Filosofía en español 
Filosofía en español

Rafael Calvo Serer  1916-1988

Rafael Calvo Serer Ideólogo español perteneciente al Opus Dei, y primer catedrático de Historia de la Filosofía española y Filosofía de la Historia, nacido en Valencia (España) el 6 de octubre de 1916, en una familia de pequeños industriales, y fallecido el día 19 de abril de 1988, a causa de una hemorragia digestiva. En 1931, el año en el que se proclama en España la República, ingresa en el famoso Colegio Mayor del Corpus Christi de Burjasot.

[Colegio sucesor del que fundó en 1583, para la formación del clero y honra solemne del Santísimo Sacramento, sobre el antiguo castillo moro del siglo XIII, el arzobispo y virrey de Valencia, San Juan de Ribera, fallecido en 1611 –poco después de la expulsión por Felipe III de los moriscos–, que fue desamortizado en 1866 y vendido en subasta: la «dehesa del Patriarca» fue adquirida en 1894 por Carolina Alvarez Ruiz, que fundó sobre el mismo edificio restaurado una «institución benéfica instructiva para dar albergue y ayuda en sus carreras a estudiantes pobres, con aptitud y voluntad propia para el estudio, tanto de las Facultades establecidas en la Universidad de Valencia como de las ciencias eclesiásticas que se enseñen en el Seminario», que inició sus actividades en 1916, y hoy se conoce como Colegio Mayor Universitario de San Juan de Ribera, adscrito a la Universidad de Valencia.]

«En Ceuta traté mucho a don Antonio Rodilla Zanón. Sacerdote ejemplar, de gran inteligencia, director del Colegio Mayor de Burjasot. Era una excelente fundación que se había hecho con el dinero que dejó una señora. Alojado en un palacete tenía pocos alumnos, creo que dieciséis, y al frente del mismo había desarrollado don Antonio una labor benemérita. Se exigía a los alumnos unas notas excelentes para poder seguir disfrutando de las becas, pero no de un modo formalista, pues el fracaso en alguna asignatura no suponía automáticamente la expulsión sino que el alumno podía demostrar ante un tribunal compuesto por antiguos colegiales que tenía preparada la asignatura y que el mal examen se debió a causa distinta que el desconocimiento. Habían sido alumnos de Burjasot, entre otros, Juan José López Ibor, José Corts Grau, el pintor Francisco Lozano y también Pedro Laín y Rafael Calvo Serer. Era don Antonio entusiasta de Acción Española y había suscrito al colegio a la revista. Al estallar la guerra, que no recuerdo dónde le cogió, fue de capellán a un barco de guerra y a mi llegada a Ceuta su buque prestaba servicio en el Estrecho tocando alternativamente en Cádiz, Algeciras, Ceuta...» (Eugenio Vegas Latapie, La frustración en la Victoria, Memorias políticas 1938-1942, Actas, Madrid 1995, pág. 107.)

Comienza sus estudios universitarios en la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia, y en 1935 es nombrado presidente de la Federación Regional de Estudiantes Católicos, entorno en el que destaca durante aquellos meses de gran agitación ideológica dentro de la frágil república. Todavía no ha cumplido los veinte años cuando en marzo de 1936 asiste en Madrid a distintas reuniones de activistas católicos: durante aquellas semanas entra en contacto con Angel Herrera Oria, Ramiro de Maeztu, Juan José Pradera, Jorge Vigón, José Miguel Guitarte y, en un piso de la calle Ferraz, conoce a José María Escrivá de Balaguer, el fundador en 1928 del Opus Dei, organización católica de la que fue socio desde entonces, a la que siempre se mantuvo vinculado y de la que llegó a convertirse en firme baluarte.

«En medio del torbellino político y social de la primavera de 1936, la oración, el sacrificio y los esfuerzos apostólicos de Escrivá y de los otros miembros de la Obra fueron recompensados. A mediados de abril, Vicente Rodríguez Casado, que estudiaba Derecho e Historia en la Universidad de Madrid, se incorporó al Opus Dei. Unos días después, durante el viaje a Valencia, Escrivá conoció a un joven estudiante de Filosofía, Rafael Calvo Serer, directivo de la Asociación de Estudiantes Universitarios Católicos en Valencia. En marzo, aprovechando sus viajes a Madrid por asuntos de la Asociación, Calvo Serer habló con Escrivá varias veces. El 19 de marzo, fiesta de san José, Escrivá le explicó el Opus Dei y le invitó a considerar su posible vocación. En aquella ocasión Calvo le había respondido, medio en broma, que ya había caído en sus redes... Ya en Valencia, tras una larga conversación con Escrivá paseando por las calles de la ciudad, también solicitó la admisión en la Obra. A mediados de 1936, el Opus Dei tenía ya diecinueve miembros. Escrivá se sentía feliz con las nuevas vocaciones, pero necesitaba ayuda de los mayores para ampliar los apostolados de la Obra.» (John F. Coverdale, La Fundación del Opus Dei, Ariel, Barcelona 2002, págs. 159-160.)

Al iniciarse la Guerra civil, en julio de 1936, seguía en el Colegio de Burjasot, en el que ejercía como decano. Movilizado e incorporado a las Brigadas Internacionales, tenía ya decidida su evasión cuando una grave enfermedad le obliga a ser hospitalizado, pasando el resto de la guerra de hospital en hospital. Alcanzada la paz en 1939 regresa a Valencia y al poco se reincorpora a la vida universitaria, obteniendo poco después la licenciatura en filosofía y letras, mientras prepara su tesis doctoral sobre Menéndez Pelayo, al que venía estudiando desde 1933. Se doctora en el verano de 1940.

«En los meses siguientes al fin de la Guerra Civil, el Opus Dei reanudó sus incipientes actividades en Valencia. Escrivá predicó ejercicios espirituales a un grupo de universitarios del 5 al 11 de junio de 1939 en el Colegio del Beato Juan de Ribera, situado en Burjasot a pocos kilómetros de la ciudad. La invitación para predicar los ejercicios vino de su buen amigo don Antonio Rodilla, rector del colegio. Mientras paseaba por los terrenos del colegio, antes de empezar, los estudiantes se fijaron en un cartelón pintado a mano, abandonado por el ejército republicano, que había ocupado el edificio durante la Guerra Civil. En el cartelón se leía el verso atribuido a Antonio Machado: «Cada caminante siga su camino.» Uno de los asistentes se disponía a romperlo, pero Escrivá le paró, diciéndole que ese lema era un buen consejo. Durante esos días, utilizó repetidamente aquella frase para subrayar la importancia de la libertad en el servicio de Dios.» (John F. Coverdale, La Fundación del Opus Dei, Ariel, Barcelona 2002, pág. 283.)

«La primera edición de Camino, que he podido consultar en la Biblioteca Nacional, aunque su contenido es exactamente el mismo que en ediciones posteriores, nos ofrece, en su presentación, todo el clima nacionalcatólico en que el Opus Dei dio sus primeros pasos tras su período de "vida oculta". Lo firma José María Escrivá, es decir, los dos nombres no se han juntado todavía y no existe aún el apellido Balaguer. Va fechado en Valencia MCMXXXIX, con el Imprimatur de 8 de septiembre de 1939 firmado por un compañero de tertulia de Escrivá en el Hotel Sabadell, don Antonio Rodilla. Al terminar la máxima 999 dice: "Se acabó de escribir este libro en Burgos, día de la Purificación de la Bienaventurada Virgen María, año de 1939, III Triunfal. Año de la Victoria."» (Luis Carandell, Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, Laia, Barcelona 1975, pág. 208.)

«Una clave importante del rápido crecimiento del Opus Dei en España durante la posguerra fue la entrega plena y sin reservas de los primeros de la Obra para sacar adelante la labor apostólica. Todos ellos habían recibido la llamada a vivir en celibato apostólico. El 2 de octubre de 1928 Escrivá entendió que el mensaje que Dios le había confiado se dirigía a solteros y casados de todas las clases sociales y profesiones. Hoy, la mayoría de los fieles de la Obra están casados, pero en los años siguientes a la Guerra Civil no era así. Era necesario que un grupo de miembros, permaneciendo célibes, se dedicaran con todas sus energías a desarrollar las actividades formativas del Opus Dei. Para entonces, ya había personas casadas en contacto con el Opus Dei que luchaban por poner en práctica su espíritu, pero hasta el año 1949 no pudieron pertenecer a la Obra.» (John F. Coverdale, La Fundación del Opus Dei, Ariel, Barcelona 2002, pág. 300.)

Doctor en Historia en 1940 por la Universidad de Madrid

Rafael Calvo Serer

Doctor en Historia en 1940 por la Universidad de Madrid, con la tesis Menéndez Pelayo y la decadencia española (2 vol., 610 folios, T-241) dirigida por Santiago Montero Díaz, defendida el 14 de agosto de 1940 ante un tribunal formado además por Pedro Sáinz Rodríguez, Francisco Cantera Burgos, Joaquín Entrambasaguas y Luis Morales Oliver.

Resumen

«Al poner la atención en la figura de Menéndez y Pelayo destaca inmediatamente el hecho de que no ejerciese su obra la influencia debida en el pensamiento nacional. Se da un «retraso de la influencia de Menéndez y Pelayo» que el autor atribuye a la primacía de lo religioso en la concepción nacional del escritor.

La vida universitaria y los primeros escritos de Menéndez y Pelayo coinciden con el pleno auge del krausismo, al que tan donosamente hubo de fustigar. A esta influencia del idealismo y del moralismo krausista hay que añadir el influjo de las ideas positivistas. Y, además, el liberalismo en política, por su común heterodoxia con las ideas anteriores, se oponía a otro gran sector del pensamiento español que se mantenía dentro de la ortodoxia tradicional en España.» La heterodoxia de este sector del pensamiento español motiva la existencia de lo que se ha llamado «las dos Españas». La «lucha de las tendencias europeizadoras y las tradicionales adquiere un carácter crítico cuando el desastre colonial del 98 acentuó la inclinación hacia el extranjero, encontrando la oposición de Menéndez y Pelayo y sus continuadores.

La formación de Menéndez y Pelayo tiene un carácter rotundamente católico. Por lo que se refiere a las actitudes ante la obra de Menéndez y Pelayo, señala el autor aquellas que se manifiestan ante la obra total, y no críticas parciales de algunos aspectos. En este sentido, se analiza la actitud de los católicos, krausistas, liberales y europeizadores y se señalan los intentos de asimilación, el encuadramiento de Menéndez y Pelayo en el pensamiento nacional contemporáneo y el concepto que de él tienen Ramiro de Maeztu, Eugenio Montes, Sáinz Rodríguez y Laín Entralgo.

Estúdiase a continuación «la crisis de Occidente», dividiéndose tal estudio en los siguientes apartados: ambiente espiritual de nuestro tiempo, grandeza y decadencia del mundo anglosajón hacia una nueva época de religiosidad y transición al estudio de la cultura hispánica, siguiéndose con el análisis de la cultura de Occidente en la cristiandad, para lo que hay que tener en cuenta los siguientes factores: la cultura cristiana medieval, poder creador del espíritu medieval, el «otoño de la Edad Media», la división que producen el Renacimiento y la Reforma y el sentido de la cultura hispánica.

Intentada de este modo «la comprensión de nuestro ser nacional y de su significado dentro de la Historia universal», ya puede plantearse el estudio de la decadencia española en el pensamiento de Menéndez y Pelayo. Con carácter previo a este estudio se exponen las actitudes ante esta misma cuestión de aquellos cuya postura ante la obra de Menéndez y Pelayo fue analizada anteriormente.

En el Epílogo de los Heterodoxos nos dio Menéndez y Pelayo su visión total de la Historia de España. Nadie ha tenido su preparación ni los medios de que dispuso para llegar a este conocimiento de nuestra Historia. Se podrán hacer rectificaciones parciales a sus estudios, pero los más profundos conceptos, en los que se ve el alma nacional, las características de nuestro destino, de nuestra misión en el mundo, permanecen inconmovibles. Destaca la primacía de lo religioso en la constitución de la nacionalidad.» En el pensamiento de Menéndez y Pelayo, la unidad es atributo esencial. Concepto fundamental para explicar la decadencia es el hecho de que el destino exigiera a España todas sus fuerzas y España las diera. La decadencia viene originada por la «maravillosa empresa imperial española, y, por tanto, hemos de aceptar sus consecuencias». En cuanto a la decadencia científica, deduce Menéndez y Pelayo «que en este país de idealistas, de místicos y de caballeros andantes, lo que ha florecido siempre con más pujanza no es la ciencia pura, sino sus aplicaciones prácticas y, en cierto modo, utilitarias.

El volumen segundo está formado por el índice de las ideas históricas de Menéndez y Pelayo. El análisis de estas ideas comprende, entre otros, los siguientes puntos : I. Genio de España; caracteres del pueblo español, catolicismo, unidad religiosa, criterio español de la Historia. II. Formación de la nacionalidad; Prehistoria, España primitiva, Reconquista, influencia de la Edad Media de España en Europa, cultura árabe-judía, influjo cristiano. III. La España de los Reyes Católicos y de los Austrias. Renacimiento; la España de los Reyes Católicos; Reforma; frutos del protestantismo; reforma de Cisneros, mística heterodoxa; contrarreforma; carácter de los españoles de los siglos XVI y XVII; el teatro religioso y la preocupación teológica; Siglo de Oro; florecimiento teológico; el desconocimiento de la España del siglo XVI; influencia de España en Europa; la mística española; ideas sobre el espíritu general de los Siglos de Oro; el siglo XVII; América. IV. El problema de la decadencia española, la Inquisición; fortaleza de la Inquisición; contra la Inquisición; Cataluña y la Inquisición; apología del Santo Oficio por Riesco; la Inquisición y la superstición; falsedades contra la Inquisición; sobriedad de la Inquisición; asfixia del pensamiento español; la Inquisición y la opresión de la ciencia española; el terrible catálogo de Llorente; Servet; Alumbrados; proceso de Carranza; el Quietismo; protestantes españoles; judíos, moriscos; expulsión de los moriscos y decadencia; Carlos II; orígenes de la impiedad moderna; Kant, Fichte, Schelling, Hegel; Siglo XVIII; Regalismo; reinado de Fernando VI; Carlos III; Carlos IV; influencia de las ideas extranjeras; Mayans y Burriel; Feijóo; valoración del siglo XVIII; síntesis ideológica del siglo XVIII; masonería, sociedades secretas; expulsión de los jesuitas; revolución francesa; influencia francesa en la literatura; el enciclopedismo en la prensa; Quintana; reanudación del hilo de nuestra cultura; la restauración científica de España; la resistencia española a la enciclopedia; los liberales contra la tradición; la revolución política; revolución religiosa; miseria filosófica; antiespañolismo de los liberales; la poderosa reacción católica; deseo de la unidad católica. V. Esplendor y decadencia de la cultura española; la enseñanza y las Universidades; sobre arte español; nuestra cultura realista popular; sobre Cervantes; necesidad de la tradición; Vives; de la cultura española; arte histórico; nuestra filosofía del siglo XIX; fe. Se incluyen doce cartas de Menéndez y Pelayo.»

(Sumarios y extractos de las Tesis Doctorales leídas desde 1939 a 1944 en las sección de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Madrid, Madrid 1954, páginas 125-131.)

En el otoño de 1940 empieza a trabajar sobre historia de las instituciones, bajo la dirección del profesor Alfonso García Gallo, y comienza a dar clases de historia de España en la Universidad de Valencia. Al final del siguiente curso ya es, por oposición (3 de junio de 1942), catedrático de Historia Universal Moderna y Contemporánea de la Universidad de Valencia.

«Los primeros miembros del Opus Dei, en las oposiciones a cátedra, aparte Albareda y Santos Ruiz, aparecen en 1942: González Barredo en el mes de abril; Botella y Orlandís en mayo; Calvo Serer, Rodríguez Casado y Jiménez Vargas en junio; y Díaz Domínguez en julio del mismo año, aunque el enrolamiento de éste último en el Opus Dei posiblemente tuvo lugar más tarde. Es el primer ataque en tromba a las cátedras por parte de los escasos miembros del Opus Dei. El reconocimiento legal del obispo de Madrid-Alcalá, Eijo y Garay, como 'pía unión', el 10 de marzo de 1941, había sido una inyección de ánimo para todos ellos. Por otra parte, es revelador el hecho de que tres de los siete nuevos catedráticos opusdeistas, Francisco Botella, Jiménez Vargas y Calvo Serer, junto con Lain Entralgo, también catedrático en 1942, proviniesen de Burjasot. Considerado como «colegio de superdotados», el Colegio del Beato Ribera, de Burjasot, situado en los alrededores de Valencia, alberga becarios que cursan estudios universitarios y que gracias a una selección mantienen un alto nivel de rendimiento intelectual que ha dado fama al colegio. Junto con Calvo Serer, Botella y Jiménez Vargas, por Burjasot han pasado Suárez Verdeguer, López Ibor, Lain Entralgo, Palacio Atard y otros astros de la intelligentsia española. Fundado por el arzobispo Juan de Ribera en el siglo XVII, el Colegio de Burjasot fue en la postguerra uno de los clásicos lugares donde el Opus Dei ha reclutado sus miembros. A ello colaboraba Antonio Rodilla, uno de sus promotores. Desde el final de la guerra civil, no ha habido curso en el que alguno que otro huésped del colegio no haya ingresado en el Opus Dei.» (Jesús Ynfante, La prodigiosa aventura del Opus Dei, génesis y desarrollo de la Santa Mafia, Ruedo Ibérico, París 1970.)

«En consecuencia, al principio de la década del 40 todos los miembros de la Obra eran estudiantes y licenciados universitarios. Escrivá animó a algunos de ellos, que destacaban por su cualidades para la investigación y la docencia, a convertirse en profesores universitarios. Como tales, gozarían de la inmejorable oportunidad de conformar la sociedad, llevando la luz del mensaje de Cristo a toda la cultura. Para entonces, en España todas las universidades eran estatales y las cátedras se asignaban por oposiciones nacionales abiertas a todos los que reunieran un mínimo de requisitos académicos. Los tribunales eran nombrados por el Ministerio de Educación, que escogía a los profesores miembros en función de sus publicaciones y calificaciones en una serie de pruebas orales y escritas. Salvo pocos casos, los fieles de la Obra eran todavía tan jóvenes que, en circunstancias normales, deberían pasar bastantes años antes de tener la esperanza de conseguir una cátedra universitaria. Sin embargo, los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil proporcionaron a los jóvenes recién licenciados excepcionales oportunidades. Muchos catedráticos habían marchado al exilio durante la guerra; otros, que permanecieron en España, fueron removidos de sus puestos por el gobierno a causa de sus ideas. De esta forma, quedó vacante un número inusual de plazas en la universidad española. Mucha gente, entre otros algunos del Opus Dei, aprovecharon esta oportunidad para presentarse a las oposiciones. Esto ocasionó la acusación de que el Opus Dei intentaba tomar la Universidad, con el apoyo de José María Albareda, recientemente nombrado presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y del ministro de Educación, Ibáñez Martín. Éste, perteneciente a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, no era del Opus Dei, aunque tenía amistad con algunos de sus miembros. En el momento en que empezaron las acusaciones, la única persona del Opus Dei en posesión de una cátedra era Albareda. Durante cinco años, de 1940 a 1945, once personas del Opus Dei consiguieron su plaza, lo cual representaba alrededor del 6% de los nuevos nombramientos y una cifra muchísimo menor en el total de profesores universitarios. Aunque significativa, su presencia difícilmente podría considerarse como una «maniobra de conquista» de la universidad, ya que no actuaban juntos ni recibían indicaciones del Opus Dei sobre cómo debían ejercer su trabajo en las distintas universidades. En contraste, en el mismo periodo, el 30% de las cátedras de Derecho y el 15% en otras facultades fueron ganadas por miembros de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.» (John F. Coverdale, La Fundación del Opus Dei, Ariel, Barcelona 2002, págs. 317-318.)

En octubre de 1943 pide la excedencia para marchar a Suiza, donde al margen de visitar las Universidades de Basilea, Zurich y Friburgo, el objetivo principal que se le encomienda (desde el Opus Dei) es tomar contacto con don Juan de Borbón (hijo de Alfonso XIII y desde enero de 1941 jefe de la Casa de Borbón). Pasa muy pronto a formar parte de los consejeros políticos de Don Juan. En 1945, terminada la guerra mundial, difundió Don Juan desde Lausana un manifiesto en el que reclama la restauración de la monarquía borbónica en España.

«Lo mismo don Juan que yo tuvimos ocasión de volver a encontrarnos, en circunstancias muy distintas, con el príncipe don Javier. Según la referencia hecha por Manuel de Santa Cruz, en el volumen séptimo de sus Apuntes y documentos para la historia del tradicionalismo español, yo le visité, el año 1945, en su castillo de Lignières, a la vuelta de un viaje secreto a España. De regreso en París, con Rafael Calvo Serer, M. Fleury, secretario del príncipe Jerónimo Bonaparte, nos llevó en su coche a visitar a don Javier. Tuvo éste la gentileza de alojarme en su castillo.» (Eugenio Vegas Latapie, Los caminos del desengaño, Memorias políticas 1936-1938, Tebas, Madrid 1987, pág. 170.)

A finales de 1945 vuelve desde Suiza a España, y se le incorpora a la Junta de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores. Como interesaba su presencia en Madrid y seguía teniendo la cátedra en Valencia, su organización favoreció la creación en la Universidad de Madrid de una nueva cátedra, que obtuvo rápidamente en 1946 (por supuesto, «tras reñidas oposiciones»). Se convierte así Rafael Calvo Serer en el primer catedrático de Historia de la Filosofía española y Filosofía de la Historia (conjunción de rótulos bien significativa ideológicamente, y que marca uno de los hitos de la historia de la «historia de la filosofía española»). [No deja de ser curioso que cuarenta años antes, otro catedrático de la universidad valenciana, Adolfo Bonilla y San Martín, hubiese recurrido también a la filosofía española para lograr trasladarse a Madrid.] Pero otros eran los intereses del flamante primer catedrático de Historia de la Filosofía española, y aunque ocupó esa cátedra durante cuarenta años, hasta su jubilación, la mantuvo descuidada y sometida a reiteradas excedencias (desde 1969 fue José Luis Abellán el adjunto interino que sustituía las ausencias de Calvo Serer, actividad que se transformó en 1973 en una adjuntía a esa Cátedra, que siguió ocupando Abellán).

«Ibáñez Martín había conseguido, y supongo que sin grandes esfuerzos, lo que se proponía. Y en el tiempo en que estuvo de Ministro siguió manipulando los Tribunales de las oposiciones dando la cátedra o a falangistas de izquierda o a miembros del Opus Dei como Rafael Calvo Serer, para el que se creó una cátedra. Hasta el extremo de que se comentó que en su época no se hacían oposiciones, sino 'opusiciones'.» (Eugenio Vegas Latapie, La frustración en la Victoria, Memorias políticas 1938-1942, Actas, Madrid 1995, pág. 285.)

En 1947 se encarga al joven catedrático de filosofía otra misión en el exterior, permaneciendo durante un año en Londres, como vicedirector del Instituto Español en Londres. Vuelto a Madrid, se incorpora en 1948 a la revista Arbor, el órgano generalista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (en la que más adelante ocupará la dirección).

Al publicar el falangista Pedro Laín Entralgo en 1949 el libro España como problema (Seminario de Problemas Hispanoamericanos, Madrid 1949, 170 págs., la nota preliminar fechada en octubre de 1948), la respuesta debía corresponder al catedrático de Historia de la Filosofía española y Filosofía de la Historia, escribiendo así Rafael Calvo Serer su primer libro: España sin problema (publicado ese mismo año en la nueva colección, Biblioteca del pensamiento actual, publicada por Rialp, la editorial vinculada al Opus Dei). No deja de ser significativo que en aquella polémica ideológica mantenida libremente en pleno franquismo, el libro de Rafael Calvo Serer (y no el de Pedro Laín Entralgo) fuese galardonado ese año con el Premio Nacional de Literatura.

«A pesar de estar [Pedro Laín Entralgo] en plena superación del falangismo y en la búsqueda de sí mismo, en 1949 publica una serie de ensayos sobre la posición de su fracasado grupo generacional ante la cultura española, bajo el común título España como problema. Libro rápidamente contestado desde el integrismo católico por Rafael Calvo Serer, con su España sin problema. Para García Lahiguera "los libros España como problema y España sin problema, marcan los puntos extremos de una polémica que enfrentaba dialécticamente dos modos de entender el ethos y la cultura española: valoración e integración de todos los valores intelectuales, de un lado, y negación y exclusión, por otro, del acervo espiritual de España de cuantos no encajan en los esquemas de la ortodoxia católica" {11. F. García Lahiguera, Ramón Serrano Suñer, Argos Vergara, Barcelona 1983, pág. 277.}. Aunque sus protagonistas no lo vieron así, según Laín: "Tal puñadito de ensayos corrió por las librerías bajo el nombre de España como problema; epígrafe lo suficientemente llamativo para que Rafael Calvo Serer, entonces en pleno disfrute de los favores del franquismo, a través de Ibáñez Martín y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, sacase de él, por cómoda antífrasis, su España sin problema. Algunos han hablado luego de una polémica entre Calvo Serer y yo, en torno a la cuestión que ambos títulos plantean. Nada más lejos de la verdad. Siempre consideré una necedad el lema y el contenido del opúsculo de Calvo, opinión que por estas calendas tal vez comparta su propio autor, y jamás me he pronunciado en público acerca de él" (pág. 357). Mientras que para Calvo Serer: "El libro de Laín se limita al propósito de dar a conocer la historia del problema de España, para hacer comprender a los hispanoamericanos el porque de nuestra historia reciente. Por el contrario el mío se orienta hacia quienes no consideran ya que España sea un problema, y se afanan en modelar el presente conforme al único sentido de nuestra historia, y se deciden también a resolver los problemas concretos de la vida española. Para quienes estamos convencidos de esto, ahora sufrimos el peligro de una reintoxicación izquierdista, de vacilación, de desconfianza; cuando parece que va a hacerse imposible continuar homogéneamente la historia de España, es necesario reafirmar nuestras convicciones y llevarlas al ánimo de todos los españoles. De lo contrario resultará estéril el Movimiento Nacional, y perdería firmeza nuestra acción en el mundo frente a las concepciones revolucionarias, cuyas ideas están en declive en Europa, y, aún más en las sociales. La afirmación de España sin problema lo que entraña es esta decisión de enfrentarse a los problemas históricos –de conocimiento– y con los problemas reales. Es una ligereza atribuirme que haya dicho que España no tiene problemas."» (Jorge Lombardero Álvarez, «¿Laín liberal? A los veinticinco años de un descargo de conciencia», El Catoblepas, nº 2, abril 2002, pág. 12.)

Rafael Calvo Serer y Florentino Pérez-Embid fueron durante los años cincuenta dos de los estrategas más influyentes del Opus Dei, organización que consideraban como un revitalizador católico de alcance mundial. La emergencia de una nueva España dentro de Europa representaba una oportunidad ofrecida por Dios para recrear el Catolicismo militante iniciado por el Emperador Carlos V en el siglo XVI. Frente al secularismo galopante del mundo occidental, la única forma de revitalizar la Cristiandad era recuperar la cruzada Católica de Carlos V, a través de un movimiento católico transnacional encabezado por el Opus Dei.

«A la altura de 1948 Gonzalo Fernández de la Mora conoce a Rafael Calvo Serer, quien le invita a colaborar en la revista Arbor, publicación dependiente del Consejo de Investigaciones Científicas. En 1952, ya de regreso de su misión diplomática en Alemania, G.F.M. se incorpora al citado Consejo, que era presidido por José Ibáñez Martín, ocupando el cargo de vicedirector del Departamento de Culturas Modernas, cuyo director era el propio Calvo Serer. Se daba la circunstancia que desde el Consejo se trataba reestablecer los postulados de Acción Española, la revista de pensamiento tradicional y católico que, durante los azarosos años de la II República, dirigiera Ramiro de Maeztu, el insigne intelectual asesinado en Aravaca el 29 de octubre de 1936, tras una de las famosas sacas de la Cárcel Modelo de Madrid. (...) También se le propone [a Gonzalo Fernández de la Mora] la publicación de una revista de pensamiento, Ateneo, cuyo primer número ve la luz el 2 de febrero de 1952 (dándose la circunstancia que, en el mes anterior, se había presentado la publicación falangista Alcalá, dirigida por Jaime Suárez, y, un mes después, la liberalizante Revista, animada ésta última por el empresario Alberto Puig y colaborada por un ya desilusionado Dionisio Ridruejo y por gran parte del antiguo grupo Escorial). En el proyecto monárquico participan, entre otros, Florentino Pérez Embid, Jorge Vigón, Rafael Calvo Serer, Rafael Gambra, Antonio Millán-Puelles, Eduardo Comín Colomer o Santiago Galindo; éste último le sustituiría, al frente de la revista, en el mes de septiembre, cuando Torcuato Luca de Tena solicita a G.F.M. su incorporación al ABC. (...) De esa época es la creación de la Editorial Rialp en la que Rafael Calvo Serer publica su España sin problema, como respuesta a las dudas de Pedro Laín Entralgo en su España como problema; y en la que Florentino Pérez Embid y otros socios traducen el pensamiento conservador europeo y se declaran seguidores de Menéndez y Pelayo. En este proyecto G.F.M. se va hacer cargo de la colección Biblioteca de Pensamiento Actual (...). Junto a esta actividad, y dadas sus vinculaciones con sus compañeros del CSIC, casi todos ellos vinculados al Opus Dei, organización de la que él [G.F.M.] nunca formó parte, se debe hacer mención del lanzamiento de una nueva publicación, editada por RIALP, se trata de la revista Atlántida, en la que G.F.M. colaborará ocasionalmente.» José Díaz Nieva, «Gonzalo Fernández de la Mora: coherencia política y agitación intelectual», Arbil, nº 54, 2002.

Rafael Calvo Serer, Caricatura de Cattolica, en Horizonte español 1966, tomo 1, pg. 249«Actitud política. El Opus no tiene ideología, ni teología, ni mística, ni ideología social ni política propias. Además su característica conservadora y su estructura autoritarista no le permiten dar a sus miembros una formación multipluralista. No es concebible que los miembros del Opus elaboren ideologías o piensen profundamente por su cuenta; pues el día que esto hicieren, se establecería enseguida la autocrítica en su seno y la Organización no la resistiría. La única ideología consiste en la pretensión de conquistar los puestos elevados en la sociedad para influir sobre la misma y asegurar de este modo su «carácter cristiano». Siendo pues su ideal tan abstracto, teniendo horror a las ideologías, estando formados solamente técnicamente, en la práctica, su acción consiste en mantener el estado actual de las cosas y, por lo tanto, prestar su apoyo al régimen constituido y recibir asimismo de él su apoyo. Decimos recibir de él su apoyo, ya que la Organización, al ser tan extensa como lo es actualmente, ha llegado ya a la situación en que ella misma se convierte en finalidad de sí. Por lo tanto, su casamiento con el régimen le permite dar satisfacción a sus dos finalidades reales: mantener un estado «católico» y existir y crecer como organización. Para justificar esa actitud de los miembros –no del Instituto, porque se empeña ineficazmente en negar toda actitud social común– han aparecido ideólogos políticos tales como Calvo Serer, Pérez Embid y Vicente Marrero{31}. Pero en resumen sus teorías no son más que elucubraciones sobre la equivoca tesis de que la substancia de España es el catolicismo y que la Cruzada hizo que España se encontrase de nuevo a sí misma. Estos ideólogos venían a defender de nuevo España contra el liberalismo y el marxismo. Otro modo de justificarse es su teoría tecnocrática, cuyo representante genuino es López Rodó.
{31} Manuel Ortuño, «Opus Dei», en Cuadernos Mexicanos, nº 1, págs. 57-58. El autor hace notar como el nombre de Calvo Serer aparece por primera vez con el libro publicado por la editorial Rialp, España sin problema. Con él pretendía salir al encuentro de Laín Entralgo, que había publicado su pequeño libro El problema de España. Y al mismo tiempo conjurar el importante movimiento de jóvenes, que aceptaban la paternidad espiritual de Laín Entralgo y publicaban la revista Hora, movimiento muy activo durante la década 1947-1957. La mayoría de sus miembros, dice el autor, conocieron las cárceles franquistas. Para contrarrestar este intento de liberalización ideológica apareció la ideología ortodoxa del Opus Dei, representada por Calvo Serer y Pérez Embid. Algunos juicios de Calvo Serer publicados en la La Table Ronde son así: «La libertad de conciencia conduce a la pérdida de la fe, la libertad de expresión a la demagogia, a la confusión ideológica, a la pornografía»; «Entre fascistas, católicos y conservadores se ha podido entablar cierto diálogo, que es imposible con el radicalismo y la democracia liberal» (citado en Der Spiegel, loc. cit.). Las publicaciones de Vicente Marrero, que tiene una idea más o menos nietzschiana del Estado, son: Maeztu, Rialp; «Un estado con signo», en Punta Europa, nº 22 (1957); La guerra española y el trust de los cerebros, Punta Europa, &c. De él dice Jean Becarud: «dicho brevemente, representa el autor un punto de vista reaccionario químicamente puro y lo sostiene hasta la más extrema compenetración de lo material y lo espiritual». (Hochland, Erstes Heft, octubre de 1962, p. 79-84). Otros títulos –y otros autores– citados por Ortuño, se hallan en su citado artículo p. 59, nota 37 (entre ellos menciona La teoría de la Restauración, de Calvo Serer).» (P. B., «Significación religiosa, económica y política del Opus Dei», en Horizonte español 1966, Ruedo Ibérico, París 1966, tomo 1, págs. 248-249 y 252.)

En 1966 se incorpora Rafael Calvo Serer al diario Madrid, como presidente del Consejo de Administración (dirigía por entonces la Biblioteca de Pensamiento Actual, de Rialp). En el contexto de las luchas políticas entre las distintas facciones que desde la legalidad se disputaban el poder en el franquismo, el diario Madrid se ganó pronto fama de «liberal», abanderado de la libertad, la democracia y el progreso. Como resultado de estas disputas desde dentro del franquismo el periódico conoció varias sanciones administrativas, suspensiones y el cierre indefinido en octubre de 1971.

«Seguramente como consecuencia de aquella reunión, Sánchez Bella recibió a Calvo Serer. Aunque el ministro tenía que saber por diferentes conductos la buena disposición de aquél a encontrar una solución, la entrevista no dejaba de presentar cierto dramatismo: Sánchez Bella y Calvo Serer habían sido íntimos amigos desde 1936 a 1940; habían luchado juntos en la Universidad, en las difíciles circunstancias que precedieron a la guerra civil, en cuyo segundo año coincidieron algunos meses en las Brigadas internacionales, a donde habían sido los dos movilizados. Apenas dos años más tarde, en 1940, rompieron sus relaciones por graves discrepancias en la forma de compaginar la actividad profesional y la vida pública; aunque las restablecieron en 1949 de un modo muy superficial, se separaron de nuevo con motivo de la formación del gobierno en 1951, en el que Sánchez Bella actuó como político de Ruiz Giménez, nombrado entonces ministro de Educación nacional. La fuerte tensión de aquellos años se desencadenó al fin en el artículo que Calvo Serer publicó en la revista Ecrits de Paris, en 1953, que suponía una durísima crítica de Sánchez Bella y Ruiz Giménez. Calvo pretendió con aquel artículo «suicida» –como calificaría el Figaro el publicado en el Madrid el 11 de octubre de 1971, y del que vamos a hablar– frenar la penetración de Sánchez Bella en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del que, en caso de conseguir su objetivo, hubiese desplazado o eliminado a todo el sector en el que, junto a Calvo Serer, figuraban Laureano López Rodó, Luis Valls Taberner, Gonzalo Fernández de la Mora y Florentino Pérez-Embid. Curiosamente, todos ellos actuaban ahora contra Calvo Serer, ofreciendo a Sánchez Bella una posibilidad de apoyo y respaldo para acabar con la independencia del diario Madrid. Que esta perspectiva no era una mera suposición, sino que reflejaba una situación de hecho, lo prueba que poco antes de la entrevista con el ministro de Información, hubiera sido éste invitado en casa de la marquesa de Llanzol, con Pérez-Embid, Fernández de la Mora y el marqués de Valdeiglesias, a una cena cuyo objeto era pedirle que interviniese contra Calvo Serer. Pérez-Embid decía por aquellas fechas que Calvo 'estaba cometiendo un doble fraude económico y político'. Gonzalo Fernández de la Mora extremó, si cabe, estas manifestaciones.» (Rafael Calvo Serer, La dictadura de los franquistas, París 1973, págs. 181-182.)

«Así sucedió en 1949, al discutirse el problema de España, cuando los falangistas se opusieron a su defensa de la solución monárquica como salida del régimen; se repitió en 1953, al enfrentarse con la alianza de Ruiz Giménez y los falangistas republicanizantes, y volvió a acontecer cuando el Madrid defendió, a partir de 1966, la apertura hacia la democracia. También en esta recientísima ocasión se desató la polémica, aunque más profunda y en un doble frente; los adversarios fueron, de un lado, el gobierno Carrero y, de otro, el banquero Valls Taberner aliado de los ultraconservadores de Luis Valero Bermejo. En cada momento, Calvo Serer había hecho lo indecible para evitar cada uno de estos conflictos. En junio de 1946 escribió al conde de Barcelona, recién obtenida la cátedra en la Universidad de Madrid, comunicándole que creía su deber renunciar a ella para quedarse en el extranjero al servicio de la restauración de la monarquía. Tenía el firme convencimiento de que sólo de esta manera podría lograrse la normalización de las relaciones internacionales de España. Por desgracia, los hechos confirmaron esta previsión, ya que el país no ha podido lograr lo que obtuvieron los vencidos en la segunda guerra mundial. El conde de Barcelona estimó, sin embargo, que su labor sería más efectiva desarrollando una acción cultural desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cosa que hizo hasta que se produjo una situación insostenible por la oposición de los falangistas y de la democracia cristiana colaboracionista, que impulsaba Sánchez Bella, entonces el gran asesor político de Ruiz Giménez. En el fondo, lo que en aquella circunstancia se discutió fue la desfalangización del régimen y su monarquización progresiva, para cuya consecución tuvo Calvo Serer que enfrentarse con el gobierno. Como era de esperar, fue arrollado, pero se había calculado el riesgo y, a modo de contrapartida, se logró una cierta rectificación de la política del régimen: la eliminación de los resortes del poder de los falangistas y democristianos antimonárquicos. Consciente de la debilidad de su posición y de la fuerza de sus adversarios, rehusó nuevos conflictos hasta que se produjo el de 1966 con la aventura del periódico. Durante años, se mantuvo fuera de la intervención activa, incluso con largas temporadas en el extranjero, para así no romper sus relaciones con diferentes sectores del régimen, periodo que vino a terminar en 1965, cuando se manifestó una gran crisis política en la Universidad. Fueron entonces tantas y tan insistentes las peticiones para que se ocupase directamente de la política desde dentro del país, que tuvo que acceder a ello. Un día llegó a decirle Fernández de la Mora en casa de López Ibor: 'Si no te radicas aquí, nos erradican a todos'. Esta reanudación de su labor pública en el interior coincidió con el periodo de discusión de la Ley de prensa, que una vez aprobada daría la oportunidad de pasar a la operación Madrid, como diario nacional independiente del gobierno y de cualquier grupo político o social.» (Rafael Calvo Serer, La dictadura de los franquistas, París 1973, págs. 193-194.)

Rafael Calvo Serer Los dos amigos incondicionales con los que Rafael Calvo Serer controlaba el diario Madrid eran el abogado Antonio García-Trevijano Forte (al que conoció en 1954, colaborador de los círculos monárquicos reformistas afectos al conde de Barcelona, y asesor del presidente Francisco Macías Nguema Biyogo y de «los partidos mayoritarios de aquel territorio» tras la independencia de Guinea Ecuatorial en 1968 –convertido en ardiente republicano desde la transición–) y el coordinador del periódico, Antonio Fontán Pérez (1923-2010, también del Opus Dei, entonces catedrático de Filología Latina en la Universidad Autónoma de Madrid, lo había sido en Granada y Pamplona –luego lo fue en la Complutense, de la que fue emérito–, fundador del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra –obra corporativa del Opus Dei– y entonces miembro del Consejo privado del conde de Barcelona; –en la democracia coronada fue senador y Presidente del Senado en la legislatura constituyente 1977-1979, diputado por UCD 1979-1982 y Ministro de Administración Territorial 1979-1980–).

Dos años antes del cierre del diario Madrid el grupo ya había tomado ciertas posiciones estratégicas en la editorial Ruedo Ibérico, constituida en París en 1961 por un grupo de exiliados españoles capitaneados por el anarquista, también valenciano, José Martínez Guerricabeitia (1921-1986). En noviembre de 1964 fueron expulsados del Partido Comunista de España los revisionistas Fernando Claudín y Jorge Semprún Maura, y curiosamente al mes siguiente la editorial Ruedo Ibérico, que atravesaba una importante crisis económica, lanzó una suscripción de acciones que fue muy bien acogida y permitió abordar nuevos proyectos, como la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico, propuesta por Claudín, que fue su redactor jefe junto con José Martínez Gerricabeitia, que pronto se convirtió en alternativa a Nuestra Bandera, la revista teórica y política del Partido Comunista de España. Ruedo Ibérico influyó notablemente en la articulación de alternativas anticomunistas, socialdemócratas y moderadas a la dictadura, y gracias a que Antonio García-Trevijano se convirtió en accionista «secreto», pudo también Rafael Calvo Serer utilizar el entorno de la editorial para los propósitos políticos a los que servía:

«El viernes 18 de diciembre de 1969 el notario Antonio García-Trevijano se citó en París con el director de Ruedo Ibérico [el anarquista José Martínez Guerricabeitia]. El primero, tras saludarle amigablemente, le comentó que llevaba un buen fajo de billetes en la cartera listos para invertirlos en su editorial. José Martínez, tras rehacerse de la sorpresa inicial, escrituró apresuradamente un precontrato a mano que fue aprobado provisionalmente por ambos, y nada más terminar García-Trevijano dejó el dinero en metálico sobre la mesa y se fue. (...) Lo que empujaba al conservador Antonio García-Trevijano a invertir sumas importantes en Ruedo Ibérico no tenía nada que ver, obviamente, con la filantropía. Desde 1968 el gobierno franquista había estado acosando con sanciones administrativas y suspensiones el diario monárquico Madrid, del que él era abogado y apoderado, y cuyo presidente del consejo de administración, Rafael Calvo Serer, amigo suyo, se había visto obligado a exiliarse en París. Podemos, por tanto, suponer que el detonante de la inversión en Ruedo Ibérico, al menos por parte de García-Trevijano, estaba relacionado con los intentos subterráneos de lucha contra la dictadura a partir del fortalecimiento de las plataformas de la oposición política, entre las que la editorial parisiense ocupaba un lugar destacado. Por supuesto, toda la operación se llevó a cabo en el mayor de los secretos y José Martínez únicamente comentó la verdadera personalidad de los donantes a Marianne Brüll y a Alfonso Colodrón.» (Albert Forment, José Martínez: la epopeya de Ruedo Ibérico, Anagrama, Barcelona 2000, págs. 375-376.)

«Rafael Calvo Serer (1916) Catedrático de Historia de la Filosofía Española. Escritor, Ensayista, Catedrático de Historia de la Filosofía en la Universidad Central, Presidente del Consejo de Administración del Diario «Madrid», Rafael Calvo Serer nació en Valencia el 6 de octubre de 1916. Doctor en Filosofía y Letras, ha sido Profesor de Historia Moderna en la Universidad de Valencia, Consejero del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Director de la Revista «Arbor», Delegado del Consejo de Relaciones Culturales con Europa Occidental y Director de la Biblioteca del Pensamiento Actual de la Editorial Rialp. Es Presidente del Consejo de Administración del diario «Madrid», donde ha publicado numerosos artículos sobre temas políticos, nacionales e internacionales. En 1949 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su obra España sin problema. Obras principales: España sin problema (1949), El fin de la época de las revoluciones (1949), Teoría de la restauración (1952), La configuración del futuro (1953), Política de integración (1955), La aproximación de los neoliberales a la actitud tradicional (1956), La fuerza creadora de la libertad (1958), Nuevas formas democráticas de la libertad (1960), La literatura universal sobre la guerra de España (1962), La Política mundial de los Estados Unidos (1962), Las nuevas democracias (1964).» (Diccionario Biográfico Español Contemporáneo, Círculo de Amigos de la Historia, Madrid 1970, vol. 1, pág. 361.)

«No hay por tanto ningún motivo para creer en una evolución del Opus Dei como consecuencia de los diametrales cambios operados en el pensamiento católico en nuestra época. Las variaciones son de lenguaje, de presentación, de fachada y, después del Concilio Vaticano II, la Obra ha quedado claramente situada en lo que, para entendernos, llamaríamos la extrema derecha del Catolicismo. Y aquí surge un tema que merece la pena mencionar aunque caiga fuera del ámbito de un trabajo sobre la personalidad del fundador. Me refiero al pretendido pluralismo de los miembros de la Obra a quienes el padre no hace más que repetir que "sois libérrimos". Es evidente que existe una notable diferencia entre, pongamos por caso, el padre Urteaga, autor de El valor divino de lo humano, sin duda el libro más belicosamente integrista del opusdeísmo, y un profesor y periodista como Antonio Fontán, que, junto con Rafael Calvo Serer, capitaneó uno de los más serios intentos de transformación de la prensa española creando, en torno al diario Madrid, lo que él mismo llamó una fecunda "convergencia" que permitió hacer el gran periódico que la Administración terminó cerrando.
Los nombres de Fontán y Calvo Serer, quien desde una posición integrista en la época en que escribió España sin problema pasó a una actitud liberal y a una ruptura con el régimen, han servido para fundamentar la idea del pluralismo de la Obra. Hay que decir en primer lugar que tanto Fontán como Calvo Serer se mantienen dentro de la "discreción" opusdeísta. Se cita a Calvo Serer diciendo que "del Opus no hay que hablar, ni en bien ni en mal", y Antonio Fontán, en su libro Los católicos en la universidad española actual, ha dedicado todo un capítulo a desmentir las acusaciones que se hacen al Opus con argumentos tan simplistas como los que utilizan todos los miembros de la Obra. La necesidad de mantener "el buen nombre de la familia" es primordial en un Instituto que no es en esencia más que la ampliación de la familia Escrivá primigenia. Pero uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que el ex director del diario Madrid esté totalmente de acuerdo con una organización cuyo fundador, según cuenta el ya citado ex miembro de la Obra Alberto Moncada, comentó cuando socios del Opus Dei entraron a formar parte del gobierno español: "Nos han hecho ministros."» (Luis Carandell, Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, Laia, Barcelona 1975, págs. 187-188.)

«En el otoño de 1971, precedido por una carta de recomendación de Antonio García-Trevijano, llegó a la rue de Latran, pidiendo entrevistarse con el director de Ruedo ibérico, un ilustre e influyente miembro del Opus Dei, un catedrático de Filosofía de la Historia en la Universidad Central de Madrid de larga trayectoria conservadora, que había sido director de la revista Arbor y delegado del Consejo de Relaciones Culturales con Europa Occidental, un acérrimo monárquico, defensor de los derechos dinásticos de Juan de Borbón y que, por tanto, mantenía una postura de oposición moderada al régimen franquista. Nicolás Sánchez-Albornoz lo conocía personalmente: «Lo recordaba saliendo de la Facultad de Filosofía en 1946 con una carta de adhesión a Don Juan suscrita por ciertos profesores –Zaragüeta, García Gómez...– y tomándose un coche para el Pardo a denunciar los colegas que le habían pedido la firma. Luego eché un vistazo a su libro España sin problema, que hoy podría llevar la firma de R. de la Cierva sin que se notara el cambio. En fin, el denunciante de 1946 es el campeón de la corona en 1972.» {34. Carta de Nicolás Sánchez-Albornoz a José Martínez del 20 de febrero de 1972.} Se trataba de Rafael Calvo Serer, y desde 1968 su actitud promonárquica (aunque en favor de los derechos del conde de Barcelona) desde la presidencia del consejo de administración del periódico Madrid había provocado una cascada de sanciones administrativas en contra de su diario, que culminaron con el cierre del periódico y su exilio en París. En enero, tras publicar un artículo en Le Monde sobre el affaire del periódico Madrid, fue dictada orden de detención contra Rafael Calvo Serer por el Tribunal de Orden Público, y el fiscal llegó a pedirle siete años de cárcel. Para atacar al odiado régimen personal de Franco, Rafael Calvo Serer había escrito un libro que, por supuesto, iba a publicar Ruedo ibérico. La editorial debió afrontar duras críticas en cuanto se supo en París, en diciembre de 1971, que se encargaba de la edición del texto de Calvo Serer, ante las cuales José Martínez se defendió con el irreprochable argumento de que «publicamos cuanto de valor sea de publicación imposible dentro de las fronteras y damos asilo a todo texto de valor intrínseco, con independencia de su coloración partidista. Es decir somos una anticensura». {35. Carta de José Martínez a Alfonso Colodrón del 14 de diciembre de 1971.} Esto es lo que el director de Ruedo ibérico decía de puertas afuera, porque si había aceptado publicar a Calvo Serer era porque pensaba, acertadamente, que estaba asistiendo a las postrimerías de la dictadura militar y para darle la puntilla había que atacarla en todos los frentes. A finales de enero, sin embargo, nuevos acontecimientos trastocaron el acuerdo. «No editaremos el libro de Calvo Serer, pues éste recibió numerosas presiones para que no lo hiciese con nosotros. Finalmente tomó miedo a las consecuencias políticas que para él tendría nuestro label en su libro. Desde Sangroniz –siempre él– hasta Don Juan de Borbón, todos dijeron que no. Juan Carlos, el pobre, fue más lejos: no quiere que se publique el libro simplemente. (...) No te preocupen las incidencias que sobre nuestra cifra de negocios pueda tener la pérdida de ese título. Eso queda arreglado. Además también tenemos que cuidar el perfil. Y la fórmula adoptada contribuirá al escándalo. Ya lo hay y lo habrá mayor. Interesante libro (Franco frente al Rey. El proceso del Régimen). Caerá en un momento oportuno. (...) Él recibirá más de un palo, nosotros también. Pero habremos tirado otra piedra en la charca y esta vez gorda.» {36. Carta de José Martínez a Nicolás Sánchez-Albornoz del 23 de enero de 1972.} El convenio final entre la editorial antifranquista y el monárquico Rafael Calvo Serer especificaba, en efecto, que el nombre de la editorial no constaría en el volumen. El director de Ruedo ibérico tuvo que ceder, pero como el fabricante era él, concibió un libro idéntico, en formato y tipografía, a los de su editorial, de tal forma que al final la artimaña no confundió a nadie. Máxime cuando en París el distribuidor exclusivo del libro era Ruedo ibérico.
El libro Franco frente al rey. El proceso del régimen, no es un volumen escandaloso desde la perspectiva actual. Se trata de un ensayo histórico-político que desentraña desde una óptica monárquica las relaciones entre Juan de Borbón y Franco, y en cuanto tal, es más bien anodino y reviste poco interés. En sus páginas Rafael Calvo Serer intentaba desvincular a la monarquía como institución del peso muerto que representaba el régimen franquista, para que así pudiera tener en el futuro posibilidades de supervivencia frente a la oposición política más radical, casi toda republicana, por lo cual abogaba por la democratización del régimen. Pero en el contexto de 1972, cuando Juan Carlos de Borbón ya había sido designado sucesor legal del general Francisco Franco, su lectura podía empujar a amplios sectores monárquicos, de talante conservador, a engrosar las filas de la oposición a la dictadura militar. El director de Ruedo ibérico era consciente de ello, y por ese motivo quiso editarlo. Unos meses después publicó en el número 36 de Cuadernos de Ruedo ibérico una nota anónima que circulaba entre los exiliados de París que decía: «José Martínez, de Ruedo ibérico, al prestarse (gracias, claro está, a una buena suma de dinero) a editar 'secretamente' el libro de Calvo Serer, hace dos cosas imperdonables: dar un certificado de oposicionista a un capitalista franquista implicado en numerosas injusticias del régimen fascista. Y pretender ensuciar la imagen del exilio (...) José Martínez no puede seguir pretendiendo ser un militante demócrata, y mucho menos anarquista, porque se ha convertido en un sucio comerciante, porque comercia con nuestros sentimientos revolucionarios. Basta de maniobras franquistas. Basta de negocios sucios.» {37. «La imagen del exilio», en Cuadernos de Ruedo Ibérico, nº 36, abril-mayo de 1972, pág. 69.} Era su liberal modo de defenderse de los infundios que le asediaban, sacándolos a la luz pública, dando así a entender que no tenía nada que ocultar.» (Albert Forment, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico, Anagrama, Barcelona 2000, págs. 416-418)

«El otro gran proyecto editorial que el director de Ruedo ibérico se traía entre manos estaba protagonizado de nuevo por Rafael Calvo Serer, el cual no cesaba de maniobrar en París contra la dictadura militar. Ruedo ibérico iba a editarle otro libro en las mismas condiciones que el anterior, es decir, utilizando el truco de ocultar la editorial tras el disfraz de la autoedición de autor. Como le comenta con sorna y algunas dosis de maldad José Martínez a Southworth: «La verdad es que está con más miedo que un conejo perseguido por cien galgos. He descubierto su manera de trabajar. Usted le acusó –con mucha razón– de plagio en El mito de la Cruzada de Franco. De tales plagios era moralmente responsable, no cabe duda. Pero quizá ni siquiera fuese responsable material de los mismos. Sucede que trabaja con negros {58. En el argot editorial un negro es un escritor que, empujado por la necesidad, trabaja para otro renunciando a la autoría. Evidentemente dicho acuerdo, bochornoso de por sí, y poco menos que ilegal, no aparece jamás en ningún contrato, aunque no es inhabitual.} exclusivamente, lo cual no le exime de responsabilidad –bien al contrario– pero explica ciertas deficiencias catastróficas (...) Es posible que si hubiese trabajado sin negros, ni quizá hubiera llegado a conocer y a leer a Garosci, lo cual habría eliminado este plagio. Porque la verdad es que me parece que no lee nada.» {59. Carta de José Martínez a Herbert R. Southworth del 16 de abril de 1973.}» (Albert Forment, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico, Anagrama, Barcelona 2000, págs. 435-436)

«Mientras, en Courmayeur, la soledad de José Martínez fue parcialmente rota hacia el 12 de mayo [de 1973] con una visita no demasiado placentera. «Tuve que soportar un semana enterita a los Calvo [Rafael Calvo Serer y su sobrino]». Ruedo ibérico estaba a punto de publicar el segundo libro del exiliado monárquico y para no perder tiempo, y gozar también de tan privilegiado paisaje, su autor le llevaba las pruebas de imprenta a su residencia alpina, a fin de que les diera una última revisión y el visto bueno. La dictadura de los franquistas: 1. El «affaire» del «Madrid» y el futuro político. 2. El endurecimiento y la salida, como indica su largo título, era un ensayo político similar al anterior, aunque centrado en los últimos cuatro años de dictadura militar, en el que se denunciaba desde una óptica liberal conservadora el neoautoritarismo del régimen y se enunciaba un programa político de transición a la democracia. El 13 de junio, antes de que José Martínez regresara a París, el libro fue distribuido y puesto a la venta, armando incluso más revuelo que el precedente.» (Albert Forment, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico, Anagrama, Barcelona 2000, pág. 438)

«Para empeorar las cosas y acrecentar la histeria, a principios de agosto Rufino Torres volvió a insistir, una vez más, en que Ruedo ibérico tenía un topo, es decir, un confidente de la policía, entre su personal. José Martínez argumentaba que no le parecía posible, que las filtraciones en todo caso habrían salido de Rafael Calvo Serer, que tenía el defecto de ser demasiado hablador, o quizás de su entorno. Pero Rufino Torres porfió en sus temores, y lo que es peor, proporcionó datos verdaderamente inquietantes: «La nota indicaba se están preparando envíos, forma de caja, embalaje, peso y otros detalles reales, ignorando de momento la dirección. El caso es que coordinaba todo perfectamente. ¿Quién podía saberlo? Tú sabrás quién tocó la cuestión. Si atas cabos sacarás el resultado. No dudes que tienes amigos de los otros en la organización.» {64. Carta de Rufino Torres a José Martínez del 8 de agosto de 1973.} Con el paso del tiempo y aunque sin pruebas tangibles, casi todos los que por entonces trabajaban en Ruedo ibérico acabaron pensando que el confidente era Luis Palomeque.» (Albert Forment, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico, Anagrama, Barcelona 2000, pág. 441)

El 29 de julio de 1974 publica Ruedo Ibérico, en París, uno de los libros que se hicieron famosos en aquellos años, pues ofrecía abundante información sobre ACNP: La otra «cosa nostra». La Asociación Católica Nacional de Propagandistas y el caso del «El Correo de Andalucía», publicado bajo el pseudónimo de A. Sáez Alba (que encubría al sevillano Alejandro Rojas Marcos –alcalde de Sevilla en 1991, y Presidente del Partido Andalucista cuando la democracia–). En el Índice biográfico de este libro puede leerse la siguiente entrada dedicada a Calvo Serer:

«Rafael Calvo Serer: Propagandista de Valencia en la posguerra (BACNP [Boletín de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas], nº 242, de 1º de febrero de 1940) y socio destacado del Opus Dei. Quintacolumnista en la guerra civil, como suboficial del ejército republicano a las órdenes de Alfredo Sánchez Bella. Residente del Colegio Beato Ribera, de Burjasot (Valencia), del que fue decano en 1940. De aquí la protección que le dispensó Laín Entralgo, expropagandista y antiguo becario de dicho colegio, el cual le integró en el equipo de redacción de la revista Escorial. Catedrático de Historia (1942) colaboró en la elaboración de una concepción integrista de la Historia de España (Teoría de la Restauración; España sin problema) junto con otros miembros del Opus Dei. Hizo su carrera en el CSIC [Consejo Superior de Investigaciones Científicas], de cuya revista Arbor fue director en 1947. En este año fundó la editorial Rialp, del Opus Dei. En 1951 presenta una alternativa al régimen mediante la creación de una hipotética «Tercera fuerza nacional», que no llegó a agrupar más de dos docenas de adherentes. Miembro del Consejo privado de Juan de Borbón, de cuya entronización constituye uno de los últimos preconizadores. Presidente del Consejo de administración de FACES [Fomento de Actividades Culturales, Económicas y Sociales], sociedad editora del diario Madrid, imprimió una orientación liberalconservadora a este diario (1966-1971) que chocó con el gobierno. Sus correligionarios –Fraga Iribarne y Sánchez Bella– fueron los ejecutores de la cancelación de dicho diario. Procesado por el TOP [Tribunal de Orden Público] por propaganda ilegal, se vio obligado a exilarse. Desde su nueva imagen de «exilado» publica artículos en la prensa extranjera sobre la situación política del régimen desde posiciones socializantes, insistiendo en la instauración de la monarquía a favor de Juan de Borbón.» (A. Saez Alba, La otra «cosa nostra». La Asociación Católica Nacional de Propagandistas y el caso de «El Correo» de Andalucía, Ruedo Ibérico, París 1974, págs. 296-297.)

Al día siguiente de publicarse esta mención biográfica sobre Calvo Serer, el 30 de julio de 1974, se presentó, también en París, la Junta Democrática de España, coalición antifranquista promovida por el Partido Comunista de España –sin intervención del PSOE– y los monárquicos liberales partidarios de don Juan de Borbón, Rafael Calvo Serer y Antonio García-Trevijano (que intentaban convencer a don Juan de Borbón para que presidiese el proyectado gobierno de reconciliación nacional alentado desde el eurocomunismo de Santiago Carrillo):

«La política trazada por Santiago [Carrillo] siguiendo el esquema del Pacto para la Libertad concentraba la mayoría de sus energías. Seguía chocando con el PSOE como frente a un muro. (...) Había que buscar nuevos líderes, nuevos sectores fuera de los ambientes políticos tradicionales. Estaba haciendo los primeros tanteos que darían lugar a la Junta Democrática. Aunque había lanzado ya parabienes hacia Rafael Calvo Serer, incluso sirviéndose de sus textos en alguna reunión del Comité Central, su obsesión, su punto de apoyo, era entonces José María de Areilza, conde Motrico. (...) La presentación de la Junta Democrática se hizo en el Hotel Intercontinental [de París] el 30 de julio de 1974 ante 20 equipos de la televisión mundial y cien medios de comunicación. De los tres componentes principales sólo aparecieron dos, Santiago Carrillo y Rafael Calvo Serer. El tercero, Antonio García Trevijano, no podía hacerlo por su condición de ciudadano no exiliado, con bufete y negocios en España. Antonio y Santiago corrieron con todos los gastos, a escote, salvo en el caso del profesor de Filosofía señor Calvo Serer, cuyo modesto patrimonio no podía soportar aquella inflación y era cuestión que proveía con prodigalidad el abogado Trevijano. (...)
Rafael Calvo Serer estaba en desventaja frente al sesgo de condotieros renacentistas de Carrillo y Trevijano, quienes podían distinguir sus habilidades manejando floretes y dialécticas. Rafael Calvo nunca pudo superar su aire de fraile medieval. Había recorrido un camino tortuoso desde ser martillo de herejes, luz de Trento y nacional-católico furibundo, hasta aparecer codo a codo junto a dos descreídos demoníacos como sus colegas de la Junta. La única fidelidad de su vida seguía siendo el Opus Dei, donde hacía las veces de monosabio de monseñor Escrivá de Balaguer. Nadie dentro ni fuera de la Obra le hacía maldito caso aunque admiraban la tozudez de sus alegatos. La Junta Democrática había perdido un año intentando negociar con don Juan de Borbón para que acaudillara el nuevo organismo. Trevijano y Serer, durante un período, fueron bien recibidos en el entourage de Estoril, donde estaba el pretendiente de la corona, y jugaron todo lo que pudieron en las antecámaras para convencerle de que se sumara a la alternativa, llegando hasta ofrecerle la exención total de cualquier pago de impuestos y plusvalías. Este tema entre otros le costaría el cargo a un miembro del Comité Central del PCE, Mariano Hormigón, de Zaragoza, a quien no le parecía ético que en un futuro estado democrático se eximiera a nadie del pago a Hacienda. (...)
La tarea, desde que se hizo pública la Junta Democrática, consistía en nada menos que darle solidez, llenar de público esa carpa para verle actuar a lo grande, conforme se anunciaba en el programa de mano. No le quedaba más remedio que ir primero a Trevijano y Serer, como si se tratar de una postulación de tres líderes en busca de la revolución política. Los despreciaba. A García Trevijano le llamaba, en ausencia, el 'nuevo Romero Robledo', aquel político decimonónico que se distinguió por su falta de principios y por su capacidad para ganar elecciones desde el Ministerio de Gobernación; sabía que no contaba ni siquiera con los clientes de su saneada notaría para apoyarle en la aventura. Hacia Calvo Serer no tenía ni siquiera comparación histórica que atribuirle; le consideraba un pelmazo, simple y megalómano, que por carecer ni siquiera era suya, del todo, su conciencia. El asunto quedaba en gran medida a cargo del buen hacer del PCE en el interior y de su habilidad en el terreno internacional. La Junta abrió oficina en París, rue de Lisbonne, y a su cabeza se puso el inquieto profesor Pepín Vidal, al que adjuntaron una secretaria de la confianza de Santiago.» (Gregorio Morán, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985, Planeta, Barcelona 1986, págs. 487-488, 493-494, 496.)

«Calvo Serer, en activo. El que fue presidente del diario Madrid, exilado a Francia poco antes del cierre de este periódico, Rafael Calvo Serer, figuraba como presidente de un tribunal convocado, en Filosofía y Letras, de Salamanca. Calvo Serer era catedrático en la Universidad Complutense. Con una orden de busca y captura lanzada por el Juzgado de Orden Público, Calvo Serer no parece probable que deje su exilio parisiense para ocupar su puesto en Salamanca.» (Doblón, Madrid, 23 de noviembre de 1974, nº 6, pág. 8.)

Rafael Calvo Serer, dibujo de Joaquín G. Santalla, en Blanco y Negro, 5 de mayo de 1977 Franco se murió el 20 de noviembre de 1975 y el hijo del conde de Barcelona fue proclamado Rey de España (como había dejado dispuesto –«atado y bien atado»– la legalidad franquista), desbaratando la causa del pretendiente don Juan, y en junio de 1976 pudo ya volver Rafael Calvo Serer a España, donde tras un breve encarcelamiento fue amnistiado. Durante los primeros años de la democracia coronada, una de sus batallas consistió en lograr del Estado una indemnización por el cierre del diario Madrid (la grabación cinematográfica de la voladura del edificio que ocupó el periódico, en pleno centro de la capital, el 24 de abril de 1973, decidida por la propia empresa para poder vender el solar y hacer frente a sus deudas, está asociada en la España democrática, gracias a la repetición de esas imágenes por televisión, a una dictadura franquista dinamitando esos paladines de la libertad que son los periódicos, &c.). Rafael Calvo Serer falleció el 19 de abril de 1988.

Existe una Fundación Rafael Calvo Serer, presidida por Antonio Fontán Pérez, que en 1997 publicó el primer número de la revista Cuadernos del Madrid, dirigida a periodistas, medios de comunicación, profesores y alumnos de las facultades de Ciencias de la Información: «En la carta de presentación, el presidente de la Fundación Rafael Calvo Serer, Antonio Fontán, afirma que la publicación se inspira en los principios que guiaron al diario Madrid: la promoción y defensa de la democratización del Estado y las libertades públicas, entre las que ocupa un destacado lugar la libertad de información.» Esta fundación concede anualmente el premio «Rafael Calvo Serer».

Tesis doctorales dirigidas por Rafael Calvo Serer

  • Roberto Saumells Panadés, La intuición del espacio. La dialéctica del espacio, Universidad de Madrid 1953, 187 folios. T-7320.

Bibliografía de Rafael Calvo Serer

1949 España, sin problema, Rialp (Biblioteca del pensamiento actual, 4), Madrid 1949, 197 págs. 2ª ed. Rialp, Madrid 1952, 233 págs. 3ª ed. Rialp, Madrid 1957, 201 págs.

1952 Teoría de la restauración, Rialp (Biblioteca del pensamiento actual 15), Madrid 1952, 314 págs.

1953 La configuración del futuro, Rialp (Biblioteca del pensamiento actual 20), Madrid 1953, 286 págs. 2ª ed. Rialp, Madrid 1963, 286 págs.

1955 Política de integración, Rialp (Biblioteca del pensamiento actual 46), Madrid 1955, 226 págs.

Los motivos de las luchas intelectuales, Ateneo (O crece o muere 84), Madrid 1955, 34 págs.

1956 La aproximación de los neoliberales a la actitud tradicional, Ateneo (O crece o muere 103), Editora Nacional, Madrid 1956, 44 págs.

1957 La monarquía popular, Amigos de Maeztu, Madrid 1957, 38 págs.

1958 La fuerza creadora de la libertad, Rialp (Biblioteca del pensamiento actual 90), Madrid 1958, 437 págs. 2ª ed., Rialp, Madrid 1959, 437 págs.

1960 Nuevas formas de democracia y libertad, Ateneo (O crece o muere 145), Editora Nacional, Madrid 1960, 58 págs.

1962 La literatura universal sobre la guerra de España, Ateneo (O crece o muere 167-168), Madrid 1962, 72 págs.

La política mundial de los Estados Unidos, Ateneo (O crece o muere 171-172), Madrid 1962, 64 págs.

1964 Las nuevas democracias, Rialp (Biblioteca del pensamiento actual 125), Madrid 1964, 249 págs.

1968 España ante la libertad, la democracia y el progreso, Guadiana de Publicaciones (Ayer, Hoy, Mañana de España 3), Madrid 1968, 338 págs.

1972 Franco frente al rey: el proceso del régimen, s.e., s.l. [París] 1972, 254 págs.

1973 La dictadura de los franquistas. 1: El 'affaire' del 'Madrid' y el futuro político, Imprimerie Alençonnaise, Alençon 1973, 393 págs.

1977 ¿Hacia la tercera república? En defensa de la monarquía democrática, Plaza & Janés, Barcelona 1977, 299 págs.

1978 Mis enfrentamientos con el poder, Plaza & Janés, Barcelona 1978, 281 págs.

1979 La solución presidencialista, Plaza & Janés, Barcelona 1979, 292 págs.

1982 Eurocomunismo, presidencialismo y cristianismo, Unión Editorial, Madrid 1982, 327 págs.

gbs