Filosofía en español 
Filosofía en español

materialismo

“Materialismo político”

El rótulo “materialismo político” ya se escucha en el español de 1836, y su presencia se va haciendo frecuente a partir de 1850. En 1852 el filósofo Luis Manuel del Rivero se sirve de él para titular uno de sus artículos en La España: “Del materialismo político”. Durante el siguiente siglo y medio el rótulo “materialismo político” se va enriqueciendo con sentidos variados, imprecisos y confusos, irisaciones meliorativas o despectivas, pero sin llegar a cuajar en conceptos claros y distintos. El tratamiento filosófico del “materialismo político” lo ofrece Gustavo Bueno en 1991, en su Primer ensayo sobre las categorías de las 'ciencias políticas', al delimitar una idea precisa de materialismo político enfrentada a la de formalismo político, desde el sistema del materialismo filosófico. Más abajo se transcriben algunos fragmentos del “§1. Formalismo y materialismo político” (remitiendo, para el análisis completo, al capítulo 3, “El cuerpo de las sociedades políticas”, de ese libro).

1836 «Francia. París 31 de julio. Acaba de abrirse una suscripción en París y Ruan para erigir un monumento a la memoria del ilustre escritor que acaba de perder la Francia. [Armando Carrel 1800-1836] Nada mas a propósito para justificar a nuestra época de la tacha que se le pone de desmoralización y materialismo político, que la apoteosis del talento, de la lealtad y del patriotismo, pues no es época degradada la que tributa culto a las virtudes públicas, y consagra el recuerdo de los servicios eminentes.» (Eco del Comercio, Madrid, martes 9 de agosto de 1836, pág. 1.)

«Ese Carlos X cuando fomentaba nuestras desgracias obraba como jefe de la familia que reinaba entonces, cuyo centro era el pabellón Marsan; pero como los Gobiernos no tienen creencia propia, yo debo indicar que por más que se diga, no salva de mi acusación ese materialismo político. Los reyes, señores, no tienen más principios que sus derechos en tanto cuanto pueden sostenerlos con ayuda de sus pueblos.» (Discurso de Agustín Argüelles Álvarez González [1776-1844], diputado por Oviedo, el 5 de diciembre de 1836 en las Cortes, Diario Constitucional de Palma de Mallorca, domingo 18 de diciembre de 1836, nº 171, pág. 2.)

1840 «Poned, Señora, poned pronto coto a su locura y tiranía, no contentándoos con negar la sanción a unas leyes tan usurpadoras de los derechos del trono, de los pueblos y de los ciudadanos sino disolviendo unas cortes dominadas por los hombres de la abominable escuela del materialismo político, y salvad el trono y la nación de los peligros que les amenaza. Porque los pueblos, Señora, no sufrirán tal opresión, tal tiranía; y sería muy sensible a V. M. ver estallar otra guerra civil que de nuevo hiciese correr la sangre de los españoles.» (“Tercer escrito del Eco de Aragón de este día a S. M. la Reina Gobernadora” (el 21 de junio, durante la estancia de SS. MM. en Zaragoza), Eco del Comercio, Madrid, 25 junio 1840, pág. 3.)

1846 «Por eso los pueblos no comprenden ningún poder sin una grande idea moral. Por eso las revoluciones no las hacen los hombres, sino las doctrinas. Por eso las religiones más absurdas han durado más que los poderosos imperios. Por eso los individuos que cambian la suerte de las Naciones, representan un pensamiento y una necesidad moral. Por eso César y Mahoma, Cromwell y Bonaparte, fundaron imperios: por eso Lutero, Rousseau y Mirabeau hicieron revoluciones. Por eso las revoluciones crearon poderes: por eso fundaron legitimidades las dictaduras; por eso en fin, el materialismo político es todavía más ignorante, más insuficiente que el materialismo filosófico.» (Nicomedes-Pastor Díaz, A la corte y a los partidos, palabras de un diputado conservador, Madrid 1846, pág. 151.)

1847 «París 8 de setiembre. […] De resultas del proceso Teste [el exministro de obras públicas Juan Bautista Teste, condenado por soborno en 1847 a tres años de cárcel], y de las dilapidaciones descubiertas en todos los ramos de la administración, la prensa declamó contra los síntomas de corrupción general, haciendo responsables de ella a las doctrinas de materialismo político profesadas y practicadas hace diez y siete años por todos los ministerios, y principalmente por el actual. Muchos periódicos fueron recogidos con este motivo, alegando para ello que fomentaban “el odio y el desprecio hacia el gobierno”, según dice literalmente la ley.» (El Español, Madrid, miércoles 15 de septiembre de 1847, pág. 2.)

1849 «Aprovechándose de la pugna suscitada entre el germanismo filosófico, que saliendo por fin del nebuloso campo de las ideas pretendía descender al terreno de la realidad; la noble raza magdiara sacude el yugo de los Césares de Viena y se declara nación independiente. A la unidad de la acción empeñada entre el espiritualismo, vago si, pero democrático, de la Alemania, y el materialismo político, personificado en las quiméricas pretensiones de los aristócratas del Imperio, se agregan, pues, dos incidentes, acompañados de circunstancias gravísimas, que complican y dificultan la marcha del prólogo sangriento. Estos dos incidentes son la diferencia Magdyro-Croata y el Slavismo que amenaza al germanismo, en virtud de la reacción que se verifica en los Estados hereditarios de esa Austria, cuya disolución o trasformación es inminente.» (Agustín Mendía, “Una escena del gran drama europeo”, Los Hijos de Eva, Alicante, domingo 4 febrero 1849, pág. 50.)

«Estos la fraternidad proclamada en principio entre los pueblos para abolir la guerra aboliendo las conquistas. Aquellos la abolición del censo electoral, este materialismo político, que colocaba el derecho de propiedad por cima del derecho del hombre.» (A. de Lamartine, Historia de la revolución francesa de 1848, Imprenta del Diario de Sevilla, Sevilla 1849, pág. 122.)

«Un gobierno corruptor se proclama con afectación, el amigo, el protector especial de los intereses materiales; y se esfuerza en desviar al país de las cuestiones de principios, porque sabe bien que el materialismo político es la muerte del espíritu público, de esa alma de los pueblos libres. Órganos pagados por él, manifiestan sus doctrinas; no hablan sino con desdén de la fe política y de la fijeza de las convicciones, ni tienen para los que creen en ellas más que amargos sarcasmos.» (H. Corne, “Corrupción”, Diccionario de la política, Madrid 1849, pág. 427.)

1850 «Las huellas de este materialismo las hallamos profundamente grabadas en las tradiciones históricas. “Cada uno para sí, cada uno en su casa,” ha sido la divisa de las diversas razas flamencas. Sabidas son las rivalidades que dividieron los Países-Bajos durante muchos siglos. Los walones, los flamencos y los holandeses se hallaban en hostilidad permanente; las mismas ciudades valonas se detestaban y se atacaban sin tregua, testigos Dinaut y Douvignes; y por su parte las ciudades flamencas se hallaban a cada instante en abierta lucha, testigos Gante, Brujas, &c. Ciudades industriales, pueblos de comerciantes, devorados por el amor metálico, creaba la concurrencia incesantes causas de celos y de antagonismo. De semejante estado provino la exaltación del sentimiento local, el espíritu de aislamiento, la falta de patriotismo general, de lo que nosotros llamamos el materialismo político.» (“Bellas Artes”, La Ilustración, periódico universal, Madrid, sábado 2 de febrero de 1850, nº 5, págs. 36-37.)

«Los síntomas que tanto agradan a nuestros contrarios, no nos alarman ciertamente, porque son el resultado de la libertad de pensar, fundamento de nuestro dogma, y el indicio infalible de que la comunión progresista, después de haber sufrido el martirio, cuenta con bastantes fuerzas todavía para rejuvenecerse sin extrañas agregaciones y para disputar la victoria al absolutismo franco y al absolutismo encubierto, tan pronto como se le desaten las manos y se le quite la mordaza de la boca. Las injusticias, las arbitrariedades y los repetidos ejemplos de inmoralidad que hemos presenciado, no lograrán arrancarnos la fe en nuestras creencias, ni inficionar nuestra vida con el virus corruptor del materialismo político. Lejos de ello, cada vez nos convencemos más de que las ideas de un adelanto racional y continuo, la satisfacción de las nuevas necesidades que brotan con la ilustración, la estricta legalidad, las economías, la pureza y la severidad en el gobierno, es lo único capaz de sacar a este desgraciado país de la postración en que yace.» (El Clamor Público, periódico del partido liberal, Madrid, domingo 18 de agosto de 1850, pág. 1.)

«No con igual imperio se entroniza el materialismo en la sociedad cuando de ella se apodera, ni se presenta en todas las épocas bajo formas análogas. Ha pasado ya, por fortuna, la desastrosa dominación del materialismo filosófico, o sea la negación del espíritu, excitando hoy tan solo la risa de los sabios y la indignación del mundo. Pero existe otro materialismo que pudiera llamarse político, no científico sino práctico, y es el achaque más común de que adolecen hoy los hombres de gobierno y que se deja entrever en las legislaciones modernas y los negocios de Estado. Este no niega el espíritu, sino prescinde de él con frecuencia; no entra en polémica de principios, la esquiva; no acomete a su adversario, le huye el cuerpo. Impórtanle poco los sistemas filosóficos; ninguno admite ni rechaza: es una especie de eclecticismo que a todo se acomoda, con tal que le dejen promover a su manera los intereses materiales, aunque sea a expensas de los grandes intereses religiosos, que juzga muy secundarios. Si el materialismo filosófico lleva de error en error hasta el ateísmo, el político arrastra irremisiblemente a la revolución, ardorosa fiebre que abrasa las entrañas de las modernas sociedades. […] Tengámoslo bien presente. Ni hay felicidad pública donde reina el desorden, ni puede haber orden sin moralidad, ni hay moralidad sin religión, ni religión verdadera sin catolicismo. Solo éste encierra el principio que puede salvar la sociedad; solo éste representa todos los grandes intereses de los seres racionales. El materialismo político hoy dominante, proscrito por la moral evangélica y condenado por toda sana filosofía, es una calamidad para el género humano.» (“Intereses materiales. Artículo segundo”, La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, jueves 26 septiembre 1850, pág. 1; “Intereses materiales”, El Ancora, Barcelona, 1º octubre 1850, nº 274, págs. 2-3.)

«Sin embargo es notable que enmedio de esta tendencia continua del gobierno a establecer en Francia el materialismo político más abyecto y absoluto el catolicismo de que estaba la nación como impregnada casi en todas sus partes, se le atravesaba en el camino, y a pesar de haberse atenuado su influencia le suscitaba obstáculos mucho más reales y difíciles de vencer que la oposición parlamentaria.» (Migne, Diccionario de las herejías, errores y cismas, Madrid 1850, tomo I, pág. 271.)

«Nosotros, que vivimos en una época sin fe, y sin principios, devorados como estamos desde los pies a la cabeza, por la lepra del materialismo político; nosotros, asambleas de hombres pequeños, que nos hinchamos, como una montaña, para no parir mas que un ratón; nosotros, corredores de negocios, de carteras, de cintas, de charreteras, y de sueldos; nosotros, gente de alza o de baja, del tres o del cinco, de Haití o de Nápoles, nosotros, hombres de corte, de policía, de partidos, de todas épocas, de todo régimen, de todas opiniones; nosotros, diputados de una parroquia o de una cofradía; diputados de un puerto, de un camino, de un canal, de una viña; diputados de la caña dulce, o de la remolacha; diputados de la ulla, o de los betunes; diputados del carbón, de la sal, del hierro, o del lino; diputados, de la raza vacuna, caballar o asnal; diputados de todo, menos de la Francia; nosotros no comprendemos, ni comprenderemos jamás, todo lo que había de convicción y sinceridad, de virtud, de desinterés, y de verdadera grandeza, en esta famosa asamblea constituyente…» (Ruperto Navarro Zamorano, El libro de los oradores, por Timón (Cormenin), traducido de la decimatercia edición francesa México 1850, pág. 186.)

«Nosotros por el contrario, vivimos en una época sin fe y sin principios, devorados como estamos desde los pies a la cabeza por la lepra del materialismo político: hombres pequeños que nos hinchamos como una montaña, para no parir mas que un ratón: nosotros, corredores de negocios, de carteras, de cintas, de sueldos; nosotros, gente de alza y baja: nosotros no comprendemos ni comprenderemos jamás todo lo que había de convicción y sinceridad, de virtud, de desinterés y de verdadera grandeza en esta famosa Asamblea Constituyente…» (Joaquín María López, Lecciones de elocuencia, Madrid 1850, tomo II, pág. 39.)

1852 «Hay su materialismo en política, y es manifiesta la consanguinidad que le liga con el materialismo en metafísica, en moral, en religión. El error es también fecundo, y en medio de la actividad que la imprenta ha venido a comunicar a la inteligencia, no es posible que un principio capital arrojado de la región de la teoría, deje de fermentar al punto, extender sus raíces en el terreno de la práctica, y llevar sus frutos dulces o amargos.» (L. M. R., “Del materialismo político”, La España, Madrid, miércoles 28 de julio de 1852, págs. 2-3.)

«Periódicos políticos de la capital. (De esta mañana.) La España, después de insertar un largo artículo sobre el materialismo político, firmado por su colaborador L. M. R., muestra su satisfacción porque el gobierno haya dado la comisión de redactar un plan de desestanco de la renta del tabaco, a un distinguido economista (Sr. Aribau). Manifiesta extrañar se haya tardado tanto en ocuparse de una institución tan opuesta a los ingresos del Erario, pues la venta legal es solo una pequeña parte del consumo general de la nación.» (La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, miércoles 28 de julio de 1852, pág. 3.)

«La teocracia en sus vértigos caliginosos de ambición y de fanatismo no advierte el peligro ni conoce el arma de suicidio que emplea al desear la preponderancia, el triunfo del elemento moscovita. Sacrílegamente impregnada del materialismo político que corroe sus entrañas teme al socialismo y no le asusta el cisma… ¡Dios de bendición! no ciegues por más tiempo a esas apasionadas inteligencias! Si el peligro del cisma ha de ser el correctivo eficaz y el antídoto decisivo del socialismo, la fatalidad pagana de Edipo será el carácter de las sociedades cristianas, el trance de Scila y Charibidis su único Evangelio, y su arca de salvación la barca de Aqueronte…» (José Frexas, El socialismo y la teocracia…, Barcelona 1852, tomo III, pág. 1065.)

1854 «En esta querella se mezclaron como hemos visto las pasiones más ajenas a las creencias religiosas; sirviendo la divinidad de máscaras de los partidos y de intereses menos nobles. El materialismo político se unió al materialismo de la Iglesia para crearse una fuerza auxiliar y cometer los medios de defensa. El pueblo vio todo esto y además observó a los clérigos no juramentados desenvolver contra aquellos de sus compañeros que se habían sometido a la ley un sistema de proscripción que aun solo la caridad les hubiera debido prohibir. Este odio entre los dos matices del clero francés debía entonces ser bastante envenenado, puesto que sobrevivió a los acontecimientos y que medio siglo más tarde cerró las puertas del templo a los despojos mortales del venerable abate Grehoire.» (Historia de los montañeses [revolución francesa], escrita en francés por Alfonso Esquiros, Sevilla 1854, pág. 222.)

1855 «Apóstol del materialismo político confunde el señor Nocedal el hecho con el derecho y eleva el primero a la alta esfera del segundo, desconociendo que el derecho es el manantial puro de que debe nacer y derivarse el hecho de la organización de los poderes y su ejercicio, que el uno es la causa, y el otro el efecto. Con la teoría del señor Nocedal se sancionarían todas las usurpaciones y tiranías.» (El Clamor Público, periódico del partido liberal, Madrid, viernes 2 de febrero de 1855, pág. 1.)

«Los hechos, cualesquiera que sean su magnitud y origen, en ningún caso pueden destruir la fuerza del derecho. Sostener lo contrario es proclamar el imperio del materialismo político, negar el criterio de la razón pública, introducir la perturbación en el orden de los Estados, ensayar, finalmente, la aplicación de máximas antisociales y anticristianas.» (José López Narvaez, El gobierno representativo y su reforma, Madrid 1855, pág. X.)

1856 «El Parlamento, recordando que una de las diferencias radicales que separan los partidos moderado y progresistas son, el que este da mayor importancia al principio de libertad que al de autoridad, discurre así: […] “Aplicando de antiguo a la práctica del gobierno y a la organización de la sociedad el materialismo político hijo de la enciclopedia, los que entre nosotros son actualmente conocidos por progresistas, han procurado, cuándo por un camino, cuándo por otro, relajar, a título de defensores y genuinos representantes del principio de libertad, la disciplina y ordenado régimen establecido por los poderes vigorosos”.» (La Época, Madrid, jueves 30 de octubre de 1856, pág. 2.)

1861 «El gobierno del general O'Donnell es el grande amparador del protestantismo en España; porque los gobiernos, pese a intenciones estériles y a hechos aislados, no ejercen otra acción que la del espíritu que les anima; y por lo mismo que es el gobierno actual el menos espiritualista de cuantos ha habido en España, tiene, con voluntad o sin ella, espíritu profundamente revolucionario. ¿Qué nos importa que el catolicismo del Sr. Calderón Collantes haya salido remozado de su última pulmonía, si el materialismo político de este señor ministro le mantiene cruzado de brazos ante los dolores del Papa? ¿Qué nos importa que el general O'Donnell sea amigo del orden, si con cortedad de vista inconcebible en un hombre de Estado, no atribuye importancia mas que a los desórdenes materiales, y deja que a la sombra de su gobierno se esté introduciendo en España el más terrible desorden moral que hasta ahora habíamos conocido? Desde 1854, en que comenzó a intervenir poderosamente en los negocios públicos el Sr. O'Donnell, la situación de España se ha ido depravando en espantosa progresión geométrica.» (La Regeneración, diario católico, Madrid, viernes 31 de mayo de 1861.)

1862 «Tendría que ver a esos dioses que caen, y a ese gran Dios que se levanta, aceptando más tarde sus ministros la pompa y fausto de los caídos y conspirando para sujetar entre sus manos un poder político que no les pertenece. Vería a un clero mezclando intereses espirituales y temporales para absorber el principio de la fuerza en el materialismo político. Le vería despojarse de su origen popular y democrático para enseñorearse, subyugar y encender la hoguera al pie de los tormentos y de los patíbulos, invocando siempre al Dios de la bondad, de la justicia y de la misericordia eterna.» (José María Pérez Hernández, Estadística de la República Mejicana, Tipografía del Gobierno, Guadalajara 1862, pág. 289.)

1863 «Pero nos dirá el órgano o'donnellista que él se cree conservador liberal. De que se lo crea ahora no dudamos, pero de que lo haya sido bajo la dominación y en la defensa de los actos del Sr. Posada, dudamos y mucho. En aquellos días de reacción hipócrita y de grosero materialismo político, había una disidencia y una oposición conservadora, que protestaban diariamente de aquella marcha perjudicial para el país.» (El Contemporáneo, Madrid, viernes 21 de agosto de 1863, pág. 1.)

1866 «Para lo cual será bien dividir en dos clases muy diversas entre sí a los defensores del pacto social; pues unos miran a la autoridad como obra o creación del pacto, otros miran el pacto como pura aplicación concreta de la autoridad natural preexistente. Entre unos y otros media una distancia inmensa, análoga a la que separa a los fisiólogos organicistas de los animistas. Los organicistas dicen que todas las fuerzas vegetativas, sensitivas e intelectuales son efecto de la combinación de las moléculas y del movimiento que mutuamente se comunican; los animistas por el contrario dicen que la combinación de las moléculas y la acción que ejercitan unas sobre otras, proceden de las fuerzas respectivas. Debemos, pues, por equidad separar una causa de otra al combatirlas entrambas, no confundiendo con el materialismo político cierto espiritualismo algo exagerado en sus teorías e inexacto en sus observaciones: esta última es una cuestión de familia, como diría el conde de Maistre, mas la primera es una cuestión en que se combate pro paternis aris et focis.» (Luis Taparelli S. J., Ensayo teórico de derecho natural apoyado en los hechos, traducido por Juan Manuel Ortí y Lara, Madrid 1866, tomo I, pág. 313.)

1867 «Para mí, y ruego a V. que no me tenga por idealista, la Exposición de París es la encarnación del materialismo político. Puede considerarse como un síntoma característico de la época, como la expresión figurada de un sistema político y social, como el resultado de la influencia de las ideas dominantes. Significa la solución de los problemas políticos y sociales por medios materiales, por instituciones mecánicas, por cálculos matemáticos.» (José Gras Granollers, Academia de Cristo. París y Roma en 1867. Escenas de la Exposición Universal, Granada 1867, pág. 33.)

1868 «¿Es acaso el organismo político, es decir, las leyes positivas y el gobierno establecido? No ver más que esto en la constitución de un pueblo, o ver al menos principalmente esto, es caer en el torpe error de los que confunden la vida con los órganos exteriores de la vida: es el materialismo político. […] Lo que constituye una nación, señores, es su alma. Las naciones, como los individuos, tienen un alma, y con esta alma viven.» (R. P. Félix, S. J., Conferencias pronunciadas en la Catedral de París en 1868. El progreso por la religión, Barcelona 1868, pág. 126.)

1874 «Objeción 5ª “Luis XVI permitió que se publicase la Enciclopedia, inmensa copilacion destinada a servir de arsenal a los enemigos del Catolicismo.» Es indudable que Luis XVI no hizo todo lo que pudo y debió hacer para impedir la publicación de la Enciclopedia; pero no se pierda de vista que cuando toda una nación se pervierte, como se pervirtió entonces Francia, su monarca, por más que se vea libre de la perversión, no puede ser dique bastante fuerte para sostener por sí solo el torrente del mal. La Enciclopedia no era un hecho aislado; […] el Clero se hallaba en gran parte contaminado por el jansenismo, y casi en su totalidad extraviado por las falsas y perniciosísimas máximas de lo que entonces se llamaba la Iglesia galicana; la aristocracia, que tanto leía a Voltaire y las Cartas persianas, se había hecho impía en religión y epicúrea en moral; los hombres de Estado, empapados en las execrables doctrinas de Maquiavelo, o por lo menos Montesquieu, tendían todos o casi todos al materialismo político, o sea al olvido de Dios para el gobierno del mundo; el ejército y el pueblo, que devoraban materialmente a Rousseau, habían perdido por completo todo temor a la autoridad divina, y, por consiguiente, todo respeto a la autoridad de los hombres.» (“Sección de teología moral y mística. Casos de conciencia”, El Consultor de los Párrocos, revista de ciencias eclesiásticas, Madrid, 16 octubre 1874, pág. 413.)

1876 «Servando, aunque desde ahora le declaro protagonista de mi cuento, era demasiado franco para conservador; había llegado a los partidos medios por el camino más lógico, por los establos de Epicuro; pero tenía la franqueza torpe de no ocultar sus ideas ni su procedencia: profesaba el doctrinarismo en toda su horrible desnudez, juraba por Locke y desdeñaba la hipócrita religiosidad del materialismo político. Señores, decía él en cierta ocasión, ya no creo en mis altos destinos, vendería todos mis derechos imprescriptibles por un plato de lentejas, dado caso que me gustaran las lentejas: si yo creyera en el alma inmortal sería demócrata, pero como no creo que mi espíritu sea nada perdurable, me va bien con la dictadura; no hay materia ni espíritus, todo es fuerza, es decir, ejército permanente, lo cual en lenguaje político significa: quien manda, manda, y cartuchera en el cañón.» (Clarín [Leopoldo Alas 1852-1901], “Post Prandiun. Cuento trascendental”, El Solfeo, Madrid, 28 octubre 1876, pág. 2.)

1878 «El modus vivendi preparado por el cardenal Franchi y que quedará como el testamento político de ese distinguido hombre de Estado, indica por lo menos el fin del Kulturcampf. Esta pretendida lucha por la civilización era en realidad la lucha del poder civil contra la idea religiosa, que impide la completa esclavitud de las almas y que es el último recurso del espíritu contra el materialismo político. Mr. de Bismark, una vez realizado ese arreglo, deja de ser el jefe de la cruzada anti-religiosa: hecho capital que puede tener una grande importancia.» (La Época, Madrid, 6 agosto 1878.)

1880 «A pesar de esto la teoría de Kant, aunque no abiertamente, es en realidad completamente materialista. Una multitud atómica y autónoma de hombres sin fin supremo, preocupados únicamente de la conservación de su propia libertad, que decide del derecho y de la ley por el número de votos, un soberano por la gracia del pueblo... ¿puede darse más grosero materialismo político?» (Christian Pesch, S. J. [1853-1925], “El estado cristiano y las teorías políticas modernas”, La Ciencia Cristiana, Madrid 1880, volúmen XIV, pág. 415.)

1884 «Esto es efecto sólo del materialismo político que el sistema ha producido en la nación; los pueblos ya no desean más que obtener ventajas positivas, encontrar en sus diputados procuradores y agentes que satisfagan las pretensiones de sus electores y sirvan a los pueblos; y esto sólo pueden hacerlo los diputados que están bien con el gobierno. ¿Para qué han, pues, de ser tan tontos que vayan a elegir a uno de oposición que de nada les pueda servir? […] Por esto observamos que cada vez se hace más necesaria la influencia del gobierno y el esfuerzo de sus delegados para el triunfo de algunos diputados de oposición, que sin esto no obtendrían el favor de los pueblos. Y a tal punto ha llegado este materialismo político, que los mismos oposicionistas elegidos se sienten humillados por esta acción oficial, y protestan contra ella… pero aceptan el acta que sólo así podían obtener.» (L. M. de Ll., “El desgaste”, El Siglo futuro, Madrid, martes 13 de mayo de 1884, pág. 2.)

1892 «Hoy hace veintidós años que el heroico General D. Juan Prim fue cobardemente asesinado. ¡Cuan variados están los tiempos! […] Por desgracia faltan caracteres; no hay hombres como Prim, como O'Donell, como Narváez; gastados en la revolución y en el materialismo político, vivimos una vida de letal indiferencia y de mortífera atonía. Ni ideales nacionales, ni Ejército: he ahí la síntesis de la época presente.» (El Correo Militar, Madrid, jueves 29 de diciembre de 1892, pág. 3.)

1898 «Nos pensamos que, a lo menos, queriendo descubrir los autores y cómplices de tales motines, acordarían buscarlos entre los que sienten aversión a la doctrina católica y excitan las almas a todas las concupiscencias desordenadas por el materialismo científico y político y entre aquellos en fin que ocultan sus intenciones culpables a la sombra de asambleas sectarias, en las cuales afilan sus armas contra la seguridad y el orden de la sociedad.» (León XIII, Carta Encíclica Spesse volte, 5 agosto 1898; en La Unión Católica, Madrid, 15 agosto 1898.)

«Efectivamente, en este hecho la España es el campeón caballeresco del derecho tradicional e histórico sobre el que está fundada la cristiandad contra las empresas brutales de ese materialismo político, producto del error protestante y de la filosofía alemana, que acaba de encontrar en la plutocracia americana un representante cínico e hipócrita a la vez.» (Association Catholique, “La guerra de España con los Estados Unidos”, El Grano de Arena, Mahón, sábado 20 de agosto de 1898, pág. 2.)

1901 «Aristóteles ha muerto otra vez, porque ha muerto el verdadero espíritu filosófico; pero renace al cabo de un siglo en Bacon de Verulamio, para no morir jamás; para evolucionar hasta el sensualismo de Helvecio y producir La Enciclopedia, la revolución política, las ciencias naturales, las ciencias humanas o del estudio del hombre como cuerpo orgánico sometido a las acciones de los agentes sociales y de la naturaleza; para producir el materialismo económico, el materialismo político, el materialismo social, o sea la sumisión de las instituciones y de las sociedades al sistema experimental, que es el siguiente: No forméis leyes a priori, no deis instituciones a los hombres sin estudiar antes a estos mismos hombres. ¿Qué consecuencias se deducen de aplicar el experimento a la filosofía? Que los sistemas coercitivos no han dado buenos resultados; que las leyes no han impedido el crimen; que el temor al castigo no detiene el brazo del hambriento ni el del ser humano que se ve escarnecido y vilipendiado. Luego si en la filosofía hemos desechado las teorías a prioristas y en la ciencia hemos hecho lo mismo; si no sirve ya la abstracción y sirve sólo el experimento, ¿por qué no hemos de adoptar el mismo método en las relaciones humanas y en la constitución de las sociedades? Esto han preguntado los filósofos y al hacer esta pregunta se han convertido en sociólogos, pues la sociología no es más que la filosofía experimental, el estudio de la sociedad y de sus miembros sometido a hechos positivos.» (Federico Urales [Juan Montseny 1864-1942], “Sociología. La evolución de la filosofía en España”, La Revista Blanca, Madrid, 15 noviembre 1901, pág. 291.)

1904 «Tal es la solución que, en mi juicio, debe darse al problema chino, si se quiere resolver de un modo radical y cristiano. Sé que el materialismo político dirige a las naciones por otros derroteros. Pero estoy tranquilo, por creer honradamente que me he inspirado en los principios y fines más altos del derecho internacional público.» (Fr. Pedro Martínez y Vélez O. S. A. [1869-1936], “El problema del Extremo Oriente”, España y América, 1º de marzo de 1904, nº 5, pág. 317.)

1906 «¡Plejánov se burlaba de la idea de abolir el ejército regular y de que el pueblo eligiera los funcionarios del gobierno! Y la Sovremiénnaia Zhizn plejanovista aprueba la línea de Nashe Dielo, calificando el oportunismo político de “materialismo político” (??) y contraponiendo éste al “romanticismo revolucionario”.» (Lenin, “El proletariado y su aliado en la revolución rusa”, Proletari, nº 10, 20 diciembre 1906, apud Obras Completas, Cartago Editores, Buenos Aires 1960, tomo XI, pág. 399.)

1907 «Dios me libre de abominar a roso y velloso, sin discernimiento ni cautela, de todo regionalismo, pero hay un regionalismo con piel romántica y sentimental y carne de materialismo político que es un grave peligro, no ya para el patriotismo español, sino para la causa de la cultura. Para la causa de la cultura digo. Porque es nombre de la cultura, no sólo del patriotismo, es en nombre de la cultura como debemos pelear porque no haya en España más lengua oficial, más lengua de cultura nacional, que la lengua española que hablan mas de veinte naciones. Y esto, sean cuales fueren las hermosuras, los méritos y las glorias de otros lenguajes españoles, a los que se debe dejar a su vida doméstica. Es, repito, la causa de la cultura.» (Miguel de Unamuno, “Las campañas catalanistas. Por la cultura”, El Imparcial, Madrid, domingo 10 noviembre 1907, pág. 1.)

1910 «Durante la Semana social que acabamos de celebrar, hemos recibido el beso de auras puras y refrigerantes; hemos visto a los Pastores de Israel esforzándose para reunir las ovejas dispersas y agrupar el gran rebaño; para devolver a la sociedad la paz, la libertad y la justicia que le arrebató el materialismo político, social, económico e industrial.» (Sebastián J. Carner, “Senderos de promisión”, La Hormiga de Oro, ilustración católica, Barcelona, 3 diciembre 1910, nº 49, pág. 770.)

1916 «Con un seguro instinto husmea que el triunfo de la tudesquería refluiría en nuestra triste patria en un mayor prestigio del sistema de: “¡palo y tente tieso!” y “¡zapatero, a tus zapatos!” y “eso no me lo preguntéis a mí que soy ignorante…”, en un mayor prestigio del materialismo político.» (Miguel de Unamuno, “¡Ese público…!”, España, Madrid, 17 febrero 1916, nº 56, pág. 5.)

1917 «La soberanía moral de todo ciudadano, su dignidad, el que no haga nada público sin que su parecer, en lucha con los otros pareceres, pese, vale más, mucho más que la alta cotización de la peseta. Y es lamentable que el redactor de El Telegrama del Riff predique esas doctrinas de triste materialismo político. Cualquiera diría que el Riff español no es más que un campo de explotar negocios, y que la misión de España no es plantar en él la civilización. Y la civilización no se reduce a agricultura, industria y comercio e ingeniería.» (Miguel de Unamuno, “Comentario”, El Día, Madrid, martes 16 enero 1917, pág. 1.)

1918 «En último término, un español del siglo XV, de los muchos que aun quedan, especies rezagadas en nuestra sociedad contemporánea, es más digno, espiritualmente, de nuestro respeto que ese bárbaro materialismo político del Sr. Cambó. Ante todo, queremos hombres de ideas y sentimientos, por fanáticos y odiosos que sean. Un hombre que sólo es un interés no puede inspirarnos ninguna simpatía cordial, aunque admiremos su industria y su diligencia. Las gentes que en Valencia le hicieron callar hace unos días expresaron el sentir de la mayoría de los españoles, no, como han dicho estúpidamente algunos periódicos, porque la protesta significase un acto de españolismo contra un propósito de separatismo –ridícula retórica–, sino porque ese atropello fue una justa sanción a un pecado de deslealtad. La palabra que no guarda en su seno un contenido ideal ni moral, sino que es sólo un instrumento de grosero materialismo político, no merece oírse.» (“en torno de las próximas elecciones”, España, Madrid 17 enero 1918, nº 145, pág. 3.)

«El materialismo político y la política internacional. No puedo dejar pasar sin protesta el materialismo político del Sr. Cambó. Que lo sienta él, ya no está bien, mas esparcir la semilla es peligroso en estos tiempos tan pobres en saludable ideal y tan tenebrosamente ricos en rapacería.» (José de Vilafán, “Cambó juzgado por un nacionalista catalán”, España, Madrid 31 enero 1918, nº 147, pág. 11.)

1922 «¿Es acaso la forma de Gobierno, el organismo político de un pueblo? No, eso no es sino, por decirlo así, la forma externa, el cuerpo; decir que la esencia de la Patria es un organismo político, es incurrir en ese error que ha sido denominado “materialismo político”. ¿Qué es entonces la Patria? ¿Es acaso su territorio? Tampoco. […] ¿Qué es, pues, esa esencia de la Patria que nosotros tanto debemos cuidar y conservar intacta e inmaculada? Es, señores, a mi modo de ver, aquello que ha sido perfectamente denominado “el alma nacional”. El alma nacional, ¡esa es la Patria!» (“Discurso del señor obispo titular de Temnos (monseñor Andrea)” [Miguel de Andrea 1877-1960] en la Unión Ibero Americana, Madrid 5 abril 1922, Unión Ibero-Americana, Madrid, mayo y junio de 1922, págs. 23-24.)

1924 «Mas a éstos les diremos con el mismo maestro indiscutible de la verdadera catalanidad, Torras y Bagés: “Si el materialismo político y el de las costumbres, trae la muerte del regionalismo, nadie piense que los intereses materiales, como comúnmente se dice, pueden resucitar la región.” (página 126).» (Eulogio, “La obra de la mancomunidad”, El Siglo Futuro, diario católico, Madrid, 9 febrero 1924, pág. 2.)

1934 «Ahora, una vez pasada la moda de la literatura guerrera que hubo de desviarla de sus eternos cauces amatorios, vuelve por sus pasados laureles, reverdeciéndolos al poderoso influjo del amor humano. Pero con esto no tratan, por ahora, los escritores franceses de reivindicar para la mujer el derecho al altar perdido a su culto, sino, sencillamente, tratar de contrarrestar la ola imponente de materialismo político y económico que nos agobia. Su empeño, pues, entra más en el terreno espiritual que en el afectivo; son asuntos del corazón dirigidos por el cerebro.» (J. Martínez-Argüelles, “Feminidad decadente”, La Época, Madrid, 24 noviembre 1934, pág. 3.)

1935 «La conquista fue, a la vez guerrera y social, y se orientó en idealismo moral y materialismo político. La mayor maldad de la leyenda negra no consistió tanto en denigrar los hechos, exagerando, alterando o inventando, sino principalmente en omitir los conceptos elevados y gestos humanitarios que dignifican la obra. No basta, agregó, demostrar las falacias y calumnias que han formado esa leyenda, sino reconstruir la verdadera historia de España sin aislarla de la historia universal.» (“La desaparición de la leyenda negra. Primera conferencia de don Roberto Levillier en la Universidad Central”, La Época, Madrid, 16 enero 1935, pág. 4.)

1938 «Este antimilitarismo, más o menos disimulado, no es algo más o menos circunstancial; procede de un concepto esencial de la vida; es hijo, en realidad, del materialismo político o histórico más o menos consciente. Y es que en lo militar verdadero hay una esencia sobrehumana de idealismo.» (José Pemartín, ¿Qué es “Lo Nuevo”?, 2ª edición, Cultura Española, Santander 1938, pág. 16.)

1939 «En abril de 1936, en medio del ambiente enrarecido que presagiaba la tormenta, el materialismo político del momento daba tregua, en el salón de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, a un lucido cursillo de conferencias impregnado del más bello espiritualismo.» (“'Aportación del profesor De Diego a los estudios del Derecho Español', por Ramón Serrano Súñer”, ABC, Madrid, 27 septiembre 1939, pág. 6.)

1945 «La promulgación del Fuero de los Españoles nos brinda una muy grata coyuntura para meditar acerca de los fundamentales privilegios del humano espíritu, proyectado hacia la vida de relación con el Estado. Máxime cuando este Fuero de los Españoles, equivalente y homólogo en todo a una Carta constitucional, ofrece, sin embargo, una especial y legítima característica, que nobiliza y esclarece su concepto y su misión al implicar el refrendo de unos principios que tienen su virtualidad por encima de cualquier derecho positivo. Una Carta constitucional se pacta y otorga sobre derechos y deberes que dependen del hombre exclusivamente, no sobre aquellos otros que, bendecidos por la Divinidad, no pueden concederse, por que son anteriores y están sobre el Estado. He aquí la fuente de los derechos naturales, tantas veces negados por el materialismo político, como si no existiera una metafísica por encima del estatismo absorbente, como si el hombre fuera –repitamos una vez más la genial expresión de nuestro Movimiento– portador de valores eternos.» (L. Mateo, “Libertad y fuero”, Pensamiento alavés. Viva Cristo Rey, Vitoria, lunes 20 agosto 1945, pág. 4.)

1951 «Roma, con ese materialismo político, que fue la clave de sus éxitos, no apura la ley del fuerte.» (José Camón Aznar, “El Panteón”, ABC, Madrid, 25 septiembre 1951, pág. 7.)

1959 «El materialismo político del Gobierno soviético resulta, empero, un obstáculo infranqueable en este momento probablemente para cualquier progreso de carácter orgánico.» (Augusto Assia, “El anuncio del Concilio ecuménico. El impacto en los ortodoxos rusos”, La Vanguardia Española, Barcelona 29 de enero de 1959, pág. 12.)

1960 «La Jura estaba en la entraña popular. Fueron precisos muchos cambios para arrancarla de aquel convencimiento. Es la labor constante, tenaz, de quienes sustituyen en el pensamiento humano la idea providencial por el materialismo político.» (Luis de Armiñán, “La jura de bandera”, ABC, Madrid, 7 mayo 1960.)

1988 «Pertenezco a una generación atrapada entre la desesperación y el arrepentimiento. Vaya eso por delante. Los rostros que archivara mi memoria a lo largo de estos años de mal sueño van mutándose en síntomas de una difusa patología colectiva, de la cual nada ni nadie queda a salvo. Son los tiempos mórbidos que vaticinara Gramsci –cuando el futuro no acaba de nacer ni el pasado de morir–, me repito con frecuencia. Y trato de preservar en ellos la vieja clave espinosiana del materialismo político: “Humanas actiones non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere”. Entender, por encima de toda valoración. No es fácil. No he conocido otro gozo que el de la resistencia. Creo que, en realidad, si hemos de hablar en serio (esto es, en metafísica), no existe otro gozo para los sujetos conscientes de su propia finitud.» (Gabriel Albiac, “Entre la aguja y el PSOE”, El País, Madrid, 15 septiembre 1988.)

Fragmentos del libro de Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las 'ciencias políticas', Logroño 1991.

§1. Formalismo y materialismo político

«¿Cabe reducir la esencia de la vida política a su núcleo circular, o incluye también como componente esencial al cuerpo que, formado a partir de determinaciones radiales y angulares, envuelve a ese núcleo? Podemos llamar, en esta primera aproximación, “formalismo político” a la primera opción y “materialismo político”, también en primera aproximación, a la opción segunda. El formalismo político, por tanto, en este primer sentido aproximado, pone la esencia de la vida política en el ámbito constituido por las relaciones circulares (tal ocurre en todas las definiciones que la política recibe a partir de la idea de “poder” como influencia de unas personas sobre otras). El materialismo político incluye, como determinaciones propias de la esencia de la vida política, a contenidos dados en los ejes radial y angular del espacio antropológico, si bien será imprescindible formar criterios pertinentes de politización de estos contenidos (¿por qué el territorio, que la doctrina política convencional suele considerar desde luego como parte del Estado, lo es? No es suficiente constatarlo o postularlo; ni siquiera pueden pasar como teoría política las metáforas jurídicas que se ven llevadas a conceder al Estado la condición de persona jurídica a fin de hacerlo titular de la propiedad del territorio, una vez que la teoría patrimonial de la monarquía ha quedado reducida a la condición de un mero episodio histórico). La cuestión teórica, en consecuencia, no estriba tanto en una decisión sobre si reconocer o negar el significado de ciertos contenidos no circulares para el núcleo (circular) de la vida política, sino en la interpretación que mantengamos sobre la naturaleza no esencial y oblicua (aunque fuera imprescindible) o bien esencial y directa de ese significado. La dialéctica característica del materialismo político puede hacerse consistir en esa atribución de una función esencial, para el desarrollo del núcleo, a determinaciones que procedan de ejes “exteriores” al núcleo. En todo caso, no consideraremos al formalismo político como resultado de una mera desatención a las conexiones materiales del núcleo (que el formalismo conoce empíricamente y prácticamente), sino como una expresión radicalizada del proceso dialéctico de hipostatización o sustantivación del núcleo circular, en tanto ella influye decisivamente en la construcción de la teoría política.» (págs. 274-275.)

«El formalismo político, ya en esta primera aproximación, se nos presenta en dos variantes: la variante psicologista (en general, etologista) y la variante idealista. O, dicho de otro modo: el psicologismo (o etologismo) político así como el idealismo político podrían considerarse propiamente como formalismos políticos. Según esto, materialismo político equivaldrá principalmente a antipsicologismo (generalizando: antiespiritualismo) y a anti-idealismo.» (pág. 276.)

«El materialismo político podría definirse de un modo negativo como negación del formalismo, es decir, del espiritualismo voluntarista, y del idealismo. De un modo positivo, y en términos de la teoría del espacio antropológico, materialista será toda concepción que hace intervenir, como factores esenciales de la vida política, a contenidos dados en los ejes angular o radial. Por eso, el materialismo político tiene siempre algo de determinismo, en la medida en que la voluntad pura del espiritualismo o los valores supremos del idealismo resultan determinados a partir de factores radiales o angulares. Y esto es tanto como decir que hay muchos géneros de materialismo político. Reconoceremos obviamente, ante todo, un materialismo político “angular” y un materialismo político “radial”. No son dos conceptos vacíos, obtenidos de nuestras coordenadas; podemos ofrecer modelos clásicos casi puros adscribibles a una y otra forma de materialismo político.
Modelos puros de materialismo político “angular” nos son suministrados desde luego por la metafísica teológica, por el agustinismo, en todas sus variedades, en tanto esta metafísica sostiene que la vida política de los hombres está determinada por la providencia divina y por su gobierno del mundo. En sus posiciones más extremas este determinismo teológico se convierte en fatalismo y ésta es la razón por la cual podríamos considerarlo como materialismo político en el sentido dicho, aun cuando esa causa determinante sea en sí misma concebida como Espíritu puro. El materialismo político se dibuja, en efecto a otra escala que el materialismo metafísico; con todo, J. T. Fichte, en su Segunda introducción a la teoría de la ciencia, ya pudo ver el espiritualismo de Berkeley como una especie de materialismo, precisamente por lo que su Dios tenía de determinación extrínseca de la voluntad humana.
Un modelo puro de materialismo político “radial” nos lo ofrece la Narratio Prima, en la cual Rheticus presenta un compendio del nuevo sistema copernicano: “Añadiré una predicción. Vemos que todos los reinos han tenido sus principios cuando el centro de la excéntrica estaba en algún punto especial del círculo pequeño. Así, cuando la excéntrica del Sol estaba en su máximo el gobierno de Roma se transformó en monarquía; mientras la excentricidad decrecía, Roma también declinó como si envejeciera y después sucumbió...” (p. 36 de la ed. de Carlos Mínguez). Modelos radiales no astrológicos, aunque sí astronómicos, de un cierto materialismo político, podemos verlos en la teoría de las crisis económico-políticas fundada en los efectos de las variaciones del sol en las cosechas agrícolas, tal como la desarrolló Stanley Jevons. Los modelos ecológicos (“lamarquistas”) desde Montesquieu hasta el materialismo cultural (incluyendo Carneiro, &c.) son también modelos radiales: cuando explican, a partir de diferencias ecológicas entre el escenario mesopotámico y el escenario mesoamericano, las diferencias de estructura de la sociedad sumeria y de la sociedad maya, de lo que hablamos en la parte I, §2.
¿Cómo clasificar, dentro de esta taxonomía, al materialismo político implícito en el materialismo histórico convencionalmente atribuido al marxismo clásico? Es muy difícil responder de un modo sencillo, dada la heterogeneidad de interpretaciones no gratuitas que se han dado del materialismo histórico, tanto en la línea ortodoxa (no leninista) de Kautsky, como en la línea leninista del Diamat. Sin entrar en la discusión me atendré a la tarea de situar el materialismo histórico dentro de las coordenadas que venimos utilizando. En este sentido, me parece que puede afirmarse, con bastante seguridad: […]» (págs. 279-280)

«De este modo, cabría concluir que el materialismo político implícito en el materialismo histórico marxista incorpora una metodología causal-determinista, no solamente radial (a través de su valoración de los factores naturales, absolutos y diferenciales de la base económica, por ejemplo, a propósito del significado atribuido a la geografía para explicar las diferentes rutas de la evolución histórica del Viejo y del Nuevo mundo), sino también, a su manera (emic), angular (a través de la influencia sobre la base atribuida a las superestructuras ideológicas teológicas, al “opio del pueblo”, en tanto actúa por encima de las voluntades subjetivas). La importancia del materialismo histórico, como materialismo político, la pondríamos en esta su capacidad para combinar en cada análisis concreto los factores radiales, angulares y circulares. Pero esta capacidad hay que atribuirla sobre todo a Marx en cuanto poseedor de un “tacto” singular para medir el peso relativo que en cada caso habría que atribuir a cada factor. Sin embargo, Marx no formuló ninguna teoría general sobre la naturaleza de la conexión de los factores determinantes de la vida política e histórica. Ello explica hasta cierto punto las tendencias al eclecticismo, a veces vergonzante, de sus continuadores (“es preciso que se dé una conjunción entre las condiciones subjetivas y las condiciones objetivas”; o bien “la base determina en última instancia”; o bien “hay que tener en cuenta una sobredeterminación de la correlación de fuerzas”). Un eclecticismo en equilibrio inestable que encubría muchas veces una orientación voluntarista, envuelta en una ideología objetivista, materialista.» (pág. 282.)

«4. La delimitación del formalismo y el materialismo políticos por medio de los ejes del espacio antropológico nos ha conducido en primera aproximación (genérica) a un concepto lato de materialismo y de formalismo. Formalismo político es todo intento de reducir las categorías políticas a los límites del eje circular (y así, el “materialismo subjetivo” sigue siendo un formalismo). Materialismo político es entonces el postulado de incorporación de los contenidos radiales y angulares, como contenidos esenciales de la vida política. Sin embargo, aunque este postulado ya sea efectivamente materialismo político, no lo es en un sentido excluyente; pues el materialismo no excluye la posibilidad de incorporar también a la esencia de la vida política contenidos importantes del eje circular que no pertenecen al núcleo de la vida política (como ya dijimos, la tesis de la inclusión del núcleo político en el eje circular no implica la tesis recíproca, la tesis de la inclusión de todos los contenidos circulares en el núcleo de la vida política). Estos contenidos, no sólo radiales y angulares, sino también circulares que postulamos como esenciales de la vida política, sin formar parte de su núcleo, constituyen el cuerpo de la realidad política. En primera aproximación, el cuerpo de la sociedad política se definirá como el conjunto de contenidos radiales y angulares postulados como esencialmente vinculados a un núcleo dado en el eje circular. Lo que es preciso añadir ahora es que el cuerpo de la vida política está constituido también por componentes esenciales (lo que nos permitiría reinterpretar muchos procesos considerados por el formalismo psicologista como componentes circulares de la política, al menos, como partes materiales suyas). Y esto es lo que hace necesaria una segunda aproximación a los conceptos de formalismo y materialismo políticos que nos permita una definición de estas posiciones en un sentido más estricto. Es necesario, de otro modo, redefinir la idea de cuerpo de la sociedad política si no queremos que las definiciones siguientes sean sólo nominales: formalismo político es la concepción que cree poder reducir la esencia de la vida política a los límites de su núcleo, considerando accidental o meramente instrumental, a todo otro componente corpóreo; materialismo político es toda concepción que postula el carácter esencial del cuerpo que envuelve al núcleo de la sociedad política (y que, por tanto, se nos aparece de algún modo como externo a él).» (pág. 284-285)

«Como conclusión, podríamos redefinir el materialismo y el formalismo políticos de este modo: el formalismo político (por analogía con el formalismo algebraico) es la concepción de la política que entiende que la sintaxis política puede constituir, en el eje circular, el contenido de su propia semántica; el materialismo político es toda concepción que defiende la naturaleza estrictamente sintáctica de las operaciones políticas y, por tanto, su interna implicación con la semántica circular, radial y angular, es decir, con el cuerpo de la sociedad política.» (pág. 295) → Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las 'ciencias políticas', Capítulo 3, El cuerpo de las sociedades políticas.)

1999 «Como en tantas otras ocasiones, también aquí Feuerbach resulta fundamental. No sólo hay que ser materialistas en religión o filosofía. También hay que serlo en política. Materialismo político: la expresión es todo menos ingenua o transparente. Por lo pronto, no tiene nada que ver (mejor: no debería tener nada que ver) con cualquier versión maquiavélica de un realismo político puesto al servicio de hechos objetivos sin más. Desgraciadamente resultaría no sólo inmoral sino también perfectamente inútil intentar negar o camuflar la importante tradición maquiavélica que en muchas ocasiones ha gravitado sobre las acciones políticas de los comunistas. Ahora bien, si juzgamos en función de las ideas puestas en liza, el materialismo político depende del idealismo ético exactamente en la misma medida en que se aparta del realismo político, pues el materialismo político no es sino la conjunción de una táctica y una estrategia realistas puestas al servicio de unos ideales de emancipación del género humano. No se trata –adviértase bien– de una pseudodefinición escolástica hecha a base de amontonar determinaciones extrañas entre sí cuando no francamente contradictorias, sino de una definición que aspira a ser funcional. Si en nombre de ciertos ideales éticos se cometen excesos, traiciones y crueldades, sencillamente se ha de sospechar que nos las estamos habiendo con un realismo político (con toda su cohorte de intrigas y paranoias) obsesionado con la conservación del poder a cualquier precio. […] Puede que la meta final sea presentada por Marx y Engels de una manera excesivamente resumida, casi precipitada, y que el hecho de que el proletariado resulte vencedor y con ello haga desaparecer las clases sociales en tanto que tales pueda sonar hoy día a, por lo menos, discutible. […] Puede, en fin, que el marxismo haya carecido (o que aún carezca) de una reflexión política materialista y que su inmenso hueco haya sido rellenado por realismos tan nefastos como incluso reaccionarios. Puede que todo esto sea verdad, pero, sea lo que sea lo que nos depare el futuro del marxismo y de las clases trabajadoras, aún resuena hoy, a siglo y medio de distancia, la llamada valiente e idealista (acaso algo ingenua en ocasiones) de la emancipación obrera por parte de Marx y Engels.» (Luis Martínez de Velasco, “Idealismo ético y materialismo político en el Manifiesto Comunista”, Utopías - Nuestra Bandera, revista de debate político y teórico editada por el PCE, Madrid 1999, nº 179, págs. 177-188.)

2000 «No, hay mucho más que inocuos melindres intelectuales, hay en todo ello un lance de hondas consecuencias, teóricas y políticas. Me atrevería a decir, juzgando por posiciones y movimientos habidos en nuestro país, que en esta problemática –la del materialismo dialéctico–, que de eso se trata, está implicado el meollo intelectual, moral y práctico de un partido comunista como el nuestro, meollo de su identidad, de sus puntos cardinales, de sus referencias. Quizá no hayas querido darle tanto alcance, aunque el título de tu artículo: Idealimo ético y materialismo político, suena casi a desafío; por eso recojo el guante sin andarme por las ramas, agarro el toro por los cuernos.» (Manuel Ballestero Prieto [1927], “Carta abierta y crítica a Luis Martínez Velasco por su artículo 'Idealismo ético y materialismo político en el Manifiesto Comunista'”, Utopías - Nuestra Bandera, revista de debate político y teórico editada por el PCE, Madrid 2000, nº 183, págs. 163-168.)

2004 «En los últimos tiempos ha tenido lugar en España un verdadero estallido de pacifismo. Podríamos decir que “ha estallado la paz”. El materialismo filosófico tiene una posición sobre la paz y la guerra. Esta posición filosófico-política sin embargo no viene ex nihilo. Numerosos pensadores antiguos y modernos sostuvieron puntos de vista parecidos a los que hoy sostiene Gustavo Bueno. Las doctrinas de estos pensadores son la ineludible base del materialismo filosófico entendido como materialismo político. El materialismo filosófico no sostiene verdades inauditas, más bien sostiene la verdadera sabiduría filosófica política presente en la tradición política de Occidente. La tradición realista o realismo político es la base del materialismo filosófico político y de su posición sobre la guerra y la paz entre las naciones.» (Felipe Giménez Pérez, “El materialismo y la paz”, El Catoblepas, junio 2004, 28:16.)

2006 «El cristianismo rechaza el nacionalismo no sólo por su vocación universalista de constituir un mensaje dirigido a todos los hombres, sino también por su concepción del hombre, por su personalismo. El nacionalismo es una de las formas que reviste el materialismo político, para el que la persona tiene siempre un valor menor que los grupos, y derivado del de ellos. No es extraño entonces que quienes niegan la condición personal del hombre, lo sometan con facilidad a disciplinas colectivas, autoritarias y, en su versión más radical, totalitarias.» (Ignacio Sánchez Cámara, “Materialismo político”, ABC, Madrid, 28 enero 2006.)

2016 «Se trata de una negación puramente dialéctica, lógica, materialista, ante una contradicción máxima desde las coordenadas del materialismo político de Marx y Engels: la contradicción Historia / Revolución Comunista.» (Santiago Armesilla, “Comprendiendo a Podemos”, en Podemos, ¿comunismo, populismo o socialfascismo, Pentalfa, Oviedo 2016, pág. 131.)

gbs