía bautizar: y añade, que no por esto{9} condenaba a los que juzgaban, y obraban contra su opinión. Propone el Santo otro caso, en que se suponga, que el dicho catecúmeno ha vivido con mujer adúltera hasta el momento de su muerte, y decide, que según su{10} parecer no se le debe negar el bautismo: porque aunque{11} sea incierta la voluntad del catecúmeno, es menos mal darlo al que no lo pide, o quiere, que negarlo al que lo pide: pues aunque no hay señal de que lo quiera o no lo quiera, es más creíble, que lo quisiera; si pudiera dar señas. Y lo que dice el santo sobre el bautismo, [18v] siente{12} también sobre el sacramento de la penitencia.

De estos, y otros casos, que el santo resuelve, de las razones, que para su resolución alega, se infiere claramente, que para ésta se dirigía por las opiniones que le parecían probables sin contradecir a las contrarias, que le pareciesen más, o menos probables. Y los casos alegados prueban determinadamente, que el santo doctor por práctica, y máxima decidía adoptando las opiniones más benignas{13}. Se podrán alegar algunos casos, aunque raros, en que adoptase las opiniones más rígidas: mas no por esto se citará proposición, en que el santo insultase de los que seguían las contrarias probables. La verdadera probabilidad, dice muchas veces el santo, da fundamento al asenso. Éste se negaba por los académicos porque no se debía asentir sino a lo cierto: y quien obrando según lo probable, no asiente, no yerra. La doctrina de estos filósofos, que como dice Lactancio en [19] el capítulo 6. del libro 3. de sus instrucciones divinas, destruía toda la ciencia, impugnó largamente san Agustín en tres libros intitulados contra académicos. En estos libros vanamente se buscan por autores, que se deleitan de cuestiones de nombre, textos para probar, que san Agustín impugnó el probabilismo: estos autores no advierten, que con esta vana pretensión contradicen a toda la autoridad, según la cual el probabilismo de los académicos era aéreo, y diferentísimo del que se define en la filosofía, y teología? San Agustín en el probabilismo de los académicos impugnó una secta de filósofos, que no reconocían ciencia alguna, y consiguientemente no admitían certidumbre ni matemática, ni moral: y en tiempo del santo doctor la palabra probable no se entendía por los filósofos, y teólogos en el sentido, en que el santo doctor impugnaba el probabilismo de los académicos, mas en el sentido mismo, en que actualmente se entiende: esto es, por probable se entendía lo que se funda en razón sólida, y no se convence ser falso. Según este sentido Cresconio donatista replicó a san Agustín arguyéndole por que oponiendo el santo las tradiciones del catolicismo a las de los donatistas, llamó más probables a aquéllas{14}. El santo quiso entender ciertas, mas escribió solamente más probables: y Cresconio al leer el comparativo más probables, insultó arguyendo, o diciendo al santo: luego defenderemos probablemente nuestras tradiciones. Este caso se infiere claramente de un pasaje de los libros de san Agustín contra Cresconio, el cual pasaje siniestramente se interpreta por el dominicano Concina, como si [19v] su interpretación fuera capaz de impedirnos leerlo, y entenderlo genuinamente como se debe entender en los dichos libros de san Agustín.

El santo doctor últimamente sobre las varias opiniones probables establece la máxima siguiente en una de sus cartas a s. Jerónimo{15} «las obras de los autores no canónicas leo sin tener por verdaderas sus opiniones aunque sean de escritores insignes en santidad, ciencia: si las adopto, esto hago, porque según la doctrina de los autores canónicos, o según razones probables me parece, que no se alejan de lo verdadero: y juzgo, que serás del mismo parecer». Esta máxima contiene en general la doctrina más prudente, y racional sobre el juicio, que se debe hacer de las opiniones probables; y los casos antes alegados, en que san Agustín respondió según las opiniones menos probables, nos demuestran ser lícita la elección, que de éstas se hace. A esta doctrina de san Agustín tan clara, y favorable al uso lícito de las opiniones probables los probabilioristas oponen la célebre sentencia del santo, que dice: tene certum, et dimitte incertum: mas esta objeción, que propone una sentencia pronunciada por el santo doctor en circunstancias diferentísimas, y convenientísimas a aquellos casos, en que lo más seguro se debe hacer, es despreciable, y ridícula en el presente asunto como ya notaron Nyder, san Jerónimo, y otros autores antiguos{16}. [20]

A las clarísimas autoridades de s. Gerónimo, y de s. Agustín, que se han alegado, es conforme la doctrina de los demás padres, y doctores de la iglesia sobre las opiniones probables, que en todos tiempos ha habido, y necesariamente debe haber siempre en toda clase de materias dogmáticas, y morales, que no decidiéndose por la revelación, o no conociéndose evidentemente por razón son esencialmente disputables, y se contienen en la esfera del probabilismo racional. Dedicaré después un discurso breve al uso práctico, que de cualquiera opinión probable en materias no solamente de derecho eclesiástico, mas también de derecho divino se ha hecho en la iglesia desde la más remota antigüedad, y en dicho discurso deberé citar las resoluciones de varios padres antiguos a favor de las opiniones menos probables, y nuevamente alegaré otras sentencias de s. Gerónimo, y de san Agustín. El lector en dicho discurso leerá decidida con casos prácticos la lícita elección de dichas opiniones: leerá también, que en favor de la libertad se decide, o permite toda opinión probable, que interpreta la ley eclesiástica, o divina de algún modo dudosa según la máxima de san Gregorio Nacianceno, que en caso semejante argüía así. «Pruébame decía{17}, que no se puede hacer la cosa, de que tratamos, y sino puedes probarlo, no [20v] la condenes: si hay duda bien fundada de que no es mala, no se impida hacerla.

Remitiendo el lector al dicho discurso, en que sobre el uso lícito de cualquiera opinión probable hallará la doctrina práctica de algunos padres de la iglesia, que florecieron poco después de s. Agustín, yo por abreviar el presente discurso salto ahora a la última época de los santos padres, y observaré si en ella sobre dichas opiniones la doctrina es la misma, que enseñaron los antiguos. Saltaré pues al tiempo, en que florecieron san Anselmo, y san Bernardo, últimos padres, e insignes lumbreras de la iglesia. Las obras de san Anselmo se miran como modelo de las teológico-escolásticas, que se empezaron a escribir desde el siglo duodécimo, en que éstas aparecieron en las escuelas del cristianismo.

He aquí el lenguaje con que san Anselmo habla sobre las opiniones probables{18}; «Lo que afirmo, dice el santo [21] doctor en su obra intitulada Cur Deus homo, sin autorizarlo mucho, lo afirmo, porque así lo juzgo por razón. Detesto de todo lo que indubitablemente es contrario a la sagrada escritura: mas sobre lo opinable, en que no se descubre cosa indubitable, paréceme no ser reprensible por seguir más una opinión que la otra».

El mismo santo doctor criticado verosímilmente sobre su dicha obra escribió en defensa de ella diciendo{19}: «no repruebo ninguna opinión racional, ni defenderé la mía si por razón se prueba que repugna a la verdad. La razón, que sobre el asunto he alegado, me ha parecido suficiente, y ésta puede bastar, aunque haya otras razones».

San Bernardo, que al desaparecer de este mundo san Anselmo ilustraba ya la iglesia con su santidad, y doctrina a las dificultades, que su amigo, y gran sabio Hugo de San Víctor le [21v] propuso sobre la variedad de opiniones, respondió con la máxima siguiente: «cada uno, dice{20}, quietamente esté en su opinión, cuando a ésta no se opone la razón cierta, o la autoridad no despreciable». Asimismo el santo tratando magistralmente de la opinión declaró breve, y admirablemente su naturaleza diciendo{21}: «se debe [22] saber, que la opinión, si afirma, o decide, es temeraria… ella solamente defiende tener casi por verdadero lo que se ignora ser falso». La opinión pues tiene casi por bueno lo que se ignora ser malo: por lo que no obra mal el que la adopta: mas es temeraria o herética, como bien dicen{22} el Altisidoriense, y Ales, la opinión, que afirma, o decide que solamente es bueno lo que ella defiende. Estas máximas de san Bernardo (el cual aunque por orden de antigüedad se llama el último padre de la iglesia, por su doctrina justamente se renombra el segundo Agustín aún por los heterodoxos, como insinué en mi discurso de la teología puesto en la historia de la vida del hombre, nos dicen el uniforme modo de pensar, que los padres y doctores de la iglesia constantemente tuvieron siempre sobre la variedad de las opiniones racionales, que entre los católicos se defendían. A dichas máximas corresponde, y en todos tiempos ha correspondido la práctica de la iglesia, como consta de innumerables hechos de la historia eclesiástica, de los que después se indicarán los que basten para demostrarla.

A tiempo de S. Bernardo, que murió el año 1153, florecía Pedro Lombardo obispo de París, llamado el maestro de las sentencias, que murió el año 1160. No se coloca en la clase de padres de la iglesia Pedro Lombardo, aunque contemporáneo de s. Bernardo, e insigne por la doctrina de sus cuatro libros de las sentencias, que fueron el primer compendio mas metódico de teología, y modelo de la dogmático-escolástica, que después de [22v] la muerte de Lombardo se empezó a ilustrar, y enseñar por Pedro Pictaviense su discípulo parcialísimo, que florecía el año 1170, por Guillermo Altisidoriense, que murió el 1223, por Guillermo Alverno obispo de París, que florecía, en el 1240, por Alejandro de Ales (que murió el 1245) maestro de santo Tomás, y de s. Buenaventura, por estos santos doctores, y por otros insignes teólogos. Lombardo pues constituido fuera de la clase de los padres de la iglesia, de los que s. Bernardo se hace último, se pone por jefe de otra, que llamamos de teólogos dogmático-escolásticos, entre los que veneramos insignes doctores, y maestros de la iglesia. Los escritores de esta segunda clase elevaron desde luego el estudio teológico a la perfección mayor: por lo que las escuelas de él empezaron a florecer, y a dar en todos tiempos muchedumbre de discípulos, que con su doctrina, y escritos han ilustrado maravillosamente la ciencia teológica, dividiéndola en diversos ramos, para que con mayor exactitud, y rigor se prueben sus verdades, y se examinen las dudas, y más fácilmente se enseñen, y estudien. Los ramos, o clases, en que la teología se dividió son cuatro: conviene a saber de teología expositiva, o escrituraria, de teología positiva, o dogmática, de teología dogmático-escolástica, y de teología moral. Ésta ha sido el ultimo ramo, que empezó a perfeccionarse después, que los tres primeros habían logrado ya su mayor perfección. [23]

Según el orden, con que me he propuesto discurrir en el presente tratado, yo deberé exponer sobre las opiniones probables la doctrina de los teólogos, que desde Pedro Lombardo han florecido en la clase de doctores, maestros, y teólogos que se siguió inmediatamente a la de los padres de la iglesia: mas antes de empeñarme en exponer lo prometido se me permitirá, hacer una digresión útil al presente asunto, sobre el método, con que en tiempo de los padres de la iglesia, o en los primeros doce siglos de ésta se hizo el estudio de la ciencia moral para instruir a los fieles, y administrar los santos sacramentos.

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{1} Ego… de magnis statuere non audeo, nisi ingenue confiteri me majorum scripta legere, et in commentariis secundum omnium consuetudinem varias ponere explanationes, ut e multis sequatur unusquisque quod velit: quod quidem te puto, et in seculari, literatura, et in divinis literis legisse, et probasse…. Epistola LXXIV d. Hieron ad. d. Aus y CXII. en el tomo 1 col. 734. n. 5. de la edición. S. Eusebii Hieronymi Opera Studio Dominici Salarsii. Verone. 1734. fol. vol 11.

{2} Hec tibi breviter pro nostra mediocritate rescripsimus frater charissime, nemini prescibentes, aut prejudicantes, quominus unusquisque episcoporum, quod putat, faciat, habens arbitri sui liberam potestatem. S. Aurelii Augustini opera. Antuerpie. 1700. fol. vol. En el vol. 9. Lib. 5. de baptismo contra donatistas. Cap. 17. col. 102.

{3} S. Augustini tomus 2dus Epist. ad Casulanum 36. (alias 86): in fine: col. 62. Si meo consilio… acquiescis episcopo tuo in hac re noli resistere, et quod facit ipse, sine ullo scrupulo, aut diseptatione sectare.

{4} S. Aus. tomus 2dus: epistola ad Januarium 54 (alias 118). num. 8. ex 9. col. 96.

{5} He aquí las dos opiniones contrarias, que propone s. Agustín, el cual declarándose a favor de una no se oponía a la contraria, que era menos probable. Placuit Spiritui Sancto, ut in honorem santi Sacramenti in os christiani prius dominicum corpus intranet, quam exteri cibi; nam ideo per universum orbem mos iste servatur. (Ésta es la primera opinión)…. sed nonnullos probabilis quedam ratio delectavit, ut uno certo die per annum, quo ipsam cenam Dominus dedit, tanquam ad insignierem commemorationem post cibos offerri, et accipit liceat corpus, et sanguinem Domini. (Esta es la segunda opinión) Honestius autem arbitros ea hora fieri, ut qui etiam jejunaverit, post refectionem que hora nona fit, ad ablationem possit occurrere. (Ésta es la opinion del santo doctor): quapropter neminem cogimus dominicam illam cenam prandere sed nulli etiam contradicere audemus. (Esta es la decisión del santo doctor.)

{6} Epistola ad Jaunarium num. 1. et 3. col 93. Primo itaque tenere te volo, quod est hujus disputationis caput, dominum nostrum Jesum Christum, sicuit ipse loquitur levi jugo suo nos subdidisse, et sarcine levi…. Quod enim neque contra fidem, neque contra bonos mores esse convincitus indiferenter est habendum, et propter eorum, inter quos vivimus, societatem, servandum est.

{7} Numero 3. Sensi enim sepe dolens, et gemens multas infirmorum perturbationes fieri per quorundam fratum consentiosam obstinationem; vel superstitiosam timiditatem, que in rebus hujusmodi, que neque scripture sancte auctoritate, neque universalis ecclesie traditione, neque vite corrigende utilitate, ad certum possunt terminum per venire, (tantum quia subest qualisqumque ratiocinato cogitantis aut quia in sua patria sic ipse consuevit, aut quia ibi vidit, ubi peregrinationem suam quo remotiorem a suis, eo doctorem factam putat) tam litigio se existant questiones, ut nisi quod ipsi faciunt, nihil rectum existiment.

{8} S. Agustini tomus 2dus: epistola ad Publico tom. 47 (alias 154) num. 6. col. 85. Dicamus aliquid de illo viatore christiano, quem commemorasti victum famis necesitate si nihil uspiam invenerit, nisi cibum in idolo positum ubi nullus alius est hominum, utrum ei satius sit fame emorí, quas illud in alimentis sumere: in qua questione, quoniam non est consequens ut cibus ille idolathytum sit, poncit enim vel ab eis, quie ibi ab itinere divertentes corpus refecerant, oblivione seu voluntate dimitti, vel illic ab alias causas quamlibet poni, breviter respondeo: aut certum est esse idolathytum; aut certum est non esse, aut ignoratur: si ergo certum est esse, melius christiana virtute respuitur sin autem vel non esse scitur, aut ignoratur, sine ullo conscientie scrupulo in usum necesitatis assumitur.

{9} Tom VI. de conjugiis adulterinis lib I. cap. 26. col. 296.

Eo modo baptizentur, quomodo baptizantur infantes, quorum voluntas ad huc nulla pacuit: non tamen propterea damnase debemus eos, qui timidus agunt, quam nobis videtur agi opossere …… baptizare non audent eos, qui pro se respondere nequiverint, ne forte contrarium gerant voluntatis arbitrium.

{10} En el dicho libro 1. col. 296: capitulo 28. o último. Ego non solum alios cathecumenos, verum etiam ipsos, qui viventium conjugiis copulati retinent adulterina consortia, cum salvos corpore in his pertinentes non admittamus ad baptismum, tamen si desperati jacuerint, nec pro se respondere potuerint, baptizandos puto.

{11} Cap. 26 citado: verum etiam si voluntas ejus incerta est, multo satius est nolenti dare, quam valenti negare, ubi velit, an nolit, non apparet, ut tamen credibilius sit eum, si possit, velle.

{12} Cap. 28. citado. Que autem baptismatis, eadem reconciliationis causa, si forte penitentem finien de vite periculum preocupaverit. Neque ipsos ex hac vita sine arrha sue pacis exire velle debet mater ecclesia.

Nótese. Las palabras: desperati jacuerint por algunos autores citan asi: desperati et intra se penitentes jacuerint: mas esta lección no se halla en los códices antiguos, como se advierte en la columna 296 citada de la edición correctísima de las obras de s. Agustin, de que me valgo

{13} Tu vero, dice S. Agustin confutando, y respondiendo a Crescenio, Callidus examinator appen sorque verborum doces nos, quid valeat, comparativus gradus et tanquam victor exultas, quod non possem dicere: traditionem probabilius nos vobis objicimus, nisi vos nobis probabiliter objicere confiterer. Si enim vos, inquis probabilius nos ergo probabiliter: et hoc doces, quia sic est probabiliter, et probabilius ut si dicas vere, et verius ; et quia gradusiste, quod ante positum est, auget; non quod ante dictum est, improbat. Adjungis alia verba quibus hoc evidentius intelligamus». S. Aug. Opera: tomus liber 3. contra Cresconium Donatistas: Cap. 73. num 85. col 325.

{14} [ Llamada sin texto en el original ]

{15} [ Llamada sin texto en el original ]

{16} [ Llamada sin texto en el original ]

{17} Qus argumento id confirmas? ut rem ita se habere proba, aut si id nequis, ne condemnes: quod si res dubia est, vincat… humanitas, et facilitas”. S. Gregorii Nazianzeni opera grec, et lat. Parisiis 1630: fol. Orat. 39. circa finem, sive pag. 636.

{18} S. Anselmi Cantuariensis archiepisc. opera. Lutetie 1725. fol. Lib. 1. cum Deus homo: cap. 18 p. 83. Memento quo pacto incepi tue respondere questioni ut videlicet si quid dixero, quod major non confirmet auctoritas quam vis ratione probare videas, non alia certitudine accipiatur, nisi quia interim mihi ita videtur donec mihi Deus melius aliquo modo revelet. Certus enim sum siquid dico, quod sacre scripture abs dubio contradicat quia falsum est, nec illud tenere volo, si cognovero. Sed in illis rebus de quibus diversa sentiri possum sine periculo sicut est illud, unde nunc agimus… si inquam, in hujusmodi rebus sic exponimus divina dicta ut diversis sententiis favere videantur, nec alicubi invenitur, a ubi quid indubitantes tenendum sit determinent, non arbitros reprenhendi debere.

{19} S. Anselmi, de concepta Virginis, et de originali percato liber Pag 97. Prologus. «Dicam igitur sic breviter de hoc, quod sentio, ut nullius de eadem re fidelem improbem sententiam, nec meam, si veritati repugnare rationabiliter poterit ostendi; pervicaciter defendam. Illam tamen ejusdem rei rationem, quam in eodem opusculo posui omnino ratam, et sufficientem, si bene consideretur, existimo: nihil prohibet, ejusdem rei rationes plures esse, quarum unaqueque sola potest sufficere.

{20} S. Bernardi ecclesie doctoris opera in VI tomos distributa. Parisiis 1667. fol, tom. III. epist. seu tract. ad Hugonem de s. Vitore de questionibus ad ipso propositis: n. 18. cap. 5. p. 134. Mihi insinuas ami cabiliter quidem, moveri aliquos super mea sententia …… alteram quoque temperate defendendi necesitas, et lectori daretur eligendi facultas quam è duobus voluisset. Si igitur una quelibet illarum re potest, quid suggillor, quippe neutram affirmans, lectoris utram que magis judicio de relinquo … Sane ibi unusquisque in suo sensu securus abundat, ubi aut certe rationi, aut non contemnende auctoritati, quod sentitur non obviat. Quenam enim me ratio sive auctoritas sentite cogat etiam tempus illud ab antiguo angelis innoticisse, de quo Apostolus; postquam venit inquit, plenitudo temporis, misit Deus filium suum factum ex muliere, factum sub lege?

{21} Tomus IV. de consideratione liber V. n 5. cap. 3. p. 19. Tribus modis veluti viis totidem nostra sunt consideratione vestigandi opinione fide, intellectu. Quorum intellectus rationi innititur, fides auctoritate, opinio sola verosimilitudine se tuetur. Habent illa duo certam veritatem: ceterum opinio certi nihil habet habens verum per verisimilia querit potius quam apprendit. Omnino in bis cavenda confusio, ne autem incertum opinionis fides agat, aut quod firmum, fixumque est fidei, opinio revocet in questionem. Et hoc sciendum, quia oppinio si habeat assertionem temeraia est: fides si habeat hesitationem, infirma est…

Multi suam opinionem intellectum putaverunt, et erraverunt, et quidem opinio potest putari intellectus : intellectus opinio non potest : Unde hoc accidit? Profecto, quia hec falli potest ille non potest : aut si falli posuit, intellectus non fuit, sed opinio : verus nempe intellectus certam habet nos modo veritatem sed notitiam veritatis. Possumus singula hec ita deffinire. Fides est voluntaria quedam, et certa prelibatio nedum propalate veritatis : intellectus est rei cujusumque invisibilis certa, et manifesta notitia: opinio est quasi pro vero habere aliquid, quod falsum esse nescias.

{22} Apéndice núm. 1, y 2.

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Transcripción, realizada por Sergio Méndez Ramos, del manuscrito
conservado en la Biblioteca Complutense (BH MSS 503), folios 14 a 23.


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