Filosofía en español 
Filosofía en español

Jesús López Pacheco  1930-1997

Jesús López Pacheco Escritor, poeta y profesor español, nacido en Madrid en 1930 y fallecido, a causa de un cáncer de pulmón, en London (Ontario, Canadá) el 6 de abril de 1997. Estudió Filosofía y Letras (sección de filología románica) en la Universidad de Madrid, y participó activamente, desde posiciones comunistas, en los inicios del movimiento estudiantil antifranquista: un informe de la Dirección General de Seguridad recoge su protagonismo en el Homenaje estudiantil a Ortega, tras el fallecimiento del filósofo, en octubre de 1955, y le sitúa en el grupo comunista de Enrique Múgica Herzog, que proyectaba un «Congreso de Escritores Jóvenes» que nunca llegaría a celebrarse tras los sucesos estudiantiles de febrero de 1956. López Pacheco asistió a la reunión celebrada el 19 de enero en el Club «Tiempo Nuevo» (Alcalá 93), con Dionisio Ridruejo, Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio, Javier Pradera, Enrique Múgica, Ramón Tamames, &c., en la que se preparó el Manifiesto difundido el 1º de febrero de 1956. A raíz de aquellos sucesos fue detenido y su domicilio registrado por la policía, que informó haber encontrado abundante propaganda europeísta.

Publicó varios libros de «poesía testimonio»: Dejad crecer este Silencio (Premio Adonais 1953, Editorial Rialp), Mi corazón se llama Cudillero (Mieres 1961), Pongo la mano sobre España (1961), Canciones del amor prohibido (1961). En 1958 su novela Central Eléctrica (Colección Ancora y Delfín, nº 149, Destino) señala uno de los hitos de la llamada narrativa social, y en ella enfrenta las contradicciones del progreso técnico, los obreros, la desigualdad entre las clases sociales, &c. Fue finalista del Premio Nadal y una de las cabezas visibles de la revista Acento Cultural, que abandonó cuando se le dio un giro conservador; y no tuvo éxito con su editorial, Horizonte.

Jesús López Pacheco

Nació en Madrid en 1930. En dicha ciudad realizó sus estudios secundarios y se licenció en letras. Se gana la vida como colaborador editorial. Publica en las principales revistas españolas e hispanoamericanas y sus poemas han aparecido traducidos en diversas revistas europeas. Ha obtenido el premio Sésamo de cuentos y ha quedado finalista en otros certámenes literarios.

Ha publicado cuatro libros de poesía Dejad crecer este silencio, Mi corazón se llama Cudillero, Pongo la mano sobre España y Canciones del amor prohibido.

Su novela Central Eléctrica ha sido traducida al italiano y al ruso y está en curso de traducción a otras lenguas. Es coautor de una reciente antología: Poesía italiana contemporánea y autor de numerosas traducciones.

Respuestas

1.ª Sí. Sólo que la «libre actitud creadora del artista» no es nunca libre. Toda la historia, toda la sociedad, el momento en que vive, la formación, la biografía, la clase social del artista, &c., determinan esta «libre actitud creadora». Para hacerla verdaderamente libre, a mi modo de ver, tiene que asumir todas estas determinantes con la máxima conciencia posible de sí mismo y de las relaciones que existen entre aquéllas y su arte. Tiene que comprender la necesidad de su arte y de cada uno de sus actos creadores. Sólo a través de esta necesidad puede llegar a conseguir una auténtica libertad.

2.ª Depende de la forma política del Estado. Si esta forma es justa –quiero decir, si tiende verdaderamente a serlo–, también será justo que ejerza una cierta vigilancia sobre el arte, especialmente en las primeras etapas de consolidación de dicha forma política. ¿Por qué? Se debe procurar que el arte no sea nunca un instrumento para engañar y desorientar, y, desgraciadamente, bajo muchas situaciones históricas lo ha sido y lo es aún.

3.ª A todo el que necesite del arte auténtico. Hoy, en nuestra civilización, la burguesía no parece que lo necesite demasiado, a juzgar por la saña que pone en mercantilizarlo. Pero quizá esto sea una forma sádica –y masoquista, pues el arte, aunque herido, arremete muy a menudo contra ella– de necesitarlo. El pueblo, también desde el punto de vista artístico, es, desde luego, el más necesitado. Aunque todavía vaya descalzo y desnudo de arte. El suyo es un problema de poder adquisitivo, económico y espiritual. En cuanto a la misión del arte, indudablemente es de carácter estético (esta frase no debe separarse nunca de lo que sigue), pero devolviendo a esta palabra, librada de todo lastre de evasiones y cobardías con que se la suele cargar, el originario valor etimológico: la palabra griega «aiszetico» deriva del verbo «aiszanomai», «sentir». A través de los siglos, los artistas han sentido la naturaleza, pero también la sociedad, tema hoy más sentido que nunca quizá. Lo estético, pues, incluye, legítimamente, lo social. Porque lo social también es un sentimiento. Quienes lo han desgajado semánticamente de la palabra «estético» son aquellos que, por ser dueños de la sociedad, no la sienten sino en tanto en cuanto la explotan; del mismo modo que no suele sentir el campo aquel que lo explota: le interesa, más que los colores, el número de hectáreas, y cree que el «arte» hay que ir a buscarlo a la ciudad.

4.ª La libertad es siempre relativa. Dicho esto, sí creo que los artistas –como los pueblos– necesitan una libertad personal y política relativa, dentro de una sociedad que haya logrado relaciones justas o en camino de serlo. Aun así, el artista puede vivir y crear, con más dolor, bajo situaciones históricas injustas.

5.ª Integrado. Porque lucho para que sea mejor y no me siento solo. Y aislado, porque no es mejor.

6.ª Sí. Distingo entre «sociedad» y «sectores y elementos que la corrompen y miserabilizan». Por otra parte, no es el artista –cuando la tiene– el único que tiene esa «abnegada y corajuda actitud». Cuando la tiene, no hace sino ser fiel a su verdadera sociedad.

Sergio Vilar, Manifiesto sobre Arte y Libertad. Encuesta entre los intelectuales y artistas españoles, Barcelona 1964, páginas 203-205.

Siente que su compromiso comunista le cierra las puertas en España y en 1967 decide autoexiliarse a Moscú, ciudad donde publican sus obras completas. En 1968 acepta un puesto como profesor visitante por un año en la Universidad de Western Ontario (Canadá), en la que se termina quedando, y de la que era catedrático emérito al fallecer. Tradujo a poetas americanos e ingleses, publicó nuevos poemarios, Delitos contra la Esperanza (1970), otra novela: La hoja de parra (1977), la antología de cuentos titulada Lucha contra el Murciélago (1990) y la pieza teatral Máquina contra la Soledad o la Scherezada electrónica (1989). En Asilo poético: poemas escritos en Canadá 1968-1990 (1991), se encuentran abundantes referencias a su autoexilio político. En 1996 se publicó en Vitoria su libro Ecólogas y urbanas, manual para evitar un fin de siglo siniestro.

En 1970 el cantautor Adolfo Celdrán Mallol (1943), en su disco LP Silencio (portada y diseño de carpeta de Juan Genovés), cantó letras suyas y de Bertold Brecht, Nicolás Guillen, León Felipe... y varios poemas de Jesús López Pacheco, entre ellos la célebre «Canción bailable»:

Lo más cómodo es
llorar desde Madrid
al que muere en Bolivia
(¡quién tuviera un fusil!)

Lo más cómodo es
no tener un fusil,
no luchar en Bolivia
y llorar en Madrid.

Lo más cómodo es
no luchar ni en Madrid,
llorar muertes lejanas
y soñar sin fusil.

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