Filosofía en español 
Filosofía en español

“Raza latina”

raza…

1470 «…no aviendo en el Regno de granada discordia, y estando vos con ellos en amystad muy junto, et seyendo avisados de nuestra entrada, por donde paresce entró con más justa Razon el Rey de Granada, et los moros deuen tener mayor enemiga con el conde mi señor et conmigo que con vos, de quien muy buenas obras han Resçebido, et avn allende los demás ya dichos caualleros desta raza que biuen en la çibdad de alcalá et otros continuos della, fasta çinquenta desbarataron el año pasado á ciento et cinquenta caualleros de los mejores de granada, de los quales venia capitán ambran, que fué allí ferido et preso, de donde se concluye que no queda Razon alguna porque vos menos devays confiar del seguro del Rey de Granada que yo, saluo sy la mengua de vuestro temeroso corazon vos enbarga la flaqueza et poquedad, del qual vos fizo decir que venida la liçençia del Rey nuestro señor deuysariades las armas, sauiendo vos ó deuiendo saber ser costumbre general de caualleros deuisar las armas treynta dias antes de venyr al trance, ó á lo menos veynte, et que á quince de agosto verniades á la vuestra villa de aguilar, et que yo fuese á cabra, donde poniendo atalayas de mi parte et de la vuestra verniades con un padrino et un haraute et que yo viniese con otro tanto, et que nos conbatyriamos en el lugar por ellos asygnado…» (VII: Carta del Mariscal don Diego, 29 julio 1470; Documentos relativos al desafío de D. Alonso de Aguilar y D. Diego Fernández de Córdoba, Relaciones de algunos sucesos de los últimos tiempos del Reino de Granada, Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid 1868, pág. 96.)

1522 «2. Item, si saben, creen, vieron o oyeron decir que el dicho N., opositor, y su padre y madre y abuelos y abuelas, y todos los otros sus mayores, ascendientes y antecesores y colaterales, son cristianos viejos y por tales y en tal reputación han sido, fueron y son habidos y tenidos y comúnmente reputados, y nunca se dijo, vió ni oyó decir lo contrario de esto, ni de ello hay ni nunca hubo ni ha habido fama ni rumor alguno, y que si lo hubiera y otra cosa fuera, los testigos lo supieran y lo hobieran oído decir; y que ellos ni ninguno de ellos no es moro, ni judío, ni marrano, ni confeso, ni pagano ni viene ni desciende de casta ni linaje ni origen de ellos, ni tenga tal mácula ni raza, ni el dicho N., opositor, haya estado, ni algún ascendiente o pariente suyo, en la Inquisición, antes son de limpia casta y generación de cristianos viejos, y gente honrada, y por tales siempre habidos y tenidos, y, si saben que tenga alguna raza de ello, o está en forma de tenella, declaren por qué línea y parte le toca, y digan lo que cerca de esto saben, cómo y por qué lo saben y lo que han oído decir de todo lo en esta pregunta contenido.» (Apéndice a las Constituciones del colegio de Santa María de Burgos de la Universidad de Salamanca, 1522; CSIC, Madrid 1962, pág. 290.)

1569 «Estaba en un caballo derivado / de la española raza poderoso, / ancho de cuadra, espeso, bien trabado, / castaño de color, presto, animoso, / veloz en la carrera y alentado, / de grande fuerza y de ímpetu furioso, / y la furia sujeta y corregida / por un débil bocado y blanda brida.» (Alonso de Ercilla, La Araucana, primera parte.)

1573 «…no es mi intención que suceda en mi hacienda el pariente nás cercano del último poseedor por parte de Zúñiga, o Requesens, como ha de suceder en la de sus señorías, sino que en este caso de faltar de todo punto descendientes de varones y hembras de mis señores y padres, se funde un Colegio en la Universidad de Alcalá, del usufructo del dicho mayorazgo, y hecho el edificio se pongan y estudien en él, el número de estudiantes que pareciere que con esta hacienda se pueden sustentar, y que los dos tercios de ellos sean castellanos, y vasallos de la orden de Santiago, entre los cuales han de ser preferidos los que fueren naturales de mi encomienda teniendo las calidades que se requieren. Y el otro tercio han de ser catalanes, y entre estos, preferidos los que fueren naturales de los lugares que yo tengo ahora en Cataluña, es a saber de las baronías de Martorell, y Molín de Rey, teniendo las dichas calidades, que han de ser los unos y los otros limpios de raza de moro y judío, y pobres y virtuosos, y ha de haber en el dicho Colegio, colegiales de gramática, y de artes y Teología, y de Teólogos, que han oído ya su curso, y hacen actos para graduarse, y cada colegiatura de estas han de durar cuatro años, que es el curso que es menester para cada una de estas ciencias.» (Testamento de Luis Requesens, 1573, corde.)

1589 «Ninguno será tan bronco de juicio que niegue la estima de la buena sangre y parentela, y por esto ningún cuerdo quiere mujer con raza de judía, ni de marrana; y Dios prohibió a los hebreos casarse con las mujeres cananeas, hijas de los idólatras, y castigó al rey de Judea Jorán, por haber trabado casamiento con Atalía, hija de padres idólatras, y traidores a Dios, cuales fueron Acab y Jezabel.» (Fray Juan de Pineda, Diálogos familiares de la agricultura cristiana, 1589.)

1604 «He querido referir aquí la opinión que de la gente española, Paulo Jovio tenía del valor en las armas, la moderación y templanza en los sucesos, la prudencia, astucia y sagacidad en las necesidades; y que una raza de español bastaba para abonar a un francés. como dice de monsieur de Lautrec.» (Fray Prudencio de Sandoval, Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V, 1604-1618, corde.)

1611 «Raza, la casta de caballos castizos, a los cuales señalan con hierro para que sean conocidos. Raza en el paño, la hilaza que diferencia de los demás hilos de la trama. Parece haberse dicho cuasi Reaza: porque aza en lengua Toscana vale hilo, y la raza en el paño sobrepuesto desigual. Raza en los linajes se toma en mala parte, como tener alguna raza de Moro, o Judío.» (Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, Madrid 1611, pág. 1209.)

1615 «—¿Quién? –respondió don Quijote–. ¿Quién puede ser sino algún maligno encantador de los muchos invidiosos que me persiguen? Esta raza maldita, nacida en el mundo para escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos, y para dar luz y levantar los fechos de los malos.» (Cervantes, Don Quijote de la Mancha, segunda parte, capítulo xxxii, Madrid 1615.)

1626 «Atribuye esta costumbre Licofrón a los españoles andaluces como también Estrabón a los lusitanos en el libro 3: Cacterum hispani fere omnes peltis usi sunt bello levique armatura latrociniorum causa quales lusítanos diximus jaculo, funda et gladio uti. Porque estos mallorquines son raza de españoles.» (Rodrigo Caro, Días geniales o lúdricos, 1626, corde.)

1736 «4. Es un hecho constante, y notorio a todo el mundo, que los Etíopes son negros; aunque no generalmente como el vulgo juzga; pues en el vasto País, que comprehende la alta, y baja Etiopía, hay Provincias, cuyos habitadores sólo son trigueños, o morenos; y otras donde reina el color aceitunado. Cuál sea el origen de la negrura de los Etíopes, es cuestión, que parece sólo pertenece a la curiosidad filosófica. Sin embargo, en ella se interesa la Religión. 5. Dijeron algunos, que el color negro de los Etíopes es de tal modo natural, y congénito a aquella raza de hombres, que por ningún accidente puede alterarse, ni en ellos, ni en sus sucesores. ¿Tendrá esta opinión algún tropiezo con lo que la divina revelación nos obliga a creer? Parece que no; con todo, le tiene, y gravísimo. […] 16. Lo menos que tiene contra sí esta tercera opinión, es ser perfectamente voluntaria. Lo más es, que no puede conciliarse, sin mucha violencia, con lo que nos enseña la Escritura; de la cual consta, que el Diluvio inundó toda la tierra, y sólo se salvó de la inundación la familia de Noé; por consiguiente, todos los hombres que hay hoy en el mundo, incluyendo Etíopes, Chinos, y Americanos, descienden de los hijos de Noé: luego no hay lugar a la determinación de colores de algunas particulares Naciones, atribuyéndolos a su descendencia de razas separadas de la familia de Noé. […] 19. Añádese, que en el sagrado Texto es expreso, que el motivo que tuvo Dios para inducir sobre la tierra aquella extraordinaria calamidad, fue la perversidad de costumbres, que reinaban en todo el linaje humano. Esta corrupción se explica tan general, que no deja lugar a la excepción de alguna gente, nación, raza, ni aun familia, sino la de Noé.» (Feijoo, “Color etiópico”, Teatro crítico universal, tomo séptimo, discurso tercero, Madrid 1736.)

1737 «Raza, s. f. Casta o calidad del origen o linaje. Hablando de los hombres, se toma muy regularmente en mala parte. Es del Latino Radix. Lat. Genus. Stirps. Etiam, generis macula, vel ignominia. Definic. de Calatr. tit. 6. cap. 1. Ordenamos y mandamos que ninguna persona, de cualquier calidad y condición que fuere, sea recibida a la dicha Orden, ni se le de el Hábito, sino fuere Hijodalgo, al fuero de España, de partes de padre y madre y de abuelos de entrambas partes, y de legítimo matrimonio nacido, y que no le toque raza de Judío, Moro, Hereje, ni Villano.» (Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana, Madrid 1737, tomo quinto, pág. 500.)

1743 «6. Genus unde Latinum. Æneas found the Latins in Italy, how then could they be derived from him? Some solve the Difficulty by referring unde to Latio, from which Country sprung the Latin Race; but because unde seems better referred to the Action of Æneas, Servius offers another Solution, that Æneas, who, instead of using a Conqueror's Right to change or abolish the Latin Name, incorporated them and his Trojans into one Body, under the common Name of Latins, may justly be called the Founder of a Race he thus saved from Ruin and Extinction.» (The first book or the Æneid of Virgil, translated into english prose, Londres 1743, vol. 1, nota 6, pág. 4.)

1747 «30. Estas mestizas o mulatas, desde el segundo grado hasta el cuarto y quinto, se dan generalmente a la vida licenciosa, aunque entre ellas no es reputada por tal, mediante el que miran con indiferencia el estado de casarse con sujeto de su igual al de amancebarse; pero aún es tanta la corruptela de aquellos países, que tienen por más honorífico esto último cuando consiguen en ello las ventajas que no podrían lograr por medio del matrimonio. No son sólo las mujeres comprendidas en las clases de mestizas o mulatas las únicas que se mantienen en esta moda de vida, porque al mismo respecto entran en ellas las que, habiendo salido enteramente de la raza de indios o de negros, ya se reputan y están tenidas por españolas.» (Jorge Juan, Noticias secretas de América, 1747, corde.)

1748 «Esta es la ultima que participa de las castas de negro, y, quando llegan á este grado, no es perceptible la diferencia entre los blancos ellos por el color ni facciones; y aun suelen ser mas blancos que los mismos españoles. La generacion de blanco y quinterón se llama yá español, y se considera como fuera de toda raza de negro, aunque sus abuelos, que suelen vivir, se distinguen muy poco de los mulatos.» (Antonio de Ulloa, Viaje al reino del Perú, 1748, corde.)

1772 «Por este termino. considerado lo que se han mudado aquellos Países en los primeros tres siglos despues de su descubrimiento y Conquista, se puede suponer, que en el discurso de otros tantos serán muy pocos los restos de Indios civilizados que subsistan, y que con la confusion de mezclas de castas Europea, Africana, é India, vendrán á poblarse enteramente de una raza mixta que participara de todas, sin ser perfectamente de ninguna de las primitivas. Aquel Mundo, nuevo á la verdad para las gentes que no lo conocian, podrá serlo tambien en sus Pobladores, respecto de las otras partes. Los vecindarios de los Pueblos del Perú se componen en gran parte de Mestizos, que son dimanados de la generacion de Blancos y Indios, cuyas razas ván despues haciendo por grados otras distintas.» (Antonio de Ulloa, Noticias americanas, 1772, corde.)

1789 «Inca, propiamente significa hijo del Sol o descendiente de la luminosa raza. No obstante, por antonomasia se dice Inca o Inca-cápac el Monarca reinante o Emperador.» «Si Huaynacápac fue el más famoso entre todos los Incas, por su poder y su gobierno feliz, no lo fue menos por haber dilatado la espléndida raza del Sol como ninguno.» «Su distrito fue uno de los que ocupó antiguamente la espantosa raza de los gigantes, sobre cuyas memorias, vestigios de estupendas fábricas, estatuas colosales de piedra.» (Juan de Velasco [presbítero jesuita], Historia del reino de Quito en la América Meridional, 1789, págs. 57, 76, 384, corde.)

1808 «Proclama a los valencianos. […] Estas hazañas, que estoy viendo ya con mis propios ojos, enardecerán más vehementemente vuestros ánimos, y nada os podrá contener hasta que paséis los Pirineos, y tengáis en cadenas el más perverso de los hombres, al pérfido Napoleón. No permitáis que este monstruo goce mucho tiempo del fruto de su perfidia: o que os restituye a vuestro joven y amado Rey Fernando, o hacedle morir en un cadalso, acabando en seguida con toda la maldita raza de los Bonapartes, que tanto daño causan en nuestra España, y han causado en todo el resto de la Europa.» (Diario político de Mallorca, del jueves 30 de junio de 1808, nº 16, pág. 64.)»

1809 «Proclama del Austria. Francisco I Emperador de Alemania y Rey de Hungría: la paz de Tilsit tenía devastada la Alemania. Esta conducta de Napoleón, y lo ejecutado con la familia de los Borbones, nos hace despertar del letargo en que yacíamos, y publicar a la faz del universo, que la Francia no quiere la paz. Guerra, pues, a los Franceses: guerra eterna a Napoleón ¡y su dinastía sea borrada del catálogo de los Reyes de Europa! Alemanes, ya no es tiempo de traición: Mack no mandará: Yo soy el primer soldado de Alemania: los Jefes que os gobernarán serán todos de mi familia: Carlos, mi augusto hermano, penetrará la Baviera con ciento cincuenta mil hombres: Fernando ocupará el Tirol con ochenta mil: Juan deshará la Confederación del Rhin con ciento cincuenta mil; y Yo como General en Jefe del ejército del centro, habilitaré a todos con un millón de soldados, que ya saben marchar al frente del enemigo: vencer o morir sea nuestro lenguaje, hasta que perezca de una vez la mala raza francesa. La Rusia, nuestra aliada íntima, nos da confianza. La sublime Puerta nos ayuda. La España triunfa; el Inglés, siempre generoso, nos socorre con cuantiosas sumas de dinero. Al arma, soldador. La Europa entera nos admira, y triunfaremos del déspota cruel, y de toda la canalla. Y ¿quién temerá? El cobarde vayase a su casa, y no sea contado en el número de los hombres. (Corr. Polit. Liter. de Córdoba.)» (Diario mercantil de Cádiz, del domingo 16 de abril de 1809, nº 106, págs. 523-524.)

1811 «Los ultrajes que el pueblo español ha recibido de esa raza infame de hombres, que acaudilla Napoleón Bonaparte, son de tal naturaleza, que es imposible recordarlos sn estremecerse, y jamás pueden apartarse de la memoria de los que los han sufrido. Humea la sangre de las víctimas inmoladas por esos bárbaros y llegan al cielo los lamentos de los míseros atormentados con la crueldad más atroz, y la más vil alevosía.» (Diario mercantil de Cádiz, del viernes 26 de abril de 1811, pág. 1.)

1812 «Unámonos como hermanos que somos, y salga de entre nosotros la manzana de la discordia; arranquemos la cizaña europea; esa raza dañina que vive del monopolio y las intrigas, con que nos obliga a batirnos, gloriándose de la muerte de todos nosotros como de enemigos menos.» «Don Félix Azara, que no es hombre de espantarse con la Escritura, ni decisiones de Roma, pretende persuadir, que los indios son una raza anterior al diluvio universal, media entre los hombres y los cuadrúpedos, y por consiguiente que no desciende de Adán.» (José Servando de Mier Noriega y Guerra [presbítero dominico], Segunda carta de un americano a El Español, 16 de mayo de 1812.)

1813 «De L'Allemagne. Observations générales. On peut rapporter l'origine des principales nations de l'Europe à trois grandes races différentes: la race latine, la race germanique, et la race esclavonne. Les Italiens, les Français, les Espagnols et les Portugais ont reçu des Romains leur civilisation et leur langage; les Allemands, les Suisses, les Anglais, les Suédois, les Danois et les Hollandais sont des peuples teutoniques; enfin, parmi les Esclavons, les Polonais et les Russes occupent le premier rang. Les nations dont la culture intellectuelle est d'origine latine, sont plus anciennement civilisées que les autres; elles ont pour la plupart hérité de l'habile sagacité des Romains, dans le maniement des affaires de ce monde. Des institutions sociales, fondées sur la religion païenne, ont précédé chez elles l'établissement du christianisme; et quand les peuples du Nord sont venus les conquérir, ces peuples ont adopté, à beaucoup d'égards, les mœurs du pays dont ils étoient les vainqueurs.» (Madame de Staël [1766-1817], De L'Allemagne, par Mme la Baronne de Staël Holstein, seconde édition, París 1813, pp. 1-2.)

1823 «El descubrimiento del Nuevo Mundo fija la época sublime de la regeneración de la raza humana.» (José María Heredia, Revisión de obras IV, 1823, corde.)

1835 «Don Álvaro ¡Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción...!» (Duque de Rivas, Don Álvaro o la fuerza del sino, 1835.)

1836 «A consecuencia de esta retirada de la comunidad germánica, quien abandonando los campos se replegó a la ciudad romana, hubo fusión entre la raza germánica de los Arimanes, libres propietarios del campo, y los ciudadanos de las ciudades latinas. Estos habiéndose engrandecido por el tráfico, sin poder aspirar a la libertad política, se la inocularon por esta fusión imprevista.» (El Barón de Eckstein, “De la democracia en América. Artículo 1.º”, El Español,, Madrid, domingo 7 de agosto de 1836, nº 281, pág. 2.)

1840 «Civilización, ciencias y letras. 965-1333. La civilización de la Polonia no data realmente sino desde la introducción del cristianismo. Boleslao el Grande, fundador del poder nacional, fue también el primero que trató de reformar la educación de su pueblo, llamando en su ayuda, para tan notable objeto, al clero extranjero. La fundación de los benedictinos, el año 1008, en Sieciechow y en Lysa-Cora, hizo en poco tiempo grandes progresos y prestó servicios muy señalados. Limitábase en aquella época toda la ciencia en saber leer y escribir en latín, cantar con cierto conocimiento y método en la iglesia, el evangelio y la epístola. El clero era el único iniciado en las crónicas. Casimiro I, a su regreso de Lieja, trajo en su compañía muchos eclesiásticos franceses muy instruidos; y los obispos, por su parte, se dedicaron con un celo admirable a la organización de las escuelas. “Las relaciones científicas con los pueblos de la raza latina, dice Podezaszynski, proporcionaban a los Polacos estar al corriente de los conocimientos de la literatura romana. Gallus certifica que los Polacos conocían ya los libros en el siglo undécimo, y existen pruebas irrecusables de que al principio del siglo duodécimo existían en Polonia muchos manuscritos. Mateo Cholewa, obispo de Cracovia, en 1166, cita muy a menudo el digesto romano, descubierto en Amalfi, treinta años antes de la citada época.” Mr. Lelewe asegura que las escuelas y las bibliotecas polacas se hallaban en un estado floreciente a principios del siglo duodécimo, y que seguían el estado de progreso que hacían los pueblos de raza latina.» (Carlos Foster, Historia de la Polonia, Imprenta de la Guardia Nacional, Barcelona 1840, pág. 203.)

1844 «Los que están pensando que la economía política es la economía en los gastos, y confunden una ciencia con la buena administración de los caudales públicos; los que citan a un enemigo de la revolución francesa como modelo, en los países nuevos de raza latina, cuando se trata de luchar contra la raza anglo-sajona, quieren emplear el sofisma hasta el último punto. Crea en hora buena el señor diputado que son sus hermanos los norte-americanos que quieren tomarse a Tejas, y que nos van a hacer felices usurpándose nuestros derechos y robándose nuestro territorio, nosotros creemos lo contrario. Ignorantes, famélicos, bajos y cuanto quiera llamarnos la Abeja, seríamos, si escribiéramos lo que no conviniera a nuestra patria. Pero no tememos merecer tales apodos, mientras algunos han hecho sospechar que no se interesan, como debieran, por la independencia y honor de la nación.» (“Calumnias de la oposición” [esto dice la Abeja en su número del 22 del corriente], Diario del Gobierno de la República Mexicana,, México, miércoles 30 de octubre de 1844, nº 3417, pág. 3.)

1847 «Por un lado las opiniones liberales de Mr. Polk y de sus consejeros, y por el otro, la invasión de los Yankis en el antiguo imperio de Motezuma, invasión que la raza latina del viejo mundo debiera haber reprobado altamente, aunque no fuera mas que porque las generaciones futuras no dijeran que los pueblos del Mediodía de Europa han visto impávidos perecer en nuestros días a sus hermanos del nuevo continente bajo los atrevidos golpes de la raza del norte, pero invasión que mirada bajo el punto de vista de los intereses comerciales causará indudablemente una revolución favorable en sentido liberal, destruyendo tarde o temprano el absurdo sistema de aduanas que la unión mejicana había heredado del gobierno español, perfeccionándolo en el sentido más restrictivo…» (“Buenos efectos de la reforma liberal en los aranceles de la Unión americana”, El Propagador de la libertad de comercio, Cádiz, sábado 24 de julio de 1847, pág. 3.)

1848 «En suma, el contraste aparece tan claro, que un arqueólogo novicio se engañaría con dificultad atribuyendo tal o cual sepulcro a una u otra de las dos naciones, de donde se deduce la distancia inmensa que separaba a los etruscos de la raza latina, no obstante haber tomado estos a los primeros sus leyes, su religión, sus ceremonias, sus fiestas, sus artes y sus instrumentos de guerra.» (“Arqueología. Sepulcros etruscos, artículo II.”, El Clamor Público, periódico del partido liberal, Madrid, viernes 7 de abril de 1848, pág. 3.)

«En el segundo de los opúsculos citados, el juicio crítico de la obra del señor Morón se hace todavía más notable por su mayor precisión la dote principal que hemos dicho distinguir al señor Donoso, es decir, la facultad de abstraer, no solo las doctrinas y los principios, sino también los hechos históricos. […] “El pueblo asiático es el pueblo de la contemplación y del ascetismo; el griego el de la inteligencia; el romano, el pueblo político, el pueblo legislador y guerrero. En el Oriente, el principio de la autoridad y el de la libertad están representados por dos diferentes naciones (la India y la Persia): en la Grecia, por dos ciudades enemigas (Atenas y Esparta): en el pueblo romano, por una sola ciudad que los encierra en sus muros. Roma por sí sola es lo que la India y la Persia; lo que Atenas y Esparta: defienden el principio de la autoridad, la raza sacerdotal, la raza etrusca; y la libertad, la raza latina: combate por la segunda aquella plebe magnánima que ganó con la paciencia el derecho a la victoria: defiende la primera el Senado, aquella magistratura excelsa, la más grande entre todas las magistraturas humanas. Único representante a un tiempo mismo de la autoridad y de la libertad, esas dos verdades que, separadas entre sí, son incompletas, y que juntas constituyen toda la ciencia política, el pueblo romano pudo dominar a los pueblos y avasallar a las naciones. Con su principio de libertad se asimilaba la civilización griega: con su principio de autoridad, las civilizaciones asiáticas; con ambos el mundo.” Dejamos de propósito hablar al mismo Sr. Donoso…» (G. T., “Bibliografía. Colección escogida de los escritos del señor don Juan Donoso Cortés”, La España, Madrid, sábado, 1º de julio de 1848, pág. 4.)

«El propósito de aquella dieta era, sin embargo, grande. Se trataba de buscar en las profundidades de la historia las afinidades de las razas que la tiranía había repartido en fracciones y reinos separados, contra las indicaciones de la naturaleza. Ante el movimiento que se obra en los pueblos de raza latina del medio día de Europa, querían ver los de Francfort qué había de ser lo que más conviniera a la raza germánica. Mantenerse estacionaria era lo mismo que condenarse a ser más o menos tarde removida por los impulsos violentos de una revolución.» (Juan Martínez Villergas, “Dieta de Francfort”, Don Circunstancias. Periódico satírico-político-liberal, Madrid, 27 de agosto de 1848, brochazo 3, página 40.)

1849 «El estoico era un epicúreo espiritual; era un fanático del egoísmo; era como los discípulos de la escuela Hegediana, un adorador de su misma divinidad que se inmolaba por ella en desprecio de Dios y de sus semejantes. Algunos han querido comparar la moral estoica con la moral cristiana. ¡Sacrílega comparación, señores! La doctrina de Cristo colocó el suicidio en el número de los crímenes capitales; entre esas dos creencias, esta diferencia sola abre un abismo. Mientras que esto pasaba en la raza latina, los pueblos septentrionales traían de sus regiones aquel sentimiento de independencia personal, de aislamiento y de suficiencia, que modificó de una manera tan esencial las naciones formadas de la familia germánica y escandinava. Por último, cuando la grande invasión se consumó, cuando la tiranía de aquellos emperadores sin legitimidad y sin grandeza, llegó a sus últimos extremos, las inmensas desgracias, las calamidades horribles que vieron los hombres y que experimentaron los pueblos, acabaron de introducir en los ánimos aquel profundo y desconsolado egoísmo, que acompaña siempre o que sigue irremisiblemente a los infortunios sin remedio ni esperanza. ¿Pero y el cristianismo, me diréis? Permitidme, señores, que yo no tome en cuenta ahora para mi propósito la influencia y la predicación cristiana. De ella tengo que ocuparme deliberadamente y a su tiempo. Cuando estoy hablando de los sentimientos e instituciones de los hombres, no me cumple dar cabida a una doctrina que no tiene contacto ni filiación con ningún sistema humano; que no es principio ni continuación de nada, sino el complemento de todo. Porque, señores, la doctrina de Jesucristo y de sus apóstoles, no es individualismo ni socialismo, y la ciencia blasfemaría si contara a Jesucristo entre los filósofos. El hombre, señores, que estudia la filosofía y la historia, tiene que anonadarse de admiración y postrarse delante del evangelio como San Pablo, cuando oyó la voz que le llamaba. Jesucristo es al pie de la letra lo que dice San Juan; la palabra de Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros.» (“Lecciones del señor Pastor Díaz sobre las relaciones actuales entre la sociedad y el gobierno. Lección tercera,” La Patria, Madrid, martes 10 de abril de 1849, pág. 4.)

«Entre los varios puntos de vista en que puede considerarse esta obra, lo es, en nuestro modo de ver, uno, y tan importante para el estadista como para el filósofo, el abatimiento político de la raza latina. Desde la destrucción del imperio de occidente, desde la formación de los estados actuales en el fecundo caos de la edad medía, desde la organización de la moderna Europa en el siglo XV, nunca lo habían presenciado igual nuestros mayores. Esta postración que alcanzamos, que señalamos en este instante, es un hecho de gran importancia, y cuyo influjo en el porvenir vanamente se querrá desconocer. Las cinco grandes potencias cristianas al comenzar el siglo XVI, eran España, Francia, Venecia, Inglaterra y el Imperio alemán. De estas cinco, las tres primeras eran latinas, y la quinta tenía pretensiones de serlo como sucesora del imperio de occidente. Solo la cuarta era de origen anglosajón y normando. En Italia, en Francia, en nuestra Península, el primitivo elemento había absorbido al elemento bárbaro, y la índole romana constituía el carácter de la sociedad entera. Los estados latinos estaban, pues, indudablemente en mayoría. En el siglo XVII España, Francia, el Imperio continuaban siendo potencias de primer orden. Venecia decaía constantemente: Inglaterra experimentaba las alternativas de su revolución. Un momento hubo en que la Suecia le arrebató su papel, y ocupó su lugar en las cuestiones generales. Mas aun admitiendo esa accesión misma, Francia, España y el Imperio eran las tres principales potencias de la Europa. Las cuestiones de dominación entre España y Francia, entre dos pueblos latinos se debatían.» (“Europa”, La Patria, Madrid, viernes 21 de septiembre de 1849, pág. 1.)

«De Berlín dicen a la Gaceta de Colonia el 12 lo que sigue: “El Austria ha presentado por fin proposiciones oficiales relativas a la Constitución alemana, y parece que la Prusia no las ha desechado en los términos que ahora vienen. Para la creación de un órgano provisional que represente la Confederación entera son partes contratantes de un lado, la Prusia y sus aliadas que nombrarán dos comisarios, y del otro, el Austria y los Estados que no han accedido al tratado de los tres reyes, cuya parte nombrará igualmente otros dos comisarios. Ha sido descartado el papel de mediador que la Baviera había improvisado; pero todavía se habla de M. Radowtz para ocupar en la comisión una plaza a nombramiento de la Rusia.” ¡De modo que el Czar tendría a ser el tercero en discordia! Estamos por ponernos á llorar como La Patria de hoy sobre el peligro que amenaza a la raza latina, que a muchos nos parece ya muy griega.» (La Esperanza, periódico monárquico, Viernes, 21 de setiembre de 1849, pág. 4.)

1851 «Madrid 23 de agosto. Según vemos en los periódicos extranjeros, se ha establecido en París un comité francés-español-italiano, cuyo objeto es desenvolver rápidamente el principio democrático, llevándolo hasta su última fórmula política: a la república. Extráñanos sin embargo no leer ningún nombre español entre los firmantes del manifiesto que ha dado para demostrar la necesidad de su constitución, haciendo luego un resumen de sus doctrinas. Este documento, redactado, a lo que parece, por el abate Lamennais, está autorizado además por los representantes del pueblo, pertenecientes al partido de la Montaña, Joly, Mathieu (de la Drome), V Schoelcher, Baune, Bertholon, Lasteyras y Michel (de Bourges.) Tratase en los primeros capítulos de probar cuan indispensable es actualmente la solidaridad práctica de los pueblos, no solo para desbaratar la coalición de la tiranía, sino para que todas las naciones entren de lleno en el camino del progreso. Pásase en seguida a la apreciación de las situaciones en que respectivamente se encuentran Francia, España e Italia, los tres pueblos de raza latina que deben ser el núcleo de la gran reforma, echando una mirada rápida sobre su historia y sus vicisitudes. Por último, proclamándose socialistas los individuos del comité, aunque rechazando las teorías erróneas e irrealizables de los sectarios, se defienden de las imputaciones de que son blanco por lo general los que tales máximas defienden, declarándose amantes y partidarios de la religión, de la familia y de la propiedad, si bien consideran estos tres principios de todo orden social bajo un punto de vista particular.» (El Genio de la Libertad, Palma de Mallorca, domingo 7 de septiembre de 1851, pág. 1.)

«Revista diplomática. Esta liga, digna de todos nuestros elogios, se ha manifestado ya en la cámara de Darmstadt y se reproducirá en el senado de Francfort. Esta liga influirá poderosamente para que los gobiernos débiles de la Alemania se resistan a adoptar como leyes de sus Estados los decretos liberticidas preparados por la Dieta. Para esta grande obra de reconstrucción cuenta con las simpatías de todos los liberales de Europa, porque en la emancipación de los pueblos germánicos y eslavos estriba la independencia y la libertad de toda la raza latina. Por eso casi al mismo tiempo que los procónsules de Viena pregonaban tan solemnemente en las calles de Pesth la sentencia de muerte del heroico gobernador de la Hungría, las orillas del Mediterráneo repetían el eco de las aclamaciones con que los entusiastas patriotas de Spezia acogían a Luis Kossuth, de quien el pueblo magiar aguarda su salvación.» (La Nación, periódico progresista constitucional, Madrid, domingo 5 de octubre de 1851, pág. 2.)

«Vacilantes hemos estado estos días sobre si debíamos hablar de los furibundos artículos que la prensa progresista y aún parte de la moderada, han escrito con motivo del Concordato y de la Alocución pontificia. […] Pero aún hay más, en esos artículos se dice todavía más, si es que todavía cabe decir más: en ellos se hallan literales estas espantosas palabras: “Vivimos en plena insurrección contra la autoridad sobre el espíritu, y el soplo cristiano del arzobispo de Spoleto no puede reanimar la moribunda lámpara de la fe romana. Lo que Dios abandonó a la voluntad de los hombros, las creencias, no le es dable a un débil Pontífice negarlo a un pueblo entero... La Iglesia católica será la Iglesia más universal de España, porque estriba sobre la ancha base de la unidad nacional tan costosamente adquirida; pero la libertad y el interés, agentes misteriosos de la Providencia, romperán esas murallas de granito con que hoy el jesuitismo pretende cerrar la entrada a la verdad. Al vibrante eco de las decisiones soberanas vendrán a tierra las débiles Bastillas de ese Jericó del fanatismo. España no ocupará en el mapa de Europa un lugar menos honroso que Portugal, en donde la ley del Sinaí y la reforma de Lutero viven en paz con el Evangelio; porque Pío IX acudió en vano a impedir la entrada al Atila de la tolerancia religiosa. Si la furiosa persecución se emplease como el solo medio de conservar la unidad del culto, y el reinado del exclusivismo católico durase mucho tiempo, entonces nos humillaríamos ante los decretos de la Providencia por haber dado a Pío IX la misión de León X. Este empujó a la raza germánica fuera de la comunión de Roma, aquel precipitará a la raza latina a que abrace el protestantismo de la indiferencia, la religión del escepticismo... La España mirará la alocución del 5 de setiembre como la bula de León X; y si en Wittemberg fue quemada por un monje, aquí será recogida por el partido liberal como el acta de su enemistad con la corte de Roma”.» (El Católico, Madrid, martes 28 de octubre de 1851, pág. 1.)

«El sábado traía La Nación un artículo en que se leen los pasajes siguientes: […] “Potemkin no hizo mas que formular la política constante de los herederos de Pedro el Grande cuando escribió en una provincia meridional de Rusia estas significativas palabras: camino de Bizancio. Constantinopla es la llave de Europa; y el instinto de la raza eslava es subyugar a la raza latina. Los escuadrones imperiales aguardan impacientes que salga de sus roncas cornetas el toque de bota-sillas para abandonar sus incultos bosques y lanzarse como una tempestad sobre nuestras fértiles campiñas”.» (La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, martes 4 de noviembre de 1851, pág. 3. Diario Constitucional de Mallorca, Palma, viernes 28 de noviembre de 1851, pág. 2.)

1852 «Tal es el carácter que distingue especialmente a las dos grandes familias, ya diversificadas entre sí, de la raza anglo-sajona; la europea y la americana. Cuando sus empresas son vituperables en sí mismas, ninguna excusa les queda en el sentimiento que las ha producido, porque ese sentimiento es también vituperable de suyo. Y si, por el contrario, la empresa acometida acarrea bienes a la humanidad, la gratitud de esta y la admiración que causa toda gran dificultad vencida, se fija en el hecho, sin pasar casi nunca al autor, cuyos impulsos fueron de mas rastrera naturaleza que su obra. La humanidad no puede hacerse verdaderamente admiradora mas que de sentimientos elevados; y esta es la razón por la que a pesar de su decadencia, la raza latina y germánica conserva su supremacía en los espíritus, mientras que la sajona la conquista en el orden de los hechos. Los ingleses y anglo-americanos sirven hoy, en efecto, de mensajeros a la civilización en países apenas hollados todavía por plantas extrañas; son sus más infatigables operarios, y la perseverancia de que dan muestras raya verdaderamente en asombrosa.» (“[Importancia del acercamiento de Estados Unidos a Japón]”, La España, Madrid, miércoles 12 de mayo de 1852.)

«La humanidad no puede hacerse verdaderamente admiradora más que de sentimientos elevados; y esta es la razón por la que a pesar de su decadencia, la raza latina y germánica conserva su supremacía en los espíritus, mientras que la sajona la conquista en el orden de los hechos.» (“Espíritu de la prensa. De La España”, Diario de Palma, Palma de Mallorca, viernes 21 de mayo de 1852, pág. 1.)

«Así decae visiblemente la raza latina, y presenta por todas partes síntomas seguros de disolución. En el ínterin va creciendo la raza anglo-sajona que adelantándose de un lado por las Indias y del otro por el océano Pacífico toca ya con sus manos al inmenso Imperio de la China. Inglaterra y los Estados Unidos son los dos polos en que gira la civilización humana. Esa República es el coloso hacia el cual se hace preciso dirigir la vista, porque de el dependerá muy pronto el porvenir del mundo. Cuando se haya apoderado del golfo de Méjico; cuando quede satisfecha, su ambición en el Nuevo continente, creerá llegada la hora de intervenir en las cuestiones que están agitando a Europa. Y entonces, como democracia y como República, la Unión americana se pronunciará contra los gobiernos tradicionales, contra los poderes de derecho divino, contra toda clase de monopolios. Para conocer que este día ha de llegar muy pronto, no hay sino contemplar los progresos de su marina, industria y comercio; su actividad y portentosa abundancia de recursos, y sus numerosos caminos y canales, que parecen a lo lejos líneas tiradas caprichosamente en el espacio.» (“Revista diplomática”, El Clamor Público, periódico del partido liberal, Madrid, sábado 26 de junio de 1852, pág. 2.)

«A principios del siglo, acaso hubiera excitado la risa del desdén y de la incredulidad el pensamiento de fundar una caja de ahorros: se han establecido, en efecto, y a pesar de los toros y la taberna, y los rayos del sol del mediodía, y la degeneración de la raza latina, y las otras causas que se traen al debate siempre que se trata de explicar nuestro atraso, y lo que es peor, nuestra imposibilidad de adelantar, han prosperado de un modo maravilloso, no solo sin estímulo artificial, sino teniendo que vencer las contrariedades que proceden de la estrechez de la base sobre que descansa el nuevo edificio.» (Editorial, El Heraldo de la mañana, Madrid, 14 de octubre de 1852, pág. 1.)

«El Diario Español se hace cargo del giro que van tomando los negocios en el imperio turco: […] El ciego fanatismo turco con sus tendencias anti-civilizadoras, y a su lado el instinto de otra raza cismática y semi-bárbara; el genio de la Europa protestante representado por el espíritu materialista, mercantil y civilizador de la raza anglo-sajona; y por último, el genio espiritualista de la civilización católica, representado por la raza latina. Contra el fanatismo turco y las tendencias moscovitas, la Europa occidental no puede menos de optar por las tendencias cristianas y civilizadoras de la Inglaterra y de la Francia, así como entre las tendencias de estos dos países que, reconociendo un mismo origen, representan, sin embargo, principios diferentes y tienen por objeto dos órdenes distintos de ideas, la Europa católica debe forzosamente decidirse por las que la Francia tiene la misión de representar.» (La Nación, periódico progresista constitucional, Madrid, jueves 4 de noviembre de 1852, pág. 2.)

«Lo que estamos viendo en el mundo debería dejarnos plenamente convencidos. La raza teutónica prospera de un modo pasmoso en Europa y en América: la raza latina ha perdido parte de su virilidad: en los Estados-Unidos y en la Gran Bretaña, a semejanza de los antiguos guerreros, el hombre fía en Dios y en el vigor de su brazo el éxito de las empresas que acomete; y sale airoso, y crece en poder y en riqueza. En los países meridionales del continente, por causas que no son de este lugar, el individuo vuelve a cada paso los ojos al estado, y diga por nosotros la historia contemporánea los efectos de hábito semejante. El self government será más o menos cuestionable en la región política: pero en la económica es, a no dudarlo, el principio regenerador a que deben los pueblos que de él están animados, esos progresos que excitan nuestra admiración y condenan nuestra incuria y nuestra pereza.» (Editorial, El Heraldo de la mañana, Madrid, 9 de noviembre de 1852, pág. 1.)

«El asunto propuesto por la Academia de San Fernando para el ejercicio último y decisivo de los jóvenes aspirantes a la pensión en Roma, es el momento en que Cornelia, madre de los Gracos, correspondiendo a la invitación de una dama Campaniana, amiga suya, le presenta sus joyas, esto es, sus hijos Cayo y Tiberio, dándole así una lección, aunque amarga delicada, e indicándole que el orgullo de la mujer no debe fundarse en la posesión de valerosas preseas, sino en la buena crianza de los hijos. […] Y ¿quién al ver el cuadro premiado por exigua mayoría de académicos, reconoce en él la noble y severa majestad de las costumbres romanas? ¿Quién los rasgos vigorosos de aquella hermosa raza latina, asombro de los pueblos y de las naciones, en la época de su más augusta virilidad? No vacilamos en afirmar que nadie, porque no hay modo alguno de encontrar lo que no existe. Tipos de una belleza vulgar en cualquiera población de España; tipos que ninguna conexión tienen con los romanos que nos ofrecen la historia y los monumentos; tipos, en fin, que a tiro de ballesta descubren su pertenencia a la actual degeneración de la enérgica raza latina, son los que decoran el cuadro del Sr. Lozano que en esta, como en otras muchas dotes, es inferiorísimo al de su desairado rival el Sr. Hernández.» (Manuel Cañete, “Bellas Artes. Cuadros de los aspirantes a la pensión de pintura en Roma”, El Heraldo, periódico político, religioso, literario e industrial, Madrid, 21 de diciembre de 1852, pág. 3.)

en proceso

1856 «A éste propósito y aun a riesgo de involucrar la cuestión, séame permitido añadir por vía de episodio que considerada la idea de la alianza hispano-americana el punto de vista más elevado que el político, e internacional, y con relación a un tiempo más lejano que el porvenir de algunos lustros, la realización de una alianza íntima estaría aconsejada no solo como defensa de la raza hispano americana sino de toda la raza latina. Porque la lucha que aquí se sostiene, si se la mira en su generalidad y en más vasta esfera que la de éste hemisferio, es la lucha entre el elemento latino y el anglo-sajón, lucha que cuenta muchos siglos de existencia, y que no tiene solo por teatro al nuevo mundo sino que comprende todas las zonas y se encuentra en todas las latitudes. La raza latina era Señora exclusiva del mundo cuando la anglo-sajona y la eslava hoy tan vigorosas y amenazadoras se hallaban en la obscuridad y en la barbarie. Entonces la raza latina cuyo poderío no había tenido ejemplo en lo pasado, se halló reunida en un solo cuerpo de nación. Esta unidad política se quebrantó con la invasión de los bárbaros y con la caída del Imperio Romano; pero la raza aunque fraccionada sobrevivió a aquel cataclismo, y aun volvió hasta cierto punto a unirse bajo el cetro de los Monarcas de Castilla, extendiendo sus dominios por el vasto mundo de Colón. Pero la raza latina principió a declinar hace dos siglos en virtud de la ley de alternativa de todos los seres físicos y morales, al paso que en dicha época ha adquirido la anglo sajona una prepotencia desmesurada, prepotencia que la hace dueña del presente, y que solo puede recelar del crecimiento progresivo con que la amenaza la raza eslava en los futuros destinos humanos.» (Facundo Goñi López, Despacho fechado en Guatemala el 30 de junio de 1856.)

1858 «La raza latina puede ejercer en el Nuevo Mundo un apostolado superior a la raza anglo-sajona. Y la razón es sencilla. Raza artista, raza guerrera, dada a la disciplina, a la unidad, a la concentración de sus fuerzas, raza eminentemente social; la raza latina puede hacer más, mucho más que la raza anglo-sajona en el Nuevo Mundo. Examinad los caracteres de esta raza. No es humanitaria; su carácter, sus tendencias, su misma literatura, son eminentemente particulares y locales. El anglo-sajón no trabaja por una idea, trabaja por el comercio. El anglo-sajón, encerrado en su propio individualismo, no tiene por los pueblos ni por la humanidad esa simpatía vivísima que es el gran blasón de la raza latina. Sus victorias solo a él interesan lo mismo que sus derrotas. Doquier se presenta, más que un pueblo que educar, más que una raza que fortalecer, busca una gran factoría donde poder ejercitar su comercio. Teniendo sobre la raza latina el envidiable privilegio de reconocer como base de todos sus gobiernos los derechos fundamentales humanos, parece que aislado y solo en el trono augusto de su personalidad inviolable y sagrada, se cree rey de las otras razas. Y así, no hay idea que haya venido al mundo por la raza anglo-sajona. Esa raza tuvo su revolución antes, mucho antes que el continente, y sin embargo, esa revolución se quedó aislada en su isla. Para que la idea del siglo penetrara en el mundo; para que electrizara los aires; para que se hiciese humana, fue necesario que otra raza más cosmopolita, más humana, más simpática, la hiciera suya, la regara con su sangre, la diera el acento de su inspirada palabra y el inmenso ardor de su alma. Y esa raza fue la raza latina personificada en la Francia. Cuando Inglaterra habló, los pueblos se quedaron mudos. Cuando la raza latina habla, los pueblos hablan con ella, porque tiene el poder soberano del genio, y la fuerza que le dan para las épocas de grande educación social sus tendencias a la unidad. Y lo que sucedió con la revolución política sucedió antes con la gran revolución filosófica. El escolasticismo tocaba a su término, se había poco a poco tornado infecundo aquel sistema, que había sido el régimen de las inteligencias en la Edad Media, tan extendido como el pontificado, tan poderoso y fuerte como el feudalismo. Pues bien, quiso matar el escolasticismo la raza anglo-sajona; habló Bacon, y el mundo no le oyó; habló más tarde la raza latina por boca de Descartes, y el mundo enterró para siempre la filosofía escolástica. Así en la historia todo lo que hay de humanitario se debe a la iniciativa de la raza latina; ella creó el imperio romano que disciplinó y educó las razas bárbaras; ella organizó, en lo que tiene de terrenal, el Catolicismo que disciplinó y educó las conciencias con su poderosa iniciativa. A ella, pues, se deberá la realización de la gran necesidad que hoy tiene la América, y especialmente la América española, sí, la necesidad de unir aquellos pueblos en grandes y poderosas asociaciones, que tengan por base incontrastable la igualdad de todos los asociados. Y he aquí también otra de las grandes ventajas, de los grandes atributos de nuestra raza. La raza anglo-sajona será siempre aristocrática. Ora proclame este, ora el otro gobierno, en el fondo del corazón de esta raza, si bien está impresa indeleblemente la idea de la libertad, también está impresa acaso más indeleblemente la necesidad de una jerarquía. Pero la raza latina, lo mismo en Francia que en España, lo mismo en España que en Italia, lo mismo en Europa que en América, tiene impresa en la conciencia la idea de la igualdad. Así se explica que mientras el estado político de los pueblos anglo-sajones, sin duda alguna, es superior al estado social de los pueblos latinos, el estado social de los pueblos latinos es superior al estado social de los pueblos anglo-sajones. Así se observa que la nación donde hay más recuerdos feudales, más instituciones feudales, es Inglaterra; y aun en la misma América, la raza anglo-sajona conserva injusticias sociales que la raza latina ha borrado ya del espacio, a pesar de los grandes dolores que trabajan su atribulada existencia.» (Emilio Castelar, “La unión de España y América”, La América, crónica hispano-americana, Madrid, 24 de febrero de 1858, nº 24, págs. 1-2.)

«Y sin embargo, el mundo camina a la libertad. Esa idea la posee, y es el alma de su alma. Grandes señales lo anuncian, voces elocuentes que se levantan del fondo de los hechos lo dicen. El mundo camina a un gran fin que fortificará la libertad, a la reconciliación de todas las razas. La eterna lucha entre la raza germana y la raza latina, que ha ensangrentado el Rhin y el Arno, las aguas del Mediterráneo y del Océano, las florestas de Italia y los bosques de Alemania, se acaba, se concluye; porque la raza latina, después de destruir con la espada de Napoleón la antigua encina del sacro imperio, recibe amorosa de su misma enemiga la libertad de pensamiento, y cuando la revolución de febrero suena en el reloj de los tiempos, las dos razas pelean por una misma causa, adoran una misma idea y sucumben desgraciadamente en una hora igualmente funesta. La lucha entre la raza latina y la raza anglo-sajona, que ha cubierto de cadáveres la tierra, que ha escrito páginas de sangre horribles desde Crespy hasta Trafalgar, se concluye entre el hierro y el fuego al ruido de una tempestad tremenda, signo de su alianza, bajo las despedazadas murallas de Sebastopol.» (Emilio Castelar, “Del movimiento de la civilización”, La Discusión, Madrid, domingo 7 de noviembre de 1858, nº 832, pág. 1.)

[Francisco de Frías y Jacott], Carta a Su Majestad el Emperador Napoleón III sobre la influencia francesa en América a propósito del Mensaje de M. Buchanan, por “Un hombre de la raza latina”, París 1858.

1859 «Las razas latinas que civilizaron el antiguo mundo, civilizaron también el nuevo, conquistándolo para la fe y para la unidad, del mismo modo que habían conquistado a sus soberanos, y ganando en las tierras vírgenes de América el terreno que perdieron en Europa.» «Mr. Soulé en persona confesó tales proyectos, sin ocultarlos a la corte de Madrid, y para llevarlos a cabo se puso de acuerdo, antes de salir de Europa, con todos los enemigos declarados de la raza latina.» «Por lo tanto, urgen en gran manera la alianza entre las razas latinas del antiguo y del nuevo Mundo...» «apresurémonos a recomendar la alianza de las razas latinas, fuera de lo cual no hay salvación para la civilización.» «El triunfo de los Estados Unidos debe ser la señal de la descomposición de la raza latina... El día en que la unidad católica cese de reinar en México y en Cuba, ese día sería un hecho consumado la destrucción de la sociedad latina en América, y los únicos obstáculos que hoy se oponen aún a las invasiones de los Estados Unidos caerían por tierra.» «Los americanos del Norte, como todos los hijos de las razas anglosajonas, sobresalen en los medios de explotar el trabajo y la fortuna de los demás.» «El examen de sus fuerzas podría, en efecto, dar la razón a los que la ridiculizan, si la impunidad no les prestase el apoyo de fuerzas verdaderamente peligrosas para la raza latina. Estas son las que es preciso vencer, exigiendo a los Estados Unidos que no de un paso más adelante.» (“Folleto Notable”, El Clamor Público, Los Ángeles, sábado 19 de marzo de 1859.)

1860 «Aquí en esta ciudad [Toledo], como en todas las de la monarquía, se ha celebrado con grande entusiasmo el acontecimiento feliz que, ensanchando el círculo por de más reducido de la dominación española, abre a esta nuevos horizontes de gloria, riquezas y esplendor; tendiendo a resucitar el antiguo auge y poderío de la raza latina, envilecido hoy y cubierto del polvo de las arenas del desierto, por donde, infecundo y estéril desde la dominación de los rudos hijos de la Germania, se halla diseminado. […] La raza latina, noble y generosa, civilizada y culta, debe volver de nuevo al punto de donde la expulsan razas puramente bárbaras, la escítica primero, y la raza africana después.» (Antonio de Aquino, “Correspondencia”, Revista de Instrucción Pública, Literatura y Ciencias, Madrid, 1 de marzo de 1860, nº 22, pág. 347.)

1867 «Aquí está el sueño dorado de Napoleón, que es el de ponerse al frente de la raza latina contra las del Norte.» «El proyecto era antiguo en la mente del Emperador. En 1846, cuando este se llamaba Luis Bonaparte, y trataba de abrir el istmo de Panamá, deseaba ver en la América del Sur un Estado floreciente y considerable que restableciese el equilibrio del poder, creando en la América española un nuevo centro de actividad industrial, bastante fuerte para inspirar el sentimiento de nacionalidad, e impedir sosteniendo a Méjico, nuevos desbordamientos de la raza anglo-sajona por la parte del Norte. Solamente que al expresar esta idea como Emperador de los franceses, Napoleón la convierte, como es natural, de pensamiento de raza en pensamiento francés, poniendo a su nación al frente de las demás naciones latinas.» «Napoleón, sin embargo, echó a perder su proyecto por no haber sabido, al intentar llevarlo a cabo, desprenderse del espíritu liberal. Lo que se llama raza latina no se forma sólo de unos cuantos pueblos que hablan idiomas derivados del Lacio, y descienden más o menos directamente de los romanos: la raza latina la constituyen las ideas de Roma, las creencias romanas, la manera de ser de la capital del orbe católico, de que son fieles conservadores los pueblos que vienen de los antiguos dominadores del mundo. Sin espíritu católico, no hay verdadero espíritu de raza latina.» «Francia, pues, cometió el yerro de apoyar a un Príncipe alemán para levantar allende el Atlántico un Trono latino, e incurrió en la falta incalculablemente más trascendental y más grave de amasar los cimientos de este Trono con ideas liberales tan opuestas a la naturaleza de las ideas castizas y genuinas de la raza latina.» (Francisco Navarro Villoslada, “El Emperador Maximiliano», El Pensamiento Español, Madrid, sábado 2 de febrero de 1867.)

1880 «Señores Académicos, nosotros somos hijos griegos, de latinos, de árabes; nosotros hijos del sentimiento de la forma; nosotros somos hijos del arte; ese arte que ve con respeto el orden gótico; ese arte que se entusiasma y siente amor cuando contempla el orden corintio. Se lee una entrega del Diccionario, dos, tres; no hay un afecto; no hay un movimiento de ánimo: esto es desolador, verdaderamente desolador para los pueblos de raza latina; verdaderamente desolador para mí, hijo de la raza.» «Cisneros (Fray Francisco Jiménez de). […] Tres acusaciones capitales se han formulado contra el célebre personaje que aquí se reseña. Primera. Que fue el fundador de lo que se ha llamado el Santo Oficio. Segunda. Que fue demasiadamente realista. Tercera. La expedición de Orán. Punto primero: “que fue el fundador de lo que se llamó el Santo Oficio.” Nuestro personaje hubo de creer que la mixtura de la sangre española con la sangre árabe y la sangre hebrea podía alterar la esencia de la raza de origen, que fue, es y será la raza latina. Y para proveer a este inconveniente y a la futura seguridad de la nación, respetos de tanta cuantía en aquellas edades, quiso inquirir quién era español, quién era árabe, quién era hebreo, como manera de purgar nuestra sangre, de reconstituir nuestra población y de ponernos a buen recaudo en las alternativas de lo futuro. En estas ideas de nuestro personaje pudo haber error de juicio; pudo haber error de sentimiento; pudo haber hasta turbación de la conciencia, porque la conciencia se turba, cuando se turba la razón; pero una flaqueza de raciocinio no debe ser causa de condenación entre seres falibles. Lo diremos con más desembarazo. Nos parece que nuestro personaje se equivocó en este capítulo de su larga vida; nos parece que no existe raza de hombres que pueda ser extraña en la humanidad, en donde quiera que la suerte haya hecho rodar su cuna, que tan astro es el sol que asoma por Levante como el que se oculta por Occidente. Nuestro personaje se engañó; pero el yerro no mancha cuando viene de un aliento generosísimo, y generosísimo era el aliento de nuestro grande hombre; un grande hombre cuya fama no necesita de la magnificencia del elogio, porque lo puro del metal hace inútil lo artificioso del esmalte. Aquella manera de inquirir de nuestro personaje tomó muy pronto nueva forma, se revistió de otras tendencias, entrañó otra índole, porque hasta las plantas mudan de color, según los terrenos y los climas; pero no habrá nadie que lleve sus odios contra el español cuya historia se ha bosquejado aquí, hasta el punto de suponer que la sombra de Torquemada debe pesar sobre la sepultura de un ministro de los Reyes Católicos.» (Roque Barcia, Primer diccionario general etimológico de la lengua española, Seix-Editor, Barcelona 1880, tomo primero, páginas LIII y 897.)

gbs