Filosofía en español 
Filosofía en español

Juan de Villaseñor y Acuña  fl. 1842-1855

Autor, traductor y editor católico español, director de la Biblioteca Religiosa (1842-1853) y director y redactor principal de La Censura (1844-1853), según Marcelino Menéndez Pelayo: «Como revistas deben citarse La Censura, que dictaba casi solo D. Juan Villaseñor y Acuña (1844 a 1853)...» (HHE 6:416); «...una excelente refutación de este libro en los números 3.º, 4.º y 5.º de La Censura (1844), revista bibliográfico-católica, que dirigía D. Juan Villaseñor y Acuña» (HHE 6:268).

La hispanista francesa Brigitte Journeau, que tiene bien estudiado el entorno del concordato de 1851, dedica a la revista La Censura un apartado de su libro Eglise et état en Espagne au XIX siècle (2002) y, citando documentos procedentes de la Nunciatura de Madrid, asegura también que Juan de Villaseñor y Acuña fue el único fundador y director de la Biblioteca Religiosa y redactor único de La Censura:

«La Censura cessa de paraître en décembre 1853. Y eut-il défection de certains de ses membres, qui avaient déjà arrêté leur participation à La Regeneración católica, en 1851, en raison d'une surcharge de travail et d'une santé fragile? Y eut-il des difficultés financières dont on trouve trace dans les archives de la nonciature, qui confirment que Juan de Villaseñor y Acuña était l'unique fondateur et directeur de la Biblioteca religiosa et de La Censura, et même l'unique rédacteur de cette dernière. (23. Archives secrètes du Vatican. Nunziatura di Madrid, Scatola 253, 5 et 16 novembre, 13 décembre 1851).» (Brigitte Journeau, Eglise et état en Espagne au XIX siècle. Les enjeux du concordat de 1851, Presses Universitaires du Septentrion, Villeneuve d'Ascq 2002, pág. 234; el apartado dedicado a La Censura en las páginas 231 a 235.)

En DGBE 6:415 se menciona a Eustaquio [sic, por Eustasio] de Villaseñor y Acuña (autor de El emigrado francés), Eustasio de Villaseñor y Acuña (autor de Arte de callar y Derecho público de la Francia en materia de regencia) y Juan de Villaseñor y Acuña, con cuatro obras. No aparece en EUI.

Habría estado por tanto Juan de Villaseñor y Acuña vinculado desde su inicio en 1842 a la Biblioteca Religiosa y desde julio de 1844 a la revista mensual La Censura. Tanto la Biblioteca Religiosa como La Censura cesaron su actividad a finales de 1853, manteniéndose activas por tanto durante toda la «década moderada». Esto podía leerse en el «Prólogo de los editores» al primer tomo de la Biblioteca Religiosa y en el prospecto de La Censura:

Biblioteca Religiosa, tomo 1, Madrid 18421842 «El estudio formal de la religión católica, que una fe acendrada, la convicción general y la práctica de piadosas y austeras costumbres suplían en otros tiempos hasta cierto punto, es en el día una gran necesidad; porque las revoluciones y las guerras han convertido a muchas naciones en víctimas de ignorancia y corrupción. No es de poca importancia la materia, si ha de creerse que el hombre tiene una alma inmortal, toda vez que no se ha podido justificar nunca ni aun sostener seriamente su extinción. Funesto e irreparable debe ser el desengaño de los que profesan aun error tan grosero. Ciertos nosotros de que nación ninguna puede prosperar ni conservarse siquiera sin buenas costumbres, y que estas proceden necesariamente de la religión; nos hemos propuesto extender el conocimiento de sus principios y máximas santas, oponiendo asi a la ponzoña del error el antídoto de las eternas verdades reveladas por nuestro buen Dios. [...] Nuestra España se había visto libre hasta ahora de la sentina de errores en que otros países yacen; pero a favor de las disensiones de los partidos, consecuencia de la guerra y de la revolución, se han deslizado ciertas opiniones erróneas, que aunque encubiertas con el barniz de la doctrina primitiva de la iglesia, descubren en el fondo su dañado origen y perniciosa tendencia. Atajemos a tiempo el contagio, antes que inficione a los miembros más sanos y más robustos del cuerpo social. Nosotros confiamos en la misericordia del Señor que no permitirá que el enemigo común entre en la porción escogida de su heredad, y sorprendiendo a los guardas siembre la cizaña. Esperamos que los partidarios del racionalismo y de otras sectas herético-filosóficas no lograrán obscurecer y menos anonadar la revelación para destruir en sus cimientos la fe católica, porque al lado de su demencia, y antes que cunda más en nuestra patria, se hallará una impugnación victoriosa. Quedense en la Alemania protestante, donde nacieron, esas densas tinieblas, ya que se cree allí como el último progreso de la filosofía ese sistema absurdo e improbable. Envanezcanse de darse por inventores de una teoría, que se reduce en suma al deismo profesado muchos años antes en Francia e Inglaterra en los días de su mayor delirio. Nosotros demostraremos que es imposible separar una siquiera de las partes que componen el cuerpo compacto del catolicismo.»

1844 «El editor y los socios literarios de la Biblioteca Religiosa, viendo que el error y la inmoralidad cunden de un modo portentoso y se introducen bajo todas formas en todo género de escritos, determinaron publicar La Censura con el fin de examinar bajo el concepto moral y religioso todas las obras que se vayan publicando o se hayan publicado en estos últimos tiempos, si son de alguna entidad. En esta revista se atiende con preferencia a censurar los libros perniciosos; pero se tributan también los debidos elogios a los que lo merecen por la pureza de sus doctrinas. La crítica imparcial, aunque severa, recae solamente sobre los escritos, respetando siempre las personas de los autores: en cuanto a los extranjeros se dice algo de su religión o de la tendencia de sus doctrinas.»

* * *

1846 «Provincia de Madrid. Comisión especial de inspección e intervención de los bienes del clero secular. Habiendo observado la junta inspectora de los bienes del clero secular de esta provincia que en varios expedientes instruidos para declarar la excepción prevenida en el artículo 6º de la ley de 2 de setiembre de 1841, faltan diferentes documentos para justificar los interesados el derecho que alegan asistirles a los bienes de las fundaciones que dicen les pertenecen, ha acordado se anuncie en este periódico los nombres de los individuos a quien se les tiene reclamados dichos documentos para que los presenten en el término improrrogable de 2 meses, contados desde la fecha de este anuncio, en la contaduría de bienes nacionales de dicha provincia: en la inteligencia que de no verificarlo se procederá por la referida junta a declarar a los expresados bienes de la pertenencia del Estado, y cuyos individuos son los siguientes: D. Romualdo García; D. Pedro Pérez Merino; D. Francisco Illera; D. Manuel de Castro y Alarcón; D. Juan de Villaseñor y Acuña; D. Eugenio de Garro; D. Santiago Alvarez; D. Manuel de la Granja; D. Francisco de Paula Nieto; D. Mariano Santias; D. Miguel Echarri; D. Juan Luis de Arratabe; D. Silverio Florentino García, presbítero; D. Tomás Moyano; D. Juan Manuel Cabero; Doña María Díaz. Madrid 2 de abril de 1846. Felipe Canga Argüelles.» (Diario de Madrid, viernes 10 de abril de 1846, nº 889, pág. 1.)

Frustrado editor de la Historia Universal de Cantú

«César Cantú empezó a publicar por el año 1838 en Italia, una Historia universal comparada y documentada; había escrito ya la historia antigua, y la historia de la edad media, y se hacían en Italia cinco ediciones distintas. Súbdito de Austria carecía de libertad para desenvolver el inmenso y variado cuadro de la Historia Moderna, en la cual figura en primer término la revolución de los estados europeos: aspiraba además a que el fruto de sus largos estudios consiguiese desde luego una publicidad más rápida, y habiéndose trasladado a la capital de Francia en 1843, está dando a luz su Historia Universal en el idioma al cual cabe la fortuna de popularizar en los actuales tiempos todos los conocimientos humanos», escribía el editor Francisco de Paula Mellado en la advertencia, fechada en Madrid el 31 de enero de 1847, que abre el primer tomo de la Historia Universal, por César Cantú, traducida al castellano por don Antonio Ferrer del Río (Establecimiento Tipográfico de D. Francisco de Paula Mellado, Madrid 1847), formando parte de su Biblioteca Popular.

La primera noticia que conocemos de esta traducción de Cantú por Antonio Ferrer del Río, el gran colaborador y amigo de Mellado, es un aviso de la Biblioteca Popular Económica que anuncia el tomo primero de esa historia inmediatamente después que concluya el reparto de la obra en curso, «es decir, en el mes de enero o febrero próximos» (El Espectador, Madrid, 19 de diciembre de 1846). Lo curioso es que justo seis meses antes El Popular anunciaba que, en breve, comenzaría a salir la Historia Universal de Cantú «traducida al castellano y anotada por don Juan de Villaseñor y Acuña». Bien es verdad que este anuncio tiene cierto aire apresurado, pues en él se dice que «se está imprimiendo el prospecto, y no tardará en repartirse». Un prospecto al uso no solía ocupar más de una hoja, por lo que, si de verdad estuviese preparado (es decir, cuajada la estructura empresarial del proyecto), podría haberse demorado un día el anuncio del periódico y pregonar ya su reparto... Cabe sospechar cierta pugna por la edición de Cantú en el anuncio apresurado y reivindicador de los planes de Juan de Villaseñor y Acuña... de los que nada más sabemos. ¿Llegaría quizá a colaborar con Mellado como anónimo traductor de pane lucrando?

1846 «Anuncio. Historia Universal por César Cantú. Esta obra concebida bajo un plan del todo nuevo, publicada simultáneamente en italiano y en francés por el autor con extraordinaria aceptación en toda Europa, comenzará en breve a salir a luz traducida al castellano y anotada por don Juan de Villaseñor y Acuña. Se está imprimiendo el prospecto, y no tardará en repartirse.» (El Popular. Periódico de la tarde, Madrid, miércoles 17 de junio de 1846, año primero, nº 3, pág. 4.)

Curiosa disputa con Primitivo Fuentes Villaseñor

Por el intercambio de comunicados que mantuvo Juan de Villaseñor y Acuña en 1846 con Primitivo Fuentes en la prensa madrileña, quien al parecer se había apropiado por su cuenta del apellido Villaseñor, cabe imaginar cierto orgullo selectivo que le impondría tal linaje. Quizá fuese antepasado suyo el capitán Juan de Villaseñor y Orozco (nacido en 1500 en Torrubia de Uclés, luego Torrubia del Campo, en Cuenca), que se cuenta entre los conquistadores de la Nueva España y entre los fundadores en 1545 de la nueva Valladolid (desde 1828 rebautizada como Morelia, capital del Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo, pues vallisoletano fue el sacerdote católico insurgente José María Morelos, autor de los Sentimientos de la Nación de 1813): «este caballero (fallecido en 1566) tuvo muchos hijos e hijas, de donde salió todo lo bueno que tiene la Provincia de linajes: los Villaseñores, Cervantes, Orozcos, Avalos, Bocanegras, Contreras, a quienes repartió sus tierras que son todas las buenas que había en la Provincia, mirando de Guando al río Grande» (Fray Diego Basalenque, Historia de la Provincia de San Nicolás Tolentino de Michoacán [1640], edición de 1989, página 146; apud Alejandro Espinosa Pitman, en el libro que dedica al autor de Teatro Americano, descripción general de los Reinos y Provincias de la Nueva España (1746), ante el tricentenario de su nacimiento en San Luis Potosí: José Antonio de Villaseñor y Sánchez 1703-1759, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2002, pág. 9). Fernando Allende es autor del artículo «Los Villaseñor y Acuña en Chile: los antepasados del general don Ignacio de Allende y Unzaga» (Academia Mexicana de Genealogía e Historia, Memorias, nº 5, 1947, 17-19.)

1846 «Anuncios. En el Diario del día 9 viene un anuncio de la Taquigrafía de don Primitivo Fuentes Villaseñor. El señor Fuentes sabe muy bien que por ningún título le corresponde el apellido Villaseñor; y por si se le había olvidado se lo he advertido yo más de una vez en letras de molde. Pero como no desiste de su temerario empeño, y de esa usurpación suya pueden seguírseme graves perjuicios que no es del caso explicar ahora; habré de perseguirle judicialmente como a usurpador de nombre ajeno. Entretanto me conviene hacer pública la superchería del señor Fuentes. Juan de Villaseñor y Acuña.» (Diario de Madrid, miércoles 14 de octubre de 1846, nº 1076, pág. 1.)

«Entre los anuncios del Diario de Avisos, se lee el siguiente párrafo: "En el Diario del día 9 viene un anuncio de la Taquigrafía de don Primitivo Fuentes Villaseñor. El Sr. Fuentes sabe muy bien que por ningún título le corresponde el apellido Villaseñor; y por si se le había olvidado, se lo he advertido yo más de una vez en letras de molde. Pero como no desiste de su temerario empeño, y de esa usurpación suya pueden seguírseme graves perjuicios, que no es del caso explicar ahora, habré de perseguirle judicialmente como a usurpador de nombre ajeno. Entretanto, me conviene hacer pública la superchería del señor Fuentes. Juan de Villaseñor y Acuña.» (El Heraldo, viernes 16 de octubre de 1846, nº 1329, pág. 4.)

«Miscelánea. Comunicado. Señor editor del Diario de anuncios de esta capital: apreciaré infinito se sirva vd. insertar en uno de los próximos números del mismo periódico el adjunto comunicado, quedándole por ello agradecido su S. S. Q. B. S. M. En el número 1076 de este Diario, correspondiente al 14 del presente mes, he visto el comunicado de un tal don Juan de Villaseñor y Acuña con el gótico empeño de disputarme el apellido de Villaseñor, que lo es de mis parientes, y con que soy conocido en Madrid desde mi adolescencia. Espero que dicho señor acuda, como dice, a los tribunales para pedirle por mi parte cuenta de las groseras injurias de su comunicado, y saber cuales son los graves perjuicios que se le pueden seguir... que en su oscura posición creo harto difíciles, si Dios no le trae a mejor fortuna. También yo citaría a dicho señor por la injuria de llamarme usurpador de nombre ajeno, si no considerase que el señor de Villaseñor y Acuña más bien que de malicia peca de ignorancia de la gramática castellana al confundir el nombre con el apellido; pues por lo demás, si llama nombre a la reunión de nombre y apellidos, creo que no habrá ninguno tan negado que confunda el de Juan de Villaseñor y Acuña con el de Primitivo Fuentes Villaseñor.» (Diario de Madrid, lunes 19 de octubre de 1846, nº 1081, pág. 4.)

«Comunicado. Falto de razones don Primitivo Fuentes para rebatir el cargo de usurpación de mi apellido que por tercera vez le he hecho en el Diario del 14, me dispara una andanada de insultos en el del 19. En esto descubre que quiso suplir la justicia con los impulsos de la ira, ya que se me asista aquella y no estoy poseído de esta, voy a seguir el método contrario del suyo, devolviéndole razones y hechos por insolencias. Así lo entenderé para siempre y al lector imparcial no le quedará duda ninguna de que fue cierta mi aseveración. Dice el señor Fuentes que el apellido de Villaseñor es el de sus parientes; y que con él es conocido en Madrid, desde su adolescencia; pero ni su padre, honrado molendero de chocolate en Lillo, ni su madre Dolores Pinilla se apellidaron, no podían apellidarse nunca así, ¿por dónde le ha venido el tal apellido? Yo lo diré por que hace al caso. Vivía años pasados en el convento de la Trinidad de esta corte un respetable religioso, el maestro Fr. Diego Novillo, el cual de vuelta de Roma, donde había concluido su carrera, tuvo el capricho de añadir a su apellido el mío, y con ambos se anunciaba en los carteles de sermones. Andando el tiempo suprimió el de Novillo y se quedó con el de Villaseñor solo, por el cual era muy conocido en Madrid; en esta época le traté y visité yo. A este excelente religioso entró a servir el señor Fuentes, que no previendo su futura brillante posición ni la obscuridad de ese tal don Juan de Villaseñor y Acuña, a quien afecta desconocer, me abrió muchas veces la puerta de la celda. Entonces, es decir, en su adolescencia, nadie le conocía dentro y fuera del convento más que por Primitivo a secas, y se hubiesen reído todos muy a su sabor si lo hubieran visto tomar el postizo apellido de su tío postizo; sólo le dio esta humorada después de la muerte del padre maestro, y cuando apareció de nuevo en Madrid el señor Fuentes. Sin duda discurrió así para sus adentros: mi tío (es añeja usanza el llamar tíos a sus amos los que se desdeñan del humilde estado de criados), mi tío se llamaba Villaseñor, sea por lo que quiera, pues ¿por qué no me lo he de llamar yo? Y cátate a Periquito hecho fraile. Esta es la pura verdad en cuanto a lo de los parientes y adolescencia del señor Fuentes, el cual no recuerda: primero mi trato con el maestro Fr. Diego Novillo, que era tan tío suyo como mío: segundo, que su verdadera tía materna Juana Pinilla estuvo sirviendo a mi oscurísima persona, y por ella tengo noticias exactas de su parentela. Con peregrina lógica deduce el señor Fuentes que no pueden seguírseme perjuicios de que el tome mi nombre porque mi posición es oscura. No quiero hacer cálculos ni suposiciones remotas o que pudieran tacharse de imposibles, y me contraigo a un caso próximo y factible. El señor Fuentes publica algunas obras, y creo no ignore que me dedico a escribir tiempo ha: pues supongamos que por confundirnos bajo un mismo apellido me atribuyen a mí sus partes literarias o vice-versa a él las mías, ¿no será este un perjuicio, ya sean buenas o malas las producciones que se cuelgan a quien no es su autor? Si son buenas el perjuicio será para el despojado, y si malas para el pobre a quien se atribuyan. Bastante tengo yo con mis ignorancias y disparates sin cargar con los que puede cometer el prójimo. Ya vé el señor Fuentes que no es necesario haber llegado al apogeo de la fortuna como él para poder sufrir perjuicios de su ridículo capricho. Para concluir quiero aguarle el contento que tendrá creyendo haberme humillado con llamarme oscuro y pobre. Cabalmente no solo vivo contento en mi oscuridad y pobreza, sino que me envanezco de ellas, porque no provienen ni de holgazanería, ni de vicios, ni de ningún delito, único caso en que debería abochornarme de mi situación o posición, como dice mi crítico contrincante. Y ya que toco este punto, le daré por despedida las más atentas gracias por la lecioncilla de gramática con que termina su ex-abrupto. ¡Porro de mi! ¡Haber llamado nombre al apellido o nombre de familia! Un millón de gracias, señor Fuentes: prometo a usted para cuando se arreglen nuestras góticas diferencias, ir a estudiar un poco de gramática y aún de urbanidad y lógica en su academia de taquigrafía, comercio, lenguas y otras muchas cosas. Juan de Villaseñor y Acuña.» (Diario de Madrid, viernes 23 de octubre de 1846, nº 1085, pág. 4.)

Sobre su amigo el padre maestro fray Diego Villaseñor, antes fray Diego Novillo

En el comunicado anterior se refiere Juan de Villaseñor al trinitario Fr. Diego Novillo, «el cual de vuelta de Roma, donde había concluido su carrera, tuvo el capricho de añadir a su apellido el mío, y con ambos se anunciaba en los carteles de sermones. Andando el tiempo suprimió el de Novillo y se quedó con el de Villaseñor solo, por el cual era muy conocido en Madrid; en esta época le traté y visité yo.» El ejemplo censor de este trinitario pudo haber inspirado, veinte años después, la revista La Censura:

1809 «El domingo 5 del corriente se presentaron a S. M. las diputaciones de las ciudades y villas de Toledo, de Salamanca [...]. Todas ellas han ofrecido al Soberano el tributo de obediencia de los pueblos que representaban el testimonio de juramento de fidelidad que unánimemente han prestado los vecinos, cabildos y corporaciones religiosas; todas han manifestado el odio más profundo a los agitadores, y el ardiente deseo de ver la tranquilidad restablecida en la nación entera, bajo los auspicios de la constitución liberal que nos rige, y el reinado de su ilustrado y piadoso Monarca D. Josef Napoleon I. [...] Los sujetos que componían las diputaciones son: Por el cabildo de la santa iglesia de Toledo [...] Comunidades [...] Fr. Diego Villaseñor y Fr. Pedro Apellani, trinitarios calzados.» (Gazeta de Madrid, martes 7 de febrero de 1809, págs. 206-207.)

1820 «La Real congregación de esclavos del Dulce Nombre de María Santísima Señora nuestra, fundada por el beato Simón de Rojas, de que es hermano mayor perpetuo el Rey nuestro Señor (que Dios guarde), celebra la solemne festividad del Dulce Nombre de Jesús el domingo 16 del corriente en la iglesia del convento de Padres Trinitarios calzados. Autorizará estos cultos la augusta presencia de su Divina Majestad Sacramentado, y predicará el R. P. M. Fr. Diego Villaseñor, exprovincial de la misma orden. Concluida la misa mayor dará de comer a cuarenta pobres en el claustro del propio convento, en conformidad de su caritativo instituto.» (Diario de Madrid, sábado 15 de enero de 1820, pág. 62.)

1821 «19. Anónimo. Diablo predicador. Comedia prohibida ya en el Expurgatorio de 1792; ahora, en 1821, el P. Mtro. Fr. Diego Villaseñor, trinitario descalzo, envió su juicio al tribunal o junta diocesana, que ordenó recoger los ejemplares por considerar esta obra contraria a la pureza de la moral y al dogma por inspirar vanas confianzas, apoyas fábulas absurdas y ridiculizar la religión.» («Relación de libros censurados por las Juntas de Censura de la Diócesis de Toledo en el trienio liberal (1820-1823)», apud Leandro Higueruela, «Los libros prohibidos durante el trienio liberal (1820-1823)», Boletín Millares Carlo, Las Palmas de Gran Canaria, nº 2, 1980, pág. 440.)

Traductor de un librito para el mercado cuaresmal

Juan Villaseñor Acuña traduce Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, 1849En 1849 se publicó la traducción que Juan de Villaseñor y Acuña dispuso de un librito publicado años antes por el jóven sacerdote romano Luigi Marchetti (La Passione di N. S. Gesù Cristo., Roma 1842, 149 páginas): La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, meditada según los cuatro evangelistas, o sean Elevaciones para cada día de la Cuaresma sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Divino Salvador. Obra escrita en italiano por el presbítero Luis Marchetti, y publicada en Roma con singular aceptación. La da a luz en nuestro idioma D. Juan de Villaseñor y Acuña, Madrid, Imprenta de D. B. González, Calle de la Madera baja, núm. 8, 1849, 293 páginas.

En una hoja añadida tras la portada del ejemplar que hemos visto puede leerse: «Los Excmos. e Ilmos. señores arzobispos de Zaragoza y de Cuba se han dignado conceder cada uno ochenta días de indulgencia, a los que leyeren cada un capítulo de los cuarenta y tres que contiene este libro; de manera, que leyéndole todo entero pueden ganarse seis mil ochocientos ochenta días de indulgencia.» Es probable que tal hoja se añadiese en 1850, pues en los anuncios que del libro se hacen en 1849 sólo se ofrecen como estímulo 80 días de indulgencia por leer y meditar cada capítulo, y no la cuenta total que aparece en la propaganda de la temporada cuaresmal de 1850, donde traductor, editor o librero prefieren sacar las cuentas acumulativas: 80 días por capítulo x 43 capítulos x 2 arzobispos = 6.880 días de indulgencia.

En el calendario católico la cuaresma es el periodo de cuarenta días que anteceden a la Pascua, desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo. El miércoles de ceniza de 1849 fue el 21 de febrero y como parece que la edición del libro traducido por Juan de Villaseñor y Acuña llegaba con cierto retraso, tuvo que anunciarse profusamente la semana anterior al Domingo de Ramos de ese año (1 de abril de 1849), aunque ya dos arzobispos habían concedido indulgencias a los posibles lectores, el de Cuba [quizá Cirilo de Alameda y Brea OFM, obispo de Santiago de Cuba de 1831 al 7 de marzo de 1849, en que fue designado Arzobispo de Burgos, confirmado el 20 de abril de ese año] y el de Zaragoza [Manuel María Gómez de las Rivas, 1847-1858]:

1849 «La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, meditada según los cuatro evangelistas, o sean elevaciones para cada día de la cuaresma sobre la pasión y muerte de nuestro divino Salvador, obra escrita en italiano por el presbítero Luis Marchetti, y publicada en Roma con singular aceptación. La da a luz en nuestro idioma don Juan de Villaseñor y Acuña. Los señores arzobispos de Cuba y Zaragoza han concedido cada uno, a los fieles que lean y mediten esta obrita, 80 días de indulgencia por cada capítulo de los que en ella se contienen. Consta de un tomo en 8º de cerca de 300 páginas, y se vende a 8 rs. en rústica y 10 en pasta en la librería calle de Carretas, número 27. Tomando 12 ejemplares se da uno gratis.» (Diario oficial de avisos de Madrid, viernes 23 de marzo de 1849, pág. 4.)

«La Pasión de Ntro. Señor Jesucristo, meditada según los cuatro evangelistas o sean elevaciones para cada día de la Cuaresma sobre la pasión y muerte de nuestro divino Salvador: obra escrita en italiano por el presbítero Luis Marchetti, y publicada en Roma con singular aceptación. La da a luz en nuestro idioma don Juan de Villaseñor y Acuña. Los señores arzobispos de Cuba y Zaragoza han concedido cada uno a los fieles que lean y mediten esta obrita 80 días de indulgencia por cada capítulo de los que en ella se contienen. Consta de un tomo en 8º de cerca de 300 páginas y se vende a 8 rs. en rústica y 10 en pasta en la librería de la calle de Carretas número 27. Tomando 12 ejemplares se da uno gratis.» (El Católico, sábado 24 y domingo 25 de marzo de 1849, pág. 16.)

«Hemos leído la obra de Marcheti, traducida a nuestra lengua por D. Juan Villaseñor y Acuña, y titulada «La pasión de nuestro Señor Jesucristo, meditada según los cuatro Evangelistas, con elevaciones para cada día de la cuaresma». Este librito tiene la ventaja de hallarse escrito con gran sencillez y unción, cualidades que le hicieron fuese recibido en Roma con mucho aplauso. La traducción corresponde al mérito de la obra, como no podía menos de suceder habiéndola hecho el señor Villaseñor y Acuña. En cuanto a la utilidad de este libro, no sólo creemos conveniente su lectura en el tiempo de Cuaresma, sino en todas circunstancias y ocasiones; pues le miramos como un bálsamo para las heridas del alma, harto ensagrentadas con las escitaciones del inmoral folletín, y con los escándalos en que abunda la época. Todas las clases y todos los individuos parece como que aspiran a emanciparse de su propia condición, y he aquí el origen de los crímenes y trastornos en que se ve envuelta la sociedad. Nada nos parece más adecuado para curar esta enfermedad de los espíritus, que la meditación de los tormentos y muerte del Redentor que toma forma de siervo y permite que le despojen de sus vestiduras para morir sin más riquezas que la Cruz en que le ha clavado su pueblo ingrato. Es preciso dar a conocer esta filosofía de la Cruz, escándalo para unos, y necedad para otros, pero donde únicamente se encuentra el camino, la verdad y la vida. El mundo anda desatalentado y loco buscando con rabiosa sed el oro y los placeres, y se desdeñará de leer las páginas de sacrificio del libro de Marcheti; pero porque se empeñe en cerrar los ojos a la luz ¿no ha de lucir el sol sobre el horizonte? Precisamente esto mismo nos hace desear que se publiquen libros como el que ahora recomendamos.» (La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, martes 27 de marzo de 1849, pág. 1.)

Como era de esperar, La Censura dedicó dos de sus páginas a glosar este libro de piedad y devoción, las primeras del número de marzo de 1849 (nº 57, censura 256, páginas 449-450): «Ha sido un pensamiento felicísimo del erudito cuando piadoso autor presentar bajo una forma dramática la sangrienta tragedia del Gólgota en un siglo como el nuestro, que si abandona por un momento los intereses materiales, es para nutrirse de lecturas licenciosas o para buscar emociones terribles en esos dramas monstruosos de la escuela moderna. [...] Con el deseo de dar a nuestros lectores una muestra de lo que es esta obrita, copiamos en seguida una de las meditaciones tomada al acaso, porque donde todo es bueno es difícil la elección.»

Ante la temporada cuaresmal de 1850 ya no anduvieron con tantas prisas, y el libro se anunció tres semanas antes del correspondiente domingo de ramos (24 de marzo). Además, se mejoró notablemente la oferta de indulgencias concedidas por aquellos arzobispos a los lectores de la obra: si en la temporada 1849 podían ganarse 80 días de indulgencia por cada capítulo que se leyese y meditase, para la cuaresma de 1850, quizá sólo por cierto abuso de una publicidad engañosa, se ofrecía, en nombre de los mismos prelados (de los que ahora se recordaba que eran Excelentísimos e Ilustrísimos), nada menos que 6.880 días de indulgencias a los que leyeren, sin tener ya que meditar:

1850 «La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo meditada según los cuatro Evangelistas, o sean elevaciones para cada día de la Cuaresma sobre la Pasión y muerte de Nuestro Divino Salvador: obra escrita en italiano por el presbítero Luis Marchetti y publicada en Roma con singular aceptación. La da a luz en nuestro idioma don Juan de Villaseñor y Acuña. Los Excmos. e Illmos. señores arzobispos de Zaragoza y Cuba, se han dignado conceder a los que leyeren esta obrita seis mil ochocientos ochenta días de indulgencias. Consta de un tomo en 8º, de 300 páginas, y se halla de venta a 8 rs. en rústica y 10 en pasta, en la librería de González, plazuela del Angel, número 12.» (El Católico, Madrid, sábado 2 y domingo 3 de marzo de 1850, pág. 16.)

«La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, meditada según los cuatro evangelistas, o sean elevaciones para cada día de la cuaresma sobre la pasión y muerte de nuestro divino Salvador: Obra escrita en italiano por el presbítero Luis Marchetti y publicada en Roma con singular aceptación. La da luz en nuestro idioma D. Juan de Villaseñor y Acuña. Los Excmos. e Illmos. Sres. Arzobispos de Zaragoza y de Cuba se han dignado conceder a los que leyeren esta obrita seis mil ochocientos ochenta días de indulgencias. Consta de un tomo en 8º de 300 páginas y se halla de venta a 8 rs. en rústica y 10 en pasta en la librería de González plazuela del Angel núm. 12.» (El Observador, Madrid, lunes 4 de marzo de 1850, pág. 4.)

En el número 84 (junio de 1851) de La Censura, bajo la cabecera, se lee: «Advertencia. No pudiendo soportar más tiempo las pérdidas cada año mayores que hemos experimentado desde que salió a luz La Censura, nos vemos precisados a suspender su publicación con harto sentimiento nuestro.»

Durante la primera quincena de octubre de 1851 varios periódicos de Madrid (El Heraldo, periódico político, religioso, literario e industrial; La España; Diario Oficial de Avisos de Madrid; La Esperanza, periódico monárquico) publican el anuncio de la nueva Biblioteca clásica de religión impulsada por Nicolás de Castro Palomino, que comenzó por una edición completísima de las Obras de Santa Teresa de Jesús (Establecimiento tipográfico-literario de D. Nicolás de Castro Palomino, Madrid 1851, xxiv+450 páginas). En aquellos anuncios figura Juan de Villaseñor y Acuña el último de una relación de cuatro «colaboradores literarios»:

Biblioteca clásica de religión, 1851

1851 «Biblioteca clásica de religión. Dividida en cuatro series. 1ª de Autores clásico-religiosos; 2ª Eclesiástica; 3ª Piadosa o Ascética; 4ª Ameno-religiosa. Censores eclesiásticos: Dr. D. Pedro José Ruiz, Dr. D. Juan González, D. Antonio Herrero y Traña, D. Andrés Martínez de Noboa. Colaboradores literarios: Dr. D. Anastasio Rodrigo Yusto, presbítero; Dr. D. Juan González, presbítero; Dr. D. Vicente de la Fuente; D. Juan de Villaseñor y Acuña, &c. &c. Primera Serie: Obras completas de Santa Teresa de Jesús [...]. Nicolás de Castro Palomino, Editor propietario.» (El Heraldo, Madrid, 3 de octubre de 1851, pág. 4.)

A principios de 1852 reapareció La Censura «gracias a Dios y a la protección de los ilustrísimos señores obispos de estos reinos...». En la hoja que acompaña el número 85 (enero de 1852) se dice: «No siendo facil dar ahora los números correspondientes a los ocho meses que van transcurridos desde la suspensión, empezará en adelante el año de La Censura con el civil: de consiguiente damos desde luego el que corresponde a enero, y procuraremos repartir con la mayor brevedad posible el de febrero y sucesivos hasta ponernos al corriente.» Dos años más resistió esta peculiar revista mensual, que se despidió definitivamente en su número de noviembre de 1853, cumpliendo con sus suscriptores al entregarles el último, nº 108, fechado en diciembre de 1853.

Entre 1854 y 1855 advertimos la mayor actividad editorial de Juan de Villaseñor: traduce La tríplice corona de la bienaventurada Virgen María del jesuita francés Francisco Pore (cuatro tomos), adapta La Biblia de las familias católicas (dos tomos) y traduce Flores a María, o sea el mes de Mayo.

1854 «En prensa. La Tríplice corona de la Virgen María, Madre de Dios, por el P. Francisco Poiré, de la Compañía de Jesús; traducida al castellano por don Juan de Villaseñor y Acuña.» (El Católico, periódico religioso y monárquico, Madrid, martes 26 de setiembre de 1854, pág. 4.)

«La tríplice corona de la bienaventurada Virgen María, madre de Dios, tejida de sus principales grandezas de excelencia, poder y bondad, y enriquecida con diversas industrias para amar, honrar y servir a esta señora: obra escrita en idioma francés por el padre Francisco Poiré, de la compañía de Jesús, y traducida en castellano por don Juan de Villaseñor y Acuña, director de la Biblioteca religiosa. Prospecto. [...] La Tríplice Corona constará de cuatro tomos en 8º y se dará por suscrición a razón de 16 rs. vn. cada uno, pagando su importe en el acto de recibirle. Concluida la impresión se aumentará el precio.» (Diario oficial de avisos de Madrid, jueves 2 de noviembre de 1854, pág. 3.)

1855 «La Biblia de las familias católicas, dispuesta para uso de los simples fieles, con vista de las versiones de Carriéres, Sacy, Martini y los ilustrísimos Scio y Torres Amat, por don Juan Villaseñor y Acuña, director de la Biblioteca Religiosa. Obra publicada y censurada con las licencias necesarias. Se ha repartido la entrega 11 y 12 de esta interesante publicación: sigue abierta la suscrición en la librería de Calleja, calle de Carretas, frente a la Imprenta Nacional; en la imprenta de los señores viuda de Palacios e hijos, Carrera de San Francisco, núm. 6; librería de Aguado, calle de Pontejos, y en la de López, calle del Carmen, a 3 rs. entrega con dos láminas cada una, y en provincias en las principales librerías con el aumento de un real en entrega, por razón de portes, &c. Toda la obra constará de 32 a 34 entregas.» (Diario oficial de avisos de Madrid, lunes 26 de febrero de 1855, pág. 4.)

«Flores a María, o sea el mes de Mayo, consagrado a la soberana reina de los cielos. Seguido de varias y devotas oraciones. Traducido del francés, por don Juan de Villaseñor y Acuña. Se vende en la Agencia general de Sierra, calle Imperial, núm. 22, cuarto segundo de la derecha, [...]» (La España, Madrid, viernes 4 de mayo de 1855, pág. 4.)

Ante la temporada cuaresmal de 1856 reaparecen en la prensa (Diario oficial de avisos de Madrid, sábado 15 y lunes 17 de marzo de 1856), un poco tarde (el domingo de ramos ese año fue el 16 de marzo), anuncios del librito de Marchetti que había traducido en 1849, La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Cinco años después, el mismo periódico ofrece anuncios similares al menos el 4 de febrero, el 20 y 26 de marzo de 1861. Y ya no volvemos a encontrar el nombre de Juan de Villaseñor y Acuña en la prensa...

Sobre Vicente Villaseñor y Acuña

Escribano de Madrid, en activo al menos entre 1758 y 1808, en un entorno de órdenes de caballería y asuntos donde abundan clérigos. En las menciones que encontramos con su nombre nunca aparece el «de» antes del primer apellido. Cabe suponer alguna relación familiar suya con Eustasio y Juan, que siempre gustaron apellidarse «de Villaseñor y Acuña».

«...hicieron sus testamentos por separado, pero beneficiándose recíprocamente, el 13 de junio de 1758 ante el escribano de Madrid Vicente Villaseñor y Acuña, en los cuales figuran como albaceas sus hermanos el presbítero don Antonio Terri y don Francisco Brunet.» (Revista de Musicología, Madrid 1988, vol. 11, pág. 683.)

«Fueron pues convocados todos los Hijosdalgo de Madrid a la Junta que celebró su Ayuntamiento el día 12 de Junio de 1769, mas estaban los ánimos demasiado agraviados [...]. La elección de secretario de Ayuntamiento, hecha por los regidores en pretendiente de su Corporación contra el espíritu y letra de la sentencia de Montalvo, motivó nuevas reuniones de Ter de los Ríos y otros caballeros, que volvieron a emprender con tenaz empeño la defensa de sus derechos. (Los caballeros que se reunieron particularmente para representar al Consejo contra los actos del Ayuntamiento, fueron Don Manuel González Ter de los Ríos, Don Vicente García Trío, Don Vicente Villaseñor y Acuña, don Ramón Antonio Aguado...).» (Historia de las órdenes de Caballería, Madrid 1864, tomo segundo, pág. LXIII.)

«Otro censo de ciento cincuenta mil reales vellón de principal y tres mil setecientos cincuenta de réditos ánuos al dos y medio por ciento, impuesto por D. Juan Miguel Martínez y su mujer en favor del Monasterio de la Cartuja, por escritura otorgada en Madrid a 9 de Agosto de 1778 ante el Escribano de S. M. don Vicente Villaseñor y Acuña, para los Registros de D. Miguel Thomás de París, Escribano de la Real Submillería de Corps y de Cámara...» (Diario oficial de avisos de Madrid, 28 de julio de 1883, pág. 2.)

«se cita y emplaza... a los que se conceptúen con derecho a la inmediación del patronato Real de legos fundado por don Miguel Gómez del Casal el día 13 de enero de 1791, ante el escribano de S. M. don Vicente Villaseñor y Acuña, y en el día posee don Manuel Gómez, vecino de esta corte.» (Diario de Madrid, jueves 27 de mayo de 1841, nº 2253, pág. 1.)

«Superintendencia de Arcas y tesoros de Encomiendas de la Orden de Santiago. El Sr. Conde de Torrecuellar, Ministro Decano del Real Consejo de Ordenes, Superintendente, calle de Santa María del Arco. D. Vicente Villaseñor y Acuña, Secretario, c. del Baño, n. 11.» (Guía de litigantes y pretendientes, Madrid 1794, pág. 32.)

«Comisarios de comprobaciones. [...] 45. D. Vicente Villaseñor y Acuña, Escribano de Diligencias del Real Aconsejo de Ordenes, c. del Baño, m. 220 n. 11.» (Guía de litigantes y pretendientes, Madrid 1796, pág. 98.)

«Citación. En virtud de providencia del señor juez de primera instancia del distrito de la Universidad de esta capital, refrendada por mi el escribano, se cita y llama a todos los que se crean con derecho a oponerse a la cancelación de las cargas que a continuación se expresan, y que gravan la casa sita en esta corte y su calle de la Torrecilla del Leal, número 19 antiguo y 17 moderno, de la manzana 24, para que en el término de quince días [...] Cargas. Una obligación hipotecaria, constituida por D. Juan Laguna en escritura de 12 de octubre de 1804, ante el notario que fue de esta capital D. Vicente Villaseñor y Acuña, por la cual se comprometió a contribuir con 100 ducados anuales para la congrua sustentación del padre fray Francisco de San José, religioso trinitario descalzo, durante los días de su vida, luego que fuese secularizado. [...] Madrid 8 de agosto de 1877. Donato Toledo.» (Diario oficial de avisos de Madrid, 29 de agosto de 1877, pág. 2.)

Sobre Eustasio de Villaseñor y Acuña

Profesor de humanidades y de matemáticas en Madrid (fue regente del colegio de Santiago), autor de libros de texto y traductor del francés en los primeros años treinta del siglo XIX. Cabe suponer alguna relación familiar suya con Juan de Villaseñor y Acuña [¿identidad si fuera Juan Eustasio...?].

«Lecciones de gramática castellana, dispuestas para uso de los alumnos del colegio de Santiago, por don Eustasio de Villaseñor y Acuña, ex-regente del mismo, un t. en 8º, 6 [rs. vn.] . — de geografía, dispuestas por el mismo, un t. en 8º, 6 [rs. vn.].» (El emigrado francés, 1831)

«Arte de callar, principalmente en materia de religión: escrito en francés por el Sr. Dinouart, y traducido al castellano por D. Eustasio de Villaseñor y Acuña, profesor de matemáticas en esta corte: dedicado al Ilmo. Sr. D. Pablo Abella, obispo de Tiberiópolis y auxiliar de Madrid; un toom en 8º en rústica.» (Diario de Avisos de Madrid, viernes 11 de marzo de 1831, nº 70, pág. 280.)

El emigrado francés. Memorias que pueden servir para la historia de todas las revoluciones. Traducido de aquel idioma por D. Eustasio de Villaseñor y Acuña, Profesor de Humanidades. Con licencia. Madrid, Imprenta de Espinosa, Junio 30 de 1831. Esta traducción es propiedad de los señores Matton y Boix. [3 hojas s.n.: portada, dedicatoria y prólogo] +233 páginas + [4 hojas s. n. «En la misma librería se hallarán las obras siguientes»]. «Dedicatoria a la señora condesa viuda de Villaoquina, &c., &c. Señora: No siempre bajos y mezquinos intereses dirigen las plumas ocupadas en beneficio del público. La mía al menos, desconoce la adulación y la mentira. La confianza y amistad de V. E. pesan sobre mi alma generosa. Quería compensarlas y le dedico esta obrita. E. de V. y A.»

«El Emigrado francés, memorias que pueden servir para la historia de todas las revoluciones, traducido de aquel idioma por D. Eustasio de Villaseñor y Acuña, profesor de humanidades: un tomo en 16º marquilla. El Emigrado no es una novela, y menos que todo una ficción común e insustancial, propia lectura de gente ociosa y disipada...» (Diario de Avisos de Madrid, martes 26 de julio de 1831, nº 207, pág. 843.)

Derecho público de la Francia en materia de regencia, fundado en la discusión de los hechos ocurridos en las minorías de sus Reyes. Traducción del francés por don Eustasio de Villaseñor y Acuña, profesor de Matemáticas en esta Corte. Madrid y marzo de 1833, Imprenta, calle del Amor de Dios, número 14. 63 páginas.

«3368. Lattier de Laroche, A. A. de, Curación de la Catarata sin operación quirúrgica... Traducción de D. Eustasio de Villaseñor, Madrid, Imp. de Palacios, 1834, 52 págs.» (Bustamante, Catálogos de la Biblioteca Universitaria, Santiago de Compostela 1959, tomo V.)

«En septiembre de 1833 se publica en Madrid, en la Imprenta de la Calle del Amor de Dios nº 14, una obrita titulada El Desván de los Duendes o breve y escogida colección de cuentos de espíritus aparecidos, duendes, fantasmas, vampiros y demonios (Biblioteca Nacional, signatura VC/2727/32) traducida, como reza la portada, de una obra francesa –lo que nos permitiría aceptar en principio que es única– por don Eustasio de Villaseñor y Acuña, profesor de matemáticas en esta corte. Este traductor, como igualmente se dice en la contraportada del libro, es autor también, entre otras obras, de dos traducciones francesas, Zulbar y la hormiga, novela indiana de la que no menciona al autor, que no es otro que Florian, quien fue ampliamente conocido y divulgado desde los últimos años del siglo anterior, siendo la segunda La Marquesa de Pontignac, novela traducida del francés.» (Concepción Palacios Bernal, «De Histoire de Thinaud...», en Neoclásicos y románticos ante la traducción, Murcia 2001, págs. 437-438.)

Bibliografía de Juan de Villaseñor y Acuña

1842 Traductor de Exposición del dogma católico, «escrita en francés por el Sr. De Genoude, y traducida al castellano por D. J. V. A.», Madrid; imprenta de D. J. F. Palacios. Esta obra forma el tomo 1º de la colección Biblioteca religiosa.

1849 La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, meditada según los cuatro evangelistas, o sean Elevaciones para cada día de la Cuaresma sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Divino Salvador: Obra escrita en italiano por el presbítero Luis Marchetti, y publicada en Roma con singular aceptación. La da a luz en nuestro idioma D. Juan de Villaseñor y Acuña, Madrid, Imprenta de D. B. González, Calle de la Madera baja, núm. 8, 1849, 293 páginas. [DGBE 3:429]

1854 La tríplice corona de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, tejida de sus principales grandezas de excelencia, poder y bondad, y enriquecida con diversas industrias para amar, honrar y servir a esta señora: obra escrita en idioma francés por el P. Francisco Poire, de la compañía de Jesús, y traducida en castellano por don Juan de Villaseñor y Acuña, Director de la Biblioteca religiosa. Con licencia del ordinario. Imprenta de la Compañía de Impresores y Libreros del Reino a cargo de D. A. Avrial, Tomo I, Madrid 1854, xxxvi+615 págs.; tomo II, Madrid 1854, 588 págs.; tomo III, Madrid 1854, 520 págs.; y tomo IV, Madrid 1855, 476 páginas. [DGBE 5:373]

1855 La Biblia de las familias católicas, dispuesta para uso de los simples fieles con vista de las versiones de Carrieres, Sacy, Martini y los ilustrísimos Scio y Torres Amat por don Juan de Villaseñor y Acuña, director de la Biblioteca Religiosa. Madrid 1855, Imp. de los Sres. Viuda de Palacios e hijos. Dos tomos: XII-628 y 532 págs. [DGBE 1:221]

Flores a María, o sea el mes de Mayo, consagrado a la soberana reina de los cielos. Seguido de varias y devotas oraciones, traducido del francés por don Juan de Villaseñor y Acuña. Madrid 1855, 8º, 142 págs. [DGBE 3:145-146]

Relacionado con Juan de Villaseñor y Acuña en el proyecto Filosofía en español

La Censura. Revista mensual (1844-1853)

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