Filosofía en español 
Filosofía en español

Ildefonso Martínez Fernández  1821-1855

Juan Huarte de San Juan

Médico español, editor moderno de los médicos filósofos Juan Huarte y Oliva Sabuco. Nacido en Benia de Onís, estudia en Madrid, en los Reales Estudios de San Isidro, y tras hacerse bachiller en 1837, en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, se doctora en Medicina y Cirugía en 1844.

Muerto a los 34 años, en Oviedo, víctima del cólera, tres legajos con 48 autógrafos suyos y otros papeles fueron depositados entonces para su consulta en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Central (en 2000 fueron trasladados a la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense, y descritos de nuevo en mayo de 2011).

Se conserva, por ejemplo, el manuscrito del discurso inaugural pronunciado, el primero de enero de 1840, en la Sociedad Médico-Quirúrgica de Emulación e Instrucción Recíproca, muestra de su precocidad como animador e impulsor de instituciones: el Ateneo médico-quirúrgico matritense, la Academia de Esculapio, y el Instituto Médico de Emulación, al que todavía no pertenece en mayo de 1844, pero del que, ya doctor en medicina (el día 3 de octubre estrena su nueva firma, precisamente con una crítica de las historias de la medicina de Chinchilla y Morejón), es nombrado el 29 de diciembre de 1844 “secretario de correspondencia” (al asumir la presidencia Pedro Trelles), pasando en primero de febrero de 1845 a formar parte de la Junta de Fomento de la Profesión, &c.

Procedente de un entorno familiar rural (su padre se traslada a la Corte, como llevador de la Taberna del Púlpito, en el Arco de Cuchilleros, para facilitar la carrera del hijo), se destaca por su activismo en pro de mejorar su gremio en pleno desarrollo moderno de la nación, lo que suponía desmontar estructuras endogámicas preexistentes, en años de notables, y rentables, innovaciones científico médicas (frenología, magnetismo, homeopatía) e ideológico filosóficas, positivismos y materialismos (por entonces se empieza a hablar de “materialismo científico”, de “materialismo médico”, &c.).

Desde posiciones anticlericales e ilustradas, en particular frente a la Inquisición española, fue un patriota reivindicador de la tradición filosófica española. Gumersindo Laverde (con quien coincide en 1854 en el Círculo Científico y Literario, impulsado por Roque Barcia), mucho más moderado y luego incluso neocatólico, le reconocerá como precursor suyo: un año después de la muerte de Ildefonso Martínez (“el 26 de septiembre de 1855, víctima de su celo, abnegación y caridad cristiana, asistiendo a los enfermos coléricos…”) publica Laverde su famoso artículo programático “De la filosofía en España” (El diario español, nº 132, 1 octubre 1856) y en 1868 escribe, en sus Ensayos críticos, “Al que leyere”:

«Refiérome en esto principalmente a los artículos sobre instrucción pública y filosofía española, que son los que constituyen el nervio de mis Ensayos y les dan cierta originalidad de carácter. Mas no se crea, por eso, que acepto como justas incondicionalmente las alabanzas que algunos me han tributado y tributan en concepto de promovedor único de la generosa cruzada, que hace años predico, para rescatar del cautiverio del olvido los ilustres monumentos de nuestra ciencia antigua. No me corresponde exclusivamente tan honroso lauro; corresponde mas bien a la nobilísima comarca, cuna y solar de la monarquía española; corresponde a las Asturias. De allí debía partir, como partieron siempre los grandes movimientos nacionales, el impulso regenerador de la postrada personalidad intelectual de la Península; de allí ha partido. Asturiano era el Dr. D. Ildefonso Martínez, que en 1846 y 47 reimprimió con eruditos discursos preliminares, notas y apéndices, las obras de Juan Huarte y Doña Oliva Sabuco, lamentándose del abandono en que teníamos a nuestros sabios de las edades pasadas. Asturiano el P. Cuevas, quien, diez años después, no satisfecho con cuajar de citas de filósofos españoles sus Philosophiae rudimenta, hoy texto en la mayor parte de nuestros Seminarios, tejió al fin de esta obra una discreta reseña histórica de la filosofía ibérica. Asturiano D. Aquilino Suárez Bárcena, peritísimo bibliógrafo, que en las Revistas Universitaria y de Instrucción pública, dio a luz, de 1856 a 58, respondiendo a mis excitaciones, excelentes artículos llenos de peregrinas noticias acerca de los Abarbaneles, Raymundo Sabunde, Miguel Servet, Fr. Froilán Díaz y otros filósofos peninsulares. Asturianos son los señores D. Alejandrino Menéndez de Luarca y D. Ramón de Campoamor, que, en la segunda de dichas revistas y de intento el primero, en su brillante discurso de recepción a la Academia Española y por incidencia el segundo, han procurado hacer resaltar los progresos filosóficos de nuestros antepasados. Asturiano es también hasta cierto punto, –pues nació en el país de los Astures augustanos y recibió en Gijón, en la librería de Jovellanos, las primeras semillas de su afición a los estudios metafísicos– el señor D. Patricio Azcárate, que en la Exposición histórico-crítica de los sistemas filosóficos modernos, reivindica como nuestro en todos conceptos y señaladamente en la línea filosófica el siglo XVI, refiriendo y juzgando extensamente la vida y doctrinas de Miguel Servet, tipo del panteísmo místico de aquella época. Asturiano asimismo es el joven y ya célebre autor de los Estudios sobre la filosofía de Santo Tomás, Fr. Zeferino González, el cual, en la Philosophia elementaría que está publicando, dedica buena parte del tercer volumen a recordar los nombres y escritos de nuestros pensadores mas esclarecidos. Finalmente; asturiano soy yo, que, si en saber e ingenio disto infinito de todos esos escritores, en cambio me he consagrado de un modo especialísimo a defender la fecundidad y merecimientos de nuestro espíritu filosófico y de la ciencia española en general, supliendo con mi fervor y entusiasmo la falla de otras mas útiles y relevantes dotes.» (Gumersindo Laverde Ruiz, Ensayos críticos sobre Filosofía, Literatura e Instrucción Pública españolas, Lugo 1868, páginas viii-ix.)

El activismo médico y filosófico de Ildefonso Martínez supuso, como es natural, que se viera envuelto, con su nombre o mediante pseudónimo, en polémicas, discusiones y enfrentamientos que tienen gran interés en el contexto de los debates ideológico filosóficos del momento. Su carrera profesional se resintió, sin duda, en varias oposiciones que resultaron infructuosas, aunque obtuvo en 1851 un puesto oficial como médico director de los baños de Bellús, en la provincia de Valencia, que le permitía vivir la mitad del año en Madrid.

1844 «Academia de Esculapio. En los días 22, 24 y 31 de enero, y 7 y 14 de febrero, se ocupó esta corporación en la discusión del magnetismo animal considerado fisiológica, higiénica y terapéuticamente, siendo públicas sus sesiones. El señor Martínez (D. Ildefonso), dio principio a la discusión haciendo la historia del magnetismo, recorrió sus diferentes épocas desde lo más remoto hasta el día, expuso los diferentes procederes que se han inventado para conseguir el desarrollo de este, notó los distintos grados admitidos por varios autores, enumeró las teorías inventadas para su explicación por Kant, Lenoshek, Mesmer, Puy-Segur, Barbarim y otros, y concluyó la parte histórica desechándolas. Pasando luego a los hechos manifestó podían admitirse los pródromos, como el sueño y aun el sonambulismo; desechó la simpatía, la clairvoyance y adivinación; dijo que las leyes de la fisiología y patología explicaban los pródromos admitidos sin necesidad de recurrir al fluido magnético, el cual, si se admite con los magnetizadores y también su acumulación en el epigastrio, podría imantar una aguja que se le aproximase, la que a su vez lo comunicaría a cualquier otro cuerpo sometido a su influjo, y concluyó los argumentos en contra del magnetismo atribuyendo las curaciones magnéticas al influjo de lo moral sobre lo físico.» (Anales del Instituto Médico de Emulación, Madrid, jueves 19 de febrero de 1844, nº 17, página 132.)

«Instituto médico de emulación […] Sesión pública literaria del 24 de febrero. Presidencia del Ilmo. Sr. D. Bonifacio Gutiérrez, a invitación y por cesión que le hizo el señor Figuer, a quien le correspondía. Leída y aprobada el acta de la sesión anterior se repitió la lectura de las propuestas para socios hechas en ella, entrándose en seguida en la discusión pendiente [de la Memoria sobre el contagio en las enfermedades epidémicas, leída por D. Patricio Salazar]. Tocó usar primero de la palabra al señor Martínez (D. Ildefonso), el que manifestó lo embarazado que se encontraba para entrar en cuestión tan difícil, estando presentes personas de grande ilustración y práctica, y después pasó a manifestar sus opiniones, que son: 1.º Que en las enfermedades epidémicas no siempre hay infecciones, y que aun supuesta no por eso se puede negar el contagio; pues puede haber una enfermedad que empiece por infección y sin embargo pueda transmitirse de un individuo a otro por contagio, como sucede con la viruela que, siendo contagiosa evidentemente, alguna vez empieza por una verdadera infección. 2.º Que los experimentos de Assalini y Desgenettes, relativamente al contagio de la peste de Levante, no eran concluyentes, pues de que inyectándose el pus de los bubones no se hubiesen contagiado, solo se deducía que para el contagio se necesitan ciertas condiciones, pues no dudando nadie de la propiedad contagiosa de la sífilis, todos los profesores sabían que no todos cuantos se expongan al contagio adquirían el mal, sino los predispuestos y esto pudo suceder con Desgenettes y Assalini. 3.º Que en cuanto a las cuarentenas, el que fuesen diferentes en diversos países, solo probaría que, aunque conformes los médicos en el contagio, no lo estaban en el tiempo de incubación del virus contagioso, ni en el tiempo en que perdía su actividad y se hacía inerte. 4.º Que no por saber la cualidad del virus no se debía negar, pues lo mismo sucedía con el quid divinum del aire en la infección, y por consecuencia, los argumentos aquí se destruían y eran iguales. 5.º Que en la desinfección se sabía solo que las fumigaciones de Smit y Guiton-Morveau, quitaban el medio de propagación, y esto solo nos bastaba puesto que los hechos eran patentes. 6.º Y finalmente, que la voz epidemia era vaga: que si solo se admitía por esta voz una enfermedad que atacaba a muchos a la vez, se podían hacer las clases siguientes: 1.ª Epidemias contagiosas pestilenciales, fiebre amarilla y peste. 2.ª Epidemias por infección, calenturas hospitalarias y tifoideas. 3.ª Epidemias por cambio de temperatura, como catarrales, disentéricas biliosas &c. Concluyó diciendo que debía modificarse el rigor de las leyes sanitarias; pero que se debía de evitar no favorecer demasiado al individuo para no perjudicar a la sociedad, pues el interés social debe ser superior al individual.» (Anales del Instituto Médico de Emulación, Madrid, jueves 14 de marzo de 1844, nº 19, página 149.)

«Academia de Esculapio. Primera Sección. Sesión literaria del día 10 de abril. Abierta a las siete y media de la noche y bajo la presidencia del señor Claramunt y Celda, el socio D. Siro Guzmán procedió a la lectura de una disertación que versaba sobre el género humano y en la que examinaba si las especies de este eran múltiplas o si debían considerarse como formando una sola. Principió exponiendo las más nobles atribuciones del hombre, e hizo una reseña de su parte física y del poder de su inteligencia: luego enumeró las diversas razas, generalmente admitidas, haciendo ver sus caracteres y diferencias; y por último, vino a deducir de cuanto había expuesto que el género humano es único; pero que por causas desconocidas, independientes de los climas, están los hombres constituyendo dos especies; en la una se hallan colocados los de color blanco, amarillo y moreno oscuro, y en la otra los de color negro y negruzco. Abierta la discusión tomaron parte en ella los señores García Fernández, Llorente, Martínez y Moreno. […] El señor Llorente manifestó que la causa de la diversidad de razas puede ser una degeneración por un vicio de conformación de alguno de los primeros hombres que se trasmite y perpetua, y se adhirió a la opinión de la unidad de la especie humana. El señor Martínez siguió la opinión de la unidad del género humano y la multiplicidad de razas aunque refutó la idea del vicio de conformación permanente y del influjo de los climas.» (Anales del Instituto Médico de Emulación, Madrid, jueves 25 de abril de 1844, nº 25, páginas 197-198.)

«Es indudable que si el señor Morejón hubiese publicado en vida sus manuscritos, hubiera rebajado mucho la reputación de su digno discípulo el señor Chinchilla, o al menos hubiesen sido dignos émulos, mientras que hoy a las leyes de la razón crítica queda superior el maestro en el lenguaje, en las imágenes, en la erudición de ciencias accesorias; pero también superior es sin duda el discípulo en la parte analítica de las obras, pues como la historia crítica no solo se refiere al nombre de la obra y pálido bosquejo, sino a toda la extensión, aquel que más detalla y prueba los defectos y las bellezas, ese es el superior en la parte crítica, porque decir que una cosa es mala o buena, no es la razón crítica, puesto que esta es discutir y probar la verdad o el error de la doctrina; de modo en fin, que mientras el señor Chinchilla aparece como más penetrado del pensamiento crítico, el señor Morejón aparece más dispuesto a dar a conocer los nombres de los autores y sus obras.» (Dr. Ildefonso Martínez, “Sección crítica”, Anales del Instituto Médico de Emulación, periódico semanal de medicina…, Madrid, jueves 3 de octubre de 1844, nº 48, pág. 382.)

1845 «Exposición elevada a S. M. por el Instituto médico, solicitando se mejore la condición de los médicos de partido. Señora: El Instituto médico de Emulación cree llegado el caso de fijar la alta consideración de V. M. acerca de un asunto de interés grande y común, que, afectando inmediatamente la salubridad pública, no será desatendido de vuestro maternal cuidado. […] El Instituto médico de emulación desea a V. M. un largo y feliz reinado. Madrid 19 de enero de 1845. A L. RR. PP. de V. M. El presidente: Pedro Trelles. Los secretarios: Antonio Moreno, Ildefonso Martínez.» (Gaceta Médica, periódico de medicina, cirugía y farmacia. Oficial del Instituto Médico de Emulación, Madrid, enero 1845, año I, nº 3, páginas 22-23.)

«Vemos con mucho gusto que la Academia de Esculapio, compuesta en su mayor parte de alumnos de la Facultad de medicina, pero en la cual se cuentan también distinguidos profesores, va elevándose a mayor altura de la que han solido otras corporaciones de esta naturaleza. No contentos los estudiosos jóvenes con celebrar sesiones públicas literarias, en que se discuten los puntos más arduos y difíciles de las ciencias médicas, han establecido varias cátedras que seguramente serán de grande utilidad, contribuyendo a satisfacer en alguna manera esa ansia de saber que caracteriza a la época actual, y resalta particularmente en los que se dedican al cultivo de la medicina. Los martes de siete a nueve de la noche celebra dicha Academia sus sesiones literarias. Los jueves de siete a ocho explica el señor doctor don Pedro Mata la Mnemotecnia, o arte de ayudar a la memoria. El mismo día, de ocho a nueve tiene su lección de fisiología trascendental el doctor don Ildefonso Martínez. Por fin los sábados de siete a ocho dará sus explicaciones el doctor don Tomás Corral, uno de los más distinguidos catedráticos de la Facultad, sobre el examen de los sistemas médicos. Pronto se establecerán nuevas cátedras, resultando de esta manera una especie de ateneo médico. No será la última vez que hablemos de esta sociedad naciente que tantas esperanzas ofrece, a pesar de los escasos medios y de la falta de protección que en España se dispensa a esta clase de sociedades.» (El Castellano, periódico de política, administración y comercio, Madrid, 3 de mayo de 1845, año décimo, nº 2672, pág. 3.)

«Cuestión de homeopatía. Como dijimos nuestros lectores, el señor don Joaquín Hysern ha tomado parte en la cuestión de Homeopatía en la Academia de Esculapio, ocupando las dos últimas sesiones, celebradas, como las anteriores, en público en la capilla de los estudios de San Isidro: su intención fue, al parecer, colocarse en un terreno neutral, a cuyo efecto pidió la palabra ni en pro ni en contra. La Academia, cumpliendo lo prevenido en sus estatutos, y teniendo sin duda en cuenta lo avanzado de la estación, ha suspendido los actos aplazándolos para el nuevo curso. […] Repetimos que nos ha parecido menos conducente al interés del asunto y dignidad del ilustrado profesor de quien hablamos, que haya elegido, para exponer su dictamen en materia de tal importancia, una sociedad, aunque laudable por sus esfuerzos, compuesta de alumnos que, en el caso presente, no pueden en su generalidad formar un juicio, y en la cual ha de ponerse al nivel de los contrincantes que se han presentado, que son todavía discípulos, excepto tres o cuatro profesores nuevos en la práctica, entre los que merece particular mención el distinguido joven don Ildefonso Martínez.» (Gaceta Médica, Madrid, 20 junio 1845, año 1, nº 17, pág. 132.)

«Hospitales Generales de Madrid. Oposición a una plaza de cirujano de los mismos. (Continuación.) […] Ejercicios practicados por la 4ª terna. (Día 12). Sustentante: D. Ildefonso Martínez. Argumentantes: D. Benito García Fernández. D. Vicente Barroso. El enfermo cuya historia hizo el señor Martínez se hallaba en la cama núm. 18 de la sala de san Nicolás; según la opinión del disertante, padecía una caries en los huesos del tarso y metatarso, correspondiente al lado derecho, con cuatro úlceras en diferentes puntos del pie: el pronóstico fue muy poco favorable al enfermo. En el método curativo, se contrajo a las inyecciones y fomentos anticariosos, entre ellos el agua de Labarraque, auxiliados con una medicación interna apropiada al estado del enfermo, que tenía una disposición escrofulosa; añadiendo que, si todos estos medios no producían efecto, no quedaba otro recurso más que el de la amputación. Los argumentantes le hicieron algunas reflexiones acerca de el modo de explorar el enfermo; sobre la existencia de la caries; acerca de las causas que podrían haber influido en su estado actual, y últimamente sobre la necesidad de acudir o no a la amputación.» (Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, domingo 21 de diciembre de 1845, pág. 407.)

1846 «Hospitales Generales de Madrid. Oposición a una plaza de cirujano de los mismos. […] Segundos ejercicios practicados por la 4ª terna. (Día 7 de enero). Sustentante: D. Ildefonso Martínez. Argumentantes: D. Benito García Fernández. D. Vicente Barroso. El enfermo de la presente historia se hallaba en el núm. 20 de la sala de Sta. Bárbara. Según el señor Martínez padecía una úlcera carcinomatosa de la nariz, apoyando este diagnóstico en las causas, curso, síntomas y estado de la afección; y siendo por consiguiente el método curativo que propuso conforme a este diagnóstico. El Sr. García, no conviniendo con el diagnóstico que formó el Sr. Sustentante manifestó que lo que padecía el enfermo era un lupus ulceroso. El Sr. Barroso, por el diagnóstico diferencial que formó, clasificó la afección de una úlcera sifilítica de carácter corrosivo.» (Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 18 de enero de 1846, tercera serie, nº 3, pág. 22.)

«Instituto Médico de Emulación. Esta corporación celebra su primera sesión literaria el miércoles 11 del corriente, a las siete y media de la noche. El socio de número don Ildefonso Martínez leerá la siguiente memoria: ¿Es necesario y conveniente que el gobierno de S. M. tome la iniciativa para el arreglo de las casas de Orates? ¿Cuáles son los medios más a propósito para conseguirlo?. Madrid 8 de noviembre de 1846. = El Bibliotecario, Mariano Ortega.» (Diario de Madrid, martes, 10 de noviembre de 1846, pág. 1.)

«Aniversario. La academia de Esculapio celebra el cuarto aniversario de su instalación el día 15 de este mes, en el local de la misma a la una, siendo encargado de pronunciar un discurso análogo al objeto, el socio de honor y mérito, don Ildefonso Martínez.» (El Espectador, Madrid, sábado 14 de noviembre de 1846, pág. 3.)

«Academia de Esculapio. Ayer tuvimos el gusto de concurrir al cuarto aniversario de la instalacion de la Academia de Esculapio. Después de haber leído el secretario de la corporación una memoria del satisfactorio estado de la misma, desde el anterior aniversario basta el día, pronunció el socio de honor y mérito, doctor don Ildefonso Martínez, un brillante discurso sobre la marcha de la Medicina desde Hipócrates hasta el día, haciendo de paso el elogio fúnebre de tres de los individuos de la Academia que han fallecido. La escogida, si bien no muy numerosa concurrencia que asistió al acto, quedó muy complacida del próspero estado de esta corporación.» (El Clamor Público, periódico del partido liberal, Madrid, martes 17 de noviembre de 1846, pág. 4.)

Manifiesto

En virtud de la manifestación hecha por un comunicado anónimo, inserto en el número 72 de los Anales de Cirugía a un artículo sobre moral médica que vio la luz pública en el Boletín de Medicina número 71, y para evitar en lo sucesivo se interprete mi escrito, del modo que se ha hecho, declaro:

Que mi objeto no era ultrajar en general a la clase de cirujanos, sino a cierto número de ellos, residentes en la Corte, que se venden por médicos, cirujanos y doctores, sin tener título para ello.

Que me hallo sumamente resentido de que se hayan omitido las líneas de mi escrito que siguen a las estampadas en los anales, a las que considero como una salvedad, y son las siguientes.

«Entiéndase que al criticar aquí semejantes abusos, no incluimos a los profesores de Cirugía que honrados y caballeros solo asisten aquellos enfermos para quienes tienen autorización competente para visitarlos, conocemos muchos de estos hombres probos y honrados, y con ellos no trata la sátira de este artículo; mas en cambio conocemos también otros que pasan por doctores donde la rudeza no alcanza a distinguir el oropel del oro puro y virgen: no atañe, no a los enfermos corregir este abuso, sino a la Autoridad, al gobierno Central, y quiera el Cielo que mi voz no se pierda en el desierto.»

Que las palabras que se califican de injuriosas han sido estampadas sin ninguna intención dañosa, y solo deben considerarse como una distracción de lenguaje; que estoy exento de las alusiones personales que hace el articulista, como lo demuestra la siguiente relación de mi carrera literaria:

Como estudiante, sobresaliente: como opositor, con tres oposiciones, adoptados sus ejercicios por unanimidad y clasificado de sobresaliente; como socio de varias corporaciones, con haberlo sido del Instituto Médico, Secretario de correspondencias del mismo, y de su junta de Fomento; como de la Academia de Esculapio, siendo socio fundador, académico fie honor y mérito y Catedrático en la misma de fisiología trascendental; como literato con el examen de ingenios de Huarte, su juicio crítico y anotaciones; con artículos de crítica literaria y algunos sobre la Homeopatía, y como practico, ejerciendo con alguna felicidad a pesar de sus pocos años.

En virtud de la declaración del Sr. Martínez, a consecuencia de quejarse del comunicado anónimo, la redacción declara:

Que retira y se retracta de todas las expresiones que pudieran calificar de injuriosas como dirigidas al Sr. Martínez, lo mismo en su artículo de redacción que en el anónimo, que por causa de caballerosidad no puede declarar al autor, y de consiguiente manifiesta que el Sr. Martínez tiene cuantos títulos alega en su carrera literaria, y así le consta a esta redacción, sin que haya habido intención manifiesta ni dañada de zaherirle, y si así apareciese retiran cuantas expresiones pudieran ofenderle, pues le conocen por hombre probo y de ejemplar conducta, y así les place manifestarlo para satisfacción del Sr. Martínez. Igualmente nos consta que D. Pedro Martínez su señor Padre, no ha omitido gasto ni medio alguno para la buena y mas cumplida educación de su hijo.

Por lo tanto queda terminada esta enojosa polémica, en obsequio de las clases facultativas, y ambas partes se dan por satisfechas y retiran las palabras que ofender puedan a la honra de unos y otros.

Madrid 18 de mayo de 1847

Ildefonso Martínez.

A nombre de la redacción de los Anales, el Director

Salvador Ramos.

[Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 23 de mayo de 1847, páginas 169-170.]

1847 «Anuncios. Examen de ingenios para las ciencias, por Juan de Dios Huarte. Novísima edición con juicios críticos y notas. Por el doctor D. Ildefonso Martínez. Es tal el mérito literario de esta obra, que se ha traducido a todos los idiomas extranjeros, teniendo esta edición la ventaja de contener todo lo suprimido por la inquisición. En este filosófico libro encontrarán el abogado, médico, sacerdote, militar, pintor y todas las ciencias y artes las disposiciones que cada una de estas ciencias han menester para ejercerse en beneficio de la sociedad. Se halla de venta en la librería de Tieso, calle de Carretas, frente al buzón del correo. Es un tomo en 8.º de 430 páginas y cuesta 10 rs. en rústica.» (Eco del Comercio, Madrid, martes 3 de agosto de 1847, pág. 4.)

«Es una obra sin disputa de muchísimo mérito la de Cabanis, Relación entre lo físico y lo moral del hombre; pero tampoco podemos conceder a este trabajo el título de originalidad, como pretenden los franceses sus compatriotas; pues encontramos gran parte de las teorías que en aquel libro se anuncian con mucho aire de novedad, en una obra española titulada Examen de Ingenios, publicada por Juan Huarte, médico del rey D. Felipe II, y hombre muy profundo en las ciencias ideológicas y naturales(1). (1) Advertimos a quien quisiere cotejar las obras de Cabanis y Huarte, que se proporcione la última edición del Examen de Ingenios, hecha en Madrid el año 1846, estando mutiladas las demás anteriores por mandado del Tribunal de la Inquisición.» (“Adiciones a la carta del señor don Antonio Martínez del Romero, escritas por don Salvador Costanzo” [La carta de Martínez del Romero fechada en Madrid, Julio de 1847], Revista Científica y Literaria. Periódico quincenal, tomo primero, Madrid 1847, pág. 210.)

«Corporaciones científicas. Academia de Esculapio. Reunida la Junta censora para la adjudicación de los premios propuestos por la Academia, compuesta del Excmo. Sr. D. Juan Francisco Sánchez, señores doctores D. Dionisio Solís, D. Bartolomé Obrador, D. José María López, D. Vicente Asuero, D. Tomás Corral, D. Mariano Ortega y D. Ildefonso Martínez, en el local de ésta, y precedida la lectura pública de todas las memorias presentadas para optar a ellos, y una detenida discusión de las mismas, han resultado dignas de obtenerle, una sobre la siguiente cuestión: ¿En los procederes operatorios tiene más desventajas que utilidades la acción del éter sulfúrico? y otra sobre la siguiente: ¿Hasta qué punto es compatible la moral médica con los sistemas? Y habiéndose procedido en sesión secreta a abrir los pliegos que contenían los nombres de sus autores, han resultado ser el de la primera, D. Basilio San Martín, y el de la segunda, don Francisco de Paula Monedero, ambos socios de número de esta academia. Lo cual se publica en los periódicos, en cumplimiento de lo dispuesto en el programa de premios. Madrid 13 de setiembre de 1847. El secretario general interino, Bonifacio Montejo.» (Gaceta Médica, Madrid, 20 de septiembre de 1847, nº 98, pág. 207.)

La Verdad

Oliva Sabuco

En septiembre de 1847 se difunde el primer número de La Verdad. Periódico de medicina y ciencias auxiliares, con voluntad de cambiar el “estado harto lastimoso por desgracia en que se halla en la actualidad la clase médica de España”, con el lema verdad e imparcialidad y por la ciencia y para la ciencia como divisa. Ildefonso Martínez fue fundador y redactor de La Verdad, y cabe atribuirle la presentación de la “Sección literaria” en el primer número, que hacía también de prospecto. Ahí se anuncia que, con cada una de las cuatro entregas mensuales del nuevo periódico, se recibirán además 32 páginas de una obra médica, empezando por el libro “de la brillante Doctriz española Doña Oliva Sabuco de Nantes, la primera edición no expurgada”.

«Hemos visto el prospecto de la Verdad, periódico de medicina y ciencias auxiliares y nos hacemos un deber recomendar a todos los profesores del arte de curar. […] La Verdad repartirá además a sus lectores con cada número una entrega de 32 páginas de impresion en 16.º marquilla de una obra clásica antigua, empezando por la filosofia de las pasiones de doña Oliva de Sabuco, cuyo primer pliego se ha distribuido ya gratis con el prospecto. La Verdad saldrá cuatro veces al mes los días 1, 8, 15 y 22 en dos pliegos marquilla, uno que será el periódico y otro la entrega de la obra clásica, que se publicará siempre sin interrupción.» (Eco del Comercio, Madrid, martes 28 de septiembre de 1847, pág. 4.)

El “Dr. Ildefonso Martínez” firma el “Juicio crítico” con el que se inicia esta edición de Sabuco (en la página 87, tercer pliego, entregado junto con el número de 8 de octubre). Al ocupar esta edición 646 páginas habían de ser 20 entregas, y, en efecto, el número 21 de La Verdad, el 24 de febrero de 1848, se abre con esta:

«Advertencia. Con este número recibirán nuestros suscritores el primer pliego de La Pelagra y además una cuartilla por separado, que es la conclusion de Doña Oliva, acompañada de la cubierta de color que a su debido tiempo les prometimos. Suplicamos a dichos señores que en el caso de faltarles algo para el completo de la obra, se sirvan hacer las reclamaciones lo más pronto posible, antes de dar a la encuadernacion los ejemplares sobrantes de la tirada.»

El primer pliego De la Pelagra y Mal de la rosa de Asturias, en su página iii, lleva una dedicatoria a Gaspar Casal y “A los profesores que ejercen en Asturias, dedicamos con especialidad este trabajo, a fin de que con sus continuados desvelos lleguen a curar la Pelagra, y hacer más general el estudio de este terrible azote. Así lo esperan, Los redactores de La Verdad”. Ildefonso Martínez firma tanto en la página CVII, tras la “Introducción” y la “Historia físico-médica de Asturias”, como en la página 325, “como médico y como paisano”, en el último de los 14 pliegos de esta obra, entregado con el número 34 de La Verdad, el primero de junio de 1848.

La Verdad resiste un año, y en el número 50 los tres médicos que habían mantenido el periódico se despiden, trasladando Al Público su feroz enfrentamiento, pues todo trío se resuelve en dos contra uno. El uno fue el impulsor inicial del proyecto, Benito Amado Salazar (1820-1873), quien, al parecer, “después de haber alborotado tanto contra los nombramientos de real orden”, acepta una real prebenda como profesor sin decírselo a sus ingenuos socios, recaudador aprovechado que en “la Verdad encontró toda clase de granjerías”: años después ya era catedrático (en el escalafón de 1855 ocupa la cátedra de “Obstetricia y males propios de los niños y del sexo femenino” de la Universidad de Granada). Rota la solidaridad entre los tres redactores, propietarios y directores a la vez, los dos defraudados en el ideal verdadero, deciden disolver la sociedad, desvelando en su despedida el anonimato que había caracterizado el proyecto, y atribuyendo las respectivas paternidades literarias de Benito Amado Salazar (a) Blas, Antonio Manté Gual (a) Bachiller Canta-claro, e Ildefonso Martínez Fernández (a) El Duende. Los dos amigos traicionados, que controlan la edición del último número, dan a conocer al tercero el texto de su despedida, y como éste opta por escribir su relato de lo sucedido, en vez de dar la callada por respuesta, “en cumplimiento de nuestro derecho como mayoría de redacción”, publican esa explicación con interesantes notas, para que sea el público soberano quien juzgue… (de hecho, aunque el último número fecha su cabecera el 22 de septiembre de 1848, las notas de Manté y Martínez al texto de Amado van firmadas en Madrid, el 11 de octubre de 1848). Ildefonso Martínez era un año más joven que Benito Amado; Antonio Manté Gual murió el 6 de febrero de 1889, licenciado en medicina y cirugía, viudo y dejando un hijo casado.

«Sevilla 1º de octubre de 1847. Hallazgo de un precioso manuscrito. Noticia de una grande obra del siglo XVI. Con el mayor placer tomamos la pluma para comunicar a Vds. una noticia que indudablemente merece ser acogida con entusiasmo por los amantes de las letras. Hoy día en que el verdadero gusto literario no se ha formado todavía, en que el sistema de escuelas se apodera del campo de la filosofía, lo mismo que del de la literatura, son de un interés vital e incalificable cuantas obras u opúsculos traten de buscar la verdad en dichas ciencias, y de fijar de una manera concienzuda sus verdaderos principios. La obrita cuya invención ha sido debida a la afición bibliográfica y buena estrella del joven literato don José Gutiérrez de la Vega, y de la cual nos ocupamos en estos renglones, creemos que si bien no está llamada por la época de su composición, a resolver los grandes problemas literarios que hoy nos agitan, puede figurar dignamente en la biblioteca del crítico, el manuscrito citado es El compendio de poética de don Vicente García de la Huerta. […] Entre los buenos libros del señor Gutiérrez de la Vega, merece particular mención por su antigüedad y rareza, El examen de ingenios del insigne médico y filósofo español del siglo XVI, el doctor don Juan de Dios Huarte. Además del mérito intrínseco de la obra, el ejemplar del que hablamos, reúne la notable circunstancia de ser de la primitiva edición, que el fanatismo de aquel siglo hizo cenizas en las implacables hogueras inquisitoriales. Excusado es decir, lo conveniente que sería una nueva edición de esta obra para lustre de nuestra literatura y vergüenza de sus enemigos.» (El Español, Madrid, martes 5 de octubre de 1847, pág. 1.)

«Un poco de todo. ¡Y vaya por el hallazgo!. En el Heraldo del 6 del mes presente, hemos leído que el señor Gutiérrez de la Vega posee un ejemplar de la primitiva edición del Examen de Ingenios, y que sería muy conveniente su reimpresión. Bien pudiera el señor Gutiérrez de la Vega saber, que en el año 1846 se publicó una reimpresión de esta ingeniosísima obra, con las variantes de todas las ediciones, y con el texto de la primitiva, por el doctor don Ildefonso Martínez y Fernández, y que en la página 117, se expresa así en una nota (con referencia a que Chinchilla debía un trozo inserto en sus anales a don José Gutiérrez de la Vega, alumno del colegio de S. Carlos de Madrid, joven erudito y muy inteligente en este ramo): “Yo a fuer de amante de la literatura española, (* Habla el Dr. Martínez) pongo aquí el nombre de este joven para que vaya unido al del inmortal Huarte, siquiera por su desprendimiento en dar lo que nadie había cedido al campeón de la literatura médica española; al infatigable señor Chinchilla; solo siento que dicho joven no le haya dado el final del tomo que está suprimido en las ediciones expurgadas, solo porque habla de la educación de Jesucristo, como después notaremos.” Esto escribía el señor Martínez en 1846, y en 1847, se trata de un hallazgo, cuando hace un año que está publicada la edición más completa que Europa posee de esta obra ¡solo que no llegó a Sevilla ni a oídos del señor Gutiérrez de la Vega! ¡Válgate Dios por el hallazgo! (* véndese esta obra en Madrid librería de Teso a 10 rs. Rústica).» (La Verdad, Madrid 22 de octubre de 1847, nº 5, pág. 20.)

«Con referencia a cartas de Sevilla hemos dicho en uno de nuestros números que en aquella ciudad se había encontrado un ejemplar del libro que bajo el título de Examen de ingenios para las ciencias había compuesto el doctor Juan Huarte de San Juan, y que este ejemplar era completo y contenía cuanto escribió el autor y se publicó en su primera edición. Después se nos ha rogado publiquemos que no es ese el único ejemplar que existe del libro de Huarte, pues que el año anterior se ha hecho en esta corte una edición del mismo, aumentado con las variantes de las más selectas ediciones y de su correspondiente juicio crítico, por el doctor en medicina y cirugía D. Ildefonso Martínez y Fernández. En esta obra puede verse como el sistema del doctor Gall, que tanto ruido hizo en estos últimos tiempos, ya era conocido muy a fondo y desarrollado con perspicaz y agudísimo ingenio por nuestros médicos de aquella época tan brillante para nuestras armas y literatura. Y hasta en ella se nota que al hablar el autor de la causa que le impulsó al conocimiento de su sistema, presenta una en todo igual a la que posteriormente dio Gall para explicar lo mismo, cuya singular coincidencia hace pensar que el autor francés pudo haber tenido conocimiento de dicha obra.» (El Español, Madrid, jueves 28 de octubre de 1847, pág. 4.)

1848 «Confederación médica. Numerosa y bastante animada ha sido la sesión de la Asamblea provisional que tuvo lugar el domingo 16 del corriente. […] En este estado se presentó una proposición firmada por los Sres. Martínez (D. Ildefonso) y Ruiz Giménez, pidiendo que se nombrase una comisión, que para la sesión próxima propusiere los medios de verificar la nivelación; y tomada en consideración y aprobada fueron nombrados los Sres. Nieto y Serrano, Calvo y Martin y Amado, médico-cirujanos; Benavente, Ruiz Giménez y Ramos, cirujanos; y Ferrari (D. Ramón) Ruiz (D. Ramón) y Amo farmacéuticos. El Sr. Samano presentó una proposición para que la Asamblea costease dos taquígrafos, a fin de que los periódicos de la ciencia pudiesen insertar integras las sesiones y llegar estas a conocimiento de todos los profesores de la península; y apoyada con sólidas razones por su autor, fue tomada en consideración y nombrada una comisión compuesta de los Sres. Mata (D. Pedro) Martínez (D. Ildefonso) y Gutiérrez de la Vega, para que dé sobre ella su dictamen en la sesión próxima. El Sr. Mata hizo presente lo oportuno que sería que se formulase un reglamento provisional para la dirección de las discusiones, a fin de evitar la confusión que produce necesariamente un debate en que no hay reglas fijas para su curso, y habiendo pedido el Sr. Amado que se nombrase una comisión que presentase un proyecto de reglamento para la discusión, la Asamblea lo acordó así y fueron nombrados al efecto los Sres. Baeza, Cortijo y Saenz Palacios. Después de haber citado el Vice-presidente para el Domingo 23, se levantó la sesión a las tres y media de la tarde.» (La Verdad, Madrid 22 de enero de 1848, nº 17, pág. 65.)

«Confederación médica española. Asamblea provisional. Sesión del día 30 de enero de 1848. […] Se leyó la proposición siguiente que se había presentado antes. “Pedimos a la Asamblea se sirva proceder al nombramiento de un secretario con el título de segundo de gobierno para que la falta del primero no sea como hoy inconveniente para abrir la sesión a la hora citada.” El representante de Sevilla, José Gutiérrez de la Vega, Antonio Manté, Ildefonso Martínez. El señor Gutiérrez de la Vega, como uno de los autores, la apoyó, fundándose en que circunstancias de ausencias, enfermedades y otras causas al alcance de la Asamblea, reclamaban hubiese un vice o un segundo secretario de gobierno, a fin de no sobrecargar al de correspondencias. Fue tomada en consideración. El señor Benavente se opuso, porque habiendo dos secretarios en la Asamblea, que por cierto es interina, dijo, aunque el uno es de correspondencias, puede ocurrir muy bien a los casos referidos por los autores de la proposición. El señor Mata (don Pedro), pidió la lectura del artículo 6.º del reglamento, y fundado en él, reclamó se ventilase el dictamen sobre taquígrafos.» (Gaceta Médica, Madrid, 10 de febrero de 1848, nº 112, pág. 29.)

«Anuncio bibliográfico. Examen de ingenios para las ciencias por Juan Huarte de San Juan, anotada por el doctor don Ildefonso Martínez, con las variantes de las más selectas ediciones y con el texto de la primitiva. Esta brillantísima obra de ingenio, y profundidad fisiológica, se halla de venta en la librería de Tieso calle de Carretas: un tomo en 8.º de 432 páginas a 10 reales rústica y 14 pasta.» (La Verdad, 10 febrero 1848, nº 19, pág. 76.)

1850 «Novedades. Ha sido nombrado médico-director de los baños de Cestona, el Sr. D. Justo María Zabala, que ocupaba el primer lugar en la terna propuesta para ellos por el tribunal de censura de las últimas oposiciones; y de los de Buyeres de Nava, D. Carlos Mestre y Marzal, propuesto en segundo lugar en la terna correspondiente. El tribunal ha procedido sin duda alguna con la justicia, severidad, imparcialidad y buen juicio que era de suponer componiéndose de personas tan dignas como ilustradas. Solamente es de lamentar que no haya obtenido colocación el Sr. D. Ildefonso Martínez que ocupaba el primer lugar para los baños de Buyeres de Nava; porque si dignos son los dos comprofesores agraciados, no lo es menos por cierto este joven ilustrado y erudito. Esperamos todavía que el Gobierno, justo apreciador de sus merecimientos, busque algún medio de utilizar tan buena disposición.» (Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 26 de mayo de 1850, pág. 7.)

«Han sido nombrados médicos directores de los baños de Cestona y de Buyeres de Nava los Sres. Zabala y Mestre, propuestos aquel en primer lugar, y este en segundo de sus respectivas ternas por el tribunal de oposiciones. De resultas de esta elección ha quedado sin colocación al aventajado joven D. Ildefonso Martínez, que además de estar propuesto en primer lugar para los baños de Buyeres había hecho otras muchas oposiciones con igual aprovechamiento. El gobierno, que habrá tenido sus razones para preferir al Sr. Mestre, creemos no haya encontrado ninguna que haga desmerecer al Sr. Martínez del lugar que ha ganado en público certamen, y por lo tanto se halla en cierto modo obligado, para proceder lógica y equitativamente, a indemnizarle del perjuicio que sin culpa suya ha sufrido, concediéndole alguna otra vacante en el mismo ramo, sin necesidad de nuevos ejercicios de oposición.» (Gaceta Médica, Madrid, 30 de mayo de 1850, pág. 8.)

1851 «Relación de los médico-directores de los establecimientos de aguas y baños minerales. […] Provincia de Valencia. Bellús: D. Ildefonso Martínez y Fernández.» (Guía de Forasteros en Madrid, para el año de 1851, Imprenta Nacional, Madrid 1851, pág. 390.)

«Crónica. En su lugar correspondiente verán anunciado nuestros lectores un opúsculo sobre la homeopatía y los homeópatas, escrito por nuestro apreciable comprofesor D. Ildefonso Martínez. Está redactado en el estilo literario que con tan buen éxito cultiva este entendido joven, y lleno de agudezas y chistes de buen género. Le recomendamos a nuestros lectores, firmemente persuadidos de que la sal que rebosan sus castizas locuciones ha de proporcionarles un buen rato.» (Gaceta Médica, Madrid, 10 de marzo de 1851, pág. 56.)

«Por la dirección de Sanidad se ha publicado en la Gaceta la siguiente noticia de las temporadas en que puede hacerse uso de las aguas y baños minerales en los diferentes establecimientos. […] Valencia. Bellús, don Ildefonso Martínez, 1.ª temporada, desde 15 de abril a 15 de julio. 2.ª idem, desde 1.º de setiembre a 30 de octubre.» (La Esperanza, Madrid, jueves 27 de marzo de 1851, pág. 4.)

«Concluye el comunicado del Excmo. señor D. Joaquín de Hysern, que principió en el núm. 16 de nuestro periódico. […] Los señores D. Francisco Méndez Alvaro, folletinista del Boletín de medicina, cirugía y farmacia, D. Ildefonso Martínez y D. N. N. redactores, según se asegurada de la Linterna médica, son médicos, menos el último, que encalló al fin del 6.º año de la carrera de sus estudios, y aquí colgó las hopalandas y residen en Madrid, y ninguno de ellos paga un real de contribución por la clase; y ninguno de ellos ayuda en un maravedí a llevar las cargas de sus compañeros; y en fin, ninguno de ellos llega a tener siquiera inscrito su nombre en la matrícula de los médicos que ejercen la profesión en esta muy heroica y coronada villa. Si no es así, espero que estos señores se servirán rectificarlo, para conocimiento y gobierno de los que pagamos, o creemos pagar por ellos, la contribución industrial al erario. Esto no obstante, esos señores médicos de mentirillas, titulo tenus, debaten con los médicos de veras, y deciden magistralmente, tanquam ex tripode, con una seriedad verdaderamente risible, las más arduas y elevadas cuestiones de la teoría y de la práctica médicas.» (El Centinela de la Homeopatía, Madrid 1 de junio de 1851, nº 18, pág. 7.)

«Examen de ingenios para las ciencias, por el doctor Juan Huarte. Esta preciosa obra con el texto primitivo, las variantes de las más selectas ediciones, y su correspondiente juicio crítico, escrito por el Dr. don Ildefonso Martínez y Fernández, se halla de venta en esta corte en la librería de Tieso, calle de Carretas, a 16 rs. en rústica y 20 a la holandesa. Al principio de tan interesante obra se da razón de 14 ediciones de la misma hechas en España, y 16 en el extranjero en varios idiomas, de las muchas que se han verificado; a pesar de esto, si algún ejemplar se hallaba últimamente no se expendía en menos de 200 y aun de 300 rs.: tal es el mérito de esta obra española.» (El Observador, diario independiente, Madrid, 24 de septiembre de 1851, pág. 4.)

«Examen de ingenios para las ciencias, por el doctor Juan Huarte. Esta rarísima y preciosa obra con el texto primitivo, las variantes de las más selectas ediciones y su correspondiente Juicio crítico, escrito por el doctor D. Ildefonso Martínez y Fernández, se halla de venta en esta corte en la librería de Tieso, calle de Carretas, a 16 rs. en rústica y 20 a la holandesa. Al principio de tan interesante obra se da razón de 14 ediciones de la misma hechas en España y 16 en 4l extranjero en varios idiomas de las muchas que se han verificado; sin embargo, si algún ejemplar, aún de los expurgados por la Inquisición, se hallaba últimamente, no se expendía en menos de 200 y aun de 300 rs. vn. Tal es el mérito de esta obra española, utilísima a todas las clases de la sociedad, que, por su valor científico y la libertad filosófica con que el autor discute las más serias cuestiones de filosofía y fisiología trascendental, ha llamado por espacio de tres siglos y llamará por muchos más la atención de los sabios. (Núm. 272.-1).» (La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, viernes, 26 de septiembre de 1851, pág. 4.)

1852 «Debo a mi continuo trato y fina amistad con el Sr. D. Bartolomé José Gallardo, sabio lingüista, erudito bibliómano, profundo pensador y escritor ingenioso y castizo, la noticia y franqueamiento de la doctrina que constituye este peregrino y útil artículo de literatura médica española. Al escribir, pues, este artículo no me anima otro móvil que dar a conocer a los españoles tres obras enteramente desconocidas a los bibliómanos, y ya peregrinas en su patria, como tantas otras perdidas para España y para la posteridad; y al propio tiempo aclarar algunos puntos históricos y personales de uno de los médicos más afamados del siglo XVI; esto es, del Dr. Francisco Villalobos, tan ventajosamente conocido en la República Médica.» (Ildefonso Martínez y Fernández, “Literatura médica española. Rareza literaria”, Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 14 y 21 marzo 1852, nº 63 y 64, págs. 81-83 y 89-90.)

1853 «Arrepentido ya estoy / A daros las pruebas voy. Sr. D. Higinio del Campo: mi dueño, y licenciado más delicado que lo fue el de Vidriera, Noli me tangere de los pasados, presentes y futuros escritores: He recibido su muy donosa misiva, que me ha hecho tanto títere, que aseguro a V. que aun no me he recobrado de mi risa, porque así como a V. le da por sorprenderse y disgustarse, a mi me coge por ensancharme a todo solaz, es decir, querido mío, por divertirme en toda forma, y por matar el esplín, que como es enfermedad de estrangis no me acomete…» (Ildefonso Martínez, “Epístola consolatoria de Ildefonso Martínez, a don Higinio del Campo”, Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, 6 marzo 1853, nº 114, pág. 80.)

«Aguas y Baños minerales. Noticia de las temporadas en que puede hacerse uso de las aguas y baños minerales en los diferentes establecimientos. […] Valencia. Bellús, don Ildefonso Martínez, 1.ª temporada, desde 15 de abril a 15 de junio. 2.ª idem, desde 1.º de setiembre a 30 de octubre.» (El Heraldo, Madrid, sábado 9 de abril de 1853, pág. 3.)

«Amigo del alma: Tu artículo literario de Doña Oliva, inserto en los números 10 y 11 de la Gaceta Médica, en cumplimiento de una palabra empeñada conmigo, me ha colocado en una posición difícil y embarazosa respecto de una tercera persona, digna por muchos conceptos de mi atención: por cuyo motivo tomo la pluma para aclarar esta posición y para colocar las cosas en su verdadero terreno, viéndome un esta ocasión obligado a exclamar con mucha oportunidad con el filósofo de Estagira: amicus Plato sed magis amica veritas.» (“Epístola gratulatorio de Ildefonso Martínez a D. José María Muñoz y Ferrón”, Gaceta Médica, Madrid, 10 mayo 1853, nº 13, pág. 108.)

1855 «Según nos escriben de Oviedo, ha muerto allí últimamente el digno profesor de aquellos baños don Ildefonso Martínez. Esta pérdida es doblemente sensible, porque estando prefijadas por el gobierno las temporadas de baños, y teniendo por precisa consecuencia que atender a sus obligaciones los facultativos de ellos, el señor Martínez fue arrancado de su puesto para ir donde no le correspondía. No nos cansaremos de lamentar ese egoísmo injusto y atroz que ciertas autoridades despliegan con los facultativos señalándoles mortales peligros, y manifestando, si por milagro se salvan de las garras de la peste, una notoria indiferencia para premiar sus esfuerzos. Lamentamos de todo corazón la pérdida del señor Martínez, cuya memoria es tan digna de compasión y de respeto.» (La Iberia, diario liberal de la tarde, Madrid, lunes 1º de octubre de 1855, pág. 3.)

«Otra víctima más. Hoy cumplimos con el deber imperioso de participar a los médicos la temprana muerte de nuestro amigo y comprofesor el Dr. D. Ildefonso Martínez, acaecida en Oviedo, prodigando sus auxilios a los coléricos de aquella población, de cuya epidemia ha sido víctima, no sabemos si en cumplimiento de su deber o por un exceso de delicadeza. De todas maneras, sentimos como el que más la tan pronta desaparición de la escena de este mundo de tan honrado como ilustre amigo. En nada afecta a nuestros sentimientos la diferencia de opiniones médicas que mediaban entre nosotros y aquel médico distinguido, para que dejemos de tributarle nuestro humilde homenaje. Prescindiendo de la amistad con que nos honraba, y apenas repuestos de la pérdida irreparable que acabamos de experimentar en la persona de nuestro distinguido amigo y compañero el Dr. Fernández del Río, a consecuencia también de la epidemia colérica, hemos perdido como médicos en la del Dr. Martínez uno de los mejores campeones de los intereses morales y materiales de la clase, el más celoso defensor de su decoro y dignidad, el médico a quien ni por nada ni por nadie se le pudo hacer variar nunca de lo que creyó equitativo y justo; así como en la de nuestro co-redactor uno de los apóstoles más dignos de nuestra fe médica, tanto por su ilustración y vastos conocimientos (lo cual le mereció una estimación general), como por la energía de su carácter y natural franqueza en todos los actos de su vida pública y privada. Plegue al cielo hacer cesar en las pérdidas ya sufridas las que principalmente se refieren a los sacerdotes de Esculapio, puesto que en épocas tan calamitosas tienen la honrosa misión de auxiliar tanto como nunca científica y moralmente a los individuos, a las familias y a las poblaciones todas.» (La Década Homeopática, Madrid 10 de octubre de 1855, año II, nº 64, pág. 224.)

«Por el objeto a que se contrae, si no por la corrección con que está escrito, tenemos una viva satisfacción en publicar el siguiente comunicado que publica El Centinela de Asturias del 8: “Señor director de El Centinela de Asturias. Muy señor mío: Enemigo de adulación y liberal a toda la generosa acepción de la palabra, no puedo menos de tributar un homenaje de gratitud a la digna corporación municipal, que en buen hora concibiera el pensamiento de erigir un monumento que perpetuase las glorias de filántropo, del sabio médico don Ildefonso Martínez. Así como será imperecedera la memoria de tan esclarecido como malogrado doctor, no menos los que nos hemos honrado con su amistad, dejamos de recordar con júbilo que los dignos representantes del pueblo de Oviedo, dando reverente culto al mérito y al saber, han añadido mas una hoja brillante en los fastos de nuestras justicieras municipalidades. Soy de V. afectísimo amigo. Rafael Sarandeses.”» (La Iberia, diario liberal de la tarde, Madrid, viernes 12 de octubre de 1855, pág. 4.)

1876 «El Sr. Revilla se engaña de todo punto si imagina que somos usted y yo los únicos defensores de la filosofía ibérica. Esta, por el contrario, cuenta, así en la Península como en el extranjero, numerosos aficionados. […] Fuéronlo entre los muertos el doctor D. Ildefonso Martínez, editor e ilustrador de Huarte y doña Oliva; el Sr. Sánchez Ruano, panegirista de la segunda; el suarista P. Cuevas, digno de muy honroso recuerdo por haber trazado ya en 1854 un compendio de nuestra historia filosófica, destinada a la enseñanza de los Seminarios; el bibliotecario ovetense Suárez Bárcena, erudito biógrafo de los Abarbaneles, Sabunde y Servet; el Sr. González Muzquiz, vindicador de Vives en 1839…» (Marcelino Menéndez Pelayo, “Mr. Masson redivivo”, Revista Europea, Madrid, 30 de ulio de 1876, pág. 137.)

1878 «Las muchas citas que de autores clásicos hace D.ª Oliva Sabuco y el conocimiento que mostró del latin, escribiendo en este idioma parte de su libro, permiten, a mi juicio, sin violencia darle honroso asiento en el congreso de nuestras humanistas del Renacimiento. La edicion mas moderna, si bien excluyendo la parte latina y algunas cosas del texto castellano, es la que en 1845 o 46 hizo el médico asturiano D. Ildefonso Martínez, ilustrador y editor tambien del Examen de Ingenios. De esta obra y sus ediciones, asi como de su impugnacion por Diego Álvarez, inédita, dió mas abundantes noticias el mismo Martinez hacia 1853 en El Siglo médico y el Círculo científico y literario. (V. la Bibliografía asturiana de Fuertes).» (Carta de Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 25 junio 1878, Epistolario, vol. 3, nº 88.)

1879 «Tambien quisiera mandarte algunos otros libros, como el Tratado de la razon humana (1.ª parte) y La Libertad moral, del Dr. Mata, la analítica (si no la tienes), el Huarte (edic. de Ildefonso Martínez, 1846) y el Boletin-Revista de esa Universidad.» (Carta de Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 9 diciembre 1879, Epistolario, vol. 4, nº 75.)

1889 «La obra de Gallardo y sus adicionadores es un riquísimo tesoro de noticias bibliograficas y, sin embargo, aun queda materia para otros cuatro volumenes iguales, sin salir del círculo de lo raro y curioso. D. Ildefonso Martinez en sus artículos sobre Juan Huarte, insertos, en el Círculo cientifico y literario, describe muchas ediciones del Examen de ingenios, de las que nada dice Gallardo. La misma diferencia se advierte entre este y Suárez Barcena respecto a las ediciones del Liber creaturarum. ¡Lastima que no hubieses tenido a la vista los trabajos de los dos bibliografos asturianos para que en el Ensayo quedasen anotadas todas las ediciones de Huarte y Sabunde! Esto me hace pensar en lo conveniente que seria recopilar los estudios bibliográficos que andan desparramados en las colecciones de revistas o, cuando menos, formar un índice de ellos. A esta tarea podría dedicarse algún empleado de la Biblioteca Nacional.» (Carta de Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 6 octubre 1889, Epistolario, vol. 10, nº 167.)

La entrada biográfica canónica de 1956

Constantino Suárez Fernández (1890-1941), Españolito, vio publicados los tres primeros tomos (A, B-CH, D-F) de su conocida obra Escritores y artistas asturianos. Indice bio-bibliográfico (Espasa-Calpe, Madrid 1936) poco antes de que estallase en España la guerra civil. Quedaron sin publicar los cuatro tomos restantes, que dejó mecanografiados y con sus ilustraciones dispuestas. Veinte años después, el Instituto de Estudios Asturianos (auspiciado por la Diputación de Asturias y adscrito al Patronato José María Quadrado del CSIC), publicó en Oviedo esos cuatro tomos inéditos, en edición prologada y aumentada por José María Martínez Cachero (1924-2010), profesor de la Universidad de Oviedo. En el tomo V (L-O, Oviedo 1956, páginas 167-171) figura la siguiente entrada escrita en 1936 por Constantino Suárez sobre Ildefonso Martínez (a la que nada añadió su editor):

Martínez Fernández (Ildefonso)

Fue persona de profunda ilustración médica y literaria, disciplinas de las que ha dejado obras de alto mérito. Promovió la afición al estudio de los filósofos y hombres de ciencia españoles antiguos, en lo que fue precursor del camino seguido años después por Laverde Ruiz, Menéndez y Pelayo y otros.

Nació Ildefonso Martínez Fernández en hogar humilde de Benia, capital del concejo de Onís, el 28 de abril de 1821. A los nueve años, debido a la pobreza de sus padres que impedía darle estudios, fue enviado a Madrid, al amparo de unos tíos por parte de la madre, en cuyo hogar vivió como verdadero hermano de su primo José Fernández Tielve. A los catorce años, y después de realizada la instrucción elemental, ingresó en los Reales Estudios de San Isidro, donde siguió los de Humanidades y Ciencias con extraordinaria aplicación.

Las indicaciones de los tíos protectores determinaron al padre, don Pedro Martínez, a trasladarse a Madrid y emprender aquí algo que le permitiera estar cerca del hijo. Se estableció en la Plaza Mayor, al pie de la escalinata que da acceso a la calle de Toledo, con una taberna que llegó a ser famosa entre la gente humilde y la bohemia literaria y artística con el nombre de Taberna del Púlpito. En dicho establecimiento trabajó Ildefonso Martínez Fernández como dependiente en las horas libres de sus ocupaciones escolares.

Graduado de bachiller hubiera querido emprender la carrera de Leyes, más afín con sus aficiones, pero el padre le impuso la de Medicina, acaso por estimarla más productiva. En 1837 se matriculó en el colegio de San Carlos y recibió el grado de doctor en Medicina y Cirugía en 1844.

En los primeros tiempos de estudiante de Medicina fundó con algunos condiscípulos una Sociedad de Instrucción Recíproca en la que sus componentes mantenían controversias sobre temas diversos. La estudiantil agrupación pasó luego a ser Ateneo Médico-Quirúrgico Matritense, que sirvió de fundamento a la después célebre Academia de Esculapio. En estas dos últimas instituciones tuvo ocasión Ildefonso Martínez de afianzar el crédito que ya disfrutaba con sendos discursos (número I y II), reveladores de sus conocimientos filosófico-científicos. De esa Academia de Esculapio, que más tarde se fundió con el Instituto Médico, fue Martínez presidente y, después de concluida la carrera, uno de los profesores; en ella explicó Fisiología filosófica.

Después de concluida la carrera hizo, sin éxito, oposiciones a plazas de médico y de cirujano del Hospital de Madrid y a médico-director del balneario de Alamilla (Granada). Colaboró sobre diversas materias, entre las que abundaban los temas médicos, en publicaciones profesionales y literarias como: La Verdad (1847), Las Novedades (donde firmaba con el seudónimo de Bachiller Encina), El Duende, Anales de Medicina, Boletín de Medicina y otras.

Unas oposiciones celebradas en 1850 para cubrir la plaza de médico-director de las aguas de Beyures (concejo de Nava) le daban, de ganarlas, la posibilidad de pasar en Asturias, como era su deseo, algunas temporadas. Sus ejercicios fueron tan brillantes que alcanzó el primer puesto entre los treinta y siete opositores pero no obstante se concedió la plaza al propuesto en segundo lugar. Al año siguiente se le nombró médico-director de los baños de Bellús, partido judicial de Játiva (Valencia).

En posesión de este destino sus colaboraciones sobre temas profesionales y de diversa índole científica, así como acerca de cuestiones filosófico-literarias, se esparcen por numerosas publicaciones de la época, principalmente: Gaceta Médica, El Porvenir Médico, Revista Médica, La Reforma (donde empleó el seudónimo de El Doctor Palomeque), El Heraldo Médico, Círculo Científico y Literario y otras. Las producciones en volumen son asimismo abundantes: estudia y escribe un tratado sobre la flora de Bellús (número V); el filósofo e investigador publica trabajos relacionados con la profesión como los anotados con los números VII al IX, el último de los cuales finge traducido del alemán y escrito en esta lengua por un Rabí-Isaac-Maimón Firduci; el investigador de temas literarios redacta El Buscapié del buscarruido de D. Adolfo de Castro (número VI).

Una de sus últimas empresas literarias fue la fundación y dirección en Madrid, en los primeros meses de 1855, de la revista El Crisol. Floresta Crítico-Médica, que debió de tener corta vida.

En los últimos meses del año anterior permutó la plaza que venía desempeñando en Bellús por la que en justicia le había correspondido en las oposiciones de 1850, o sea, la de Beyures de Nava. Pasó a ocuparla al llegar la temporada de baños de 1855, concluida la cual le cogió en Oviedo (ya de regreso para Madrid) la invasión del cólera morbo asiático. Unidos en él el deber profesional y la piedad hacia sus semejantes, ofreció inmediatamente sus servicios al Ayuntamiento ovetense, servicios que le fueron aceptados y que él emprendió afrontando los múltiples riesgos que la tarea ofrecía. Además de su asidua cooperación personal redactó la Cartilla (número X) divulgadora de medidas preservativas y terapéuticas contra la peste, que apareció firmada por la Comisión facultativa de la Junta provincial de Sanidad. Contagiado de la terrible plaga, falleció a la edad de treinta y cuatro años, el 26 de setiembre de 1855.

El Ayuntamiento ovetense solemnizó el dolor de la ciudad y de Asturias ante semejante pérdida dando carácter oficial a los funerales y poniendo en el correspondiente nicho del cementerio esta lápida:

A la memoria del Dr. / D. Ildefonso Martínez. / Médico distinguido / que murió el 26 de septiembre de 1855, / víctima de su celo, / abnegación / y caridad cristiana, / asistiendo a los enfermos / coléricos de esta capital.” Años adelante, el propio Ayuntamiento dedicó a su memoria una de las calles de la población.

Obras publicadas en volumen:

I. Del influjo de lo físico en lo moral y viceversa (Madrid, 1842; discurso en el Ateneo Médico-Quirúrgico el 18 de abril de ese año).

II. Discurso de inauguración en la Academia de Esculapio (Madrid, 1843).

III. La filosofía médica (Madrid, 1848).

IV. De la pelagra y mal de la rosa de Asturias (Madrid, 1848).

V. La flora de Bellús (Valencia, 1851; folleto).

VI. El Buscapié del buscarruido de D. Adolfo de Castro, Crítico-crítica por el Bachiller Bo-vaina (Valencia, 1851; opúsculo contra el falso descubrimiento hecho por el citado Castro del Buscapié escrito por Cervantes).

VII. La apología de los ciegos, o la homeopato-manía. Historia crítico-médica por el Doctor Barlo-vento, natural de Carga-gente (Madrid, 1851).

VIII. Médicos perseguidos por la Inquisición española (Madrid, 1855).

IX. Espejo del verdadero médico, escrito en alemán por Rabí-Isaac-Maimón Firduci, y traducido por un curioso (Madrid, 1855; obra original y no traducción).

X. Cartilla popular higiénica y terapéutica del cólera morbo asiático, por la Comisión facultativa de la Junta provincial de Sanidad (Oviedo, 1855; redactada por Ildefonso Martínez).

Trabajos sin formar volumen:

1. Juicio crítico y anotaciones a Examen de ingenios para las ciencias, en el cual el lector hallará la manera de su ingenio para escoger la ciencia en que más ha de aprovechar, la diferencia de habilidades que hay en los hombres y el género de letras y artes que a cada uno corresponde en particular. Compuesto por el doctor Juan Huarte de San Juan (Madrid, 1845).

2. Introducción y notas explicativas y adicionales a Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida y alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y la salud humana. Compuesta por doña Oliva Sabuco de Nantes Barrera, natural de la ciudad de Alcaraz (Madrid, 1847).

1970 «Martínez Antuña [sic], Ildefonso. Médico y escritor. Nace el 28 de abril de 1821 en Benia, capital del concejo de Onís. Debido a la pobreza de sus padres fue enviado a Madrid, a la edad de nueve años, al amparo de un tío materno. A los catorce ingresa en los Reales Estudios de San Isidro, donde sigue Ciencias y Humanidades con gran aprovechamiento. Ante esta situación, los tíos protectores recomiendan a su padre que se traslade a Madrid; lo hace, y abre la «Taberna del Púlpito» en la Plaza Mayor, junto a la escalinata que da paso a la calle de Toledo, que llega a ser famosa entre bohemios, artistas, literatos y gente llana del pueblo. En ella despacha vino el estudiante en las horas que le dejan libres sus estudios. Durante la época de estudiante funda la Sociedad de Instrucción Recíproca para la controversia de temas diversos. Pasa a ser más tarde Ateneo médico-quirúrgico matritense, y más tarde Academia de Esculapio, que llegó a gozar de gran prestigio. En estas sociedades se reveló como un consumado orador. También fundó el Instituto Médico, del que fue presidente y profesor. Colabora en las revistas especializadas y en otras literarias. Oposita a plazas de médico-cirujano del hospital de Madrid sin éxito. En 1850 oposita a la plaza de médico-director del balneario de Beyures (Nava), que tampoco le conceden, pese a alcanzar la mejor puntuación. Al año siguiente lo nombran médico-director de los baños de Bellús, dentro del partido judicial de Játiva. En posesión de este destino, intensifica su labor creadora y de investigación científica y filosófica. A primeros de 1855 funda en Madrid la revista El Crisol, y también Floresta Crítico-Médica. En este mismo año permuta su plaza de Bellús por Beyures y se viene a Asturias. De regreso de la temporada de baños, le sorprende a su paso por Oviedo la epidemia del cólera morbo asiático. Afrontando todos los riesgos y sacrificios se ofrece inmediatamente al Ayuntamiento ovetense para prestar sus servicios profesionales. Confeccionó la Cartilla popular higiénica y terapéutica del cólera morbo asiático y trabajó denodadamente contra la peste hasta que fue contagiado por ella. Fallece víctima de la misma el día 26 de setiembre del año anotado, a la edad de 34 años. El Ayuntamiento de Oviedo colocó sobre su tumba una lápida con una leyenda conmemorativa de la ofrenda de su vida en beneficio del prójimo. También más tarde dio su nombre a una calle de la ciudad. Entre su obra escrita se reseñan La filosofía médica, De la pelagra y mal de la rosa en Asturias, La flora de Bellús, La apología de los ciegos, o la homeopato-manía y Los médicos perseguidos por la Inquisición española.» (Gran Enciclopedia Asturiana, Gijón 1970, tomo 9, pág. 248.)

1990 «En los preliminares a su único libro, recopilación de diversos trabajos, Ensayos críticos sobre Filosofía, Literatura e Instrucción pública, Lugo 1868, [Gumersindo Laverde] atribuye a las Asturias, “nobilísima comarca, cuna y solar de la monarquía española”, el mérito de ser la cuna de quienes más han luchado por rescatar del olvido la ciencia y la filosofía española, y menciona a Ildefonso Martínez, al Padre Cuevas, Aquilino Suárez Bárcena, Alejandrino Menéndez de Luarca, Ramón de Campoamor, Patricio Azcárate –astur augustano–, y al “joven” Fr. Zeferino González, para afirmar, rotundo, “finalmente, asturiano soy yo”. En el ejemplar de los Ensayos que, años después, Laverde regaló a su recién descubierto discípulo santanderino Menéndez Pelayo, escribió en el margen de esa página IX y como continuación de la frase: “de Santillana por la cuna, de Oviedo por la educación”.» (Gustavo Bueno Sánchez, “Gumersindo Laverde y la Historia de la Filosofía Española”, El Basilisco, nº 5, 1990, pág. 49.)

Bibliografía de Ildefonso Martínez

1844 “[ Crítica de las historias de la medicina de Chinchilla y Morejón ]”, Anales del Instituto Médico de Emulación, Madrid, 3 de octubre de 1844, nº 48, páginas 380-382.

1846 “Homeopatía. Comunicado. Ilustración y buena fe homeopática”, Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 17 de mayo de 1846, páginas 153-157.

Juicio crítico” y edición de Juan Huarte de San Juan, Examen de ingenios para las ciencias, Madrid 1846, L+422 páginas.

1847 “La medicina y los médicos”, Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 11 de abril de 1847, páginas 118-120.

“Juicio crítico” y edición de Oliva Sabuco, Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, Madrid 1847, 646 páginas. (20 entregas repartidas con los primeros 20 números de La Verdad, entre septiembre de 1847 y el 24 de febrero de 1848.)

1848 De la pelagra y mal de rosa de Asturias. Monografía, en que se describen estas enfermedades, y se responde a las preguntas hechas por la Academia de París, Madrid 1848, CVIII+325 páginas. (14 entregas con La Verdad, nº 21 al 34, de 1º de junio de 1848.)

1851 La apología de los ciegos, o la homeopato-manía. Historia-crítico-médica, por el Dr. Barlo-Vento, natural de Carga-Gente (* Léase Carcagente, que es error de imprenta), Imprenta de don José Trujillo hijo, Madrid 1851, 56 páginas.

El buscapié del buscaruido de Don Adolfo de Castro. Crítico-crítica, por el Bachiller Bo-vaina, Imprenta de D. Mariano de Cabrerizo, Valencia 1851, 40 páginas.

1852 “Literatura médica española. Rareza literaria” [sobre Francisco Villalobos], Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 14 y 21 marzo 1852, nº 63 y 64, págs. 81-83 y 89-90.

1853 “Epístola consolatoria de Ildefonso Martínez, a don Higinio del Campo”, Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 6 de marzo 1853, nº 114, pág. 80.

Epístola gratulatorio de Ildefonso Martínez a D. José María Muñoz y Ferrón” (sobre Oliva Sabuco), Gaceta Médica, Madrid, 10 mayo 1853, nº 13, pág. 108.

1854 “Filósofos españoles. Juan Huarte”, Círculo Científico y Literario, Madrid, 15 marzo 1854, nº 6, págs. 84-90.

Filósofos españoles. Diego Álvarez”, Círculo Científico y Literario, 22 y 30 de abril 1854, nº 11 y 12, págs. 170-172 y 184-188.

1855 Médicos perseguidos por la Inquisición española, Biblioteca del Crisol, Madrid 1855, 96 páginas.

Espejo del verdadero médico, escrito en alemán por Rabí Isaac-Maimon-Firsudi, y traducido por un curioso, Madrid 1855, 282 páginas.

2004 Así murió el insigne bibliógrafo Don Bartolomé J. Gallardo: carta dirigida por D. Ildefonso Martínez a D. José Gregorio Fuster el 21 de septiembre de 1852, Cultural Santa Ana, Almendralejo 2004, 8 páginas.

Textos de Ildefonso Martínez en el proyecto Filosofía en español

1844 “Crítica de las historias de la medicina de Chinchilla y Morejón”, Anales del Instituto Médico de Emulación, nº 48, páginas 380-382.

1846 “Juicio crítico de Huarte”, en Huarte, Examen de ingenios, Madrid 1846, págs. V-XXXII.

1853 “Epístola gratulatorio de Ildefonso Martínez a D. José María Muñoz y Ferrón” (sobre Oliva Sabuco), Gaceta Médica, nº 13, pág. 108.

1854 “Filósofos españoles. Juan Huarte”, Círculo Científico y Literario, Madrid, 15 marzo 1854, nº 6, págs. 84-90.

Filósofos españoles. Diego Álvarez”, Círculo Científico y Literario, 22 y 30 abril 1854, nº 11 y 12, págs. 170-172 y 184-188.

gbs