José María de Llanos Pastor
 
SJ
1906-1992

José María de Llanos Pastor Ideólogo y activista católico español, adscrito a la Compañía de Jesús (jesuitas). Nació el 26 de abril de 1906, hijo de un general de infantería, en 1927 se licenció en Químicas en Madrid. Después de la Guerra Civil española intervino en 1943 en la organización estratégica de los Cursillos de Cristiandad: «Por lo que respecta al retiro inicial de los Cursillos de Peregrinos [Semana Santa 1943], Bonnín respetó los esquemas de aquéllos, si bien introdujo, como pieza metodológica que resultó muy relevante, la celebración del Viacrucis según texto del Padre Llanos, como primer acto del Retiro, previendo que en su desarrollo se diera protagonismo, sin aparentar premeditación, a los que se entendía podrían dar después mayores problemas para integrarse en el cursillo. También respetó íntegramente los esquemas de las cinco charlas sobre la Gracia que en los Cursillos de Peregrinos impartían los sacerdotes, para no inmiscuirse en su terreno.» (Francisco Forteza Pujol, Historia y memoria de cursillos, 1992). A partir de 1945, una vez finalizada la Guerra Mundial y derrotada Alemania, se le encargó desplegar su actividad de apostolado en los ambientes estudiantiles próximos a Falange, incluyendo la forja de futuros militares, buscando desactivar la influencia del ateísmo de Ortega o de las JONS de Ramiro Ledesma. En 1946 ya era Capellán del Frente de Juventudes y, en calidad de Subdirector de la Congregación Universitaria de Madrid, formó parte de la Junta Organizadora del XIX Congreso Mundial de Pax Romana (El Escorial, Salamanca, junio-julio 1946). Habitual colaborador de las revistas estudiantiles más significativas de aquellos años: Alférez, La Hora, Alcalá...

Mediados los años cincuenta, cuando se vislumbró el peligro de la vinculación de la incipiente oposición estudiantil con el movimiento obrero, propiciada en buena medida por el cambio de estrategia adoptado por el clandestino Partido Comunista de España, se le encargó desplegar su actividad de apostolado en los ambientes obreros de las nacientes barriadas proletarias del sur de Madrid. Suele fijarse la Nochebuena de 1955 como inicio de la actividad de este jesuita en el suburbio madrileño denominado El pozo del tío Raimundo, inicio también de la adaptación de su nombre al medio: de «R. P. José María de Llanos S. J.» a el Padre Llanos. El éxito del activismo católico del Padre Llanos fue total, e influyó decisivamente en la clericalización del movimiento obrero y la consiguiente desactivación del ateísmo e incluso del anticlericalismo en amplios sectores de Comisiones Obreras, del Partido Comunista y de otros grupos minoritarios que se presentaban como la «extrema izquierda». No se le encargó al padre Llanos lidiar con agnósticos y creyentes vergonzantes, herederos de lejanos y confusos krausismos y más cercanos a la socialdemocracia y por tanto políticamente inofensivos. Se le hizo jugar el papel de un Don Camillo, que logró eficazmente embeber a los Peppone, dirigentes y militantes de base, del espiritualismo católico más sutil, de un irracionalismo que logró confundir y desarmar ideológicamente a la llamada izquierda. En esta estrategia el padre Llanos fue uno de los adalides en España de un proceso más global («curas obreros», «diálogos cristo-marxistas», «teología de la liberación», un Papa polaco, &c.) que permitió a la Iglesia de Roma, en la segunda mitad del pasado siglo, no sólo mantener sus parcelas de influencia sino recuperar importantes posiciones que parecían perdidas, una vez desactivada la llamada «revolución latinoamericana» y consumada la descomposición de la Unión Soviética, último bastión del ateísmo de Estado.

Pedro de Silva, en Las fuerzas del cambio, cuando el rey dudó el 23-F y otros ensayos sobre la transición (Editorial Prensa Ibérica, Barcelona 1996), al analizar el reformismo militar, escribe:

«Los orígenes de las actitudes reformistas, moderadas y democráticas nacidas en el interior del ejército franquista se localizan, en última instancia, en el carisma de unas pocas personas, y de forma especial en el de dos militares de muy distinta procedencia generacional, profesional e ideológica: Luis Pinilla y Manuel Díez-Alegría. (...) En el curso 1948-1949 un jefe, el teniente coronel Agulla, llevó a Luis Pinilla a la Asesoría Nacional de Educación Premilitar, del Frente de Juventudes. Bajo esta cobertura, y en el local de la propia Asesoría, se creó un centro educativo llamado Colegio Preparatorio Militar, que aspiraba a captar vocaciones militares entre los jóvenes y a formarlos para su ingreso en la Academia General, lógicamente en el espíritu de la falange juvenil. (...) El movimiento que surge de aquel Colegio se denomina Forja. Al frente del mismo estuvo Luis Pinilla diez años, y cientos de futuros oficiales pasaron por él. (...) Existían tres niveles. El primero, que constituía el grado inferior de compromiso, eran las escuadras de Acción. El segundo eran propiamente las escuadras de Forja. El tercero era una organización surgida del idealismo y utopía de Luis Pinilla, la Milicia de Cristo, una elite creada bajo la forma eclesial de Asociación de Fieles («Pía Unión»), que aspiraba a practicar «el grado heroico de la milicia». La expresión pertenece al padre Llanos, el conocido jesuita, entonces integrista, que sufrió una evolución personal que le llevó a la labor social entre los marginados del Pozo del Tío Raimundo y a la militancia en el Partido Comunista de España. El padre Llanos fue capellán del Colegio a partir de su tercer año de funcionamiento, y tuvo una considerable influencia en la configuración del sistema de valores humanos y espirituales que se pretendía infundir. En algunos ámbitos de la Academia General se va conociendo a la Academia de Luis Pinilla como La peli, esto es, la peligrosa. Pese a sus avales religiosos y políticos, aquel movimiento ya era visto por muchos como una infiltración activista en el mundo estanco y cerrado de la milicia.» (páginas 157-159.) Luis Pinilla tuvo que abandonar ese Colegio «público» y creó otro «privado», que llevó formalmente el nombre de Forja, en la Colonia Los Ángeles, en Campamento. «Aquel Colegio dura solamente dos años, hasta que es clausurado. Al iniciarse la década de los sesenta, el problema que ya constituye Forja llega al Consejo de Ministros, en el que se le atribuye el carácter de ente clandestino dentro del ejército. Obviamente, se decide eliminar aquel peligroso germen. (...) En dos ocasiones todos los integrantes de Acción, Forja y Milicia de Cristo se reúnen en el Campamento Nacional de Cobaleda. Había nacido lo más parecido, en los tiempos que corren, a una orden militar.»

Buen conocedor de la gran labor ejecutada por el jesuita, el mismísimo general Luis Pinilla (que en 1962, tras el cierre de Forja, fundó en Madrid la Comunidad Misión de Juventud, por influencia del propio Llanos) ha llegado nada menos que a proponer a la Iglesia de Roma la canonización de su amigo jesuita. Todavía en una entrevista de 1999 Luis Pinilla insistía: «Este jesuita era un auténtico líder en la fe. Yo lo conocía antes de que se fuera a vivir al Pozo porque era el predicador de moda. Removía conciencias como nadie, cautivaba con su carisma y se convirtió en un apóstol de los pobres entre los ricos. Tendría que subir a los altares» (declaraciones a Juan Carlos de la Cal, «Un general en el laberinto de los pobres», El Mundo, 22 diciembre 1999).

El profesor de filosofía Lorenzo Peña, que en 1962 ingresó en el PCE, al parecer de la mano de Rafael Sánchez Ferlosio y con el espaldarazo de Javier Pradera, que protagonizó en 1964 la escisión maoísta que supuso el PCE marxista-leninista, contrario a la política blanda y antiestalinista de la reconciliación nacional propugnada por la línea oficial del PCE de Santiago Carrillo, y que intervino también en la fundación en 1971 de la que llegaría a ser la organización terrorista FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), se deja seducir en los años noventa por la tarea del jesuita: «En España tenemos el caso del recientemente fallecido Padre Llanos, que dedicó buena parte de su vida a la causa de los trabajadores. Con todos ellos estamos. Ellos tienen el inmenso valor y el mérito de enfrentarse al integrismo de su propia tradición, de contribuir a la unidad de acción y de lucha de los proletarios, de denunciar la injusticia del sistema capitalista.»

El filósofo Carlos París declaraba en diciembre de 1997 al órgano del Partido Comunista de España, Mundo Obrero:

«Ya en mi juventud, fui muy amigo de Miguel Sánchez Mazas y de otros que nos preocupaba la problemática iberoamericana. Y, en Madrid, tuvimos mucha relación con el padre Llanos. Esta vinculación fue mi primera experiencia de oposición al régimen franquista, pero no desde la izquierda tradicional sino desde las plataformas del SEU que nos brindaban el hecho de poder expresar nuestra actitud crítica contra el régimen franquista. Desde aquí, encontré a la izquierda auténtica que había perdido la guerra y descubrí los proyectos ilusos e ilusionantes del bando nacional. Esto en lo que se refiere a mi experiencia vital. Mi filiación al comunismo no dogmático se produjo cuando vi también que el desarrollo de la cultura y de la vida universitaria eran obstaculizadas y reprimidas por el franquismo. Este grupo al que acabo de aludir, entre los que se encontraba el poeta José María Valverde, era muy cristiano, postura que abandoné hace ya tiempo. En cambio, sigo teniendo un sentido religioso de la vida que se expresa por mi entusiasmo ante la Naturaleza y por mi preocupación por las relaciones humanas. Ahora bien, mi cristianismo era sin fe y siempre en contra de las estructuras eclesiales. Un cristianismo existencialista que conecta con las preocupaciones unamunianas pero que fue conformando y configurado posteriormente. Javier Sádaba, sobre este aspecto, en uno de sus artículos escribe que yo nunca he escrito sobre filosofía de la religión pero que, sin embargo, en mis escritos siempre hay una luz religiosa en el sentido que apuntaba antes. Ahora no tengo un sentido espiritualista del ser humano ni tampoco una idea de Dios, pero ante el hecho concreto de la muerte de mis seres queridos se reactivó este sentimiento de continuidad del ser humano en un más allá.»

El Padre Llanos contaba con los medios suficientes para desarrollar su labor en la periferia obrera: la iglesia que levantó en el madrileño poblado de Entrevías fue diseñada nada menos que por el prestigioso arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza, que incluso se sirvió de avanzadas estructuras realizadas al efecto por Ensidesa. Alrededor de esa iglesia del Padre Llanos, en la parroquia de Palomeras Bajas y en la zona de la cooperativa de Entrevías, se gestaron las primeras Asociaciones de Vecinos de Madrid (en las que intervino activamente Francisca Sauquillo Pérez del Arco, nacida en 1943, vinculada a las tareas de «El Pozo» hacia 1965, y luego abogada laboralista, militante durante catorce años en la Organización Revolucionaria de Trabajadores, ORT, senadora desde 1983, militante del PSOE desde 1987, presidenta desde 1984 del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, MPDL, eurodiputada, &c.). En los años 80 el movimiento vecinal en los barrios del Sur de Madrid ya había madurado lo suficiente como para ver nacer la Coordinadora de Barrios y decenas de colectivos más gestados en las parroquias donde los curas obreros habían comenzado su activismo diez años antes siguiendo la estela del padre Llanos. La Asociación de Vecinos de Vallecas, con motivo del 85 cumpleaños del jesuita le entregó una placa que decía «José María de Llanos vino al Pozo camino de Dios, tropezó con el hombre y de su mano llegará a Él.» En 2001 existe una Fundación José María de Llanos, que mantiene en Madrid el «Centro de Educación Secundaria y Formación Profesional 1º de Mayo», sucesor de la institución educativa privada fundada por el Padre Llanos en 1961.

Uno de los discípulos y seguidores del Padre Llanos fue Alfonso Comín (1933-1980). Tiene el mayor interés, como ejemplo de la efectividad de la estrategia desplegada, el testimonio que la viuda de Comín, María Luisa Oliveras, publicó en su artículo «Vivir de utopías», Cuaderns de Cristianisme i Justicia, 98 (2000):

«Alfonso participaba en el SUT, Servicio Universitario del Trabajo, con el padre Llanos al frente. Fue precisamente allí donde se conocieron y de allí salió la amistad que los uniría hasta la muerte. Yo colaboraba en un centro social en el Paralelo, un barrio obrero de Barcelona. Queríamos que el mundo fuera diferente, justo y solidario. Aunque entonces la palabra solidaridad apenas se usaba, esto no impedía que se practicara. Casi todo nuestro tiempo estaba cogido por trabajos o reuniones que tenían que ver con esta preocupación y con este intento de transformación del mundo. Por un lado, el trabajo concreto en la base y, por otro, los trabajos de reflexión o acción, como la participación en las Rutas de Pax Christi (rutas internacionales por la paz). Tuvimos también la suerte de pasar un mes con el Abbé Pierre en la "banlieu" de París, en Los traperos de Emaús. Todo ello iba conformando una manera de entender el compromiso, la solidaridad. A través del libro de René Voillaume, En el corazón de las masas, entramos en contacto con la espiritualidad de Charles de Foucauld. Este encuentro marcó definitivamente nuestras vidas. No se trataba de "hacer" sino de "compartir" sin esperar resultados aparentes. Al cabo de un tiempo, yo ingresé en la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús en el barrio de la Bomba en Madrid, un barrio de chabolas habitado mayoritariamente por emigrantes andaluces. La separación fue dura pero lo había reflexionado mucho, y Alfonso supo ayudarme, a pesar del dolor por la separación, a emprender este nuevo camino. Compartí durante ocho meses la vida con las Hermanitas y con los vecinos del barrio. Fue una etapa de mi vida con la que todavía ahora me siento vinculada. Al cabo de ocho meses, por razones de salud, dejé la Fraternidad de las Hermanitas en Madrid, pero de esta etapa quedaría para siempre la opción por los pobres marcada por el testimonio de las Hermanas y Hermanos de la Fraternidad de Charles de Foucauld. (...) Era el momento del compromiso político concreto como una exigencia de la propia fe, como una manera de vivir la solidaridad. Los dos entramos a militar en Bandera Roja de Catalunya, una organización de estilo extraparlamentario a la izquierda de PSUC. (...) Eran los años en que reclamábamos a la Iglesia libertad de conciencia para la opción política de los cristianos. CPS, Cristianos por el Socialismo, junto con otros militantes de Bandera Roja entramos en el PSUC. Alfonso ocupó cargos tanto en la dirección del PSUC como en el PCE. El solía decir que a veces hay que bajar a la arena aunque tengas una escasa vocación de "hacer política". En el Partido pedía libertad de conciencia para los militantes que eran cristianos, para que no fueran discriminados por razón de su fe. Desde siempre, su maestro e inspirador fue el filósofo francés Emmanuel Mounier.»

Falleció el jesuita José María de Llanos el 10 de febrero de 1992. Francisco Umbral escribió de él:

«A los picados les daba nescafé con galletas maría, de comunión, y a sus amigos nos daba conversación y nos echaba música de Vivaldi. Era el hombre mas bueno que uno haya conocido jamas. Lucía un reloj de pulsera que le trajo La Pasionaria de Moscú, un reloj verde como una rana y pesado como un tanque en la muñeca. A mi nunca me hizo proselitismo, no quería convertir a nadie. Andaba mucho, como todos los viejos que no pueden andar. Ibamos a dar vueltas por la Plaza mayor, buscando él ese solecillo que es ya el ciclo municipal de los viejos. Es el único santo con boina de todo el santoral y por eso no subirá al cielo.» Y Eduardo Haro Tecglen: «Me asombro a mi mismo cuando me veo creyendo que los jesuitas son una de las últimas reservas del pobre, del desalido, del explotado. ¡Quien me iba a decir que solo habría este clavo ardiendo al que pudiera agarrarse un ateo al terminar el siglo XX. Conocí a Llanos de joven falangista: asumía la dialéctica de los puños y las pistolas. Le despido como comunista en la reducción del Tío Raimundo.»

El apostolado del jesuita padre Llanos entre estudiantes falangistas y alevines militares primero, y entre proletarios filocomunistas más tarde, no le impidió mantener una continuada actividad editorial, que demuestra la persistencia de sus principios a pesar de las necesarias concesiones imprescindibles para el buen fin de su misión. Actitudes que no siempre han sido valoradas por algunos críticos incapaces de apreciar la efectividad del trabajo ideológico desarrollado entre las filas enemigas:

«Díez Alegría, es un anciano sacerdote asturiano, doctor en Filosofía y Derecho y licenciado en Teología, hermano de dos tenientes generales de la era de Franco. Convertido al marxismo por un extraño síndrome de Estocolmo, pura perturbación mental que se dio en algún otro jesuita como el P. Llanos, según el cual los asesinos de sus hermanos de religión, y en algún caso hasta de sangre, pasaron a ser sus amigos, mientras que aquellos que salvaron a la religión y a la patria se convirtieron en sus enemigos. (...) Con lo dicho nos parece casi milagroso que una institución, minada por topos hostiles como los referidos, subsista. Y no son gente perdida en parroquias rurales, sino ocupando cátedras en seminarios y universidades. Todo parecido con un suicidio no es mera coincidencia. Otra cuestión es la de las responsabilidades jerárquicas. Y la inutilidad de las benevolencias y contemporizaciones.» (Francisco José Fernández de la Cigoña, «¿Qué teólogos?» Razón Española, nº 98, noviembre-diciembre 1999).

Bibliografía cronológica de José María de Llanos Pastor

Textos de José María de Llanos en el Proyecto Filosofía en español

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