Entente Internacional contra la Tercera Internacional
 
1924-1945

Organización anticomunista impulsada desde Ginebra a principios de 1924, poco después de la muerte de Lenin, por dos activistas vinculados al Comité Internacional de la Cruz Roja: el abogado ginebrino Teodoro Aubert (1878-1963, defensor en 1923 de Moritz Conradi, asesino de Vatzlav Vorovsky, delegado ruso en la Conferencia de Lausana) y el médico ruso blanco Georges Lodygensky (1888-1977, ex representante en Ginebra de la Cruz Roja Imperial Rusa y autor del opúsculo La terreur rouge, Ginebra 1922, 16 páginas). Tras una reunión germinal que tuvo lugar en Ginebra el día 13 de marzo de 1924, donde se decidió crear una nueva organización supranacional para hacer frente al «avance bolchevique», nació la Entente Internationale contre la III Internationale en un congreso celebrado en París en mayo de 1924, con el objetivo de combatir el comunismo para «defender los principios del orden, la familia, la propiedad y la patria». Años más tarde, tras la coyuntural alianza entre comunistas y nacionalsocialistas alemanes (ver «Fotografía curiosa») la Entente decidió, en septiembre de 1933, que Lodygensky viajase personalmente a Berlín para establecer alguna colaboración con los nazis. Joseph Goebbels acababa de organizar la Anti-Komintern, como agencia específica alemana para la propaganda antibolchevique, y Teodoro Aubert propuso a comienzos de 1934 a su director, el doctor Adolfo Ehrt (1902-1975), que ambas instituciones colaborasen en la organización de un servicio de información antimarxista. En noviembre de 1936 la Entente participó en la primera y secreta Conferencia Internacional Anticomunista organizada en Munich por la Anti-Komintern. Poco después la Entente comenzó a adoptar también las siglas EIA, por Entente Internacional Antikomintern o Entente Internacional Anticomunista. Avanzada la Segunda Guerra Mundial los vínculos de la Entente con el nazismo y el fascismo fueron determinando su desprestigio y decadencia final a partir de 1944.

La Tercera Internacional había cristalizado, tras la Gran Guerra y la Revolución de Octubre, en el Congreso Mundial de la Internacional Comunista celebrado en Petrogrado, del 2 al 6 de marzo de 1919, con voluntad de acabar con el capitalismo, alcanzar la dictadura del Proletariado y extender la revolución y los Soviets fuera de Rusia. El leninismo institucionalizado dejaba atrás la Segunda Internacional –cuarta generación de la izquierda, cuajada en París por «los marxistas» de 1889– y provocaba una primera respuesta inmediata en Italia: la creación de los Fasci di combattimento (en español desde 1919 se habla ya del Fascio, desde 1921 de fascistas y fascismo, desde 1922 de antifascistas, desde 1923 de antifascismo, desde 1924 de filofascistas y filofascismo…). La propaganda anticomunista que inmediatamente desplegó la Entente Internacional contra la Tercera Internacional ya se pudo leer en España ese mismo año de 1924:

«Boletín del Día. La Tercera Internacional. En Rusia, donde existe verdadera manía de abreviaciones, la Tercera Internacional se llama simplemente Komintern. Sería, en efecto, algo largo decir a cada instante Kommunistichesky Internatsional. Aunque lo nieguen los prohombres bolcheviques –también trataron de negarlo últimamente con ocasión de la célebre carta de Zinovief–:, el Gobierno de Moscú está identificado con la Komintern; las mismas personas se encuentran a la cabeza de ambos organismos. La ‘Entente internacional contra la Tercera Internacional’, que reside en Ginebra, acaba de publicar un opúsculo, titulado ‘La lucha contra el bolchevismo’, del cual nos serviremos para exponer la organización comunista en el mundo. En el centro encontramos el Comité ejecutivo de la Tercera Internacional, cuyo presidente es Gregorio Zinovief, que fue secretario de Lenin en el destierro, y que además de esta función es el dictador de Leningrado. (Sabemos que desde hace unos meses conduce, con Stalin y con Kamenef, una lucha abierta contra Trotsky.) En relación estrechísima con el Comité ejecutivo está la G. P. U. que es el nuevo nombre de la Cheka; es decir, de la Policía secreta, continuación de la Okrana zarista. El jefe de la G. P. U. es el polaco Félix Dyerzinsky, conocido por su fanatismo y su crueldad. La G. P. U. tiene una ‘Dirección extranjera’, a la cual están subordinadas las secciones de diversos países europeos. La Komsomol (Internacional comunista de la juventud) prepara la educación comunista de los niños contra la religión, la moral, la Patria, la familia. Edita varios periódicos para los niños; uno lleva el título característico de Sin Dios, y tira 200.000 ejemplares. La Internacional roja de las mujeres, por su parte, trabaja en pro de ‘la emancipación de las mujeres del yugo de la familia, de la maternidad, de la religión y de la moral burguesa’, predicando el amor libre más desvergonzado. Existen además una Internacional roja de socorro a los revolucionarios, una Internacional roja deportiva y una Internacional roja campesina, relativamente débil. La Sección de agitación, de propaganda y de acción se divide en Sección oriental y en Sección occidental de propaganda y en Sección de grupos especiales, y comprende en total 42 secciones nacionales. Los partidos comunistas nacionales deben sumisión absoluta a Moscú; tan absoluta, que pueden considerarse agentes incondicionales de un Gobierno extranjero, ya que –como dijimos– existe asimilación completa entre la Tercera Internacional y el Gobierno de los Soviets, de manera que un bolchevique francés, inglés o polaco, no sólo debe ser un buen comunista, sino que debe también servir los intereses políticos de Rusia. Cada comunista es un espía natural e incondicional de Moscú, y a menudo un espía retribuido, ya que la Sección de propaganda dispone de fuertes sumas, y en una sola sesión ha distribuido tres millones de francos oro, que los Soviets hubieran podido utilizar mejor procurando disminuir los estragos del hambre en la región del Volga. Parece también que bajo los auspicios de esta sección se ha celebrado recientemente una Conferencia de los agentes militares bolcheviques en Europa central y oriental, presidida por el jefe de uno de los Ejércitos rojos. El Journal de Genève, que no es un diario conservador, sino uno de los principales órganos de la democracia suiza, ocupándose de la propaganda bolchevique, escribe: «Resultaría imprudente reconocer de jure al Gobierno de los Soviets y admitir que nos envíen representantes diplomáticos y consulares; ya que su convicción comunista les impone el deber de inmiscuirse en las luchas políticas del Estado en el cual están acreditados’.» (ABC, Madrid, 20 de diciembre de 1924, página 25.)

En enero de 1925 Teodoro Aubert se desplazó a Italia para expandir allí la Entente anticomunista; en marzo se fundó el Secretariado Portugués (SP-EICTI), auspiciado por el gobierno de Lisboa; y en abril viajó Aubert a Madrid para respaldar la creación de la sección española, que ya había comenzado semanas antes a dar sus primeros pasos. Unos pocos extractos de la prensa burguesa española de los dos primeros meses de 1925 facilitarán contextualizar el momento:

«Ha empezado a publicarse el periódico comunista Lucha Social, partidario de la Internacional sindical roja.» (Heraldo de Madrid, viernes 2 de enero de 1925, pág. 2.)

«La propaganda roja en el extranjero. Riga 3. De las últimas estadísticas de la Tercera Internacional, resulta que los bolcheviques han logrado crear diez y siete organizaciones comunistas en Inglaterra, mil veintinueve en Alemania, cinco en Dinamarca, ciento cuarenta y tres en Noruega, quinientas tres en Francia y trescientas setenta y dos en Polonia.» (El Sol, Madrid, miércoles 4 de febrero de 1925, pág. 5.)

«Italia. El mundial Mussolini. Quiere nada menos que fundar la Internacional fascista. Roma 9. El periódico Corriere d’Italia, órgano católico fascista, precisa la importancia que reviste el cuarto punto del orden de día del próximo Gran Consejo fascista. Hablando de esto, dice: ‘Se anuncia que el Sr. Mussolini pronunciará ante el Gran Consejo un discurso documentado, encaminado a poner de relieve y dar detalles acerca de la importancia y fines de la Internacional fascista. Esta deberá tener una base intelectual y moral sin sentido sindicalista alguno. Además deberá constituir un frente único intelectual para hacer propaganda contra las teorías de la democracia social. Aun cuando el proyecto para la constitución de dicha Internacional fascista sea, por el momento, tan sólo un esbozo, parece, sin embargo, que el Sr. Mussolini tiene la intención de utilizar los grupos fascistas del Extranjero para hacer la propaganda de dicha idea.’ (Fabra.)» (La Voz, Madrid, 10 de febrero de 1925, pág. 5.)

«La Tercera Internacional es un peligro para la Humanidad, y así lo han entendido las Asociaciones obreras, que han expresado, paladinamente, su disconformidad con el programa de Gobierno de los Soviets. Pero, ¿cómo combatir ese grave peligro? Cuando nos amenaza un tremendo mal no basta cerrar los ojos ni acudir a medidas irreflexivas y a movimientos inconscientes: es absolutamente preciso saber lo que se hace y no apresurar con nuestra torpeza el daño que, a toda costa, desearíamos alejar.» (Antonio Zozaya, «Ideograma. La ceguera del miedo», La Libertad, Madrid, viernes 13 de febrero de 1925, págs. 1-2.)

«Francia. Protestas de los comunistas. París 13. El partido comunista, la Confederación General del Trabajo Unitario y el Socorro Rojo Internacional han organizado esta noche, en la Casa del Pueblo, un mitin para protestar contra la detención de los obreros españoles Maurí, Arlandes, Tirado y Tilles. (Fabra.)» (El Sol, Madrid, sábado 14 de febrero de 1925, pág. 5.)

«Según esta interpretación [de la Biblia], Mussolini sería un cercano precursor del segundo adviento. Y tal vez esa Internacional fascista que se dispone a constituir sea un prólogo del inminente milenio. Si Mosch –Moscóu– tiene su Internacional roja, de antánicos designios, justo es que Roma renueve la suya, su Internacional negra (como sus camisas).» (Luis Araquistain, «El sentido perfectivo del milenio», La Voz, Madrid 16 de febrero de 1925, pág. 1.)

«La antigua Sociedad de Naciones: la cristiandad, llegó también a reducirse a una alianza internacional de Estado y partidos, temida, discutida y rechazada. Ahora, a la del Estado ruso y los partidos comunistas, se opondría la del Estado italiano y los partidos fascistas, o se unirían las dos contra los Estados y los partidos democráticos. La anarquía internacional.» (Corpus Barga, «La internacional de perros y gatos», El Sol, Madrid, lunes 16 de febrero de 1925, pág. 1.)

«Agitación comunista. La ‘sovietización’ de Bulgaria. La Tercera Internacional invierte grandes sumas en esa labor. Sofia 19. La Tercera Internacional ha concedido un crédito de tres millones para la ‘sovietización’ de Bulgaria y Macedonia, a fin de poder dirigir una ofensiva directa contra Turquía. El camarada Zinovieff ha prometido a las Che-Cas balkánicas una suma de 10 millones de rublos para el mes de marzo.» (El Imparcial, Madrid, viernes 20 de febrero de 1925, pág. 1.)

«Conocidas con las divergencias existentes entre la Sindical Roja de Moscú y la Federación Sindical Internacional, cuyo domicilio está en Amsterdam.» (Francisco Largo Caballero, «Nuevo fracaso de las maniobras comunistas», Heraldo de Madrid, martes 24 de febrero de 1925, pág. 1.)

«Comunistas detenidos. Barcelona 25. Ha sido detenido y puesto a la disposición de la autoridad militar, el comunista Tomás Molinero. Se hallaba reclamado por reparto de hojas clandestinas. También ha sido detenido José Grau, compañero del anterior, conocido comunista militante, que realizaba frecuentes viajes a Rusia y otras naciones, y que mantenía estrechas relaciones con los elementos comunistas internacionales. Parece que la detención de ambos estaba pedida desde Madrid, en virtud de las medidas adoptadas contra el comunismo internacional. A la detención de José Grau y de Molinero le da la Policía tanta o más importancia que a la de Maurín.» (La Época, Madrid, miércoles 25 de febrero de 1925, pág. 3.)

«El proceso de Leipzig reviste un interés enorme; no es la vista de una causa contra los energúmenos que se llaman comunistas alemanes, es el proceso contra toda la Tercera Internacional, esa organización de malhechores que fomenta los más horrendos crímenes y constituye un grave peligro para la Humanidad entera.» (N. Tassin, «La che-ca alemana, revelaciones sensacionales: el veneno y los microbios del cólera y del tifus, elementos para la difusión del comunismo», El Imparcial, Madrid, jueves 26 de febrero de 1925, pág. 1.)

En efecto, en febrero de 1925 se encomienda al joven leridano Luis de Andrés Morera, activista somatén, dar los primeros pasos para la puesta en marcha de la sección española de la Entente. Hijo de Manuel de Andrés Fernández y de María Morera Galicia, sobrino del pintor Jaime Morera Galicia (1854-1927) y del abogado y poeta Magín Morera Galicia (1853-1927), algunos se confunden y aplican a Luis de Andrés Morera un inapropiado ‘y Galicia’ como estrambote de su nombre. En 1920 había asistido a la Conferencia Internacional de Guardias Cívicas que se celebró en Lucerna los días 29-30 de noviembre de 1920 (Luis Martí Olivares y Luis de Andrés y Morera, Somatén de Barcelona. Conferencia de Lucerna, memoria que presentan… delegados… para asistir a la Conferencia internacional de Guardias cívicas…, Imprenta Elseviriana Borrás Mestres y Cía, Barcelona 1920, 61 páginas). Ese mismo 1925 ya firmó, como Luis de Andrés, el opúsculo El bolchevismo y la religión, de propaganda de la Entente, donde el anticomunismo se asocia a una defensa expresa del catolicismo. Como Luis de Andrés y Morera publicó La defensa social contra la revolución: el Somatén y sus similares en el extranjero (Imprenta Alpha, Madrid 1927, 106 páginas), El comunismo en el nuevo Código Penal. Texto taquigráfico de la conferencia pronunciada en la Real Academia de jurisprudencia y Legislación, el día 4 de junio de 1929 (Imprenta Góngora, Madrid 1929, 62 páginas) y La antorcha rusa (Imprenta La Rafa, Madrid 1929, 268 páginas; 2ª edición, con un prólogo de Oscar Pérez Solís, Huelves y Compañía, Madrid 1929, XXXII+268 páginas). La última noticia que encontramos de él, en los primeros meses de la guerra civil, permite imaginar cómo fue ultimado este pionero antibolchevique hispano: «Lérida 31. Por el Comité de investigación han sido detenidos e ingresados en la cárcel de esta ciudad, a disposición del Tribunal Popular, Luis Andrés Morera, Gregorio Creu Fetó, José Sobera Figuera, Juan Porta Perucho y Julián R. Huriaga Gortia» (La Vanguardia, Barcelona, domingo 1 de noviembre de 1936, pág. 7.) En 1944, en la esquela de su madre en La Vanguardia, aparece Pilar Comba como viuda de Andrés, y en 1989, más de medio siglo después, nos dice otra esquela del ABC: «Pilar Comba Sigüenza, viuda de Luis de Andrés Morera, falleció en Madrid.»

Dos meses después del inicio de la propaganda de la Entente en España a cargo de Luis de Andrés, visita Madrid el presidente del Bureau permanente de la organización, Teodoro Aubert, para dejar fundado oficialmente el Secretariado Nacional de España de la Entente internacional contra la Tercera Internacional: el 18 de abril de 1925 se celebró una reunión, en el madrileño Hotel París, donde expuso los planes y programas de la Entente a un público selecto entre quienes estaban María de la Concepción Loring Heredia (1868-1935, marquesa viuda de la Rambla, de Acción Católica de la Mujer; dos años más tarde ocupó un escaño en el Congreso, designada por el dictador Primo de Rivera como representante de Actividades de la Vida Nacional, y le cupo el honor de ser la primera diputada que habló en las Cortes españolas), Ángel Herrera Oria (1886-1968, cofundador en 1910 de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas ACNP, de la Editorial Católica en 1911, director de El Debate; en 1940 fue ordenado sacerdote y en 1965 creado cardenal por Pablo VI), Juan Antonio Gamazo y Abarca (1883-1968, conde de Gamazo, diputado desde 1907, presidente del Consejo Superior Bancario), Tomás Benet y Benet (†1936, abogado, secretario general de la Confederación Patronal Española; en 1927 nació su hijo, el escritor Juan Benet Goitia), José Ayats Surribas (1886-1949, representante de la Confederación Gremial Española; nombrado diputado en 1927 por Primo de Rivera como representante de Actividades de la Vida Nacional, subsecretario del Ministerio de Trabajo en 1935 militando en Acción Popular Catalana, &c.) y Joaquín Garnica y Sandoval (†1955, marqués de Casa Pacheco, presidente de la Asociación de Agricultores de España). Disculparon su asistencia, adhiriéndose a la Entente, Claudio López Bru (1853-1925, segundo marqués de Comillas, quien tampoco podría haber asistido, pues precisamente falleció ese mismo día 18 de abril de 1925), Antonio Maura Montaner (1853-1925, cinco veces presidente del consejo de ministros de España), Enrique Reig y Casanova (1858-1927, cardenal arzobispo de Toledo), Luis de la Peña y Braña (1868-1945, ingeniero de minas, diputado en 1919 y 1920, cónsul general de Suecia en Madrid; al fallecer era consejero del Banco Exterior de España) y Manuel Escrivá de Romaní y de la Quintana (1871-1936, conde de Casal, gentilhombre de Cámara de Alfonso XIII con ejercicio desde 1898, presidente de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana de Madrid).

Inmediatamente se puso en marcha una campaña de ayuda financiera y comenzó su actividad estable la filial española, domiciliada primero en la calle Gaztambide 29 y después en Fuencarral 22, de Madrid:

«En España, el Secretariado Nacional de esta entidad quedó fundado en abril de 1925, tras una visita efectuada a Madrid por el presidente del Bureau Permanente Théodore Aubert. Durante su estancia, Aubert no desperdició la ocasión de entablar contacto con una serie de destacadas personalidades de inequívoco talante conservador, como el marqués de Comillas, el conde de Casal, Luis de la Peña, el cardenal primado y Antonio Maura, y envió una amplia serie de cartas solicitando ayuda ‘en defensa de los principios de orden y de civilización contra los ataques del comunismo revolucionario’. Estos intercambios, que eran el prólogo obligado y habitual para la puesta en marcha de la organización antibolchevique en cada país, culminaron con la celebración en Madrid el 18 de ese mes de una reunión preparatoria en el hotel París, a la que asistieron destacados representantes de las finanzas, la industria, la prensa, el comercio, la agricultura, etc. {2. En esta reunión participaron, además de Aubert, el marqués de Casa Pacheco (presidente de la Asociación de Agricultores), Ángel Herrera Oria (director de El Debate), el conde de Gamazo (presidente del Consejo Superior Bancario), Tomás Benet (representante de la Confederación Patronal), José Ayats (representante de la Confederación Gremial), y la marquesa viuda de la Rambla (de Acción Católica de la Mujer). Excusaron su asistencia pero se adhirieron a la misma el marqués de Comillas, el cardenal primado, el conde de Casa, Luis de la Peña y Antonio Maura. Véanse ‘Actividades del Secretariado Español hasta febrero de 1927. Extractadas’ (Madrid, II-1927) y ‘Cartas dirigidas a distintas personalidades y sociedades solicitando su apoyo económico para poder desarrollar nuestra acción’ (1927), AHN, Presidencia, Directorio Militar, leg. 171, caja 1, exp., nº 8288.} Allí se decidió el inicio de una campaña de ayuda financiera y la definitiva constitución del Centro Español Antibolchevique, que tras obtener una sede provisional en el número 29 de la madrileña calle de Gaztambide quedó definitivamente instalado en Fuencarral, 22. Su dirección había sido confiada desde el 21 de febrero anterior a Luis de Andrés Morera y Galicia, destacado miembro del Somatén catalán, quien previsiblemente había entablado contacto con el naciente movimiento europeo anticomunista en la Conferencia Internacional de Guardias Cívicas celebrada en Lucerna en noviembre de 1920, donde se sentaron oficiosamente los principios contrarrevolucionarios que desarrollaría la Entente un lustro después. Por otro lado, Andrés Morera mantenía excelentes contactos con Primo de Rivera y Martínez Anido, que de Subsecretario de Gobernación pasó a fines de 1925 a dirigir esa Cartera como ministro, y aparecía como virtual brazo derecho del dictador al ostentar la vicepresidencia del Directorio Civil. El nuevo responsable de la Entente conocía a ambos generales desde sus etapas de responsabilidad en la política de orden público en Barcelona, de forma que parecía el hombre indicado para llevar adelante la misión de coordinación con el Directorio encomendada al Secretariado español. El Centro Español Antibolchevique fue dividido en las habituales secciones de Documentación, Información, Propaganda y Organización. Se propuso además la creación de un Consejo de Dirección, formado por el conde de Canga Argüelles (Consejero Delegado), Antonio Valcárcel (miembro de la Cámara de Comercio de Madrid), el marqués de Casa Pacheco (vicepresidente de la Asociación de Agricultores), Jesús Cánovas del Castillo (secretario general de la misma y consejero-delegado de la Asociación Nacional de Olivareros de España), Francisco Marín y Beltrán de Lis (marqués de la Frontera, secretario de la Asociación de Ganaderos, ex-gobernador civil de Madrid y ex-subsecretario de los Ministerios de Gracia y Justicia y de Abastecimientos), Francisco Bernis (de la asociación de la Banca), Francisco Junoy (presidente de la Sociedad de Estudios Sociales y Económicos), Jorge Foret (presidente de la Cámara de Industrias Químicas), Luis Benjumea (UP), el conde de los Moriles (representante de la nobleza), el ex-ministro de Gobernación Antonio Goicoechea, el conde de Gamazo (presidente del Consejo Superior Bancario) y unos representantes aún no designados del Ejército, la Iglesia Católica, la Enseñanza y el Somatén.{3. AHN, Presidencia, Directorio Militar, leg. 171, caja 1, exp., nº 8288.}. De todas estas actividades iniciales quedó informado el presidente interino del Directorio Militar, almirante Antonio Magaz y Pers. Ulteriormente, el Secretariado español de la Entente mantuvo un permanente contacto oficioso con Primo de Rivera y Martínez Anido, aunque las relaciones oficiales se dirigieron siempre a José María Linares Rivas, secretario diplomático de la Presidencia del Gobierno, y al secretario auxiliar de la Presidencia, Antonio Almagro. Según el testimonio de Natalio Rivas, el propio rey leía los boletines de la Entente y daba crédito a su contenido.{4. Conversación de don Alfonso con Natalio Rivas de junio de 1925, en ‘Apuntes de memorias’ (23-VI-1925), RAH, Archivo Natalio Rivas, leg. 11/8916.}. El 20 de abril de 1925, Andrés Morera inició una campaña reservada de solicitud de ayuda financiera a diversas asociaciones de intereses profesionales, sociedades y entidades que podían resultar útiles como mecenas estables en la lucha preventiva contra el bolchevismo.» (Eduardo González Calleja & Fernando del Rey Reguillo, La defensa armada contra la revolución: una historia de las guardias cívicas en la España del siglo XX, CSIC (Biblioteca de Historia), Madrid 1995, cap. 7: «Una iniciativa complementaria de ‘defensa social’: el Secretariado español de la Entente Internacional contra la Tercera Internacional», págs. 221-234.)

La prensa comenzó pronto a hacerse eco del activismo de estos propagandistas anticomunistas:

«Por otra parte, el Gobierno suizo ha tomado cartas en el asunto para evitar toda propaganda comunista, en este y otro sentido, en territorio suizo. Además, se acaba de celebrar un Consejo de la Entente Internacional contra la Tercera de Moscóu, al cual han asistido representantes de más de 30 países, tomándose importantes acuerdos que hasta ahora permanecen secretos y que tienen por objeto contrarrestar toda campaña comunista.» (El Sol, Madrid, sábado 6 de junio de 1925, pág. 5.)

«Marco Cramer, bajo los auspicios de la Oficina permanente de la Entente internacional contra la III Internacional, acaba de publicar un trabajo, que titula ‘La Internacional bolchevique contra la religión’, que lleva un prólogo escrito por Noville, protestante; Gonzague, católico, y Kartachoff, ortodoxo, demostrativo de la organización formidable del comunismo para este género de propagandas. ¿No sentirán ahora algún remordimiento todos aquellos católicos, apasionados, ciegos y fanáticos, que en sus furores ‘demófobos’ no vacilaron en aplaudir a los comunistas sólo por combatir al socialismo?» (La Libertad, Madrid, jueves 2 de julio de 1925, pág. 3.)

«El director del secretariado español de la entente internacional contra la tercera internacional, señor De Andrés, ha entregado al Directorio una Memoria con las peticiones que dicha Entente dirige a todos los organismos, para la lucha contra el comunismo. Esta gestión es un acuerdo de la conferencia celebrada hace poco tiempo en Ginebra por la Entente y debe haber sido realizada anteayer, por los representantes de la Entente en todas las capitales europeas. Además del Gobierno, habrá recibido el mismo documento, la Sociedad de las Naciones.» (La Cruz, diario católico, Tarragona, 4 de julio de 1925, pág. 2.)

«Contra el bolcheviquismo. Ginebra. Como consecuencia de una conferencia privada en la que han tomado parte representantes de los organismos nacionales de veintiún países, cuya conferencia se denomina ‘La Entente internacional contra la III Internacional’, celebrada en esta capital, se ha dirigido una memoria concerniente a la lucha contra el bolcheviquismo a todos los Gobiernos respectivos. Dicha memoria preconiza la Entente internacional para la represión de las propagandas subversivas, la conclusión de acuerdos especiales entre los Gobiernos para impedir los golpes de Estado en sus corrientes países, a fin de poner término a las campañas revolucionarias que los organismos moscovitas persiguen con el apoyo de sus legaciones soviéticas y con la máscara de la Cruz Roja.» (El luchador, diario republicano, Alicante, miércoles 8 de julio de 1925, pág. 3.)

«Origen del rumor del frente único contra la U. R. S. S. Ginebra 14 (12 n.). La Mesa de la Entente Internacional contra la Tercera Internacional estudió, a principios del año 1925, la amplitud de la acción de la Tercera Internacional, y acordó proponer a la Segunda Conferencia de la Entente pidiera a todos los Gobiernos tomasen de común acuerdo las necesarias medidas para poner fin al desarrollo del peligro bolchevique. El presidente de la Federación redactó un proyecto de Memoria, que fue estudiado luego por los representantes de 21 naciones europeas. En la sesión celebrada en 27 de mayo de 1925 en Ginebra por la Entente, todos los delegados confirmaron el peligro de la actual actuación de la Tercera Internacional en sus respectivos países, y aportaron numerosas pruebas de la colaboración de la Tercera Internacional con el Gobierno de los Soviets. El texto de esa Memoria, introducidas ya en él algunas modificaciones, fue adoptado por unanimidad. Se acordó presentarlo el día 1 de julio a todos los Gobiernos, por mediación de los centros nacionales de la Entente Internacional contra la Tercera Internacional, y darle a la publicidad el día 8 de julio. Esa gestión está siendo considerada como el principio de un movimiento de opinión general coordinado contra la Tercera Internacional y, según sea acogida esa Memoria, de una acción decisiva y coordinada de los Gobiernos. En el capítulo primero de dicha Memoria se pone de manifiesto como la Tercera Internacional pone en peligro la seguridad interior y exterior de cada país y pasa a ser un peligro verdadero para la paz general, y además, el modo cómo ataca los principios fundamentales del Derecho civil y de la moral de los Estados modernos. En el segundo capítulo, la Memoria pone de manifiesto que el deber de todos los Gobiernos es concertarse y ponerse de acuerdo entre ellos para llevar a cabo una acción común. La Entente Internacional contra la Tercera Internacional ruega encarecidamente a los Gobiernos de Europa, Estados Unidos y Japón que tomen la Iniciativa de una ‘entente’ entre ellos, encaminada a coordinar sus esfuerzos contra la propaganda y la acción subversiva de la Tercera Internacional. Con igual interés solicita de los expresados Gobiernos se hagan cargo de la urgencia que suponen los acuerdos internacionales especiales, cuyo objeto es impedir la preparación, en los Estados vecinos o no vecinos, de acuerdos de carácter revolucionario contra los otros Estados, y de impedir, por medio de una acción común de las potencias, que las Embajadas, Legaciones y Misiones comerciales y militares soviéticas abusen de la extraterritorialidad diplomática, de la hospitalidad de las naciones o incluso de la seguridad que confiere el emblema de la Convención de Ginebra, para servir de Centros secretos de acción a la Tercera Internacional. El documento está firmado por Mr. Teodoro Aubert, abogado y presidente de la Oficina permanente de la Entente Internacional contra la Tercera Internacional. (Fabra.)» (El Sol, Madrid, miércoles 15 de julio de 1925, pág. 5.)

«El Congreso de Ginebra contra el comunismo. El Consejo de la Entente internacional contra la Tercera Internacional se reunió en Ginebra los días 25, 26 y 27 del mes de Mayo último. Asistieron delegados de veinte naciones que participaron en los trabajos y conferencias con sus informes respectivos. Resulta que las organizaciones para la defensa social creadas han adquirido una importancia mayor de la que estaba prevista. El Consejo adoptó una serie de resoluciones prácticas para la lucha contra el comunismo.» (El Orzán, diario independiente, La Coruña, sábado 6 de junio de 1925, pág. 3.)

«Una Entente contra el comunismo. Reval, 18. Según informaciones de fuente soviética, parece que Inglaterra ha propuesto a Francia la creación de una a modo de ‘entente’ para oponer una réplica a la propaganda de la Internacional Comunista y luchar todo cuanto sea posible contra los manejos de los comunistas.» (La Correspondencia Militar, Madrid, martes 18 de agosto de 1925, pág. 1.)

«Hace unos días, pocos antes de interrumpir la vida vertiginosa de acción que ha sido la de estos últimos tiempos, se presentó en mi casa un joven que venía a hablarme y que traía para mí la recomendación simpática de una de las señoras que más y mejor trabajan en la Junta de A. C. de la Mujer, la Marquesa de Eranilla. ¿Qué deseaba el visitante, Luis de Andrés? Desde que comenzó a explicarse, el interés más vivo se apoderó de mi. Había pensado la Entente Internacional contra la III Internacional, es decir, contra el Nictismo [sic]. En esa Junta de A. C. de la Mujer, tenía un puesto como era justo y natural tal vez lo tenga también pronto la representación obrera femenina de orden. ¿Qué hace esta ‘Entente’? En primer lugar y como algo que es urgentísimo, publicar y propagar folletos que ‘dicen claramente’, sin rodeos, sin ocultaciones, todas esas blasfemias de las que hablaba anteriormente que no conocíamos y que nos son preciso conocer al pesar de la repugnante lógica que nos producen y del espanto y angustia que ponen en nuestra alma de católicos. ‘La gente no se da cuenta de lo que en Rusia ocurre. La gente ignora el peligro, ignora el lenguaje de los soviets, el odio satánico que tienen a la religión, vivimos en un mundo por demás optimista respecto del bolchevismo, y es hora de que todo esto se sepa de que en las conciencias haya comprensión de la gravedad del momento a fin de que sepamos defender a España de semejantes horrores, de esa plaga terrible que ha arruinado a Rusia y pretende minar el mundo entero’. El autor del primer folleto publicado con censura eclesiástica, El Bolchevismo y la Religión, tenía razón al pronunciar las anteriores palabras. Ha sabido desarrollar este pensamiento suyo en el folleto que será una revelación aterradora para cuantos lo lean, como lo fue para mí; pues aunque, repito, muchos sabíamos, no habíamos llegado a saber tanta blasfemia como se dice en Rusia con descaro inaudito y con pleno consentimiento de este gobierno maldito, engendro de ese hombre que pasará a la historia execrado de la humanidad, el tristemente célebre Lenin, monstruo que ha dejado en su patria regueros de sangre y en todo su suelo huesos y esqueletos de los que murieron de hambre. […] El primer capítulo, la primera parte del folleto, mejor dicho, nos dice lo que es la tercera Internacional y los organismos de que dispone: uno de ellos es la Internacional Comunista de la Juventud, otra la Internacional roja de Mujeres, que dice tiene un desarrollo considerable y que dedica una especial atención a la emancipación de las mujeres del grupo de la familia de la maternidad, de la religión y de la moral burguesa… la ‘Internacional de Asociaciones profesionales’. […] La juventud, la escuela, la mujer, los niños, todo está minado, todo se ha perseguido satánicamente por los bolchevistas. Y lo triste que hace derramar llorosas lágrimas de sangre es que el comunismo se extiende por todas partes y los resultados son verdaderamente espantosos; la pluma se resiste a reproducir las citas tomadas del folleto de que me ocupo, únicamente citaré este dato: en Rusia había a finales de 1924, 50.000 niños criminales. Este es el sovietismo, estos los horrores de las doctrinas de Lenin y de Trotsky…» (María de Echarri, «Pidamos y luchemos», La Cruz, diario católico, Tarragona, sábado 29 agosto 1925, pág. 1.)

«Ha sido convocada la tercera Conferencia del Consejo de la Entente Internacional contra la tercera Internacional. La reunión se celebrará en Londres los días 15, 16 y 17 del próximo mes de marzo.» (El Imparcial, Madrid, 2 de febrero de 1926, pág. 6.)

«El honor de la mujer. Según acabamos de leer en un interesante boletín que publica el secretariado general de la Entente Internacional contra la III Internacional, los bolchevistas rusos conceden un especial interés a la corrupción de la mujer como fundamento de la disolución del hogar y de la destrucción consecuente de la familia y de la sociedad. Y se proponen los bolcheviques llegar a esa corrupción femenina mediante el desarrollo y protección de ciertas corrientes feministas que manejadas con habilidad pueden conducir al objeto destructor que se proponían.» (El defensor de Córdoba, 4 de marzo de 1926, pág. 3.)

«La lucha contra el bolchevismo. Londres, 26. A la Conferencia de la Entente internacional para combatir la Tercera Internacional, que se ha celebrado en Londres, asistieron delegados de la Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Suiza, Checoeslovaquia, Yugoeslavia, España, Grecia, Holanda, Finlandia, Dinamarca, &c. Esta organización internacional, fundada por el conocido abogado suizo Sr. Teodoro Aubert, tiene su sede en Ginebra y su objeto es desarrollar la técnica para combatir eficazmente los métodos revolucionarios de propaganda tan desarrollados de la Tercera Internacional. Se han creado ya filiales en muchos países que han sufrido la táctica subversiva de la Tercera Internacional. En la única sesión pública celebrada, el señor Aubert explicó que el fin de la Asociación era un ensayo sistemático mediante un estudio científico del bolchevismo para establecer acuerdos internacionales sobre los métodos necesarios que se deben emplear en combatir una fuerza que amenaza a todas las naciones y hasta a la misma existencia de la civilización. Añadió que la organización, fundada hace dos años, ha progresado rápidamente durante los últimos meses. Se reciben comunicaciones pidiendo consejo y ayuda de sitios tan lejanos como Shanghai y Johanesburgo. Las sesiones secretas de la Conferencia parece que se dedicaron a comparar las experiencias hechas en los diferentes países representados y a discutir los medios de desarrollar una resistencia organizada a la agresión de la Internacional comunista.» (La Libertad, Madrid, 27 de marzo de 1926, pág. 1.)

«Comunistas y anarco-sindicalistas (del Sindicato Único) marcharon unidos hasta la defección del ‘leader’ de los últimos, Pestaña, expresada en su ya famoso folleto titulado ‘Setenta días en Rusia’, bien es verdad, que los directores de ambos partidos, rompieron el fuego culpándose los unos a los otros, del fracaso del proletariado español, ahogado con el golpe de Estado del General Primo de Rivera, lucha que tuvo principalmente un carácter polémico, cristalizando en el folleto titulado ‘El Coloso de los Pies de Barro’ al que contestó Pérez Solís en nombre del Partido Comunista. Después del suceso del 13 de Septiembre quedaron destrozados los Sindicatos Únicos, perdiendo la influencia que adquirieran sobre la clase obrera, persistiendo en la actualidad en reconquistar su antigua importancia, por la legalización de sus organismos. {1. Boletín de Entente i. c. l. III Internacional, enero 1926.} Respecto a su actuación pasada, de terrorismo, pretendían con ella ‘facilitar la revolución para llegar al comunismo’ {2. Información de la Entente, ‘La Acción del Bolchevismo en España’} juntamente con la labor que realizaba este partido; […]» (Ricardo Martorell y Téllez-Girón, «El comunismo en España. Intervención de los soviets rusos en la agitación obrera de España», Renovación Social, Oviedo, 1º de julio de 1926, año III, nº 41, pág. 7.)

«La acción del Gobierno ha impedido desde entonces (noviembre de 1923) los congresos regionales [del Partido Comunista]; de aquí que el problema haya quedado sin resolver. (Del Boletín número 4 del Secretariado Español de la Entente Internacional contra la III Internacional).» (Ricardo Martorell y Téllez-Girón, «El comunismo en España. Su organización», Renovación Social, Oviedo, 15 de octubre de 1926, año III, nº 48, pág. 617.)

En enero de 1927 un ejemplar en francés de la propaganda de la Entente llegó a la redacción de El Noticiero de Zaragoza, y había de influir notablemente en un joven colaborador, nacido en Zaragoza el 12 de octubre de 1908, que había de convertirse en reconocido historiador del comunismo en España en los años del franquismo, Eduardo Comín Colomer (1908-1975):

«Creo absolutamente necesario empezar este libro con una confesión: hasta 1927 no tuve verdadera consciencia de lo que era y suponía el comunismo, en tanto que máquina revolucionaria, preparada para el asalto del mundo. […] Entre aquella multitud de hechos, llegó para el autor de esta obra el ya aludido 1927. Era el mes de enero cuando cayó en mis manos un ejemplar del Bulletin de Presse Hebdomadaire, que lanzaba desde Ginebra la Entente Internationale Anticommuniste, fundada en 1924. Era la primera vez que veía dicha publicación, recibida en la Redacción de El Noticiero zaragozano, y su lectura me dio cabal idea de lo que para la civilización cristiana suponía el comunismo. A partir de aquella fecha, y hasta los primeros meses de de 1940, recibí con alguna irregularidad los boletines de la E.I.A. También he de ponderar la labor de CILACC-Archivo anticomunista, que conocería con pleno vigor desde 1933 a 1935.» (Eduardo Comín Colomer, Historia del Partido Comunista de España, Primera Etapa (I) [1965], 2ª edición, Editora Nacional, Madrid 1967, págs. IX y XI-XII.)

«La Entente Internacional contra el bolcheviquismo. Londres 29. Dicen los periódicos que la Oficina permanente de la Entente internacional contra la 3ª Internacional ha dirigido un memorandum a los Gobiernos, en el que se tiende a unir las fuerzas antibolcheviques en todo el mundo. Su objeto está contenido en los puntos siguientes: 1º Represión de la actividad bolchevique en el territorio de cada Estado. 2º Oposición contra todo nuevo reconocimiento de los Soviets. 3º Ruptura de las relaciones diplomáticas existentes con el Gobierno de los Soviets. 4º Acuerdo intergubernamental para la lucha contra el bolcheviquismo. 5º Sustitución de los Soviets por un Gobierno que respete las leyes y sea capaz de reconstruir Rusia. El memorandum hace resaltar que el primer Gobierno que rompa las relaciones con los Soviets prestará un señalado servicio a la causa antibolchevique y a la misma civilización, al mismo tiempo que sirve los intereses de su país.» (El Siglo Futuro, diario católico, Madrid, sábado 29 enero 1927, pág. 2.)

«En 1927, Théodore Aubert réussit à convaincre le général Primo de Rivera en personne à prendre personnellement en main la réorganisation du centre espagnol. L’importance qu’attache le dictateur à l’existence d’une branche espagnole de l’Entente trouve une confirmation supplémentaire dans le fait qu’il installe son siège dans le même bâtiment que la présidence du Conseil. De plus, il fait prendre plusieurs abonnements aux publications du Bureau pour le compte du ministère de la Guerre, afin que celui-ci les distribue à quelques officiers de haut rang, parmi lesquels le général de brigade Francisco Franco. Le nouveau directeur du secrétariat espagnol, le colonel José Ungria Gimenez, ancien élève de l’École de guerre de Paris, est par ailleurs bien introduit dans les milieux conservateurs français. En décembre 1927, il est reçu par le maréchal Pétain, dont il signale l’intérêt pour l’action de l’Entente et suggère qu’on lui envoie de la documentation.» (2004 Michel Caillat &c., pág. 29.)

«La lucha contra el terror rojo, editado por la Entente Internacional contra la IIIª Internacional, Ginebra 1928. En este folleto se estudia con detenimiento la labor bolchevique y todas sus derivaciones en la marcha de los pueblos. Su subtítulo ‘Vademecum antibolchevique’ ya explica suficientemente el fondo ideario y doctrinal de esta edición, esmeradamente confeccionada, y editada con vistas a una intensa propaganda anticomunista.» (La Voz, Córdoba, martes 18 de diciembre de 1928, pág. 13.)

«La vida de los soviets. Un llamamiento contra el bolchevismo. Ginebra 6 (10 m). La Entente Internacional contra la Tercera Internacional, que tiene su sede en esta capital, ha dirigido un llamamiento documentado a los hombres de Estado, a la Prensa, al mundo de negocios y a la opinión pública con objeto de conseguir que se adopten medidas de orden internacional contra la amenaza bolchevique, peligro europeo y mundial. Según el llamamiento, el mundo se preocupa actualmente de problemas internacionales que tienen una importancia secundaria comparados con la cuestión bolchevique. ‘Todas las organizaciones de Moscou –hace notar la Entente– son internacionales, y basta leer los periódicos de todos los países para darse cuenta de su acción nefasta. El mundo entero está, en peligro. Las fuerzas rojas existen en todas partes, disimuladas, disfrazadas. Como en toda guerra moderna, no luchan en batalla abierta, sino que libran combates parciales mediante una acción de desgaste contra el organismo social contemporáneo, que disocian hasta que, carcomido, se hunde bajo la ofensiva de una minoría activa resuelta y sin escrúpulo.’ El llamamiento indica que lo que más temen los Soviets es la formación de un acuerdo de las naciones contra el bolchevismo. La Entente Internacional pide a la Prensa y a la opinión pública que empujen incansablemente a los Gobiernos a comprometerse a adoptar una unión contra el bolchevismo. (Radio.)» (El Sol, Madrid, viernes 7 de junio de 1929, pág. 5.)

«Rusia y la Gran Bretaña. Londres 29. El señor Th. Aubert, presidente de la Oficina Permanente de la Entente Internacional contra la Tercera Internacional, ha dirigido al señor Mac Donald una carta de protesta contra la reanudación de las relaciones diplomáticas con Rusia. La misiva dice que en el momento en que el Congreso socialista francés, reunido en Nancy, ha decidido enviar una protesta a Moscú contra las medidas terroríficas que los bolcheviques continúan empleando hasta con los socialistas, el nuevo Gobierno británico piensa en facilitar a dicho Gobierno terrorista el prestigio de una brillante victoria diplomática. Añade que la protesta de los socialistas franceses es una prueba, entre las innumerables que existen, de que el Gobierno sovietista no representa al pueblo ruso, puesto que solamente puede sostenerse por la tiranía del terror. El Gobierno de su majestad británica, mediante el acto de reconocimiento, consolidaría el vacilante poder de los Soviets prolongando así el ejercicio del terrorismo. Termina diciendo: ‘En todo el imperio británico, y especialmente en la India, el Gobierno sovietista está organizando continuamente guerras civiles y revoluciones. La presencia de misiones diplomáticas en cerca de 21 países ha facilitado ya la organización de tumultos promovidos y alimentados por Moscú. Los sangrientos alborotos del 1 de mayo pudieran repetirse en Londres. Luchando contra enormes dificultades, despreciados y odiados por todos los que no son comunistas en Rusia –el 93 por 100 del pueblo ruso–, el Gobierno de los Soviets se mantiene en el poder por la crueldad de su Policía política y por la propaganda de la guerra revolucionaria en Europa y en los demás continentes. ¿Puede ser que el Gobierno de la Gran Bretaña ayude a este Gobierno de asesinos renovando con él sus relaciones diplomáticas? Los Soviets son una amenaza, tanto para la paz internacional como para la paz interior de todos los países, y por esta razón, señor, vuestro Gobierno no puede restaurar el prestigio de los Soviets sin comprometer la causa de la paz, a la cual, según ha declarado, está tan profundamente unido.’ Radio.» (Heraldo de Madrid, sábado 29 de junio de 1929, pág. 3.)

«Contra la Tercera Internacional. Ginebra 11. Una nota comunicada hoy a la Prensa dice que ha dado por terminados sus trabajos el VI Consejo anual de la ‘Entente’ Internacional contra la Tercera Internacional. Fabra.» (El Imparcial, Madrid, sábado 12 de octubre de 1929, pág. 5.)

Pero esta Entente no terminó de cuajar como organización en España. De hecho, ningún español formaba parte de su Bureau permanent (BP) en 1930, constituido entonces por un ruso, cuatro suizos, tres franceses, tres ingleses, tres norteamericanos, un holandés y un checoeslovaco (por supuesto: Teodoro Aubert como presidente y Georges Lodygensky como vicepresidente). Quizá porque los promotores de la filial española, durante la dictadura militar de Primo de Rivera, se habían mantenido demasiado en posiciones extravagantes doctrinales católicas abstractas, apartadas de la realidad política inmediata española. En este sentido es bien interesante el panorama que ofrece el general Emilio Mola, Director General de Seguridad durante la dictablanda de Dámaso Berenguer, cuando lamenta la poca efectividad de la actividad en España de la Entente durante la dictadura y el poco apoyo de los elementos pudientes hacia esa organización, una vez incorporada a la discreta estructura anticomunista reorganizada en 1930; el encargo por el que Mola designó al juez Salvador Alarcón para desplazarse a Ginebra a los archivos de la Entente, &c.:

«No he de negar que en el mes de febrero de 1930, apenas tenía una vaga idea del régimen establecido en la URSS; en cambio conocía con cierta minuciosidad el sindicalismo, el anarquismo y su maridaje, el anarcosindicalismo. Tan descuidado se hallaba este estudio en España, que incluso en la misma Policía solamente existía un escaso número de funcionarios pertenecientes a la escala técnica del Cuerpo de Vigilancia impuestos en lo que era el comunismo; de este pequeño grupo formaban parte los comisarios Molina Agustín, Ledesma, Fenoll, Martín Bagenas y Chamorro. Jefes de prestigio, como don Enrique Maqueda, desconocían en absoluto la doctrina, el sistema y los medios de acción de la Internacional Roja de Moscou. Era difícil en estas circunstancias iniciar una campaña verdaderamente eficaz de investigación y contención comunista, y sin embargo, merced a la buena voluntad, aplicación y esfuerzo de unos pocos, se hizo mucho más de lo que cabía esperar. [...] Para combatir el comunismo se creó en Ginebra "L'Entente Internationale contre la III Internationale". Este organismo desde su fundación se dedicó a una labor puramente informativa, sin que, hasta que abandoné la Dirección de Seguridad, hubiese dado resultado práctico; ello era debido a que los que lo formaban desconocían prácticamente la psicología de los elementos contra los cuales querían actuar y se ahogaban en una burocracia estéril. No obstante lo expuesto, "L'Entente" pudo haber desarrollado una labor eficaz, respondiendo mejor a los fines que la inspiraron, con la profusa publicación de folletos, lo más concisos posibles, en que se expusieran, para conocimiento de todas las clases sociales, la labor destructora de los Soviets, la tiranía brutal del régimen implantado en Rusia, el hambre que allí reina y el desenfreno de todas las pasiones, sin principio moral alguno que sujete a los hombres. Estas publicaciones hubieran servido para contrarrestar la propaganda comunista que se hacía con miras a la capturación de voluntades al mismo tiempo que con fines especulativos. [...] Acción anticomunista. El 6 de abril [de 1930] –mes y medio después de haberme hecho cargo de la Dirección de Seguridad– presenté al Presidente –previo asentimiento del ministro de la Gobernación– una Memoria, de la que eran los siguientes párrafos: [...] "Estas consideraciones me inducen a proponer el siguiente esquema de organización, cuyo centro principal debe radicar en la Dirección General de Seguridad: 1º) Sección de Investigación Comunista. Formará parte de la División de Investigación Social de la Dirección General de Seguridad. Su misión será la de investigar, vigilar, adquirir y facilitar datos, archivar fichas y antecedentes, mantener relaciones por medio del Director General de Seguridad con las Embajadas, Secretariado español de "L'Entente Internationale contre la III Internationale", Oficinas de Investigación comunista del Ejército y de la Marina, Oficina informativa del Ministerio de Justicia y Culto –entonces no se denominaba de Gracia y Justicia– y con todas las autoridades gubernativas nacionales. 2º Secretariado español de "L'Entente Internationale contre la III Internationale". Dependerá de la Presidencia del Consejo de Ministros. Tendrá la misión que en la actualidad y además la propaganda anticomunista por medio de la Prensa, folletos, conferencias y cuantos medios crea necesarios; se entenderá por mediación del Director General de Seguridad con la Sección de Investigación Comunista, con la que mantendrá intercambio de noticias e informes. 3º Oficina de Investigación Comunista del Ejército. [...]. 4º Oficina de Investigación Comunista de la Marina. [...]. 5º Oficina Informativa del Ministerio de Justicia y Culto. [...]." Pocos días después se ponía en prática el plan propuesto, nombrándose una Junta integrada por un representate de cada uno de los Ministerios del Ejército, Marina y Justicia y Culto; otro del Secretariado; el jefe de la División de Investigación Social como secretario, y yo como presidente; esta Junta se la designó con el nombre de "Junta Central contra el Comunismo" (J. C. C. C.). Todo lo que afectaba a la campaña anticomunista y especialmente a los acuerdos de la J. C. C. C. se llevaban con absoluta reserva, al punto que eran contados los funcionarios de los Ministerior y aun de la misma Dirección de Seguridad que conocían su existencia. No obstante el interés que por la referida Junta se puso para que el órgano respondiese a la función, es evidente que, por no apreciarse el peligro inmediato, no se llevaron los trabajos en los distintos departamentos con el celo que hubiera sido de desear, salvo en Marina y en la oficina del Secretariado español de "L'Entente", en que su jefe desarrolló una meritísima labor, que fue débilmente secundada por los elementos pudientes, por lo que se hizo casi imposible completar el plan de propaganda, que consistía en dedicar los beneficios que se obtuvieran por suscripciones al Boletín a la divulgación gratuita de libros, folletos y artículos anticomunistas. Uno de los primeros que solicitó suscribirse a las publicaciones del Secretariado fue José Bullejos. [...] Mi gestión no se limitó solamente a informarme, dirigir los trabajos de investigación policial y orientar a las primeras autoridades civiles de las provincias; fue más allá. A primeros de 1931, por iniciativa mía, aprobó el Gobierno que fuese a Ginebra, con objeto de hacer un estudio en los archivos de "L'Entente Internationale contre la III Internationale", una comisión presidida por el juez de primera instancia del distrito de la Latina, don Salvador Alarcón, que muchos señalaban como persona de gran competencia en cuestiones comunistas por haber desempeñado un cargo especial directamente relacionado con ellas durante la Dictadura.» (Emilio Mola Vidal, Lo que yo supe... Memorias de mi paso por la Dirección General de Seguridad [1933], en Obras completas, Editorial Santarén, Valladolid 1940, páginas 295-298 y 308-312.)

Julián Carlavilla habría sido el policía a quien Mola encargó el Informe sobre el comunismo en España destinado a la Entente, informe que su autor aprovechó para dar cuerpo al libro que publicó un año después, firmando como «Mauricio Karl»:

«Escuchen, lectores, al General Mola, como Director de la Policía española: "Afortunadamente, durante los catorce meses que estuve al frente del centro policíaco, el Comunismo no fue más que un espantajo... Es probable que hoy, y más en lo sucesivo, los comunistas sean motivo de preocupación para los Gobiernos; para los anteriores al advenimiento de la República, ni lo fué, ni podía serlo..." {8. E. Mola, Lo que yo supe (I Tomo de sus Memorias) pág. 81.} Esto lo decía el General, hombre inteligente, con un enorme sentido de la responsabilidad, que se lanzaría cinco años después de pensar así, con patriótico heroísmo, a salvar España del Comunismo. Eso pensaba y escribía un hombre muy excepcional, después de catorce meses al frente de la Dirección de Seguridad; y, todo debe decirse, después de haber leído mi libro El Comunismo en España, mucho antes de publicarse, porque ha de saberse que el contenido técnico de mi libro era un copioso Informe, totalmente elaborado por mí, cumpliendo las órdenes del General, destinado a la Entente Internacional contra la III Internacional, radicada en Suiza, con motivo de una reunión extraordinaria, y a la cual asistió como delegado del Gobierno el juez de Madrid señor Alarcón; no yo, destinado a ir, por dos razones: por escasez de fondos en la Dirección y, principalmente, para que no perdiese mi contacto ni unos días con los revolucionarios, pues, aunque había fracasado ya lo de Jaca, los temores aumentaban. El Informe, leído y aprobado por el General Mola, fue enviado a Ginebra.» (Mauricio Carlavilla, Anti-España 1959, Nos, Madrid 1959, pág. 439.)

El juez Salvador Alarcón Horcas y sus acompañantes, al volver del viaje de estudios a la sede de la Entente en Ginebra, tuvieron que suspender una estancia prevista en París al dimitir el gobierno Berenguer el 14 de febrero de 1931 (aunque la dimisión de Mola como Director General de Seguridad no fue entonces aceptada). Salvador Alarcón, instructor del sumario abierto tras la intentona revolucionaria anarquista y comunista de octubre de 1934 contra la república burguesa, fue asesinado en la Casa de Campo de Madrid el 13 de agosto de 1936, tras denunciar el diario Claridad (del entorno del PSOE de Francisco Largo Caballero, el Lenin español) que el juez se había atrevido a interrogar a Manuel Azaña en relación con la operación de las armas del barco Turquesa (que el PSOE de Indalecio Prieto tenía preparadas para la sublevación de octubre, alijo descubierto un mes antes por la Guardia Civil).

El activismo de la Entente influyó, sin duda, en muchos españoles, e hispanistas como Brian Crozier (Franco, a biographical history, 1967), Paul Preston (Franco, a biography, 1993) o Herbert Southworth (Conspiracy and the spanish Civil War: the brainwashing of Francisco Franco, 2002), se han servido de los fondos documentales de esta institución en sus construcciones de la historia de España. Se ha convertido incluso en un tópico, repetido hasta el ridículo por tantos que lo tienen por descubrimiento definitivo que demostraría arcanas influencias ideológicas que habrían sido determinantes en su trayectoria posterior, que Franco estuvo suscrito desde 1934 a las publicaciones de la Entente, como si las consignas y doctrinas de esta organización y de otras similares no fueran asunto de plena actualidad y tema recurrente en conversaciones, comentarios en la prensa de todas las tendencias y libros desde hacía ya varios años. Por supuesto, a esos simplistas y sectarios historiadores maniqueos que tanta importancia atribuyen a la sucripción de Franco en 1934 al Boletín suizo de la Entente, se les olvida glosar cómo el dirigente comunista José Bullejos Sánchez, según el testimonio de Mola antes transcrito, fue a su vez de los primeros en suscribirse en 1930 al Boletín español de la Entente.

El presupuesto manejado por la central de la Entente ascendía en 1925 a 71.056 francos suizos y en 1928 a 132.266 francos suizos, procedentes sobre todo de donantes suizos y europeos. Los archivos de la institución ocupan 2.200 cajas (que guardan la que fuera biblioteca de la organización) y otras 162 carpetas y cajas (con los archivos internos propiamente dichos), y se conservan desde noviembre de 1945 en el Departamento de manuscritos de la Biblioteca pública y universitaria de Ginebra, en consulta libre desde 1991.

Algunas publicaciones de la Entente Internacional contra la Tercera Internacional

Luis de Andrés, El bolchevismo y la religión, Imprenta de Samarán y Cia, Madrid 1925, 38 páginas.

Revista Antibolchevista. Publicación mensual del Secretariado español de la Entente Internationale contre la IIIe Internationale. Número especial, enero 1927, 60 págs.

Revista Antibolchevista. Secretariado português da Entente Internationale contre la IIIe Internationale, Lisboa, nº 1, mayo 1927.

Bureau permanent de l’Entente Internationale contre la IIIe Internationale (Corraterie 13, Genève), L’Entente Internationale contre la IIIe Internationale. Publie a l’occasion du Ve anniversaire de sa fondation, Imprimerie Sonor, Ginebra 1929, 37 págs.

Secretariat de la Section Russe de l’Entente Internationale contre la IIIe Internationale, Le mouvement de liberation de la Russie, Imprimerie Moderne, Chambery 1929, 62 págs.

Revista Anticomunista. «Publicaciones del Secretariado Español de L'Entente Internationale contre la IIIe Internationale. Apartado de Correos, núm. 276, Madrid. Boletín semanal.» Número 6 (7 agosto 1930). Número 17 (23 octubre 1930).

Revista Anticomunista. Madrid. Segunda época. nº 1, enero-febrero 1931.

Neuf ans de lutte contre le bolchevisme. L’activité de l’Entente Internationale contre la IIIe Internationale, Ginebra 1933, 30 págs.

Dix-sept ans de lutte contre le bolchévisme 1924-1940, Ginebra 1940.

Sobre la Entente Internacional contra la Tercera Internacional

1995 Eduardo González Calleja & Fernando del Rey Reguillo, La defensa armada contra la revolución: una historia de las guardias cívicas en la España del siglo XX, CSIC (Biblioteca de Historia), Madrid 1995, cap. 7: «Una iniciativa complementaria de ‘defensa social’: el Secretariado español de la Entente Internacional contra la Tercera Internacional», págs. 221-234.

2001 Michel Caillat, «L’Entente internationale anticommuniste de Théodore Aubert face à la guerre civile espagnole», en M. Cerutti et al. (eds.), La Suisse et l’Espagne de la République à Franco (1936-1946), Antipodes, Lausana 2001, págs. 421-437.

2004 Michel Caillat, Mauro Cerutti, Jean-François Fayet & Jorge Gajardo, «Les archives de l’Entente internationale anticommuniste de Thédorore Aubert (1924-1950)», Matériaux pour l’histoire de notre temps, París, nº 73, enero-marzo 2004, págs. 25-31.

→ Puede tenerse por institución estructuralmente sucesora de la Entente, en el siguiente periodo de entreguerras, al Congreso por la Libertad de la Cultura.

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