José Miguel Guardia Bagur
 
1830-1897
José Miguel Guardia Bagur

Escritor español afrancesado –y hasta naturalizado francés– nacido el 23 de enero de 1830 en Alayor, isla de Menorca, donde hizo sus primeros estudios, que terminó en el Colegio Real de Montpellier, donde fué alumno interno desde 1843 a 1848. «Allí comenzó los estudios de Medicina, que continuó en París, hasta alcanzar el grado de doctor en 1853. Hizo simultáneamente la carrera de Letras, en cuya Facultad obtuvo también el doctorado en 1855. No ejerció nunca su profesión de médico, y se graduó de bachiller en letras, dedicándose más bien a la parte histórica y erudita de la ciencia. Fué humanista de mérito, como lo prueba su Gramática Latina, que es una compilación muy útil y bien hecha, y se dedicó con éxito a la enseñanza en varios colegios privados. A pesar de haberse naturalizado en Francia, nunca obtuvo más cargo público que uno modestísimo en la Biblioteca de la Facultad de Medicina, pero colaboró más o menos asiduamente en muchos periódicos y revistas, tales como la Correspondance Littéraire, Magasin de librairie, Revue de l'Instruction Publique, Revue des Deux Mondes, Revue Philosophique, de Ribot, &c.»

«El Dr. Guardia, aunque haya tenido el mal gusto de hacerse francés, es hombre erudito y que vale, si no en filosofía, en otros estudios.»
«Arrebatado por sus furores de sectario y por el odio ciego que profesa a su antigua patria, y prevalido de la general ignorancia en que los franceses viven de las cosas y de los hombres de España...»
«Pero cualquier cosa se puede esperar del que reniega de su patria, sea ella la que fuere.»
«Escribió con frecuencia sobre cosas españolas, y hay estudios suyos muy útiles y curiosos, pero en otros, especialmente de los publicados en sus últimos años, cuando su carácter, naturalmente áspero, se había agriado más con los sinsabores de la vida, se dejó arrastrar de un antipático fanatismo sectario y de una ciega animadversión contra su antigua y verdadera patria. Murió en París.»

Están publicadas algunas cartas escritas por Guardia a Antonio Rubió Lluch y otros coetaneos paisanos suyos: Marcial Pascuchi, «Introducció a l'Epistolari del doctor J. M. Guardia», Revista de Catalunya, nº 6, abril 1927; y nº 9, noviembre-diciembre 1928; Marçal Pascuchi, «Quinze cartes del doctor Josep Miguel Guàrdia sobre la Renaixença», Revista de Menorca, 1984, págs. 431-497.

También mantuvo correspondencia epistolar con el filólogo colombiano Rufino José Cuervo Urisarri (1844-1911): en el Epistolario de Rufino José Cuervo con corresponsales españoles (Presentación y notas de Carlos E. Mesa, C.M.F., Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 1989, 712 págs.) se le caracteriza como: «José Miguel Guardia, el filósofo polemista de Menéndez y Pelayo, rescatador de la obra de Raimundo Lulio.»

Falleció en París el 19 de julio de 1897. El Instituto de Enseñanza Secundaria de Alayor lleva hoy el nombre de Josep Miquel Guàrdia, y desde 1997, centenario del fallecimiento de Guardia, conmemorado como Any Josep M. Guàrdia por el Ayuntamiento de Alaior y el Institut Menorqui d'Estudis, convoca su municipio natal el Premio Josep Miguel Guardia Ciutat d'Alaior, en sus dos modalidades de investigación pedagógica y creación literaria para un público juvenil. El IME publicó en 1998 el libro Josep Miquel Guàrdia, L'illa de Menorca i altres articles, en edición de Josefina Salord Ripoll, que recopila trabajos publicado por Guardia en la revista L'Avenç entre 1890 y 1892, y que junto con las jornadas Josep Miguel Guàrdia i la cultura europea del segle XIX, celebradas los días 2 y 3 de enero de 1998, constituyeron las actuaciones principales de las conmemoraciones españolas del centenario del fallecimiento del doctor Guardia (que en Francia, como es natural, ni se acordaron ni se acuerdan mayormente de él).

«Se nos va haciendo justicia. El señor Guardia, ilustrado médico de la facultad de París, acaba de rendir un homenaje a la ciencia y a la literatura española, dundo a luz un precioso Ensayo sobre las obras de Juan Huarte, célebre médico navarro, y una traducción del Estudio médico-psicológico sobre la historia de don Quijote, del doctor Morejón. El doctor Guardia termina la primera de estas obras en que ha derramado tesoros de ciencias y erudición, con un elogio de Cervantes, digno de figurar en las ediciones del Quijote al lado de los comentarios de Clemencin y Navarrete.» (La España, Madrid, domingo 29 de agosto de 1858, pág. 1.)

«...el Sr. Guardia en la Revue Germanique (1864), ha demostrado la libertad con que discurrían los teólogos españoles del siglo XVI...» «...una historia de las doctrinas filosóficas de los protestantes españoles, del Sr. Guardia...» (Luis Vidart Schuch, La filosofía española, indicaciones bibliográficas, Madrid 1866, págs. 218 y 234.)

«Esto de fomentar la cria de tesis, tiene más importancia de la que aparece a primera vista, como seguiría diciendo si no cansara el estilo de Fabié, serviría también para hacernos con un plantel de filósofos muy bien criados que podríamos echar a un señor J. M. Guardia, espiritual boulevardier, que nos pone desde la Revue Philosophique como un trapo, a lo mejorcito de la casa, a D. Juan Valora y a Menéndez Pelayo. [...] Verdad, monsieur Guardia. Esto es una perdición; pero también ha sido desgracia la de usted. Suelta usted palo de ciego, para decir desde esa cumbre que se llama Revue Philosophique, que no tenemos ni para mandar cantar a un ciego, y da usted precisamente con Valera y Menéndez Pelayo. Dos pelagatos. [...] ¡Qué pequeñas parecen las cosas desde la torre Eiffel!... Yo no creo responsable a monsieur Guardia de su crítica altanera; debe de ser el clima. Ese París... tan dorado, tan espiritual, se sube a la cabeza... Luego, con toda esa mampostería rebullendo allí dentro, no se puede dar pié con bola. No hay filosofía que salve. Lo primero que suele sentirse, al encontrarse con París dentro, es una lástima inmensa por España. ¡Pobre España! Ni filósofos, ni literatos, ni padres de la patria ni de familia. [...] Y la culpa de todo, según monsieur Guardia, está en que no somos hombres de filosofía; aquí si que hay sus más y sus menos; filósofos, así como nos los desea el articulista de la Revue Philosophique, serios como la punta de un colchón; de esos, afortunadamente, no tenemos muchos; pero si le sirven los amenos, los útiles y dulces, puede ser que podamos darle gusto.» (Tomás Carretero, «Crónica literaria», Revista de España, Madrid, junio 1890, tomo CXXVIII, cuaderno tercero, págs. 435-437.)

«Un érudit qui, il y a plus de trente ans, s'était fait connaître par de bons travaux sur la littérature espagnole, M. José Miguel GUARDIA, est mort à Paris, le 19 juillet dernier, à la suite d'une longue maladie. Né aux Baléares, en 1830, mais ayant fait toutes ses études en France, M. Guardia avait des aptitudes très diverses et possédait un réel talent littéraire. Il était docteur en médecine et docteur ès lettres. Il fut successivement sous-bibliothécaire de l'Académie de médecine et professeur à Sainte-Barbe, puis à l'École Monge; dans ces deux derniers établissements, il enseignait le latin et le grec. Dans les premiers temps de sa carrière, il s'était partagé entre la littérature espagnole et l'histoire de la médecine. La Revue critique a inséré, de 1866 à 1868, quelques bons articles de lui. Plus tard, obligé par les circonstances de la vie à se consacrer à des occupations qui n'étaient pas toujours conformes à ses goûts, il publia divers ouvrages en vue des classes, notamment une grammaire latine, et, lorsque, dans ces dernières années, il essaya de revenir études de sa jeunesse, il n'était plus guère en état de satisfaire aux exigences de la science actuelle, comme le montre son édition du Songe de Bernart Metge (1889), dont il a été rendu compte ici-même (XIX, 141).» (Romania, tomo XXVI, París 1897, págs. 605-606.)

«Y tales afirmaciones de un español con apellido francés, hallaban refuerzo en las de un francés, aunque nacido en Menorca, con apellido español: el Sr. Guardia, cuyo desdén hacia la filosofía española, más mortificante por albergarse en persona tan culta y autor de excelentes monografías sobre pensadores españoles, se traducía en despectivos conceptos, en crueles sarcasmos, como si el tema no mereciese más seria y deferente atención.»
«En vano que Mr. Guardia, en otros puntos tan discreto, alegue que esa grandiosa explosión no merece llamarse española por haber brotado en las razas perseguidas en España. Perseguidas o no, víctimas de la intolerancia castellana y septentrional, fieles a una u otra confesión; lo positivo, lo incontrovertible, es que no eran menos, sino más, mucho más españoles que los visigodos perseguidores, porque en el Mediodía se fundieron los restos de los primeros pobladores, los hispano-romanos y los orientales, mientras los reinos semibárbaros de la llamada reconquista se titularon y fueron la continuación de los visigodos, jamás enteramente mezclados ni menos confundidos con la población española.» (Mario Méndez Bejarano, Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX, Madrid 1927, págs. VI y 82.)

«La figure la plus typique de ce groupe est, sans doute, le Minorquin José Miguel Guardia (1830-1897), médecin formé à Montpellier, docteur ès-lettres (avec une thèse sur Huarte), qui professa la philosophie à Paris, collaborateur de divers journaux et de la Revue Philosophique, devenu finalement bibliothécaire de l'Académie de Médecine. Positiviste intégral, il tendit de plus en plus, sous l'influence de Cabanis et de Broussais, vers le monisme physiologique et même vers le matérialisme –mais un matérialisme très différent de celui de La Mettrie et d'Helvétius. Partisan inconditionnel de Locke, mais beaucoup moins de Condillac (dont il adopte pourtant l'essentiel), enthousiaste de la philosophie des Lumières, il se réclame du naturalisme et, à l'instar de Littré, il repousse catégoriquement la deuxième philosophie de Comte (la Synthèse subjective) comme étant un retour à l'esprit théologique. (cf. ses oeuvres en français: La médecine à travers les siècles, L'état enseignant et l'École libre –qui renferme la suggestive «Conversation entre un médecin et un philosophe »; De l'origine et des progrès de la médecine à travers la philosophie chez les Grecs, &c...). Sa polémique contre Menéndez y Pelayo fit beaucoup de bruit.» Alain Guy, Histoire de la philosophie espagnole, Université de Toulouse-le Mirail, Toulouse 1983, pág. 209.
«La figura más típica de este grupo es sin duda el menorquín José Miguel Guardia (1830-1897), médico formado en Montpellier, doctor en letras (con una tesis sobre Huarte), que fue profesor de filosofía en París, colaborador de diversos periódicos y de la Revue Philosophique, y posteriormente bibliotecario de la Académie de Médecine. Positivista integral, tendió cada vez más, bajo la influencia de Cabanis y de Broussais, hacia el monismo fisiológico e incluso hacia el materialismo –aunque un materialismo muy diferente al de La Mettrie y Helvetius. Partidario incondicional de Locke, aunque mucho menos de Condillac (de quien sin embargo adopta lo esencial), y entusiasta de la filosofía de la Ilustración, se adhiere al naturalismo y, a semejanza de Littré, rechaza categóricamente la segunda filosofía de Comte (la síntesis subjetiva) por considerarla una vuelta al espíritu teológico (cfr. sus obras en francés: La médecine á travers les siécles, L'État enseignant et l'École libre –que encierra la sugestiva «Conversation entre un médecin et un philosophe»–; De 1'origine et des progrés de la médecine á travers la philosophie chez les grecs, &c.). Su polémica contra Menéndez Pelayo levantó un gran revuelo.» Alain Guy, Historia de la filosofía española, Anthropos, Barcelona 1985, pág. 260.

«José Miguel Guardia (n. en Alaior, Baleares, 1830; m. en París, 1897), historia de la ciencia, medicina. Tras estudiar matemáticas y filosofía en Ciutadella, su padre, sin duda deslumbrado por el ejemplo de Mateo José Buenaventura Orfila, tomó la decisión de mandarlo a estudiar al famoso Colegio Real de Montpellier. Contaba entonces el joven Guardia sólo catorce años. Entre 1844 y 1849 cursó la carrera de letras, obteniendo primero el grado de bachiller y después el de licenciado. Su vocación por la medicina impulsó a Guardia a cursar también esta carrera en la misma üniyersidád de Montpellier, consiguiendo el grado de doctor en 1853, mediante la redacción de una tesis titulada Quelques questions de philosophie médicale. Al año siguiente se trasladó a París, en cuya universidad se graduó de doctor en letras. A partir de entonces fijó su residencia definitivamente en París, donde contrajo matrimonio, adoptando, en 1864, la nacionalidad francesa.
Guardia no fue nunca profesor oficial, ni ejerció la medicina; realizó en cambio una constante labor docente como profesor privado, dentro de lo que él denominaba la «escuela libre». Desde 1864 fue profesor de humanidades en el Colegio de Santa Bárbara. Más tarde sería nombrado director de la Escuela Monge y también profesor de filosofía en el Colegio Chaptal. A partir de 1861 fue subbibliotecario de la Academia de Medicina de París, ascendiendo a bibliotecario en 1865, cargo que tuvo que dejar al poco tiempo, a causa de la acritud de su carácter y fiereza de sus juicios.
A pesar de que casi toda su vida transcurrió en Francia, no olvidó nunca su tierra y no sólo realizó varios viajes a Menorca, sino que participó activamente en el movimiento de la Renaixença, realizando algunos trabajos sobre gramática y dialectología catalana, publicando en L'Avenç, y traduciendo y difundiendo a clásicos catalanes como Bernat Metge y Ramon Llull.
Los años que Guardia pasó en Montpellier le influyeron decisivamente en su posterior evolución; allí aprendió con profundidad latín y griego, a la vez que el neohipocratismo reinante en Montpellier le impulsó a leer asiduamente a los clásicos. Desde entonces, consideró a la cultura clásica como la base, el modelo y la meta de toda formación intelectual.
No vamos siquiera a mencionar los trabajos que Guardia dedicó a la teoría de la pedagogía y a la filosofía; anotaremos únicamente que son éstos dos aspectos de su actividad muy desconocidos y que requieren un serio estudio. Guardia ha sido conocido fundamentalmente por su labor como historiador y filósofo de la medicina. Como historiador su primera obra fue su tesis doctoral, De medicine ortu apud Graecos progressuque per philosophiam, estudiando en ella la influencia de los filósofos griegos, especialmente Demócrito de Abdera, Anaxágoras y Epicuro, en la evolución de la medicina. Más tarde escribió dos historias generales de la medicina. Intentó en ellas superar el nivel del manual de Pierre Victor Renouard y de los ensayos de Jean Eugène Dezeimeris, aprovechando los materiales que le brindaban, entre otros, los trabajos de Charles Darembreg, Kurt Sprengel, Henrich Haeser y su maestro y amigo Emile Littré.
No tuvo, sin embargo, la intención de hacer una obra cargada de datos y farragosa de lectura, sino que, tomando como guía el esquema comtiano de la evolución de las ciencias, intentó explicar de forma «didáctica» las líneas maestras de la evolución del pensamiento médico.
Aparte de estas obras de síntesis, Guardia realizó algunos trabajos de investigación sobre temas histórico-médicos monográficos. Importantes son en este aspecto los estudios que dedicó a Juan Huarte de San Juan, a Gómez Pereira y a la que erróneamente creyó autora de
la Nueva Naturaleza del hombre, doña Oliva Sabuco de Nantes. Esta dedicación a temas españoles le llevó a entrar en la polémica de la ciencia española y a defender tesis opuestas a Marcelino Menéndez Pelayo.
Sin embargo, la meta final de Guardia era lo que llamaba ciencia del hombre o filosofía de las funciones vitales. Como buen positivista pensaba que a estas cuestiones centrales hasta entonces sólo se había respondido desde la metafísica, pero que las ciencias que finalmente darían una respuesta fiable serían la medicina, en general, y la historia de la medicina, en particular. La postura de Guardia en este campo fue de abierta oposición a los dualistas y desde fuertes principios positivistas y monistas llegó a hacer suya la tesis galénica de que «las costumbres y el carácter siguen el temperamento». A pesar de todo esto, Guardia siempre eludió para sí el calificativo de materialista. Problema íntimamente ligado con el anterior era la relación entre la fisiología y la psicología. Guardia subordinó ésta a aquélla y, a la manera de John Locke y Etienne Bonnet de Condillac, consideró que «el poder de abstraer, que constituye el pensamiento, no es en el fondo más que el poder de analizar, de discernir, de asociar percepciones».
No debemos acabar sin hacer referencia a su importante labor como traductor. Aparte de las ya citadas de Ramón Llull y de Bernat Metge, tradujo también al francés obras de Miguel de Cervantes, Antonio Pérez y Antonio Hernández Morejón.» Francesc Bujosa Homar, en Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Península, Barcelona 1983, vol. I, págs. 427-429.

«José Miguel Guardia. Nació en Alayor (Menorca) el 23 de enero de 1830. Cursó los estudios primarios con extraordinario aprovechamiento en su ciudad natal, por lo que su padre, prestigioso médico y hombre de cultura que admiraba grandemente la fama alcanzada en Francia por el también médico mallorquín Mateo Orfila, decidió que su hijo siguiera los pasos de aquél, a cuyo efecto lo envió cuando apenas contaba catorce años al Colegio Real de Montpellier, donde de 1844 a 1848 siguió la carrera de letras hasta obtener el grado de bachiller, y en 1849 la licenciatura. Cursó después, siguiendo su vocación, los estudios de medicina, también en Montpellier, que culminó con el doctorado en 1853 con una tesis titulada Quelques questions de philosophie médicale, que constituye el punto de partida de la que habría de ser la línea central de sus principales inquietudes intelectuales; y habiendo pasado a París, obtenía dos años más tarde en la Sorbona el doctorado en letras con dos tesis según el uso de aquella Universidad una en latín, De medicinae ortu apud graecos progressuque per philosophiam y otra en francés, Essai sur l'ouvrage de J. Huarte; Examen des aptitudes pour les sciences, que prefiguraron, asimismo, las otras dos grandes vertientes de su interés científico.
Guardia, que había sido ganado entretanto por la vida y cultura francesas, fijó definitivamente su residencia en París, y contrajo poco después matrimonio en aquel país, cuya nacionalidad adquirió en 1864, entregándose a una febril actividad científica y literaria, que ejerció al margen de cualquier escalafón oficial en el ámbito de lo que él llamaba la escuela libre, primero como profesor de humanidades en el colegio de Santa Bárbara y, más tarde, como director de la prestigiosa Escuela Monge; dio clases de filosofía en el Colegio Chaptal y en 1861 era nombrado vicebibliotecario de la Academia de Medicina de París, y cuatro años más tarde ascendía a bibliotecario, cargo al que hubo de renunciar poco después a causa de su carácter violento y destemplado, lo que no le impidió mantener relaciones con numerosos investigadores como su antiguo maestro Emile Littré o los críticos Barbey d'Aurevilly y Sainte Beuve. Fue, asimismo, asiduo colaborador de varias importantes revistas –Revue de Deux Mondes, Revue des Sciences, Journal des Debots, entre otras–, y durante sus primeros años en París fue corrector de pruebas de la patrología greca de Migne. También mantuvo a lo largo de su vida cordiales relaciones con numerosos eruditos catalanes, participando en el movimiento de la Renaixença, y aún realizó algunos viajes a su tierra natal, en la que recibió el homenaje a que su prestigio lo hizo acreedor. Falleció en París el 22 de julio de 1897, a cuyo Museo de Antropología un grupo de discípulos y admiradores entregaron su cerebro. Como queda ya apuntado, en la copiosa obra crítica de Guardia cabe distinguir tres ámbitos fundamentales, a saber, su interés por la cultura clásica, sustentado por un sólido conocimiento de las lenguas y literatura griega y latina, adquirido en Montpellier; sus extensos estudios sobre la interrelación de filosofía y medicina en una dimensión predominantemente histórica; y una indudable añoranza de la cultura científico-literaria española principalmente de su Siglo de Oro, cuyos valores reivindicó en diversos escritos, si bien en un sentido divergente del sostenido por Menéndez Pelayo, lo que dio lugar a una abierta controversia con aquél. Dentro de este ámbito hay que recordar, asimismo, las muchas páginas que dedicó a resaltar diversos aspectos del patrimonio cultural catalán, como las consagradas a Bernat Metge, del que fue su principal descubridor, o a Raimundo Lulio. Empero, tales ámbitos de su actividad no aparecen simplemente yuxtapuestos, sino que se hallan sólida y profundamente entramados entre sí como vertientes de una intención central y última, la construcción de una ciencia del hombre, en cuya consecución influyeron decisivamente sus convicciones positivistas, extraídas de sus asiduas lecturas de Comte, al que rechazó varias veces a lo largo de su vida, pero al que permaneció inquebrantablemente fiel en su corazón. Dicha ciencia, que había sido hasta entonces patrimonio de los estudios metafísicos, debía fundamentarse, según nuestro autor, sobre bases rigurosamente científicas y ser abordada principalmente desde las disciplinas médicas apoyadas, a su vez, en la tradición clásica hipocrática, muy en boga en los ambientes universitarios de Montpellier durante el paso de Guardia por aquellas aulas; de aquí que la historia de la filosofía como vía de acceso hacia la interioridad del hombre y la historia de la medicina aparecieran a los ojos de nuestro autor en estrecha interdependencia. En este punto es indudable el influjo de Cabanis, del que, sin embargo, le separa su aversión a aceptar abiertamente el monismo materialista de aquél.» (1988 HDFE 3:640-643.)

 
19 menciones a José Miguel Guardia
en el Epistolario de Marcelino Menéndez Pelayo:

«Entre los heterodoxos españoles contemporáneos debe ser contado el Sr. Guardia, que ha escrito y no sé si sigue escribiendo en francés, colaborador de la Revista gemánica, órgano de los protestantes liberales o arrianos de Francia, tales como Alberto Revilla. Creo que ha dado a luz algunos libros.» Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Otero de Rey, el 31 de agosto de 1877 (MPEP 2:230).

«Ese Sr. Guardia (médico español establecido, muchos años hace, en Francia) ha publicado en la Revista Germánica y en otras partes estudios sobre protestantes españoles del siglo XVI con presencia de la colección de Usóz. No los he visto, pero será fácil haberlos a las manos por medio de Morel-Fatio que es amigo suyo. Sé que D. Pedro Pidal tuvo intención de refutarlos, y aun he visto entre sus papeles algunas notas sobre el particular.» Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, desde Santander, el 6 de septiembre de 1877 (MPEP 2:232).

«Mucho me ha sorprendido saber que el Dr. Guardia fuese aficionado a la filosofía española, y que hubiese hablado de Huarte y de Dña. Oliva.» Antonio Rubió y Lluch a Marcelino Menéndez Pelayo, desde San Boy del Llobregat, el 22 de julio de 1887 (MPEP 8:459).

«Leí además sendos fragmentos de Eximenis y todo el Somni de Bernat Metge, diálogo delicioso, que recuerda los de Cicerón y de Platón. Un estudio del Renacimiento en que se hablaba ligeramente de aquel grande renaciente! Qué disparate! Me asusté ante tal idea y máxime estando Guardia tan próximo a publicar su monografía acerca de dicho autor y su inmortal Somni.» Antonio Rubió y Lluch a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Barcelona, el 19 de mayo de 1889 (MPEP 10:42).

«[Tal vez refute en El Imparcial un juicio de J. M. Guardia sobre Menéndez Pelayo, que ha leído en la Revue Philosophique.]» Carta con membrete de Librería Fernando Fé (¿E. Arbelda?) a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Madrid, el 30 de junio de 1890 (MPEP 10:483).

«¡Bueno y bien merecido es el vapuleo que aplica Vd. al Dr. Guardia! La traducción del Sueño no está mal, pero ¡qué prólogo tan impertinente y tan inutil para el conocimiento del autor y de la obra! He visto un atajo de desvergüenzas e improperios que dicho Dr. Guardia me dedica en la Revista Filosófica de Ribot, y pienso darle su merecido en cuanto publique el libro que anuncia sobre filósofos españoles. Yo no le conozco, ni le he ofendido nunca en lo más mínimo, y es una salvajada y una bestialidad el tratar así las cuestiones científicas. Pero cualquier cosa se puede esperar del que reniega de su patria, sea ella la que fuere. En todo lo que ha dicho de Gómez Pereira no ha hecho más que plagiarme, estropeando lo que yo dije, y ahora para agradecer la deuda se desata en injurias. No es mal procedimiento, pero ya le pararemos los pies al tal farmacéutico menorquín.» Marcelino Menéndez Pelayo a Alfred Morel-Fatio, desde Santander, el 22 de agosto de 1890 (MPEP 10:543).

«Esperaba encontrar en el discurso [leído por MMP en la Academia de Ciencias Morales] un ressentiment de Guardia; pero parece que la caridad cristiana de Vd. no ha permitido más que algunas discretas alusiones.» Alfred Morel-Fatio a Marcelino Menéndez Pelayo, desde París, el 28 de mayo de 1891 (MPEP 11:216).

«He hecho ahora en el prólogo 'A quién leyere' la declaración que V. verá sobre el sentido en que hablo de nuestra filosofía del siglo XVI, porque al publicarse la primera edición hubo periódico bastante leído que me atribuyó la idea de considerarla como puramente nacional, a modo de desenvolvimiento lógico de un mismo sistema. Claro es que existiendo entonces en nuestras aulas la variedad de tendencias y criterios que el Renacimiento ocasionó en todas partes, especialmente en Italia, no se puede llegar a esa conclusión, por más que en las mismas doctrinas y aspiraciones comunes nuestros pensadores diesen a sus ideas cierto carácter propio que podría llamarse nacional. Creo que para evitar estas y otras interpretaciones exageradas de nuestro pensamiento, convendría dar idea concreta de lo que entendemos por filosofía española. V. lo ha indicado repetidas veces; pero no estaría de más que se dilucidara de nuevo este punto más directamente y en forma que lo dicho pudiera servir de programa concreto de nuestras ideas acerca de ello. Así se quitaría todo pretexto a embestidas tan incalificables como las de Guardia.» Fr. Marcelino Gutiérrez a Marcelino Menéndez Pelayo, desde El Escorial, el 31 de agosto de 1891 (MPEP 11:300).

«En nuestra Revue Philosophique sólo encuentro algunos informes sucintos, firmados por Bernard Pérez y M. J. Guardia, de libros de José Verona, Ramón de Luanco, Agera, Arés y Sanz, Perojo, Giner, Calderón y Soler, Roselló, González Serrano, Valentín y Vivo, &c. —Como no tengo aquí a mano la colección completa de esta Revista, me pregunto incluso qué es lo que valen estos breves artículos; me pregunto también si hay que ocuparse de Marigne, Mano Pirmez, Posada, &c. Estos nombres me parecen españoles pero, a falta de otra información, no sé nada de las obras con que tengan relación. —¿Sabe Vd. que el doctor Guardia ha atacado a Vd. muy estúpidamente (diría más, de un modo canallesco) aquí y allá, en la misma Revue Philosophique? ¡Paciencia! Replicaremos a este flamante materialista, lleno de hiel, que, con nombre español, se pasa el tiempo hablando mal de España sin sombra siquiera de un patriotismo al menos retroactivo. Pues si se ha hecho uno de los nuestros, ciertamente sale de entre Vds.! Guardia no cesa de gruñir y de reprochar a vuestros maestros sus declamaciones. Pero él mismo dedica páginas enteras a perorar contra la Inquisición, el obscurantismo y otras rapsodias de allá por 1815. —Ignorando, mi ilustre y distinguido maestro, la dirección exacta del Sr. Vidart, me permito, después de pensarlo, enviar a Vd. la carta que le dirijo a él. Perdone mi extremada indiscreción; dice Vd. bien que yo soy, bajo sus órdenes, el más ardoroso de los combatientes; y crea, se lo ruego, en mi afecto más respetuoso, y más humildemente sumiso. [...] Los artículos de Guardia se reducen a esto: ha habido en España algunos contados pensadores (en el fondo anticatólicos y solamente filósofos por eso): Gómez Pereira, judío (?), Oliva Sabuco, mujer de quien, en cambio, S. E. de Sevilla hace bastante poco caso, según parece, J. Huarte, y eso es todo. Todos los cristianos son buenos para echarlos a los perros. Ya llevan tres siglos degradando la inteligencia de vuestra noble raza. En cuanto a las restauraciones contemporáneas, proceden o de ingenuos o de vendidos. ¿Cómo encuentra Vd., querido e ilustre maestro, esta sucinta muestra? ¡Y decir que de estas pretenciosas necedades vivimos intelectualmente en Francia en lo que se refiere a Vds.! ¡Oh, triunfo de la prensa israelita tan valerosamente puesta de manifiesto por nuestro Drumont y sus discípulos! De nuevo humilde y afectuosamente suyo.» Pierre Henry Cazac, Subdirector del Liceo, a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Tulle, el 23 de octubre de 1891 (MPEP 11:353, de donde tomamos la traducción, pues la carta original va en francés).

«No he contestado a Vd. hasta hoy por el deseo que tenia de enviarle un ejemplar de mi discurso sobre la filosofía platónica en España. Este discurso que se imprimió hace tres años, está completamente agotado, y hasta ahora han sido inútiles las diligencias que he practicado para encontrarle, pero tengo esperanza de poder ofrecérsele a Vd. dentro de pocos días. Tiene proximamente la misma extensión y el mismo carácter que el discurso sobre los orígenes del criticismo, por Vd. tan benignamente juzgado, y creo que puede completar la primera serie de los Ensayos de Filosofía Española, con cuya traducción quiere Vd. honrarme, obligándome con ello a perpetuo agradecimiento. Me parece muy bien elegida la casa de Alcán para tal publicación. Los libros de esta casa corren por todo el mundo y conviene que en esa biblioteca aparezca algo de filosofía española antes que Guardia o algún otro detractor de España se nos adelante.» Marcelino Menéndez Pelayo a Pierre Henry Cazac, desde Madrid, el 16 de noviembre de 1891 (MPEP 11:385).

«[Se extiende en consideraciones de gratitud y de deseo de conocer y dar a conocer en Francia la Filosofía española, tal como la concibe Menéndez Pelayo. Repite el título de la serie: Biblioteca de Filosofía española contemporánea. Sigue, pues, esperando los estudios que le faltan: «El platonismo en España», «San Isidoro» y «Raimundo Lulio». Guardia ha publicado, en la Revue Philosophique, «Filósofos españoles de Cuba, F. Varela. J. de la Luz» con la misma inquina de siempre, aunque a Menéndez Pelayo no le nombra, pero se adivina. Hay que contrarrestar estos ataques presentando la verdadera filosofía española.]» Pierre Henry Cazac a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Tulle, el 2 de febrero de 1892 (MPEP 11:498, que ofrece sólo un resumen).

«Por el correo de ayer habrá Vd. recibido el único ejemplar que he podido lograr de mi discurso inaugural sobre la filosofía platónica en España. Es el mismo que antes he mandado a la imprenta para la reimpresión que estoy haciendo de varios ensayos míos de crítica filosófica. En ésta reimpresión he añadido, al revisar las últimas pruebas, algunas notas que comunicaré á Vd. oportunamente: una de ellas se refiere al Dr. Guardia. Mucho tengo que agradecer a Vd. sus gestiones para que el editor Retaux publique al fin mi libro. Prefiero que salga en ésta forma, porque para la Revue Philosophique quisiera mandar algun trabajo inédito que Vd. traduciría. Esta revista me agrada y me parece seria, a pesar de la debilidad que ha tenido aceptando las diatribas de Guardia contra hombres y cosas que en Francia no se conocen.» Marcelino Menéndez Pelayo a Pierre Henry Cazac, desde Madrid, el 16 de mayo de 1892 (MPEP 11:616).

«[Para una Enciclopedia, no cristiana, pero en la que participan autores cristianos, y que va por la letra D, le sugiere que escriba la rúbrica «Española (Filosofía)» que él traduciría para evitar que lo haga «cualquier Guardia de baja estopa» (individuo que era de Baleares, según se ha enterado).]» Pierre Henry Cazac a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Tulle, el 18 de mayo de 1892 (MPEP 11:617, que ofrece sólo un resumen).

«Todo lo que pido me parece indispensable para el éxito total del libro. Después de las necedades de ese miserable Guardia, hay que celebrar en Vd., a la vez que un talento, una erudición de primer orden.» Pierre Henry Cazac a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Niort, el 9 de noviembre de 1892 (MPEP 12:107, de donde tomamos la traducción, pues la carta original va en francés).

«Le ruego no olvide, querido maestro, todas mis preguntas anteriores. Cuando nosotros aparezcamos, creo que, a pesar de todos los Guardia de Francia y de Navarra, daremos un golpe. Vea lo que le propongo: en cuanto Vd. haya satisfecho todas mis peticiones, prepararé algunas páginas de artículo-anuncio para la Revista Filosófica, donde se hablará de su libro en los términos que merece. La boca de los detractores quedará cerrada por anticipado en nuestra principal publicación especial. He recibido de uno de mis amigos, que le vio a Vd. el otro día en la estación de Valladolid (y parece ser que Vd. tenía ganas de soledad y de reposo, querido maestro), un ejemplar de la Historia de los Heterodoxos. Según me dijo, tenía Vd. un pequeño gorro de viaje, y había pedido al jefe de estación que se colgase el letrero «reservado» en su compartimento. ¡Vea lo que vale la policía francesa!» Pierre Henry Cazac a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Niort, el 13 de diciembre de 1892 (MPEP 12:147, de donde tomamos la traducción, pues la carta original va en francés).

«Quiero que en la nota del discurso sobre el platonismo relativa a Guardia, modifique Vd. aquello de que «ha tenido el mal gusto de hacerse francés», poniendo en su lugar «ha tenido el mal gusto de cambiar de nacionalidad o de patria», que es lo que verdaderamente he querido decir. Yo no tengo ningun género de animadversión contra el gran pueblo francés, sinó respeto y estimación. He aprendido mucho en libros franceses, y miro á los franceses (y á los italianos tambien) como hermanos de raza y encargados de una misión común en el mundo de las ideas. Si Vd. ha leido el volumen de las Ideas Estéticas relativo al romanticismo en Francia, se habrá convencido de que el autor de aquéllas páginas no puede ser ni enemigo ni detractor de los franceses. Las expresiones demasiado vivas que en algunos escritos míos, especialmente de los más antiguos, pueden hallarse sobre éste punto, han sido provocadas ó por el desden injusto con que suele hablar de nuestras cosas el vulgo de los escritores franceses, ó por el recuerdo de ciertos hechos históricos como la guerra de la Independencia, que fué la iniquidad de un hombre más bien que iniquidad de un pueblo. Pero á éstas vehemencias de estilo no debe dárselas más valor que el que nace de la ocasión ó lugar en que se emplean.» Marcelino Menéndez Pelayo a Pierre Henry Cazac, desde Madrid, el 27 de febrero de 1893 (MPEP 12:231).

«[En este sentido pensaba traducir la nota Guardia. Termina reiterándole su amor, &c.]» Pierre Henry Cazac a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Niort, el 2 de marzo de 1893 (MPEP 12:232, que ofrece sólo un resumen).

«[Desea estudiar a fondo el latín; ruega le indique dónde se vende el texto del Dr. Guardia, de quien él dice, en el prólogo de la Gramática griega de Curtius, que es uno de los mejores autores; o algún otro texto que sirva.]» Antonio Lillo a Marcelino Menéndez Pelayo, desde Pueblo Nuevo del Mar, el 14 de diciembre de 1896 (MPEP 14:133, que ofrece sólo un resumen).

«Pág. 118. Nunca pretendí en mi Historia de las Ideas Estéticas hacer un estudio sobre Huarte, que no entraba en el plan de aquella obra. Le cité de paso, a propósito de sus opiniones sobre el genio literario. Si alguna vez emprendo el estudio de su libro, esté Vd. persuadido de que procuraré no merecer otra vez de Vd. la calificación de mediocre. Pág. 120. La influencia del Tratado de Galeno en Huarte, él mismo la confesó y en la tesis del Dr. Guardia está tenida muy en cuenta. Pág. 124. No creí descubrir nada cuando cité esa edición del Examen de Ingenios. Dije solamente que no la había visto citada ni en Morejón, ni en Chinchilla, ni en Fernández, y esa es una verdad como un templo. Bien es verdad que no me acordé entonces del Catálogo de Salvá, que, como Vd. supondrá, tengo olvidado de puro leído, pero no dije que la edición fuese desconocida: fíjese Vd., ¡valiente descubrimiento hubiera sido el de una edición más de un libro de que hay tantas! Diez tengo yo en estas horas, empezando por la de Huesca, de 1581.» Marcelino Menéndez Pelayo a Camille Pitollet, desde Santander, el 12 de octubre de 1909 (MPEP 20:454).

 
17 menciones a José Miguel Guardia
en las Obras completas de Marcelino Menéndez Pelayo:

«...el neo-cartesiano Sr. Martín Mateos, que en 1857 apoyaba en la Revista de Instrucción pública los proyectos de V., amigo mío, y posteriormente ha dado a la estampa estudios acerca de nuestros místicos; el empírico Sr. Weyler y Laviña, expositor y crítico de las doctrinas de Raimundo Lulio; el portugués López Praza, historiador de la filosofía de su país; el Dr. Guardia, que, aunque español de nacimiento, ha escrito en lengua francesa un notable libro sobre Huarte, y el erudito mallorquín Roselló, bibliógrafo infatigable del lulismo, sin otros que al presente no recuerdo.» (La ciencia española, «Mr. Masson Redivivo», MPEN, vol. I, pág. 112.)

«Ensayo sobre la obra de Huarte, por J. M. Guardia (París, 1855).» (La ciencia española, «Monografías expositivo-críticas », MPEN, vol. I, pág. 135.)

«Acerca de Raimundo Lulio ha escrito también su paisano el doctor Guardia en la Revue de l'Instruction Publique y en la Revue Germanique (1862), y quizá en otras partes.» (La ciencia española, «Monografías expositivo-críticas», MPEN, vol. I, pág. 133, nota 1.)

«El Dr. Guardia acaba de publicar dos notables artículos sobre Doña Oliva, en la Revue Philosophique de Ribot (julio y septiembre de 1886). (Nota de la tercera edición.)» (La ciencia española, «Monografías expositivo-críticas», MPEN, vol. I, pág. 135, nota 1.)

«La España Protestante, artículos del Sr. Guardia en la Revista Germánica, en la Nacional y en la de Ambos Mundos.» (La ciencia española, «Monografías expositivo-críticas», MPEN, vol. I, pág. 142.)

«Si a los libros y memorias citados añadimos cuatro artículos sobre la España protestante, escritos en lengua francesa por el señor Guardia en las Revistas de ambos Mundos y Germánica, con ocasión de las publicaciones de M'Crie, Castro y Usoz, habremos mencionado casi todo lo que en estos últimos años se ha impreso acerca de la Reforma en España. Están reunidos en buena parte los materiales, y se puede ya escribir la historia. ¡Ojalá que el primero a quien ocurrió esta idea hubiese llegado a realizarla! Otra historia leeríamos llena de saber y de claridad, y no esta seca y desmedrada crónica mía. D. Pedro José Pidal, a quien corresponde el mérito de haber iniciado entre nosotros este género de estudios, publicando en 1848 (cuando sólo M'Crie había escrito) su artículo De Juan de Valdés, y si es autor del Diálogo de las lenguas, tenía en proyecto una Historia de la reforma en España, y aún dejó entre sus papeles tres o cuatro notas a este propósito. Distrajéronle otras tareas, y la obra no pasó adelante.» (Historia de los heterodoxos españoles, MPHH, Discurso preliminar de la primera edición, vol 1, pág. 50.)

«No he acertado a distinguir en la Biblia catalana completa de París el sabor extraño y albigense que advirtió en ella D. José María Guardia.» (Historia de los heterodoxos españoles, MPHH, vol II, pág. 228.)

«Estas doctrinas, ciertamente nada nuevas, sino frecuentísimas en los moralistas cristianos, hicieron decir a D. Adolfo de Castro que «las obras de Valdés estaban escritas con un amor a la libertad digno del más alto encarecimiento»; y exagerando esto un Mr. La Rigaudière, autor de cierta Histoire des persecutions religieuses en Espagne, y D. J. M. Guardia, heterodoxo balear de nuestros días, que escribe en lengua francesa (Vid. Revue Germanique, octubre y diciembre de 1861), llegaron a decir que «Valdés estaba inspirado por las más puras doctrinas de la democracia; que algunas de sus páginas no desdecirían en el Contrato social de Rousseau», y, en suma, que Juan de Valdés había sido un liberal, un progresista, un demagogo y revolucionario: poco menos que maestro de los convencionales del 93. De poco se admiran esos señores franceses o afrancesados: basta abrir cualquier libro católico de los siglos XVI y XVII para encontrar proposiciones harto más graves y audaces que los inocentes consejos de Valdés. Si éste es demócrata y comunista, ¿qué serán Mariana, Fr. Juan de Santa María, Saavedra Fajardo, Quevedo y tantos más?» (Historia de los heterodoxos españoles, MPHH, vol. III, pág. 201.)

«Guardia ha ensalzado mucho las doctrinas políticas de esta epístola [Imagen del Antecristo, reimpresa por Usoz]» (Historia de los heterodoxos españoles, MPHH, vol. IV, pág. 203.)

«En París vive y escribe un médico balear, D. José María Guardia, doctísimo en nuestras cosas, y en filología, y en la historia de su ciencia, traductor de Cervantes, biógrafo de Huarte, y autor de una de las mejores Gramáticas latinas que hoy se conocen en aulas europeas, el cual pasa o pasaba por arriano o protestante liberal, de la escuela de Alberto Réville, y colaboró asiduamente en la Revue Germanique, órgano autorizadísimo de la secta. En sus escritos, más bien me parece librepensador que sectario.» (Historia de los heterodoxos españoles, MPHH, vol. VI, págs. 461-462.)

«Hay sobre Huarte un libro del Dr. Guardia, médico balear (de Alayor), que escribe en lengua francesa, distinguiéndose como docto filólogo en su Gramática latina: —Essai sur l'ouvrage de J. Huarte... Thèse pour le doctorat présentée à la Faculté des Lettres de Paris par J. M. Guardia, Docteur en médicine... Paris, Auguste Durand, 1855, 4.º, 328 pp.» (Historia de las ideas estéticas en España, MPEN, vol. II, pág. 141.)

«XXIII. Guardia, José Miguel. París, 1879. C. Iulii Caesaris Commentarii De Bello Gallico. Édition à l'usage des classes revue et annotée par J. M. Guardia, professeur a l'École Monge. Paris, G. Pedone-Lauriel, Éditeur... 1879-1880. 8.º, 598 páginas. La publicación se hizo en dos tomitos con paginación seguida, pero encartonados aparte y con distintas portadas. El primero contiene los cuatro primeros libros, el segundo los cuatro restantes (incluyendo el de Hircio). Es una edición escolar de las pocas apreciables. El texto generalmente seguido por Guardia fué el de Dübner, 1867. Para las explicaciones de todo género el editor consultó con fruto las sabias notas de Oudendorp y Schneider, y tuvo constantemente a la vista las juiciosas observaciones que recomiendan las ediciones clásicas de Dübner (1846), de Kraner-Dittenberger (Berlín, 1877), y de Reinhard (Stuttgart, 1878): «La ortografía adoptada (dice el editor en un Avant-Propos) es, con pocas excepciones, la que prevalece hoy donde quiera que el latín es enseñado conforme al método histórico y analítico. Las palabras de más de dos sílabas han sido acentuadas con el mayor cuidado, de modo que faciliten la pronunciación de la lengua latina conforme a la tradición de los gramáticos y a los resultados adquiridos por la crítica gramatical... En las notas no se indican más que de pasada las formas dignas de atención, pero en cambio se explican y analizan gran número de construcciones. La lengua de un autor requiere, para ser bien conocida, un estudio paciente, reiterado y minucioso, al paso que la adquisición del vocabulario es puramente negocio de memoria.» Las notas abundantes, nutridas y discretas, facilitan mucho la inteligencia del texto y honran la memoria del gramático balear. La edición no salió enteramente libre de erratas, y sobre todo de faltas de acentuación que se reconocen y enumeran en un postscriptum. Recomienda muy encarecidamente Guardia el diccionario especial de Otto Eichert (sexta edición, Hannover, 1877), y añade esta promesa: «Si el público acoge bien este ensayo de comentario, que tiene por objeto facilitar desde todos los puntos de vista la inteligencia del texto de César, tenemos intención de publicar un pequeño atlas especial, que contendrá planos de batallas, imágenes de todos los objetos relativos a la guerra, a los campamentos, a la construcción de puentes, &c., dos o tres retratos y algunas inscripciones. Sería un comentario para los ojos.» No sabemos que este atlas llegara a publicarse.» (Bibliografía hispano-latina clásica, MPEN, vol. II, págs. 117-118.)

«Una de las mejores gramáticas latinas conforme al método analítico e histórico es, sin duda, la que lleva el nombre del doctor Guardia; pero Guardia (aunque español por nacimiento, por sangre y por amor a su primera patria) es ciudadano francés, y en la lengua de Francia ha escrito su libro, hoy de fama y autoridad europeas.» («Prólogo» a la traducción española de la Gramática Griega Elemental, de Jorge Curtius, Ricardo Fe, Madrid 1886, en MPEN, Bibliografía hispano-latina clásica, vol. X, págs. 162-163.)

«[El Somni de Bernat Metge] Existe en un códice de la Biblioteca Universitaria de Barcelona, y de él proceden las copias y extractos que poseemos algunos curiosos. Anúnciase para breve plazo en París una edición crítica de este precioso monumento, dirigida por el eminente filólogo español Dr. D. José Miguel Guardia. [Esto escribí en 1889, y por muchas razones lo dejo subsistir ahora aunque confieso que me excedí no poco llamando eminente filólogo al Dr. Guardia, cuya Gramática Latina no pasa de ser una compilación, aunque bien hecha y muy útil. La edición del Sueño, de Bernat Metge, ha aparecido en 1890, y si bien bastante lejana de la perfección, puede consultarse con fruto, teniendo siempre en cuenta los graves reparos que ha expuesto Morel-Fatio en la Romania, entre las cuales es muy chistoso el que se refiere a la equivocación cometida por el Dr. Guardia confundiendo el ruibarbo con un río llamado Berber. Yo hubiera podido seguir el mal ejemplo del Dr. Guardia, que, arrebatado por sus furores de sectario y por el odio ciego que profesa a su antigua patria, y prevalido de la general ignorancia en que los franceses viven de las cosas y de los hombres de España, se ha desatado contra mí en las más feroces injurias, desde las columnas de una publicación habitualmente tan grave y reposada como la Revue Philosophique, de Ribot, que no hace bien en dar hospitalidad a semejantes desahogos de mala educación, incompatibles con toda filosofía, incluso el positivismo de farmacia, que parece ser la única metafísica del Dr. Guardia. Pero no está en mi ánimo rebajar la severidad de la ciencia con polémicas groseras, en que ambos contendientes quedan igualmente deshonrados. El culto de la verdad exige de nosotros demostraciones y no dicterios. Si algún día, en los hervores de la primera mocedad, traspasé algo los límites de la moderación en las controversias, hoy me pesa de ello, y no quiero contribuir ni en poco ni en mucho a la propagación de los perversos hábitos literarios que van haciendo incompatible el oficio de escritor con el de persona culta y bien criada. El Dr. Guardia, aunque haya tenido el mal gusto de hacerse francés, es hombre erudito y que vale, si no en filosofía, en otros estudios; y esto basta para que yo no le replique con denuestos. En cuanto a sus disparatadas opiniones o más bien declamaciones sobre la ciencia española, virtualmente, y por la sola exposición y depuración de los hechos, se encontrarán refutadas en este libro y en otros que han de seguirle, si Dios quiere.]» (Ensayos de crítica filosófica, «De las vicisitudes de la filosofía platónica en España», Discurso leído en la Universidad Central en la inauguración del curso 1889-1890, MPEN, pág. 54, nota 3.)

«Y es triste ciertamente que tan pocos nombres españoles podamos unir al extenso catálogo de investigadores extranjeros que nos han dado medio hecha la historia de nuestra ciencia antigua, de la única ciencia que poseemos. Y es sobre toda ponderación tristísimo el que para probar a los españoles que en España se ha pensado en otras edades, y para evitar que los preciados de científicos contesten a nuestras demostraciones históricas con chistes que debían de ser muy chistosos en tiempo del abate Marchena o del abogado Cañuelo, haya que decirles previamente que esas doctrinas españolas tan vetustas han pasado por la aduana de Berlín y aun por la de París, y, por consiguiente, se las puede recibir sin recelo. ¡Como que algunas de ellas han merecido la honra de ser expuestas en lengua francesa, que sin dejar de ser la lengua de muchos sabios, es para la mayor parte de los tontos españoles y ultramarinos la lengua sagrada, la lengua por excelencia! Todavía están chorreando tinta, y aun menos tinta que hiel, ciertos artículos de famosa revista parisiense, en que un escritor, ciertamente docto y digno de mejores empresas, pero a quien continuamente azuzan sus odios y flaquezas de tránsfuga, que por una parte le hacen aborrecer y maldecir hasta el nombre de España, y por otra parte le impiden pensar ni escribir de cosa ninguna que no sea española, como queriendo acallar un remordimiento siempre vivo, se desata furibundo, en apariencia, contra la filosofía ibérica, en realidad contra los que mal o bien hemos defendido su causa. Y este hipercrítico no repara en que él mismo ha escrito y continúa escribiendo de Gómez Pereyra, de Huarte y de Doña Oliva, encomios mayores que los que ningún español ha podido lanzar en el delirio de su entusiasmo. Los que pasábamos por más audaces nos limitábamos a afirmar y a probar que Gómez Pereyra era el precursor de Descartes y de la escuela escocesa. Pues bien; a los ojos del novísimo y singular detractor de nuestra filosofía, Gómez Pereyra vale él solo más que Descartes, Locke y la escuela escocesa, juntos y separados; es el verdadero padre de la antropología moderna. Del mismo modo Huarte no resulta sólo precursor de Lavater, sino de Cabanis y de Gall; y Doña Oliva hizo tales estudios y descubrimientos sobre el sistema nervioso y sobre las relaciones de lo moral y lo físico, que hay que estimar su libro como antecedente necesario de la doctrina de Bichat. Y después de confesar esto como el Dr. Guardia tan brillantemente lo confiesa, vengan injurias y vituperios, que no faltará pecho para tolerarlos o repelerlos, según parezca más conveniente; y de todos modos no caerán sobre el noble rostro de la España del siglo XVI, sino sobre algunos españoles de ahora, que por ningún concepto se creen inmunes de la universal decadencia, ni tampoco aspiran a ser casos raros entre su nación y gente. Lo único que puede y debe exigirse a cuantos en adelante traten estas materias, es que prescindan de aquel gastado recurso de la Inquisición y del fanatismo religioso y de la intolerancia, no menos que de contraponernos el ejemplo de la libertad filosófica que, según dicen, ha gozado Francia; pues de todo esto acaba de dar buena cuenta un escritor tan pío y timorato como Ernesto Renán, en un libro que el año pasado nos ofreció a modo de testamento filosófico. El libro se llama El Porvenir de la ciencia, y en él aprendemos, entre otras cosas...» (Ensayos de crítica filosófica, «De los orígenes del criticismo», MPEN, págs. 130-132.)

«La mayor prueba de la difusión de la sátira antifemenina de Boccaccio en la parte oriental de nuestra Península, nos la da un estupendo y curiosísimo plagio que nadie había notado antes que el señor Farinelli, con estar tan a la vista. Todo el razonamiento de Tiresias contra las mujeres, que llena casi por completo el libro tercero del Somni de Bernat Metge, está servilmente copiado del Corbaccio, como demuestra el crítico italiano publicando en dos columnas ambos textos. Después de tal confrontación se queda uno verdaderamente estupefacto al leer los desatinados elogios que de este trozo hizo con su habitual ligereza el difunto escritor balear don Juan Miguel Guardia, juzgándole digno nada menos que de Aristófanes, de Plauto o de Rabelais (Le Songe de Bernat Metge, auteur catalan du XV siecle, París 1889).» (Orígenes de la Novela, MPEN, vol 2, pág. 352.)

«Guardia, José Miguel. Nació en Alayor (isla de Menorca), el 23 de enero de 1830. Hizo allí sus primeros estudios y los terminó en el Colegio Real de Montpellier, donde fué alumno interno desde 1843 a 1848, y se graduó de bachiller en letras. Allí comenzó los estudios de Medicina, que continuó en París, hasta alcanzar el grado de doctor en 1853. Hizo simultáneamente la carrera de Letras, en cuya Facultad obtuvo también el doctorado en 1855. No ejerció nunca su profesión de médico, dedicándose más bien a la parte histórica y erudita de la ciencia. Fué humanista de mérito, como lo prueba su Gramática Latina, que es una compilación muy útil y bien hecha, y se dedicó con éxito a la enseñanza en varios colegios privados. A pesar de haberse naturalizado en Francia, nunca obtuvo más cargo público que uno modestísimo en la Biblioteca de la Facultad de Medicina, pero colaboró más o menos asiduamente en muchos periódicos y revistas, tales como la Correspondance Littéraire, Magasin de librairie, Revue de l' Instruction Publique, Revue des Deux Mondes, Revue Philosophique, de Ribot, &c. Escribió con frecuencia sobre cosas españolas, y hay estudios suyos muy útiles y curiosos, pero en otros, especialmente de los publicados en sus últimos años, cuando su carácter, naturalmente áspero, se había agriado más con los sinsabores de la vida, se dejó arrastrar de un antipático fanatismo sectario y de una ciega animadversión contra su antigua y verdadera patria. Murió en París. Las obras suyas que han llegado a nuestra noticia son: Quelques questions de philosophie médicale, Montpellier 1853. De Medicinae ortu apud Graecos progressuque per philosophiam. Dissertatio academica quam Facultati Literarum Parisiensi disceptandam proponebat J. M. Guardia, Medicinae Doctor, Parisiis, apud D. Durant, bibliopolam, 1855. Excudebat E. Duverger, 8.º Essai sur l' ouvrage de J. Huarte «Examen des aptitudes diverses pour les Sciences», París 1855, imprimerie de E. Duverger. Fué la tesis francesa de su doctorado. Libro muy apreciable, aunque de criterio materialista como todos los de su autor. De la Prostitution en Espagne, París, imprimerie de L. Martinet, 1857. Étude medico-psychologique sur l' histoire de Don Quichotte par le Dr. H. Morejón, traduite et annotée por le docteur J. M. Guardia, París, imprimerie de L. Martinet, sin año (¿1858?).» (Biblioteca de traductores españoles, MPEN, vol. II, págs. 201-202.)

Selección bibliográfica cronológica de José Miguel Guardia

Quelques questions de philosophie médicale (Cand. Joseph-Miguel Guardia), Montpellier, 3 agosto 1853; Tomo 3, nº 70, Th. Méd. Montpellier, Jean Martel 1853, 62 págs.

De Ortu medicinae apud Graecos progressuque per philosophiam. Dissertatio academica, quam Facultati literaru, parisiensi disceptandam proponebat J.-M. Guardia, Auguste Durand, París 1855, VI+135 págs.

Essai sur l'ouvrage de J. Huarte, 'Examen des aptitudes diverses pour les sciences (Examen de ingenios, para las ciencias)' Thèse pour le doctorat... par J.-M. Guardia, Auguste Durand, París 1855, VIII + 328 págs.

«De la Prostitution en Espagne» [separata del apéndice de la tercera edición del libro de Parent-Duchatelet], J.-B. Baillière et fils, París 1857, 44 págs.

Étude médico-psychologique sur l'histoire de don Quichotte, par le Dr. Morejón, traduit et annotée par le Dr. J. M. Guardia, J.-B. Baillière et fils, París 1858, 28 págs.

«El libro de los Cantares, por don Antonio de Trueba», publicado en la Revue de l'instruction publique, y traducido en El Mundo Pintoresco, ilustración española, Madrid, 30 de enero de 1859, nº 5, páginas 35-38.

«Vicissitudes et progrès de la médecine. Tendances nouvelles del l'art médical», Revue des deux mondes, vol. 24, segunda época, año XXIX, noviembre-diciembre 1859, págs. 370-402.

«La réforme et les réformateurs en Espagne», Revue des deux mondes, vol. 28, segunda época, año XXX, 15 de julio de 1860, págs. 463-494.

«La Bible catalane de Paris», Revue de l'Instruction Publique, 20, París 1860.

De l'Étude de la folie, J.-B. Baillière et fils, París 1861, 32 págs.

Los Grandes inventos científicos e industriales en los pueblos antiguos y modernos, por Luis Figuier. Obra traducida al español bajo la dirección del Dr. J. M. Guardia, L. Hachette, París 1861, IV + 435 págs.

Nuevos cuentos para el uso de los niños, por la Señora [Alexandrine-Sophie] de Bawr, traducidos al español bajo la dirección del Dr. J. M. Guardia, L. Hachette, París 1861, 269 págs.

Memorias de un asino, por la señora condesa de Ségur, traducidas al español bajo la dirección del Dr. J. M. Guardia, L. Hachette, París 1861, VIII + 367 págs.

«Littérature catalane. Le Docteur Illuminé», Revue germanique et française, 15 enero 1862.

[artículos sobre Lulio en Revue de l'Instruction Publique, enero y noviembre de 1862]

Les Républiques de l'Amérique Espagnole, L. Hachette, París 1862, 63 págs.

Le Voyage au Parnasse de Michel de Cervantès, traduit en français pour la première fois, avec une notice biographique... par J. M. Guardia, J. Gay, París 1864, CLXXVI + 261 págs.

«Une fête de l'Inquisition d'Espagne (1559)», Revue Germanique, tomo XXXII, págs. 152-177, 1865?

«La Ladrerie du porc dans l'antiquité», Annales d'hygiène publique et de médecine légale, 2ª serie, tomo 23, 1865, 42 págs. 2ª edición: Impr. de Renou et Maulde, París 1866, 46 págs.

La Médecine à travers les siècles, histoire, philosophie, J.-B. Baillière et fils, París 1865, LX + 804 págs.

«Le Portrait de Cervantès», Revue Moderne, tomo XXXVIII, págs. 300-314, 1866

(ed.) Antonio Pérez [1534?-1611], L'Art de gouverner, discours adressé à Philippe III (1598) publié pour la première fois en espagnol et en français, suivi d'une étude sur la consultation de Melchior Cano à Philippe II (1555), par J. M. Guardia, H. Plon, París 1867, LXXXVIII + 398 págs.

«La Colonie agricole de Mettray», separata de la Gazette médicale de Paris, Impr. de Ladevèze, Tours 1867, 13 págs.

[crítica de] «Les Mystiques espagnols... par Paul Rousselot, Paris 1867», Revue critique d'histoire et de littérature, París 1867, págs. 405-412.

«Un mois á Minorque» (1868)

[crítica de] «Filósofos españoles. Dª Oliva Sabuco de Nantes (...) por J. Sánchez Ruano, Salamanca 1867», Revue critique d'histoire et de littérature, París 1869, págs. 20-25.

Grammaire de la langue latine, d'après la méthode analytique et historique, par J.-M. Guardia et Justynian Wierzejski, A. Durand et Pedone-Lauriel, París 1876, LXXIX + 773 + 53 págs.

Grammaire élémentaire de la langue latine, d'après la méthode analytique et historique, par J.-M. Guardia et J. Wierzejski, Durand et Pedone-Lauriel, París 1877, XXII + 335 págs.

C. Julii Caesaris commentarii de bello Gallico. Édition... revue et annotée par J.-M. Guardia, G. Pedone-Lauriel (Collection classique III), París 1879-1880, 600 págs.

L'Éducation dans l'école libre: l'écolier, le maître, l'enseignement, G. Pedone-Lauriel, París 1880, 405 págs.

L'État enseignant et l'école libre. Suivi d'une Conversation entre un médecin et un philosophe, G. Pedone-Lauriel, París 1883, XI + 277 págs. [reseña de Bernard Pérez en Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1883, tomo 16, págs. 326-327.]

Histoire de la médecine, d'Hippocrate à Broussais et ses successeurs, O. Doin, París 1884, XVI + 552 págs.

«Une excursion en Catalogne, Valence et aux îles Baléares», Revue des deux mondes, volumen 71, tercera época, París 1885, págs. 426-454.

«Philosophes Espagnols. Oliva Sabuco», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1886, tomo 22, págs. 42-60 (julio) y 272-292 (septiembre).

«La Langue et la littérature catalanes», Revue des deux mondes, volumen 78, tercera época, 15 de noviembre de 1886, págs. 337-372.

«Les sentiments intimes d'Auguste Comte», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1887, tomo 24, págs. 59-74 (julio).

«Don Quichotte devant la clinique», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1887, tomo 24, págs. 409-415 (octubre).

Le Songe, de Bernat Metge, auteur catalan du XIVe siècle, publié et traduit pour la première fois en français, avec une introduction et des notes, par J.-M. Guardia, A. Lemerre, París 1889, CIII + 345 págs. [Crítica bien ácida de Alfred Morel-Fatio en Romania, tomo XIX, París 1890, págs. 141-148.]

«Philosophes Espagnols. Gómez Pereira», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1889, tomo 28, págs. 270-291 (septiembre), 382-407 (octubre) y 607-634 (diciembre).

«L'histoire de la Philosophie en Espagne», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1890, tomo 29, págs. 471-490 (mayo). [crítica a Marcelino Menéndez Pelayo.] · «La Historia de la Filosofía en España», traducido por José Andrés Fernández Leost para el Proyecto Filosofía en español, diciembre 2006.

«Philosophes Espagnols. J. Huarte», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1890, tomo 30, págs. 249-294 (septiembre).

«Philosophes Espagnols de Cuba. Félix Varela – José de la Luz», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1892, tomo 33, págs. 51-66 (enero) y 164-183 (febrero). Traducido al español por Alfredo Zayas en Revista Cubana, periódico mensual de Ciencias, Filosofía, Literatura y Bellas Artes, director Enrique José Varona, La Habana 1892, tomo XV, págs. 233-247 (marzo), 412-427 (mayo) y 493-502 (junio).

«La personnalité dans les réves», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1892, tomo 34, págs. 225-258 (septiembre).

«La misère philosophique en Espagne», Revue Philosophique de la France et de l'Etranger, París 1893, tomo 36, págs. 287-293 (septiembre) · «La miseria filosófica en España», traducido por José Andrés Fernández Leost para el Proyecto Filosofía en español, abril 2006.

Le Dr. J.-M. Guardia. Le Médecin, A. Pedone, París 1897, 249 págs.

Bibliografía sobre José Miguel Guardia

1925 José Miguel Guardia, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, 26:1596-1597.

1946 Joaquín Iriarte, S. J., «La Filosofía española y el choque Menéndez-Guardia (1890-1893)», Razón y Fe, Madrid 1946, CXXXIII, págs. 527-542.

1947 Joaquín Iriarte, S. J., Menéndez Pelayo y la filosofía española, Editorial Razón y Fe, Madrid 1947, págs. 19, 79, 80-81, 233-262 [capítulo VI: «El duelo Guardia-Menéndez (1889-1892)»], 276.

1951 Tomás Carreras Artau, «Semblanza del médico-filósofo Dr. J. M. Guardia (1830-1897)», Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina, 3, págs. 389-439.

1959 Joaquín Verdaguer Travessí (1898-1966), Un menorquí indòmit. Petita biografia del Doctor Josep Miquel Guárdia, Editorial Moll (Les Illes d'Or, nº 72), Palma de Mallorca 1959, 104 páginas y 4 láminas. Segunda edición en 1997 (Moll, Les Illes d'Or, nº 72, 112 págs.), con ocasión de la celebración del centenario de Guardia.

1976 Teófilo González Vila, «El Gómez Pereira de J. M. Guardia», en Noticia bio-bibliográfica sobre Gómez Pereira, Durius, págs. 117-118.

1985 Antonio Petrus Rotger, José Miguel Guardia. Personalidad y doctrina pedagógica, Ayuntamiento de Alaior 1985, 430 págs. (Tesis doctoral leída en 1979 en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona, bajo la dirección de Alejandro Sanvisens Marfull.)

2000 María Paredes, «Josep Miquel Guàrdia i els clàssics grecollatins», Randa, Barcelona 2000, nº 45, págs. 77-95.

Textos de José Miguel Guardia en el Proyecto filosofía en español

1859 El libro de los Cantares, por don Antonio de Trueba

1862 [Sobre Gustave Dugat y Almakkari]

1875 Un consejo pedido por Felipe II a Melchor Cano, (cont.)

1890 «La Historia de la Filosofía en España»

1892 «Filósofos españoles de Cuba. Félix Varela, José de la Luz» (1), (2) y (3)

1893 «La miseria filosófica en España»

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