José Servando de Mier Noriega y Guerra
 
1763-1827

José Servando de Mier Noriega y Guerra (1763-1827) Fraile dominico criollo novohispano que el 12 de diciembre de 1794 sostuvo, en un famoso sermón que predicó en la Insigne y Real Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, en la solemne festividad católica de la milagrosa aparición de dicha imagen, ante el Virrey de la Nueva España (Marqués de Branciforte) y el Arzobispo de México (Alonso Nuñez de Haro), no sólo que Santo Tomás Apóstol había cristianizado en persona aquel continente en el siglo primero, milenio y medio antes de la evangelización hispánica, sino que ya entonces la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe era allí «célebre y adorada por los indios ya cristianos», y además que «la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe no está pintada sobre la tilma de Juan Diego sino sobre la capa de Santo Tomás, Apóstol de este reino», y que es pintura de los principios del siglo primero de la Iglesia, y que el apóstol Santo Tomás, tras erigir un templo en la sierra de Tenanyuca donde colocó la imagen, ante la apostasía precoz de los indios decidió esconderla, apareciéndosele a Juan Diego diez años después de la conquista; y que Santo Tomás no es otro que el Quetzalcóatl ['serpiente emplumada'] de los indios, &c. Estas sorprendentes, extravagantes, alucinadas y novedosas especies no surgieron exclusivamente del numen del dominico Doctor, sino que en parte le fueron inspiradas por un pintoresco abogado, Jose Ignacio Borunda, del que Mier se convirtió en excepcional portavoz en ocasión tan significada. Al día siguiente el Arzobispo, ante las proposiciones escandalosas, milagros supuestos y especies ridículas y vanas lanzadas por el fraile, le retiró las licencias para predicar, inicio de una causa en la que tras el memorable «Dictamen sobre el sermón que predicó el padre doctor fray Servando Mier el día 12 de diciembre de 1794» que prepararon los «señores doctores y maestros don José Patricio Uribe y don Manuel de Omaña y Sotomayor, canónigos penitenciario y magistral de Nuestra Santa Iglesia Metropolitana», se decidió prudentemente retirar durante diez años a Fray Servando al monasterio que los dominicos tenían en las Caldas de Besaya, Santander.

«José Servando de Santa Teresa. Español. En 26 de Octubre de setecientos y sesenta y tres años en esta Parroquial de Monterey bautizó de licencia Parroquial el Presbítero D. Juan Bautista Baez Treviño y puso los santos oleos y crisma a José Servando de Santa Teresa de nueve días de nacido, Español, hijo legítimo de D. Joaquín Mier Noriega y de Dª Antonia Guerra, Españoles y vecinos de esta ciudad, fue su padrino D. Salvador Lozano, vecino de esta dicha ciudad, a quien advertí su obligación y parentesco, y para que conste lo firmamos. –Br. Bartolomé Molano. –Br. Juan Baez Treviño.» (José Eleuterio González, Biografía..., 1876, pág. 7.)

«Nació en Monterrey, capital de Nuevo León, el 18 de Octubre de 1765, y murió en México el 3 de Diciembre de 1827. Descendía por línea paterna de los duques de Granada y de los marqueses de Altamira, y por la materna, de los primeros conquistadores del Nuevo Reino de León. Comenzó sus estudios en su tierra natal, y a los diez y siete años –no sin vacilaciones– recibió, en la ciudad de México, el hábito de Santo Domingo. Siguió su carrera en el colegio de Portacaeli, recibió las órdenes menores de subdiácono y diácono, fue regente o maestro de Estudios, y, al fin, habiendo profesado el sacerdocio, era lector de Filosofía del convento de Santo Domingo, y doctor en Teología, a los veintisiete años, con fama de gran predicador. Predicó en las honras fúnebres de Hernán Cortés (solemnidad anual del Ayuntamiento de México) en 8 de Noviembre de 1794, y el 12 de Diciembre del mismo año, a presencia de virrey y arzobispo, pronunció el célebre sermón sobre la Virgen de Guadalupe, de que arrancan sus infortunios. El arzobispo hizo predicar nominalmente contra el joven teólogo, que a poco fue aprisionado y procesado; se retractó «por no poder sufrir más la prisión», y no contento el arzobispo, hizo publicar en las iglesias un edicto en su contra, y le desterró por diez años a la Península, con reclusión en el convento de las Caldas, cerca de Santander, perpetua inhabilitación para enseñar, predicar y confesar, y privación del título de doctor. Conducido a Veracruz entre guardias, permanece enfermo de fiebre en la fortaleza de San Juan de Ulúa durante dos meses, y se hace a la mar en la fragata La Nueva Empresa, que llega a Cádiz en 1795. Encerrado en las Caldas, se fuga y es reaprehendido, y se le recluye en el convento de San Pablo, de Burgos, hasta fines de 1796. Viene a Madrid, pidiendo justicia del Consejo de Indias; se le ordena pasar a un convento de Salamanca; se desvía en el camino, y, preso nuevamente, es encerrado en el convento de franciscanos de Burgos; de donde se escapa con fortuna y se refugia en Bayona, viernes de Dolores de 1801, vísperas de la célebre disputa con los rabinos, de que da noticia en sus relatos. En Bayona conoció a Simón Rodríguez, maestro de Bolívar, el Libertador. De allí, a Burdeos y a París, donde conoció al historiador Alamán, y donde, asociado a Simón Rodríguez, abre una academia de español, para cuyos estudios tradujo, dice, la Atala, que fue impresa bajo el seudónimo de Rodríguez («Samuel Robinsón»). ¿Sería la traducción en realidad obra de Mier o sería de D. Simón Rodríguez? Cierta disertación sobre Volney le atrae las gracias del gran vicario, quien le encomendó la parroquia de Santo Tomás, rue Filles de Saint-Thomas, que hoy ya no existe. En 1802 parte para Roma, y el 6 de Julio del siguiente año, el Papa le concede la secularización, con algunos honores. A pesar de lo cual, vuelto a España, es reaprehendido en Madrid por una sátira que, en defensa de México, escribió contra el autor del Viajero Universal. Y es transportado a los Toribios de Sevilla en 1804, de donde escapa en 24 de Junio, para ser reaprehendido en Cádiz y vuelto a su prisión. Se fuga y vive tres años en Portugal, donde Lugo, el cónsul español, lo hizo su secretario, y donde recibe el nombramiento de prelado doméstico de Pío VII, por la conversión de dos rabinos. En 1809, cuando la guerra de independencia en España, Mier es cura castrense y capellán del batallón de voluntarios de Valencia. En Belchite, los franceses le hacen prisionero; se fuga, como era de esperar, y el general Black pide para él una recompensa de la Junta de Sevilla. En 1811 la Regencia de Cádiz le concede una pensión anual de 3.000 pesos sobre la mitra de México, que no le es posible aceptar por ciertas incompatibilidades. Parte a Londres, conocido el levantamiento de Hidalgo, para propagar la idea de la independencia mexicana. Su estancia en Londres es otro de los momentos capitales de su vida: allí se comunica con Blanco White, espíritu de mayor alcance, aunque hombre de menor eficacia; allí conoció tal vez a Mina el Mozo, y entre los refugiados de España pudo ejercer ese dominio de los hombres que han probado la suerte. Él persuadió a Mina, él le acompaña en su expedición de 1817, y queda preso de los realistas en la rendición de Soto la Marina. Son poco leídas las Memorias de W. D. Robinson. De ellas tomo la descripción siguiente:
«Fueron llevados (los prisioneros) a Veracruz por el largo rodeo de Pachuca, a veinticinco leguas de la ciudad de México. Aunque iban a caballo, el peso de los hierros, lo largo de las jornadas, la falta de alimentos sanos y el calor bochornoso les produjeron enfermedades y una extraordinaria debilidad. Algunos se desmayaban en el camino, y era preciso atarlos con cuerdas al caballo; otros deliraban y pedían la muerte a gritos; los restantes eran conducidos como un rebaño, y, al fin de la jornada, alojados en sitios estrechos y llenos de inmundicia. No se les daba sino una escasa ración de malísimo alimento, que apenas podía sostener la vida. Siguióse a esto una debilidad mortal, y como no les era posible tener descanso, ya no les era dable soportar el peso de las cadenas. Pocos hubieran sobrevivido, si no hubiera sido por la humanidad de los habitantes.»
Mier, conducido a la capital, sufrió una caída y se fracturó el brazo derecho. En México le esperaban los calabozos de la Inquisición; «ocurrencia notable –escribe el general Tornel–, porque fue, sin duda, el primer religioso dominico que los habitó». El 20 de Mayo de 1820, al disolverse la Inquisición, no habían dado fin al proceso de Mier, quien, señalado como enemigo peligroso, fue enviado a España en el mes de Julio y embarcado en Diciembre. Pero no podía faltar a su hado, y en la Habana logró fugarse, pasando a los Estados Unidos, donde permaneció hasta el mes de Febrero de 1822. México era ya independiente. La suerte de Mier quiso que éste, de regreso a México, todavía cayera en poder del general Dávila, en San Juan de Ulúa, de donde al fin pudo sacarlo el primer Congreso Constituyente. Mier era diputado por su estado natal. Cuando, en Junio, logra llegar a México, Iturbide se había declarado emperador. Mier, en audiencia personal, censura su conducta. El 28 de Agosto es aprisionado con otros diputados, sospechosos de conspiración contra el imperio. El 11 de Febrero de 1823 lo liberta la sublevación republicana. El 13 de Diciembre de 1823 pronuncia en el Congreso su discurso «de las profecías», en que mantiene la necesidad de un Gobierno republicano central, o al menos de federalismo templado. El primer presidente, Guadalupe Victoria, le da alojamiento en el Palacio Nacional, y vive en adelante de la pensión del Estado. «El presidente Victoria –cuenta Tornel– escuchaba con mucha paciencia sus impertinencias».
La vida de fray Servando aparece bajo una luz fantástica. Su muerte también. El 15 de Noviembre de 1827, seguro de su próxima muerte, convida personalmente a sus amigos para el Viático, que recibiría al día siguiente. El Viático le fue llevado entre honores militares, colegios y comunidades y multitudes de pueblo. Ofició el ministro de Justicia Ramos Arizpe, y Mier tuvo todavía tiempo de hacer un discurso en defensa de su vida. Estos hombres simbólicos, como Mier, como Blanco White, como Newman, en quienes –en una o en otra forma– se opera la crisis de las nuevas ideas, escriben siempre apologías de su vida, y mueren con la inaplacable angustia de no haber sido bien comprendidos. Mier falleció el 3 de Diciembre, a las cinco y media de la tarde. El general Bravo, vicepresidente de la República, presidió su duelo.» (Alfonso Reyes, del Prólogo a las Memorias de Fray Servando Teresa de Mier, Editorial América, Madrid 1917, págs. vii-xi.)

Momia de Fray Servando Teresa de Mier en 1842

«El 17 de noviembre de 1827 recibe el Viático de manos de Ramos Arizpe ante una numerosa concurrencia que ha invitado para el acto. Muere el 3 de diciembre y fue sepultado con grandes honores en el Convento de Santo Domingo. En 1842 fue exhumado su cadáver y habiéndose encontrado momificado, se conservó en el osario del convento. En 1861, al suprimirse las comunidades religiosas, fueron expuestas trece momias en Santo Domingo; cuatro –una de ellas la de Mier– fueron vendidas a un don Bernabé de la Barra «para exhibirlas en Europa o en América». Se sabe que en 1882 se exhibieron en una feria de Bruselas (Bélgica) como víctimas de las torturas de la Inquisición. Así Fray Servando, sin decir nada, seguía argumentando contra el Santo Oficio.» (Antonio Castro Leal, «Prólogo» a Fray Servando Teresa de Mier, Memorias, Editorial Porrua, México 1946, tomo I, pág. xii.)

[Grabado de la momia de Fray Servando Teresa de Mier en 1842, del Calendario profético para el año de 1862, Tipografía de M. Murguía, México 1862.]

Bibliografía de y sobre José Servando de Mier Noriega y Guerra:

1794 Sermón predicado en la Insigne y Real Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe el día 12 de diciembre de 1794 en la solemne festividad de la milagrosa aparición de dicha santa imagen. Los Apuntes del sermón, en 9 fojas, fueron incorporados el 14 de diciembre de 1794 a la causa abierta contra Mier, y los Borradores, en 32 fojas, incorporados a la causa el 30 de diciembre de 1794. En 1880 los publicó Juan Evaristo Hernández y Dávalos, al transcribir en el tomo III de su CDHGIM todos los documentos de esa causa: los «Apuntes» ocupan las fojas 3-11 de la Causa, págs. III:6-17 de CDHGIM; los primeros «Borradores» ocupan las fojas 21-48 de la Causa, págs. III:21-60 de CDHGIM; y la reconstrucción post-dictum, algo edulcorada, entregada junto con los borradores, las fojas 48-55 de la Causa, págs. III:60-70 de CDHGIM. Ver el Dictamen sobre este sermón, por José de Uribe y Manuel de Omaña.

[1797] Cartas del doctor fray Servando Teresa de Mier al Cronista de Indias, doctor D. Juan Bautista Muñoz, sobre la tradición de Nuestra Señora de Guadalupe de México, escritas desde Burgos, año de 1797, Imprenta de El Porvenir, México 1875, 243 págs. En 1880 las publicó Juan Evaristo Hernández y Dávalos, en el tomo III de su CDHGIM, págs. 151-223. Las volvió a publicar José Eleuterio González (primera parte del tomo IV de sus obras), Monterrey 1887, 246 págs. (facsímil disponible en cd.dgb.uanl.mx) [No se trata de los textos originales de tales cartas –dando por bueno que existieran, y no se trate de un mero recurso propagandístico literario– sino reconstrucciones elaboradas por Mier entre 1817 y 1820, en la Inquisición de México.]

1811 Carta de un americano a 'El Español' sobre su número XIX, W. Lewis, Londres 1811, 110 págs. [11 noviembre 1811, firmada como V. C. R.; fue contestada por Blanco White en el nº 24 de El Español]. Publicada en México en 1812 en el Semanario Patriótico Americano, y de nuevo en México, en 1821, por Carlos María de Bustamante, en el nº 6 de Documentos importantes para la historia del Imperio Mexicano, escogidos entre muchos manuscritos e impresos, cuya circulación impidió constantemente el Gobierno español, ya con el nombre de su autor: «Carta del Dr. D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra al Español sobre su número 19. Con notas del mismo autor inéditas hasta ahora, y otras publicadas en el Semanario Patriótico, donde se dio a luz esta Carta bajo el nombre de un americano».

1812 «Discurso preliminar» a Fray Bartolomé de las Casas, Breve relación de la destrucción de las Indias Occidentales, Londres 1812, reimpresa en Bogotá 1813 y en Filadelfia 1821, XXXV+165 págs. (esta edición también la financió el propio Mier, que pagó al impresor 158 dólares).

1812 Segunda carta de un americano a 'El Español' sobre su número XIX. Contestación a su respuesta dada en el número XXIV, Imprenta de Guillermo Glindo, Londres 1812, 200 págs. [16 mayo 1812, sin firma; fue contestada por Blanco White en el nº XXIX de El Español, 30 agosto 1812]. Las dos cartas reproducidas por José Eleuterio González (segunda parte del tomo IV de sus obras): Cartas del Dr. Fray Servando Teresa de Mier (bajo el seudónimo de un americano,) años de 1811 y 1812, Tipografía del Gobierno, Monterrey 1888, 367 págs. (facsímil disponible en cd.dgb.uanl.mx)

1813 Historia de la Revolución de Nueva España, antiguamente Anáhuac, o verdadero origen y causas de ella, con la relación de sus progresos hasta el presente año de 1813, Imprenta de Guillermo Glindon, Londres 1813, 2 tomos. (facsímil disponible en books.google). [Fue Mier escribiendo e imprimiendo este libro desde fines de 1811 a octubre de 1813, inicialmente la financió Iturrigaray, que le dio quinientos duros.] La Honorable Cámara de Diputados de México la reeditó en 1922, en dos tomos (XLIII+324, 325+XLIV págs.), «por acuerdo dado a los veinte días del mes de octubre de mil novecientos veintiún años, centésimo de la Consumación de la Independencia de México».

1817-1820 En los calabozos de la Inquisición de México escribió «Apología del Dr. Mier» y «Relación de lo que sucedió en Europa al Dr. D. Servando Teresa de Mier de julio de 1795 a octubre de 1805». A finales de 1820, preso entonces en el Castillo de San Juan de Ulúa, en Veracruz, escribió un «Manifiesto apologético», resumen de las dos obras anteriores, que creía se habían perdido. Las publicó Manuel Payno en México 1865 y José Eleuterio González en Monterrey 1876. La Biblioteca Ayacucho de la Editorial América de Madrid las publicó en 1917, con prólogo de Alfonso Reyes: Memorias de Fray Servando Teresa de Mier, del Convento de Santo Domingo de México, Diputado al Primer Congreso Constituyente de la República Mexicana.

1821 Carta de despedida a los mexicanos escrita desde el Castillo de San Juan de Ulúa, Imprenta Liberal, Puebla 1821, 16 págs.

1821 Memoria Política Instructiva. Enviada desde Filadelfia en agosto de 1821 a los Gefes Independientes del Anáhuac, llamado por los españoles Nueva España, Impresa por Juan F. Hurtel, Filadelfia 1821, 126 págs. Reimpresa en México, en la oficina de D. Mariano Ontiveros, año de 1822, 150 págs. [con Apéndice documental] (facsímil disponible en cd.dgb.uanl.mx)

1823 «Voto particular» del Dr. Mier, págs. 66-83 de Plan de Constitución Política de la Nación mexicana, Imprenta Nacional, México 1823, 83 págs.

1823 Discurso que el 13 de diciembre del presente año de 1823 pronuncio el Dr. D. Servando Teresa de Mier, diputado por Nuevo León, sobre el artículo 5º del Acta Constitutiva, Imprenta de Martín Rivera, México 1823, 16 págs. Guadalajara 1825. En México 1834 se reeditó con el título Profecía política del sabio Dr. D. Servando Teresa de Mier, diputado por Nuevo León, con respecto a la Federación Mejicana, o sea, Discurso que el día 13 de diciembre de 1823 pronunció sobre...

1825 Discurso del Dr. D. Servando Teresa de Mier, sobre la Encíclica del Papa León XII, 5ª impresión revisada y corregida por el autor, Imprenta de la Federación en Palacio, México 1825, 48 págs. (facsímil disponible en cd.dgb.uanl.mx) [Sobre la encíclica Etsi iam diu, de 24 de septiembre de 1824, sobre la emancipación americana, que exhorta lealtad al rey de España.]

1865 Manuel Payno Flores (1810-1894), Vida, aventuras, escritos y viajes del doctor don Servando Teresa de Mier, precedidos de un ensayo histórico por Manuel Payno, Imprenta de Juan Abadiano, México 1865. [Desde la página 42, reproduce Payno la «Apología» de Mier, desde el cap. IV de la segunda parte.

1876 José Eleuterio González Mendoza (1813-1888) [alias Gonzalitos], Biografía del benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, Juan Peña editor, Monterrey 1876, 368 pága. (facsímil disponible en cd.dgb.uanl.mx) [en realidad publica principalmente la Apología y la Relación de Mier.]

1880 Juan Evaristo Hernández y Dávalos (1827-1893), Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia de México de 1808 a 1821, tomo III. Publica: 1. Causa formada al doctor Fray Servando Teresa de Mier, por el sermón que predicó en la Colegiata de Guadalupe el 12 de diciembre de 1794 [diciembre 1794-mayo 1811]. 2. Disertación de don Juan Bautista Muñoz sobre la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe [18 abril 1794]. 3. Breve de Su Santidad Benedicto XIV declarando patrona de México [Nueva España] a María Santísima de Guadalupe [25 mayo 1754]. 4. Cartas del doctor fray Servando Teresa de Mier al doctor Muñoz, sobre la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe. [junio 1797-] (Desde 2008 está disponible una transcripción de esta obra en pim.unam.mx)

1882 Juan Evaristo Hernández y Dávalos (1827-1893), Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia de México de 1808 a 1821, tomo VI, págs. 638-950: Causa que instruyó la Inquisición al padre Mier en 1817.

1941 Eduardo Ontañón Lebantini (1904-1949), Desasosiegos de fray Servando, Ediciones Xóchitl, México 1941, 190 págs. [Exilado español anticlerical ofrece una biografía irónica de Mier.]

1944 José María Miquel Vergés (1903-1964) & Hugo Díaz Thomé, Escritos inéditos de Fray Servando Teresa de Mier, El Colegio de México, México 1944. [Exilado español catalanista transformado en historiador de la independencia de México.]

1981 Edmundo O'Gorman (1906-1995), Servando Teresa de Mier. Obras completas. El heterodoxo guadalupano, Estudio preliminar y selección de textos por Edmundo O'Gorman, UNAM, México 1981, 3 vols.

2007 Armando Arteaga Santoyo (1906-1982) & Gisella L. Carmona, Bibliografía del Padre Mier, 1794-2006. Fray Servando Teresa de Mier. Una visión en los tiempos, 2ª edición, Ayuntamiento de Monterrey, julio de 2007, 303 págs.

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