Filosofía en español 
Filosofía en español

“Extrema derecha” (en sentido político)

1848 «Otro tanto podrá decirse en orden al roce de nuestros amigos con los partidarios de la libertad. Si los monárquicos nos hemos puesto al corriente de lo que es censo electoral, y mayoría parlamentaria, y sorteo de secciones, y mensaje, y respuesta al mensaje, y orden del día, y discusión de totalidad, y discusión por artículos, y derecha, e izquierda, y extrema izquierda, y extrema derecha, y bancos de enfrente, y banco negro, y comités y clubs, &c. &c.; si todo esto sabemos ya, y sobre ello hemos adquirido alguna facilidad, sea de perorar, sea de redactar cualquier artículo o correspondencia, también se nos ha olvidado o no hemos llegado a aprender en nuestras respectivas profesiones lo que nos hacía falta para poder, con el ejercicio de ellas, ser útiles a nuestras familias y semejantes.» (La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, lunes 3 abril 1848, pág. 1.)

1861 «—¡Reaccionario, ultramontano, oscurantista, absolutista, neo-católico! No obtendréis más contestación que esta letanía estúpida de palabrotas sin sentido. Los hombres prudentes discutirán con quien lo haga con moderación, es decir, con quien plantee el debate en el terreno de averiguar los grados de violencia que ha de tener la injusticia; ¿pero con quien empiece diciendo que sobre lo injusto no puede tratarse ni fundarse nada? Imposible discutir con semejantes exagerados. —Pero, señor: que 2 y 2, ni han sido, ni son, ni han de ser eternamente más que 4. —Neo-católico, absolutista, ultramontano, etcétera, &c. —Dice usted bien; estos enemigos de la civilización, estos verdugos de la humana inteligencia, estos familiares del Santo Oficio deben ser puestos fuera de la ley. ¡Atreverse a decir que 2 y 2 son 4! Miserables seides de la tiranía. No: mal que os pese, ya hemos descubierto la verdad: 2 y 2 son 8. —Otra exageración (dice aquí el hombre prudente.) Tanto se debe distar de las extravagancias neo-católicas, como de las locuras democráticas. No, señores míos: 2 y 2 no son 4 como afirman ustedes los de la extrema derecha, ni 2 y 2 son 8, como afirman ustedes los de la extrema izquierda: los hombres que estamos en el justo medio, sabemos que 2 y 2 suman 6. —Esto es lo prudente. Resultado: los demócratas, obligados a optar entre los que de 2 y 2 sacan 4, y los que sacan 6, optan por estos, que al cabo distan menos del 8 que sacan los demócratas. Y así va haciendo su camino la moderna civilización. Y así poco a poco, tras la lucha entre los exagerados y los prudentes, vanse aprestando los malvados sin prudencia a dominar sin competidores en el reino de la barbarie. Cuando llegue la hora definitiva de este reinado, no sabemos en dónde estarán los exagerados; pero tengan entendido desde ahora los prudentes que toda su prudencia no los libertará de estar para siempre hundidos en el sepulcro de podredumbre que con tan laborioso artificio van cavando sus prudentes transacciones.» (Gabino Tejado, El Pensamiento Español, Madrid 11 diciembre 1861, pág. 2.)

1863 «Dijimos ayer, tomando las noticias de La Época, que se habían reunido algunos diputados en casa del Sr. Moyano, con objeto de constituir un centro parlamentario. Dudábamos de su certeza, porque creíamos tener motivo para saber que la mayoría moderada de la Cámara popular sigue compacta como el primer día. Por eso nos limitamos a exponer el hecho sin comentarios. El Contemporáneo da la siguiente versión que tomamos por exacta, y la cual quita a la reunión del Sr. Moyano la importancia que nuestro colega vespertino le había dado. He aquí cómo se expresa El Contemporáneo: “Pues bien; ¿qué dirán nuestros lectores al saber que a la reunión del Sr. Moyano asistieron el Sr. Nocedal y sus amigos? El Sr. Moyano, que hace pocos días conoció a tiempo el lazo que le habían tendido los o'donnellistas, y dio un paso atrás, ha ido a caer en las redes del Sr. Nocedal, y creyendo reunir el centro parlamentario, reunió la extrema derecha. El Sr. Nocedal era allí el representante de una política más definida, y el que llevaba mayor número de amigos; por consiguiente, el respetable Sr. Moyano hacía en la reunión el segundo papel, dando forma y vida a la extrema derecha, a la fracción neo-católica. Esta es la verdad: no se nos venga La Época con el fantástico centro parlamentario; porque si algo salió de la reunión del domingo, fue la extrema derecha. Creemos que a estas horas el Sr. Moyano lo habrá comprendido así. Para concluir, advertiremos que según nuestras noticias, no fueron 25 ni 22 los diputados que acudieron a la cita del Sr. Moyano, sino 15, de los cuales formaban la vanguardia los Sres. Nocedal, García Gutiérrez, Herreros, Arias Rodríguez (don Braulio), Casanueva y Catalina.”» (La Libertad, periódico moderado, Madrid, miércoles 2 diciembre 1863, nº 22, pág. 2.)

«La extrema derecha del Congreso, representada por el Sr. Aparici y Guijarro, sostendrá una enmienda al último párrafo del mensaje, abogando porque a la idea de unión liberal se sustituya la de unión española, y al apoyo de los partidos constitucionales el apoyo de todos los partidos incluso el monárquico puro.» (La Libertad, periódico moderado, Madrid, miércoles 3 diciembre 1863, nº 23, pág. 1.)

1868 «Noticias extranjeras. Un diputado de la extrema derecha del Cuerpo legislativo, Mr. N., se permitió interrumpir en su último discurso al gran orador Berryer [Pedro Antonio Berryer 1790-1868], diciendo: Esa frase es una infamia. —¿Quién es el que me dirige ese ultraje? gritó Berryer. —Yo soy, yo, replicó el diputado. —Siendo vos, repuso el orador con soberano desdén, es como si no fuera nadie, y por lo tanto paso adelante. ¿Se atreverá a interrumpir otra vez el desdichado Mr. N.?» (Diario de Mahón, domingo 8 marzo 1868, nº 7, pág. 2.)

1869 «Cortes Constituyentes. Extracto de la sesión celebrada el día 7 de julio de 1869. […] El Sr. MARTOS: He dicho a los progresistas, no adiós, sino hasta luego; porque esto, señor ministro de la Guerra, porque esto significa, no que yo me voy de la mayoría, no que nosotros nos vayamos de la mayoría, sino que nos quedamos con nuestros principios, con nuestro criterio, con nuestras doctrinas; que nos quedamos en el sitio donde estábamos, defendiendo lo que siempre hemos defendido; viendo con dolor el movimiento que hace el centro de la Cámara hacia la extrema derecha, y esperando que vuelva, que se reaccione ese movimiento sobre este centro izquierdo, sobre esta cuasi extrema izquierda. (El señor ministro de Marina: Cuasi.) Vaya sin cuasi, si hay empeño en suprimirlo; y en esta cuestión, que os parece fundamental e importantísima, al ver que una parte de la mayoría, que nuestros amigos los progresistas se van, como creo que se van por poco tiempo, les digo: hasta luego.» (La Paz, diario monárquico-democrático, Murcia, viernes 9 de julio de 1869, pág. 3.)

«He aquí por qué Rivero, en vez de seguir echando chispas contra la disidencia, bebe hasta los vientos por reconciliarse con ella; he aquí por qué Martos no ha querido ya cartera, sino conservaban las suyas los unionistas; he aquí por qué Rios Rosas ha insistido en que Herrera salga del Gabinete; he aquí por qué la unión liberal perdona que se le haya llamado extrema derecha; he aquí por qué en la Asamblea constituyente la derecha está demostrando ser zurda; y he aquí plenamente justificado nuestro aserto, de que si el cólera conserva siempre ciertos síntomas que exigen fumigaciones, hasta en eso tiene con él analogía la gloriosa revolución de Setiembre.» (“El carro de la revolución”, La Gorda, periódica liberal, Madrid, 15 de julio de 1860, nº 47, pág. 2.)

1875 «Debe rendirse homenaje a la libertad con la cual el eminente físico [John Tyndall] presenta ambas fases de la cuestión, tan frecuentemente sacrificadas una a otra por los exaltados de la extrema derecha y de la extrema izquierda, pues no sólo en la extrema derecha existe la intransigencia, la ceguedad, y, en una palabra, el fanatismo.» (Alberto Reville, “El conflicto entre las ciencias naturales y la ortodoxia en Inglaterra”, Revista Europea, Madrid, 16 mayo 1875, pág. 414.)

1880 Miguel Sánchez López, «Los católicos de la extrema derecha y el Conde de Chambord», Revista Contemporánea, tomo XXVII, vol. IV, 30 junio 1880, págs. 403-420.

1881 «La ley serial o de la serie, es natural, y a ella está sometido cuanto en el universo existe, sin excluir la humanidad en todas sus manifestaciones, de cualquier género que sean. Consecuencia lógica de esa ley, que rige el desenvolvimiento de la vida, es que toda reunión de hombres se fraccione, sin dejar de estar unida para los fines comunes, en grupos que empiezan por constituir centro, derecha e izquierda. Estos grupos, siguiendo la ley de su desenvolvimiento ascendente, no tardan en subdividirse, constituyéndose los ambiguos, intermediarios entre la derecha y el centro, y entre éste y la izquierda; y la importancia de éstos se acentúa a medida que se van constituyendo la extrema derecha y la extrema izquierda, grupos que a su turno producen otros ambiguos, o indecisos, entre los dos extremos y la derecha y la izquierda, con aquellos colindantes. La declinación de la vida se manifiesta en estos seres colectivos, que tienen por lazo de unión, por alma una idea, con la refundición sucesiva de sus grupos u órganos, hasta volver a formar, cual en su origen, la horda confusa, en cuyo seno latieron los gérmenes de sus ya usados miembros, que se debilitan y extinguen por la vejez.» (Fernando Garrido Tortosa, Viajes del Chino Dagar-Li-Kao por los países bárbaros de Europa, España, Francia, Inglaterra y otros, traducido del chino al castellano por el Ermitaño de las Peñuelas, Madrid 1881, pág. 95.)

1893 «Los boticarios ¿pueden ser filósofos? Indudablemente. Lo era Mr. Hornais, el famoso farmacéutico de Madame Bobary, lo es, a su manera, el doctor Garrido y lo es Fabié, ese hegeliano de la extrema derecha de Martínez Campos.» (Clarín [Leopoldo Alas], «Palique», Madrid Cómico, 1º noviembre 1890, nº 402, pág. 3; en Palique, Victoriano Suárez, Madrid 1893, pág. 334.)

1908 «No se sabe bien todo el daño que nos ha hecho y sigue haciéndonos en España una rutinaria y mal fundada hostilidad hacia las instituciones del Estado, siendo así que el Estado es aquí no ya la primera y mejor garantía de libertad sino hasta el órgano de ella. Deficiente y todo como es la instrucción pública oficial es la única que merece el nombre de enseñanza. Los institutos privados de ella son peores, por lo general, que los oficiales y van a la rastra de estos. Si se decretara una completa y absoluta libertad de enseñanza, como desean y piden los de la extrema derecha ultramontana, pronto se sentirían sus perniciosos efectos sobre la cultura patria.» (Miguel de Unamuno, “El presupuesto de cultura de Barcelona”, España, Buenos Aires, 5 julio 1908, nº 240, pág. 401.)

1919 «Durante la guerra, un agudo publicista nuestro –queremos recordar que fué Pérez de Ayala– propuso que los antigermanófilos nos sorteáramos, para dedicarse algunos a defender, por vía de polémica, la germanofilia y el germanismo, para que así los alemanes pudiesen luego no juzgar a los españoles con el desprecio con que nos juzgarán cuando se enteren de cómo se defendió aquí la causa del Kaiser y de la kultura. Yo me ofrecí entonces a hacer de germanófilo hipotético, al modo que en las academias de los seminarios conciliares y de las órdenes religiosas hace uno de arriano, de maniqueo, de calvinista o de panteísta. Y ahora me entran ganas de hacer de hombre de orden portugués, de lusitano de la extrema derecha. Y diría…» (Miguel de Unamuno, “El orden y la monarquía”, España, Madrid, 30 enero 1919, nº 199, pág. 5.)

1922 «Alguna vez he aludido al extraño fenómeno de que, aun en los partidos políticos de la extrema derecha, no son los jefes quienes dirigen a sus masas, sino éstas quienes empujan violentamente a sus jefes para que adopten tal o cual actitud. Así hemos visto que los “jóvenes mauristas” no han aceptado la política internacional que durante la guerra Maura proponía, sino, al revés, han pretendido imponer a su jefe la política internacional que en sus cabezas livianas y atropelladas –cabezas de “masa”– se había instalado. Lo propio aconteció con los carlistas, que han coceado en masa a su conductor, obligándole a una retirada.» (José Ortega y Gasset, “Patología nacional. I. Imperio de las masas”, El Sol, Madrid, 4 febrero 1922, nº 1402, pág. 3.)

1924 «Fourier, con Ricardo Owen y Saint-Simon, forman una trilogía de pensadores que sin ser todavía socialistas, suelen ser considerados como los economistas inmediatamente predecesores del socialismo. De todos modos, aunque Fourier preconice una nueva organización económico social, en la que quedaría abolido el régimen del asalariado y que su concepción del falansterio recuerde mucho las concepciones utópico comunistas de Owen, Campanella o Morus, su nombre debe más bien figurar en la extrema derecha entre aquellos tres predecesores del socialismo. Owen y Saint-Simon se atreven a atacar la propiedad privada, defendiendo la comunidad de bienes. Fourier, contrariamente, ni ataca a la propiedad privada, aun cuando quiere darle una nueva organización, ni al fundamento de la permanencia de aquélla, o sea la institución de las herencias, ni tan sólo se muestra partidario de una igualdad de clases sociales. El comunismo de Fourier, aparte ciertos limitados aspectos de la vida en común, es más bien un cooperativismo de producción y consumo.» (“Francisco María Carlos Fourier”, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Barcelona 1924, tomo 24, págs. 803-805.)

1929 «Por nosotros… – El popular presbítero D. Manuel Graña pide desde la extrema derecha de El Debate: “Pero hoy que se nos deje gritar con todo el fervor de nuestra fe y la alegría de ver libre al Padre de todos los fieles: ¡Viva el Papa Rey!” Hoy, y mañana, y siempre, “pater”. ¡Pues no faltaba más! A lo mejor, mientras grita usted no escribe.» (Heraldo de Madrid, viernes 8 febrero 1929, pág. 1.)

1934 «Apenas se anunció la salida de nuestro semanario, la U. G. T. le declaró el boycott. Todos los obreros del Arte de Imprimir afiliados a la Casa del Pueblo recibieron orden terminante de no componer ni tirar F. E. ¿Motivos? Se trata, para la Casa del Pueblo, de un semanario fascista. Ahora bien: los obreros de la Casa del Pueblo imprimen periódicos de todas las ideas, hasta las más extremas de la derecha. Los mandarines del socialismo no han implantado esa previa censura ni para las publicaciones tildadas por ellos de cavernícolas. ¿A qué se debe, por tanto, esta preferencia por F. E.? La cosa es bien clara: saben bien los magnates del enchufe que sus obreros van a interesarse poco por los principios de extrema derecha. Por eso no les importa que impriman y aun lean los periódicos derechistas. Pero saben también que nuestro movimiento sí que es capaz de ganar el espíritu de los obreros. Los principios que F. E. defiende son claros, resueltos, integradores. F. E. quiere una España de todos, levantada sobre la justicia social más severa. Quiere coordinar la riqueza y el trabajo en un sistema armónico, presidido constantemente por la idea de la producción nacional, no por el interés particular de ninguna clase.» (“Cómo hizo F. E. su primera salida”, F. E., Madrid, 11 enero 1934, nº 2, pág. 6.)

1952 «Cuando, no obstante sus diferencias con la Unión Católica, debidas a una mayor amplitud de criterio, fue diputado por este partido de la extrema derecha conservadora, deja ver en todo momento en sus discursos de propaganda electoral que aspiraba a otra política más ancha y noble que la de un partido. No le satisfacía la receta de concordismo entre los grupos, sino que pretendía la absorción de su época en una forma política totalmente nueva y católica.» (Juan González Piedra, Vida y obra de Menéndez y Pelayo, Temas españoles nº 12, Madrid 1952.)

1965 «En esta labor no están comprendidos solamente los españoles, aunque es a las generaciones actuales de españoles que estará orientada la empresa. Pero este trabajo abarcará e incluirá, también, a los “cuadros” ibero-americanos que actualmente –y según planes del actual régimen, en años sucesivos– reciben su información y entrenamiento en el actual sistema imperante en España. Estos “cuadros” ibero-americanos –formados a ritmo creciente en la tónica y bajo la influencia oficial del actual sistema español– “exportan” a Iberoamérica los gérmenes del franquismo, lo que viene a complicar aún más el ya complicado panorama Iberoamericano de hoy, sujeto a presiones extremas y con la renovación democrática de las estructuras inoperantes, sometida a la embestida de las distintas reacciones (una de las cuales –la de extrema derecha– está apoyada, en parto, por los “cuadros” formados en la España oficial de hoy).» (Comisión española del Congreso por la Libertad de la Cultura, “Organización de Centro de Información y de Estudios en Madrid”, Agosto 1965.)

1966 «El franquismo nació en la época de las ideologías sistemáticas y militantes de la extrema derecha, en la época fascista. Hacia 1939, el franquismo quiso darse una constitución ideológica, además de dársela jurídica, mediante la legalización de su subversión y la institucionalización del poder para alcanzar la respetabilidad. Para consolidar esa constitución ideológica necesitaba una teoría política. Para ello fue creado el Instituto de Estudios Políticos, en el edificio del Senado, inútil para el nuevo régimen.» (Manuel Saizar, “La mentalidad española y la democracia”, Cuadernos de Ruedo ibérico, París, diciembre-enero 1966, nº 4, pág. 84-86.)

1967 «Como es bien sabido ya, el Congreso por la Libertad de la Cultura ha estado siempre en el centro de una actividad polémica que no conoce tregua. Originario de la guerra fría, ha sido atacado por la extrema derecha y por la extrema izquierda. Ahora, que tanto un bando como el otro han perdido su carácter monolítico y que no hay ortodoxias universalmente válidas, le ha tocado al Congreso la hora del análisis y de las revelaciones. La vinculación financiera que tuvo en el pasado con la CIA (siempre alegada por sus enemigos, nunca hasta ahora probada) ha sido plenamente admitida.» (“La CIA y los intelectuales”, Mundo Nuevo, París, julio 1967, nº 13, pág. 1.)

«Robert S. McNamara, Secretario de Defensa del gobierno de los Estados Unidos de América, representa una corriente centrista dentro de la extrema derecha.» (Pensamiento Crítico, La Habana, septiembre de 1967, nº 8, pág. 192.)

1970 «Otro ejemplo más. Raúl Morodo, aporta al homenaje a Aranguren un perspicaz estudio sobre Acción Española, a la que califica como “pensamiento político de extrema derecha”.» (José María Ruiz Gallardón, “Teoría y Sociedad. Homenaje al profesor Aranguren”, ABC, Madrid, 19 noviembre 1970, nº 20175, pág. 3.)

1974 «…denuncia el propósito de la extrema derecha de introducir la violencia, incluso con el sacrificio de vidas humanas, para provocar la reacción del Ejército contra esta vía pacífica hacia la democracia.» (“Declaración de la Junta Democrática de España”, 29 de julio de 1974.)

«En la extrema derecha, los ultras, es decir, los que continúan alentando el espíritu de “cruzada” y de guerra civil, suspirando por otro caudillo que reemplace al declinante y por una política terrorista. En las condiciones nacionales e internacionales de hoy, han quedado reducidos a una minoría que, si intentase recuperar el poder, provocaría un levantamiento general del país en su contra, seguramente a muy breve plazo.» (Santiago Carrillo, “La situación política en España y la aparición de la Junta Democrática”, Nuestra Bandera, septiembre-octubre 1974, nº 76, págs. 3-9.)

1994 «Este introito podría ser interpretado como un trámite galeato, orientado a justificar, mediante la apelación al formato de los “conceptos difusos” de Zadeh, la borrosidad del concepto propuesto de Izquierda o de Derecha, en tanto sus límites no han quedado establecidos de modo muy nítido (la “extrema Derecha” puede estar a gran distancia de la “extrema Izquierda”; pero el “centro Derecha” y el “centro Izquierda” se aproximan muchas veces hasta confundirse en la práctica concreta de una votación presupuestaria o de un reglamento).» (Gustavo Bueno, “La Ética desde la Izquierda”, El Basilisco, Oviedo 1994, nº 17, págs. 3-36.)

2001 «Por de pronto, se viene observando, en las últimas décadas, la tendencia, al menos desde una perspectiva emic a considerar al concepto de derecha (descontando los grupúsculos de extrema derecha) como si tuviera una “extensión 0”. O, dicho de un modo más llano, se viene observando que ningún partido político, ni sus militantes, quieren llamarse, ni ser llamados de derechas, sino de centro. Pero en todo caso, una simple ojeada a la variedad de autodenominaciones (emic, por tanto) de los partidos políticos de izquierdas, que además muchas veces se presentan como incompatibles entre sí (es decir, que rehusarían reconocerse como meras especies de un género), nos autorizará a llegar a la conclusión de que ni la intensión ni la extensión del concepto de izquierda (correlativamente, de derecha) están mínimamente definidas. Podremos escoger: “izquierda unida”, “izquierda política”, “izquierda social”, “izquierda nacional”, “nueva izquierda”, “izquierda radical”, “izquierda democrática”, “izquierda republicana”, “izquierda burguesa”, “extrema izquierda”, “izquierda marxista”, “izquierda anarquista”, “izquierda transformadora”, “tercera izquierda”, “izquierda liberal”, “izquierda cristiana”, “centro izquierda”, “izquierda verde”, &c.; y otro tanto ocurriría con la derecha: “extrema derecha”, “derechas autónomas”, “derecha nacional”, “derecha nacionalista”, “derecha fascista”, &c.» «Ha sido, sin embargo, la igualdad la característica más comúnmente utilizada como definición de la izquierda. Es el criterio que propone Norberto Bobbio, si tenemos en cuenta que la igualdad, tal como él la utiliza, le sirve para cubrir tanto a la extrema izquierda como al centro izquierda (prácticamente: al comunismo y a la socialdemocracia), puesto que diferencia a la izquierda de la derecha, tanto de la extrema derecha (el fascismo) como del centro derecha. Bobbio hace intervenir también, sin duda, en sus definiciones, a la libertad (frente al autoritarismo); pero estas intervenciones tienen lugar en un rango subordinado al que ocupa la igualdad: la igualdad discriminaría izquierdas y derechas, mientras que la libertad subdividiría a la izquierda (en extrema y centro) y a la derecha (en extrema y centro). Esto demuestra el carácter artificioso de la construcción de Bobbio, y su imperfección lógica: su definición de izquierda está hecha a la medida de la socialdemocracia y, por ello, tiene que recurrir al concepto de centro, oponiéndolo a la izquierda, para evitar que en las subdivisiones hubiera que reduplicar o complicar los conceptos.» (Gustavo Bueno, “En torno al concepto de izquierda política”, El Basilisco, Oviedo 2001, nº 29, págs. 3-28.)

gbs