Manuel de la Revilla Moreno 1846-1881

Manuel de la Revilla Moreno 1846-1881 Escritor español y catedrático de literatura de la Universidad Central, nacido en Madrid el 26 de octubre de 1846, hijo de José de la Revilla (1800-1859). «Una de las inteligencias más miserablemente asesinadas por el Ateneo y por la cátedra de Sanz del Río», asegura Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles. Desde cierta pedantería filokrausista dice de él Mario Méndez Bejarano, en su Historia de la filosofía en España, al tratar del kantismo: «Hombre de talento claro y no profundo, dotado de palabra tan fácil como su pluma, publicó estudios de filosofía islámica e india harto ligeros y se inició en la especulación dentro del cenáculo krausista. En esta época escribió libros en colaboración con González Serrano y un programa de literatura con D. Francisco Giner. De pronto, se desvió de la escuela y abrazó el neo-kantismo, dedicándose a zaherir cuanto pudo al krausismo y a negar la realidad de una filosofía española, en unión con D. José del Perojo, desde la Revista Contemporánea. No parece extraña la defección: Revilla, con todo su talento, carecía de estructura cerebral metafísica y, a mi juicio, no llegó jamás a penetrar en la entraña del sistema de Krause. Su misma obra de Literatura en colaboración con Alcántara lo delata, pues el tomo I, redactado por él, donde trata la Estética y las generalidades de la ciencia literaria, no es más que la Estética de Krause, desnaturalizada por imperfecta visión de los principios, y la Literatura de don Francisco de P. Canalejas, despojada de su alto sentido y su brillante idealidad. Por eso siempre anduvo vacilante su criterio y de cuanto habló o escribió sobre filosofía no puede recoger la crítica una sola afirmación. No tenía el neo-kantismo otro valor que el de un puente por donde los krausistas poco convencidos pudiesen derivar al positivismo, y así aconteció con muchos, incluso D. Nicolás Salmerón.»

Marcelino Menéndez Pelayo, diez años más joven que Revilla, en la cruzada contra los krausistas que inició siendo estudiante, publicó en septiembre de 1874 –sólo tenía 17 años–, en Barcelona, una primera feroz andanada contra Manuel de la Revilla (que transcribimos más abajo), un personaje en el que había fijado su atención: en agosto de 1874 su amigo Clemente Cortejón ya le informaba que la «mamá de ese señorito se ha hecho protestante, de lo cual se alaba en el círculo de sus relaciones...» Es bien sabido que a finales de ese mismo mes de septiembre de 1874, el Menéndez Pelayo que en junio había decidido evitar al Salmerón con el que no podría licenciarse, pudo encontrarse en Valladolid con Gumersindo Laverde, quien tanto habría de influir en el precoz y brillante Marcelino, formándose entrambos una famosa y fecunda simbiosis, cuyo primer resultado fue la famosa polémica sobre la «filosofía española», encendida sobre la pavesa que Revilla dejó escrita en su atinada «Revista crítica» del día 30 de mayo de 1876, en la que pueden leerse prudentes y ajustados comentarios suscitados por el discurso de entrada en la Academia Española que había pronunciado, el 21 de mayo de 1876, Gaspar Núñez de Arce («Causas de la precipitada decadencia y total ruina de la literatura nacional bajo los últimos reinados de la casa de Austria»), contestado en aquella ceremonia por don Juan Valera (ver «Gumersindo Laverde y la Historia de la Filosofía Española»). Ofrecemos más abajo una selección cronológica de menciones a Manuel de la Revilla extraidas del epistolario y de las obras de Menéndez Pelayo, que permiten seguir la evolución de una tormentosa relación culminada en fraternal amistad.

Manuel de la Revilla ganó ese mismo año de 1876 la cátedra de Literatura general de la Universidad de Madrid, y continuó siendo uno de los principales animadores del Ateneo, y de los críticos más influyentes del momento (el casi medio centenar de sus famosas e imprescindibles «Revistas críticas», publicadas entre 1875 y 1879 en la Revista contemporánea, disponibles desde agosto de 2006 en edición digital por el Proyecto Filosofía en español), hasta que en abril de 1880 se le manifestó una grave dolencia mental que le dejó incapaz, de la que se recuperó parcialmente un año después, para fallecer en El Escorial el 13 de septiembre de 1881.

Manuel de la Revilla ha sido víctima tanto del menéndez-pelayismo como del filo-krausismo que ha impregnado durante décadas la bibliografía histórico filosófica española, permaneciendo ignorados de hecho buena parte de los ajustados análisis y opiniones con los que fue sembrando sus textos, que se hace necesario recuperar para librar su recuerdo de injustos y cómodos sambenitos. Aunque también para no olvidar las terribles aseveraciones que Revilla dejó escritas sobre la mujer, dignas de aparecer en cualquier negra antología de la misoginia universal, así como sus andanadas contra los proyectos emancipadores, entre otras cosas porque tal desprecio sobre las capacidades de las mujeres era moneda corriente entonces (que Revilla pudo publicar sin mayores inconvenientes, haciendo cómplices, al menos tolerantes de sus ideas, a editores y colegas): no se olvide, por ejemplo, que el público del Ateneo de Madrid era entonces, por costumbre, exclusivamente masculino («y en verdad, en verdad, que no se comprende cómo el bello sexo, que con avidez asiste a las tribunas del Congreso, que figura en primer término en todas las solemnidades de las Academias, que ha concurrido a las Conferencias de la Universidad en 1870 y que hoy mismo favorece con su presencia los cursos de la Institución libre de enseñanza, parece como excluido de los salones de la calle de la Montera», reconocía Labra al escribir en 1878 sobre el Ateneo de Madrid, RC 62:422).
 

Selección cronológica de menciones a Manuel de la Revilla
en el epistolario y las obras de Marcelino Menéndez Pelayo:

«Conservo, según V. desea, los Lunes del Imparcial, hasta el presente no ha dicho el Sr. Revilla, aquí estoy yo, ni es fácil que lo diga a pesar de su reconocida desvergüenza. Un dato mas para su Historia, la Mamá de ese Señorito, se ha hecho protestante, de lo cual se alaba en el círculo de sus relaciones y por lo cual algunas de las personas que frecuentaban su casa, entre ellas el Marqués en cuya compañía vivo, se han visto obligadas a romper con su amistad.» (Clemente Cortejón a Marcelino Menéndez Pelayo, Leganés, 16 agosto 1874, MPEP 1:12.)

1874 «Cierto papel periódico, que en esta corte hace sudar las prensas, ha dado en la flor de publicar artículos literarios, en los números correspondientes a todos los lunes del año. Entre estos artículos, escritos casi siempre con singular osadía y magistral petulancia, hemos visto uno firmado por un tal don Manuel de la Revilla, opositor a cátedras en esta Universidad Central. Afirma el susodicho flamante escritor que, la crítica debe permanecer retraída y silenciosa, en tratándose de obras de Cervantes publicadas por don Adolfo de Castro, porque ha de asaltarla siempre el recuerdo de cierto Buscapié de inolvidable memoria. Tan retraído y silencioso permanece el egregio crítico que ni siquiera se digna darnos cuenta de las obras contenidas en el volumen, que altaneramente pretende juzgar, dando sobre él su parecer, a guisa de fallo magistral. A tiro de ballesta conócese que el señor Revilla no se ha detenido a ojear la colección cervantesca, sobre la cual tanto desatina. De otra suerte sabría que no se trata de un supuesto manuscrito, como el del Buscapié, sino de obras auténticas conservadas en nuestras bibliotecas públicas. Sabría que el diálogo de Sillenia y Selanio existe en la Biblioteca Colombina, tomo 81 de papeles varios. Sabría que los tres Entremeses de los Mirones, de Doña Justina y de Los Refranes, se conservan en la misma Biblioteca, en un volumen rotulado con la signatura AA-tabla 141 núm. 6. De los dos últimos había dado noticia años atrás el señor Asensio, y si tales datos no habían llegado a oídos del señor Revilla, culpe a su poca diligencia y escasa afición a estos estudios. Sabría el insigne crítico que del Entremés de los Romances se conocen hasta cuatro ediciones, hechas todas en el siglo XVII. Sabría que la Canción desesperada y la Oda compuesta a la elección del Cardenal arzobispo de Toledo se hallan en un códice de poesías varias, existente en la misma Biblioteca y marcado con la señal AA-tabla 145-núm. 5. Pero ¡ya se ve! el pobre don Manuel no ha tenido tiempo para engolfarse en el estudio de añejos manuscritos y ratonadas ediciones, ni siquiera para recorrer las páginas de un libro, que acaba de salir de las prensas. Harto trabajo ha tenido con la publicación de las cartas inéditas de su inolvidable maestro Sanz del Río, que nos ha dejado soporíferos, tan recomendables como la Analítica y El Ideal de la humanidad, libros que honrarían la literatura del Congo y de Mozambique. No sería extraño ver de la noche a la mañana encaramado al señor Revilla en la cátedra de Literatura de la Universidad Central. Cosas más raras hemos visto. Bueno será recordar los títulos que al señor Revilla asisten para honra tan esclarecida. En 1872 publicó el señor Revilla un libreto que tituló: Principios generales de literatura, y desesperando de dar cima a la titánica empresa de escribir un manualete de «ad usum puerorum» buscó... lo otro que yo (como dicen los krausistas). Quiero decir, que se unió con otro sabio, el señor Alcántara García, catedrático de literatura en cierta escuela de Institutrices de imperecedera memoria. Unidos ambos ingenios, comulgaron juntos en la unidad de la ciencia. Y sucedió aquello que en parecido caso dijo Cáncer: 'Escribimos tres amigos / Una comedia a un autor, / Fue de un santo labrador / Y echamos por esos trigos.' Resultó, pues, una rapsodia infernal, un libro de taracea, una colección de necedades, un cúmulo de simplezas, una compilación de boberías, un libro escrito en krausista, para decirlo de una vez.. Hierven en él los errores, las omisiones y los desatinos, confúndese al bachiller Francisco de la Torre (cuyas obras parécenos que no han saludado el señor Revilla ni su compañero, en ninguna de las dos ediciones que de ellas se hicieron en 1635 y 1753), con don Francisco de la Torre y Sebil, traductor de Juan Owen, a fines del siglo XVII, identifícase al doctor Juan de Salinas, poeta sevillano, con don Manuel de Salinas y Lizana, canónigo de Huesca y traductor de Marcial; omítense autores tan importantes como Juan de Valdés, Miguel de Carvajal y Eugenio de Salazar, al paso que se mencionan otros, cuyos nombres debieran quedar eternamente sepultados en el olvido; nótase, en fin, una ausencia tal de erudición y de crítica, que bien a las claras arguye que sus autores no se han tomado la molestia de mascar el polvo de archivos y bibliotecas. Toda la obra es una serie de plagios de obras conocidísimas y que andan en manos de todos. Baste decir que sus autores no han tenido a la vista la «Biblioteca Hispana» de Nicolás Antonio, por no hablar de otros libros menos conocidos. Tal es el crítico, que encastillado en las columnas de cierto periódico, que ni nombrar queremos, juzga a diestro y siniestro cuantas producciones fatigan nuestras prensas Es verdad que ya antes había ejercido el alto ministerio de la crítica, publicando estupendos artículos, en aquel Boletín-Revista de historia memorable, aquel Boletín-Revista en que hasta el nombre era un barbarismo, aquella publicación en cuyas columnas aparecieron artículos como el del Concepto de la Metafísica y otros que nos abrevemos a nombrar de puro miedo. Y baste respecto al señor Revilla. Quizá algún día divertiremos a nuestros lectores, a costa de su libro, escrito con sentido filosófico (palabrota ad terrorem que repite hasta ocho o diez veces en el prólogo). Como el papelucho en que el señor Revilla publica sus críticas literarias corre tanto entre cierta clase de gentes, hemos querido detenernos a refutar la errónea opinión que sobre este punto profesa; creyendo, como creemos, que el señor Castro no se dignará contestarle, porque no es de gigantes luchar con pigmeos, así como no está reservado a las débiles fuerzas de entecos escritores manejar la poderosa clava de Hércules.» (Marcelino Menéndez Pelayo, «Obras inéditas de Cervantes, publicadas por Adolfo de Castro», parte V, revista Miscelánea Científica y Literaria, Barcelona, septiembre de 1874; tomado de Estudios de Crítica Literaria, Edición Nacional, págs. 300-302.)

«Ya habrás visto que en el número de 1.º del actual se publicó la última parte de tu trabajo sobre Cervantes. Le han mandado ya a Revilla los números correspondientes en la forma acordada ¿recogerá el guante D. Manuel? Me parece que sí porque el ataque es brusco, pero muy brusco. Ya recordarás que siempre te excitaba a que recargaras un poco las tintas en tu crítica: pues bien; al leer tu ultimo articulo quedé espantado: en términos que a haber podido despedirme de ti, hubiera propuesto suavizar un poco la forma mordaz en alto grado de uno de sus párrafos. Sin embargo alea jacta est, dije para mí, y es menester pasar el Rubicón periodístico. ¡Cuanta bilis antikrausista hay allí acumulada, amiguito! Se conoce que algún incidente debió exacerbar el odio inocente que le tienes a la escuela esa de marras! Supongo que leerás el Imparcial y por tanto estarás sobre aviso: a la 1ª descarga que se oiga, ponerse en guardia y metrallazo. Estoy esperándolo con verdadera fruición.» (Juan Fontaner a Marcelino Menéndez Pelayo, Barcelona, 5 septiembre 1874, MPEP 1:112.)

«Habrás visto, en el último de los artículos publicados en la Miscelánea, una invectiva feroz contra cierto D. Manuel de la Revilla, muy conocido entre los Krausistas de Madrid. Tal vez te habrá sorprendido lo áspero y duro de la forma, pero me limitaré a decirte que dicho artículo está escrito en aquellos días de infausta recordación en que, como tú puedes comprender, estaba irritado y lleno de furor contra todo lo que oliese a Krause y su escuela.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Antonio Rubió, Madrid, 5 octubre 1874, MPEP 1:127 y 22:1020.)

«A principios de Diciembre aparecerá una revista titulada Revista Contemporánea, dirigida por nuestro paisano D. José del Perojo. Será de la misma índole que la Revista Europea. Perojo quería comprar a Medina y Navarro la propiedad de ésta. No se arreglaron, y este es el origen de la citada Revista Contemporánea. Escribirán en ella Moreno Nieto, Perojo, Montoro y otros. Revilla está encargado de la sección literaria y Federico Balart de la dramática. También cuenta con varios colaboradores extranjeros, cuyos nombres oí leer esta mañana: sólo recuerdo a Fastenrath.» (Gonzalo Cedrún a Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, 24 noviembre 1875, MPEP 1:268.)

«Ayer recibí mi nombramiento y hoy viene completo en la Gaceta el tribunal de oposiciones a la cátedra de Literatura general y Española de Madrid. Serán mis compañeros en él Amador de los Ríos (Presidente), Cámus, Milá, Cañete, Campoamor, y Coll y Vehí. Presumo que en todo este mes nos llamen, y tengan el gusto de conocer personalmente a los dos literatos barceloneses. No sé el número de opositores que habrá: creo que han de ser pocos. Si no estoy mal informado, uno de ellos será el ex-krausista Revilla.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Valladolid, 14 abril 1876, MPEP 2:4.)

«Me parece que ya no iré a Madrid. Solo hay un opositor, Revilla. En mi situación, no es cosa de hacer un viaje para estar allí una semana, sin tiempo apenas para descansar. Además, me repugna tener que votar a un candidato de sus ideas. Esto me privará de poder recoger allí datos para mis Escritoras. Esperaremos a mejor ocasión.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Valladolid, 18 abril 1876, MPEP 2:7.)

«Creo que debe vd. ir a Madrid, y prolongar su estancia allí, pidiendo una licencia. Según yo entiendo, si en el tribunal de oposiciones se juntan vd. Milá, Coll y Vehí, Cañete y quizá Campoamor constituirán una mayoría que pueda impedir la entrada de Revilla en el profesorado, si sus ejercicios no corresponden (lo cual es de temer) a lo que la importancia de la cátedra exige. Si vd. ó los dos catalanes renuncian, la Dirección nombrará a alguno de Madrid que no tenga reparo en votar a Revilla ni al Moro Muza. Debe vd. ir.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 22 abril 1876, MPEP 2:9.)

«Conozco la fuerza que tiene lo que V. me dice para inducirme a ir a Madrid; pero, fuera de que ya pedí mi relevo al Director general, tengo la razón de que, siendo un solo opositor, durarían tan poco los ejercicios que apenas me darían tiempo para descansar (y esto me conviene muy poco, dada la escasa salud de que gozo), y si quisiese detenerme allí mas tiempo, tendría que vivir a mis expensas (pues el Gobierno solo paga dietas a los jueces, y eso con gran morosidad, los días que hay ejercicios), y eso no se compadece con mi situación económica, estando necesitado de hacer gastos extraordinarios para salir a veranear en busca de salud, y teniendo en perspectiva el descuento del 20 por 100! Por otra parte, si Cañete y los Catalanes quieren, ellos bastan y sobran para hundir a Revilla. Si se nombra otro en mi reemplazo, tendrá que ser de la misma asignatura, y solo hay tres disponibles, y todos neos, ó como ahora dicen, ultramontanos, a saber, Campillo, de Oviedo, Eguilaz de Granada, y Mudarra, de Sevilla, pues a Borao, ex-director de Y. P., no sería cosa de haberle ir a ser presidido por Amador. Añada V. a esto que, teniendo yo relaciones de amistad y aun motivos de gratitud con personas que probablemente me recomendarían a Revilla (que después de todo tiene mucho talento, fácil palabra y bastante instrucción) me sería asaz costoso el practicar lo de magis amica veritas, y hasta, se lo confieso a V., temo que mi voluntad flaquease, y ya sabe V. que entre una mujer y un santo, pared de cal y canto. Creo que, en visa de lo expuesto, el partido que he tomado es el mas discreto y prudente, ó mejor dicho, el único.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Valladolid, 24 abril 1876, MPEP 2:10.)

«Envío a vd. la carta acerca de los estudios bibliográficos para que añada y corrija en ella lo que bien le pareciere. Pero no sé si será conveniente publicar antes otra impugnando al bueno de Revilla que en la última Revista Contemporánea dice que es un mito la filosofía española y unos soñadores los que en ella piensan, citándonos a vd. y a mí nominatim. También dice que la historia de la filosofía puede escribirse sin hablar de España, y llega a indicar que el Catolicismo ha sido la fuente de todos nuestros males, con otros absurdos y desatinos, todo ello a propósito del discurso de Valera, a quien ferozmente impugna. Me parece que vamos entrando en harina y me alegro de ello. Con esto se fijará algún tanto la atención del público en ciertas cuestiones.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 1 junio 1876, MPEP 2:33.)

«El dedicar una carta a refutar lo que dice Revilla en la Revista contemporánea me parece, no ya oportuno, sino de todo punto necesario, y creo que debe ser la primera que V. escriba, explicando, en el exordio de ella, por qué interrumpe la serie ya comenzada sobre los medios de promover el conocimiento de nuestro pasado científico, si bien para proseguirla luego. Será como un paréntesis en esta serie; pero al fin y al cabo todo está relacionado. No sé si Revilla creerá que nada significan en la Historia de la Filosofía Séneca, Averroes y Maymónides y la Kabala, tan estudiados por los modernos alemanes y franceses Renan, Munk, Frank, &. &.; pero tal vez diga que estos y los demás filósofos paganos, judíos y arábigo-hispanos no vienen a cuento por no haber sido católicos. También excluirá a S. Isidoro por no haber sido original y haber florecido mucho antes de que tomara vuelo el ultramontanismo. Tampoco concederá importancia a Pedro Hispano y a los infinitos que en España siguieron las huellas de Santo Tomas y Escoto y el Nominalismo, porque, servum pecus, carecieron de originalidad, no aportaron nada al progreso de la ciencia europea, y, en vez de influir en las escuelas extranjeras, fueron por estas influidos. Por iguales razones no querrá que se tomen en cuenta nuestros peripatéticos clásicos y nuestros ramistas. (Y en todas estas pretericiones cabe indicar de paso los merecimientos de los grupos a que se refieren). Pero de Lulio, Suárez y Vives no podrá decir lo mismo, pues no dejaron la ciencia en el estado en que la hallaron, presentan originalidad no escasa y abrieron rumbos nuevos al pensamiento filosófico, teniendo secuaces y continuadores numerosos dentro y fuera de España, y todos tres se movieron dentro de las vías católicas...» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Valladolid, 5 junio 1876, MPEP 2:34.)

«Mi carísimo amigo: Ocupado en copiar mis poesías para enviárselas a D. Leopoldo, como lo hago esta noche, no he podido contestar antes a su gratísima del 5, que siento no haber tenido a la vista cuando bajo la impresión del momento escribí la carta adjunta, con objeto de contestar al exabrupto de Revilla. Como sus afirmaciones venían tan en redondo y con tan poco aspecto científico, no juzgué necesario grande aparato de erudición para refutarle. Si cree vd. que conviene una impugnación más seria y detenida, a tiempo estamos para hacerla. Si le satisface esta, añadiremos algunos párrafos, y reservaremos las indicaciones de vd. para desarrollarlas ampliamente en caso de que el conteste, como parece natural. ¡Qué buenas cosas se pueden decir del vivismo! Para mí es indudable la existencia de esta escuela filosófica peninsular, y no creo difícil reducir a su fecunda unidad todas las doctrinas de nuestros pensadores independientes de los tres siglos anteriores. Fuera de los lulistas, místicos, y escolásticos, apenas hay un filósofo español en quien no sea fácil reconocer rastros de influencia vivista, sin pensarlo y sin quererlo a veces. Nuestros ramistas y peripatéticos clásicos participan no poco del criticismo de la escuela valenciana; hasta Gómez Pereira, y Huarte, y Doña Oliva reproducen aspectos parciales de aquel sistema, que vive y palpita en toda nuestra historia filosófica como que responde a una de las direcciones más importantes del pensamiento nacional y cumple de todo en todo sus providenciales leves y las de Renacimiento en medio del cual, y como su mejor y mas sazonado fruto, se produce. Tiene vd. razón sobrada al afirmar que el baconismo y el cartesianismo no son más que pedazos del gran sistema, y aplicaciones incompletas y exclusivas del método vivista, al cual ha vuelto, no sé si inconscientemente, la escuela escocesa, sobre todo en Hamilton, cuya doctrina enlazaba diestramente Llorens con la de Vives en sus apuntes y explicaciones de clase, bien diferente en esto de los Krausistas y otros sectarios. Si él no hubiese faltado ¿quién sabe si hubiéramos visto una verdadera restauración del espíritu de Vives expuesto a la moderna y completado con la ontología escolástica? Hamilton que era muy erudito debió conocer las obras de Vives, aunque no las veo citadas en sus Fragmentos de crítica filosófica insertos en la Revista de Edimburgo.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 9 junio 1876, MPEP 2:35.)

«Mi querido amigo: Ya con el pié en el estribo para venir a esta, a donde llegué anteayer, recibí en Valladolid su muy grata última y con ella su tercera epístola en que pone de chupa de domine al bueno de Revilla. La he revisado, haciendo ligeras correcciones de expresión y poco mas, y en cuanto me la pongan en limpio, se la mandaré a Medina. Al corregir las pruebas, pues aquí no me será dable correr este cuidado, podrá V. ingerir algunas de las especies que comuniqué a V. en mi anterior y que tan perfectamente comprende y desarrolla en la suya, si bien creo que el cabal desenvolvimiento de ellas ya no será oportuno sino cuando tenga que replicar a Revilla ó cuando exponga su plan respecto a las monografías expositivo-críticas.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Lugo, 16 junio 1876, MPEP 2:36.)

«No sabe V. cuanto me he acordado de V. estos días con motivo de la provisión en favor de Revilla de la Cátedra de Literatura Española de Madrid. ¡Que lastima que no se hubiera V. encontrado en condiciones de haber aspirado a ella! De seguro hubiera sido de V., con lo que hubiera ganado muchísimo la causa Católica, tan necesitada en el Profesorado de hombres como V. Quiera Dios que lo veamos a V. pronto de Catedrático de aquel Centro de enseñanza.» (Leopoldo Eguilaz a Marcelino Menéndez Pelayo, Granada, 2 julio 1876, MPEP 2:42.)

«Mi muy querido amigo: Recibo su grata del 30, y por ella veo con gusto que llegaron a sus manos los Ensayos y las Amorosas, y con disgusto que Medina no le ha enviado a V. las pruebas de la epístola De re bibliographica ni da señal alguna de haber recibido la misma y la posterior anti-revillesca. No sé qué pensar de su silencio.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 3 julio 1876, MPEP 2:43.)

«A la carta anti-revillesca le puse por título Mr. Masson redivivo. V. verá si le parece bien. A tiempo está de cambiarle cuando corrija las pruebas. Al lado de Denina y Forner, como refutadores de Masson, debe ponerse, en dicha epístola, el nombre de Cabanilles.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 6 julio 1876, MPEP 2:44.)

«Deseo que V. lea un campanudo artículo de Salmerón, que viene en la Revista de España, de 14 del corriente, donde se habla de la divina cópula realizada en Alejandría entre el Oriente y el Occidente y –lo que hace mas a nuestro negocio– hay una párrafo de la misma estofa que los de Azcárate y Revilla, sobre la ciencia española. V. verá si cree que vale la pena de hacerse cargo de su modo de juzgar –por datos de segunda mano– a Vives y Gómez Pereyra.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 20 julio 1876, MPEP 2:49.)

«El No sé qué del P. Feijoo es notabilísimo. Parece imposible que se escribiera en el siglo XVIII. Nos haremos cargo de pasada de las necedades de Salmerón en la 5.ª y última carta, pues no creo que merezcan refutación especial. Si Revilla contesta habrá motivo para una 6.ª epístola.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 24 julio 1876, MPEP 2:50.)

«Envío la quinta (y última si Azcárate ó Revilla no contestan) epístola, y quedo copiando la introducción y plan de los heterodoxos con la cual cerraremos el volumen, poniendo si acaso, como apéndice, algún fragmento de La Estética en España.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 2 agosto 1876, MPEP 2:52.)

«Volviendo a su ultima epístola literaria, no debo ocultarle el temor de que acaso por haber sido V. discípulo suyo sobre todo, sea de mal efecto lo recargada de colores que presenta V. la caricatura de Salmerón. La dejo intacta, sin embargo. Al corregir las pruebas podrá V. suavizarla, si le parece, así como también suprimir alguna repetición de cosas ya dichas anteriormente, si la advierte. Tal vez, si V. tiene que replicar a Revilla, cuadraría allí mejor el varapalo salmerónico. También esto puede V. arreglarlo, si es caso, al corregir las pruebas, encargando a Medina que no se imprima la parte concerniente a D. Nicolás, para ingerirla en la revillesca, que entonces podrá titularse: Dos pájaros de un tiro.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Coruña, 6 agosto 1876, MPEP 2:53.)

«Aún no me ha enviado Medina las pruebas de la epístola acerca de las monografías expositivo-críticas. Siento esta tardanza, porque quisiera contestar pronto a Revilla si es que replica, y cerrar luego el tomo que tengo ganas de ver impreso. Voy copiando la introducción heterodoxa.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 13 agosto 1876, MPEP 2:55.)

«Mi queridísimo amigo: Esperando respuesta de vd. a mi última, que temo no haya llegado a sus manos, he retardado hasta hoy esta contestación, que va acompañada de mi réplica al último exabrupto de Revilla en la Revista Contemporánea. Lea vd. mi carta, corrija en ella lo que le pareciere, y remítala, el mismo día si es posible, ó el siguiente, a Medina y Navarro, para que la inserten en su Revista antes que la salmeroniana, si se puede. Me ha extrañado no ver en la Revista de anteayer la carta acerca de monografías expositivo-críticas. No sé a qué atribuir la tardanza porque remití a tiempo las pruebas. Como no tengo a mano el artículo revillesco, que leí en el Círculo, no se le envío pero formará vd. completa idea de el por lo que digo en la contestación, pues en nada he alterado sus argumentos. ¿Le parece a vd. que pongamos en un apéndice este artículo, cuando se impriman reunidas en un libro las cartas? Dígaselo así a Medina, y que él se encargue de buscar el número de la Contemporánea y reproducirle cuando llegue el caso. En cuanto a lo incisivo y mordaz de mis epístolas, creo tener disculpa por la naturaleza de la polémica y el género de adversarios un si es no es ridículos que tenemos en campaña. Yo que con un enemigo personal sería muy comedido, soy implacable con los adversarios sistemáticos y testarudos del sentido común y de la patria. En lo de Salmerón templaré algunas frases, aunque realmente todo lo que digo de su persona y del famoso prólogo es duro y cruel, si bien archi-justificado. Dígame vd. cuáles son allí las frases más ofensivas, para modificarlas. Revilla quiere ponerse a salvo, diciendo que no discutirá conmigo por las formas que empleo. No sé qué conducta seguirá después de leída mi segunda carta. Peores formas emplearon Erasmo, Pascal, Forner y otros famosos polemistas, y perores las emplea él en su contestación, lo cual me libra de toda responsabilidad de conciencia en este punto.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 22 agosto 1876, MPEP 2:61.)

«Mi queridísimo amigo: Recibo su grata del 22 y al propio tiempo el pliego certificado con la réplica a Revilla, que es contundente y a la que pondré por título Mr. Masson redimuerto. Mañana mismo la revisaré é irá a Madrid en seguida, así que haya por quien mandarla a Lugo para certificarla.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 27 agosto 1876, MPEP 2:62.)

«No retrase vd. la 2.ª anti-revillesca, para que pueda ir inmediatamente después de la salmeroniana. Tengo ganas de ver concluido el tomo. No deje vd. de poner en el prólogo algún parrafito disculpándome y aún defendiéndome del cargo de dureza, acritud y mordacidad que me hacían esos señores gallegos. Como el ataque es descomedido, también ha de ser fuerte la defensa. Yo que no vengaría agravios ni enemistades personales soy implacable con los agravios a la patria y al sentido común. Todos los polemistas antiguos y modernos han sido tanto y más duros que yo.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 30 agosto 1876, MPEP 2:63.)

«No deje vd. de mandar pronto la carta de Revilla, porque tengo grandes deseos de verla impresa. Supongo que la salmerónica salga pasado mañana. He templado un poco algunas durezas. En la revillesca creo que no de vd. atenuar nada, porque bien merecido se lo tiene todo. Añada cuantas noticias y observaciones le parezcan conducentes al propósito, por si él no contesta, y es esa la última epístola. Pondré un apéndice con aditamentos al catálogo de bibliotecas y monografías. Mándeme lo que se le ocurre.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 3 septiembre 1876, MPEP 2:64.)

«Mi estimado amigo: doy a V. la enhorabuena por el soberbio varapalo que acaba V. de dar a Revilla, y que acabo de leer en el Ateneo.» (Francisco Caminero a Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, 3 septiembre 1876, MPEP 2:65.)

«Como las palabras racionalismo y racionalista se toman a mala parte, no quisiera verlas aplicadas por V., en la 2.ª revillesca, a Vives, ni a Foxo Morcillo, y desearía que V., al corregir las pruebas, las remplazase con otras equivalente, pero no tan mal sonantes a los oídos piadosos. [...] En las adiciones que para la Azcaratesca mandé a Medina figuran varios de los descubrimientos y novedades que V. recuerda en su réplica a Revilla, la que debió llegar ayer a manos del editor. Al corregir las pruebas de la 1.ª, hará V. las correcciones oportunas para evitar repeticiones, a lo menos cuanto a la forma de expresión.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 4 septiembre 1876, MPEP 2:66.)

«Fr. Zeferino González me escribe que ha leído en La España su revillesca 1.ª y le gusta mucho. 'Lástima será, añade, que nuestros gobiernos no pongan a ese joven en posición y circunstancias favorables para desarrollar sus extraordinarias facultades.'» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Coruña, 8 septiembre 1876, MPEP 2:69.)

«Mi carísimo amigo: Con el placer de siempre recibí su gratísima del 4. Estoy esperando con impaciencia siempre creciente las pruebas de la 2.ª anti-revillesca.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 9 septiembre 1876, MPEP 2:70.)

«Caminero me dice, en carta recibida ayer, que iba a escribir a V., felicitándole por la 1.ª anti-revillesca (que, por lo visto, causó sensación) y ofreciéndole, en nombre del Director, las columnas de La Defensa de la Sociedad.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Coruña, 10 septiembre 1876, MPEP 2:71.)

«La clasificación de escuelas que V. hace en la última anti-revillesca me gusta mucho. Denota tanto saber como perspicacia. Solo hallo que exigiría mas explicación (para quitarle las apariencias de paradójico) lo de entroncar con Vives direcciones tan opuestas como las representadas por los peripatéticos clásicos y los ramistas, enemigos declarados de Aristóteles. También he hallado alguna contradicción entre llamar plaga erudita al especialismo en la salmeroniana y luego declararse amante de él en la réplica a Revilla. Sé que es solo aparente, y que pueden conciliarse ambas afirmaciones, pero no estaría de mas el indicar el distinto sentido en que las toma. Tal vez sobre estos puntos y otros, pudiera escribir V. una epístola de aclaraciones y adiciones, por vía de despedida.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Coruña, 15 septiembre 1876, MPEP 2:75.)

«Volví a leer con sumo gusto la 2.ª revillesca. Levantará roncha, y creo que tendrá V. que volver a la carga. La 3.ª podrá titularse Mr. Masson en el limbo...» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Lugo, 2 octubre 1876, MPEP 2:85.)

«Me dijo D. Aureliano Fernández Guerra que en un periódico de provincias llamado (si mal no recordaba) El Porvenir había visto anteanoche una carta de vd. a Revilla sobre la mía de Masson redimuerto. ¿Soñó Aureliano? ¿Existe esa carta? ¿Que incidentes la han motivado? Tengo curiosidad grande de saberlo.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Madrid, 4 octubre 1876, MPEP 2:87.)

«Con las pruebas de la carta-prólogo irán las de la epístola azcaratezca. Y a propósito del prólogo, quisiera que modificase vd. un poco aquello de que ni aplaude ni apadrina mis ataques contra Revilla y compañeros, para que no aparezca demasiada discordancia entre nosotros en ese punto. D. Leopoldo que no peca de acre, califica de franca, justa y leal mi sátira anti-massoniana.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Lisboa, 7 octubre 1876, MPEP 2:88.)

«No me causa menos placer lo que V. me dice del buen efecto de las cartas anti-revillescas y de que, estimulados por ellas vayan otros cultivando la Filosofía española. Sobre todo, es de importancia la empresa de Canalejas, que tal vez dé lugar a un libro. Sobre esto, pondré en el prólogo algunas palabras, al corregir las pruebas, que mucho deseo despachar, así como ver el libro impreso. No sé si Revilla habrá replicado. O alguno ha suplantado mi nombre, ó Aureliano vio visiones. No he escrito nada a Revilla, ni de Revilla para el público.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Lugo, 8 octubre 1876, MPEP 2:89.)

«Va adjunta una notita de erratas que advertí en la última revillesca por si V. quiere salvarlas. Las páginas y líneas que en ella indico son las de la Revista europea.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Lugo, 13 octubre 1876, MPEP 2:91.)

«Supongo que habrá leído vd. la segunda anti-revillesca. Si no, dígale a mi padre que se la dé. Antes de 15 días quedará impreso (Deo volente) el tomo.» (Marcelino Menéndez Pelayo a José María Pereda, Lisboa, 16? octubre 1876, MPEP 2:93.)

«He recibido su gratísima, que me ha dado un buen rato. Me alegro de que le haya parecido bien la anti-revillesca. No ha contestado ni creo que conteste nuestro sabio. En Madrid supe de muy buena tinta que eran esos sus pensamientos, por ser yo un pollo atrevido que sólo quería hacer ruido a costa suya y alzarme con la jefatura (sic) del partido neocatólico. Todo eso es textual, aunque parezca ridículo. ¿Por qué no se haría estas profundas y filosóficas reflexiones cuando le tentó el diablo a responder a la primera carta mía? Una vez metido en harina debió seguir adelante. Si aquí fueran las cosas como debían ir, una conducta tan estúpida bastaría para quitar a Revilla su crédito literario. Pues ya verá Vd. cómo sigue tan respetado y tan flamante. Canalejas, que no es sospechoso, calificó la primera (y única) contestación de Revilla de fuga vergonzosa. Son bastantes en Madrid los que simpatizan con nosotros en esta polémica. Ya debe estar corriendo el tomo de mis cartas, aunque todavía no he recibido ejemplares. Cuando lleguen a Santander, mi padre le dará a Vd. uno, sin perjuicio de ponerle yo la dedicatoria en tiempo oportuno.» (Marcelino Menéndez Pelayo a José María Pereda, Lisboa, 2 noviembre 1876, MPEP 2:98.)

«No me satisface la razón que V. da para excluir de su Historia a los heterodoxos que aun viven, sobre todo a los que, como Pí y Margall, son cabeza de secta y vienen ya de antiguo influyendo en la marcha de las ideas; pues de esa suerte ha de quedar manca la obra por necesidad, y hasta pudiera suceder que, por haber sobrevivido un maestro a sus discípulos, se diese cabida en ella a estos y no a aquel. ¿No escribimos juicios críticos, a veces harto severos, de las obras de autores que aun no han fallecido? ¿No ha tratado V. a Revilla y Salmerón en sus cartas con bastante dureza? ¿Porqué no ha de poder hacer lo mismo en la historia, si lo merecen? Enhorabuena, que, por la índole mas grave de la obra, se emplee en ella otro tono y se tengan con los personajes todos los miramientos que se quiera; pero, excluirlos ¿porqué? ¿En qué se les puede ofender exponiendo sus doctrinas, cuando ellos no las ocultan?» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Lugo, 4 noviembre 1876, MPEP 2:99.)

«Revilla dijo en la Revista Contemporánea que no me contestaba porque había dado un carácter personalísimo a la polémica, y porque él no quería ser causa, aunque inocente, de una reputación mal adquirida!!! Si aun fuera tiempo podía cerrarse con estas palabras, sin comentario, el tomo de las Polémicas.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Lisboa, 12 noviembre 1876, MPEP 2:102.)

«Según me ha dicho Mazon, el sabio Revilla ha reaparecido en la R. Contemporánea para decir, en cuatro renglones, que no se hace cargo de tu carta por no dar al asunto y al autor la importancia que vas buscando. Esto es mas todavía de lo que te dijeron en Madrid: callarse da lugar a sospechar que se huye; pero hablar para decir que se calla, es la fuga manifiesta. Yo creo que, si aun es tiempo, debieras poner por epílogo de las Polémicas, esa declaración de Revilla. No es posible que haya lector tan apasionado que viéndolo allí escrito dude todavía.» (José María de Pereda a Marcelino Menéndez Pelayo, Polanco, 13 noviembre 1876, MPEP 2:104.)

«Me parece bien el plan que V. se propone respecto a los heterodoxos contemporáneos, incluyendo a los vivos. 1.º Protestantes y católicos liberales: Carrasco (Valladolid) -Cabrera (Sevilla) - Mora y su Iglesia liberal española (Extremadura) - Tornos y otros (Madrid). 2.º Hegelianos: Contero: Pi y Margall: Castelar - Traducciones de Proudhon - Fabié. 3.º Krausistas (fuera del Patriarca y de Castro). - Traducciones de Tiberghien y Ahrens. Minuta de un testamento. 4.º Espiritistas: Sociedades de Madrid y Zaragoza: Alonso y Eguilaz - Navarrete - Torres Solanot - Huelves - Marques de... Florida -Traducciones. 5.º Materialistas y Positivistas y neo-kantistas - Mata - Tubino - Simarro - Perojo - Revilla. 6.º Extravagantes. Bárcia: Cuestión Pontificia: Teoría del Infierno.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Lugo, 17 noviembre 1876, MPEP 2:105.)

«Mi querido amigo y condiscípulo: Aunque tal vez usted no me conozca por mi seudónimo de Clarín, le aseguro que soy, como digo, condiscípulo y amigo de Vd. y uno de sus admiradores. [...]Dios me libre de semejante atrevimiento; soy de los que escarmientan en cabeza ajena, y al ver tan pelado y repelado al Sr. Revilla, que vale mucho más que yo -dicho sea de todas veras-, tiemblo sólo pensando qué sería de mí si, echando pecho al agua, arremetiese pluma en ristre, como hizo el citado crítico por desventura suya. Por mucho que valga el Sr. Revilla, semejantes percances tienen que acontecerle muy a menudo mientras no se acostumbre a respetar como se merece el pensamiento ajeno; y las lecciones que V. le ha dado, aunque tal vez demasiado acompañadas de palmetazos, han de sentarle de perlas, por más que a él no le parezca otro tanto. Y lástima grande que el Sr. Revilla no haya sabido prescindir esta vez de esa maldita suficiencia que ha de acabar con su crédito; porque digo, francamente, que en las pretensiones de la obra de V., Sr. Menéndez y Pelayo, hay algo de excesivo y mucho de injusto, al lado de muy nobles y legítimas aspiraciones.» (Carta de Leopoldo Alas a Marcelino Menéndez Pelayo, publicada en El Solfeo, 29 noviembre 1876, MPEP 2:108.)

«Desde que saliste de Barcelona crece por acá la fama de tus hazañas. En vano despotrica el crítico Revilla en la Revista contemporánea, pues aquí no hace prosélitos y hasta la Renaxensa le enderezó días pasados un artículo, que no por estar escrito en catalán deja de tener sal y pimienta.» (José R. Luanco a Marcelino Menéndez Pelayo, Barcelona, 21 diciembre 1876, MPEP 2:122.)

«No sé si le he dicho a vd. que ni Milá ni Coll votaron a Revilla. Cañete, sí!» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 30 diciembre 1876, MPEP 2:129.)

«Escríbame largo y cuénteme cosas. ¿Ha habido algún artículo acerca de mis Polémicas? ¿Ha dicho algo el sabio Revilla? Tengo ganas de darle otro palo.» (Marcelino Menéndez Pelayo a José María de Pereda, Roma, 3 febrero 1877, MPEP 2:140.)

«Nada, que yo sepa, ha dicho Revilla, ni lo dirá en mi concepto. No dudes que en todos sus ímpetus de soberbia le salen al encuentro, como puntas acercadas, los librones en latín. Tiene que echárselos al cuerpo uno a uno y digerirlos, para poder quedar airoso en la pelea, aunque no triunfante; y como dejó los libros para meterse a sabio, y no es ya hora de volver por ellos, y sin ellos no cabe entrar en liza, ten por seguro que ya no ha de menearse, si no es para decir de vez en cuando y al hablar de lo primero que le ocurra, aquello de 'el gusto que tengo en discutir con los que saben guardar las formas de la cortesía', y lo otro de 'ciertos eruditos cuyas inconveniencias y falta de miramientos, &.'» (José María de Pereda a Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, 15 febrero 1877, MPEP 2:145.)

«En Barcelona se canta con voz tu fama pregonera desde que diste las pasadas arremetidas al krausista Revilla. Son varios los periódicos que citaron tu nombre (¡que poco te conocen!) y hasta La Renaxensa insertó un artículo muy chusco. Además, La Ciencia española se vende en la librería de Eudalgo Puig, y yo mandé antes de ayer un ejemplar que me pidieron de Oviedo.» (José R. Luanco a Marcelino Menéndez Pelayo, Barcelona, 24 febrero 1877, MPEP 2:149.)

«Ya sabrá vd. que Perojo se descolgó en la Contemporánea con un artículo tan interminable como sin sustancia, en que dice de nosotros mil improperios y vuelve a negar la ciencia española, felicitándose de que Pidal, único adversario temible, haya venido a decir en sustancia lo mismo que Revilla... et sic de coeteris. Este artículo es anterior a la publicación de mi carta. Alejandro me lo envió a Venecia, rogándome que contestara, mientras él lo hacía por su parte. Escribí y le mandé sucesivamente con este motivo tres largas epístolas que supongo irán saliendo en la España. Vd. me dirá qué le parecen. No sé si habré cargado la mano, pero las blanduras las guardo para los de casa.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Milán, 16 mayo 1877, MPEP 2:175.)

«Revilla y Alcántara han hecho una 2.ª edición, menos krausista, de su Literatura.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 8 junio 1877, MPEP 2:183.)

«Algo duro anduvo V. con los Contemporáneos, pero más merecen. En el Ateneo sigo oyendo atrocidades al V. P. Revilla, talento del todo consagrado al mal y perdido sin remedio. Más daño hace él que todos los contemporáneos, y positivistas y espiritistas españoles juntos.» (Francisco Caminero a Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, 19 junio 1877, MPEP 2:188.)

«Supongo que conocerás mi libruco de Polémicas con Revilla y comparsa. Está ya agotado (no porque yo haya ganado un maravedí con él) y pienso hacer segunda edición, aumentada con las últimas controversias con Pidal & y algún otro estudio.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Antonio Rubió Lluch, Santander, 10 julio 1877, MPEP 22:1030.)

«La Revista Contemporánea viene en todos sus números llena de escritos heterodoxos de diferentes colores. El último trae tres, uno ateo y materialista, otro protestante, y otro escéptico y volteriano. En la revista crítica del mismo número dice Revilla que si se fuera a consultar la voluntad nacional, en España y en Italia iríamos al fanatismo y a la intolerancia, pero que conviene que la minoría ilustrada nos imponga, aunque sea a palos, la civilización moderna. ¡Vaya un liberalismo! Y Revilla sigue de catedrático en la Central.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 17 julio 1877, MPEP 2:203.)

«Acaba de hacerse una traducción del Origen de las especies de Darwin, por un redactor de la Contemporánea, que la anuncia con mucho bombo, por boca de Revilla. Este asegura formalmente que la ciencia nada sabe ni puede afirmar de la existencia de Dios ni de la del alma, y que la generación animal (sic) del hombre es una conquista de la ciencia novísima. En la misma Contemporánea he visto anunciados dos libros heterodoxos nuevos, uno del Dr. Nieto Serrano (neokantiano) y otro de D. Melitón Martín, panteísta de la fracción que llaman monismo. Este Sr. (según las noticias que da Revilla) proclama la sustancia universal con el nombre de pan-espiritualismo. Se me figura que el susodicho publicó años pasados una especie de novela alegórica titulada Ponos donde debe haber herejías tremendas, y una Filosofía del Sentido Común que no es la escocesa, sino una especie de positivismo.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 24 julio 1877, MPEP 2:207.)

«¿Que le parece V. de Revilla y Alcántara García que, en la segunda lección del 2.º tomo de su tratado de Literatura, al señalar los caracteres distintivos del pueblo español, cuentan entre ellos el sensualismo y la indolencia? Del pueblo andaluz y valenciano acaso pudiera decirse esto; pero ¿son esos todo el pueblo español? El asturiano-cántabro, el vasco, el catalán, ¿nada significan? A Fr. Antonio de Guevara lo hacen vizcaíno. No faltan otro lapsus por el estilo. Sobre la Inquisición no hay que decir en qué términos se expresaran. Indican que Luna el continuador del Lazarillo, era un protestante emigrado.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 12 agosto 1877, MPEP 2:218.)

«¡Los periódicos de Madrid han guardado silencio sobre el Ave, Maris Stella de Amós! Ni Revilla, ni los demás críticos contemporáneos han dicho una palabra. Es hasta donde puede llegar el escándalo. ¿Cuándo verán un libro como ese? ¿Podemos considerar a Campoamor como heterodoxo?» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 17 agosto 1877, MPEP 2:221.)

«De grandísima satisfacción fue para mí y para cuantos conocen sus escritos el varapalo que le dio V. a Perojo. Aquellos preciosos artículos se han leído repetidamente en casa con regocijo y aplauso de todos los oyentes que tiene al tal Perojo la misma voluntad que a Salmerón, Azcarate y Revilla y demás gente de la propia taifa.» (Leopoldo Eguilaz a Marcelino Menéndez Pelayo, Granada, 8 octubre 1877, MPEP 2:243.)

«Pero aun me alegra mas el saber que lleva tan favorable sesgo la cuestión de tus oposiciones a la cátedra de Amador de los Ríos. Teniendo de tu parte a Cánovas, lo tienes todo para el caso. Yo creo que ha habido poca habilidad por parte del Ministro. Si quería favorecerte, el camino mas corto y derecho era declarar que el Decreto sobre edad no te comprendía, por ser tu doctor ya cuando fue publicado. No era gracia, era justicia: nada tenían que clamar los adversarios. Pero, en fin, a lo hecho pecho. Ahora lo que importa es que el tribunal se componga en su mayoría de amigos, sin que, por eso tenga trazas de reaccionario. Que entren en él Valera, Fernández Guerra, Milá, Eguilaz, Canalejas, Fernández González y Revilla... y creo que no habrá duda. Por lo demás, los esfuerzos hechos para excluirte prueban que los adversarios no se sienten con fuerzas para lidiar contigo.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 11 abril 1878, MPEP 3:51.)

«Revilla publica en el último número de la Ilustración un artículo sosteniendo que el Condenado por desconfiado no es de Tirso sino de Lope, fundado en que cuatro versos de esa comedia se encuentran también [en] el Remedio de la Desdicha de Lope. La prueba no es concluyente. Si el Quijote hubiera llegado a nuestros días anónimo, y viéramos que su dedicatoria está calcada en la que puso Hernando de Herrera en sus Comentarios a Garcilaso, ó reparáramos en que la comparación de las traducciones con los tapices flamencos está tomada ad pedem litterae del prólogo de D. L. Zapata a su traducción de Horacio, ¿diríamos por eso que el Ingenioso Hidalgo era obra de Herrera ni de Zapata? La coincidencia de tres ó cuatro versos y de una o más fráses no es razón bastante. En mi concepto, el Condenado no pertenece a Lope ni a Tirso, sino a un autor de segundo orden, probablemente Mira de Méscua.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 1 julio 1878, MPEP 3:95.)

«Mi Pasarse de listo vale poco, pero el Sr. Revilla, que celebra mil tonterías, ha estado harto severo en la crítica que de Pasarse de listo ha hecho en la Revista Contemporánea.» (Juan Valera a Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, 19 julio 1878, MPEP 3:117.)

«Leo lo siguiente en La Correspondencia: «Se indica para formar parte del tribunal de oposiciones a la cátedra de literatura española, a los Sres. Groizard, Revilla, Pelayo Cuesta y Cueto, en sustitución de los Sres. Valera, Fernández Guerra, Campoamor y Milá, que por sentimientos de delicadeza renunciaron a formar parte del tribunal.» Nada me han indicado. ¿Por qué esas dimisiones? ¿Qué hay de esto? ¡Con qué enemigos literarios me juntan!» (Leopoldo A. de Cueto a Marcelino Menéndez Pelayo, París, 26 julio 1878, MPEP 3:123.)

«Y a propósito de libros. El año anterior tuve de texto en mi cátedra la obra de Cano. Es pésima, y quedé arrepentido de haberla adoptado. A mi Auxiliar (que me sustituyó casi todo el curso) tampoco le gusta. La de Revilla es mucho mejor, pero sobrado voluminosa y amen de esto, insana. ¿Sabes de alguna que pueda servirme? La de Milá (que no conozco) debe de ser buena; pero creo que la falta la parte histórica. ¿Como nos arreglaríamos? ¿No pudieras tú, cálamo currente, trazar un bosquejo histórico de nuestra literatura, conciso en los juicios y abundante en ejemplos? Tu videbis. Advierte que hasta Navidad habrá de ocupamos la parte teórica. Por tanto, conque para entonces estuviese impreso el trabajo que te propongo, bastaría. En Santiago bien se despacharían 80 ejemplares cada año. Eguilaz, Milá y acaso otros no dejarían de adoptarla.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 9 agosto 1878, MPEP 3:136.)

«Perojo ha venido a proponerme (¡admírate y suspéndete!) la publicación de una Biblioteca de filósofos españoles, que yo he de dirigir. Le ha parecido bien el plan que le indiqué, y está muy en ello. Las ediciones serán bilingües, para que puedan circular en Alemania y otras tierras de extranjis. ¿Quid tibi videtur? Aquí se puede decir: salutem ex inimicis nostris. Sólo temo que Revilla y otros de Madrid se lo quiten de la cabeza. El referido Perojo, que se ha empeñado ahora en ser editor mío, quiere publicar la Historia de los heterodoxos (sin ponerle la rúbrica de Biblioteca Perojo), y si consigo que me dé ocho mil reales por cada tomo (que es lo que pedí a Dorregaray) cerraremos el trato. Él es, después de todo, un pobre hombre, a quien malamente han explotado y explotan todos los neo-kantianos, hegelianos y positivistas españoles, y es hasta una obra de caridad hacerle emprender otra especie de publicaciones. Su imprenta es buena.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 23 agosto 1878, MPEP 3:147.)

«Á pesar de tanto como dicen y trabajan contra mí, la diferencia hasta ahora es tan grande, que no dudo que tendré en mi favor a todos los del Tribunal, excepto Fernández-González que (como casi todos los de esta Facultad de Letras) es enemigo acérrimo de mi candidatura. Esta animadversión llega a un punto ridículo. Al hijo de Rubió le mandaron tachar en el discurso de Doctorado todos los párrafos en que se refería a mí (por noticias que yo le había dado) so pena de no admitírsele. En el Tribunal estaban Revilla, Morayta, Camus y otros 'ejusdem furfuris'.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Madrid, 11 noviembre 1878, MPEP 3:185.)

«Mi carísimo Gumersindo: No te extrañe mi largo silencio. Para contestar a tu última he esperado que las oposiciones acabasen del todo. Te doy, pues, la buena noticia de que he sido propuesto en primer lugar de la terna por seis votos contra uno. No necesito decirte que este uno es Fernández González, representante aquí de las iras universitarias. Para el segundo lugar salieron empatados Canalejas y S. Moguel, resolviéndose el empate a favor de Canalejas que lo merecía mucho menos que el otro. Para el tercer lugar tuvo Sánchez Moguel seis votos contra uno, el de Fernández González. La conducta de éste ha indignado mucho a tirios y troyanos. Revilla dijo a Valera que a haber sido él juez, me hubiera dado su voto.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Madrid, 28 noviembre 1878, MPEP 3:191.)

«En la contemporánea ha dicho Revilla que el fanatismo ultramontano echa a perder las altas dotes de Pereda. No sé que tengan que ver con el Ultramontanismo las Escenas montañesas y los Tipos y paisajes. Dice que es inferior a Mesonero. ¿En que ha quedado el proyecto de revista de que te habló D. Aureliano, que tu y él habíais de dirigir y publicar Dorregaray? Perojo no se para en barras. Ahora va a darnos el escándalo de imprimir las obras de Voltaire ¡en 40 tomos! Me temo que con esto haya decaído su entusiasmo por la Biblioteca de Filósofos españoles.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 30 noviembre 1878, MPEP 3:193.)

«No necesito advertirte que en mi toma de posesión (que, entre paréntesis, me dio un Rector montañés, D. Manuel Rióz) brillaron por su ausencia Canalejas, Revilla, Morayta, Camus y Bardón. Fernández González fue, pero ni siquiera me saludó. Los demás estuvieron muy finos. Me tienes, pues, en quieta y pacífica posesión de la cátedra de Josephus Amator Fluminum.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Madrid, 25 diciembre 1878, MPEP 3:215.)

«Mi muy distinguido amigo: para estas fechas supongo habrá recibido V. un ejemplar de la Contestación que V. sabia que estaba yo escribiendo. [...] Ya empezamos con la eterna cantinela, la cuestión de miramientos; hoy un periódico Comercial de esta, me dice, entre mil piropos, que no guardo ningún miramiento a mis adversarios. Sea Dios bendito: esta gente yo no sé que entiende por cortesanía, ni caridad: tengo bien presentes las epístolas de V. contra Revilla: esto me consuela: aunque no hubiera leído nada en muchos mas escritores la manera como se ha de tratar a escritores de tal laya.» (Fr. Tomás Cámara a Marcelino Menéndez Pelayo, Valladolid, 8 junio 1879, MPEP 3:312.)

«Supongo que el Ministro de Fomento haya nombrado a Sánchez Moguél catedrático de Literatura de Zaragoza, en conformidad con nuestra unánime propuesta. Mis compañeros fueron Moreno Nieto, presiente, Cañete, Campoamor, Núñez de Arce, Revilla y un señor Suárez de Sevilla. No sé si pensará Cano presentarse a la cátedra de Literatura de Salamanca, cuyos ejercicios serán pronto. Casi se le puede pronosticar otro fracaso, pues entre los opositores están el hijo de Rubió, cuyas dotes ya habrás conocido por su libro de Anacreonte, y el poeta Sánchez de Castro, que tampoco es rana, aunque no sabe lo que Rubió, ni con mucho.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 15 agosto 1879, MPEP 4:24.)

«Cuando llegué a ésta me encontré con los nombramientos hechos y con que casi todos los jueces habían aceptado. Para colmo de males, estaban fuera de Madrid algunos amigos míos que hubieran podido influir más ó menos eficazmente en el asunto. En cuanto a mí ni siquiera he podido conseguir que me nombren juez, lo cual me ha disgustado sobremanera y hasta me ha parecido un desaire, siendo como soy catedrático de Literatura de la misma Universidad en que van a celebrarse las oposiciones. Nunca me hubiera convenido tanto como en este caso el entrar en el tribunal, para contrarrestar las influencias liberalescas, que en él predominan, según entiendo. Tal anda la Dirección de Instrucción Pública que nada me han asombrado los nombramientos de Vidart, Revilla y Aguilera.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Joaquín Rubió Ors, Madrid, 17 octubre 1879, MPEP 22:1051.)

«Dícenme de esa que Revilla ha escrito una crítica de mi novela: ¿cómo me tratará el jurado enemigo de los bas-bleus? [...] P.D. Retrasado el envío de esta al correo por descuido de un criado, tengo tiempo de abrirla y de decir a V. que ya ha salido la critica de Revilla en el Globo y que el fiero Pontífice máximo de la crítica liberal está bastante propicio, blando y cortés con esta no muy conocida literata, si se atiende a que para él tengo el doble lunar de ser católica y de vestirme (¡horror!) por la cabeza. Por lo demás hace de mi estilo elogios tales, que me parecen, con verdad lo digo, extraordinarios.» (Emilia Pardo Bazán a Marcelino Menéndez Pelayo, La Coruña, 25 diciembre 1879, MPEP 4:85.)

«¿Cómo va el 2.º tomo de Heterodoxos? Según noticia que me ha dado tu padre, es un hecho la locura rematada de Revilla y Canalejas. De lamentar es el caso, pues son prójimos y no vulgares; pero no de extrañar. Lo inconcebible es que no tengan el mismo paradero cuantos andan metidos en iguales y parecidas andanzas filosóficas, y hasta los que escuchan desde la cruz a la fecha el discurso laberíntico de Castelar en la Academia, obra que remató a Canalejas, ó no es cierta la noticia de que éste se declaró loco al día siguiente de la famosa recepción.» (José María de Pereda a Marcelino Menéndez Pelayo, Santander, 25 mayo 1880, MPEP 4:166.)

«¿Es cierto lo que por aquí se dice de que a Revilla se le ha vuelto la cabeza? Dime lo que sepas, pues es asunto que me interesa.» (Antonio Rubió y Lluch a Marcelino Menéndez Pelayo, San Baudilio de Llobregat, 3 agosto 1880, MPEP 4:210.)

«¿Es cierto que Revilla se ha vuelto loco? Dios le abra los ojos de la razón para reconocer sus errores.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 9 agosto 1880, MPEP 4:216.)

«Revilla se ha vuelto enteramente loco. No sé lo que harán con su cátedra.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Antonio Rubió Lluch, Santander, 27 agosto 1880, MPEP 22:1059.)

«Efectivamente, Revilla se volvió loco, y loco sigue, según mis noticias. No sé lo que harán de su cátedra.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 28 agosto 1880, MPEP 4:242.)

«Sabrás que Revilla ha muerto. Dios le haya perdonado. Se me ocurre que si pidieras por traslación su cátedra, nadie podría disputártela, puesto que Milá y Eguilaz, que tienen más años de servicios, no han de presentarse.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Madrid, 20 septiembre 1881, MPEP 5:166.)

«Por muerte de Revilla queda vacante la cátedra de Literatura general de esta Universidad. La pretende por traslación Sánchez Moguél, pero no le corresponde. Delante de él está por antigüedad y por méritos nuestro amigo Gumersindo Laverde, que es de todos los catedráticos de la misma asignatura el que más años de enseñanza lleva, si exceptuamos a Milá y a Eguilaz, que no se presentan al concurso. Además, compárense los méritos literarios de Laverde, y de Moguél, y se verá la diferencia, por apasionados que sean los jueces. Moguél es catedrático de ayer, y hasta ahora no ha publicado cosa alguna de fuste. Pero como es arrojado é intrigante témome que haya puesto de su parte a Moreno Nieto y a otros consejeros. Si el Consejo primero y luego el Ministro le dan la cátedra con preferencia a Laverde, será una iniquidad que clame al cielo. Escriba Vd. a Alvareda y a los consejeros que conozca. Yo por mi parte haré lo que pueda. ¿Puede Vd. enviarme los Monumenta Portugalliae Historica?» (Marcelino Menéndez Pelayo a Juan Valera, Madrid, 20 septiembre 1881, MPEP 5:167.)

«Marcelino carísimo: cuanto te agradezco tu cariñoso afán por llevarme a la cátedra que deja vacante Revilla (q.D.h.), no hay para que lo diga. Cuanto placer tendría en comunicar diariamente contigo mis afectos y pensamientos, tampoco necesito expresártelo. Pero no tengo piernas, no puedo moverme de un punto a otro si no en brazos ajenos. No iría, pues, a esa Universidad mas que a tomar posesión (con harto trabajo) y a cobrar el sueldo. y para esto ¿sería decoroso que yo pretendiese dicha cátedra? Por otra parte, los gastos de traslación serian grandes, el aumento de sueldo apenas cubriría el de gastos, los rigores del invierno, ahí tan frío, probablemente acrecentarían mis padecimientos y la salida de verano, de todo punto indispensable para no sudar el poco quilo que me queda, me costaría un sentido. Y si después de todo falleciese yo ahí ¿en qué situación se encontrarían mi mujer y mis hijos, alongados de su casa y familia, teniendo que hacer un viaje tan caro como, el de Madrid a Lugo, que no baja de 500 rs. por persona aun en tren de tercera? Lo dicho te convencerá de que es irrealizable tu buen deseo y de que tengo que resignarme a aguardar mi ultima hora aquí, amarrado al potro en que Dios quiere castigar mis pecados.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 25 septiembre 1881, MPEP 5:171.)

«Mi muy querido Antonio: Ya me hago cargo de las razones que me das para dejar en suspenso lo de la cátedra de Revilla. Realmente las cosas se presentan mal, y temo algún embolismo. El tribunal, por supuesto, será fabricado ad hoc. Creo que los opositores serán bastantes además de los que ya conoces.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Antonio Rubió Lluch, Madrid, 19 noviembre 1881, MPEP 22:1071.)

1881 «Un hegeliano, puro o mitigado, es y ha sido siempre rara avis entre nosotros. Tampoco se oye hablar ya del neo-kantismo, que importó de la universidad de Heidelberg el Sr. D. José del Perojo, discípulo de Kuno Fischer, y autor de unos Ensayos sobre el movimiento intelectual de Alemania, incluidos en el Índice romano. Perojo, con imprenta propia y con la Revista Contemporánea por órgano, inició una reacción desaforada contra el krausismo, congregó a todos los tránsfugas de la escuela, entre los cuales se distinguía el malogrado e ingenioso crítico literario D. Manuel de la Revilla (una de las inteligencias más miserablemente asesinadas por el Ateneo y por la cátedra de Sanz del Río); formó alianza estrecha con los positivistas catalanes, y comenzó a inundar a España con todos los frutos de la impiedad moderna y antigua, sin distinción de escuelas ni sistemas, desde Benito Espinosa y Voltaire, hasta Herbert Spencer, Darwin, Draper, Bagehot y otros de toda laya.» (Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, Librería Católica de San José, Madrid 1881, tomo III, pág. 809.)

1885 «Esto va con los bibliófilos. De los críticos contemporáneos(1), diré poco. (1) Alúdese a la Revista Contemporánea, y especialmente al malogrado Revilla, con quien traía yo entonces ardientes polémicas, trocadas luego en amistad sincera y en acerbo pesar por su arrebatada muerte.» (Marcelino Menéndez Pelayo, «Dos palabras a quien leyere», Advertencia a la primera edición de Horacio en España, Madrid 1877, nota de la 2ª edición refundida, Madrid 1885.)

1887 «Yo peleaba por una idea; jamás he peleado contra una persona ni he ofendido a sabiendas a nadie. Y la mejor y última prueba que puedo alegar de esto, es que todos mis contradictores han sido amigos míos después de esta controversia, y lo fue muy íntimo, dejándome con su muerte imborrable recuerdo y amarguísimo duelo, aquel gran crítico Manuel de la Revilla, en cuyo generoso espíritu no quedó ni la más ligera sombra de rencor después de nuestro combate literario, sino afectos de simpatía, confirmados luego por el lazo estrechísimo con que liga a sus miembros la institución universitaria, haciéndolos, más bien que compañeros, hermanos. 28 de abril de 1887.» (Marcelino Menéndez Pelayo, «Advertencia preliminar de la tercera edición» de La Ciencia Española, Madrid 1887.)

«Llegaron felizmente los dos volúmenes que se sirvió enviarme y que vuelvo a leer con grandísimo placer. En la segunda edición del primer tomo de la Ciencia española, he visto con gusto que trata V. ya más benignamente en el nuevo prefacio, al célebre Sr. de la Revilla; y lo celebro más que por otra cosa, porque es un rasgo de española generosidad que estamos obligados a usar con adversarios vivos, pero más todavía con los muertos. Espero con grandísimo interés el segundo tomo, y ojalá comience a venir pronto la Historia de la Estética.» (Casimiro del Collado a Marcelino Menéndez Pelayo, México, 30 julio 1887, MPEP 8:462.)

«¿Podrías darme una detallada noticia del plan de reforma de la Facultad de Letras que te encargó el Ministro de Fomento, no se cuando, en colaboración con el malogrado Revilla?» (Antonio Rubió Lluch a Marcelino Menéndez Pelayo, San Boy del Llobregat, 10 agosto 1889, MPEP 10:119.)

«He sentido mucho no haber podido asistir a las dos disertaciones de Rodríguez Marín sobre «el Quijote en América» y «Don Quijote en América». Y ¡cuanto también me ha apenado no haber ido -por la misma causa de mi pobre salud- a la recepción de Bonilla! ¡Qué bello discurso el de Vd., maestro! Y no sabe cuánto me ha conmovido su alusión a D. Gumersindo Laverde. Ella me trajo recuerdos bien dulces de aquella época de mi juventud en que allá en la Habana, apuntándome apenas el bozo, leía y releía yo La Ciencia Española y compré todas las monografías que Vd. cita -muchas de las cuales me costaron gran trabajo y dinero-, y rompí muchas lanzas y hasta algún bastón, contra los partidarios tropicales de D. Manuel de la Revilla. ¡Qué tiempos aquellos!» (José de Armas y Cárdenas a Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, 30 marzo 1911, MPEP 21:539.)

 
Selección bibliográfica de Manuel de la Revilla:
  • Historia y defensa de la declaración de la prensa republicana, Imprenta de La Discusión, Madrid 1870, 32 págs.
  • «Literatura sánscrita. El Ramayana», Revista de España, 1872, 26:27-63.
  • (y Pedro de Alcántara García), Principios de literatura general e Historia de la literatura española, Tipografía del Colegio Nacional de Sordo-Mudos y de Ciegos, Madrid 1872, 2 vols. XII+485 y 516 págs. Principios generales de literatura..., 2ª edición aumentada y completamente refundida: Librerías de Francisco Iravedra y Antonio Novo, Madrid 1877, 2 vols. 3ª edición escrupulosamente corregida: Librería de Francisco Iravedra, Madrid 1884, 2 vols, 782 págs. 4ª ed.: Francisco Iravedra, Madrid 1897-1898, 2 vols., 526-788 págs.
  • (Urbano González Serrano y...) Elementos de ética o Filosofía moral, Librería de M. Murillo, Madrid 1874, 208 págs.
  • Cartas inéditas de D. Julián Sanz del Río, publicadas por Manuel de la Revilla, Casa Editorial de Medina y Navarro, Madrid (1874), 109 págs. [publicadas previamente en la Revista Europea, desde el nº 3, 15 de marzo de 1874, &c.]
  • «El neo-kantismo en España. Ensayos sobre el movimiento intelectual en Alemania por Don José del Perojo», Revista de España, 1875, 47:145-157.
  • Prólogo a Urbano González Serrano, Estudios de moral y filosofía, Librerías de Francisco Iravedra, Madrid 1875, XXVIII+343 págs.
  • Dudas y tristezas. Poesías, con un prólogo de Ramón de Campoamor, Imprenta de Medina y Navarro, Madrid 1875, 196 págs. Segunda edición, corregida y aumentada, con una noticia necrológico-biográfica por Pedro de Alcántara García, Librería de F. Iravedra, Madrid 1882, XL+209 págs.
  • «La Filosofía española», Revista Contemporánea, 1876, 5:111-115.
  • Obras filosóficas de Descartes: Discurso del método, Meditaciones metafísicas, Los principios de la filosofía, Las pasiones del alma, vertidas al castellano y precedidas de una introducción por Manuel de la Revilla, Biblioteca Perojo (Colección de Filósofos modernos, 1), Madrid 1878, LXXXVII+343 págs.
  • Obras filosóficas de Descartes: Objeciones a las meditaciones metafísicas, respuestas de Descartes a las objeciones, vertidas al castellano y precedidas de una introducción por Manuel de la Revilla, Biblioteca Perojo (Colección de Filósofos modernos, 2), Madrid 1878, 428 págs.
  • [Obras selectas de Voltaire, precedidas de la vida de Voltaire por Condorcet..., Perojo, Madrid 1878, 2 vols. HDFE 6:731, 14455, atribuye esta traducción a Manuel de la Revilla y a Luis Simarro, pero se trata, como nos advierte el profesor Fernando Hermida, de un error. Perojo encargó a Simarro, en efecto, con ocasión del centenario de Voltaire, una nueva traducción de sus textos al español; pero tuvo que acabar recurriendo a la versión que hacía décadas había dejado dispuesta en la lengua el abate Marchena. Como no dejó de reseñar, por otra parte, el propio Revilla: «Por eso, el Sr. Perojo merece bien de la causa del progreso por haber publicado la excelente traducción que de las novelas volterianas hizo el célebre abate Marchena, preclaro ingenio de los comienzos del presente siglo.» Revista crítica, 15 octubre 1878.]
  • Obras de D. Manuel de la Revilla, con un prólogo del Excmo. Sr. Don Antonio Cánovas del Castillo, y un Discurso preliminar de Don Urbano González Serrano, Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid (Imprenta Central), Madrid 1883, XLV+565 págs. [RC XLVI:121-126]
  • Críticas de D. Manuel de la Revilla. Primera serie, Imprenta de Timoteo Arnaiz, Burgos 1884, 378 págs. Críticas de D. Manuel de la Revilla. Segunda serie, Imprenta de Timoteo Arnaiz, Burgos 1885, 393 págs.
 
Bibliografía sobre Manuel de la Revilla:
  • Carlos García Barrón, Vida, obra y pensamiento de Manuel de la Revilla, Porrúa Turanzas, Madrid 1987, 139 págs.
  • Antonio Dorca, Los albores de la crítica moderna en España: José del Perojo, Manuel de la Revilla y la Revista contemporánea, Universitas Castellae (Siglo Diecinueve 3), Valladolid 1998, 186 págs.
 
Sobre Manuel de la Revilla en el Proyecto filosofía en español:
Textos de Manuel de la Revilla en el Proyecto filosofía en español:

 

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