Filosofía en español 
Filosofía en español

“Ciencias eclesiásticas”

1786 «X. Para la promoción al Sub-Diaconato, se debería exigir que hubiesen estudiado con aprovechamiento durante tres años, las Ciencias Eclesiásticas. Para el Diaconato un curso de quatro años de los mismos estudios; y para el Sacerdocio se necesitaría haber estado en los Seminarios Conciliares, o empleados en el servicio de la Catedral u de una Parroquia. Se deberá asegurar por un riguroso examen, y por certificación de los Profesores y demás Maestros respectivos que estos estudios se han hecho con fruto; y merecerán particular crédito estos testimonios, quando fueren dados por los Profesores de las Universidades, u de las Academias Eclesiásticas.» («Florencia. Continuación de la Memoria remitida por el Gran Duque a los Obispos de sus Estados», en Mercurio de España, Madrid, agosto de 1786, pág. 312.)

1792 «Porque cuando se trata de proveer al Santuario de ministros que lo honren, no debo ocultar a Vuestra Señoría Ilustrísima, que aunque yo tuviera en este ramo de ciencias eclesiásticas los sobresalientes conocimientos que desde luégo supone ese título tan distinguido, mis actuales tareas no me permitirían cultivarlos.» (Extractos de las Juntas Generales celebradas por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, Vitoria 1793, apud corde.)

1793 «Quando en el tiempo turbulento de Lutero alzaron el grito los sectarios contra los eclesiásticos, llamándolos relaxados, é ignorantes, luego el Santo Concilio de Trento opuso á esta desentonada gritería el método mas apto para formar clérigos ajustados, y sólidamente doctos en las ciencias eclesiásticas» (José Celestino Mutis, Al Arzobispo Martínez Compañón, 1793, apud corde.)

1794 «Inmediatamente que vi anunciada la obrita de Vmd. gasté mis 18 rs. en un exemplar a la rústica. Yo he cultivado siempre las ciencias eclesiásticas, y mi actual estado y profesión me obligarían a no abandonar su estudio, aun quando yo no le fuese tan aficionado.» (Antonio Martín, «De los cánones», Semanario de Salamanca del martes 25 de noviembre de 1794, pág. 121.)

1799 «De aquí es, que todos los que han querido estudiar a fondo las Ciencias Eclesiásticas, o la Historia, o la Eloqüencia, o la Poesía, han creído que era de su obligación estudiar a fondo la Lengua de los antiguos Griegos.» (Juan Laborda, Plan para la enseñanza de la lengua griega, Semanario de Zaragoza del viernes 26 de abril de 1799, pág. 262.)

[El jesuita Juan Andrés / Giovanni Andres publica en italiano los tomos 6 y 7 Dell'origene, de'progressi e dello stato attuale d'ogni letteratura (Parma 1799), dedicados a Delle science ecclesiastiche, divididos en cuatro libros: I: Della Teologia, II: Della scienza biblica, III: Della giurisprudenza canonica, IV: Della storia ecclesiastica.]

1812 Las 'ciencias eclesiásticas' en la Constitución política de la Nación española

«Art. 368. El plan general de enseñanza será uniforme en todo el reino, debiendo explicarse la Constitución política de la Monarquía en todas las universidades y establecimientos literarios, donde se enseñen las ciencias eclesiásticas y políticas.» (Constitución política de la monarquía española, Cádiz, 19 de marzo de 1812.)

1823 Se reaviva un proyecto de institucionalización de las 'ciencias eclesiásticas' de 1806

Ideas generales sobre la fundación de una Academia Real de Ciencias Eclesiásticas en Madrid, que escribió en el año de 1806 el Excmo. Señor Don Domingo de Dutari, presbítero, Dr. Teólogo del Gremio y Claustro de la Universidad de Alcalá de Henares, Colegial en el insigne de Málaga de la misma, del Consejo de Estado, &c. &c. Las dan a luz después de la muerte del autor sus sobrinos D. Juan Bautista de Dutari, y D. Anacleto y D. José de Fagoaga y Dutari, para perpetuar la buena memoria de su amado tío. Madrid 1823, por Francisco Martínez Dávila, Impresor de Cámara de S. M. Se hallará en la librería de Trevilla, puerta del Sol, frente al Vival, 116 págs.

«Pues que el clero es el depositario de las ciencias eclesiásticas, o por mejor decir, es el que debe estudiarlas y saberlas, el medio de restaurarlas con precisión debe dirigirse a interesar todo el clero en la empresa. El clero mayor y menor, los eclesiásticos y los que aspiran a serlo son los únicos actores en esta obra, y sería mas que desacierto mover y alentar personas colocadas fuera del teatro y de la acción, como sería perdido el tiro apuntado y disparado fuera del blanco.» (p. 11.)

«Divisiones o clases de la Academia. Pues que la Academia debe abrazar el ámbito de todas las ciencias eclesiásticas, y ni todos se han ejercitado, ni sobresalen con igualdad en ellas, se podría distribuir en las clases siguientes: Primera clase. La santa Escritura para los Teólogos. Segunda clase. Concilios para teólogos y canonistas. Tercera clase. Teología dogmática y polémica. Cuarta clase. Ciencia moral para teólogos y canonistas. Quinta clase. Jurisprudencia canónica. Sexta clase. Disciplina eclesiástica, liturgia y ritos para teólogos y canonistas indistintamente. Séptima clase. Historia eclesiástica para teólogos y canonistas. Octava clase. Oratoria sagrada para teólogos y canonistas. Novena clase. Ciencias naturales y lenguas auxiliares. En esta distribución se ha omitido la teología escolástica, elemental o metódica, porque su estudio pertenece propiamente al ruido de las escuelas y a la juventud estudiosa y cursante. Desdicen de la Academia los ejercicios puramente gimnásticos de las aulas, y sobre todo la enseñanza de los elementos de la teología universal está hoy tan bien arreglada en las universidades, que su método no admite mejoras de planta, orden, cursos ni libros.» (págs. 12-13.)

«Ideas generales sobre la fundación de una Academia Real de ciencias eclesiásticas en Madrid. Obra póstuma del Excmo. Sr. D. Domingo de Dutari, presbítero, doctor teólogo de la universidad de Alcalá, Consejero honorario de Estado &c. Un tomito en 4.º de 116 páginas. Se vende en la librería de Trevilla.» (Gaceta de Madrid, 6 diciembre 1823, pág. 454.)

1834 Reivindicación positivista de las 'ciencias eclesiásticas'

El redactor de El Ateneo, propagador universal, periódico que comenzó a publicarse en Madrid, tres veces al mes, en enero de 1834, en su sexta entrega glosa el activismo de la Real academia de sagrados cánones, añorando igual suerte para las ciencias físicas y la historia natural (ya en el número tercero –«Academias»– había aplaudido el proyecto de formar una academia de ciencias):

«Real academia de sagrados cánones. En la tarde del miércoles 19 del corriente el profesor jubilado de mérito doctor don Juan Miguel de los Ríos ha disertado sobre la indiferencia y la tolerancia en materias religiosas. Argüyéronle por turno los académicos don José Pérez Mellado, presbítero, y don Manuel María Basualdo, abogado del muy ilustre colegio de esta corte. El fruto que sacan los cánones de estos actos son bien conocidos; pero ¿cuándo tendrán igual suerte entre nosotros las ciencias físicas y la historia natural?» («Noticias diversas», El Ateneo, propagador universal, Madrid, 25 febrero de 1834, nº 6, pág. 144.)

No denomina tal redactor en febrero ciencias eclesiásticas a los asuntos que traficaban los académicos de sagrados cánones, pero veinte días después, en marzo de 1834 (el periódico ha duplicado su ritmo y aparece seis veces al mes) rotula «De las ciencias eclesiásticas» un articulito que aparece tras el titulado «Ciencias Naturales» (en el que, por cierto, disiente del criterio de quienes proyectaban una academia de ciencias naturales que incorporaba a la «antropología o ciencia del hombre» como una más de sus ramas). El redactor quiere probar que su comentario del 25 de febrero no quiso desdeñar las ciencias eclesiásticas, y para confirmarlo transcribe precisamente un párrafo de la intervención del doctor Juan Miguel de los Ríos en aquella academia que tenía a San Isidoro como patrono:

«Al insertar en nuestro cuaderno sesto el fruto que sacan los cánones con la academia de san Isidoro de esta corte, nos lamentamos de que no tuviesen igual suerte la física y la historia natural entre nosotros. Mas no por eso nos desdeñábamos del estudio de estas ciencias eclesiásticas, antes bien al saber que están sostenidos únicamente por la energía e ilustración de sus individuos y por la generosidad y grandeza del Excmo. Sr. comisario de cruzada, contuvimos nuestra sensación alabando la instrucción de dicha academia y los rasgos inmortales con que S. E. engrandece eternamente su memoria.» («De las ciencias eclesiásticas», El Ateneo, Propagador Universal, Madrid, 15 de marzo de 1834, nº 9, pág. 38-40.)

1835 Institucionalización de las 'ciencias eclesiásticas'

El contexto positivista progresista del momento permite entender perfectamente que el rótulo antiguo sagrados cánones había de ser derrotado por el rótulo moderno ciencias eclesiásticas: solo un año después de los comentarios que hemos localizado en El Ateneo, propagador universal y acabamos de resumir, la Real Academia de Sagrados Cánones e Historia Eclésiástica, institución que se remonta a 1757, decide redenomimarse Real Academia de Ciencias Eclesiástivas: las 'ciencias eclesiásticas' lograban así una institucionalización que heredaba, además, cierta solera.

«Se ha celebrado la apertura anual de la Real academia de ciencias eclesiásticas, en presencia de su protector el serenísimo señor infante don Francisco de Paula, que la ha presidido. S. A. fue recibido por el señor obispo de Charcas, decano, por el señor conde de Parsent y por una comisión de seis individuos. El secretario leyó una historia de la academia del año último, y el señor don Pedro Rico y Amat pronunció un discurso sobre las series históricas de las ciencias en España.» (Revista Española, mensajero de las Cortes, nº 40, Madrid, jueves 9 abril 1835, pág. 4.)

«Real academia de ciencias eclesiásticas de S. Isidoro. Sesión del día 29 de abril de 1835.= Proposición.= La indiferencia religiosa ninguna semejanza tiene con la tolerancia. Aquella es impiedad: esta virtud. Disertará para ejercicio de admisión D. Francisco Lorente. Impugnarán de turno los Sres. D. Genaro Sanz, D. Miguel María Acedillo y los demás concurrentes que gusten. A las cuatro de la tarde.» (Diario de Avisos de Madrid, miércoles 29 abril 1835, pág. 1.)

Juan Miguel de los Ríos, secretario de la Real Academia de Ciencias Eclesiásticas, el mismo de quien había transcrito El Ateneo un párrafo en marzo de 1834, firma el 23 de diciembre de 1835 el Catálogo de los individuos de la Real Academia de Ciencias Eclesiásticas de San Isidoro de Madrid, que publicado a comienzos de 1836 venía a confirmar la vitalidad de la renovada institución. El cambio del nombre institucional merecía unos nuevos estatutos, que fueron aprobados el 7 de febrero de 1838:

«Título I. Denominación y objeto de la Academia. Artículo 1.º La Academia se intitula de Ciencias Eclesiásticas. Su principal objeto es adquirir un exacto conocimiento de ellas examinando la antigua y nueva disciplina de la Iglesia y las causas de su variación por medio de la investigación crítica de la historia eclesiástica, con especial aplicación a la Iglesia Española.» (Estatutos de la Academia de Ciencias Eclesiásticas, Madrid 1838, pág. 13.)

1845 Las 'ciencias eclesiásticas' como asignatura, ramo de la instrucción pública y revista

«Art. 32. Por ahora se establecerán las siguientes asignaturas, sin perjuicio de aumentarlas cuando convenga y lo permitan los fondos de Instrucción Pública. […] Historia literaria de las ciencias eclesiásticas.» (Plan General de estudios [Pidal], 17 de septiembre de 1845.)

«Art. 9.º El consejo de Instrucción pública se compondrá de nueve individuos a los menos y quince a lo más, elegidos con destino a alguno de los ramos siguientes: jurisprudencia, ciencias eclesiásticas, facultad de filosofía, ciencias médicas, instrucción primaria.» «Art. 13. El consejo se dividirá en las secciones siguientes: 1ª De jurisprudencia y ciencias eclesiásticas. 2ª De ciencias médicas. 3ª De filosofía. 4ª De instrucción primaria. 5ª De disciplina universitaria.» (Reglamento para la ejecución del Plan de Estudios, 22 octubre 1845.)

1847 La iglesia: revista de ciencias eclesiasticas, filosofía, artes y literatura religiosa, Madrid 1847. «Se ha publicado el prospecto de La Iglesia, revista de ciencias eclesiásticas, artes y literatura religiosa, que se publicará en Madrid desde febrero próximo, bajo la dirección de D. Juan González, licenciado en sagrada teología. El prospecto contiene pocas palabras; pero siendo como son tan significativas e importantes, prueban evidentemente que los redactores de La Iglesia comprenden bien las necesidades religiosas de la actual sociedad. Era necesaria efectivamente en España una revista de esta naturaleza, pues en otros países, y particularmente en Francia, están produciendo los mejores resultados las publicaciones de este género, por medio de las cuales se perfecciona la instrucción de los que se dedican al estudio de las ciencias eclesiásticas.» (El Heraldo, Madrid, 27 enero 1847, pág. 4.)

1847 El primer catedrático de 'ciencias eclesiásticas' de la universidad española

Carlos Ramón Fort de Pazos (La Coruña 1807-Madrid 1878), individuo numerario de la Real Academia de Ciencias Eclesiásticas («abogado y Rector del colegio mayor de Santiago», se lee en el Catálogo de 1835 –hasta 1857 no ingresa en la Academia de la Historia–), y catedrático de Disciplina eclesiástica, general y particular de España en la Universidad de Barcelona (Real Orden de 22 de abril de 1847), será trasladado ese mismo verano a la Facultad de Teología de la Universidad de Madrid (Real Orden de 25 de agosto de 1847) para hacerse cargo de la nueva disciplina, Historia literaria de las ciencias eclesiásticas, que había creado el Plan Pidal de 1845. Fue el primer catedrático de esa especialidad (aunque también el último, en las universidades públicas del Estado).

1849 «245. Carlos Ramón Fort. Entrada. Madrid. Facultad de Teología. Historia literaria de las ciencias eclesiásticas, y métodos de enseñanza de las mismas.» (Escalafón de antigüedad de los catedráticos de las Universidades del Reino, 1º de enero de 1849.)

1857 «Art. 253. El Real Consejo de Instrucción pública se dividirá en cinco secciones: […] Quinta. De Ciencias eclesiásticas y Derecho.» (Ley de Instrucción pública [Moyano], 9 septiembre 1857.)

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Facultad de Ciencias eclesiasticas

catedráticos

Sr. D. Francisco de Asís Aguilar, presbítero, de fundamentos de religión, clase general para todos los alumnos de facultad.

Sr. D. Claudio Alonso San Benigno, presbítero, de teología dogmática.

Sr. D. Manuel García Menéndez, presbítero, de teología moral.

Sr. D. Justo Barbagero, presbítero, de Sagrada Escritura.

Sr. D. Felipe Vergara, de Derecho canónico.

Sr. D. Juan García Orea, presbítero, de disciplina eclesiástica.

Sr. D. Vicente de la Fuente, de historia eclesiástica.

Sr. D. Modesto Nicolás de Lara, de teología polémica.

auxiliares

Sr. D. Wenceslao Sangüesa y Guía, presbítero.

Sr. D. Vicente Pastor, presbítero.

Claustro de los Estudios de la Asociación de Católicos”, La Cruz, Madrid, noviembre de 1871, pgs. 527-529)

1872 Fermín Abella Blave (1832-1888), fundador y propietario de El consultor de los ayuntamientos (1870), comienza a publicar El consultor de los párrocos, revista de ciencias eclesiásticas, dirigida por el padre Miguel Sánchez López. Madrid 1872-1875: año I (nº 1-36, de 2 de mayo a 31 de diciembre de 1872); año II (nº 1-63, de 9 de enero a 31 de diciembre de 1873); año III (nº 1-62, de 8 de enero a 24 de diciembre de 1874); año IV (nº 1-61, de 8 de enero a 29 de diciembre de 1875).

1883 Diccionario de Ciencias Eclesiásticas, publicado bajo la protección y dirección de muchos señores arzobispos y obispos, por los señores Dr. D. Niceto Alonso Perujo, Doctoral de Valencia & Dr. D. Juan Pérez Angulo, Dean jubilado de Manila, y otros muchos distinguidos escritores eclesiásticos. 10 tomos, Valencia 1883-1890.

1901 Revista Ibero-Americana de Ciencias Eclesiásticas, Madrid 1901-1903. Fundada y dirigida por el presbítero Donaciano Martínez Vélez (muerto de tifus el 17 de agosto de 1902, a los 29 años de edad), siguiendo planes trazados por el V Congreso Católico Nacional Español (Burgos 1899). Proyectada a finales de 1900 como Revista Ibero-Americana del Clero. Número 1: «La revista ibero-americana de ciencias eclesiásticas admite y llama a todos los Sacerdotes que se sientan con vocación de escribir, y, muy especialmente, a los que viven más allá de los mares. No es órgano de una congregación religiosa o de una localidad estrecha; es órgano y boletín de todo el Clero hispano-americano.»

1910 «6. Aunque el fin principal de esta Institución sea favorecer a los jóvenes pobres que se sienten llamados por Dios al Sacerdocio y no pueden sufragar los gastos de su carrera en los Seminarios Tridentinos; sin embargo, usando de la autorización concedida en la segunda base del Breve Pontificio, los Superiores del Seminario, de acuerdo con el Excmo. y Rvmo. Sr. Nuncio Apostólico, determinaron el año de 1898 admitir también alumnos pensionistas que deseasen estudiar como internos en este Centro las ciencias eclesiásticas.» (Seminario Universidad Pontificia de Comillas, Prospecto para alumnos pensionistas, 1910.)

GBS