Filosofía en español 
Filosofía en español

Juan de la Cruz Fuster Ortells  (a) Joan Fuster 1922-1992

Poeta español e ideólogo catalanista, nacido en la provincia de Valencia, de formación y devoción carlista y falangista, cooptado en los sesenta por los ideólogos del Congreso por la Libertad de la Cultura como padre de una patria valenciana incorporada a Cataluña. En 1962 publica Nosaltres, els valencians (Edicions 62, Barcelona, 238 páginas), apologeta canto añorante de unos grandes y libres Països Catalans.

Intelectual de escritos de protesta: en octubre de 1963 figura entre los intelectuales contra la tortura y por las libertades democráticas, y el Nuevo escrito dirigido por 188 intelectuales (su firma a continuación, precisamente, de la de Pablo Martí Zaro).

En noviembre de 1965 se esperaba su presencia en la discreta reunión en Toledo, en casa de Fernando Chueca Goitia, de la Comisión española del Congreso por la Libertad de la Cultura: “De València esperàvem en Joan Fuster, però no va venir, i el que hi era era en Vicent Ventura, a qui jo vaig conèixer –i descobrir– allí” (Maurici Serrahima Bofill [1902-1979], Del passat quan era present, IV (1964-1968), Publicacions de l'Abadia de Montserrat, Barcelona 2005, volumen 4, pág. 237).

El agente Sergio Vilar le jalea en 1968, como adalid de la izquierda liberal antifranquista de Valencia, en su papel de “padre de la patria”:

Joan Fuster

En Sueca, un pueblo a pocos kilómetros de Valencia, el escritor y líder valencianista Joan Fuster es una figura nacional. En la placa junto a la puerta de su casa, el defensor de la lengua catalana en Valencia se anuncia en castellano: “Juan de la Cruz Fuster, abogado”. En Sueca nació Fuster el 1922, y en Sueca ha vivido siempre, en perfecta inmovilidad geográfico-vital.

El padre de Fuster era tallista: hacía imágenes religiosas, altares, adornos para las habitaciones, &c. También daba clases de dibujo en el colegio de segunda enseñanza, por lo cual Fuster podía ir a la escuela sin pagar. La familia materna es una familia de labradores.

—En casa, toda la vida hemos vivido del jornal. Después de la guerra civil, hubo un momento de relativa euforia para el oficio de mi padre, porque, claro, habían quemado todas las iglesias, y por eso se podían fabricar muchos santos y altares, muchas “madres de dios” y muchos “nuestro señor”. Entonces la situación económica de mi casa, sin ser espléndida, mejoró un poco. Yo era hijo único, y mis padres quisieron que siguiera estudiando en la Universidad.

El padre de Fuster, que era carlista, también hacía de corresponsal de los diarios de esta comunión. Tenía algunos libros, pero no puede decirse que hubiera un clima literario, ni mucho menos, que condicionara la vocación de escritor de Joan Fuster. Durante la guerra, exactamente el año 1937, el padre de Fuster estuvo detenido ocho meses en la cárcel de Valencia.

—¿Tú también has sido carlista?

—Hombre, eso de las ideas políticas siempre las he vivido con un poco de confusión en aquella época. Realmente me he educado en una familia de carlistas. Sí, claro, en la primera etapa de la vida, eres aquello que te han enseñado tus padres. He tomado la primera comunión y tantas otras cosas que pasan. El proceso de descarlistinización fue gradual: quedaron cosas que duraron más, pero otras desaparecieron en seguida, como, por ejemplo, la fe monárquica. Durante la guerra leí algunos libros que me abrieron nuevas perspectivas...

—Pero tú luego fuiste falangista...

—Después de la guerra formé en la Organización Juvenil, porque a mi padre, que había sido Jefe de los Carlistas en Sueca, le nombraron Jefe de Falange, y lo fue hasta que pasaron algunas cosas divertidas de política local. Mi padre era un hombre de un candor sensacional y se había creído que todo eso de la justicia social de los puntos de la Falange, era una cosa que iba a hacerse.

—¡Qué ingenuo!

—Sí, era un carlista de extracción popular, que es una forma de anarquista de derechas. Sentía muy poco respeto por la propiedad privada. Así que cuando le hicieron jefe de falange se le ocurrió hacer una serie de maniobras. Al acabar la guerra los grandes propietarios rurales recuperaron en seguida todas las tierras que pudieron, alegando que los arrendatarios no habían pagado durante tres años, que los arrendatarios eran rojos, o acusaciones así, aprovechándose de la situación. Eso creó un gran malestar en el pueblo. Mi padre hizo algunas denuncias al gobernador civil protestando contra esos terratenientes. Por ejemplo, una de las propietarias me parece que era la suegra del Barón de Cárcer, que a la sazón era alcalde de Valencia. En fin, era la pequeña oligarquía valenciana. En resumen, que le echaron tierra al asunto y a mi padre le expulsaron del cargo.

—¿Tu llevaste uniforme de falangista?

—Sí, sí, uniforme, boina, correaje y todo. Pero puñales u otros instrumentos, no. Llegué a ser jefe de escuadra, que quería decir cabo.

—¡Caramba!

—Pero era una cosa muy incómoda. Porque todas las actividades de la organización juvenil, en mi pueblo consistían en ir formados a misa los domingos, uniformados y con tambores. Mi vocación castrense siempre ha sido mínima, de manera que nunca quise ir a campamentos. Y como ir a misa de esa manera tampoco me gustaba, conseguí que hicieran cabo a otro de mi escuadra, y a mí me hicieron “asesor local de formación nacional-sindicalista”.

—¡Coño!

—Todo eso duró los años 1939, 1940 y 1941. Ahora bien, en el sentido ideológico yo no he sido nunca falangista. Mi paso por eso era porque se trataba de lo que todo el mundo hacía en el pueblo, y además yo era el hijo del jefe de falange. Me obligaron un par de veces a hablar a los niños de la escuela sobre José Antonio, según las orientaciones que me daban.

—¿En qué lengua hablabas tú a los niños?

—En castellano, claro, ¡tú verás!, en castellano.

Al ir a estudiar a Valencia todo el carlismo-falangismo de Fuster fue acabándose. “Empecé a ir por las librerías y a tomar contacto con otro mundo ideológico mucho más amplio.” Después de terminar la carrera de Derecho, Fuster trabajó en una empresa de exportación de naranjas; luego ejerció la profesión de abogado hasta que sus actividades literarias crecieron y poco a poco se dedicó por completo al oficio de escribir. (Ha publicado varios libros: “El descrèdit de la realitat”, “Poetes, moriscos i capellans”, “L'home, mesura de totes les coses”, &c. Su libro más conocido es “Nosaltres, els valencians”, debido a su intención autonomista-nacionalista ligada a Cataluña.)

—¿Cómo te consideras? ¿Como un hombre político, como un hombre ético-político o como uno que puede hacer política desde el lado cultural?

—Hombre, en un país como éste no se puede ser no-político. Cualquier persona medianamente sensata ha de intervenir en la vida política. Pero yo no me creo dotado, ni tengo ganas ni creo que sea misión mía el dedicarme a la política activa. Sí, hasta ahora he hecho algo que puede parecerse a la política, sobre todo porque aquí no había nadie que la hiciese, en la línea que yo creía que se tenía que hacer. Ahora que ya hay más gente dispuesta a eso, yo ya me desentiendo de muchas cosas. Y aunque hago un poco el papel de “padre de la patria”, ya no es lo mismo del principio. Pero no, no tengo la menor vocación. El hombre político ha de tener unas condiciones personales muy distintas a las mías. Yo soy quizá demasiado corrosivo, demasiado intelectual... Mientras tanto, claro, hay que hacer cosas y colaboro para que las hagan otros; creo que mi preocupación por la vida pública siempre será la misma y que en cada momento haré lo que sea aconsejable.

Joan Fuster habla largamente de los proyectos autonomistas y unitaristas Cataluña-Valencia-Baleares...

En los últimos años, a Fuster se le clasifica como un escritor que, además de catalanista, es de izquierdas y más o menos socialista.

—¿Que clase de socialismo es el tuyo, Fuster?

—Mi socialismo no sé bien exactamente qué es. Realmente yo me he encontrado demasiado bien para ser marxista. Es decir, el marxismo encuentro que es toda una concepción del mundo tan radicalmente distinta a la que estamos acostumbrados los no-marxistas que procedemos de otra formación, que el adherirse en bloque a Marx es como pasar de la geometría euclidiana a la geometría no-euclidiana. Por tanto, yo no sería nunca capaz de sentirme marxista cien por cien. Pero hay muchas cosas del pensamiento marxista, tan claras y tan útiles sea como instrumento de comprensión del mundo y de la sociedad, y también como instrumento de acción política, que no diré que las haya hecho mías de una manera muy firme, pero sí las he asumido bastante. En definitiva, yo creo que soy un liberal.

—Pero, en definitiva, desde tu punto de vista, ¿se debe o no se debe aplicar el socialismo a la economía valenciana?

—Sí, se puede aplicar el socialismo a la economía valenciana, porque las pequeñas propiedades se demuestra que son antieconómicas. Es decir, por ejemplo hoy el cultivo del arroz es una cosa tremendamente jodida, porque las condiciones de trabajo y el grado de mecanización son anticuados y las soluciones no están al alcance del pequeño propietario... Unas formas de cooperación serían mucho más útiles... La gente de aquí no es que sea individualista; sabe unirse cuando la necesidad les obliga... Ahora bien, el sentimiento socialista ya es más difícil que penetre en el mundo agrario...

Sergio Vilar, Protagonistas de la España democrática. La oposición a la dictadura 1939-1969, París 1968, páginas 368-371.

En 1970 la editorial Seminarios y Ediciones SA, activada por el Congreso por la Libertad de la Cultura con dineros del gobierno de los Estados Unidos del Norte de América, publica su libro El hombre, medida de todas las cosas (nº 3 de la Colección Hora H), con un prólogo de Joaquín Molas Batllorí, personaje también vinculado al CLC.

1977 «Señor Director: Con respecto al artículo de don Joan Fuster titulado “Kant y el franquismo”, publicado en La Vanguardia del jueves 26 pasado en el que se afirma textualmente: “En aquella época básicamente (se refiere al año 1939 y próximamente posteriores) quienes se matriculaban con Filosofía y Letras se dedicaban a la paleografía y nunca se enteraron –o no mucho– ni de que Kant hubiera existido. Hablo de la Universidad Central. En la Autónoma de Barcelona tampoco parece que la cosa funcionase mejor.” Puedo dar fe, por mi parte, que asistí como alumno a la única Facultad de Filosofía que existía entonces en Barcelona (sección de Filosofía), a uno de los cursos que profesó en ella el doctor Xavier Zubiri, una de cuyas magistrales lecciones durante los años 1941-42 versó precisamente sobre el análisis de la Crítica de Razón Pura de Kant. Seguíamos las explicaciones con la traducción excelente de don Manuel García Morente, y también con ejemplares en el idioma original que los adquirimos sin dificultad en librerías especializadas de ésta. Entre mis compañeros recuerdo al malogrado Jaime Bofill (e.p.d.), don Maur María Boix (hoy monje en Montserrat), Raimundo Paniker, Miguel Siguan, Roberto Saumells, todos ellos conocidos en el mundo de la cultura. No éramos muchos, lo que recuerdo hizo exclamar alguna vez al doctor Zubiri: “¡Qué pocos adeptos tiene la filosofía!”... Pocos o muchos, nadie nos puso el menor impedimento para acudir a estos magníficos cursos del gran filósofo vasco, Francisco Solano Aguirre.» (Raimundo Paniker Alemany, “Cartas al director. Un filósofo precisa...”, La Vanguardia Española. Barcelona, 9 de agosto de 1977, página 6.)

En 1987 forma parte del Comité ejecutivo de 50 años después. Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas organizado por la Generalidad Valenciana (Valencia, 15 al 20 de junio de 1987). Este Comité ejecutivo estuvo formado por Juan Cueto Alas, Joan Fuster, Juan Goytisolo, Fernando Savater, Jorge Semprún, Manuel Vázquez Montalbán y Ricardo Muñoz Suay, impulsor inicial del proyecto.

r