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José Vasconcelos Calderón 1882-1959
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«Escudo de la UNAM. Durante su rectorado, José Vasconcelos dotó a la Universidad de su actual escudo en el cual el águila mexicana y el cóndor andino, cual ave bicéfala, protegen el despliegue del mapa de América Latina, desde la frontera norte de México hasta el Cabo de Hornos, plasmando la unificación de los iberoamericanos: 'Nuestro continente nuevo y antiguo, predestinado a contener una raza quinta, la raza cósmica, en la cual se fundirán las dispersas y se consumará la unidad.' |
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Pero la colonización española creó el mestizaje y «esto señala su carácter, fija su responsabilidad y define su porvenir». Las cuatro razas de las que habla: la Blanca, la Negra, la Amarilla y la Roja (que es la americana, procedente nada menos que de la Atlántida y extendida de manera todavía más fantástica, Wegener por medio, en increíbles anacronismos ante los que Vasconcelos ni se inmuta) se irán mezclando sabiamente hasta producir la raza cósmica, pues serán «las leyes de la emoción, la belleza y la alegría» las que determinen los cruces, «con un resultado infinitamente superior al de esa eugénica fundada en la razón científica, que nunca mira más que la porción menos importante del suceso amoroso. Por encima de la eugénica científica prevalecerá la eugénica misteriosa del gusto estético» (esperamos que el libro de Vasconcelos no esté traducido al chino: «...no es justo que pueblos como el chino, que bajo el santo consejo de la moral confuciana se multiplican como los ratones, vengan a degradar la condición humana, justamente en los instantes en que comenzamos a comprender que la inteligencia sirve para refrenar y regular bajos instintos zoológicos»). También chirrían hoy bastante las consideraciones de Vasconcelos sobre la raza negra: |
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«Los norteamericanos se mantienen muy firmes en su resolución de mantener pura su estirpe, pero eso depende de que tienen delante al negro, que es como el otro polo, como el contrario de los elementos que pueden mezclarse. En el mundo iberoamericano, el problema no se presenta con caracteres tan crudos; [25] tenemos poquísimos negros y la mayor parte de ellos se han ido transformando ya en poblaciones mulatas. El indio es buen puente de mestizaje. (...) Actualmente, en parte por hipocresía y en parte porque las uniones se verifican entre personas miserables dentro de un medio desventurado, vemos con profundo horror el casamiento de una negra con un blanco; no sentiríamos repugnancia alguna si se tratara del enlace de un Apolo negro con una Venus rubia, lo que prueba que todo lo santifica la belleza. En cambio, es repugnante mirar esas parejas de casados que salen a diario de los Juzgados o los templos, feas en una proporción, más o menos, del noventa por ciento de los contrayentes. El mundo está así lleno de fealdad a causa de nuestros vicios, nuestros prejuicios y nuestra miseria. (...) Los tipos bajos de la especie serán absorbidos por el tipo superior. De esta suerte podría redimirse, por ejemplo, el negro, y poco a poco, por extinción voluntaria, las estirpes más feas irán cediendo el paso a las más hermosas. Las razas inferiores, al educarse, se harían [31] menos prolíficas, y los mejores especímenes irán ascendiendo en una escala de mejoramiento étnico, cuyo tipo máximo no es precisamente el blanco, sino esa nueva raza, a la que el mismo blanco tendrá que aspirar con el objeto de conquistar la síntesis. El indio, por medio del injerto en la raza afín, daría el salto de los millares de años que median de la Atlántida a nuestra época, y en unas cuantas décadas de eugenesia estética podría desaparecer el negro junto con los tipos que el libre instinto de hermosura vaya señalando como fundamentalmente recesivos e indignos, por lo mismo, de perpetuación. Se operaría en esta forma una selección por el gusto, mucho más eficaz que la brutal selección darwiniana, que sólo es válida, si acaso, para las especies inferiores, pero ya no para el hombre.» (José Vasconcelos, La Raza Cósmica, 1925.) |
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Después de que el espíritu marcó el paso de la oca, sopló en los hornos crematorios y culminó su obra en la shoah, José Vasconcelos terminó por hacerse de la Orden Tercera de los franciscanos y anunció que repudiaba cuanto hubiese escrito en contra de las doctrinas católicas. Al parecer, incluso en 1952, en unas declaraciones a la prensa, llegó a afirmar que lo que él había querido decir es «Por mi raza hablará el Espíritu Santo» (creyendo, sin duda, que así arreglaba algo las cosas...). |
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Prólogo a la edición de 1948 de La Raza Cósmica. Misión de la raza iberoamericana |
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«Vasconcelos es hoy en día la figura de mayor relevancia intelectual en Hispanoamérica. El conde Hermann de Keyserling afirma, en sus Meditaciones Suramericanas, que 'José Vasconcelos es el ideólogo más original que hasta hoy ha habido en la América del Sur' (pág. 231, Meditaciones Suramericanas, traducción española, Madrid 1933). Y páginas adelante, en el capítulo que consagra a la 'Delicadeza', nos asegura: 'En América del Sur pueden encontrarse ya los primeros elementos de una concepción del mundo autóctona y original. Reposa sobre el concepto de delicadeza. El argentino Leopoldo Lugones postula para su país una cultura de la belleza semejante en estilo a la antigua... Pero el pensador más representativo es el mexicano José Vasconcelos.' «Filósofo, educador, político, escritor... José Vasconcelos debe ser considerado uno de los hombres más interesantes, completos y, por ende, controvertidos en la historia de México. Su proyecto educativo, su nacionalismo, su impulso al movimiento muralista y sus teorías sobre el mestizaje cuando estuvo a cargo de la Secretaría de Educación entre 1922 y 1924 lo hicieron, sin duda, una de las figuras más influyentes del México moderno. Pero a la vez, Vasconcelos ha sido condenado por el pensamiento elitista y ultraconservador que lo caracterizó durante los últimos años de su vida, por lo que comúnmente se la ha acusado de egoísta y contradictorio. La literatura sobre Vasconcelos es abundante: revistas de historia, literatura, filosofía y política han publicado un sinnúmero de artículos sobre diferentes aspectos de la vida y obra de quien fuera rector de la Universidad Nacional y creador de la Secretaría de Educación. De hecho, el primer problema que enfrenta el historiador, en el caso de Vasconcelos, es cómo seleccionar y catalogar el material de entre la miríada de libros, artículos y ensayos relacionados con los diferentes aspectos de su vida y de su obra que, sin embargo, han tratado con muy poco equilibrio las diferentes etapas de su vida. Si existen ya cientos de páginas que hablan sobre su campaña presidencial en 1929, sólo se pueden encontrar un par de menciones, aquí y allá, sobre su campaña para gobernador de Oaxaca en 1924. Hay docenas de volúmenes que se refieren a su autobiografía, pero sólo un par de artículos que analizan sus inclinaciones nazis y su participación en la revista Timón.» (Luis Barrón, «¡Es un gran libro ese de Ulises!», reseña de la edición crítica de Ulises Criollo, FCE, México 2000.) |
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