Filosofía en español 
Filosofía en español

“Estado de bienestar”

1852 «Si se quiere que el pauperismo no aflija a los habitantes de un país, es preciso hacer de modo que los que crean o hacen crear la riqueza para ellos, la distribuyan en salarios en el mismo país; si se quiere que los habitantes del campo sean felices, y que este estado de bienestar atraiga a ellos a los pobres que embarazan las ciudades, es preciso hacer que los ricos propietarios del terreno vivan la mayor parte del tiempo en el campo, al que enriquecerán con sus gastos, y cuyos productos aumentarán por las mejoras agrícolas que de seguro intentarán.» (“Economía política o social”, Diccionario de agricultura práctica y economía rural, Madrid 1852, tomo II, pág. 368.)

1853 «Los dos niños que me han sido confiados tienen hoy el uno diez años y el otro trece. Aun se les conoce por medio de la auscultación un ruido con silbido musical. Los movimientos bruscos y las emociones del espíritu, hacen aun su respiración corta, pero nunca experimentan accesos de sofocación. La lividez de la piel ha desaparecido, la serenidad de su rostro y el calor natural de su cuerpo indican que se encuentran en un estado de bienestar físico completo.» (F. Hartmann, Terapeutica homeopática de las enfermedades de los niños, Madrid 1853, pág. 103.)

«No es menos satisfactorio que la condición física el estado de bienestar mental de los presos.» (Mariano Felipe Paz Soldau, Examen de las penitenciarías de los Estados Unidos. Informe... al gobierno del Perú, Nueva York 1853, pág. 180.)

1858 «Cualquiera que para juzgar de la situación de España no tenga más datos que lo que públicamente se dice y se hace en las regiones oficiales, casi se convencerá de que nos hallamos en la época más floreciente de nuestra historia, de que hemos alcanzado la meta de la prosperidad y del progreso. […] ¡Dichosa nación! que ninguna ley necesita dictar ni reformar; ¡dichosa nación! cuyo estado de bienestar es tal que no necesita ya que se elabore proyecto alguno para mejorar su situación.» (La Corona, periódico liberal, Barcelona, jueves 4 marzo 1857, pág. 1.)

1859 «Abraza el consulado de España en Guayaquil, las provincias de Esmeralda, Manabi y Guayaquil, esto es, todo el litoral, desde las márgenes del Mira, a las del Túmber, y por consiguiente, los tres puertos del Pailón(*), Manta y Guayaquil. (*) Este puerto, aunque habilitado para el comercio de importación, y quizá el más natural para proveer las provincias de León, Pichincha y Imbabura, si estuviera comunicado con ellas por un camino, fácil de abrir, no presenta hoy aliciente que estimule a ser frecuentado; pues la población que habita sus cercanías, está reducida a proporciones muy exiguas y a un estado de bienestar muy poco satisfactorio para que expediciones directas puedan hallar en él una salida que compense las pérdidas de tiempo y gastos de navegación.» (Joaquín de Avendaño, “Memoria sobre el comercio y la navegación del Ecuador”, La América. Crónica Hispano-Americana, Madrid, 24 mayo 1859, pág. 5.)

1860 «El distinguido jurisconsulto Martou, ha dicho: “el ahorro es la palanca más enérgica del movimiento ascensional de las masas hacia un estado de bienestar e independencia”.» (Antonio Bachiller Morales, Memoria sobre los trabajos de la Caja de Ahorros, Descuentos y Depósitos de La Habana, durante el año económico de 1859 a 1860, Habana 1860, pág. 7.)

1862 «La Homeopatía lleva otro fin al establecer esta cuestión, que nada tiene de común con la que precede, pero que encierra dos puntos que ejercen una acción decisiva en la elección del remedio; estos son: 1.º La aparición periódica de síntomas morbosos, después de un estado de bienestar más o menos grande. 2.º Las agravaciones o mejorías que dependen de la hora del día.» (C. de Boenninghausen, “Algunas consideraciones sobre el valor característico de los síntomas”, cap. X, Anuario de medicina homeopática, Madrid 1862, página 194.)

1872 «Verdad es que tenemos un teatro magnífico; una plaza de toros de bellas proporciones; un casino lujosamente montado; cafés públicos que rivalizan entre sí en elegancia; baños de mar excelentes y gran número de edificios de nueva construcción, que dan a las calles el más agradable aspecto; pero todo esto aunque es mucho, no basta para que nuestra capital pueda llegar al estado de bienestar material a que deben aspirar todos los pueblos.» (“Lo que a Alicante interesa”, El Constitucional, diario liberal, Alicante, domingo 25 febrero 1872, pág. 2.)

1875 «Los efectos narcóticos del haschisch son mucho menos funestos que los del opio. El fumador o masticador de haschisch se halla a menudo transportado en sueños a un mundo encantado y su cuerpo se encuentra en un estado de bienestar indecible, sin que su organismo resulte tan afectado como con el opio.» (K., “Los fumadores de opio y de haschich”, El Bien Público, Mahón, martes 6 julio 1875, págs. 2.)

1877 «Nadie admite como cosa formal la idea de una civilización primitiva, de un estado de bienestar originario, ilusión nacida al calor de las leyendas religiosas y de los códigos sagrados, o bien de la tradición que siempre relega a una época anterior el malestar que se siente en la presente, lo cual con tanta precisión expresa nuestro Jorge Manrique con aquella copla de pie quebrado: Porque a nuestro parecer / Cualquier tiempo pasado / Fue mejor.» (Pedro Estasen [1855-1913], “Walter Bagehot”, Revista Contemporánea, tomo XI, vol. 2, 30 septiembre 1877, pág. 169.)

1878 «No es necesario esforzarse mucho para demostrar lo que la experiencia nos enseña diariamente, no sólo en España, sino en los demás países, en los cuales los trabajos agrícolas se verifican con mayor acierto, es a saber, que el cultivador rico, pero con escasos conocimientos, camine inevitablemente a su ruina, al paso que el agricultor inteligente, con un escaso capital, llega muchas veces a fuerza de tiempo y laboriosidad a un estado de bienestar superior a lo que podría esperarse, dados sus exiguos recursos.» (Manuel G. Llanas, “Enseñanza de la agricultura en las escuelas primarias”, El Campo, Agricultura, Jardinería y Sport, nº 21, 1 octubre 1878, pág. 331.)

1881 «Esto no obstante, aún falta mucho que hacer en Aragón y Cataluña, aún no se ha alcanzado, como algunos creen, el estado de bienestar a que todo pueblo debe aspirar; para esto es necesario que la Agricultura adelante, y ésta, si bien mejora, todavía encuéntrase en un estado de atraso relativo.» (Luis Álvarez Alvistur, “La producción en España”, Almanaque de La Ilustración para 1882, año IX, Madrid 1881, pág. 109.)

1883 «Si en todos los países se siguiese una marcha tan acertada y enérgica como la que vienen sosteniendo los ministros de Hacienda italianos, seguramente que como en aquella nación se llegaría en breve a un estado de bienestar y desahogo que hoy ven todavía muy lejos países que si no tienen menos elementos, no han conseguido en cambio tan acertada dirección.» (“Revista económica”, El Guadalete, Jerez de la Frontera, jueves 25 octubre 1883, pág. 1.)

1894 «[Un diputado provincial de Navarra llegado a Madrid decía:] Hace pocos años la provincia de Navarra, como tantas otras que tenían gran riqueza agrícola, vivían en un estado de bienestar considerable; después, vino la crisis vinícola, y aquella provincia sufrió inmensos perjuicios.» (“Ecos políticos”, Diario de Burgos, miércoles 14 febrero 1894, pág. 1.)

«Toda esa serie interminable de hombres, mal llamados de talento, que no han hecho más que inventar cosas inútiles y perjudiciales, son los que han impedido a la humanidad llegar a ese estado de bienestar que tanto necesita.» (E. C. O., “De domingo a domingo”, La Atalaya, Santander, lunes 12 marzo 1894, pág. 1.)

1895 «¡Para cuatro plazas de escribientes noventa y un aspirantes, entre legos y doctores! ¡Buen termómetro para graduar el estado de bienestar a que nos han conducido los gobiernos turnantes!» (“Pinceladas políticas”, El Cantábrico, Santander, 3 agosto 1895, pág. 1. La Región Extremeña, diario republicano, Badajoz, viernes 16 agosto 1895, pág. 2.)

1899 «Sin embargo, la fe que puso la nación española en el Gobierno conservador es grande, y se lo demostró dándole unas mayorías de su completa confianza, como pocos gobiernos las tuvieron, y con las cuales, sabiendo mantener el espíritu de unión, podrá cumplir el Sr. Silvela cuanto prometió al subir al Poder, cuanto España desea y cuanto le es necesario al país para entrar en un estado de bienestar y progreso.» (“Eterna espera”, El Porvenir Segoviano, lunes 5 junio 1899, pág. 1.)

«Al mísero hambriento, para regenerarle, para ponerle en estado de bienestar, de progreso físico, es necesario primero alimentarle, restablecer sus fuerzas, pues la camisa limpia no quita el dolor de muelas.» (Benedicto Mollá, “El progreso”, Semanario Católico, Alicante, 25 noviembre 1899, pág. 630.)

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