Santiago Valentí Camp 1875-1934

Santiago Valentí Camp 1875-1934 Escritor, editor y activista español, nacido en Barcelona el 18 de diciembre de 1875, hijo de Ignacio Valentí Vivó (1841-1924), entonces catedrático de medicina legal y toxicología de la Universidad de Barcelona, y prolífico autor [en 1869 había ya publicado la propuesta de una «Asociación Española para el progreso de las Ciencias»... hasta 1908 no se constituyó la famosa institución que lleva ese rótulo]. Ingresó Valentí Camp muy joven, en 1892, en el partido centro republicano dirigido por Salmerón; iniciándose también muy temprano en el «periodismo militante»: La Justicia, Germinal y Vida Nueva, de Madrid; La Publicidad, de Barcelona; La Autonomía, de Reus, y El Nordeste, de Gijón. Estudió la carrera de derecho en la Universidad de Oviedo, donde fue alumno de Clarín:

«La Universidad de Oviedo, calificada, no sin motivo, de nueva Atenas española, tiene un timbre de honor y de gloria en nuestro tiempo: el haber irradiado por una gran parte de España el espíritu científico. [...] Los que hemos tenido la fortuna de haber sido alumnos de aquel centro docente, pudimos apreciar la trascendencia que revistió la extensión universitaria, que más que por los resultados inmediatos obtenidos, que acaso no colmaron los deseos de sus propugnadores, fue una demostración fehaciente de cuán fecunda podría ser la expansión de la cultura, siempre que la dirigiera un móvil generoso y objetivo. [...] Aunque la afirmación pueda parecer insólita, si el que esto escribe tuviera alguna autoridad, proclamaría que el aspecto en que fue más grande Clarín, en el que resultaba un coloso, era el de sugeridor. Ahora, transcurridos ya tantos años, comprendo cuán ímprobo fue su trabajo en la cátedra para acomodar a nuestras inteligencias sus explicaciones acerca de los principios fundamentales del Derecho y para, valiéndose de hermosas imágenes y comparaciones, demostrarnos como los poetas y las escuelas filosóficas, habían puesto los cimientos de todas las concepciones jurídicas. Una de las impresiones que perduran en mi memoria, de mi paso por la cátedra del maestro, es la que me produjo la defensa que este hizo en Mayo de 1897, a raíz de los fusilamientos de Montjuich. En ningún escritor utopista he leído un alegato tan caluroso y enérgico en pro de la rebeldía como elemento propulsor de las grandes reivindicaciones sociales, que han de preparar el advenimiento de una sociedad basada en los principios de justicia, cual la que hiciera Leopoldo Alas en aquellos días de trágica recordación.» Santiago Valentí Camp, «Leopoldo Alas (Clarín)», en Ideólogos, teorizantes y videntes, Barcelona 1922, págs. 119-121.

«Entre nosotros quien primero se ocupó del pensamiento bergsoniano fue el nunca bastante llorado Leopoldo Alas. Con aquella sagacidad que caracterizaba su profundo sentido crítico, Clarín, al aparecer en la Bibliotéque de Philosophie Contemporaine, de París, hacia 1895, la tesis doctoral de Bergson intitulada Essai sur les données inmédiates de la conscience, hacía notar, en las explicaciones en su cátedra de Oviedo, lo que, a su juicio, representaba la orientación marcada por el entonces joven filósofo francés. Por aquellos años atravesaba Clarín una aguda crisis espiritual, y entre los pensadores que más influyeran en determinar la reacción antipositivista que experimentara el autor de La Regenta, uno de ellos fue Bergson. Al sentir Alas los efluvios del nuevo idealismo, hubo de fijarse, principalmente en William James, Cohen, Africano Spir y Henri Bergson, y así hablaba con entusiasmo de las nuevas corrientes psicológicas, que tendían a restaurar lo esotérico de las concepciones de la existencia.» Santiago Valentí Camp, «Enrique Bergson», en Ideólogos, teorizantes y videntes, Barcelona 1922, pág. 311.

«Su paso por la Universidad de Oviedo fue para Altamira sumamente provechoso, pues en aquel ambiente de cultura europea, que habían contribuido a formar Leopoldo Alas, Adolfo Buylla, Adolfo Posada, Aramburu, Sela, Canella y Melquíades Álvarez, fue desenvolviendo su personalidad y en la placidez de la ciudad ovetense [410] escribió la Historia de España y de la Civilización española, el manual más completo y documentado que se ha escrito de la historia de nuestro país y cuyo primer volumen vio la luz en 1900 y el cuarto y último en 1911. [...] Durante mi penúltima estancia en Oviedo, en Diciembre de 1901, pude apreciar en toda su integridad la labor pedagógica que llevaron a cabo con la Extensión Universitaria Altamira y sus colegas, que durante más de una década difundieron la cultura por las principales poblaciones de la región asturiana, la Montaña y parte de las provincias vascongadas. Cuán sensible es que aquel núcleo de profesores abnegados se haya disgregado al pasar a Madrid Altamira, Posada y Buylla, habiendo perdido aquella Universidad el carácter francamente tolerante que había adquirido y que tan provechosos resultados reportó a la cultura, ampliando la esfera de acción de la Institución universitaria!.» Santiago Valentí Camp, «Rafael Altamira», en Ideólogos, teorizantes y videntes, Barcelona 1922, págs. 409-410.

«En estos cuatro últimos lustros había adquirido Dorado Montero una gran reputación y era conocidísimo en el extranjero por sus contribuciones profundas y personalísimas, que le valieron el título de criminólogo original y bien orientado. Durante mi permanencia en Italia y Francia, pude convencerme de que una de las figuras preeminentes de nuestra intelectualidad era el ilustre solitario de Salamanca.» Santiago Valentí Camp, «Pedro Dorado Montero», en Ideólogos, teorizantes y videntes, Barcelona 1922, pág. 104.

«Santiago Valentí Camp. Biografía. Publicista y político contemporáneo, nacido en Barcelona el 18 de diciembre de 1875. Hijo de Ignacio. Desde sus mocedades dedicóse a la política, ingresando en 1892 en el partido centro republicano, que dirigía Salmerón. También desde muy joven demostró sus aficiones hacia el periodismo militante. Fue redactor, entre otros periódicos, de La Justicia, Germinal y Vida Nueva, de Madrid; La Publicidad, de Barcelona; La Autonomía, de Reus, y El Nordeste, de Gijón. Ha publicado las siguientes obras: Bosquejos sociológicos, con prólogo de Alfredo Calderón (Madrid 1899); Premoniciones y Reminiscencias, prologada por Adolfo Bonilla San Martín (Barcelona 1907); Atisbos y disquisiciones (Barcelona 1908); La Antropología criminal y las disciplinas afines (Barcelona 1908); La democracia social alemana y su organización (Barcelona 1910); Vicisitudes y anhelos del pueblo español, con prólogo de Pedro Dorado Montero (Barcelona 1911). Fundó y dirigió la «Biblioteca de Novelistas del siglo XX», que en 1903 abrió el primer concurso de novelas celebrado en España y de cuyo jurado fue secretario. Fundó, asimismo, la «Biblioteca Sociológica Internacional», que dirigió durante cinco años y en la que se han publicado más de 100 volúmenes de notables tratadistas nacionales y extranjeros. También se debe a su iniciativa la «Biblioteca de Escritores Contemporáneos», &c. En 1905 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona. Durante su cargo, representó a la Corporación municipal en el Congreso de Antropología Criminal celebrado en Turín en abril de 1906. Actualmente dirige la «Biblioteca Moderna de Ciencias Sociales», colabora en El Progreso y El Liberal, de Barcelona, Nuevo Mundo, de Madrid, y es diputado provincial.» (EHA, 1910, 28:1251-1252.)

«Pero, antes de pasar adelante: ¿Quién es Valentí Camp? Parece ociosa la pregunta, tratándose de un hombre conocidísimo en el mundo de las letras; y, no obstante, por su modestia, por su aversión a que de él se ocupen, no conocen de esta persona, la mayoría de las gentes, más que la combinación de letras que compone su nombre tan repetido en libros, en Revistas y en periódicos. Yo, aun contrariándole, os voy a hablar de él ligeramente, en cuatro rasgos, sin pretensiones de ser su biógrafo, ni tampoco las desmedidas, para la capacidad mía, de trazarle una semblanza lamartiniana. Este hombre, llamado Santiago Valentí Camp, recio de cuerpo, pero no muy alto de talla, de negras barbas apostólicas, de nariz algo judaica, de ojos grandes, muy expresivos y escudriñadores, de cabeza poderosa que marcadamente avanza hacia adelante, como en pregunta perpetua, tiene, en lo físico, un parecido notable con Guerra Junqueiro, el viejo poeta revolucionario lusitano. No más que en lo físico, pues Valentí Camp, a mi parecer, no ha llegado ni a la cincuentena, no es poeta, que yo sepa, y en cuanto a lo de revolucionario... más adelante he de decir sobre esto dos palabras. Replegado en sí mismo, ante el mundo, pero abierto y efusivo en la intimidad, Valentí Camp va, con su labor intelectual inmensa, ofreciéndonos la sensación de un cerebro ubicuo que en unos cuantos lustros (cuatro o cinco no más, de vida plena) ha estado en muchísimas partes a la vez. Sólo por ese don extraordinario, quizá uno se explique como ha podido leer tanto, escribir tanto, discutir tanto, conservar tanto, viajar, intervenir en la cosa pública, idear negocios y desarrollarlos con varia fortuna, practicar fervorosamente el culto a sus lares, y llegar, con todo este laberinto de vida, a una pansofía que sólo se alcanza, cuando se alcanza, con un gran reposo y en edad provecta. Y ni reposo ni senectud, sino movilidad continua y casi muchachez en la hora de ahora. Tuvo una época, algo lejana ya por fortuna, en que la fiebre de la vida política le invadía de una manera alarmante. Fue cuando afiliado a uno de los partidos políticos extremos, puso su actividad en andanzas electorales, logrando colgar la venera edilicia sobre su honrado pecho; entonces se le mezcló a los movimientos revolucionarios de 1909, más seguramente por sus propagandas oratorias que por su accionar tenebroso y truculento. Valentín Camp, paladín del ideal, fue a la política y fue al Municipio barcelonés con purezas y candideces que ciertamente harían sonreír a ciertas gentes que a la sazón le rodeaban; pero así que se percató de que la política era un oficio y que los cargos se utilizaban para enriquecerse, de un aletazo salió de la sentina tan puro y limpio como, por inadvertencia, en ella había caído. Hoy todo el pueblo barcelonés, todas las clases barcelonesas, al ver deambular por las calles de la gran urbe a este hombre modestísimo, trabajador infatigable, que gana con gran esfuerzo la vida, una vida austera, más bien rayana en la mediocridad que en la opulencia, tiene justísimas frases de elogio a su integridad, a su decoro y a su honradez.» Juan Barco, «Prólogo», Ideólogos, teorizantes y videntes, Barcelona 1922, págs. vii-ix.

«Santiago Valentí y Camp. Biografía. Sociólogo y político español, nacido en Barcelona el 18 de Diciembre de 1875. Siendo muy joven ingresó en el partido republicano que acaudillaba Salmerón. Ha sido diputado provincial y concejal del Ayuntamiento de Barcelona, al que representó en el Congreso de Antropología Criminal de Turín (1906). Ha colaborado en La Publicidad, El Progreso, El Liberal y Las Noticias, de Barcelona; en Nuevo Mundo, de Madrid, y en otras publicaciones. Ha fundado y dirigido en Barcelona la Biblioteca de Novelistas del siglo XX, la Biblioteca Sociológica Internacional y la Biblioteca de Cultura Moderna y Contemporánea. También se debe á su iniciativa la Biblioteca de Escritores Contemporáneos y ha dirigido la Biblioteca Moderna de Ciencias Sociales. Entre sus obras deben mencionarse: Bosquejos sociológicos, con prólogo de Alfredo Calderón (Madrid 1899); Premoniciones y advertencias, con prólogo de Bonilla y San Martín (Barcelona 1907); Atisbos y disquisiciones (Barcelona 1908); La Antropología criminal y las disciplinas afines (Barcelona 1908); La democracia social alemana y su organización (Barcelona 1910), y Vicisitudes y anhelos del pueblo español, con prólogo de Dorado Montero (Barcelona 1911). También fué redactor de El Diluvio. Además de las obras citadas, ha escrito: Las sectas y las sociedades secretas a través de la Historia, en colaboración con Enrique Massaguer (Barcelona 1913-23); Ideólogos, teorizantes y videntes (Barcelona 1922), y Las reivindicaciones femeninas, con prólogo de Regina Lamo; volumen que contiene un apéndice en el que figuran 3.150 obras relacionadas con el problema femenino, y tiene en prensa otro volumen titulado Eva redimida y redentora, que también contiene un apéndice con más de 3.000 fichas bibliográficas. Actualmente (1929) colabora en El Día Gráfico y es redactor de La Noche, de Barcelona. Pertenece al partido socialista y es uno de los redactores del semanario Justicia. Ha dado numerosas conferencias y cursillos de divulgación cultural. Es presidente del Ateneo Socialista de Barcelona.» (EUI, 1929, 66:672.)

«* Santiago Valentí Camp. Biografía. Ha continuado sus elucubraciones en el campo del feminismo, en el sentido más radical de reivindicación de todos los derechos de la mujer, no deteniéndose ni ante el amor libre. Este espíritu informa las últimas obras dadas a la estampa por Valentí Camp: La mujer ante el amor y frente a la vida (Madrid 1932), Elena Key: libertad de amar y la mujer del mañana (Valencia 1933), y Eva redimida y redentora (Madrid 1933). En el terreno de la propaganda de las doctrinas más avanzadas ha publicado: Pedro Kropotkin, Cuadernos de Cultura (Valencia 1932), y El hombre y sus creencias (Barcelona 1933). Actualmente (1933) tiene en prensa el libro Arturo Schoppenhauer: su pesimismo y su misoginia. Estas obras están avaloradas por una gran riqueza bibliográfica, excediendo de 12.000 las papeletas bibliográficas en ellas existentes sobre todos los problemas relacionados con la cultura, el amor, el trabajo y el feminismo.» (EUI, 1933, A10:1023.)

«Santiago Valentí y Camp. Sociólogo y político español, nacido en Barcelona el 18 de diciembre de 1875 y muerto en la misma ciudad el 4 de marzo de 1934. Había sido colaborador de esta Enciclopedia. Véase su biografía en el tomo LXVI, página 672, de la Enciclopedia, y en el tomo X, página 1023, del Apéndice.» (EUI, 1935, s1934:214.)

 
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