Vicente Colorado Martínez
 
1850-1904

Vicente Colorado Martínez (1850-1904) Escritor, periodista, poeta y traductor español, nacido en la provincia de Valladolid el 19 de abril de 1850 y fallecido en Madrid el 10 de septiembre de 1904 [la enciclopedia Espasa decía en 1912 que habría fallecido hacia 1910, error reproducido por autores apresurados]. Un año antes de fallecer se publicó su traducción (del francés) de la Historia del materialismo de Federico Alberto Lange (Daniel Jorro, Madrid 1903, 2 volúmenes), que sigue la traducción francesa de 1877-1879 de B. Pommerol, realizada sobre la segunda edición alemana. Esta versión forma parte de la Biblioteca Científico-Filosófica, para la que Vicente Colorado también vertió al español Ensayo acerca de la imaginación creadora de Théodule Ribot, Errores científicos de la Biblia de Èmile Ferrière, Lo bello: ensayo acerca del origen y la evolución del sentimiento estético de Luciano Bray, El dormir y el soñar de Joseph Delboeuf.

Cursó en la Universidad Central sus estudios superiores, y una vez Licenciado en Filosofía y Letras pudo ingresar el 5 de marzo de 1881 en el Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. La enciclopedia Espasa dice que desempeñó durante años un destino en el Museo Arqueológico Nacional. En el Escalafón general definitivo del cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en 1º de Mayo de 1902 (Edición oficial, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, Madrid 1902), figura con el número 105 (de 282), como Oficial de segundo grado (categoría a la que ascendió el 11 de noviembre de 1898) destinado en la Biblioteca de San Isidro de Madrid [antigua biblioteca de los Reales Estudios de San Isidro de Madrid, incorporada y convertida en Biblioteca de la Universidad Central]. En la página 53 de ese escalafón aparece en efecto adscrito, junto con otros cuatro facultativos, a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid: «D. Agustín Bullón de la Torre [17 · Jefe de segundo grado], D. Angel Stor y Redondo [71 · Oficial de primer grado], D. José Ponte Abarrategui [77 · Oficial de primer grado], D. Miguel Almonacid y Cuenca [109 · Oficial de segundo grado], D. Vicente Colorado y Martínez».

Gran amigo de Urbano González Serrano, se dio a conocer académicamente en el Ateneo de Madrid, donde el 10 de noviembre de 1882 inauguró el curso de la Sección de Ciencias morales y políticas con un discurso sobre los Fundamentos de la Sociología:

«Antes de entrar en materia y grosso modo o en crudo, cómo se dice ahora, he de advertir al Sr. Colorado, tan decidido partidario del positivismo moderno, que se olvida de un pensamiento profundo y de gran interés de un positivista como Lange. Dice este en su Historia del Materialismo 'tened en cuenta que si el mundo es una síntesis, la Ciencia es un análisis.' Hubiera mi amigo meditado este aforismo incuestionable y por ende habría logrado no dejarse llevar tanto y tan escesivamente de esas síntesis, que más que atrevidas, esceden y rebasan los limites del campo de la hipotésis para tocar en los linderos del soñador Idealismo. Comprobación práctica de que en el campo del error (y la Lógica del error es más inflexible que las leyes de la Balística) los extremos se tocan.» (Urbano González Serrano, prólogo a Vicente Colorado, Fundamentos de la Sociología. Memoria leída en el Ateneo de Madrid, en la sesión inaugural de la Sección de Ciencias morales y políticas, el 10 de noviembre de 1882, Imprenta de El Extremeño, Plasencia 1883, página VI)

Figuró en las redacciones de La Época, La Monarquía, Gente Vieja, Vida Nueva, El Camarada y otras publicaciones, como La Revista Ilustrada y España y América. Con su amigo el crítico Francisco Fernández Villegas (1856-1916) –Zeda– escribió Día de prueba: drama en tres actos original y en verso (Agustín Avrial, Madrid 1894, 80 págs.).

«Vicente Colorado es uno de los escritores jóvenes de más nervioso estilo. No es ocasión ahora de citar todas sus obras. Mencionaré, sin embargo, un libro suyo que retrata de cuerpo entero un autor. Titulase Besos y mordiscos, y en él se revela un literato caustico como Juvenal y profundo al modo de Núñez de Arce. También ha dado al teatro algunas producciones. Recuerdo recientemente, en el Español, un drama suyo, en colaboración con Villegas (Zeda, el notable crítico) drama de asunto patriótico y lleno de fuego y de entusiasmo, inspirado en la épica jornada del 2 de Mayo en Madrid. En esta semana ha vuelto a estrenar Colorado en el teatro de la Comedia, un cuadrito delicadísimo en un acto, bajo la denominación de Yo pecador. Si la imagen no pecara de violenta resumiría yo el juicio de esta obrita diciendo que es un idilio pintado sobre el esmalte de una tabaquera de plata. Y sin embargo, no gustó por su arcaísmo de procedimiento. La interview, en dos actos de Enrique Gaspar, compartió el estreno con la obra de Colorado.» (Alfonso Pérez Nieva, «Revista de Madrid» –noviembre 5 del 96–, La Dinastía, Barcelona, domingo 8 de noviembre de 1896, año XIV, nº 5.991, página 1, columna 5.)

«España Artística ha emprendido una enérgica campaña contra el extranjerismo que invade nuestro teatro. Publica en este sentido una notable carta del conocido escritor don Vicente Colorado, y trabajos de Reinante Hidalgo, Pérez Guerrero, Vicente Casanova y otros, amén de una completísima información teatral de España y del extranjero.» (La Dinastía, Barcelona, jueves 5 de octubre de 1899, año XVII, nº 7.048, página 2, columna 5.)

Al fallecer en 1901 Ramón de Campoamor, sus amigos Urbano González Serrano, Vicente Colorado y Mariano Ordóñez se encargaron de preparar la edición de sus Obras completas, de las que se publicaron ocho volúmenes entre 1901 y 1903 (por el editor Felipe González Rojas, de Madrid): Obras completas de Don Ramón de Campoamor, revisadas y compulsadas con los originales autógrafos bajo la dirección de los señores D. Urbano González Serrano, Vicente Colorado y Mariano Ordoñez. En 2003 la Fundación Gustavo Bueno publicó, a partir de esta edición, las Obras filosóficas de Campoamor, en dos tomos.

«Lejos de mejorar con la terapia seguida, el estado de González Serrano se fue agravando cada vez más. El primer aviso de su gravedad le sorprendió mientras, fiel a su ideal republicano, recorría los colegios electorales durante las elecciones de las Cortes de 1903: «Visitando uno de los colegios le acometió el primer ataque de la enfermedad que nueve meses después le llevó al sepulcro». El aviso definitivo llegó mientras trabajaba en la edición de las obras completas de Ramón de Campoamor: «El 12 de enero de 1904, a las dos de la tarde, González Serrano, que se dirigía a casa del Sr. Valdés, donde, en unión de él, de Vicente Colorado y de D. Mariano Ordóñez, preparaba la publicación del tomo noveno y último de las obras completas de Ramón de Campoamor, al llegar a la calle de Sevilla sintióse atacado de agudo dolor intestinal, y tomando un coche llegó a su casa, cubierto ya del frío sudor de la agonía».» (Antonio Jiménez García, El krausopositivismo de Urbano González Serrano, cap. 1, 1, Badajoz 1996, página 17.)

El 13 de enero de 1904 fallecía Urbano González Serrano, y sólo unos meses después la enfermedad podía con Vicente Colorado, que murió el 10 de septiembre de 1904, a los cincuenta y cuatro años, en la calle de la Colegiata, número 10, siendo enterrado en la Sacramental de San Lorenzo.

«—¿Qué me dice usted de nuestro amigo D. Vicente Colorado?
—Pequeño de cuerpo, inquieto y nervioso, agresivo en sus escritos, era tan buen versificador y tan buen prosista, como buen vallisoletano. Escribió en La Época, La Monarquía, La Edad Dichosa y Gente Vieja; colaboró en El Imparcial y otros periódicos. Era uno de los encargados de coleccionar las obras de D. Ramón Campoamor, y pertenecía al Cuerpo de Bibliotecarios y Archiveros. Publicó varios volúmenes poéticos e hizo sus armas en la escena. Su aplicación y su talento le crearon por esfuerzo propio una posición literaria; y es curioso consignar que sus abuelos, que habitaban el campanario de la catedral de Valladolid, quedaron sepultados en el desplome de la torre, siendo extraídos sin más daño que el sufrimiento moral al verse enterrados vivos. Era de los pocos poetas que se recogían temprano y madrugaban. Como periodista, sus artículos han quedado dispersos; de sus obras teatrales, representadas o no, hace un colega este resumen: De carne y hueso; Yo pecador, cuadro dramático en un acto; Francisca de Rímini, en tres actos; El acta, comedia en un acto; Dios te Salve, María, drama en cuatro actos; Rinconete y Cortadillo, comedia en tres actos; Padre nuestro, en un acto; El drama de Pésaro, en tres; y Día de prueba, en otros tres, colaborando con D. Francisco Villegas. Los títulos de los libros que publicó son, tomados del mismo diario: Fundamentos de Sociología, Hombres y bestias, Patología literaria, Glorias patrias, Besos y mordiscos, y Sócrates. Satírico y apasionado, fue gran admirador de Núñez de Arce, y rindió también tributo á su rival D. Ramón Campoamor en la edición postuma de sus obras. Por su vasta instrucción, sus obras y su correcto estilo era digno de la reputación que se había conquistado en el libro y en la prensa. Ha muerto D. Vicente Colorado y Martínez, a los cincuenta y cuatro años de edad, en la calle de la Colegiata, número 10, y descansan sus restos en la Sacramental de San Lorenzo.» (José Fernández Bremón, La Ilustración Española y Americana, Madrid, 15 de septiembre de 1904, año XLVIII, nº XXXIV, página 146, columna 2.)

«Vicente Colorado. La muerte no descansa. Pocos días después de herir a un buen actor, José Valles, ha descargado su golpe terrible sobre Vicente Colorado. Era este escritor un verdadero poeta dramático; quizás por esto, por ser ante todo poeta, sus dramas no tuvieron de las empresas, acostumbradas a ver en la escena triunfante el prosaísmo, la aceptación que merecían. Colorado escribió muchas comedias y todas en verso. Para él la prosa era la corrupción del teatro. Sus obras representadas fueron De carne y hueso, El padre nuestro, excelente traducción de Copée, y Día de prueba, en colaboración con el que escribe estas líneas. Sus mejores comedias son las no representadas. Entre ellas recuerdo El Credo, obra de tesis religiosa, escrita con singular vigor y valentía. Rinconete y Cortadillo, sacada de la celebre novela de Cervantes, y Francisca de Rimini, obra en que campea alta inspiración y encumbrada poesía. Este drama estuvo varias veces a punto de ser representado. ¿Por qué no llegó a ponerse en escena? No lo sé. Francisca de Rimini es muy superior en mérito a otras muchas obras teatrales que han dado fama y provecho a sus autores. Quizás vino tarde a la vida. Los gustos iban por otro camino, y esto explica si no justifica, el desvío que con el drama de Colorado mostraron las empresas. Tales desvíos amargaron los últimos años del escritor a quien unos cuantos amigos acompañamos, aún no hace ocho días, a la última morada. Descanse en paz el inspirado poeta. ZEDA» (Nuevo Mundo, Madrid, jueves 22 de septiembre de 1904, año XI, nº 559, página 4.)

«En breves días han desaparecido de entre nosotros los cuatro escritores cuyos retratos aparecen en nuestras páginas. Don Benito Zozaya y Guillén, D. Luis Carmena y Millán, D. Vicente Colorado y D. Manuel Ossorio y Bernard. [...] Don Vicente Colorado era un periodista notable y un poeta de verdadero mérito. Hombre sencillo y modesto, y de muy cariñoso trato, tenía sin embargo un ímpetu y una acometividad terribles para la sátira. Padecía mucho físicamente, y llevaba impreso el sufrimiento en el rostro, por lo que siempre aparentaba mucha más edad de la que tenía; pero el sufrimiento, lejos de abatirle, excitaba sus energías. No ha muchos meses le hemos visto sosteniéndose apenas, e inmediatamente después de sufrir una operación dolorosa, acudir a una comisión literaria de que formaba parte, y le hemos oído entre dolores acerbos recitar con entusiasmo sus esculturales sonetos.» (Carlos Luis de Cuenca, La Ilustración Española y Americana, Madrid, 22 de septiembre de 1904, año XLVIII, nº XXXV, página 163, columna 3.)

«En cambio, yo pediría a cualquier empresario, bien avenido con sus intereses, que sacase a escena una obra no representada por rarezas, que todos conocimos, de su autor, Vicente Colorado. Hablo de Rinconete y Cortadillo, obra de ambiente y de ingenio singular, donde si Cervantes no resulta enaltecido, no queda agraviado tampoco. Allí hay un hermoso relato de cómo fue armado caballero Don Quijote en la famosa venta, que justificaría plenamente la actualidad de la representación. Y honraríamos a Cervantes, haciendo justicia a aquel culto y sentido poeta, Vicente Colorado, ya que en su vida fueron pocos, muy pocos los que se la hicieron. ‘Zeda’, Miquis, Manuel Bueno, el mismo Mariano de Cávia, debieran patrocinar esta idea, y buscar empresario que convirtiera su escenario en el patio de Monipodio, que es cosa harto nacional y característica ayer, hoy y mañana» (Dionisio Pérez, «Madrid», Nuevo Mundo, Madrid, jueves 6 de abril de 1905, Año XII, nº 587, página 7.)

«Mi amigo Vicente Colorado –¡cómo se le ha olvidado ya!–, fanático de la versificación –no toleraba que se hiciesen dramas en prosa–, me decía cuando apareció la primera edición de mi novela Paz en la guerra que debí haber puesto en verso su final, ya que era, según él creía, pura materia poética.» (Miguel de Unamuno, «Comentario de Miguel de Unamuno» –París, 1924–, Nuevo Mundo, Madrid, 14 de noviembre de 1924, año XXXI, nº 1.608, página 12.)

Selección bibliográfica de Vicente Colorado:

Algunas traducciones de Vicente Colorado:

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