Manuel González Soriano 1837-1885

Manuel González Soriano, El espiritismo es la filosofía, 1881 Espiritista y krausista, o krausista y espiritista español, esforzado propagador y defensor de que «el espiritismo es la filosofía» («no UNA filosofía, sino LA FILOSOFIA») y de que la filosofía debe adoptar para su exposición un método: «y recordando el adoptado por varios sistemas, nos ha parecido más metódico y completo el usado en el krausismo por nuestro malogrado y eminente filósofo Sanz del Río y aunque sólo en microscópico bosquejo, tanto por su extensión cuanto por su forma y fondo, lo tomamos por norma y por modelo» (página 20 de El espiritismo es la filosofía, 1881.)

El espiritista y krausista Manuel González Soriano fue además funcionario telegrafista. Con veinte años se incorporó al recien creado Cuerpo de Telégrafos (eléctricos), con lo que no sólo encontramos encarnada en su persona la ideal fusión armónica del espiritismo con el krausismo, sino ejemplo preclaro de la cercanía funcional entre espiritistas y telegrafistas (los unos logrando esporádicas pero perfectas relaciones espirituales entre almas ya desencarnadas fluyendo por la eternidad, los otros logrando fiables comunicaciones materiales entre espíritus aún encarnados recurriendo a curiosas pero infectas propiedades de la materia).

El servicio de Telégrafos (eléctricos), como monopolio del Estado, se inició en España en noviembre de 1852 (al incorporarse al servicio oficial las líneas del telégrafo eléctrico que habían comenzado a utilizar los ferrocarriles) y sobre todo a partir de 1855 (al ampliar la ley de 22 de abril el servicio a la correspondencia privada). En 1852 había llegado el espiritismo a Europa, y en 1855 ya funcionaba en Cádiz una Sociedad espiritista. En 1852 Julián Sanz del Río tenía ya preparada su traducción de Krause [el Ideal de la Humanidad que aparecería con su nombre en 1860] para la que no encontraba editor, y en 1855, recién incorporado como profesor a la Universidad de Madrid, se asentaba el contagio krausista de tantas cátedras de la universidad española.

Manuel Isidoro Prudencio González Soriano Galinsoga Atenza, nació en Cartagena el 28 de abril de 1837, a las ocho y media de la noche, y recibió el bautismo católico al día siguiente, en la iglesia de Santa María de Gracia, de manos del presbítero Pedro Dupont. Cumplidos los veinte años, en diciembre de 1857, al solicitar ser admitido en Madrid al examen de ingreso en el Cuerpo de Telégrafos, asegura haber estudiado «las materias de francés, aritmética y gramática castellana» que previene la convocatoria, y dice haber «practicado cinco años en la oficina de farmacia del Hospital Provincial de Murcia, sin otros méritos ni estudios». Aprobado el examen de ingreso en el Cuerpo de Telégrafos, el día 25 de febrero de 1858 es nombrado «Telegrafista tercero alumno de la escuela práctica, con el haber de dos mil seiscientos sesenta y seis reales anuales», empleo del que toma posesión el primero de marzo de ese año. Un mes y quince días después, el 10 de abril de 1858, el alumno telegrafista Manuel González Soriano es ya nombrado «Telegrafista de tercera clase de las líneas electro-telegráficas, con el haber de cuatro mil reales anuales», siendo destinado a la estación de Andújar, provincia de Jaén. (La estación telegráfica de Andujar era la décima de España en tráfico manejado, pues sufría mucho tráfico de escala: ver Sebastián Olivé Roig, El nacimiento de la telecomunicación en España. El cuerpo de telégrafos (1854-1868), cap. VIII, pág. 252.)

Cuando el 12 de octubre de 1869 desencarnó Julián Sanz del Río, el telégrafo propagó la noticia a los principales periódicos, y al día siguiente dieciséis socios de la Sociedad Espiritista Española, reunidos en la calle de la Salud 19 bajo, de Madrid, obtuvieron una relación con él: «M. Pastor dio otra de Sanz del Río cuyo entierro se había verificado aquella tarde despojado de todo aparato religioso cuya descripción hizo E.[nrique] Pastor» (según anota el socio Lucas Aldana en su interesante diario manuscrito inédito, que titula Hechos de espiritismo y cubre 1869 y 1870: una semana más tarde, en la «sesión de la espiritista» del día 20 de octubre, «leyose la comunicación de Sanz del Río y después se trató de obtener comentario a la Biblia», logrando conectar directamente nada menos que con el espíritu de Moisés –sin abonar, por supuesto, tasa telegráfica alguna–).

El espiritista, krausista y telegrafista Manuel González Soriano es autor de dos libros imprescindibles para construir la delirante historia del espiritualismo decimonónico hispánico, y sus desencarnadas campañas contra las versiones también decimonónicas del materialismo. No deja de sorprender que historiadores como Mario Méndez Bejarano en la primera mitad, o José Luis Abellán en la segunda mitad del pasado siglo XX (ver más abajo los párrafos transcritos), desde el confuso y oscuro eclecticismo espiritualista en el que se mueven, incorporen sin aspaviento alguno a un autor como el que nos ocupa al cuerpo de sus historias. ¡Pero cómo no van a celebrar el krauso espiritismo si incluso en su armónica ensalada dialogante no tienen reparos en suponer krauso positivismos! Parece que de poco sirvió el diagnóstico de Wundt, de que los asuntos espiritistas deben ser juzgados como mucho como pertinentes a la psiquiatría, cuando no incursos en la jurisdicción propia de la policía correccional, y que la cuestión del espiritismo no es ni debe ser nunca considerada siquiera como pseudo científica (ver el artículo «Espiritismo», publicado en 1890 en el Diccionario enciclopédico hispano-americano).

Léase el lector ilustrado las páginas iniciales de El espiritismo es la filosofía, publicadas en 1881, y sobrará cualquier otro comentario:

«Algunos antecedentes del Espiritismo. El Espiritismo no es ni una filosofía ni una secta religiosa, sino la filosofía de la ciencia, de la religión y de la moral: la síntesis esencial de los conocimientos humanos aplicada a la investigación de la verdad: la ciencia de las ciencias. Y dicho queda con esto, que ni es viejo ni nuevo; porque siendo la ciencia producto de la investigación de la verdad, más o menos amplia, metódica y perfecta, ha existido desde que hay seres inteligentes (eternamente) con la natural tendencia de la investigación.
Componiéndose su cuerpo doctrinal de las verdades universales que el hombre ha sorprendido a la naturaleza, y no contando tiempo la verdad puesto que procediendo de Dios es eterna, tampoco su doctrina es vieja ni nueva, pudiendo considerarse en tal sentido como la enciclopedia de las verdades eternas e infinitas, que la investigación humana ha podido hasta el día penetrar y conocer.
El Espiritismo viene, por consiguiente, de la ciencia de la razón y de la razón de la ciencia; y va, por consecuencia, al mayor conocimiento posible de las verdades universales divinas.
Son sus fundadores todos los hombres de todas las épocas y de todas las creencias que han alcanzado el conocimiento de alguna verdad incontestable demostrada por la razón y por la ciencia.
Son sus apóstoles, todos los hombres que hayan enseñado, enseñan, y enseñaren en lo sucesivo la verdad. Y estos han recibido su misión del deber moral que tiene todo hombre de enseñar a los demás las verdades que conozca, y de no esconder la luz que se posee debajo del almud para que a nadie alumbre, que esto es egoísta y anti-caritativo.
El testimonio de referida misión, se encontrará en toda manifestación humana que determine el mencionado deber; y la prueba de su legitimidad, que para tenerla no necesita el testimonio de los hombres, se encuentra en ese mismo deber moral que tiene todo hombre hacia sus semejantes.
El Espiritismo no es ninguna opinión sistemática ni procede de ningún capricho humano ni tiende a satisfacer ningún interés personal ni colectivo. Por eso goza de una independencia especial: ni se impone ni se oculta, porque la verdad, para serlo, no necesita de nadie; pero noble y generosa siempre se ofrece de continuo a quien la busca, y se deja poseer de quien la ama.
Los principios fundamentales en que su parte filosófico-doctrinal se asienta, son:
«Existencia de Dios, infinito en extensión y en intensión. –Ser absolutamente infinito, e infinitamente absoluto. –Inteligencia, Bien y Poder infinitos, de donde se desprenden todos los atributos de belleza, amor, misericordia, justicia y omnipotencia, &c., &c., &c. –Realidad esencial sin principio ni fin; sin tiempo ni espacio, y causa única de toda realidad esencial, y de toda ley de la esencia.»
«Eternidad, en Dios, de la esencia constitutiva del universo.»
«Eternidad de manifestación de la esencia universal, en el cumplimiento de la ley a que obedece, o sea en la realización de su naturaleza por sus propiedades.»
«Unidad esencial característica de cuanto fuera del Espíritu divino, aunque en Dios, existe; es decir que, un mismo género, orden y naturaleza esencial, constituye lo que realiza la materia, el fluido y el espíritu.»
«Unidad esencial característica de Dios, en cuanto a Espíritu.»
«Síntesis de las dos unidades esenciales mencionadas, constituyendo el Todo, lo Infinito, el Ser, Dios.»
«Progreso infinito (en desarrollo de propiedades) de la esencia universal constitutiva de todo cuanto no es el Espíritu divino, aunque incluida en Dios como Ser.»
«Evolucionismo universal de la esencia para la realización del progreso, en pluralidad de mundos, de sustancias y de seres.»
«Individualidad del espíritu como ser instintivo e inteligente, en lo que llamamos reinos animal y hominal.»
«Sintetización de la materia organizada y del espíritu para constituir al ser animal y al ser humano, por medio de un lazo fluidico, plástico, a que se denomina perispíritu, meta-espíritu, o cuerpo aéreo o celestial.»
«Preexistencia del espíritu.»
«Encarnación del espíritu en organismo adecuado al modo de ser que lo caracteriza.»
«Separación del espíritu del cuerpo, por medio del fenómeno denominado muerte.»
«Conservación del espíritu, después de la desencarnación y superviviendo a su organismo, de su individualidad, de sus propiedades, de sus facultades, de sus afecciones, de sus conocimientos y su historia.»
«Vida espiritual periódica, en los espacios interplanetarios.»
«Reencarnación del espíritu en mundos y organismos adecuados al modo de ser que le caracterice, para continuar la realización de su progreso infinito, desarrollando sus propiedades y sus facultades.»
«Solidaridad universal.»
«Comunicación del espíritu desencarnado con el encarnado.»
Los puntos principales de su parte filosófico-religiosa, se reducen a los siguientes:
«Creencia en Dios, causa de cuanto existe y es.»
«Deber de adoración a Dios, en espíritu y verdad; con el pensamiento, y sin ninguna manifestación ni ceremonia ostensible; orando, y practicando el bien.»
«Templo de adoración para Dios, el universo entero, sin circunscripción del local ni edificio alguno.»
«Sacerdocio, todo hombre que enseñe la verdad.»
«Responsabilidad individual del espíritu, ante la ley de la conciencia, de todos sus actos y pensamientos.»
«Redención o purificación del espíritu por su trabajo propio; por el desarrollo de su inteligencia y de su sentimiento, aplicados a conocer a Dios y a practicar el bien. Salvación del espíritu por sus propios merecimientos y no por los ajenos.»
«Premio y castigo del espíritu, consecuencia de haber o no cumplido la ley de la naturaleza, consistentes en los mismos efectos producidos por la ley en su cumplimiento o en su transgresión.»
«Expiación por la falta del cumplimiento de la ley, consistente en la desgracia de verse privado de la felicidad durante su posterior vida espiritual en el espacio; y después, en la reencarnación, en soportar iguales efectos o sufrimientos que directa o indirectamente se produjo a los demás.»
«Reparación, por igual causa, neutralizando los perjuicios causados con beneficios que los compensen, aun a costa de todo género de sacrificios.»
«Purificación relativa al modo de ser que por su grado de progreso le es característica al espíritu, disfrutando, por efecto de la misma ley, de una felicidad proporcional que irá de más en más conquistando infinitamente por sus esfuerzos, por su trabajo, por su progreso, por su mayor conocimiento de la naturaleza, por su mayor dominio sobre ella, por sus mas grandes elementos para prodigar el bien, por su mayor aproximamiento a Dios, por la más directa e intensa sensación de la esencia superior, por la mayor etereidad de su cuerpo fluídico en la vida del espacio, por la mayor simplicidad de la sustancia orgánica que en sucesivas reencarnaciones, en mundos de más en más perfectos, anime, por la conquista de la máxima pureza que sirve de receptáculo directo a las inspiraciones de Dios y de agente en sus designios, por encontrarse revestido de carácter divino y constituido en dios subalterno, en relativo dios, con poderes para formar mundos, presidir su desarrollo, gobernarlos dentro de la ley, y prodigar a los seres llamados en ellos a purificarse las inspiraciones y doctrinas que en cada una de sus épocas históricas hayan de ir perfeccionándolos y redimiéndolos.»
Los principios de su parte filosófico-moral, se resumen en los de Jesucristo:
«Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo más que a sí mismo.»
«Ascender a Dios por la caridad y por la ciencia.»
«Sacrificio del hombre por el hombre.»

Método científico de investigación. Para que la observación o estudio de cualquier cuestión sea exacta, verdadera y lógica, el sujeto observador debe desposeerse por completo de toda anterior creencia, de toda idea preconcebida, y marchar en línea recta por el camino que las inducciones analíticas y las deducciones sintéticas le marquen en su investigación. Porque la verdad no admite condiciones ni se somete a caprichos, y quien la busca debe prepararse de antemano a aceptarla tal y como se presente, con todo su cortejo de legítimas y naturales consecuencias.
Una vez revestido el filósofo o amigo del saber del carácter de una absoluta e inalterable imparcialidad, y saturado del sereno valor que requieren los peligros que presentársele pudieran en la trascendental exploración que va a emprender, peligros que, aunque graves, solo pueden consistir en verse precisado a arrancar del corazón el sentimiento de creencias, si bien viciosas y nocivas, secularmente arraigadas y que la mente acarició formando la costumbre el modo de su ser, está en la obligación de marcarse seguro itinerario que le conduzca más derecha y prontamente al fin que se propuso investigar y conocer.
Dicho itinerario, no es otra cosa que el método adoptado para el estudio.
Sabido es, que el conocimiento de la realidad empírica conduce, por inducción, al conocimiento de la naturaleza de los principios; y el conocimiento de estos llevan en línea recta, por igual procedimiento, al principio matriz, único, absoluto, principio de todos los principios. Mas el método puro del análisis presenta un grave obstáculo, y aún más que grave, insuperable. Porque, ¿le es acaso dado al hombre conocer el inferior principio de las cosas, ni aun las transiciones de enlace en su inmediato orden superior? –No; y eso depende de que el principio que hemos calificado de inferior es el mismo principio superior, el principio matriz, único, absoluto, principio de todos los principios; o lo que es igual, el fin de todas nuestras investigaciones: y siendo uno el principio y el fin de las cosas que nos proponemos conocer, conviene adoptar otro procedimiento de investigación que se adapte más a nuestros naturales elementos de estudio y comprensión.
Siendo el hombre un verdadero centro entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, tanto en conocimiento como en relativa perfección, y encontrando en sí mismo la primera evidencia de realidad, su conocimiento propio debe ser su punto de partida para toda investigación tanto superior cuanto inferior, sin perjuicio de relacionarla luego a un todo solidario y sintético, o dividirla en series y hasta en individualidades características.
Es decir que, el verdadero método analítico posible para el hombre, de adoptar en su estudio científico, es hasta cierto punto impropio de tal nombre, puesto que parte del sintetismo de su ser dual, por un lado, y del sintetismo de sus perfecciones, centro entre su punto de partida eterno y su infinito fin. Pero como la armonía racional de todo estudio, empírico e intelectual consiste en partir de un conocimiento absoluto, de una certeza inalterable y permanentemente indestructible, de aquí que, para distinguir el procedimiento investigatorio que parte del empirismo, del que principia en la abstracción se haya denominado aquel, procedimiento o método analítico.
El método hipotético o de construcción, es bello y valiente; pero como establece verdades a priori y sin confirmación, conviene, cuando de metafísica se trata, iniciar como principio investigatorio, un análisis experimental que ante todo conduzca a la certeza y legitimidad de las ulteriores deducciones, fundamento y base de toda construcción.
Estas consideraciones no quieren decir, sin embargo, que el método sintético deje de ser conveniente y fructuoso, siempre que tratándose de una investigación universal, el principio de los principios es la fuente y la raíz de toda especulación posterior y empírica. Y además, por cuanto el análisis rigoroso del empirismo es imposible realizarlo sin aventurar anticipaciones reflexivas basadas en conocimientos adquiridos por el procedimiento a priori. Pero se hace conveniente y necesario, en primer término, cuando la verdad se busca, conocer al menos la posibilidad de adquirirla por la certeza de los medios con que para verificarlo el hombre cuenta: después, el valor de los conocimientos adquiridos y de las ideas despertadas, prestarán incontestable autoridad para proceder a la construcción de invulnerables síntesis, de las que deductivamente pueda descenderse, tanto a certificar lo establecido, cuanto a resolver principios, consecuencias y detalles, del sistema a que se aplique la investigación.
El método analítico, es decir, la investigación de las causas por el conocimiento de los efectos, parece que se adapta más a nuestra naturaleza, que el procedimiento sintético, o sea la investigación de los efectos por el conocimiento de las causas. Pero esa naturalidad, debida a que la mayoría de los hombres somos aun más seres afectivos que razonables, cesa desde el momento en que sabemos que las primordiales causas a que pretendemos elevarnos, no pueden afectar nuestra sensible experiencia, por cuanto pertenecen a la mas pura razón. Así pues, el más seguro procedimiento investigatorio en los seres que hayan llegado a cierto grado de desarrollo intelectual, es el sintético para sentar los fundamentos de raciocinio; y el analítico para inquirir la naturaleza de las cosas que pertenecen al orden de nuestro inmediato dominio por la experiencia sensible, en las ideas que sus afecciones hayan despertado en el espíritu. Este método mixto posee además la incalculable ventaja de asegurarnos del acierto de los principios admitidos por la precisa concordancia de los fines que se investigan, y la de darnos mayor seguridad de la verdad dilucidada de los fines, por conducirnos directamente a la inmediata procedencia de los principios sentados. No queda reducida a lo dicho la conveniencia de semejante método, sino que hasta puede revelarnos el error en que inadvertidamente pudiéramos incurrir sobre cualquiera de las secciones investigadas, no acusando la exacta concordancia que en su necesaria solidaridad ha de constituir el todo en razonable y lógico sistema.
Una vez indicadas las circunstancias que deben caracterizar al investigador científico, y el procedimiento más racional y seguro que al efecto debe adoptar, solo nos resta un punto que exponer, y es el fundamento conveniente de que para sus estudios debe partir.
Un hecho de conciencia pura, una absoluta evidencia, debe constituir el principio, la base, el fundamento de toda investigación científica, anteriormente histórica, y posteriormente inductiva.
Y como no existe hecho más positivo, ni axiomático para el hombre que el conocimiento de su personalidad, de su individualidad, de su Yo, de este conocimiento dilucidado en sí mismo, deben brotar los elementos todos para la investigación de la verdad.
Convencido el hombre de que conoce, de que puede conocer, y sabiendo el procedimiento que está a su alcance para conseguir conocer lo que desea, hará llegar a sí mismo las influencias subjetivas sin salirse de su ser, para que el delicado escalpelo de su razón las anatomatice, y su análisis le preste su conocimiento, más o menos extenso, según la finura del instrumento perceptivo con que cuente, y la perfección del prisma examinador que lo maneja.

Un pequeño preámbulo. Planteemos una tesis para demostrarla.
Esta será: El Espiritismo no es UNA filosofía, sino LA FILOSOFIA.
La demostración de la enunciada tesis requiere gran prudencia, no lo ignoramos; pero para verificarlo hay que ajustarse a una medida dada, que es lo más difícil. Si se tratara de escribir una obra filosófica sobre Espiritismo, habría el extenso campo de los tomos en donde sin temor alguno podrían multiplicarse las aclaraciones de los conceptos vertidos; mas cuando se trata de una exposición sucinta de la filosofía, hay que reducir a tan estrechos límites una tan grande obra, que el espíritu se asfixia al comprenderlo. Pero siendo indispensable realizarlo en dicha forma, habremos de concretarnos al terreno que las circunstancias nos ofrecen aun cuando las ideas se opriman unas contra otras sin poder ninguna presentarse en su propia grandeza y desarrollo, y aun cuando la luz de la verdad no irradie a su potente alcance por encerrarla en tan mezquino círculo.
Ya hemos manifestado en el artículo anterior que, el único procedimiento para la investigación de la verdad científica, consiste en unir en íntimo consorcio a la experiencia sensible y la razón, exclusivos medios que al hombre le han sido concedidos para buscar la relativa realidad de Dios.
Porque la ley de las mayorías, es absurda.
Porque el imperio de la fuerza, es salvaje.
Porque la imposición del sentimiento, es insensata.
Porque la aceptación por conveniencia, es imposible.
Porque la prueba del testimonio histórico o contemporáneo, es insuficiente.
Pues bien; meditada con detenimiento la forma expositiva conveniente como fundamento analítico de este filosófico trabajo, y recordando el adoptado por varios sistemas, nos ha parecido mas metódico y completo el usado en el krausismo por nuestro malogrado y eminente filósofo Sanz del Río y aunque sólo en microscópico bosquejo, tanto por extensión cuanto por forma y fondo, lo tomamos por norma y por modelo.
Mucho sentimos que la necesidad nos fuerce a no escribir sobre el asunto con la vulgarísima claridad que hace los conceptos comprensibles al primer golpe de vista; pero la índole científica que naturalmente entraña, no nos permite verificarlo según nuestro deseo. Sin embargo, pondremos todo nuestro cuidado y voluntad en exponer lo mas sencilla y claramente que podamos.
Demos, pues, principio a nuestra tarea, con una primera parte que propiamente podremos denominarle análisis.» (Manuel González Soriano, El espiritismo es la filosofía, Imprenta de Juan Torrents, San Martín de Provensals 1881, páginas 7-20.)

En 1884 y 1885 publicó Manuel González Soriano los dos tomos de El materialismo y el espiritismo, colección de quince diálogos entre A y B. Al igual que El espiritismo es la filosofía, de 1881, fueron editados por Juan Torrents y Coral, librero y tipógrafo de San Martín de Provensals, pueblo entonces cercano a Barcelona, hoy barriada suya. El editor espiritista Juan Torrents fue uno de los principales propagadores del espiritismo (en 1871 impulsó el primer periódico espiritista dedicado exclusivamente a la mujer, del que se encargaba la incansable Amalia Domingo Soler, La Luz del Porvenir). Al final del tomo segundo de El materialismo y el espiritismo se hacen figurar dos páginas que anuncian una veintena de «Obras de venta en la imprenta y librería de J. Torrents y Coral», que nos permiten atisbar el ambiente ideológico en que se movían los libros de nuestro espiritista krausista telegrafista. Estos son algunos de los títulos que compartían escaparate con sus obras: «De la virginidad física y la que podría llamarse anormal o falsa, 3 pesetas; Homero Odisea, por D. A. L., 3 pesetas; El Positivismo o sistema de las ciencias experimentales, 2'50 pesetas; Luis, novela medianímica, por D. A. L, 0'75 pesetas; El Syllabus y el Estado o conspiración de la Iglesia contra el Estado, 1 peseta; La Milicia negra clerical con su Mónita secreta de los Jesuitas, 1'50 pesetas; Historia laica de España, por D. Bartolomé Gabarró, 1'50 pesetas; Pillerías clericales o excesiva multiplicación de los cuerpos de los santos, 1'50 pesetas; Los Perros del Señor o corrupción del Clero en todos los actos, 1'25 pesetas; Las ciencias laicas o la Piqueta y el Compás, 1'50 pesetas; Los Neos en Camisa, 1 peseta; La misión cumplida, obra medianímica, 0'50 pesetas; El Huérfano, novela medianímica, 0'50 pesetas; Historias de Ultra-tumba, colección de cuentos, por D. Manuel Corchado, 1 peseta; El Catolicismo antes del Cristo, estudios orientales, por el Vizconde de Torres Solanot, 3 pesetas; Alfieri el Marino, obra emanada de dos espíritus, 1 peseta; Preliminares al estudio del Espiritismo, consideraciones generales respecto a la filosofía, doctrina y ciencia espiritista, por el vizconde de Torres-Solanot, 2'50 pesetas; Magnetismo y Espiritismo, Memorias leídas en el Círculo magnetológico espiritista de Madrid, por los socios del mismo, 2 pesetas; Un hecho, la magia y el Espiritismo, por D. Baldomero Villegas (1ª y 2ª parte), 4'50 pesetas; La Razón del Espiritismo, por Miguel Bonnamy, 4 pesetas; Exposición y defensa de las verdades fundamentales del Espiritismo, por D. Anastasio García López, 1 peseta.»

Manuel González Soriano falleció en Andújar el 2 de noviembre de 1885, como Subdirector de segunda del Cuerpo de Telégrafos. Aunque la mayor parte de su servicio lo realizó en Andújar, en su expediente como funcionario figuran varios traslados, amonestaciones, suspensión de empleo, y numerosas bajas por enfermedad.

«Los propagandistas más notables de esta época fueron, además de los ya citados, Modesto Casanovas, El Marqués de la Florida, Luis Román y Ricardo Ruiz, en Canarias; Manuel Navarro Murillo, en Soria; en Andújar, Bernardo Centeno y González Soriano, que escribió El espiritismo es la filosofía, sin duda lo más serio que sobre la materia se ha escrito, en que trata de explicar el espiritismo por la doctrina de Krause, con la cual tiene innegables analogías aun cuando los krausistas rechacen la comunicación; (...). Don Manuel González Soriano, alto empleado de Telégrafos, a juzgar por sus obras tenía temperamento de filósofo. Su instrucción no era mucha, pero sí poseía vigor de pensamiento. Su obra principal se titula El Espiritismo es la filosofía. El propósito de esta obra consiste en la exposición del kardecianismo, justificándolo por el método de Krause. No sin fortuna, el autor sigue el proceso analítico del filósofo alemán desde la percepción inmediata del yo hasta la vista real del Principio, sin más que sustituir aquellos conceptos, tales como los de tiempo y espacio (infinitos relativos de Krause), en que el espiritismo se hace incompatible con el pensador que sirve al autor de guía, o desenvolver con arreglo a su doctrina lo que en la sintética puede apoyarse, por ejemplo, la pluralidad de existencias.» (Mario Méndez Bejarano, Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX, Renacimiento, Madrid [1927], págs. 520 y 531, capítulo XVII, El siglo de las luces: §XIV. El espiritismo.)

«Tanto o más que Saint-Simon y que Fourier, que Pierre Leroux, Juan Reynaud y Francisco Laurent, lo mismo Krause que Sanz del Río pueden considerarse pensadores espiritistas, porque salvo que no emplean nuestro vocabulario, sus enseñanzas son las kardecianas, como puede comprobarse con la simple lectura de sus obras. Las doctrinas krausoespiritistas de Alonso Eguilaz, escribía un neo sobre la inmortalidad del alma, son la transmisión lógica de la escuela krausista al Espiritismo. Nuestro insigne pensador don Manuel González Soriano es legítimamente el heredero y sucesor más inmediato del inolvidable don Julián Sanz del Río. De la obra del filósofo nacido en Cartagena (1836) El Espiritismo es la Filosofía, ha dicho la crítica: «En este libro se estudia, pues, filosofía, por la razón más pura y no por opiniones parciales e interesadas que a menudo confunden al lector y le ofrecen mayor número de dudas que de convicciones. Y esto aseguramos porque si bien las soluciones dadas a los asuntos que se tratan constituyen la opinión del autor, siendo ésta el producto de las operaciones de la lógica científica, la verdad natural se ha impuesto a su razón y formado su creencia. Tal es la causa de que en las ideas que expone se encuentren concepciones de todas las escuelas y de que en su 'Análisis' preliminar haya adoptado el método krausista, si bien ajustándolo a la brevedad de su trabajo, al resultado de sus investigaciones y a la sencillez de lenguaje que para la más fácil y general comprensión se propuso emplear». «Otra conveniencia social importantísima encontramos en el conjunto de este libro, y es la más completa destrucción de las especulaciones ateísta, materialista y panteísta, que las destruye en las certezas manifestadas de Dios y del espíritu, así como en la individualidad infinita del ser sin afectar en nada a la personalidad infinita de Dios.» «No concluye en las consideraciones expuestas la conveniencia del mencionado trabajo, sino que se extiende a lo más importante, objeto que se propone el autor: el de demostrar que el Espiritismo no es otra cosa que la filosofía natural y que sus principios todos se ajustan a la razón científica y a la más severa lógica, fin que cumple en su tercera parte que intitula 'Aplicaciones'.»
En la colección de El Espiritismo, de Sevilla, pueden leerse sus brillantes polémicas con los PP. Arévalo, Díaz y el Magistral de Córdoba. Como a Sanz del Río persiguióle el fanatismo religioso intentando su expulsión del Cuerpo de Telégrafos, pero no la pudieron conseguir debido a las excelentes condiciones de ciudadano que González Soriano reunía y que complacióse en reconocer el gobernador de la provincia. Y como Sanz del Río desencarnó sin necesidad de los auxilios espirituales de religión alguna y disponiendo se le enterrase civilmente. Otro de nuestros grandes pensadores, don Manuel Sanz y Benito (...). Y también como Sanz del Río y como González Soriano desencarnó sin sentir la más leve necesidad de los auxilios espirituales de religión alguna y disponiendo ser inhumado en el cementerio libre. (...)
Uno de los Centros más importantes y antiguos de España fue el de Andújar, compuesto del médium don Francisco Pérez Blanca y don Pablo J. Medina, don Luis y don José González, don Francisco Martí, don Manuel Soriano y don Valeriano Rodríguez, quienes merecieron ser denominados por Allan Kardec en afectuosa carta, 'Apóstoles del Espiritismo en España', diciéndoles que no desmayaran por haber de dispersarse, pues tal dispersión redundaría en beneficio de la difusión del ideal, como así sucedió cuando sucesivamente salieron uno para Jaén (el filósofo González Soriano), otro para El Escorial (Valeriano Rodríguez), el médium Pérez Blanca para Madrid y don Francisco Martín para Sevilla, donde fundó y publicó durante diez años El Espiritismo, consagrado a la difusión de las doctrinas kardecianas.» (Federación Espirita Española, V Congreso Espiritista Internacional. Libro Resumen, Barcelona 1 al 10 de septiembre de 1934, Barcelona 1934, Tercera parte: El espiritismo español, páginas 345-346 y 354.)

«El otro autor es Manuel González Soriano (Cartagena 1836-Madrid 1885), que escribió El materialismo y el espiritismo, Diálogos, Controversias, pero, sobre todo, su libro El espiritismo es la filosofía (1881), que Méndez Bejarano califica como "lo más serio que sobre la materia se ha escrito" (Ibid., pág. 520). En realidad, se trata de una interpretación filosófica del espiritismo; de aquí la importancia que esta obra tiene para nosotros, motivo por el que nos extenderemos en ella algo más que en las anteriores. El autor trata de defender su tesis –la de que el espiritismo es la expresión más pura de la filosofía– basándose en su propia convicción racional y rehuyendo, por tanto, los argumentos de autoridad o el apoyo en testimonios ajenos de filósofos antiguos y modernos. La razón pura es, pues, el único criterio, a tener en cuenta, lo que le lleva a evitar la exposición de otras opiniones que no pueden por menos de ser parciales o interesadas. Por ello busca un instrumento desapasionado de indagación, y para el autor éste no puede ser otro que la lógica analítica del método krausista. El conjunto de su obra se estructura, con arreglo a dicho método, en tres partes: Análisis, Síntesis y Aplicaciones prácticas. A ellas añade una cuarta parte, en la que contesta a cuestiones actuales de la época en que escribe, sobre aspectos muy diversos: antigüedad de la doctrina espiritista, sus conexiones con la religión, sus relaciones con el positivismo científico y sus afinidades con el evolucionismo universal. La conclusión de todo el excurso doctrinal de González Soriano es que espiritismo y filosofía natural se identifican plenamente, al ajustarse sus principios a los de la razón científica y a la lógica más estricta, que para el autor es la defendida por los krausistas. Se plantea así una cuestión interesante que aquí no podemos resolver: la de hasta qué punto el espiritismo defendido no es krausismo camuflado, o la de si el krausismo no es aquí más que una forma peculiar de exponer la doctrina espiritista en su pura ortodoxia.» (José Luis Abellán, Historia crítica del pensamiento español, tomo 5(1), La crisis contemporánea (1875-1936), Espasa-Calpe, Madrid 1989, págs. 427-428.)

 
Selección biográfico documental sobre Manuel González Soriano:

(Transcripción de algunos documentos que figuran en el expediente «nº 73, Manuel González Soriano, Subdirector de 2ª, Falleció», del Archivo del Cuerpo de Telégrafos, en Madrid, cuya consulta agradecemos a esa institución.)

Nace en Cartagena el 28 de abril de 1837 y es bautizado al día siguiente

«[Sello 9º 2 reales. Año de 1865.] D. Alfonso Zamora, Presbítero Cura Teniente de la única Parroquia de esta Ciudad = Certifico, que en el libro ciento veinte y cuatro de bautismos de la misma, al folio cincuenta y dos vuelto se encuentra la siguiente Partida: 'En la Iglesia de Santa María de Gracia, única parroquia de esta Ciudad de Cartagena, a veinte y nueve de Abril de mil ochocientos treinta y siete, yo, Don Pedro Dupont, Presbítero Teniente Cura de esta Parroquial, bauticé solemnemente y crismé a un niño, y puse por nombre Manuel Isidoro Prudencio que nació dia veinte y ocho de dicho mes a las ocho y media de la hoche, hijo legítimo de Don Isidoro González, natural de esta Ciudad, y de Doña María de la Cruz Soriano, natural de Murcia, Parroquia de San Nicolás. Abuelos paternos Don Francisco González Rosa, y Doña María Josefa Galinsoga, naturales de esta Ciudad. Abuelos maternos Don José Soriano, natural de la villa de Tobarra, y Doña María Josefa Atenza, natural de Murcia, Parroquia de San Antolín. Fueron padrinos Don Simón González Domenec y Doña Josefa González, primos hermanos del bautizado, a quienes advertí sus obligaciones y parentesco espiritual. Testigos Juan Galián y José Galián. = Pedro Dupont =.' Corresponde en un todo con su original a que me refiero. Cartagena, a veinte y nueve de enero del año del sello. Alfonso Zamora.»

«[Sello 9º 20 Cs de Eo. Año de 1867.] D. Antonio Nieto y Sánchez, Presbítero Teniente Cura de las Parroquias de Cartagena = Certifico, que en el libro 124 de Bautismos y folio 52 vuelto hallase la siguiente Partida: 'En la Parroquia de esta Ciudad de Cartagena, a veinte y nueve de Abril de mil ochocientos treinta y siete, yo, Don Pedro Dupont, Presbítero Teniente Cura de esta Parroquial, bauticé solemnemente y crismé a un niño, y puse por nombre Manuel Isidoro Prudencio que nació dia veinte y ocho de dicho mes a las ocho y media de la hoche, hijo legítimo de Don Isidoro González, natural de esta Ciudad, y de Doña María de la Cruz Soriano, natural de Murcia, Parroquia de San Nicolás. Abuelos paternos Don Francisco González Rosa, y Doña María Josefa Galinsoga, naturales de esta Ciudad. Abuelos maternos Don José Soriano, natural de la villa de Tobarra, y Doña María Josefa Atenza, natural de Murcia, Parroquia de San Antolín. Fueron padrinos Don Simón González Domenec y Doña Josefa González, primos hermanos del bautizado, a quienes advertí sus obligaciones y parentesco espiritual. Testigos Juan Galián y José Galián. = Pedro Dupont =.' Corresponde con su original. Cartagena, diez y siete de Junio año del sello. Antonio Nieto.» [Sigue una certificación notarial firmada por dos notarios del Colegio Notarial del Territorio de Albacete, fechada el 17 de junio de 1867, con un sello de doce reales.]

Diciembre de 1857. Solicita ser admitido al examen de ingreso al Cuerpo de Telégrafos

«[Sello 4º 40 Ms. Año 1857.] Excmo. Sr. Director General de Telégrafos. = Don Manuel González, natural y vecino de Cartagena, a V. E., con el debido respeto expone: Que habiendo estudiado las materias para ingresar en el Cuerpo de Telégrafos, en clase de tercero telegrafista, y deseando entrar a examen en el próximo, que ha de dar principio el día dos de enero de mil ochocientos cincuenta y ocho. A V. E. suplica se digne admitirlo en dicho examen, Gracia que no duda alcanzar de su bondad. Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, 23 de diciembre de 1857. Manuel González.»

«[Sello 4º 40 Ms. Año 1857.] Excmo. Sr. Director General de Telégrafos. = Don Manuel González, natural y vecino de Cartagena, a V. E., con el debido respeto expone: Que habiendo estudiado las materias de francés, aritmética y gramática castellana, como previene el reglamento para ingresar en el cuerpo de Telegrafos, y practicado cinco años en la oficina de farmacia del Hospital Provincial de Murcia, sin otros méritos ni estudios, A V. E. suplica se sirva conceder la gracia que en la solicitud acompañante pide, Gracia que no duda alcanzar de su bondad. Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, 31 de diciembre de 1857. Manuel González Soriano.»

«[Sello 4º 40 Ms. Año 1858.] Sello 4º, año 1858, 40 ms. Don José María Mathé y de Arangua, Director General de Telégrafos en el Ministerio de la Gobernación. = Por cuanto en virtud de las facultades que me están concedidas por el Reglamento orgánico del Cuerpo y atención a haber sido aprobado en el examen que ha sufrido Don Manuel González, he venido en nombrarlo telegrafista tercero alumno de la escuela práctica, con el haber de dos mil seiscientos sesenta y seis reales anuales. = Por tanto, y con arreglo a lo prevenido en la disposición segunda de la instrucción de 28 de noviembre de 1851, expido el presente Título al referido Don Manuel González para que pueda ejercer el citado empleo, en el cual se serán guardadas todas las consideraciones que le correspondan. Y se previene que este Título quedará nulo y sin ningún valor ni efecto si omitiere el 'cúmplase' el decreto mandando dar la posesión y la certificación de haber tenido efecto por la oficina correspondiente, prohibiéndose expresamente que en cualquiera de estos casos se acredite sueldo alguno al interesado, ni se le ponga en posesión de su destino. Dado en Madrid a veinte y cinco de febrero de mil ochocientos ciuncuenta y ocho. = José Mathé. = Título de Telegrafista tercero, alumno de la escuela práctica a favor de Don Manuel González. = Dirección General de Telégrafos. = Cúmplase lo mandado por el Excmo. Sr. Director General del Cuerpo y acredite la posesión a Don Manuel González, en el empleo de Telegrafista tercero alumno de la Escuela práctica, después que se haya registrado este Título, archivando en esta dependencia una copia del mismo debidamente autorizada. = Madrid, 25 de febrero de 1858. = El Inspector y Jefe del personal. = Andrés de Capua. = Dirección General de Telégrafos. = Queda registrado este Título en el libro correspondiente y se archivará su copia en esta dependencia con arreglo al artículo 6º del Real decreto de 28 de noviembre de 1851. = Madrid, 25 de febrero de 1858. = El Jefe del Negociado = Francisco Mora = Dirección General de Telégrafos = Certifico que Don Manuel González tomó posesión del empleo de Telegrafista alumno el día de la fecha. = Madrid primero de marzo de mil ochocientos cincuenta y ocho = El Director apoderado = Ildefonso Rojo. = Es copia. El Director Apoderado, Ildefonso Rojo.»

Último certificado médico y último documento firmado por Manuel González Soriano

«[Sello 12ª clase 75 C. de peseta Año 1885, nº 4.264.851.] El que suscribe, Licenciado en Medicina y Cirugía, Titular de esta Ciudad. Certifica que desde hace seis días se encuentra asistiendo en su padecimiento al Subdirector de Telégrafos, D. Manuel González Soriano, que se encuentra sufriendo una anemia profunda acompañada de una fiebre subcontinua, que le coloca en gravísimo estado, impidiéndole abandonar la cama en absoluto, en bastante tiempo, dado caso que pueda conseguirse la curación de su enfermedad. A instancia del interesado y para los fines que convengan firmo el presente en Andujar a 30 de octubre de 1885. Eduardo Serrano.»

«[Sello 12ª clase 75 C. de peseta Año 1885, nº 4.264.852.] Ilmo. Sr. Director General de Telégrafs. Excmo. Señor. Don Manuel González y Soriano, subdirector 2º del Cuerpo de Telégrafos, con destino en la estación de Vilches, a V. E. con el debido respeto expone: que hallándose en la Ciudad de Andújar en uso de licencia concedida por V. E. en busca de restablecimiento de su quebrantada salud hace mucho tiempo, y continuando su enfermedad con carácter grave, hasta el punto de encontrarse imposibilitado según certificación facultativa que se acompaña y no siéndole por esta causa dedicarse al servicio peculiar de su empleo, a V. E. le ruega encarecidamente nueva concesión de licencia para poder continuar su penosa curación. Gracia que espera alcanzar de la reconocida benevolencia y buen corazón de V. E. cuya vida guarde Dios muchos años. Andújar, 30 octubre 1885, El Subdirector 2º, Manuel González.» [el texto escrito por mano distinta de la que firma.] Al margen: «Excmo. Señor. Me consta la grave situación del solicitante por la enfermedad que padece y es digno bajo todos conceptos de que V. E. se sirva acceder a su petición. Manzanares, 31 octubre 1885, El Director de la Sección, José Mª López [sello de la Dirección de Sección de Manzanares].»

«[Membrete: Cuerpo de Telégrafos. Dirección de Sección de Manzanares. Negociado 1º. Número 1172. Sello de fechas: Telégrafos 2.NOV.85 Entrada.] «Remisión instancia y certificado facultativo del Sub Director 2º Sr. González Soriano. Exmo. Señor. Tengo el honor de pasar a mano de V. E. la adjunta instancia y certificado facultativo por el cual acredita el Sub Director 2º don Manuel González Soriano hallarse gravemente enfermo e imposibilitado por completo de prestar el servicio de su clase y solicita de V. E. ampliación de su licencia para poder atender al restablecimiento de su quebrantadísima salud. Dios guarde a V. E. m. a. Manzanares 31 octubre 1885. El Director de la Sección, José Mª López. = Excmo. Sr. Director General, Madrid.»

Fallece en Andújar en la tarde del 2 de noviembre de 1885

«Telégrafos. Telegrama recibido. Comunicado a las 10 h. 40 m. de la mañana del día 3 de noviembre de 1885. Expedido en Andújar. Recibido en Madrid. Ayer tarde entre cuatro y cinco de la misma ha fallecido en esta ciudad el subdirector 2º D. Manuel González Soriano con destino en Vilches y que en uso de licencia se encontraba en esta Ciudad.»

«[Sello de fechas: Telégrafos 4.NOV.85 Entrada] Telégrafos. Negociado 1º. 1885. Al Ordenador de Pagos. Noviembre. Habiendo fallecido el 2 del actual el Subdirector 2º con destino en Vilches D. Manuel González y Soriano he dispuesto se anote su baja en dicha fecha. Lo digo para usted del Director de Manzanares. Minuta. [rúbricas.]»

«[Sello 12ª clase 75 C. de peseta Año 1888, nº 0.641.330.] Excmo. Señor. = Doña Trinidad González y Sánchez, habitante de Andújar calle de Santa Marina número 6, a V. E. expone: Que teniendo necesidad de acreditar ante la Junta de pensiones civiles, que su difunto esposo Don Manuel González y Soriano, Subdirector 2º que fue del Cuerpo de Telégrafos, prestó el servicio de Correos por más de dos años. A V. E. suplica se digne disponer se le expida el oportuno certificado, a cuyo favor quedará eternamente reconocida. Dios guarde a V. E. muchos años. Andújar, 4 de enero de 1888. Trinidad González, viuda de González. = Excmo. Señor Director General de Telégrafos.»

 
Bibliografía cronológica de Manuel González Soriano:

  • 1875 «Estudios de metafísica» [«artículo que fue reproducido en varios periódicos espiritistas españoles y extranjeros»]. Publicado en nota en El espiritismo es la filosofía, páginas 77-87.
  • 1881 El espiritismo es la filosofía, Imprenta de Juan Torrents (Triunfo nº 4), San Martín de Provensals 1881, 244+2 págs. (Las páginas 3-6 contienen «Breve juicio crítico sobre esta obra», firmado por F. X. Creus.) • Nueva edición, Maucci, Barcelona (s.f.), 239 págs. [BNE 3-95550]
  • 1884 El materialismo y el espiritismo. Diálogos, Establecimiento tipográfico de Juan Torrents (Calle del Triunfo, núm. 4), San Martin de Provensals 1884, 268+2 págs. [contiene: Al lector. Diálogo I a Diálogo VIII.] (En la página 3 puede leerse: «Al lector. A instancias de varios amigos, hemos coleccionado los materiales que forman esta obra, diseminados en varios tomos de la Revista que con el título El Espiritismo fue publicada en Sevilla por espacio de diez años consecutivos en defensa de la verdad. Y con gusto realizamos este trabajo, por cuanto estando recopilada en ella la principal argumentación con que el moderno materialismo pretende levantar su absurda escuela, y encontrándose combatida de una manera incontestable en los terrenos de la ciencia y la filosofía, abrigamos la esperanza de que no será semilla en absoluto infructuosa.»)
  • 1885 El materialismo y el espiritismo. Diálogos. Tomo II, Tipografía de Juan Torrents y Coral (Calle del Triunfo, núm. 4), San Martin de Provensals 1885, 267+4 págs. [contiene: Diálogo IX a Diálogo XV. Resumen didáctico de los diálogos I a XIV. Epílogo. Extracto de mis impresiones. Caridad.]
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