Filosofía en español 
Filosofía en español

“Alma nacional”

1845 «El aventajado jóven D. Plácido Jove Hevia nos remite el siguiente soneto: El alma nacional. Dedicado a la juventud española...» (La Esperanza. Periódico monárquico, Madrid, miércoles 22 de octubre de 1845, nº 322, página 4.)

1847 «Historia de los Girondinos, por M. A. de Lamartine. Libro XVI. Todos los pueblos sienten en momentos determinados, enardecerse su alma nacional con acentos que nadie ha escrito, pero que canta todo el mundo. Todos los sentidos quieren rendir su tributo al patriotismo, y estimularse recíprocamente. La planta marcha, el ademán anima, la voz embriaga el oído, y el oído conmueve el corazón. El hombre entero se templa como un instrumento de entusiasmo. El arte llega a ser santo, el baile heroico, la música marcial, y la poesía popular. El himno que en tales momentos exhalan todos los labios, es eterno, y no se profana en ocasiones vulgares. Semejante a las banderas sagradas suspendidas en las bóvedas de los templos, y que sólo salen al público ciertos días, se guarda el canto nacional como un arma extrema para las grandes necesidades de la patria.» (El clamor público. Periódico del partido liberal, Madrid, jueves 11 de noviembre de 1847, nº 1072, página 4.)

1855 «He aquí los discursos pronunciados antes de ayer en el acto de dar sepultura al cadáver del señor Gómez Becerra. [...] El señor don Juan Bautista Alonso: [...] "Se ha pronunciado la palabra escepticismo. Yo soy creyente. Pues qué, señores: ¿será posible que viva en la eternidad un pobre grano de arena, aunque le revuelquen aquí y allá las tempestades, y que al propio tiempo, por un absurdo inconcebible, no sea inmortal el alma humana? ¡Oh! No lo creáis, no lo creáis: en medio de maldades y vicios infinitos, el esplendor de la virtud y la fuerza de su origen es el sol que nos mantiene y desarrolla, y la gran esperanza del género humano. El espíritu de ese venerable anciano vivirá tanto como la historia, y no sólo en sus páginas sino también en el libro de la conciencia, en las pulsaciones del alma nacional y en los ecos del universo. Así lo siento, así lo creo, así lo comprendo. Las fuentes de la gratitud manan siempre, y Dios no permitirá que se encenaguen. Como hombre privado, como hombre público fue constantemente el señor don Álvaro Gómez Becerra un ejemplo insigne, una figura venerable y un tipo digno de imitarse. Con nosotros queda su esencia: aprendamos algo de sus elocuentes testimonios."» (La Iberia. Diario liberal de la mañana, Madrid, sábado 27 de enero de 1855, nº 189, página 2.)

1856 «Pero uno de los mas grandes dolores que la atormentan [a Italia] y la postran es el estar sujeta a voluntades que la sojuzgan y tiranizan, empeñadas en su fraccionamiento, en oscurecer su alma nacional, y eclipsar su idea propia, divertir sus fuerzas; y las dos naciones [Francia e Inglaterra] que con pomposo, pero mentido título, se llaman libertadoras del mundo, lejos de romper el cautiverio de esa hermosa esclava coronada de flores, quieren aumentar sus seculares tormentos, dictándole de nuevo una ley tiránica y de nuevo sujetándola al capricho de señores, si más humanos, más temibles; porque quieren dorar sus cadenas y cubrir de vana púrpura su triste servidumbre.» (La Discusión. Diario democrático, Madrid, viernes 24 octubre 1856, nº 200, pág. 1.)

1858 «Academia española. Juicio crítico de Quintana como poeta lírico. Discurso del Sr. D. L. A. de Cueto. [...] Sin estas influencias, ¿dónde está la emoción poética? Ellas constituyen, por decirlo así, un alma nacional, que se infunde y vive dentro del alma del poeta: ellas solas pueden dar vida a las creaciones de inspiración verdadera. La poesía, señores, es una planta delicada: no echa hondas raíces, ni produce fragantes flores cuando vive exclusivamente con los artificios del cultivo, y se agosta y muere cuando la alimenta savia extranjera.» (La Época, Madrid, jueves 18 de marzo de 1858, nº 2.749, pág. 4.)

1862 «III. Porque al fundar la organización del país quizás hemos sido imprevisores; hemos procedido más de una vez por partes, al detall, si puede decirse así; y de un modo lento y quizás incompleto y contradictorio. Debíamos renovar, vivificar la sangre, el alma nacional; y para conseguirlo debíamos concentrar y dirigir todas nuestras fuerzas hacia el corazón, hacia las primeras leyes de nuestra vida social, para establecer la unidad de nuestra civilización y de nuestras fuerzas productivas: así la nueva organización nacional hubiera reemplazado a la antigua; en vez de esto hemos roto con el pasado, y siendo retardada aquella nueva organización nacional, es incompleto nuestro progreso.» (Lorenzo Pujol y Boada, «De la necesidad de crear una universidad marítima en Barcelona», El Lloyd Español, Barcelona, domingo 29 de junio de 1862, nº 300, pág. 1.)

1866 «Levantósele un sepulcro con dos epitafios latinos, y así desapareció, según la frase de l'Etoile: "D. Antonio, rey de Portugal, o que por lo menos lo había sido, porque su tren estaba ya reducido al de un pobre caballero." Portugal, durante este tiempo, se sumía cada vez más en la sombra que sus autores han llamado el cautiverio. Camoens tenía razón cuando extinguiéndose al día siguiente de Alcacer-Kebir, compadecido de su patria exclamaba: "¡Muero al menos con ella!" El grito del alma nacional se exhalaba del corazón de un poeta antes de la crisis suprema.» (Carlos de Mazade, «Una anexión en otro tiempo», La Época, Madrid, sábado 27 de enero de 1866, nº 5.511, pág. 4.)

1875 «La mística y la novela, como antecedentes y elementos artísticos; el alma nacional, como asunto y argumento, y como regla, la inquieta y sobreexcitada avidez de nuestro pueblo para gustar deleites e imaginaciones que dieran solaz a sus almas hartas ya de dominar el mundo conocido: tal es el teatro español.» (Francisco de Paula Canalejas, «Del carácter de las pasiones en la tragedia y en el drama», Revista Europea, Madrid, 31 de octubre de 1875, nº 89, pág. 5.)

1877 «Diríase que el titánico esfuerzo, la preocupación constante de aquellos vigorosos ciudadanos, es construir el edificio sólido de la patria, con la actividad que los ángeles miltonianos levantaban su Pandemónium; delinear la magnífica ornamentación de su arquitectura política; levantar la inconmovible pirámide del derecho; asentar la columna monumental del progreso para colocar encima el ídolo soberano, el numen de aquella raza viril: la libertad. Así como Voltaire pudo gloriarse de legar su espíritu a la Francia y el alma de Washington parece haberse transfigurado en el alma nacional, y diluida en la atmósfera, al dar su nombre a la ciudad cabeza de aquel pueblo, parece que le presta su aliento, su fe, su energía, su impulso y el ingénito amor a la independencia. Aquella tierra virgen parece que ha dado a la sangre de sus hijos la fecunda savia de sus bosques prediluvianos, y aquella nacionalidad, nacida en el memorable 4 de julio de 1776 y bautizada con la sangre vertida en los campos de Saratoga, ha concentrado en manos de un siglo más vida y movimiento que las vetustas naciones sajonas y latinas en el trascurso de sus lentos, torpes y trágicos siglos históricos.» («Un poeta diplomático. Mr. James Russell Lowell», La Época. Diario político, Madrid, martes 21 de agosto de 1877, nº 9.045, pág. 1.)

1880 «Yo creo, por lo contrario, que, en ningún tiempo, la poesía lírica encontró acentos de tan subida entonación, como en algún tiempo la libertad encontró cantores de tan vario astro. Al comenzar nuestra centuria, y con sus primeros años, la guerra por nuestra independencia; entre las ruinas de Zaragoza y de Gerona, entre las bombas clavadas en los muros de Cádiz, tintos en sangre nuestros ríos, desolado por los incendios nuestro suelo; en aquella ocasión de sacrificios inmortales, que forjaron al fuego de la guerra nuevamente el alma nacional y le dieron, si cabe, más acerado temple; oyóse hervir la inspiración volcánica de Quintana, dando a la nativa energía nuestra más vigor, y haciendo con estoica firmeza un crimen de toda vacilación en la esperanza; ardor rayano de demencia en aquel instante, a no tratarse del valor en la guerra y del ánimo para la muerte congénitos a nuestra heroica España.» (Emilio Castelar, «Academia Española. Discurso de recepción» [el 25 de abril de 1880], La Época. Diario político, Madrid, lunes 26 de abril de 1880, nº 9.997, pág. 3.)

1884 «Nos retiramos, pues, de la presente lucha electoral; pero nos retiramos no desalentados y pesarosos, sino abrigando la íntima creencia de que nuestros trabajos no han de ser perdidos ni infructuosos; antes al contrario, a semejanza de la semilla que se arroja sobre la superficie de la tierra para brotar después en forma de frutos y flores que alimentan nuestro cuerpo y recrean nuestro espíritu; las ideas que hoy hemos sembrado, que desaparecen momentáneamente bajo la superficie de nuestra clásica indolencia y habitual desprecio de las cosas que nos interesan, es indudable que brotarán mañana trasformadas en resultados prácticos y convenientes en alto grado para el desarrollo y riqueza del país, que es como el sustento de su vida, y para el desarrollo de su civilización, que es como el recreo y satisfacción del alma nacional.» (Camilo Laorga, presidente; Ramón Rojo, Manuel Viloria, Antonio Alonso, C. Martín Rey, Eugenio García Nadales, secretario, «Al comercio y la industria de Madrid. La comisión electoral», El Globo. Diario ilustrado político, científico y literario, Madrid, jueves 24 de abril de 1884, nº 8.104, pág. 2.)

1886 «El entierro del brigadier Velarde y del coronel conde de Mirasol ha sido ocasión para que todos estos sentimientos del alma nacional se demostrasen en conmovedor concierto de quejas, de indignaciones y de lágrimas.» («Las víctimas del deber» [del fracasado golpe militar republicano de 19 de septiembre de 1886 inducido por Manuel Ruiz Zorrilla], El Imparcial. Diario liberal, Madrid, miércoles 22 de septiembre de 1886, nº 6.941, pág. 1.)

1886 «La lectura de las cosas sencillas, el conocimiento de las armonías del universo, el contacto mental con las grandes ideas y hechos notables, el trato íntimo con las cosas mejores que en toda época ha ido dando de sí el alma humana, avivan y ensanchan la inteligencia, ponen en las manos el freno que sujeta las dichas fugitivas de la casa, producen goces mucho más profundos y delicados que los de la mera posesión de la fortuna, endulzan y ennoblecen la vida de los que no la poseen, y crean, por la unión de hombres semejantes en lo alto, el alma nacional.» (José Martí, Carta [Nueva York, 16 enero 1886], La Nación, Buenos Aires, 18 de febrero de 1886, pág. 3.)

1887 «Como se ve por lo expuesto, la nación es una idea complejísima y, por eso, en el hecho, resulta un fenómeno de intrincada naturaleza. Por de pronto, indica una unión íntima de individualidades y colectividades, ocasionada por la coincidencia de ciertas interesantísimas fuerzas vigorosas, cuya dirección se traduce en unir aspiraciones, formar ideales, establecer sentimientos comunes y crear cohesión entre elementos dispersos. Esas fuerzas son las indicadas; y las denominamos fuerzas, porque obran de una manera poderosa y activa en la constitución de las grandes unidades nacionales. Esa unidad de raza o de razas, esa unidad de idioma, la comunidad de cultura y la de intereses, son motivos que producen en las colectividades donde se manifiestan la superior unidad social que se denomina nación. Ellas vienen a ser los fundamentos en que descansa el sentimiento de nacionalidad. Porque ellas son las que, trabajando en la historia, hacen que aparezcan en las grandes agrupaciones sociales la conciencia colectiva, el alma nacional, que se expresa en la idea de la patria, se manifiesta en una literatura, en un arte... y se afirma en la aspiración o defensa de la autonomía y de la personalidad.» (Adolfo Posada, «La Nación», Revista de España, Madrid, 25 de marzo de 1887, tomo CXV, nº 455, págs. 207-208.)

1888 «Casi todas estas necesidades tienen ya su fórmula, más o menos perfecta, en las Cortes; podrán esas fórmulas tener defectos de expresión, también de concepción, y de ahí que encontremos legítimo que sean combatidas, pero todas ellas pueden servir de punto de partida para una discusión alta y honda, alta para que no influyan en los debates el espíritu de bandería, y todavía menos el espíritu de travesura ingeniosa que como producto netamente español han dejado en nuestro Parlamento muchos años de malagueñas políticas; honda para que la ley engendrada por el proyecto y por la discusión sea comprensiva y esté animada del alma nacional.» («Después de la crisis», La Vanguardia, Barcelona, miércoles 20 de junio de 1888, pág. 1.)

1889 «No basta contar con lo que se ha pensado en otras partes, con la victoria debida, casi pudiera decirse, a la rotación del progreso. Contra esta clase de argumentos salen de vez en cuando gritos elocuentes de protesta, en los que parece que palpita el alma nacional ultrajada, desconocida por lo menos, enterrada en vida. No bastan la desamortización y Espartero, y después Martínez Campos, para hacer tabla rasa de la idea que se supone vencida y aniquilada. Además, todo lo que sea sarcasmos contra la decrepitud tradicionalista, contra su debilidad y derrota, son sarcasmos contra la memoria de un padre. Aprendamos de los chinos, no la inmovilidad, sino el respeto a los ascendientes. Si yo por el pensamiento libre soy hermano de todos los liberales del mundo, soy hermano de todos los católicos por mi españolismo.» (Clarín, «Revista literaria», La España Moderna, Madrid, noviembre 1889, nº 11, pág. 163.)

1890 «Los últimos decretos dictatoriales del Gobierno portugués han provocado, como no podía menos, en la prensa de oposición progresista y republicana extraordinario movimiento de reacción. La opinión pública manifiéstase enérgicamente contraria a los actos de un Gabinete que, desde el 11 de enero, fecha del funesto ultimátum, no ha hecho más que violar las libertades públicas, sofocar las justas expansiones del alma nacional ofendida por el procedimiento brutal de Inglaterra y seguir en la política internacional los procedimientos más humillantes y más depresivos para la dignidad del país.» (Cunha e Costa, «Correo de Portugal», El País. Diario republicano-progresista, Madrid, lunes 21 de abril de 1890, nº 1.027, pág. 2.)

1891 «Y ahora digo yo, para poner fin a la concreta aplicación del ejemplo que me propuse, lo que sigue: porque sea nuestro territorio manifiestamente más ingrato que el de las riberas del Río de la Plata, ¿se atreverá a sacar alguien la consecuencia de que hemos de abandonar en masa todos, como ya abandonan algunos, el suelo patrio, emigrando allá, con el fin de hallar agua de sobra y mejores tierras y condiciones que logramos aquí, para producir más y más barato? ¿Así se trasplanta cualquier día una nación entera donde mejor lo cuadre? El alma nacional nuestra ¿puede vivir en otro que el cuerpo donde habita hoy, y que tantísimos siglos ha le tocó en suerte, dentro del cual, con su escasa robustez física y todo, tan grande ha acertado a ser en la historia? Los vehementes poetas hispano-americanos nos predican ya y anuncian algo así, recreándose patrióticamente en el espectáculo de una raza española riquísima y potentísima, que no descanse más su cabeza en la Península, sino allá por los vastos ámbitos de la América central y meridional, mientras la vieja cuna abandonada se pudre y cae en polvo, a la manera que el imperio caldeo, después de dar en Mesopotamia origen a esta magnífica civilización que nos envanece, yace enterrado ahora bajo abrasadas arenas.» (Antonio Cánovas del Castillo, «De cómo he venido yo a ser doctrinalmente proteccionista» [publicado en Revista de España], La Época, Madrid, martes 10 de febrero de 1891, nº 13.814, pág. 1.)

1892 «Del discurso leído por el señor Menéndez Pelayo en contestación al del señor Barbieri tomamos los siguientes párrafos, que señalan los rasgos de la fisonomía artística del autor de Pan y toros y su significación en la literatura moderna: "No es del momento juzgar a Barbieri en lo que constituye su gloria más alta. Ni la incompetencia técnica de quien os habla, ni el lugar y ocasión presentes lo toleran. Pero, al fin, españoles somos, y nuestro espíritu y nuestro oído se han recreado mil veces, como los de todos nuestros conciudadanos, con aquella parte del alma nacional que va envuelta en las melodías del señor Barbieri. En el moderno movimiento musical de nuestra patria, al cual sólo los venideros darán su debido precio, Barbieri representa, sin ofensa de nadie, el esfuerzo más original, y quizá el más fecundo: la transformación del canto popular en música dramática."» («La recepción académica de hoy», La Época. Últimas noticias y telegramas de la tarde, Madrid, domingo 13 de marzo de 1892, nº 14.198, pág. 3.)

1892 «Zola ha levantado un monumento a la derrota de su patria; en seiscientas treinta y seis páginas de compactos caracteres, ha escrito el poema épico de la guerra más desastrosa para los franceses. [...] Así como Zola vislumbra en el fondo del alma nacional fundamentales virtudes que le hacen creer en la restauración de la grandeza patria, y ve que el vencido es muy superior en su mala suerte, en su derrota, que la mereció temporalmente, pero no en definitiva, así Spielhagen encuentra el vencedor, hoy por hoy, inferior a su victoria. Es de notar que el famoso autor de «Naturalezas problemáticas» ha sido el literato que principalmente trabajó en la obra patriótica de impulsar a los alemanes a la unidad nacional sancionada por un gran triunfo, anhelo que resume el capital propósito de lo que llaman ellos la deutsche national literature, la literatura nacional alemana, y que Spielhagen ha personificado, por ejemplo, en el capitán Reinhold Schmidt de su novela Die Sturmfluth (La Tempestad); pues este mismo poeta de la unidad nacional, de la victoria necesaria, es el que después de conseguido el triunfo se queja amargamente de sus escasos resultados, del estado en que queda la patria que necesita ahora luchar contra el soberbio poder que se atribuye toda la gloria de la empresa común y por siglos preparada. Spielhagen declara guerra a muerte a Bismarck por boca de uno de sus personajes, a Bismarck que era el gran canciller cuando así hablaba el novelista. En fin, que en el país vencedor el artista épico por excelencia no canta la victoria, sino que se queja del mal nuevo, de la falta de libertad, de la tiranía del poder, de la decadencia del antiguo espíritu alemán, del excesivo positivismo; y en el país vencido el novelista épico, el que era considerado como el mayor pesimista, pinta sin miedo ni rubor la derrota como quien estudia una enfermedad, hace un diagnóstico y prepara el remedio.» (Clarín, «La debacle», El Imparcial, Madrid, lunes 18 de julio de 1892, nº 9.039, pág. 3.)

1892 «Tienen todas las ideas del Sr. Castelar una virtud y una eficacia, que jamás alcanzaron las doctrinas y los propósitos de la generalidad de los hombrea políticos de nuestra patria: la de convertirse en asunto de discusión de todos los partidos y de todas las clases sociales; la de pertenecer al alma nacional. Alma nacional, que no cesará de alentar, dígase lo que se diga, por la realización completa de sus aspiraciones políticas.» («El programa de Castelar», El Liberal, Madrid, miércoles 23 de noviembre de 1892, nº 4.903, pág. 1.)

1893 «En la documentación musical de la referida colección, que tiende a unir lo que siempre vivió unido y a acumular fuerzas porque los tiempos se acercan, a renovar antiguas energías y a halagarnos con las expansiones misteriosas del alma nacional, se vituperará, no lo dudo, la torpeza del colector, pero se admirará el material riquísimo que ha podido reunir su diligencia, empeñado en esta labor desde tierna edad. Se lo diré a usted al oído y en confianza. Mis dos grandes institutores de música, lo confieso con orgullo, han sido, lo que se lee en las entre líneas de esa substanciosa documentación popular, la música de los grandes músicos anónimos y esa música litúrgica, la música universal, la música de la fé, la fuente más pura y alta, como diría mi amigo Yxart, donde han bebido los grandes revolucionarios, o mejor, restauradores de la música verdad.» (Felipe Pedrell, «Dos canciones de cuna» [Barcelona 29 diciembre 1892], La Vanguardia, Barcelona, 1º enero 1893, suplemento, pág. 16.)

1896 «El señor Salmerón: "Las Cortes viven y allí tienen representación todos los partidos; en cuya suma tan sólo puede encontrarse el alma nacional. De su voto podría nacer una solución en que la patria estuviera viva, plenamente representada. Sin su voto, el Gobierno del señor Cánovas no podrá considerarse identificado con los partidos que como él defienden la monarquía y mucho menos con los otros partidos que la combaten. Es un extraño modo de procurar una solución nacional, prescindir de los medios necesarios para obtenerla."» (La Vanguardia, Barcelona, 9 de enero de 1896, pág. 3.)

1898 «Hay que rehacer un alma colectiva a Colombia, y sin embargo todo lo que nos queda de autoridad moral e intelectual es impotente para prestar ningún servicio a la comunidad; como no se puede plantar un clavo en una pared cuarteada y húmeda sin que con él se desprendan pedazos de ella, así creo que ninguna idea de salvación puede tener asidero en una sociedad podrida y en vía de disolución.» (Rafael Uribe Uribe, «Notas para un ensayo sobre el estado del alma nacional», El Autonomista, Bogotá, 8 de octubre de 1898, nº 16, págs. 2-3.)

1903 «Pretender gobernar con los procedimientos antiguos a los hombres que sienten entusiasmos por los ideales nuevos, es la mayor locura que puede trastornar a los que no tienen fe en lo mismo que defienden. Y el que no tiene fe no puede triunfar de quien la tiene. Sólo acabarán las perturbaciones dejando desarrollar las grandes iniciativas del alma nacional.» (Eduardo Benot, «Gobiernos que no gobiernan», Alma Española, Madrid, 22 de noviembre de 1903, nº 3, pág. 2.)

1904 «La frase tan famosa di Alejandro Dumas «el África empieza en los Pirineos», es, pues, más cierta de lo que él mismo se imaginaba. El África no empieza en los Pirineos, pero sí más allá de Sierra Morena. En el centro se extiende la España intermedia, la verdadera España, la de las sierras y las estepas, agria y seca, imprimiendo en el alma nacional estos caracteres.» (C. Bernaldo de Quirós, «Los españoles según un extranjero», Alma Española, Madrid, 6 de marzo de 1904, nº 17, pág. 14.)

1909 «El folklore define la persistencia del alma nacional, mostrando como, a pesar del progreso y de los cambios externos, hay en la vida de las naciones una substancia intrahistórica que persiste. Esa substancia intrahistórica es la que hay que salvar, para que un pueblo se reconozca siempre a sí mismo.» (Ricardo Rojas, La restauración nacionalista. Informe sobre educación, Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, Buenos Aires 1909, pág. 60.)

1910 Antonio José de Almeida funda y dirige la revista Alma Nacional, Lisboa, nº 1 (10 febrero 1910)-nº 34 (29 septiembre 1910).

1915 Marqués de Dosfuentes (Fernando Antón del Olmet), El alma nacional, sus vicios y sus causas, genealogía psicológica del pueblo español, Imprenta Cervantina, Madrid 1915, 340 páginas.

1922 Luis María Mora, El alma nacional, Cromos, Bogotá 1922, 248 págs.

1922 «Del insigne y malogrado escritor granadino se tiene, en general, un concepto que no responde a lo que fue aquel audaz buceador del alma nacional.» (Santiago Valentí Camp, «Ángel Ganivet», en Ideólogos, teorizantes y videntes, Minerva, Barcelona 1922, pág. 157.)

1922 «Un pueblo se salva cuando logra vislumbrar el mensaje que ha traído al mundo: cuando logra electrizarse hacia un polo, bien sea real o imaginario, porque de lo real y lo imaginario está tramada la vida. La creación no es un juego ocioso: todo hecho esconde una secreta elocuencia, y hay que apretarlo con pasión para que suelte su jugo jeroglífico. ¡En busca del alma nacional! Ésta sería mi constante prédica a la juventud de mi país. Esta inquietud desinteresada es lo único que puede aprovecharnos y darnos consejos de conducta política. Yo me niego a aceptar la historia como una mera superposición de azares mudos. Hay una voz que viene del fondo de nuestros dolores pasados; hay una invisible ave agorera que canta todavía: tihuic, tihuic, por encima de nuestro caos de recores.» (Alfonso Reyes Ochoa, Carta prólogo al libro de Antonio Mediz-Bolio, La tierra del faisán y del venado, Editorial Contreras y Sanz, Buenos Aires 1922.)

1926 Alfonso Reyes Ochoa proyecta («Carta a dos amigos», O.C., tomo IV, págs. 475-482) una antología de sus textos sobre México que había de titularse En busca del alma nacional, pero que no llegó a realizarse en vida del autor.

1927 Vizconde de Eza (Luis Marichalar), El alma nacional, Discurso inaugural del undécimo Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (domingo día 1º de mayo de 1927, en el Gran Teatro de Falla de Cádiz). Discurso dividido en tres partes: I. El Alma Nacional en su brote y origen, II. Las características de nuestro pueblo y de la ciencia en él engendrada, III. Deber de erección del monumento representativo del Alma Nacional. (Actas..., tomo I, págs. 7-48.)

1929 «En fin, hasta en nuestros días el obispo Torras y Bages en su Tradició Catalana, sin respeto siquiera a la canonización, le tacha [a Lulio] de utopista, calificando su obra de esfuerzo desesperado e inútil, de algo extraño al alma nacional de Cataluña. El polo opuesto a la opinión de Bové.» (Mario Méndez Bejarano, «Cataluña en la Edad Media», en Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX, Renacimiento, Madrid [1929], pág. 110.)

1934 José Bergua, Psicología del pueblo español. Ensayo de un análisis biológico del alma nacional, Librería Bergua, Madrid [ca. 1934], XVI+762 págs.

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