Julián Marías Aguilera
 
1914-2005

Julián Marías Aguilera en 1947 Filósofo católico español discípulo de José Ortega y Gasset. Nacido en Valladolid el 17 de junio de 1914, falleció en Madrid el 15 de diciembre de 2005. Trasladada su familia a Madrid en 1919, estudió en el Colegio Hispano y luego en el Instituto Cardenal Cisneros, donde en 1931 concluyó el Bachillerato. En la Universidad de Madrid cursó filosofía en los años de la República (1931-1936), donde escuchó lecciones de Ortega, Zubiri, Gaos, Besteiro, García Morente, &c. Participó en el famoso «viaje de estudios» de 1933, y en 1934 publicó junto con Carlos Alonso del Real y Manuel Granell el libro Juventud en el mundo antiguo, dedicado a narrar aquel novedoso crucero universitario por el Mediterráneo. Se licenció en junio de 1936, poco antes de iniciarse la guerra civil. Militarizado al servicio de la República, escribió habitualmente en las ediciones de ABC y Blanco y Negro publicadas en el Madrid de la guerra. Terminada la contienda tuvo que purgar unos meses en las prisiones del franquismo. En 1941 aparece la primera edición de su Historia de la Filosofía, que logró gran difusión. En 1942 fue víctima de un famoso escándalo cuando su tesis doctoral, dirigida por Zubiri, fue suspendida por el tribunal correspondiente, con el voto en contra de Manuel García Morente. Según se corría en ambientes clericales católicos, la justificación para haber suspendido la tesis la habrían encontrado en la siguiente leyenda, que veinte años después, en 1961, todavía propalaba un canónigo de la catedral de Oviedo, famoso por su voluntad de coronar como rey al mismísimo general Francisco Franco:

«…salió de los tórculos –¡claro está!– de la Editorial "Revista de Occidente". Algunos habrá que den a ésta por fenecida. ¿No murieron –se dirán– El Sol, Crisol… y demás "compañeros de viaje", que fraguaron la horrenda y sin igual catástrofe de nuestra Patria? ¿Y cómo –añadirán– no se ha cegado ya esa fuente venenosa y "fatídica" (¡basta su solo nombre!) que sigue aún manando ponzoña?… Lo ahora dicho extiéndase al orteguiano "Instituto de Humanidades", que, según parece, subsiste aún, dirigido por Julián Marías. Precisamente en el ABC (del 25 de agosto de 1959) a Marías se le llama "profesor de Humanidades". Pero no crea el caro lector que se trata de "Humanidades clásicas", pues en éstas don Julián debe de andar aún muy flojo, máxime en las latinas. Digo esto, porque en cierta ocasión –no muy lejana– el señor Marías hubo de hablar sobre la Suma Teológica de Santo Tomás; y como su pericia en la sabia lengua del Lacio no llegaría siquiera a lo elemental, no utilizó o no pudo utilizar el texto latino de la Summa, sino que se acogió a una traducción francesa de la misma. Saben los medianamente doctos que el Doctor Angélico en el Prólogo de esa gran obra maestra dice que la escribe "ad eruditionem incipientium": "para enseñanza de los principiantes" de los que comienzan el estudio de la Teología. El texto galo, pues, vierte: "pour… les commensants"; pero don Julián, confundiendo esta última palabra con "commersants", tradujo y dijo: que Santo Tomás había escrito la Suma "para enseñanza o uso de los comerciantes" (!!). Ello vino causando la regocijada hilaridad de no pocos. Según dicho diario madrileño (fecha "ut supra") el señor Marías salió hacia la India para dar unas conferencias. Estuve por mandar un telegrama "en sánscrito" a los sutiles indios, concebido en estos términos: "Orteguianas doctrinas [de] don Julián [están] menos perfiladas que las [de] Buda. ¡Ortega niega [hasta el] Nirvana búdico! Salúdales Loredo, antiorteguiano ovetense". Postdata: "el señor Marías les hablará en latín…, el de la Suma". En fin… ¡Oh! qué de ficción y bambolla existe en este pícaro mundo… de las "conferencias".» (Cesáreo Rodríguez y García-Loredo, –Canónigo de la S. I. C. B. M. y Profesor de la Universidad de Oviedo–, El «esfuerzo medular» del krausismo frente a la obra gigante de Menéndez Pelayo, Imprenta La Cruz, Oviedo 1961, págs. 332-333, nota 148.)

Casado en 1941 con la profesora y escritora Dolores Franco Manero [1912-1977, La preocupación de España en su literatura. Antología, prólogo de Azorín, Adán, Madrid 1944, 420 págs., España como preocupación. Antología, Guadarrama, Madrid 1960, 570 págs.], tuvieron cinco hijos varones (Julián 1945-1949, Miguel 1947 –economista y cinéfilo–, Fernando 1949 –catedrático de Historia del Arte–, Javier 1951 –escritor y novelista–, Álvaro 1953 –músico–).

En 1948, vuelto Ortega a España, fundan el Instituto de Humanidades, en Madrid, del que Julián Marías es secretario, y motor tras el fallecimiento de Ortega en 1955. En 1949 participa en París en la Semana de los Intelectuales Católicos. En 1951 interviene en las Conversaciones de Gredos. Ese mismo año, siendo Francisco Javier Sánchez Cantón decano de la Facultad de Filosofía y Letras, pudo presentar de nuevo su tesis doctoral («La Metafísica del conocimiento en Gratry» –141 págs., T-2151–, que, entre tanto, ya había publicado), convirtiéndose en doctor por la Universidad de Madrid. Marginado de la Universidad española realizó numerosas estancias docentes en universidades norteamericanas y europeas.

Invitado por el Congreso por la Libertad de la Cultura asiste al encuentro, organizado por esa institución anticomunista, en Lourmarin: «Provincialismo y universalismo en la cultura europea» (1959), al que dedica una crónica: «Una Europa abreviada en Lourmarin», publicada en Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura. En 1960 interviene en el coloquio «El escritor y el Estado del Bienestar», organizado en Copenhague por el CLC, &c.

Julián Marías

Nació en Valladolid el año 1914. Desde su niñez vive en Madrid, en cuya Universidad cursó estudios de Filosofía y Letras. Discípulo de Ortega y de Zubiri. En 1936 es Licenciado en Filosofía y doctor en 1951. Junto con Ortega colabora en la fundación del Instituto de Humanidades (Madrid, 1948). Profesor visitante en el Wellesley College y en Harvard (1951-1952). Constantemente da cursos y conferencias en España, Portugal, Francia, Alemania, Inglaterra, Perú, Colombia, Chile, Argentina y los Estados Unidos. Es colaborador de diversas revistas españolas y extranjeras y del diario ABC de Madrid.

A este pensador, uno de los más preclaros de la España contemporánea, se le deben las obras siguientes: Historia de la Filosofía, Introducción a la Filosofía, Idea de la Metafísica, Biografía de la Filosofía, La filosofía del P. Gatry, Miguel de Unamuno (Premio Fastenrath 1947 de la Real Academia Española), San Anselmo y el insensato, Filosofía actual y existencialismo en España, Ortega y la idea de la razón vital, El método histórico de las generaciones, Aquí y ahora, Ensayos de teoría, Ensayos de convivencia, Los Estados Unidos en escorzo, Ortega y tres antípodas, La Escolástica en su mundo y en el nuestro, La estructura social. Teoría y método, Ataraxía y Alcionismo, La imagen de la vida humana, Ortega, circunstancia y vocación, El intelectual y su mundo, La escuela de Madrid, El lugar del peligro, El oficio del pensamiento, Imagen de la India, Los españoles, &c. Además de toda la creación propia reseñada, es autor de dos antologías filosóficas: El tema del hombre y La filosofía en sus textos (2 vols.) y de numerosas traducciones y ediciones comentadas de Platón, Aristóteles, Séneca, Leibniz, Dilthey y Unamuno.

Respuestas

1.ª Toda actividad del espíritu –arte, literatura, pensamiento– depende primariamente de la personalidad libre del que la ejecuta, y sólo puede estar sujeta a las condiciones que impone la realidad con la cual se enfrenta: desde las propiedades de la materia hasta la estructura de los géneros literarios o artísticos y la posibilidad histórica y social de que éstos sean cultivados de una manera auténtica. Cualquier otro tipo de presiones –vengan de donde vengan– encaminadas a imponer que la obra artística sea «así», la disminuyen, la prostituyen o simplemente la destruyen.

2.ª Creo que el Estado tiene muy poco que hacer en relación con el arte y las demás actividades creadoras. Principalmente, dejarlas ser; más positivamente, la función adecuada del Estado coincide con el viejo nombre de un ministerio español: Fomento; es decir, debe fomentar, favorecer, en ocasiones estimular, lo que la sociedad tiene que regular y los individuos creadores han de realizar. Por esto, aunque no sólo por esto, creo que el liberalismo es la condición de que la vida humana adquiera calidad y dignidad en nuestro tiempo. Claro está que no se puede identificar el liberalismo con sus formas deficientes o falsas, precisamente las que causaron su desaparición de buena parte del planeta.

3.ª La palabra «servir» aplicada a la obra de arte me repele un poco. Si lo es con plenitud, si alcanza una calidad suficiente, «resulta» acaso que sirve a muchos hombres, quizá durante siglos; pero ese servicio es «sobrevenido», no puede buscarse. Todo lo que el hombre hace tiene una función social, porque el hombre es intrínsecamente social, pero la manera de que esa función se realice es que cada cosa o cada actividad se ajuste a sus propios requisitos. La obra de arte tiene que ser arte; lo demás se dará por añadidura; si busca otra cosa, con menoscabo del valor artístico, probablemente no lo consigue; en todo caso, no como obra de arte; y seguramente peor que otra actividad que persiga ese fin directamente, sin enmascararse como «obra de arte».

4.ª Si el artista necesitara «libertad política absoluta», temo que el arte no habría empezado aún a existir. El artista, el escritor, el pensador necesitan ser libres; para ello hace falta, claro está, alguna libertad, por lo menos la necesaria para no envilecerse; pero lo decisivo es que estén dispuestos a tomarse cuanta libertad sea posible. Con eso basta para que se salve la actividad creadora. No, por supuesto, para que se realice plenamente: al lado de lo que se hace, habría que poner lo que se podría haber hecho en otras circunstancias. La pintura española del XVI al XVIII es sin duda admirable, pero habría que poner al lado de los cuadros existentes una posible «historia del desnudo español». Los defensores de la Inquisición –que de todo hay–, para mostrar que no dañó a nuestra cultura, señalan las maravillosas obras literarias del Siglo de Oro; pero yo veo al lado de ellas los espectros nonatos de una filosofía y una ciencia que hubieran podido ser y que no fueron, sofocadas porque ni siquiera llegaron a germinar. Hay que hacer constar, por otra parte, que al decir que el artista o el escritor no necesitan de un modo absoluto tener plena libertad, lo que quiero decir es que su falta no los exime de ser auténticos escritores o artistas, que pueden y deben serlo a pesar de esa carencia, y que se suele exagerar el poder de todas las tiranías –haciéndoles de paso el juego–. Pero el hombre que es ese cultivador del arte o de las letras necesita de esa libertad que le es debida y a la que tiene derecho.

5.ª Yo me siento inexorablemente perteneciente a la sociedad en que vivo: España; y en forma más tenue, Europa; y un poco más, Occidente. La sociedad –a diferencia de toda «asociación»– no se elige; se está hecho de ella, como se está hecho del tiempo en que le ha tocado a uno nacer. Pero esto no quiere decir que haya que sentir ninguna clase de conformismo con esa sociedad: su aceptación no excluye la posibilidad de que la encuentre uno inaceptable. El escritor y el artista pueden y deben con frecuencia ser «inconformistas» con todo lo que les parezca falso, sean las instituciones o los grupos que a veces ejercen profesionalmente un inoperante inconformismo verbal.

6.ª Yo no sé si la sociedad merece siempre ese esfuerzo denodado de ciertos individuos creadores; pero puede merecerlo, y con ello basta. En todo caso, lo merecen muchos individuos, y con ello sobra. Finalmente, lo merece –y lo exige– la realidad y la dignidad de la actividad artística o de lo que he llamado «el oficio del pensamiento». Para mi uso personal tengo una modesta divisa que me sirve de orientación en casos de perplejidad: «Por mí que no quede.»

Sergio Vilar, Manifiesto sobre Arte y Libertad.
Encuesta entre los intelectuales y artistas españoles,

Barcelona 1964, páginas 229-233.

Fecundo escritor y conferenciante, miembro de la Real Academia de la Lengua Española desde 1964, tras la restauración borbónica fue senador por designación real entre 1977 y 1979.

En 1982, cuando el papa Juan Pablo II creó el Consejo Internacional Pontificio para la Cultura, fue Julián Marías el único español entonces integrante del mismo. Julián Marías viene colaborando activamente con las más altas instituciones católicas, así por ejemplo, en el encuentro «La ciencia en el contexto de la cultura humana» organizado por el Consejo Pontificio de Cultura junto con la Academia Pontificia de Ciencias (del 30 septiembre a 4 de octubre de 1991), en el simposio presinodal que se celebró en el Vaticano del 11 al 14 de enero de 1999, &c.

En 1996 se le concedió, compartido con el periodista italiano Indro Montanelli, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Un jurado integrado por Carlos Luis Álvarez, Adela Cortina, José Manuel Diego Carcedo, Ricardo Díez Hochleitner, Rodrigo Fernández Carvajal, Emilio Lamo de Espinosa, José María Martín Patino, Hans Meinke, Nicolás Sánchez Albornoz, Ricardo Senabre, Jesús de la Serna, Alfonso Sobrado Palomares, presidido por Domingo García-Sabell y actuando de secretario el párroco católico Javier Gómez Cuesta: «en don Julián Marías Aguilera, el Jurado ha estimado su nítida y dilatada trayectoria intelectual, prolongada a lo largo de más de medio siglo y con una amplia proyección cultural y académica en numerosos países. Su obra literaria y sus aportaciones al pensamiento actual le han convertido en una de las figuras más destacadas de la intelectualidad iberoamericana de este siglo. A la claridad y rigor de sus libros y ensayos hay que añadir también una amplia labor periodística de análisis y divulgación, llevada a cabo día tras día en múltiples medios de comunicación nacionales y extranjeros.»

«El Padre. No está bien que sea yo quien escriba este artículo. Es poco elegante que el padre hable del hijo o el hijo del padre. Pero el padre cumple ochenta años el 17 de junio y el hijo ha tenido que oír en su vida demasiadas sandeces en boca de imbéciles o de malvados. En este país casi nadie recuerda nada; de los que recuerdan; muchos falsean; y los que no tienen edad simplemente no saben. Además, en la literatura y el cine hay tradición de hijos justicieros, o vengativos o rencorosos. No me importa hacer por una vez ese papel. Este es un artículo, así pues, rencoroso, como podrían serlo los que escribieran los vástagos de otros republicanos, fuera cual fuese la profesión de sus padres.
Este padre tenía seguramente dos vocaciones, por recuperar la palabra antigua pero vigente en su juventud: la de escritor y la de profesor. La segunda no pudo cumplirla, la primera sí, y mucho, pero a duras penas durante bastantes años. El padre estuvo en el bando republicano durante la Guerra Civil; escribía en el Abc de Madrid y en Hora de España: colaboró con Besteiro –tan ensalzado hoy por los socialistas y por casi todo el mundo–, hasta su rendición y aun después. Al terminar la contienda, fue denunciado por su mejor amigo y por un profesor de arqueología que luego reinó en su cátedra durante largos decenios (el supuesto amigo también obtuvo la suya más adelante, en Santiago, y aún se las dio de izquierdista). Pasó un tiempo en la cárcel y pudo ser fusilado. Fue juzgado cuando lo que había que demostrar era la inocencia; tuvo suerte, y algún bendito testigo al que cuando el juez le espetó: "Oiga, le recuerdo que usted ha sido llamado como testigo de cargo", tuvo el valor de contestar: "Ah, yo creía que se me había llamado para decir la verdad". Pudo salir, pero se encontró con la hostilidad y el veto del régimen victorioso. Por razones políticas le fue suspendida la tesis en 1942, no pudo ser doctor hasta 1951, año en el que por fin se le permitió publicar artículos en la prensa diaria. Cuando la cátedra de su maestro Ortega hubo de cubrirse en 1953, un influyente miembro del Opus escribió que si el padre llegaba a ocuparla la consecuencia sería clara y funesta: nada menos que "la República". El padre no opositó. Se sabe que cuando fue propuesto para la Real Academia, Franco se lamentó con estas palabras: "Es un enemigo del régimen, pero no puedo hacer nada. Sobre la Academia no tenemos control directo". Cuando amainó la ira y se pudo pensar que el padre se incorporara por fin a la Universidad, él no estaba dispuesto a solicitar el certificado de adhesión al régimen que por fuerza obtuvieron cuantos sí se incorporaron a ella; todos, también los legendarios héroes que fueron expulsados más tarde.
¿Qué ocurría con los compañeros de generación mientras tanto, durante la guerra y la victoria? Algunos han muerto ya y otros están vivos y son muy celebrados: unos con justicia, otros sin tanta. Todos fueron cambiando, unos pronto, otros tardíamente. Algunos reconocieron sus debilidades o equivocaciones del pasado; otros las ocultaron; algunos hasta las negaron y tergiversaron, biografía-ficción debería llamarse el género. No importa mucho hoy día. Pero en los años treinta y cuarenta y cincuenta sí importó bastante. Y así, mientras al padre le pasaba cuanto vengo contando, el otro filósofo tildaba en un libro de "jolgorio plebeyo" a la República y ocupaba el saneado puesto de delegado de Tabacalera en una provincia; el novelista eximio se ofrecía como delator y luego recibía alguna condecoración franquista; el poeta, el humanista, el filólogo, el otro novelista: todos de Falange, colaboradores del diario Arriba, o rectores de Universidad, o intérpretes entre Franco y Hitler; fue ministro quien luego pudo defender al pueblo, tuvo cargos institucionales el historiador que lanzó soflamas en plena guerra contra "los tibios". Nadie les ha pasado cuentas, y está bastante bien que así sea. La etapa democrática los ha jaleado y los considera maestros. Lo serán sin duda, de sus disciplinas.
Mientras tanto el padre republicano y vetado ha sido más bien ignorado por esta etapa democrática, por los herederos de Julián Besteiro. No ha tenido reconocimientos oficiales, igual que en tiempos de Franco. Ni siquiera un mísero Premio Nacional de Ensayo, que se ha otorgado hasta a autores noveles con obras más bien escolares. Nada de esto es grave, no creo que al padre le importe mucho. Pero el hijo ha tenido que escuchar muchas sandeces en boca de imbéciles y de malvados. En otro periódico ha escrito una semblanza pacífica. El hijo se disculpa por hacer hoy público en este su resentimiento.» (Javier Marías, El País, 16 de junio de 1994.)

Bibliografía cronológica seleccionada de Julián Marías

1934 Juventud en el mundo antiguo. Crucero universitario por el Mediterráneo, Espasa Calpe, Madrid 1934, 309 págs. (junto con Manuel Granell y Carlos Alonso del Real.)

1941 Historia de la filosofía, con un prólogo de Xavier Zubiri, Revista de Occidente, Madrid 1941, 413 págs. (28ª ed. en 1976.) Traducida al inglés en 1967.

La filosofía del Padre Gratry. La restauración de la Metafísica en el problema de Dios y de la persona, Escorial, Madrid 1941, 278 págs.

1943 Miguel de Unamuno, Espasa Calpe, Madrid 1943, 220 págs.

El tema del hombre, Revista de Occidente, Madrid 1943, 378 págs.

1944San Anselmo y el insensato y otros estudios de filosofía, Revista de Occidente, Madrid 1944, 272 págs.

1947 Introducción a la filosofía, Revista de Occidente, Madrid 1947.

1948 La filosofía española actual. Unamuno, Ortega, Morente, Zubiri, Espasa Calpe, Madrid 1948, 147 págs.

1949 El método histórico de las generaciones, Revista de Occidente, Madrid 1949, 192 págs.

1950 Ortega y tres antípodas. Un ejemplo de intriga intelectual, Revista de Occidente, Buenos Aires 1950, 220 págs.

1954 Biografía de la Filosofía, Emecé, Buenos Aires 1954, 270 págs.

Ensayos de teoría, Barna, Barcelona 1954, 307 págs.

Idea de la Metafísica, Columba, Buenos Aires 1954, 68 págs.

1955 La estructura social. Teoría y método, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid 1955, 308 págs.

Filosofía actual y existencialismo en España, Revista de Occidente, Madrid 1955, 376 págs.

1958 El oficio del pensamiento, Biblioteca Nueva, Madrid 1958, 281 págs.

1959 La Escuela de Madrid. Estudios de filosofía española, Emecé, Buenos Aires 1959, 362 págs.

1960 Ortega. I. Circunstancia y vocación, Revista de Occidente, Madrid 1960, 569 págs.

1962 Los españoles, Revista de Occidente, Madrid 1962, 258 págs.

1963 La España posible en tiempo de Carlos III, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid 1963, 232 págs.

1964 El tiempo que ni vuelve ni tropieza, Edhasa, Barcelona 1964, 236 págs.

1968 Análisis de los Estados Unidos, Guadarrama, Madrid 1968, 218 págs.

1970 Antropología metafísica. La estructura empírica de la vida humana, Revista de Occidente, Madrid 1970, 318 págs.

Visto y no visto. Crónicas de cine, Guadarrama, Madrid 1970, 2 vols.

1973 Imagen de la India e Israel: una resurrección, Revista de Occidente, Madrid 1973, 149 págs.

1979 Problemas del cristianismo, BAC, Madrid 1979, 138 págs.

1980 La mujer en el siglo XX, Alianza, Madrid 1980, 236 págs.

1985 España inteligible. Razón histórica de las Españas, Alianza, Madrid 1985, 424 págs.

1986 La mujer y su sombra, Alianza, Madrid 1986, 216 págs.

1988 Una vida presente. Memorias, Alianza, Madrid 1988-1989, 3 vols.: I (1914-1951), II (1951-1975), III (1975-1989).

1989 La felicidad humana, Alianza, Madrid 1989, 386 págs.

Generaciones y constelaciones, Alianza, Madrid 1989, 284 págs.

1990 Cervantes, clave española, Alianza, Madrid 1990, 286 págs.

1991 Acerca de Ortega, Espasa Calpe, Madrid 1991, 276 págs.

1992 La educación sentimental, Alianza, Madrid 1992, 228 págs.

1993 Razón de la filosofía, Alianza, Madrid 1993, 294 págs.

Mapa del mundo personal, Alianza, Madrid 1993.

1994 El cine de Julián Marías. Escritos sobre cine, compilación de Fernando Alonso, Royal Books, Barcelona 1994, 2 vols.

1995 Tratado de lo mejor, Alianza, Madrid 1995.

1996 Persona, Alianza, Madrid 1996.

2000 Tratado sobre la convivencia, Martínez Roca, Barcelona 2000.

Obras completas, Revista de Occidente, Madrid 1958-1970, 8 vols.

Selección bibliográfica sobre Julián Marías

Juan Soler Planas, El pensamiento de Julián Marías, Revista de Occidente, Madrid 1973, 256 págs.

Harold C. Raley, La visión responsable. La filosofía de Julián Marías, prólogo de José Luis Pinillos, Espasa Calpe (Selecciones Austral 26), Madrid 1977, 368 págs.

Homenaje a Julián Marías, Espasa Calpe, Madrid 1984, 770 págs.

Clara Z. Hernández-Castro, Las ideas literarias de Julián Marías, una relación estrecha con su filosofía, UMI, Ann Arbor 1991, 440 págs.

Harold C. Raley, Julián Marías: una filosofía desde dentro, Alianza (Alianza Universidad 866), Madrid 1997, 364 págs.

Helio Carpintero, Julián Marías, Diputación Provincial de Valladolid, 2001.

Marcin Czajkowski, El tema de Dios en la filosofía de Julián Marías, Universidad de Navarra, Pamplona 2001, 89 págs.

Sobre Julián Marías en el Proyecto Filosofía en español

1948 Tomás Ducay Fairén, El «Unamuno» de Marías.

1952 José Sobrino Diéguez, Viene Julián Marías!

1957 Jorge Semprún, El método orteguiano de las generaciones

1962 Luis María Ansón, Baza de oros

1965 Francisco Fernández-Santos, Julián Marías y el «liberalismo» o cómo se hace un diccionario de literatura.

1999 [polémica] Aranguren delator franquista.

2005 Ante el fallecimiento de Julián Marías.

Documentos de y sobre Julián Marías en el Proyecto Filosofía en español

1956 Sociedad Interamericana de Filosofía: Julián Gorkin informa a Julián Marías del pago de su viaje a Chile · Julián Marías encuentra dificultades para viajar a Chile · Gorkin insiste a Marías para que procure viajar a Chile

Textos de Julián Marías en el Proyecto Filosofía en español

1938 La significación de UnamunoLa formación del EjércitoLa literatura de guerraRosselló-Pórcel, poeta balear (1913-1938)

1949 La razón en la filosofía actual

1959 Una Europa abreviada en Lourmarin

1960 La situación actual de la inteligencia en España

1996 Verano de 1934SénecaEl nivel de Manuel García Morente

1997 El gran injerto: la lengua españolaLos escritores del 98La historia de la filosofíaLa fecundidad de la generación del 98

1998 Dos amigosHumanidades hace medio sigloAmistad con LeibnizFederico García LorcaLa perduración de UnamunoEl joven ZubiriRegreso a los veinte años

2000 Adónde va la filosofíaLa magnitud de Juan Pablo IICarmen Martín GaiteEspaña inteligible

2001 RecuerdosEl español Pedro LaínLaín Entralgo: su magnitud real

2002 GadamerLa Argentina: cincuenta añosIntrahistoria de la transiciónMenéndez Pelayo

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