Rafael María de Labra Cadrana
 
1840-1918

Rafael María de Labra Cadrana Ideólogo y político español, liberal y republicano, defensor de la autonomía de las Antillas, activo antiesclavista y escritor prolífico, nacido en La Habana en 1840 –en 1841 según otros–, hijo de Rafaela (nacida en Gijón, hija del Sub-Intendente de Cuba, don Ignacio González Cadrana) y de Ramón María de Labra (nacido en Cangas de Onís en 1788, hijo de acomodados labradores, estudiaba Derecho en la Universidad de Oviedo cuando el imperialismo francés quiso apropiarse de España, alistándose como voluntario y destacando en la guerra de la independencia nacional española: fue nombrado sargento primero el 28 de mayo de 1808, llegando en 1812 a alcanzar el grado de capitán, combatiendo hasta 1814 en Asturias, Galicia, León, Castilla y Cataluña; en 1820 era comandante de tropas ligeras, y sufrió seis meses de prisión en el castillo de San Sebastián, de Cádiz, por sus ideas liberales; fugado del castillo participó en el alzamiento de Riego, y le cupo el honor posteriormente de defender, como jefe, la plaza de Pamplona contra la nueva intentona invasora francesa –los «cien mil hijos de San Luis»–; a mediados de 1823 emigró a Inglaterra, donde vivió penosamente once años, regresando en 1834 a España, partiendo en febrero de 1836 para la Habana, como coronel del regimiento de Galicia, ascendiendo en 1843 a brigadier, siéndole encargado el Gobierno civil y militar de Cienfuegos; regresó a la Península en 1849, aceptando en 1850 la Comandancia general de Almería, que desempeñó hasta 1851, en que se estableció en Madrid como general de brigada de la reserva, dedicándose exclusivamente a la educación de su hijo; falleció el 8 de mayo de 1870).

Siendo todavía niño se trasladó con su familia a la Península, viviendo primero en Cádiz y desde que tuvo diez años en Madrid, en cuya Universidad estudió las carreras de Filosofía y Letras y de Derecho, graduándose de abogado en 1860. Un año antes recibió de manos de Olózaga un premio a la elocuencia en la Academia de Jurisprudencia y Legislación. El 15 de noviembre de 1857 había ya ingresado en el Ateneo de Madrid (con el número 1769, presentado por Enrique Lemming, Fernando Cos-Gayón y Gabino María Armeiza), donde muy pronto se dio a conocer gracias a sus facultades como orador. Se inició en el periodismo en El Contemporáneo y en La Discusión. En la Revista Hispanoamericana (1864-1867) pronto propuso la autonomía de Cuba. Su antiesclavismo le granjeó grandes enemistades en Cuba, asegurando Miguel Moya (Oradores políticos) que un periódico integrista cubano abrió suscripción para premiar a quien lograse aniquilarle: «Por sacarle los ojos, 100. Por partirle el corazón de una puñalada, 500. Por arrastrarle, 1.000 pesos.»

Fue gran activista de la Sociedad Abolicionista Española, fundada en diciembre de 1865 por un grupo de peninsulares y antillanos encabezados por el portorriqueño Emilio Vizcarrondo. Su primer presidente fue Salustiano de Olózaga, a quien sucedieron José María Orense, Fernando de Castro y Joaquín Sanromá. Labra, que en 1866 dirigió El Abolicionista, fue presidente del Comité ejecutivo de la Sociedad Abolicionista Española desde 1868 hasta 1876, en que ocupó la Presidencia de la Sociedad, que se disolvió en 1888, una vez erradicada la esclavitud de las naciones hispánicas.

«Hacia el año 1870, en que predominaban las derechas en la vida cultural del Ateneo, con nombres tan ilustres como los de Moreno Nieto, Valera, Pontón, Mena, Benavides, Amador de los Ríos, &c., que explicaban cursos sobre materias diversas, únicamente Revilla, Canalejas, Tubino y el joven Labra representaban la tendencia liberal. Explicó por entonces Labra en el Ateneo un curso interesantísimo sobre Política y Sistemas coloniales, en que aparece ya expuesta la ideología que había de dirigir la futura actuación del propagandista y del político (Se publicaron estas lecciones en 1874, y luego, ampliadas y refundidas, las volvió a editar el Sr. Sanmartín, con el título de La Colonización en la Historia, 1876, 2 vols.). Aplicaba en ellas Labra el criterio de la democracia a la cuestión colonial, y es interesante observar para la historia de las propagandas liberales en España que a pesar del éxito que obtuvieron aquellas conferencias, en la Memoria reglamentaria sobre los trabajos del Ateneo en 1870, se calla cuidadosamente la existencia de aquella cátedra explicada por Labra.» (Romanones 1922:7-8.)

Fue propuesto Labra por el tribunal correspondiente en el primer lugar de la terna que debía cubrir la nueva cátedra de Historia de la colonización de la Universidad Central, pero no llegó a tomar posesión:

«Por aquella época también ganaba yo el primer puesto entre los opositores a la cátedra de Historia de la colonización inglesa en Asia y Oceanía, cuya provisión se hacía, sin embargo, en beneficio de la persona que ocupaba el lugar inferior, por ser mis opiniones totalmente opuestas a las que imperaban en el Ministerio de Ultramar. ¡Esto sucedió después de la revolución de Setiembre!» (Labra 1878, RC 61:340 nota)

«En 1870 fueron creadas por Moret tres cátedras de Historia de la colonización inglesa en Asia y Oceanía, Historia y civilización de las Islas Filipinas y Lengua tagala. De todas ellas, con diversos pretextos, fueron excluidos los opositores de ideas liberales, y como Labra obtuviese en la oposición el primer lugar de la terna, según el procedimiento vigente, para la cátedra de Historia de la colonización, se aplazó su nombramiento hasta que tomó posesión del cargo de diputado, entonces absolutamente incompatible con el de catedrático.» (Romanones 1922:8-9.)

En efecto, en 1871 fue elegido diputado a las Cortes españolas por Infiesto (gracias al arraigo y prestigio que tenía su familia en esa parte de Asturias), sin estar adscrito a ningún partido político, lo que le permitió actuar con gran independencia y libertad:

«Siendo de notar que en aquellas ocasiones sus mayores adversarios, los que más frecuentemente le combatieron, realizando contra él una campaña violentísima, fueron los indianos, los que habían conquistado su posición y su fortuna en la emigración, los mismos que años después le ayudaron con generosos donativos en todos los empeños americanistas y llegaron a profesarle devoción verdadera. El célebre discurso pronunciado en Mayo de 1871, defendiendo una enmienda al proyecto de contestación al Discurso de la Corona, inicia ruidosamente la vida parlamentaria de Labra y su constante actuación sobre la abolición de la esclavitud y la cuestión colonial. La resonancia que este acto tuvo en las colonias fue tal, que disueltas las Cortes de 1871 y cuando se disponía Labra a sostener su candidatura en Asturias para las nuevas, recibió una calurosa invitación de los puertorriqueños para que les autorizase a llevar su nombre al distrito de Sabana Grande. La carencia de representantes de Cuba y la consideración de que las doctrinas del partido reformista puertorriqueño como tesis genéricamente colonial convenían también a la causa cubana, fueron razones que movieron a Labra a aceptar esta representación, que a partir de 1875 ostentó juntamente con la del distrito de la Habana. En 1872 no solamente figura Labra entre los Diputados reformistas de Puerto Rico, sino que al poco tiempo llegó a ser el jefe del grupo, dirigiendo sus trabajos durante el activísimo período de 1872 a 1873. Sus representados de Ultramar dejaron a Labra libertad plena en las cuestiones referentes a la política peninsular, y si bien sus antiguos electores de Asturias siempre aprobaron su conducta política, cosechó gran número de enemigos apasionados entre los partidarios de la política de represión en las colonias y los mantenedores de la esclavitud.» (Romanones 1922:9-11.)

En 1871 fue uno de los 500 suscriptores (el nº 104) de la edición de las Obras completas de Platón, y en 1878 fue uno de los 201 suscriptores (el nº 135) de la edición de las Obras de Leibniz, ambas puestas en español por Patricio de Azcárate.

Logró Labra que el partido radical aceptase su programa reformista ultramarino, y proclamada en febrero de 1873 la efímera República Española, el activismo de Labra facilitó que la Asamblea Nacional, en sólo dos meses que duró, dispusiese la Ley de abolición de la esclavitud, que después de un famoso debate fue votada y aprobada por aclamación. (Aunque la ley de 13 de febrero de 1880 sometió a los antiguos esclavos de Cuba, bajo la organización del Patronato, a una especie de servidumbre disfrazada, contra la que continuó luchando Labra, logrando en 1887 que se aboliese el Patronato.)

Fue Rafael María de Labra uno de los fundadores en 1876 de la Institución Libre de Enseñanza, de la que fue Rector, y como tal, por ejemplo, intervino el 2 de mayo de 1882 en la ceremonia de inauguración del edificio proyectado en el Paseo de la Castellana, que nunca llegó a construirse, al tener que ajustar la ILE sus ambiciosos proyectos a la realidad de sus menguadas posibilidades.

«Escasa en publicaciones ha sido esta quincena. La más importante es La colonización en la historia por D. Rafael María de Labra, infatigable propagandista de la abolición de la esclavitud y de las reformas coloniales. Su nuevo libro, resumen de unas lecciones pronunciadas en el Ateneo, tiene por objeto estudiar la colonización desde los tiempos antiguos hasta nuestros días, deduciendo de este estudio conclusiones favorables a un régimen colonial autonómico que prepare sin peligros la emancipación de las colonias. El trabajo es tan erudito y notable como cuanto sale de la discreta pluma del Sr. Labra; pero no juzgamos oportuno ocuparnos de sus conclusiones, pues no creemos llegada la hora de tratar con espíritu severo e imparcial estos asuntos que se relacionan con cuestiones que afectan muy de cerca a nuestra patria, y nos limitamos, por tanto, a reconocer su mérito y recomendarlo a nuestros lectores.» (Manuel de la Revilla, «Revista crítica», Revista Contemporánea, nº 29, 15 febrero 1877, pág. 415)

«Verdaderamente notable ha sido el discurso pronunciado por el Sr. Labra en la sección de Ciencias morales y políticas del Ateneo. Alto sentido político; templanza y cordura; copia de doctrina acomodada a los últimos adelantos de la ciencia; sincero amor a la libertad, sin alardes demagógicos; verdadero espíritu conservador y sensato dentro de la democracia; espíritu conciliador y transigente, sin abdicación ni flaqueza, y, con todo esto, una palabra fácil, sentida y elocuente, calurosa expresión de una rica fantasía y de un ánimo entusiasta. He aquí lo que ha sido el inspirado discurso de nuestro amigo, que, juntamente con los Sres. Montoro, Moret, Pedregal y Rodríguez, ha sabido dar la fórmula de la democracia novísima, tal cual la han constituido los adelantos de la ciencia y las enseñanzas que de recientes y dolorosos hechos se desprenden. ¡Síntoma consolador, por cierto, la aparición de esta nueva democracia, no ya idealista, utópica, bullanguera e intransigente como la pasada, sino cuerda, mesurada y razonable! Trabajo ha costado llegar a este punto, y librarse de los funestos resabios del jacobinismo francés y del progresismo español, buscando la ley y norma de la democracia en las enseñanzas de la ciencia seria, de la ciencia inglesa y alemana, y en las lecciones de la experiencia y de la historia. Pero, o mucho nos engañamos, o el camino salvador está emprendido; y no sólo por los genuinos demócratas conservadores, sino por los que forman, como el Sr. Labra, en los puestos avanzados de la democracia, lo cual no deja de ser importante y significativo. La índole de nuestra publicación nos veda hacer un análisis del discurso del Sr. Labra. Baste decir que, salvo en dos o tres cuestiones, en él se formularon cumplidamente los principios y reglas de conducta de la democracia sensata y posible, dando de mano a varias utopías. Cierto que todavía nos habló de federalismo el Sr. Labra, quizá por ceder a compromisos de partido; pero lo consideró como ideal lejano, es decir, lo aplazó para las Calendas griegas; y de esa suerte nos tiene sin cuidado, sobre todo, si por federalismo entiende simplemente el Sr. Labra una descentralización algo exagerada. Renunciando el Sr. Labra al idolátrico culto que a la forma rinden todavía algunos demócratas, se opuso a ciertas incompatibilidades o intransigencias, y aplaudió la conducta de los demócratas italianos en determinada cuestión, señalando las condiciones en que podían y debían hacerse ciertas transacciones, a veces convenientes. Sobre este punto tampoco podemos ser explícitos, y nos limitamos a declarar que lo dicho por el Sr. Labra nos pareció tan racional como político y sensato.» (Manuel de la Revilla, «Revista crítica», Revista Contemporánea, nº 35, 15 mayo 1877, pág. 115).

El 30 de marzo de 1877 publicó en la Revista Contemporánea la primera entrega de su famoso y pionero estudio histórico sobre «El Ateneo de Madrid», donde aprovecha para ir ofreciendo la interpretación que de la historia inmediata de España podía hacer la generación de los hijos de los patriotas liberales que salvaron a la Nación española del francés («porque yo me declaro hijo de los hombres de 1820 y hago mías sus responsabilidades» –RC 32:173–; así, por ejemplo, en la parte II se glosa la reacción de 1824 y sólo aparece mencionado el Ateneo en el título), y cuya novena y última entrega fue publicada por esa revista el 30 de junio de 1878. A finales de ese mismo año reeditó Labra ese texto, con muy ligeras modificaciones y algunos añadidos, formando un libro (El Ateneo de Madrid, sus orígenes, desenvolvimiento, representación y porvenir, Imprenta Aurelio J. Alaria, Madrid 1878, 214 págs.) al que puso la siguiente dedicatoria (fechada el primero de enero de 1879):

«Al Sr. D. José Moreno Nieto, Presidente del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Mi buen amigo: Pocas coyunturas como la presente se me ofrecerán de unir en un solo acto de acendrada simpatía y profundo respeto, dos sentimientos tan enérgicos como los que, por diversos conceptos, me obligan al Ateneo de Madrid y a la personalidad de V., que por feliz acaso, título legítimo y voto unánime, desempeña actualmente la presidencia de este Instituto. Niño entré en ese círculo; en él hice mis primeras armas; su cátedra fue mi primera cátedra; sus bondadosos aplausos mis primeros estímulos, y sus favorecidos salones (que desde entonces no he dejado de frecuentar casi ni un día) han servido de ocasión y base para relaciones y amistades que afectan hoy lo más íntimo de mi alma. Permítame V. que lo diga: yo me he acostumbrado en veinte años a mirar el Ateneo como mi segunda casa. ¡Qué mucho que al concluir el esbozo de su laboriosa pero brillantísima historia, acaricie como una satisfacción y mire como un deber el dedicarle este ligero trabajo, quién sabe, si estímulo, tal vez base de otra obra más seria, de pluma mejor cortada que la mía! De otra parte, no necesito recordar a V. como le conocí en su cátedra de la Universidad Central, rodeado de todos los prestigios cuando yo entraba en la adolescencia. Ingrato sería si no declarase ahora y siempre que a todos, absolutamente a todos los Profesores de aquel ilustre establecimiento he debido las mayores atenciones que un joven y un discípulo puede esperar de sus maestros. Pero a ninguno la solicitud constante, el afecto íntimo, la devoción sin medida con que dentro y fuera de la Universidad V. me tiene obligado. ¡Y usted ocupa, por dicha mía, en este instante, la presidencia de ese Ateneo! Después de esto no he menester decir el sentido y alcance que tiene esta dedicatoria: ¡Al Ateneo de Madrid! y en su representación, a mi maestro más cariñoso y más querido. Rafael M. de Labra. 1.º de Enero de 1879. Madrid, Valverde, 25 y 27.»

«Desde la República de 1873, figuró siempre como republicano independiente, y sobre todo como autonomista, si bien posteriormente ingresó en el partido centralista republicano, acaudillado por Salmerón.» (Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Hijos de J. Espasa, Barcelona 1916, tomo 29, págs. 101-102.)

«La propaganda para conseguir las reformas ultramarinas fue el empeño capital de la vida de Labra. Conservó su independencia personal en política siendo elegido senador por el voto unánime de hombres de toda clase de partidos, que constituyen las Sociedades Económicas de Amigos del País del Norte y Noroeste de España. En cierto modo, fue Labra en los últimos años de su vida, especialmente desde 1904, un delegado no oficial, pero sí eficaz, de los españoles de América, habiendo alcanzado el honor de ser electo representante en España por la mayoría de los principales Centros españoles de América (El Casino Español y el Centro Asturiano de la Habana, la Federación de los Centros españoles de la Isla de Cuba, el Centro español de Panamá, la Sociedad patriótica española de Buenos Aires, el Centro español de Santiago de Chile, el Centro Asturiano de Tampa, &c., &c.). Una de las mayores satisfacciones de la vida de Labra fue la de llegar a Presidente de esta Casa [el Ateneo de Madrid], a la que siempre juzgó llamada a ser lazo vivo de unión con los países americanos.» (Romanones 1922:13.)

«En 1896 pronunció en el Parlamento su último discurso como representante de Cuba. Después, cuando llegó la hora trágica de la pérdida de las colonias, el gran patricio, a quien se había acusado de ser un mal español, demostró que para él no había amor superior al de España, y cuando Cuba había logrado su independencia e iba a ser una nación libre y soberana, y cuando sus hijos querían honrar y atraerse a Labra, al ser requerido en nombre de la nueva república por sus hombres de mayor prestigio para que fuera a Cuba, asegurándole que su entrada en la isla sería el acto más solemne y efusivo de todas las fiestas de la independencia; Labra no vaciló, casi se sintió herido por la invitación que se le hacía, y contestó rechazándola, pronunciando estas admirables palabras: “Por español fui autonomista; quise evitar a mi patria un gran dolor; todos mis esfuerzos fueron inútiles, se estrellaron ante el cumplimiento inexorable de una ley histórica; hoy más que nunca me siento unido a España, porque llegó para ella el instante de mayor sufrimiento. A esa nueva nación la deseo todo género de dichas y venturas, y más que nada que sepa ser libre y ser justa. Yo nací español y español moriré.” » (Romanones 1922:16-17.)

«La razón para que Labra no sea reconocido en Puerto Rico como justamente corresponde, que su estudio se limite a ciertos círculos académicos e intelectuales y que su nombre se recuerde solamente en una deteriorada escuela y en una calle poco importante de San Juan de Puerto Rico, obedece, precisamente, a sus discrepancias con Baldorioty de Castro, el político más importante de la segunda mitad del siglo XIX, y con Muñoz Rivera, el político más importante al principio del siglo XX. Algunos políticos, escritores y hasta historiadores, que considero muy injustos, se dieron a la innoble tarea de censurar a Labra por sus actuaciones y de opacar la importancia de su valiosa gestión en favor de Puerto Rico. Labra, quien considero fue un embajador de Cuba y de Puerto Rico en España, el español más importante para Puerto Rico en toda su historia y quizás el extranjero que ha dejado la mayor influencia sobre la vida política de la Isla, chocó ideológicamente con dos gigantes de la política local como fueron Baldorioty de Castro y Muñoz Rivera. Pero este hecho innegable, esta gran injusticia histórica, no priva a Rafael María de Labra del reconocimiento que se merece. Su obra, su contribución y el triunfo de sus ideas son evidentes, entre otras, la abolición de la esclavitud y la doctrina política del autonomismo, esta última considerada fundamental en la vida política puertorriqueña contemporánea. En este punto de esta disertación considero justo y necesario señalar que la fórmula de status o condición política de Puerto Rico, conocida como el Estado Libre Asociado, desde el punto de vista ideológico o teórico, se debe más a Labra que a cualquier otro ideólogo relacionado con este país. A mi modo de ver, el Estado Libre Asociado es en realidad un sistema autonómico basado en una descentralización administrativa pero con identidad política en su relación con los Estados Unidos. Pero no es ni remotamente la autonomía radical por la que abogaba Baldorioty de Castro. Todavía, casi llegando al final del siglo XX, una buena parte de la lucha política de los puertorriqueños se da en esa misma disyuntiva histórica. Unos abogan por la autonomía plena en forma de república asociada o de un sistema de libre asociación con los Estados Unidos, mientras que persisten los que abogan por el status-quo, basado en la descentralización administrativa y la identidad política, idea original en el pensamiento de Labra. En la isla también hay fuertes corrientes estadistas o anexionistas y separatistas, con relación a los Estados Unidos.» (Fernando Bayron Toro, Rafael María de Labra: el embajador de Cuba y Puerto Rico en Madrid, Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid, 12 de junio de 1991, págs. 18-19.)

En 1913 fue nombrado hijo adoptivo de Oviedo, ciudad en la que vivió y en cuyas afueras –Santa Ana de Abuli– mandó construir una magnífica quinta «de indianos», transformada un siglo después en lujoso restaurante que lleva su apellido: «De Labra.» Rafael María de Labra falleció en Madrid el 16 de abril de 1918. Ocupaba al morir la Presidencia del Ateneo de Madrid (para la que había sido elegido el 19 de febrero de 1913).

Selección bibliográfica de Rafael María de Labra

Sobre Rafael María de Labra

1887 Antonio Sendras Burin, D. Rafael M. de Labra, estudio biográfico, Propagandistas y políticos contemporáneos, Imprenta de Emilio Saco y Brey, Madrid 1887, 91 págs.

1922 Álvaro de Figueroa y Torres (Conde de Romanones), D. Rafael María de Labra y la política de España en América y Portugal. Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. Conde de Romanones, presidente del Ateneo de Madrid, en la sesión inaugural del curso 1922-1923, Gráfica Ambos Mundos, Madrid 1922, 46 págs.

Textos de Rafael María de Labra en el Proyecto filosofía en español

1877-1878 «El Ateneo de Madrid», en Revista Contemporánea: 1 · 2 · 3 · 4 · 5 · 6 · 7 · 8 · 9.

1900 Política internacional

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