Filosofía en español 
Filosofía en español

Fernando Vela 1888-1966

Fernando Vela

A Fernando Vela se le recuerda sobre todo por haber cofundado en 1923, junto con José Ortega y Gasset, Revista de Occidente, de la que fue secretario de redacción hasta 1936. También como traductor al español de literatura filosófica germana de entreguerras: Fácil acceso a la teoría de la relatividad de Rodolfo Lämmel (en 1923), Sistema de estética de Ernesto Meumann (en 1924), Lo santo de Rodolfo Otto y El mundo del hombre primitivo de Fritz Graebner (en 1925), El realismo crítico de Augusto Messer (en 1927), Realismo mágico de Franz Roh (en 1927), Sören Kierkegaard y Rousseau de Harald Hoffding (en 1930 y 1931), Cultura femenina de Jorge Simmel (en 1934), Lo que pasa en Francia de Enrique Heine (en 1935), Realidad del alma de Carlos Gustavo Jung (en 1940), &c. En menor medida como ensayista: El arte al cubo y otros ensayos (1927), “Orientaciones últimas de la filosofía” (1932), El futuro imperfecto (ensayos) (1934), El grano de pimienta (1950), &c.

Fernando Vela ha sido dicho “este ovetense representativo es el propio Oviedo europeo” (por José Díaz Fernández en 1928), “escritor contemporáneo” (por Constantino Suárez en 1936), “periodista y ensayista español” (por Ángel Arconada en 1970), “un hombre de prensa y de gran cartel en editoriales […] traductor de gran categoría [que] sabía de literatura y de filosofía” (por Ramón García de Castro en 1973), “gran periodista y escritor” (por quienes convocaron el Premio Fernando Vela en 1974), “elegante e ingenioso periodista, fue también un profundo y riguroso comentador de la filosofía orteguiana” (por Gonzalo Díaz Díaz en 1988), “figura singular de la literatura ensayística española” (por Ignacio Gracia en 1997), “receptor de los más recientes y actuales pensadores europeos […] filósofo de la escuela de Madrid” (por José Ramón San Miguel en 2009), “aduanero de las ideas y regente del pensamiento español de entreguerras” (por Javier Neira en 2010), “filósofo, escritor, periodista” (por Ignacio Gracia en 2011), “escritor liberal apropiado por los socialistas con la aprobación de su familia” (por Ignacio Gracia en 2011), “aduanero ilustrado gregario de Ortega y Gasset” (por Ignacio Gracia en 2013), &c.

Es decir, Fernando Vela no ha caído en el olvido, sino todo lo contrario. Por razones variadas y curiosas, que ameritan análisis aparte, viene siendo recurrentemente reivindicado: desde el localismo más rancio al provincianismo más subvencionado, por literatos, despistados filomasones, añorantes y anacrónicos suspirantes de míticas repúblicas, socialdemócratas oportunistas, autodenominados anarquistas que hasta encuentran al libertario en el liberal… Algunas de sus traducciones siguen vivas, pero sus escritos no se leen, aunque se publiquen.

La mayor parte de la fecunda producción de Fernando Vela sigue sepultada en los periódicos para los que escribió durante medio siglo, firmada con sus nombres, siglas, pseudónimos o sin firma, como corresponde a una continuada labor editorialista. Su única hija, María Victoria García-Vela Vignier (1920-1968), también escritora y colaboradora de su padre, asumió la recopilación de los escritos de Fernando Vela, tarea que inició pero dejó truncada, pues sólo le sobrevivió veinte meses. Muy poco después de la desaparición de la única hija logra Soledad Ortega Spottorno (1914-2007) convencer a María de Vignier, viuda de Fernando Vela, para que ceda biblioteca y papeles al Instituto Internacional, siendo inmediatamente trasladado aquel legado al edificio de Miguel Ángel 8, uno de los portaaviones ideológico culturales que Washington tenía en Madrid durante la Guerra Fría (sede del grupo institucionista –en terminología de la Dirección General de Seguridad en su conocido informe de 10 de noviembre de 1955– donde el Club Institucionista y el Colegio Estudio, regido entonces por Jimena Menéndez Pidal, “está instalado en una especie de palacio en la calle de Miguel Ángel, donde radican igualmente el Instituto Internacional de Boston –allí daba Marías sus conferencias– con el que mantiene excelentes relaciones. El Instituto de Boston es como una dependencia de la Embajada de los Estados Unidos. También radican en el mismo edificio de Miguel Ángel, 8, dos colegios extranjeros: Middlebury College y Smith College.”). Se había prometido que Revista de Occidente asumía la recuperación de las obras de Vela, algo que parecía inminente: “Su biblioteca para ahora en la sede del Instituto Internacional de Enseñanza (calle Miguel Ángel, Madrid). Más de una vez se ha anunciado la inmediata salida, a cargo de la editorial Revista de Occidente, de un tomo de obras selectas de Fernando Vela, que hasta el presente no ha aparecido” (Cachero 1970); “Fernando Vela está ahí, y cuando salgan las tan esperadas Obras Selectas, su nombre se incorporará a la historia de nuestro ensayismo con todos los derechos” (García de Castro 1974). Pero el entorno de Revista de Occidente, aunque se siguió sirviendo de las traducciones realizadas por Vela, se olvidó totalmente de sus textos y poco más hizo que colaborar en 1974 cuando el Premio Fernando Vela, cuyo jurado presidió José Ortega Spottorno (1918-2002), o dedicar en 1988, centenario de Vela, unas pocas páginas de homenaje en el número 90 de Revista de Occidente (con glosas y recuerdos de Soledad Ortega y Rosa Chacel). Según parece el legado de Fernando Vela no conserva actualmente la integridad con la que fue cedido ni está convenientemente descrito y custodiado.

La nieta mayor de Fernando Vela, Yolanda Corrochano García-Vela (1940), hija del que fuera famoso torero Alfredo Corrochano Miranda (1912-2000) –enterrado en el cementerio municipal de Llanes junto a su esposa Mavi († 15 mayo 1968) y sus suegros–, asumió hace tiempo mantener vivo el recuerdo de Fernando Vela, y al continuado impulso de Yola Corrochano se debe, por ejemplo, que en 2010 la Fundación Banco Santander dedicara un volumen de su “Colección Obra Fundamental” a recopilar una selección de Ensayos, o que en 2013 la Universidad de Oviedo juntase en un volumen, En torno a Fernando Vela, varios trabajos de valor muy desigual. De cualquier modo queda pendiente la exhumación puramente material de tantos textos desperdigados y olvidados de Fernando Vela, tarea previa imprescindible para poder reconstruir con rigor y objetividad la evolución de sus posiciones a lo largo de las décadas en las que actuó como laborioso escritor y periodista. Pues sucede que faltan textos de Fernando Vela y sobran apropiaciones ideológicas interesadas que hasta rozan el ridículo.

Fernando Evaristo García Alonso nace el 26 de octubre de 1888 “en el número 62 de la calle Uría de Oviedo”, hijo del médico José García Vela (1857-1896) y de Felisa Alonso Hernández, quienes tuvieron cuatro hijos que, desde muy pronto, fueron anteponiendo el segundo apellido paterno al materno. Su hermano mayor, José García Vela (1885-1913), poeta y perito mercantil que residió en Chile unos años, vuelto enfermo a Oviedo se casó en abril de 1908, en la iglesia de San Tirso, con María Montoussé Fagué, y publicó el poemario Hogares humildes (firmado como J. García-Vela, impreso en la tipografía Menéndez Carvajal de Oviedo, con sello de Librería de Pueyo, Madrid 1909, 163 páginas), muriendo tuberculoso en Navas del Marqués (Ávila) el día 9 de junio de 1913, adonde se había retirado buscando clima seco, a poco de cumplir los veintisiete años. Su hermano Luis fue empleado de Unión Española de Explosivos (y padre de Ramón García-Vela Fernández, bibliógrafo de Fernando Vela), y violinista su hermano Emilio (1896-Gijón 21 octubre 1920).

Fernando Vela Alegre y otro delirio de la memoria histórica

Tres, cuatro o más años mayor que Fernando García Alonso (→ Fernando García Vela → Fernando Vela), circulaba por Valencia un tal Fernando Vela Alegre, del que no tendríamos por qué acordarnos en este lugar de no ser por un delirante ejercicio de memoria histórica, al que dedican sus desvelos algunos conspiranoicos ociosos, que convierte al jovencísimo Fernando García Vela de Oviedo en activista anarquista internacional en 1905, pues ya habría atentado entonces con bomba en París.

Del tal Fernando Vela Alegre sabemos que, siendo prófugo, solicitó y se le concedió el indulto (Las Provincias, Valencia, 14 agosto 1905), pero remiso a incorporarse a filas hubo de ser citado de nuevo por la sección de Quintas (La Correspondencia de Valencia, 28 febrero 1907). Dos años después este Fernando Vela, que decía tener 25 años de edad y trabajaba en el cinematógrafo El Cid, en la valenciana plaza de Emilio Castelar, “encargado de explicar al público las películas”, gustaba gastar bromas pesadas y reírse de sus compañeros. Tanto molestó con sus burlas al portero del cine la noche del 9 de febrero de 1909, que el hijo del portero, Manuel Abril Pérez, de 22 años, “increpó al Vela duramente, afeándole su conducta, pero éste cogió una botella y se la tiró, produciéndole una herida en la cabeza. Entonces Manuel Abril sacó un revólver y le disparó un tiro a Fernando, con tan mala fortuna, que la bala hirió a otro empleado llamado Rufino Gimeno Méndez, de 48 años, que no había intervenido para nada en la cuestión” (Las Provincias, Valencia, 10 febrero 1909). Todos acabaron detenidos entonces, aunque un mes después “el Vela” era reclamado de nuevo por la sección de Quintas, bajo renovada amenaza de transformarle de mozo en prófugo (El Pueblo, 4 marzo 1909), y parece que no compareció.

Escaqueado del servicio de armas el bromista y prófugo cineasta Fernando Vela Alegre pronto destaca como agitador anarquista bajo distintos nombres de batalla. En efecto, en septiembre de 1911 las huelgas iniciadas en Bilbao se extienden por todo España, y también queda paralizada la actividad industrial en Alcoy, provincia de Alicante, por “la conspiración anarquista dirigida contra el orden social y todas las instituciones que lo garantizan” (decía Canalejas, jefe del Gobierno). Suspendidas las garantías constitucionales, esa misma noche del martes 19 de septiembre de 1911 el cuerpo de seguridad, advertido por una confidencia, irrumpe en la casa de la calle de San Blas número 16 de Alcoy, donde “se encontraban reunidos varios obreros de significación anarquista”. Uno de ellos pareció especialmente sospechoso, y pronto encontraron “bajo una gorra y un pañuelo que dejó sobre una mesa el sujeto de referencia, un revólver mausser de gran calibre, con cinco cápsulas”. Detenido y conducido a la prevención “manifestó llamarse Juan Martín Sanz, de veinticinco años de edad, soltero y residir en Alicante en unión de su madre en la calle Mayor, lo cual se ha comprobado que no es cierto. Dijo también que hacía meses que estaba en Alcoy, pero después rectificó diciendo que llegó hace ocho días y en otra rectificación que hacía dos. Este sujeto viste chaqueta de color, pantalón de dril, gorra, camisa sin cuello, y usa alpargatas; no usa barba ni bigote y su pelo está cortado a lo parisién” (Heraldo de Alcoy, 21 septiembre 1911).

La normalidad laboral se restablece inmediatamente en Alcoy, los hiladores y tejedores mecánicos, los aparejadores en paños, los borreros y tintoreros, los cardadores y diableros vuelven al trabajo, y un inspector de vigilancia descubre mediante hábil estratagema la personalidad del sospechoso pistolero: “al saber que el detenido había sido empleado en algunos cinematógrafos, llamó a un joven que ha sido explicador de películas, al cual retuvo en su despacho, advirtiéndole que iba a ordenar que presentasen allí a un hombre y que si le conocía le llamase por su nombre en cuanto entrase. Conducido el sospechoso al despacho del Inspector, el joven explicador de películas le reconoció inmediatamente, llamándole por su nombre, que es el de Fernando. El detenido no pudo ocultar la contrariedad que aquel reconocimiento le produjo, e intentó aún demostrar a dicho joven que no se conocían y que no se llamaba Fernando, pero aquel le acosó de nuevo, recordándole la amistad que habían tenido y citándole los puntos donde habían estado juntos. Resulta, pues, que el que dijo llamarse Juan Martín Sanz, no es tal Juan, sino Fernando Vela Alegre, de veinticinco años, soltero. Ha estado empleado en un cinematógrafo de Valencia, titulado El Cid y hace unos años estuvo en Alcoy, empleado en el Cinema Farrusini, que se instaló en la plaza de la Constitución, como explicador de películas. Los motivos de su viaje a nuestra ciudad son todavía desconocidos. Fernando Vela Alegre fue trasladado anoche a la cárcel del partido, donde quedó a disposición de la autoridad gubernativa” (Heraldo de Alcoy, 23 septiembre 1911). Fernando Vela denunciará después malos tratos de los guardias de seguridad, jaleando la campaña de Félix Azzati, diputado republicano autonomista colaborador de Blasco Ibáñez (La Defensa, Alcoy 8 noviembre 1911), &c.

Seguir las peripecias de este Fernando Vela valenciano durante el siguiente cuarto de siglo resulta de lo más entretenido, hasta que su curso vital termina en noviembre de 1937 en oscuras circunstancias, tiroteado a las tres de la mañana dentro de su vehículo a la salida de Benicasim: “Fallecimiento de un comunista. El gobernador civil de Valencia ha recibido a los periodistas y les ha dado cuenta de que regresando de Barcelona con dirección a Valencia, y a consecuencia de un accidente, del que se carecen de pormenores, ha fallecido Fernando Vela, uno de los mayores entusiastas del partido comunista.” “El finado militaba en el Partido Sindicalista desde su fundación, y lo representó en el ayuntamiento de Valencia desde enero de 1936. Al estallar el movimiento fue nombrado delegado de Justicia del Comité Ejecutivo Popular.” “El jefe de los sindicalistas rojos españoles Fernando Vela fue asesinado ayer mientras en automóvil se dirigía a Valencia. Un grupo de armados escondidos en un recodo del camino lo acribilló materialmente a balazos. La noticia ha causado profunda impresión en toda la zona roja.” “A propuesta del consejero Ronda, de Izquierda Republicana, se hizo constar en acta el sentimiento de la Corporación por la muerte del exconsejero municipal del Partido Sindicalista Fernando Vela Alegre, y que al acto del entierro acuda el Ayuntamiento en corporación.” “Esta tarde, a las tres, se verificó el entierro del miembro del Tribunal Tutelar y ex consejero del Ayuntamiento de Valencia D. Fernando Vela, muerto en un accidente desgraciado en Benicasim. En la comitiva figuraban elementos dirigentes del Partido Sindicalista, los consejeros del Ayuntamiento, el gobernador y otras autoridades.”

Pues bien, existe en Alicante un Centre d'Estudis Socials Alacant Obrera, reivindicador de la “cultura anarquista”, los “ateneos libertarios”, el naturismo, la escuela libre, la mujer, las luchas sociales, el librepensamiento… que desde 2010 dedica buena parte de sus esfuerzos a fusionar la biografía del Fernando Vela Alegre valenciano con la del Fernando García Vela ovetense, con resultados verdaderamente delirantes, propios de “investigadores” de la memoria histórica, o sea, los historiadores y cuentistas del presente.

«Presentem a 3 militants dels que no existia molta documentació –Fernando Vela, Acracio Progrés i “l’altre” Francisco Ferrer–, àlies més habituals de Fernando G. Vela als mitjans anarquistes i sindicalistes del primer terç del segle XX.»

«No hay dos sin tres. Acracio Progreso, Francisco Ferrer y Fernando Vela, fueron una misma persona, Fernando García Vela, personaje con cierta capacidad de desdoblamiento en momentos y lugares puntuales. Afirmar que Fernando [García] Vela había viajado de aquí para allá implicado en tareas de organización y propaganda sindical desde los 12 o 13 años, y que al menos bajo tres nombres distintos tomó partido en algunos de los principales acontecimientos de la historia del anarcosindicalismo ibérico del primer siglo XX puede parecer descabellado, pero los datos “oficiales” no desmienten las evidencias.»

«Es por ello que estamos convencidos que Francisco Ferrer-Acracio Progreso eran ambos seudónimos de otro activista casi desconocido para los libros de historia del movimiento libertario, Fernando Vela, del que hemos trazado su trayectoria bajo este nombre.»

«A partir de este punto abandonamos el relato histórico formal, y nos vamos a permitir aventurar al respecto de los cruces de identidad que se producen entre FF-Acracio P y Fernando Vela, y resaltar los datos que apuntan a que su verdadera identidad fue de la Fernando García y Alonso de Caso, discreto intelectual y mejor periodista, más conocido en los años 20 y 30 como Fernando Vela, un obrero de la cultura.»

«Uno de los misterios sin resolver de la historia del anarquismo español fue el intento de regicidio de 1905 en París, cuyo autor material Alejandro Farrás, no escondía a Mateo Morral, o a Jesús Navarro, y sí por contra, a nuestro personaje a tres bandas.»

«No quedan ahí las perplejidades, ya que si nos remitimos a la información existente sobre Fernando García-Vela en el Centro Documental de la Memoria Histórica, nos informan que ha desaparecido, calificándola de incidencia debida al …continuado uso de la documentación a lo largo de más de setenta años.»

«Lejos de suponer un inconveniente insalvable, lo que indica es que vamos por buen camino, que la falta de información personal entre 1901 y 1912 no es ninguna casualidad, y que a pesar de reaparecer de forma puntual en Gijón, no ofrecería signos de arraigo en Asturias hasta finales de 1914. Antes de eso, solo ausencias injustificadas como el día de la boda de su hermano Pepe en 1908, y alguna referencia de su paso por Asturias en la primera mitad de 1909, cuando parece que vivió un tiempo con su hermano José y su mujer María Montoussé en la casa de ésta, al lado del edificio del Hospicio Provincial de Oviedo, preparando entonces las famosas oposiciones al Cuerpo Técnico de Aduanas… hasta que un extraño incendio que puso fin a aquel breve periodo de calma.»

«Si la edad de Fernando García-Vela, nacido en principio en 1888, coincidiría con la del sindicalista valenciano Fernando Vela en el momento de su llamamiento a filas en 1905, y también con la que se le asigna a Acracio Progreso en 1904; sin embargo, cuando las cosas se complicaban, este dato y cuantos fueran necesarios, se alteraban con frecuencia; como sucedió en marzo de 1909, tras el incidente en el cinematógrafo donde trabajaba y ser reclamado como prófugo militar, lo que le obligó a ausentarse de Valencia hasta principios de 1910.»

«Fernando Vela no se asentó en Asturias hasta la segunda mitad de 1914, coincidiendo con el inicio de la primera guerra mundial, destacando desde el primer momento por estar al tanto de todo, a pesar de la falta de información personal y profesional previa.»

«Uno de los primeros elementos que ayudan a fijar el asentamiento de Fernando García-Vela en Asturias tras el largo periplo lejos de su tierra natal, fue aquella adscripción política pasajera a Melquíades Alvarez que, pese a lo que podría parecer, no fue infrecuente en el campo sindicalista-libertario durante los años de ilegalización de las estructuras nacionales confederales [1912-1916], al menos por lo que se refiere al noroeste peninsular y a Gijón.»

«Prueba de que Fernando García Vela tuvo relación con estos hechos es que mintió sobre el particular, como leemos en la declaración presentada en un informe de octubre de 1944 –amparada por la Dirección General de Aduanas– que buscaba su exculpación política ante las autoridades franquistas y la restitución a su antiguo empleo, al decir que quien llevó su nombre en aquel comité internacional fue el joven abogado madrileño Fernando Vela Crespo, y que erróneamente se da por bueno sin mediar comprobación en la instrucción del proceso.»

«Hasta aquí nuestras dudas sobre la biografía oficial de Vela durante la revolución española; para saber más de su recorrido a partir de noviembre de 1937 debemos fijarnos en otro pariente de Ortega y Gasset, José, que por entonces era artillero del ejército fascista, quién le escribía a su padre desde Teruel…, todo ello antes de ser trasladado a Sevilla, y fue acogido y tratado de alguna dolencia física por el otro hijo de Ortega, el doctor Miguel Ortega Spottorno; y poco después Vela llegó a Tánger para cumplir el cometido asignado, abril de 1938, saliendo a la calle el diario España en octubre.»

«Como hemos visto hasta aquí, la personalidad de Fernando, militante proveniente de los viejos tiempos de la Soli y la primera CNT, da para muchos Velas… Como mínimo tres. Uno imprevisible, cercano a la acción, aunque no se ha podido determinar si antes o tras ella, otro que cavila obstinadamente con el puño en la boca, en las altas cumbres de la noosfera, y otro dado a recostarse en imaginaciones que divaga, entrevé, vacila e incluso cree.»

Fernando Evaristo García Vela (Oviedo 1888-Llanes 1966)

Fernando Vela

Anarquista y sindicalista español del primer tercio del siglo XX. Fernando Vela consta en calidad de delegado de las sociedades obreras de Valencia y en representación de los obreros pintores-decoradores de aquella ciudad, asistiendo al I Congreso de la CNT celebrado en el Palau de les Belles Arts de Barcelona en septiembre de 1911. Destacó en alguno de los principales dictámenes, entre otros en la definición de la forma constitutiva de la organización, o especialmente las estrategias de propaganda; y además, formó parte de la comisión revisora de actas, o estuvo al frente de las discusiones representando al grupo redactor de los dictámenes de la tercera sesión. Consta su detención en Alcoy, la noche del martes 19 de septiembre de 1911, junto a un comité de obreros reunido en el local del Sindicato del Arte Fabril, desde donde al parecer se coordinaba la huelga general en esta ciudad. Fue identificado como Fernando Vela Alegre, escenógrafo de un salón de cine en Valencia, pero que años atrás, había trabajado como explicador de películas de una barraca de cine ambulante, el popular cine Farrussini. Sufrió conducción ordinaria hasta la cárcel Modelo de Valencia, así como malos tratos denunciados por él mismo en una carta fechada el 12 de octubre, remitida al sindicato alcoyano. Al salir de prisión, se exilia en Marsella, dónde, en colaboración con Eusebio Carbó, reorganizan la CNT clandestina desde el exilio francés. Allí permanece hasta el comienzo de la guerra europea, pero volvería a partir de 1919 o 1920, siendo uno de los iniciadores de la Confederación de Trabajadores del Mundo, hasta que fue expulsado de Francia a mediados de 1921. En los primeros años 30, se adscribe a la línea sindicalista abierta por Ángel Pestaña, y consta entre los fundadores del Partido Sindicalista en Valencia, 1934, llegando a ocupar cargos de responsabilidad en el ayuntamiento a partir de la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 y en la administración de justicia popular con el periodo revolucionario. En octubre de 1936 tomó parte en uno de los primeras misiones diplomáticas del gobierno de la República para solicitar el apoyo internacional y denunciar la No Intervención, a partir del cual nacerían las Brigadas Internacionales. Desaparece en un extraño accidente nocturno cerca de Benicasim (Castellón) en noviembre de 1937, y se le supone enterrado en Valencia. Existen suficientes correspondencias para afirmar que su identidad coincide con la del periodista y militante libertario Acracio Progreso, también conocido como Francisco Ferrer (a) Barbarroja, cuya trayectoria desde Valencia, se asocia a los principales hitos de la historia del movimiento obrero del primer tercio del siglo XX. Existe una investigación abierta que funde a 3 militantes obreros del primer siglo XX –Fernando Vela, Acracio Progreso y Francisco Ferrer–, con la biografía pública de Fernando García Vela, asturiano y madrileño, y una de las claves del avance cultural español en el primer siglo XX. Esta investigación aborda desde los datos sobre su familia de tradición liberal y burguesa, a su participación en el atentado contra Alfonso XIII en París; el paso de su trabajo editorial a la sombra de Ferrer y Guardia bajo la identidad de Alfredo Meseguer, a su adhesión explícita a la causa de Ortega y Gasset; y sobre todo explicar, como su amor a la cultura le llevó a innovar en propaganda y comunicación sindical, destacando el cine como síntesis de su labor artística y social.

(Fundación Aurora Intermitente · aurorafundacion.org/?Fernando-Vela-Alegre · 7 febrero 2014)

Ni que decir tiene que sería inútil pretender impugnar a eruditos talibanes de la memoria histórica como estos, tarea tan infructuosa como discutir el encuentro de José Smith con el ángel Moroni, la unicidad del corazón de Macià devuelto por Tarradellas, lo sucedido en Roswell, las entrevistas de Bernadette Soubirous o los secretos confiados a Lucía dos Santos. Simplemente constatamos el pujante recuerdo de Fernando Vela como prestigioso intelectual que salva biografías y actuaciones bien dudosas. Más mito de la cultura.

Funcionario del Cuerpo Pericial de Aduanas

Aprueba en diciembre de 1908 los exámenes previos para el ingreso en el Cuerpo Pericial de Aduanas, al que se incorpora poco antes de entrar en vigor la nueva Ley modificando la actual organización del Cuerpo de Aduanas y su correspondiente Reglamento del Cuerpo de Aduanas (Gaceta de Madrid, 1 mayo 1909).

1909 «Personal de Aduanas. En virtud de las nuevas reformas habidas en el cuerpo pericial de Aduanas han sido nombrados para las de esta provincia [de Oviedo] los siguientes empleados: Para Gijón: Administrador, D. Dionisio Fernández; segundo jefe, D. Vicente Rasilla; vistas, D. Salvador García y D. Juan Roger; oficiales, D. Gervasio Agero y don Fernando García Vela; auxiliar vista, don José L. Ponce de León. Para Avilés: Administrador, D. Luis de Andrés; vista, D. Antonio Pérez y D. Enrique Lerenfeld. Para Oviedo: Oficial-vista, D. Bibiano Aréjula. Para Ribadesella: Administrador, D. Ramón Figuerola. Para Luarca: Administrador, D. Carlos Hevia. Para Navia: Administrador, D. José Navarro. Para Tapia: Administrador, D. Teodoro Cereceda.» (El Noroeste, Gijón, miércoles 26 mayo 1909, pág. 1.)

«Hoy se posesionará del cargo de oficial de la Aduana del puerto de Candás D. Fernando García Vela.» (El Noroeste, Gijón, viernes 18 junio 1909, pág. 1.)

1913 «De Luanco. Permuta. Ha sido encargado interinamente de esta Aduana, el auxiliar de la de Avilés Sr. Noguerol, por cesar el que la estaba desempeñando, nuestro buen amigo D. Fernando Vela. General sentimiento causó la ausencia de tan querido amigo, que en el corto tiempo que pasó entre nosotros, ha sabido captarse las simpatías de todos.» (El Noroeste, Gijón, viernes 19 diciembre 1913, pág. 3.)

1929 Escalafón del Cuerpo Pericial de Aduanas totalizado en 1º de enero de 1929 (Madrid 1929): «García-Vela Alonso, D. Fernando, N. 3ª - 91» (91 de los Jefes de Negociado de Tercera Clase).

1933 Escalafón del Cuerpo Pericial de Aduanas totalizado en 31 de diciembre de 1933 (Madrid 1934): «García-Vela Alonso, D. Fernando, N. 2ª - 45» (45 de los Jefes de Negociado de Segunda Clase).

1938 «Ministerio de Hacienda. Orden. Por hallarse comprendido en el artículo 1º del Decreto-Ley de 5 de diciembre de 1936 don Fernando García Vela, Jefe de Negociado de Primera Clase del Cuerpo Pericial de Aduanas, Dispongo: La separación definitiva del Servicio del referido funcionario y su baja en el escalafón del Cuerpo a que pertenece. Dios guarde a V. I. muchos años. Burgos, 25 de abril de 1938. II Año Triunfal. Amado. Sr. Jefe del Servicio Nacional de Aduanas.» (BOE, 27 abril 1938, nº 553, pág. 6988.)

[en proceso]

1916 «Por las víctimas de Luanco. Suscripción abierta en el Círculo Melquiadista para las familias de los náufragos de Luanco: Círculo Melquiadista, 25 pesetas; don Secundino Felgueroso, 10; don Ramón Fernández, 5; don Luis Piñole, 5; … don Agapito Villaverde (Presbítero), 5; … don Fernando García Vela, 1; … Total, 120 pesetas. Sigue abierta la suscripción.» (El Noroeste, Gijón, miércoles 4 octubre 1916, pág. 3.)

El 21 de octubre de 1920 muere a los 24 años el violinista Emilio García Vela

1908 «Academia provincial de Bellas Artes de San Salvador de Oviedo. Escuela Elemental de Música. Alumnos premiados en el curso de 1907 a 1908. […] Segunda sección. Emilio García Vela, premio.» (El Noroeste, Gijón, domingo 27 diciembre 1908, pág. 3.)

1912 «Oviedo. Premios de Música. En el salón de actos de la Academia de Bellas Artes de San Salvador de Oviedo se celebraron ayer las oposiciones a premios. […] En violín le alcanzaron en el tercer año don Carlos Prieto Fernández de la Llana; en el cuarto don Noé García Longoria; en el quinto don José Luis Valdés; en el sexto don Emilio García Vela y Alonso y en el séptimo don José Vega Entrialgo.» (El Principado, Gijón, sábado 6 julio 1912, pág. 4.)

1916 «La Orquesta Filarmónica de Madrid es una entidad artística de las que más ha contribuído en España a mantener los altos prestigios del arte. Integrada por profesores meritísimos y dirigida por el insigne maestro señor Pérez Casas, recorre triunfalmente los teatros de las más importantes capitales de nuestra nación. […] Violines primeros. Fermín Fernández Ortiz (concertino), Francisco Cano, Eugenio del Castillo, José María Franco, Juan Valdés, Telesforo Iturralde, Benito Díaz Romero, José Manuel Izquierdo, Octavio Díez, Marcelo Espiga, Eleuterio Contreras, Valentín Barbero, Ignacio M. Tomé, Emilio García Vela, Antonio Blanqui y Mariano Castilla.» (El Adelanto, Salamanca, 7 octubre 1916, pág. 1.)

1917 «Diputación provincial. […] Se consignan 1.200 pesetas para subvencionar el estudio de la música a D. Emilio García Vela y D. Marino Villalain.» (Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo, 16 mayo 1917, pág. 3.)

«Alcaldía de Oviedo. […] Se declaran exceptuados del servicio en filas a los mozos del actual reemplazo Emilio García Vela, número 240...» (Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo, 12 julio 1917, pág. 6.)

1920 «Emilio García Vela. Cuando ya estamos cerrando el número, somos dolorosamente sorprendidos con la defunción, ocurrida a las dos y media de la madrugada, del distinguido e ilustrado joven don Emilio García Vela, hermano de nuestro querido amigo y compañero don Fernando. Sin tiempo hoy de dedicar al malogrado Emilio, joven de tan grandes esperanzas, la ofrenda merecida, nos limitamos a llorar con los suyos la gran desgracia que acaban de experimentar, enviando a su atribulada madre, hermanos y demás deudos, el más sincero y sentido testimonio de nuestra condolencia. La conducción del cadáver tendrá lugar a las cinco de la tarde de hoy.» (El Noroeste, Gijón, jueves 21 octubre 1920, pág. 4.)

«El violinista Emilio Vela proyectaba un viaje a París, con el fln de seguir la enseñanza de Kreisler, el último atavío para su arte, y cuando, tras de haber vencido la técnica con dominio absoluto, naciera, como floración milagrosa en su alma, el fuego sagrado de la expresión, una exquisita sensibilidad musical, deja la vida a un paso de la cumbre. Troncha su muerte iguales esperanzas y fue tan brusca y ruda como la de Emilio Madariaga, el escultor con quien se unió en estrecha amistad. Pero Madariaga dejó a los suyos obras que les hablan señalando las alturas que su genio hubiera conquistado, y los bustos y Santa Teresa y Salomé guardan como un halo el espíritu del artista. Y del arte de Emilio Vela únicamente le queda a la familia anonadada un violín mudo, y los íntimos que asombrados hemos asistido en este año al resurgimiento casi repentino de un maravilloso perfeccionamiento, nos perdurará como un eco muy acariciado el recuerdo de las últimas oposiciones del Conservatorio, y las reuniones en la Residencia de Estudiantes cuando el amigo Torner lo acompañaba al piano.» (Julio López Rendueles, “Al amigo muerto”, en “Necrológica Emilio García Vela”, El Noroeste, Gijón, viernes 22 octubre 1920, pág. 1.)

1921 «Al margen de los días. Emilio García Vela. […] Había estudiado con Hierro. Fue pensionado, durante tres años, por la Diputación provincial ovetense. Era un trabajador incansable. Un espíritu depurado, que heredó la sensibilidad exquisita de toda su familia: de su hermano José, el malogrado poeta: de nuestro camarada Fernando, el distinguido cronista. Unos días antes de morir, había terminado de prestar el servicio militar a su patria. El mismo, que era el más severo censor de sus propios actos, consideraba ya terminado el período de instrucción musical, y se aprestaba a lanzarse de lleno a la vida de concertista. Y fue en aquel momento cuando la muerte se sintió celosa al verle tan bien pertrechado para el triunfo, y decidió cortar en seco su camino de gloria. […] Sólo dos veces había querido mostrarse al público de Asturias. Fue en ocasión de las Exposicioues regionales de 1916 y 1918. Aquello constituyó la revelación estupenda de un artista maravilloso. […] Pero los críticos que así se expresaban no oyeron tocar a Emilio en los últimos años: cuando ya podía llamársele el Kreissler español. […] No estamos, en Asturias, tan sobrados artistas, que dejemos pasar sin una glosa esta efemérides del aniversario de la muerte de quien era la mayor esperanza de la música regional... Fue el 21 de Octubre de 1920 cuando dejó de vibrar el violín maravilloso de Emilio García Vela. ¡Parece que fue ayer... y ha transcurrido ya todo un año!. El reporter de guardia.» «† Primer aniversario. El joven D. Emilio García Vela Alonso, falleció en Gijón el día 21 de Octubre de 1920 a los 24 años de edad. Habiendo recibido los auxilios espirituales D. E. P. Su desconsolada madre doña Felisa Alonso, viuda de Vela; hermanos don Fernando y don Luis; hermanos políticos, tíos, primos y demás parientes, Suplican a sus amistades un piadoso recuerdo por el eterno descanso del finado.» (La Prensa, Gijón, viernes 21 octubre 1921, págs. 1 y 7.)

«† Primer aniversario. El joven Emilio García Vela Alonso, falleció en Gijón a las 2,30 del día 20 de Octubre de 1920 a los 24 años de edad. R. I. P. Su afligida madre doña Felisa Alonso Hernández, viuda de don José García Vela; sus hermanos don Fernando y don Luis; hermanos políticos, tíos, sobrinos, primos y demás parientes; Ruegan a sus amistades le encomienden a Dios y le tengan presente en sus oraciones.» (El Noroeste, Gijón, viernes 21 octubre 1921, pág. 5.)

1922 «† Segundo aniversario. El señor Don Emilio García Vela, falleció en Gijón, el día 21 de Octubre de 1920, a los 24 años de edad, después de recibir los auxilios espirituales D. E. P. Su desconsolada madre doña Felisa Alonso Hernández, viuda de José García Vela; hermanos, hermanos políticos, primos, sobrinos y demás familia, Ruegan a sus amigos encomienden a Dios el alma del finado.» (La Prensa, Gijón, sábado 21 octubre 1922, pág. 7.)

1932 Fernando Vela, “Orientaciones últimas de la filosofía”, Sur, revista trimestral publicada bajo la dirección de Victoria Ocampo, Buenos Aires, año II, número 6, otoño 1932, págs. 68-116.

Un prólogo de julio de 1938

Con fecha en cubierta “19 de Julio de 1938 - III Año Triunfal” (se cumplían dos años del alzamiento), la “Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Oviedo con emoción dolorosa rinde homenaje a la memoria de los miembros de su Junta Directiva, Catedráticos, antiguos alumnos y estudiantes de la Universidad, asesinados, muertos en la Cruzada o por privaciones durante el Asedio”, y firma el opúsculo titulado Exposición de fotografías del sitio de la ciudad invicta y heróica, realizadas por Adolfo Armán (1883-1980). En 20 páginas sin numerar (5 pliegos) se describen las 176 fotografías expuestas, se dedican dos páginas a relacionar los nombres de las víctimas universitarias [i-ii] y otras dos a un “Prólogo” [iii-iv]. Además, dos pliegos de papel satinado ofrecen 8 páginas de fotografías (“S. E. el Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos”; la cabeza de la estatua de Fernando Valdés Salas, por Pompeyo Leoni, destruida “por los marxistas”; el general Aranda; el gobernador civil de la provincia Gerardo Caballero, &c.). En la cubierta del ejemplar de la Biblioteca Nacional de España (3/117591) figura manuscrita la anotación: “Prólogo de Fernando Vela”:

Fernando Vela

Fernando Vela

Prólogo

Entre el fragor de las ofensivas fulminantes de nuestro Ejército suena a viejas gestas –porque esta guerra es tan antigua como moderna– la defensa sin fin de ciudades y fortalezas cercadas, una defensa que ya parecía imposible en estos tiempos de terribles instrumentos bélicos. ¿Qué sitios prolongados se registraron durante la Gran Guerra de Europa? ¿Qué ciudades, qué fortalezas rodeadas por completo resistieron entonces o resisten ahora a las victoriosas tropas del Japón? Sólo a España pertenecen los nuevos heroísmos numantinos con los nombres gloriosos del Alcázar, Oviedo. Santa María de la Cabeza, Simancas.

La resistencia en los cercos antiguos se limitaba al sufrimiento del hambre; aún en los modernos –en que abundan para nuestra gloria nombres también españoles coma Zaragoza, Gerona– la capacidad destructiva de las armas y de los explosivos era todavía pequeña. Hoy, cerco equivale a destrucción total. Así se ha podido elevar a la categoría de axioma científico el principio de “plaza sitiada, plaza tomada” y así los ejércitos, convencidos de su inexorabilidad, se rinden, se retiran o huyen ante la inminencia de un cerco mortal.

Pero el incontrovertible axioma falla en algunos casos; mejor dicho, en uno solo: cuando verdaderos soldados de España son los defensores.

Entonces, contra el postulado de la ciencia militar, de la inteligencia razonadora, se levanta algo que lo quiebra, nacido en el corazón: el sentimiento del honor que es la última instancia del guerrero, la suprema apelación del patriota cuando ya no tiene nada a que recurrir. Entonces, todavía le queda una cosa, la mejor: el heroísmo. Entonces, cuando ya le falta hasta la esperanza de vivir, aún le resta la decisión radical, sacada del último fondo del ser, de morir.

Así España, como siempre y en todos los órdenes, también en éste, contra la técnica, contra la mecánica, contra la matemática de la guerra reivindica lo incalculable: el hombre mismo, el honor de la persona humana, y vence sólo con el espíritu.

Viejos castillos y ciudades construidas para la guerra en las alturas siembran la tierra castellana, porque Castilla fue, muchos siglos, campo áspero de batallas y sitios. Allí cada pueblo era una fortaleza y puede volver a serlo; pero estas ciudades y villas del Norte habían sido construidas para la paz y el trabajo en la hondura de los valles. Así, Oviedo, rodeada de montes esquivos, mostraba su corazón al descubierto. Sitiada, fue el blanco del fuego aterrador, ininterrumpido quince meses, de cañones y aviones. A los sufrimientos de los antiguos cercos-hambre, sed, epidemias, se añadían, en fatal conjunción adversa, todos los de las guerras modernas: destrucción, pulverización, aniquilamiento total. Contra un enemigo gigantesco, 30.000 hombres cuando menos, una pequeña fuerza de 3.000 hombres cuando más. Contra un ejército libre de movimientos y capaz de renovarse diariamente, tropas inmovilizadas que, día por día, se extinguían y extenuaban. Contra un enemigo bien municionado, con fábricas casi en la misma línea de fuego, unos defensores que agotaban, sin repuesto, sus escasos cartuchos. Contra un enemigo que disponía de todos los elementos de fortificación, unos hombres que sólo tenían ruinas para hacerlas ciudadelas inexpugnables. No importaba: para la ruina está el héroe; porque eso ha sido la defensa de Oviedo: unos héroes en unas ruinas.

¡17 de Octubre de 1936! Sin municiones –un avión nacional había dejado caer unos cuantos paquetes de cartuchería y unas balas de cañón–, sin tropas de refresco, el enemigo ciñendo las calles, penetrando por algunas; el general Aranda, con sólo seis hombres para acudir a todos los puntos amenazados, empuña el fusil como un soldado más. Es que ya pronto no habrá generales ni jefes, sino sólo soldados, sólo hombres consagrados voluntariamente a la muerte. Ya se habían escogido en el interior de la ciudad seis únicos edificios: para resistir, no para morir. Lejos tronaba el cañón de las columnas de socorro que veían a distancia humos y resplandores de incendio.

¿Llegarían a tiempo o habría caído Oviedo bajo la barbarie roja y entrarían cuando no fuera más que un rescoldo, un gran altar de sacrificio a la Patria? ¡De prisa, de prisa, de prisa! Gritan los jefes. Y pendiente arriba, a través del Naranco, se apresuran, vuelan y ya, desde la cima, espantan a la horda que, en parte, abandona su presa.

Queda establecida la comunicación de Oviedo con el resto de la España nacional, comunicación precaria, atacada y defendida a diario, a veces cortada, en seguida restablecida, en una continua porfía que podemos llamar “lucha por las comunicaciones”. Al mismo tiempo empieza la guerra sorda de minas. Oviedo es atacado desde el aire, por la superficie, por debajo tierra.

¡Febrero de 1937! El asalto más violento de los rojos, el bárbaro esfuerzo supremo de la horda puramente numérica –60.000 hombres– que toma a la civilización que destruye su instrumental mecánico más perfecto (nuestras tropas localizaron 100 cañones y habían muchos más) la ola caótica de carne, dinamita y hierro que, al fin se estrella contra la delgada línea –el mismo perfil de Oviedo– de nuestras unidades disciplinadas.

Y después, de nuevo, durante otros doce meses, el ritmo isócrono del cañón sempiterno, las irrupciones diarias de la aviación, la conmoción profunda de las minas; unas casas son aplastadas desde el aire, otras derrumbadas por las granadas; otras levantadas en vilo por las minas. No hay molécula quieta en todo el aire y el suelo de Oviedo.

Y al fin, Octubre de 1937; los sitiadores son los que abandonan las trincheras, los que se rinden, los que se entregan a los sitiados o huyen despavoridos. Y es entonces cuando los muertos y las ruinas cobran su verdadero y pleno sentido; hoy la materia derrumbada ya no es, para ojos humanos, sino espíritu en pie, idea en alto.

1950 «Para la constitución de una casa regional asturiana. Un grupo de asturianos residentes en Madrid ha hecho pública una convocatoria, por medio de la cual se invita a todos los naturales de Asturias que habitan en la capital a agruparse en una asociación de carácter cultural y benéfico que, bajo la denominación de Centro Asturiano, los reúna. Quienes deseen adherirse a dicho proyecto pueden hacerlo por escrito, dirigiéndose a Avenida de José Antonio, 45, 6º 4. Firman el llamamiento D. José María Fernández Ladreda, los marqueses de Aledo, de la Vega de Anzo y de San Feliz, D. José María Moutas, D. Rodrigo Uría, D. Félix Fierro, D. José Fernández Rodríguez, D. Valentín Andrés Álvarez, D. Félix Fernández, D. Manuel Velasco, D. Jaime Masaveu, D. Carlos Foyaca, D. Manuel Suárez-Caso, D. Francisco de Luis, D. José García Nieto, D. Manuel Vázquez Prada, D. Joaquín Vaquero, D. Juan Antonio Cabezas, D. Fernando Vela, D. Juan Manuel Vega Pico, D. Faustino Goicoechea y D. Sócrates Quintana.» (ABC, Madrid, 19 marzo 1950, pág. 23.)

1951 «Vela, Fernando (Oviedo, 28 de octubre de 1888). Ensayista. Periodista y crítico literario. Fue director de El Sol. Obras: El arte al cubo (1925), &c., y numerosas traducciones y colaboraciones, principalmente para la Revista de Occidente.» (“Quién es quién en nuestra literatura”, Almanaque de Literatura 1951, Resúmenes de Información Mundial, Madrid 1950, pág. 83.)

La entrada biográfica canónica de 1955

Constantino Suárez Fernández (1890-1941), Españolito, vio publicados los tres primeros tomos (A, B-CH, D-F) de su conocida obra Escritores y artistas asturianos. Indice bio-bibliográfico (Espasa-Calpe, Madrid 1936) poco antes de que estallase en España la guerra civil. Quedaron sin publicar los cuatro tomos restantes, que dejó mecanografiados y con sus ilustraciones dispuestas. Veinte años después, el Instituto de Estudios Asturianos (auspiciado por la Diputación de Asturias y adscrito al Patronato José María Quadrado del CSIC), publicó en Oviedo esos cuatro tomos inéditos, en edición prologada y aumentada por José María Martínez Cachero (1924-2010), profesor de la Universidad de Oviedo. En el tomo IV (G-K, Oviedo 1955, páginas 190-193) figura la siguiente entrada escrita en 1936 por Constantino Suárez sobre Fernando García Vela (con los añadidos de Cachero antecedidos por un * asterisco):

García Vela (Fernando)

Fernando Vela
Fernando García Vela

Escritor contemporáneo. Nacido en Oviedo el 28 de octubre de 1888 en hogar acomodado, hijo del médico don José (de esos apellidos) y de doña Felisa de García Alonso. Es hermano del reseñado a continuación.

Estudió el bachillerato en el Instituto de la ciudad natal y seguidamente hizo la carrera de Aduanas e ingresó en el escalafón del Cuerpo pericial de este servicio del Estado, con destino en Aguilas (Murcia). Poco después contrajo matrimonio (7 de enero de 1913) con doña María de S. Laurín.

Llevado de su vocación a las letras, con los estudios oficiales compartía las lecturas, especialmente las de índole filosófica, y esta formación cultural le permitió distinguirse como escritor desde estudiante en algunas revistas juveniles publicadas en Oviedo y también en periódicos de mayor importancia.

De Aguilas pasó a Gijón y aquí alternó con los deberes profesionales las dedicaciones literarias. Lo mejor de su pluma entonces eran sus colaboraciones en el diario gijonés El Noroeste, a cuyo cuerpo de redactores pasó al hacerse cargo de la dirección Antonio L. Oliveros, a comienzos de 1917. Siendo ya redactor de El Noroeste, fundó una revista literaria que no arraigó en el público, el cual, sin embargo, reconocía y estimaba al escritor.

Sus actividades intelectuales no se limitaron al periodismo, pudiendo citarse por más importante su labor en el Ateneo Obrero, acerca de la que escribe Oliveros: “Allá por el año de 1918, Fernando García Vela, todavía redactor de El Noroeste, hizo salir del marasmo en que había caído el Ateneo Obrero de Gijón, fundado por unos hombres humildes, sedientos de saber, a principios del siglo o a últimos del anterior. García Vela dió nueva vida a la función docente de este Ateneo; le dotó de edificio propio mediante una suscripción popular, aumentó el número de socios y le imprimió una gran actividad cultural”. De esta época data su amistad con don José Ortega y Gasset.

Sólidamente formado el escritor y bajo la protección de tal maestro, en 1919 se trasladó García Vela a Madrid, donde reside desde entonces. Llegaba a la capital favorecido con un traslado como funcionario al Ministerio de Hacienda y con un puesto de redactor en El Sol, diario inspirado por el aludido profesor y filósofo. El citado Oliveros enjuicia su personalidad literaria, ya en plena madurez, con estas palabras: “La personalidad espiritual de García Vela tiene de particular sus relieves propios. Posee una facultad excepcional de asimilación que le da los materiales para destacarse como escritor de nota. Es hombre tan culto como inteligente; tan cuidadoso del efectismo estilista como del concepto. Sus producciones acusan un valor intelectual de nuestros días”.

En Madrid, como antes en Gijón, sus producciones literarias continuaron en su mayor parte desperdigándose por periódicos y revistas, principalmente como articulista de El Sol. Al fundar Ortega y Gasset en 1923 la Revista de Occidente, le llevó a ella como secretario de redacción.

Al año siguiente daba al público la primera de sus producciones en volumen. Contra lo que cabía esperar de su formación intelectual, se trataba de un trabajo sobre deportes (número I) y tal vez por esto lo firmó con el seudónimo de F. Alonso del Caso.

Al cambiar el 25 de marzo de 1930 el diario El Sol de empresa y, consiguientemente, de orientación política, García Vela fue uno de los redactores que abandonaron este periódico y fundaron Crisol y, a fines de 1931, el diario Luz. Dos años después abandonó la redacción de éste para regresar a El Sol como director. Al fundarse en 1934 el Diario de Madrid, bajo la inspiración de Ortega y Gasset, se le confió la dirección, al frente del cual estuvo hasta que dejó de publicarse a fines de 1935.

* De 1938 a 1941 Fernando Vela fué redactor del diario España, de Tánger, y desempeñó también el cargo de subdirector del mismo.

* Para la colección “Vidas”, de la editorial madrileña Atlas, escribió las biografías de Mozart (IV) y Talleyrand (V), ambas publicadas con el seudónimo de “Héctor del Valle”. La misma editorial sacó en 1946 el volumen titulado Estados Unidos entran en la Historia (VI).

* El grano de pimienta (VII) –1950– y Circunstancias (VIII) –1952– son dos interesantes antologías de la labor periodística y ensayística de su autor, atento siempre a beneficiar esa gota de eternidad que todo lo efímero y transitorio contiene. “Aunque siempre he escrito al día –(declara Vela en el prólogo del libro últimamente citado)– movido por alguna circunstancia –suceso, libro, viaje, &c.–, y de ahí el título de este volumen, también siempre he pretendido extraer de esa circunstancia momentánea algo más sustancial y duradero, que trascendiera del hecho ocasional”. Una rica cultura y una expresión bella y precisa son notas características de estos trabajos.

* Fernando Vela colabora activamente en las tareas de la editorial “Revista de Occidente”, dando a conocer en cuidada traducción obras fundamentales del pensamiento y de la literatura.

Obras publicadas en volumen:

I. Futbol Association y Rugby. (Madrid, 1924; folleto con el seudónimo de F. Alonso de Caso y dibujos de García Cuervo; en la colección Biblioteca de Deportes, número 2).

II. El arte al cubo. (Madrid, 1927; en la colección Cuadernos Literarios).

III. El futuro imperfecto. (Madrid, 1934).

* IV. Mozart. Volumen de la colección “Vidas”, de Ediciones “Atlas”. Madrid, 1943. (Publicado con el seudónimo de “Héctor del Valle”).

* V. Talleyrand. Idem. Madrid, 1943. (Idem).

* VI. Estados Unidos entran en la Historia. Madrid, 1946.

* VII. El grano de pimienta. Número 984 de la colección “Austral”. Buenos Aires, 1950.

* VIII. Circunstancias. Madrid, “Revista de Occidente”, 1952.

En 1966 se funda Alianza Editorial, por impulso de José Ortega Spottorno, quien inaugura la colección El libro de bolsillo con una obra de su padre, “un curso universitario inédito del máximo filósofo de nuestra lengua”, Unas lecciones de Metafísica, y cede el honor de la segunda entrega de la nueva colección precisamente a Fernando Vela, que reedita el Mozart que había publicado en 1943 bajo el alias Héctor del Valle (el número 3 Ensayo sobre las libertades de Raymond Aron y el 4 La metamorfosis de Kafka). El ABC de 22 de mayo de 1966 reseña el Mozart de Vela en Alianza Editorial, su último libro publicado en vida, pues en septiembre muere en Llanes, en el Café Pinín, mientras jugaba una partida de ajedrez. Fernando Vela está enterrado en el cementerio municipal de Llanes, donde comparte tumba con su esposa, su hija Mavi y su yerno Alfredo Corrochano.

1970 Fernando Vela«García Vela, Fernando. Periodista y ensayista español, más conocido por Fernando Vela, nacido en Oviedo el 28 de octubre de 1888 y muerto en Llanes (Oviedo) el 6 de septiembre de 1966. Estudió en el instituto y en la Universidad de Oviedo. Toda su vida y su obra están influidas por el magisterio de Ortega y Gasset, del que se ha dicho fue el “mejor discípulo extrauniversitario”. Había sido redactor del Diario de Tánger (1938-41) y director del Diario de Madrid (1934-35) y de El Sol (1933), en el cual era redactor desde 1920. Fue decisivo para nuestro biografiado el año 1923, fecha en la que nace la Revista de Occidente, de la que sería hasta su fallecimiento secretario de redacción. En la citada revista publicó diversas traducciones de autores franceses y alemanes, a la manera orteguiana, y numerosos artículos; ha dejado escritos, además, varias biografías y ensayos. Ortega en Desde el punto de vista de las artes le aplica el calificativo de “abeja solícita”. Entre sus obras destacan: El arte al cubo (1925), El futuro imperfecto (1934), Mozart (1943), Talleirand (1943), Estados Unidos entran en la historia (1946), El grano de pimienta (1950) y Circunstancias (1952).» (Ángel Arconada, en Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Espasa-Calpe, Madrid 1970, Suplemento Anual 1965-1966, pág. 316.)

1970 Fernando Vela«Vela, Fernando García. Nació en Oviedo (28-10-1888), en cuyo Instituto hizo los estudios de Bachillerato. Opositó al Cuerpo Pericial de Aduanas y estuvo destinado en Águilas (Murcia), Llanes, Gijón y Madrid (en la Dirección General de Aduanas, Ministerio de Hacienda). Por entonces –hacia 1920– ya había hecho, felizmente, sus primeras armas en el periodismo (El Noroeste, de Gijón). En Madrid comparte su empleo burocrático con una plaza de redactor en el diario El Sol y en 1923, cuando José Ortega y Gasset funda la Revista de Occidente, Vela, su principal y acaso más fiel apoyo, aparece como secretario de la misma, misión que continuará cumpliendo hasta 1936. Al cambiar en 1930 la empresa propietaria de El Sol y, consiguientemente, su orientación ideológica, Vela cesa voluntariamente y pasa como redactor a Crisol, primero, y a Luz, más tarde, periódicos fundados y mantenidos en la capital de España por quienes habían abandonado El Sol. En 1934-1935, tiempo de su duración, Vela dirigió el Diario de Madrid. La actividad periodística de Fernando Vela continúa después de 1936 en el diario España (de Tánger), en el que fue redactor de 1938 a 1941, subdirector y, finalmente, sólo colaborador. Cuando en 1963 reapareció la Revista de Occidente, tras el largo paréntesis de la guerra y la postguerra españolas y muerto ya hacía años su fundador y director, Vela no acepta la invitación para que continúe ocupando la secretaría de la revista y sólo accede a formar parte del consejo asesor de la misma, a más de publicar varios artículos y notas en sus páginas. Eran ya otros tiempos y ocurría que Vela consideraba cerrada o concluida su vida intelectual luego de la muerte de Ortega; “mi vida –quiero decir, la parte de actividad intelectual, literaria que puede haber en ella; en suma, mi vida– está comprendida entre las muertes de dos grandes hombres: Leopoldo Alas y José Ortega y Gasset. Se abre con una y se cierra –virtualmente se cierra– con la otra.” Pero Vela siguió trabajando en la editorial Revista de Occidente, traduciendo y abreviando –y aclarando– libros importantes, de filosofía especialmente. Solía veranear en Llanes, donde murió, repentinamente, la tarde del 6 de setiembre de 1966. Su biblioteca para ahora en la sede del Instituto Internacional de Enseñanza (calle Miguel Ángel, Madrid). Más de una vez se ha anunciado la inmediata salida, a cargo de la editorial Revista de Occidente, de un tomo de obras selectas de Fernando Vela, que hasta el presente no ha aparecido.
Poseía Vela variada y rica cultura; era un excelente conversador; utilizaba como escritor una prosa clara, precisa y bella. Pero las circunstancias de su vida no ayudaron debidamente, otorgándole el sosiego necesario para realizar una obra más extensa y, digamos, sistemática, y así ocurre que Fernando Vela escribió casi siempre al día. Confesaba en 1934, en la advertencia previa al volumen de ensayos El futuro imperfecto: “La diaria faena periodística me permite pocas veces distraer para mí mismo horas de concentración. Los sucesos del mundo se llevan cada uno un poco de mi alma, que ya no sé dónde está. No me dejan ponerla toda y entera a una sola tarea. Se me dispersa hecha trizas.” Pero también es cierto que Vela procuró beneficiar en todo momento esa gota de eternidad que lo efímero y transitorio contiene: “siempre he pretendido extraer de esa circunstancia momentánea algo más sustancial y duradero, que trascendiera del hecho ocasional.” Algunas muestras de este quehacer están recogidas en volúmenes misceláneos como el ya citado y, también, los siguientes: El arte al cubo (1927), El grano de pimienta (1950) y Circunstancias (1952). Es autor, igualmente, de: Futbol Association y Rugby (con el seudónimo de “F. Alonso de Caso”) [1924], las biografías Mozart y Talleyrand (con el seudónimo de “Héctor del Valle”) [1943], Los Estados Unidos entran en la historia (1946) y Ortega y los existencialismos.» (José María Martínez Cachero, Gran Enciclopedia Asturiana, Silverio Cañada Editor, Gijón 1970, tomo XIV, páginas 148-149.)

El Premio Fernando Vela de 1974

La convocatoria del Premio Fernando Vela surge en febrero de 1974 en el entorno del Centro Asturiano de Madrid, institución fundada en 1950 con participación de Fernando Vela, que curiosamente celebraba el medio siglo de Revista de Occidente con una exposición sobre la revista y sus publicaciones filiales, abierta en su céntrica sede de Arenal 9, del lunes 11 al viernes 15 de febrero, en que inauguró su curso la “Cátedra Jovellanos”, con un acto dedicado a “Tres escritores asturianos y Ortega”, donde Carlos Luis Álvarez, José Luis Abellán y Andrés Amorós disertaron respectivamente sobre Fernando Vela, José Gaos y Pérez de Ayala.

«Exposición de la “Revista de Occidente”. A partir de mañana, lunes, y hasta el próximo día 15, en la cátedra Jovellanos, del Centro Asturiano de Madrid (Arenal, 9), quedará abierta al público una Exposición de la “Revista de Occidente” y sus obras filiales. En el acto de clausura –el día 15, a las ocho y media de la tarde– disertarán sobre “Tres escritores asturianos y Ortega” don Carlos Luis Álvarez, don José Luis Abellán y don Andrés Amorós, glosando la obra de Fernando Vela, José Gaos y Pérez de Ayala, respectivamente.» (ABC, Madrid, domingo 10 febrero 1974, pág. 53.)

«Agenda 15 viernes. Centro Asturiano. Arenal, 9 (20,30 h.). “Tres escritores asturianos y Ortega”. Don Carlos Luis Álvarez, sobre Fernando Vela y la Revista de Occidente; don José Luis Abellán, sobre José Gaos en la filosofía de Ortega y Gasset; don Andrés Amorós, sobre Ramón Pérez de Ayala y Ortega (Troteras y danzaderas).» (Blanco y Negro, Madrid, sábado 16 febrero 1974, pág. 20.)

«Lección y exposición. En la Cátedra Jovellanos del Centro Asturiano, Carlos Luis Álvarez, José Luis Abellán y Andrés Amorós disertaron, respectivamente, sobre “Fernando Vela y la Revista de Occidente”, “José Gaos en la filosofía de Ortega y Gasset” y “Ramón Pérez de Ayala y Ortega (Troteras y danzaderas)”, en la primera lección del curso 1974-75, que tiene por título “Tres escritores asturianos y Ortega”. En el mismo Centro Asturiano se celebró una exposición de sumo interés de la Revista de Occidente y sus publicaciones filiales.» (Hoja del Lunes de Madrid, 18 febrero 1974, pág. 14.)

«“Tres escritores asturianos y Ortega”. En el Centro Asturiano de Madrid, en el marco de la Exposición sobre Ortega y la Revista de Occidente, bajo el tema “Tres escritores asturianos ante Ortega”, hablaron Carlos Luis Álvarez, José Luis Abellán y Andrés Amorós. Carlos Luis Álvarez centró su intervención en el tema “Fernando Vela y la Revista de Occidente”. Dijo que Vela brilló en el ensayo con luces parejas a las del creador de este género: Montaigne. Vela fue el primer secretario de Redacción de la Revista de Occidente. José Luis Abellán, refiriéndose a las relaciones entre José Gaos y Ortega, afirmó que Gaos había sido el discípulo predilecto de Ortega y Gasset en la época anterior a la guerra civil española. Por su parte, Andrés Amorós subrayó que Ramón Pérez de Ayala. en su novela Troteras y danzaderas, refleja a Ortega en el personaje de Antón Tejero, a quien define como una figura eminentemente política, con capacidad para influir sobre el público. Dijo también que Pérez de Ayala coincidió con Ortega en su interpretación del perspectivismo y de la razón vital.» (ABC, Madrid, martes 19 febrero 1974, pág. 48.)

«Madrid al día. Con el interés que despierta siempre este nombre, Revista de Occidente, unido a una época de nuestras letras, se celebró y clausuró la Exposición dedicada a aquella publicación, disertando en la cátedra Jovellanos del Centro Asturiano de Madrid Carlos Luis Álvarez, José Luis Abellán y Andrés Amorós. Rodríguez Madiedo, organizador de estos actos, ha dicho: “Especial importancia tiene esta Exposición antológica. Se trata también de poner de manifiesto la viva relación que existió entre Fernando Vela y Ortega como gestadores de la Revista de Occidente y de sus actividades editoriales.” Obra, como es sabido, continuada por José Ortega Spottorno.» (Antonio de Obregón, ABC, Madrid, miércoles 20 febrero 1974, pág. 49.)

Ejecutor principal de la iniciativa parece que fue el activísimo llanisco Félix Rodríguez Madiedo: abogado en Madrid, siendo estudiante de derecho en Oviedo asistió en 1946, como delegado, al XIX Congreso Mundial de Pax Romana; en 1954 es ascendido de Censor de tercera clase a Censor de segunda clase; en 1958 le casa el padre Federico Sopeña con Blanca del Río Setien (que muere viuda y sin hijos en 2008), hija del periodista santanderino José del Río Sáinz (1884-1964); en 1963 impulsa el homenaje de Llanes a José Posada Herrera, consistente en dotar al vacío pedestal decimonónico de una nueva estatua que supliese la desaparecida durante la guerra civil; secretario general de la Sociedad de Amigos del Paisaje de Llanes (que logró impulsar del Decreto 449/1973 de 22 de febrero, por el que asume el Estado la protección de los hórreos o cabazos antiguos de Asturias y Galicia); vicepresidente séptimo del Centro Asturiano de Madrid en la Junta Directiva constituida en marzo de 1974; promotor en 1986 desde la Asociación Peña-Tú de un homenaje popular a Pepín Fernández, fundador de Galerías Preciados; fundador de la Asociación Española de Amigos de las Hemerotecas; presidente de la Federación Española de Amigos de los Hórreos; fundador en 1994 de la Asociación del Camino de Santiago por el Norte El Bordón, &c.

Desde 1966 el Centro Asturiano de Madrid (“Presidenta de honor, doña Carmen Polo de Franco; presidente de honor, don Valentín Andrés Álvarez; presidentes de mérito, don Fernando Fuertes de Villavicencio, don José María González del Valle y don José Fernández Rodríguez”) venía siendo presidido por Félix Fernández Fernández (1916-1994), dueño del afamado restaurante Casa Valentín y también eficaz presidente de la Federación de Gimnasia de España.

Antes de cumplirse una semana de la conferencia que Cándido había ofrecido en Madrid sobre “Fernando Vela y la Revista de Occidente”, las bases del Premio Fernando Vela aparecen publicadas en Voluntad, el órgano de Prensa del Movimiento en Gijón (no las hemos encontramos recogidas por extenso en otros medios). Instituido por una sola vez y dotado con 50.000 pesetas [un coche Seat 127 costaba ese año 150.000 pesetas] por el Banco de Levante (Alcala 21), el mecenazgo del premio correspondía obviamente al fundador y presidente de ese banco, Aniceto Fernández-Ordás Suárez (†2001), caballero mutilado de guerra y prolífico empresario leonés vinculado a Llanes, donde había sido amigo y contertulio de Fernando Vela durante los veranos.

Premio Fernando Vela

Por iniciativa del Centro Asturiano de Madrid, el Banco de Levante ha concedido un premio de 50.000 pesetas para el mejor artículo periodístico en torno a la labor del gran periodista y escritor Fernando García Vela, y sus relaciones con José Ortega y Gasset y la Revista de Occidente.

Este premio se da con ocasión del homenaje que el Centro Asturiano de Madrid celebra en estos días en memoria de Fernando Vela, José Gaos y Ramón Pérez de Ayala.

Bases

Primera: Podrán optar al premio Fernando Vela, los autores de trabajos publicados en torno al tema indicado, durante el periodo del 16 de febrero al 16 de diciembre del presente año y que hayan aparecido en diarios y revistas españoles.

Segunda: Los trabajos, sin límite de número ni de extensión, se mandarán al director de la Revista de Occidente, hasta el 20 de diciembre, acompañados de una cuartilla en que conste el domicilio del autor. Si estuviesen firmados con seudónimo se hará constar el nombre y apellidos del autor. Se acompañará páginas de la publicación en las que se insertó el artículo, en las que conste impresa la fecha, la localidad y el título de la publicación. Los envíos de provincias tendrán por fecha de presentación, la que figure en el matasellos de correos.

Tercera: Será adjudicado un premio único de cincuenta mil pesetas, que no podrá ser dividido ni declarado desierto. El fallo se hará público en la prensa diaria. El jurado, presidido por don José Ortega Spottorno, se reunirá y proclamará la adjudicación del premio el día 31 de diciembre del presente año.

Cuarta: Si el autor premiado hubiese fallecido, el presidente del jurado entregará el importe del mismo a aquella persona de la familia, o a quienes considere con mejor derecho, sin intervención judicial.

Quinta: Los artículos se remitirán a la Revista de Occidente, calle de Bárbara de Braganza, número 12, Madrid 4, y la participación en el concurso lleva implícita el acatamiento de estas bases.

(Voluntad, Prensa del Movimiento, Gijón, jueves 21 de febrero de 1974, pág. 13.)

Para Aniceto Fernández-Ordás, presidente también de ESMOSA (acróstico de Empresas Santa María de Ordás, su pueblo en León), venía trabajando desde bien joven, como empleado de confianza en empresas y patronales, Cosme Sordo Obeso (Porrúa 1929-2013), quien encabezaba la oposición al grupo del restaurador Félix Fernández en el Centro Asturiano de Madrid. Precisamente por esos días, en la Junta General de socios celebrada el día 24 de marzo de 1974, logra Cosme Sordo la presidencia adjunta de la institución y tras renunciar Félix Fernández Fernández en octubre de 1974, había de convertirse en presidente ejecutivo durante los siguientes treinta y cinco años («¿Qué le debe usted al Centro Asturiano de Madrid? –Les debo todo a dos personas. Estoy muy orgulloso de haber aprendido todo lo que aprendí de mis jefes, dos grandísimos maestros: Don Aniceto Fernández Ordás –en la época del desguace– y Don Sabino Fernández Campo. Don Sabino y yo fuimos los que creamos los nuevos Estatutos del Centro Asturiano de Madrid», Asturias, diciembre 2010, pág. 25). El Premio Fernando Vela fue convocado por tanto, en las postrimerías de la presidencia de Félix Fernández, por quienes adaptaban el Centro Asturiano de Madrid a la tardofranquista transición liberal orteguiana.

«Premio periodístico. El Centro Asturiano de Madrid, a través del Banco de Levante, ha instituido un premio de 50.000 pesetas para el mejor artículo periodístico en torno a la labor del periodista y escritor Fernando García Vela y sus relaciones con José Ortega y Gasset y la Revista de Occidente. El premio coincide con el homenaje que el citado Centro celebra en estos días en memoria de Fernando Vela, José Gaos y Ramón Pérez de Ayala y tiene una dotación de cincuenta mil pesetas. Todos los artículos que opten a su concesión deberán ser enviados a la Revista de Occidente, calle Bárbara de Braganza, 12, Madrid, donde se facilita toda clase de detalles complementarios.» (Hoja del Lunes de Madrid, 18 marzo 1974, pág. 11.)

Fernando Vela y los “Ilustrados”

El 50 aniversario de Revista de Occidente, que hemos conmemorado en todos los medios de difusión, ha tenido un capítulo especial en el Centro Asturiano de Madrid al dedicarse un especial homenaje al desaparecido escritor Fernando Vela que naciera en Oviedo en 1888.

No puede ser evocada la historia de Revista de Occidente sin acordarse del que fue su primer secretario de redacción y brazo derecho del fundador, José Ortega y Gasset. Fernando Vela ha sido un continuador del espíritu de aquellos sus paisanos, los ilustrados del siglo XVIII, interesados por todos los saberes e interesados también por la elevación cultural de España. Por eso tuvo necesariamente que hallarse al lado de Ortega en aquella hazaña europeizante que fue Revista de Occidente. La revista Índice ha reproducido las palabras que otro asturiano, Carlos Luis Álvarez, bien conocido por su seudónimo de “Cándido” pronunciara en la cátedra Jovellanos del Centro Asturiano en el homenaje a Fernando Vela. En ellas se destaca la figura del ensayista, del articulista, del crítico, del ilustrado y enciclopédico escritor. No nos dejó grandes obras pero sí numerosos artículos y una gestión cultural de primer orden en su colaboración con Ortega.

Este mismo Centro Asturiano y el Banco de Levante han creado un premio para el mejor artículo periodístico en torno a la labor de Fernando Vela y sus relaciones con Ortega y Gasset y la Revista de Occidente. Me gustaría que a él hubieran concurrido jóvenes escritores de la misma manera que lo han hecho cuando la mencionada revista los ha llamado para escribir sobre figuras españolas del siglo XIX o del 98. Porque sin esa curiosidad de la juventud, esfuerzos como el de Fernando Vela durarán en la memoria de las gentes lo que duren sus contemporáneos más próximos. Y ya se sabe que la verdadera tarea de la ilustración no ha estado solamente en la impresión que sus más destacados representantes hayan podido dejar en sus contemporáneos, sino lo que de estos esfuerzos es valorado, estimado y proseguido por las generaciones subsiguientes.

(Dámaso Alonso, “La música de las letras”, Mediterraneo, Prensa del Movimiento, Castellón de la Plana, domingo 31 de marzo de 1974, pág. 16.)

No puede decirse que la convocatoria de este premio, que buscaba remover en 1974 el interés por Ortega y la Revista de Occidente, mediante el recuerdo de Fernando Vela, pero circunscrito a sus “relaciones con José Ortega y Gasset y la Revista de Occidente”, bien dotado en su género y con garantía de no quedar desierto ni ser troceado, provocara hemorragia de artículos en diarios y revistas de España sobre el ensayista y periodista que se buscaba homenajear, durante los diez meses del plazo establecido. Solo un mes antes de concluir tal plazo un ilustrado profesor de filosofía, Ramón García de Castro y Sánchez-Calvo, quien precisamente dos meses antes de la convocatoria del premio ya había reivindicado a Fernando Vela, y además desde las páginas gijonesas de Voluntad (“Escritores asturianos en el Purgatorio. Fernando Vela”), le dedica en ese mismo periódico del Movimiento una serie de cinco artículos: “Recuerdo de un orteguiano de pro: Fernando Vela” (3 noviembre, pág. 28), “Aspectos de Fernando Vela: segunda singladura” (10 noviembre, pág. 36), “Perspectivas de Fernando Vela” (17 noviembre, pág. 26), “Recuerdo de Fernando Vela” (24 noviembre, pág. 37) y “Etopeya de Vela” (1 diciembre 1974, pág. 38). Ramón García de Castro, para despejar cualquier duda que pudiera producirse, no deja de mencionar, en su última entrega, que con sus cinco artículos busca postularse para tan singular premio: «Nos queda, por último, mencionar su gran fidelidad a Ortega. Este trabajo se ha escrito pensando en una expresa invitación a tratar el tema “Fernando Vela y la Revista de Occidente”.»

Pocos días antes de terminar el plazo deciden recordar la convocatoria en busca de posibles rezagados.

«Premio de periodismo “Fernando Vela”. El plazo para concurrir al premio de periodismo “Fernando Vela” expirará el próximo día 19. Dicho premio fue establecido para el mejor artículo periodístico que recoja la labor de Fernando Vela en relación con Ortega y Gasset y la Revista de Occidente. El premio, dotado con 50.000 pesetas por el Centro Asturiano de Madrid en colaboración con el Banco de Levante, no podrá ser dividido ni declarado desierto. Quienes deseen participar deben enviar sus artículos publicados entre el día 16 de febrero y 16 de diciembre del año en curso a Revista de Occidente, calle Bárbara de Braganza, número 12, Madrid-4. El Jurado será presidido por don José Ortega Espotorno y hará público su fallo el día 31 de diciembre.» (ABC, Madrid, jueves 5 de diciembre de 1974, pág. 75.)

Quizá los últimos artículos publicados sobre Fernando Vela, antes de cerrarse el plazo establecido, fueran los de Aquilino González Neira en La Nueva España de Oviedo –“Fernando Vela, en los setenta”–, los días 13 y 14 de diciembre de 1974.

Pero, armoniosamente, el Premio Fernando Vela fue otorgado al autor de los artículos publicados en Voluntad de Gijón, el periódico que más interés había mostrado en su momento por publicar su convocatoria.

«El Premio “Fernando Vela” para Ramón García de Castro. Por los artículos publicados en Voluntad. El día de Reyes fue fallado en Madrid el premio “Fernando Vela”, creado por el Centro Asturiano de Madrid y dotado con 50.000 pesetas, aportadas por el Banco de Levante. El concurso tenía por objeto exaltar la memoria y el recuerdo del gran periodista y escritor asturiano. Después de larga deliberación por el jurado que presidía don José Ortega Spottorno, y que integraban, entre otras personalidades, don Félix Rodríguez Madiedo, don Valentín Andrés Álvarez y don Darío Rodríguez de Valcárcel, el premio fue concedido a nuestro colaborador don Ramón García de Castro, por la serie de artículos sobre el tema, publicados en las columnas de Voluntad.» (Voluntad, Gijón, miércoles 8 de enero de 1975, pág. 24.)

«Premio “Fernando Vela”. Se ha reunido el Tribunal para otorgar el premio “Fernando Vela”, que, por una sola vez, han instituido el Centro Asturiano de Madrid, en colaboración y patrocinio con el Banco de Levante, para distinguir el trabajo publicado en la Prensa española que mejor exponga la obra de Fernando Vela y sus relaciones con la Revista de Occidente. El premio, de una cuantía de 50.000 pesetas, fue otorgado por unanimidad a don Ramón García de Castro por el conjunto de los artículos publicados en el diario Voluntad, de Gijón. El Tribunal estuvo constituido por don José Ortega Sportono, como presidente; don Félix Rodríguez Madiedo, como secretario, y don Valentín Andrés Álvarez y don Darío Valcárcel Lezcano, como vocales.» (ABC, Madrid, sábado 11 de enero de 1975, pág. 52.)

Asiste a la cena de entrega el periodista Ladislao de Arriba Álvarez (1924-2015), que firma su crónica como Playicio:

«Ramón García de Castro obtiene el premio “Fernando Vela”, instituido por el Banco de Levante. Por unos trabajos publicados en Voluntad. “Revista de Occidente” reproducirá en sus páginas esta semblanza biográfica del gran escritor. Estas cosas o se hacen bien o no se hacen. “Revista de Occidente” sabe hacer bien las cosas y nos convocó en un restaurante de cinco tenedores. Eso levanta la moral a los presuntos concursantes de otros certámenes literarios. La sobremesa sobre manteles de cinco tenedores suele tener un “cachet” distinto y, si entre los comensales se encuentran el catedrático don Valentín Andrés Álvarez y don José Ortega Spottorno, uno está deseando que la tertulia no se disgregue. Con este prejuicio, la reseña del acto de entrega del “Premio Fernando Vela” al colaborador de Voluntad, Ramón García de Castro, ha de ser necesariamente favorable. En un clima de positiva cordialidad, don Aniceto Fernández Ordás, presidente del Banco de Levante, amigo y contertulio de sus veraneos en Llanes de Fernando Vela, hizo entrega a nuestro colaborador del premio que esta entidad bancaria ha apadrinado. En presencia de representantes de la prensa nacional y la televisión, que levantaron acta del suceso, el director de Revista de Occidente, presidente del nuevo rotativo El País, e hijo del inolvidable filósofo don José Ortega y Gasset, del que Fernando Vela fue su más directo colaborador, justificó el acto, dedicando palabras de elogio al mecenas que tan generosamente premiaba el interesante trabajo de investigación que Ramón García de Castro presentó al concurso, y prometiendo a nuestro colaborador la reproducción de sus artículos en la prestigiosa revista por la que tanto luchó Fernando Vela. El señor Fernández Ordás, en breves palabras, felicitó al joven ensayista y ofreció a los hombres de la cultura allí asistentes la desinteresada ayuda de la sociedad financiera que representa. Cerró la parte formal de esta reunión, el llamado Rodríguez Madiedo, coordinador de esta iniciativa y al que nada referido a nuestra provincia le es ajeno. Un acto cordialísimo, en resumen, en el que Asturias estuvo siempre presente por la vinculación a Gijón, Oviedo y Llanes del protagonista, el inolvidable Fernando Vela, la asturianía del autor galardonado y por unas deliciosas anécdotas contadas con singular finura por el siempre joven don Valentín Andrés Álvarez de indiscutible magisterio. playicio.» (Voluntad, Gijón, martes 28 enero 1975, pág. 10. Foto: “Momento en que el presidente del Banco de Levante, señor Fernández Ordás, hace entrega del Premio Fernando Vela a nuestro colaborador Ramón García de Castro”.)

La Revista de Occidente publica en su número de febrero-marzo de 1975 los premiados artículos de Ramón García de Castro: “Cinco artículos en torno a Fernando Vela” (nº 143-144, págs. 272-289). Y Fernando Vela quedó así convenientemente rescatado y santificado, disponible para poder ser utilizado en las transiciones ideológicas que llevaban años diseñándose y cuyos resultados podrían comenzar a cristalizar y aprovecharse una vez desaparecido el anciano general Franco.

La Sociedad Asturiana de Filosofía homenajea a Fernando Vela en 1977

La Sociedad Asturiana de Filosofía se presenta en un acto celebrado en Oviedo (Instituto de Estudios Asturianos, palacio del Conde de Toreno, plaza de Porlier) el día 21 de enero de 1977, con una “junta promotora presidida por don Pedro Caravia Hevia y formada por Teófilo G. Neira, Vidal Peña, Alberto Hidalgo, Juan Cueto Alas, Amelia Valcarcel, Manolo de la Cera y Luis Javier Álvarez”. En dicho acto de presentación se anuncian los proyectos inmediatos de la nueva sociedad –“varios homenajes a profesores de filosofía y pensadores asturianos como José Gaos, Manuel Granell, Wenceslao Roces, Fernando Vela o Cándido Cimadevilla”– y Pedro Caravia, catedrático jubilado de Filosofía del Instituto Alfonso II de Oviedo, inaugura sus actividades dando la palabra a Gustavo Bueno, catedrático de Filosofía de la Universidad de Oviedo, quien diserta sobre “Filosofía mundana, filosofía académica”.

Cuatro meses después la Sociedad Asturiana de Filosofía organiza el ciclo de conferencias en homenaje a Fernando Vela, celebrado en Oviedo (aula magna de la Facultad de Filosofía y Letras, plaza de Feijoo): el martes 24 de mayo interviene Julián Marías; el jueves 26 los periodistas Manuel Fernández Avello (“Fernando Vela, periodista”) y Carlos Luis Álvarez (a) Cándido (“Fernando Vela y el ensayo”), y el viernes 27 de mayo de 1977 Valentín Andrés (“Una biografía de Fernando Vela”) y Teófilo Rodríguez Neira (“Antología de textos”). Todas las intervenciones fueron presentadas por Pedro Caravia Hevia, “presidente de honor de la Sociedad Asturiana de Filosofía”.

Entrada en Hombres y documentos de la filosofía española de 1988

Gonzalo Díaz Díaz (1931) ofrece en su monumental Hombres y documentos de la filosofía española la siguiente entrada dedicada a Fernando Vela (CSIC, Centro de Estudios Históricos, Madrid 1988, volumen III, páginas 431-433):

García Vela y Alonso de Caso, Fernando

Nació en Oviedo en 1888, y en aquella ciudad estudió el bachillerato; ingresó después en el Cuerpo Pericial de Aduanas, llegando a ser profesor de economía en la escuela de dicho cuerpo. Obtuvo más tarde plaza en la aduana de Gijón, iniciando sus colaboraciones periodísticas en el diario El Noroeste, y que después se extienden a otros periódicos, escribiendo sobre temas culturales y artísticos. Y en 1921 llega a Madrid, donde entra inmediatamente en contacto con el círculo de Ortega, incorporándose a la Revista de Occidente, de la que llegó a ser secretario, y en cuyo marco llevó a cabo su más destacada labor cultural mediante numerosas e importantes traducciones del inglés, francés y alemán. También fue director de El Sol. Falleció en Llanes (Asturias) en septiembre de 1966.

Aparte de sus numerosísimos artículos de alta cultura, dispersos por innumerables revistas y diarios, y en los que se revela como elegante e ingenioso periodista, fue también un profundo y riguroso comentador de la filosofía orteguiana.

Obras:

7829. Fútbol Association y Rugby. (Con el seudónimo de Alonso de Caso). Madrid, 1924.

7830. El arte al cubo. Madrid, 1925 (Cuadernos literarios).

7831. El futuro imperfecto. Madrid, Revista de Occidente, 1934, 182 p.

7832. Los Estados Unidos entran en la Historia. Madrid, Atlas, 1946, 556 p.

7833. El grano de pimienta. México, Espasa-Calpe, 1950, 179 p. (Col. Austral, 984).

7834. Circunstancias. Madrid, Revista de Occidente, 1952, VII+251 p.

7835. Ortega y los existencialismos. Madrid, Revista de Occidente, 1961, 145 p.

7836. El individuo y el medio. Nuevas ideas biológicas. Rev. Occ., 1 (1923), páginas 95-115.

7837. El suprarrealismo. Idem, 18 (1924), p. 428-434.

7838. Sobre el problema de la filosofía. Idem, 43 (1927), p. 49-68.

7839. De antropología filosófica. Idem, 87 (1930), p. 389-400.

7840. De la mosca al hombre. Idem, 79 (1930), p. 120-132.

7841. Sociología de la crisis. Idem, 146 (1935), p. 129-160.

7842. La fantasía en la filosofía de Ortega. La Torre, 15-16 (1956), p. 433-454.

7843. Los años más gloriosos de la ciencia física. Escorial (diciembre, 1949), p. 1063-1068.

7844. La revisión del marxismo. Rev. Occ., 35 (1966), p. 201-206.

Prólogos y traducciones:

7845. Balzac, H.: Los Chuanes. Escenas de la vida militar. Traduc. de … Madrid, Espasa-Calpe, 1923 (Col. Austral, 1488).

7846. Bergson, H.: Abreviatura de la evolución creadora. Traduc. de … Buenos Aires, Revista de Occidente, 1947, 191 p.

7847. Bollnow, O. F.: Filosofía de la existencia. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1954, 174 p.

7848. Buytendijk, F. J. J.: La mujer. Naturaleza. Apariencia. Existencia. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1955, 331 p.

7849. —: El dolor. Fenomenología, psicología, metafísica. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1958, 255 p.

7850. Control automático. Por varios especialistas del Scientific American. Traducción de … Madrid, Revista de Occidente, 1957, 242 p.

7851. Daudet, A.: Cuentos del lunes. Madrid, Espasa-Calpe, 1966, 222 p.

7852. Gamow, G.: Biografía de la Física. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1962, 370 p.

7853. Guizot, F.: Historia general de la civilización europea o curso de Historia moderna desde la caída del Imperio romano hasta la revolución de Francia. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1935, 321 p.

7854. Heidegger, M. y otros: La angustia. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1960, 342 p.

7855. Heinemann, F.: ¿Está viva o muerta la filosofía existencial? Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1956, 221 páginas.

7856. Heisenberg, W.: La Física del núcleo atómico. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1954, 310 p.

7857. Hoffding, H.: Sören Kierkegaard. 2ª ed. Traduc. y prólogo de … Madrid, Revista de Occidente, 1949, 219 p.

7858. Husserl, E.: Abreviatura a “Investigaciones lógicas”. Traduc. de … Buenos Aires, Revista de Occidente, 1949, 507 p.

7859. Jaspers, K.: Origen y meta de la historia. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1950, 308 p. Idem. Madrid, Alianza, 1980, 363 p.

7860. —: Balance y perspectiva. Discursos y ensayos. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1953, 274 p.

7861. —: La Filosofía. Traduc. de … Madrid-Puerto Rico, Ediciones de la Universidad de Puerto Rico y Revista de Occidente, 1958-1959, 2 vols.

7862. Jespersen, O.: Humanidad. Nación. Individuo desde el punto de vista lingüístico. Traduc. de … Buenos Aires, Revista de Occidente, 1947, 281 p.

7863. Mounier, E:. Introducción a los existencialismos. Traduc. de D. D. Montserrat, revisado por … Madrid, Revista de Occidente, 1949, 203 p.

7864. Ortega y Gasset, J.: Goethe desde dentro. 2ª ed. Prólogo de … Madrid, Revista de Occidente, 1949, 210 p.

7865. Otto, R.: Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1925, 220 p. (Nuevos Hechos. Nuevas Ideas, II).

7866. Idem. 2ª ed. revisada. Madrid, Revista de Occidente, 1965, 233 p.

7867. El planeta tierra, por varios especialistas del Scientific American. Traducción de … Madrid, Revista de Occidente, 1959, 259 p.

7868. Radbruch, G.: El espíritu del derecho inglés. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1958, 118 p.

7869. Revers, W. J.: Psicología del aburrimiento. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1954, 141 p. Idem. 2ª ed. Madrid, 1958.

7870. Rougemont, D. de: Tres milenios de Europa La conciencia europea a través de los textos. De Hesíodo a nuestro tiempo. Traduc. de … Madrid, Revista de Occidente, 1963, 417 p.

7871. Southner, R. W.: La formación de la Edad Media. Traduc. de … con el asesoramiento de Luis Vázquez de Parga. Madrid, Revista de Occidente, 1955, 296 p.

7872. Spencer, H.: Abreviaturas de “Principios de Psicología”. Traduc. de … Buenos Aires, Revista de Occidente, 1947-1948, 2 vols.

7873. Taine, H.: Positivismo inglés. Traducción de … Buenos Aires, 1944.

Estudios:

Abellán, J. L.: Panorama…, p. 71.

7874. Arduengo Caso, J. B.: Pensamiento asturiano. (Primera historia de filosofía asturiana). Gijón, Impr. Love, 1983, p. 222-225.

Fraile, G.: Historia… Vol. II, p. 270.

7875. García de Castro y Sánchez Calvo, R.: Cinco artículos en torno a Fernando Vela. Rey. Occ., 143-144 (1975), p. 272-289.

Suárez, C.: Escrit. artist. astur. Vol. IV, p. 190-193.

Adviértase que entre sus “Obras” no incorpora las vidas de Mozart y Talleyrand, firmadas como Héctor del Valle, ni “Orientaciones últimas de la filosofía” (Sur, 1932). Respecto de la relación de “Prólogos y traducciones”: 7845 se publicó en 1923 pero por Calpe y no por Espasa-Calpe (aún no se habían unido Calpe e Hijos de J. Espasa). 7851 va datado por la reedición de 1966, ya publicada por Calpe en 1920-1921. 7854 dice M. Heidegger cuando en realidad es H. Hediger. 7857 cita la segunda edición de 1949 y no la primera de 1930. 7858 dice Abreviatura a en vez de Abreviatura de. 7864 cita la segunda edición de 1949 y no la primera de 1933. 7873 confunde la traducción de Taine por Fernando Vela (Atlas, Madrid 1944) con la de Alberto A. Graziano (Americalee, Buenos Aires 1944).

Ignacio Gracia Noriega sobre Fernando Vela

El ensayista y escritor Ignacio Gracia Noriega (1945-2016), Cronista oficial de Llanes, ha escrito específicamente sobre Fernando Vela y se ha referido a él varias veces. La Real Academia de la Historia, por indicación expresa de su entonces director Gonzalo Anes (1931-2014), le encargó en 2009 la redacción de la entrada correspondiente para su monumental Diccionario Biográfico Español, cuyos 25 primeros volúmenes se difundieron en mayo de 2011: “García Vela, Fernando” (tomo XXII, páginas 402-403).

1988, artículo en Los Cuadernos del Norte

A cien años de Fernando Vela

Fernando Vela

Próximos a cumplirse los cien años del nacimiento de Fernando Evaristo García Alonso, más conocido literariamente por Fernando Vela (y que en 1960 hizo oficialmente expediente de apellidos paternos, siendo desde entonces su nombre civil Fernando García Vela), le recuerdo en Llanes durante los veranos, pasando todas las tardes delante de mi casa en la Calle Nueva para ir a la tertulia del “Bar Venecia”; al “Café Pinín”, donde jugaba la partida de ajedrez, o al cine, al “Teatro Benavente”, del que era habitual. Era un hombre de aspecto físico algo pesado, cargado de hombros, que caminaba arrastrando los pies aunque su bastón de caña tan solo fuera un aditamento de su condición de veraneante; y cada año que pasaba, sus pies se volvían más lentos. Tenía la expresión hosca, con los labios muy juntos, como si estuviera haciendo pucheros. A mí, en sus últimos años, me recordaba las fotografías de Giovanni Papini en la vejez; pero en fotografías de época anterior, como algunas que le hizo Nicolás Muller, parecía un hombre más que huraño melancólico, aunque ya entonces sus labios tenían aquel pliegue característico. Solía vestir una sahariana clara, en uno de cuyos bolsillos había una gran mancha de tinta, y para leer se colocaba unas gafas de montura de carey, de modelo anticuado. Fumaba pitillos que liaba él mismo y que permanecían apaciblemente en la comisura de sus labios. La mancha de tinta sobre la sahariana era como una proclamación de su condición de escritor, la insignia de un oficio que él todavía ejercía de un modo artesano: una mancha honorífica.

Llanes fue un escenario importante de la biografía de don Fernando. Su padre, don José García Vela, procedía de su concejo, del Valle de Ardisana, una zona en la que las gentes, en lugar de emigrar a Méjico, lo hacen a otros lugares de España, y así, de aquí también procedía el abuelo del famoso torero Rafael Guerra, “Guerrita”. El doctor García Vela fue director del Hospital Provincial de Oviedo, y en la capital de la provincia nació don Fernando el 26 de octubre de 1888. Y la muerte le llegó en Llanes, la tarde del 6 de septiembre de 1966, mientras esperaba sentado ante uno de los veladores de mármol del “Café Pinín” a su compañero y contrincante para la partida de ajedrez que en esta ocasión no habría de jugarse, Felipe Vega Escandón, agregado cultural de aquélla en la Embajada de España en Pakistán y fino escritor de obra muy breve.

Don Fernando vivía en el Barrio de San Antón, al lado del mar y a la vista de la sierra del Cuera, junto al faro que le inspiró algunas de sus páginas, en una casa de aspecto normando, conocido como el Hotel de Otilia, que hubiera sido el escenario ideal para un film de Alfred Hitchcock. Muchas tardes, al pasar delante de ella, yo escuchaba el tableteo de su máquina de escribir. ¿Qué estaría escribiendo, me pregunto ahora? Tal vez algún artículo, acaso un capítulo de “Ortega y los existencialismos”. Quién sabe. Por las noches, de eso sí estoy seguro, escucharía el estallido del mar contra los acantilados y sentiría las acometidas del viento del Norte sobre las contraventanas de madera; y vería la luz del faro filtrándose a través de las rendijas en las noches de galerna. El faro le atraía poderosamente; así lo advierte Teófilo Rodríguez Neira: “Y el faro, almuecín de todas las costas que señala a los barcos con sus gritos luminosos el reposo del puerto, no podía faltar entre los recuerdos de Fernando Vela. Los faros de Llanes, Ribadesella, Gijón, llamaron insistentes su atención. Le traían a la conciencia inmensidades entre las que intercalaba su vigilancia individual e inquieta”.

Cerca del faro estaba, y está todavía, la Caseta del Salvamento de Náufragos, tan solo un año mayor que don Fernando, por lo que su centenario tuvo lugar el pasado año. Es una construcción con dos galerías de cristalera que dan a la mar y al monte, y en una de ellas hay un telescopio sobre raíles; en la sala principal figura un cuadro tremendo, que representa el naufragio de un velero y a los sobrevivientes escapando en un bote, a golpe de remos, y de otra de las paredes cuelga otro cuadro multicolor que contiene las banderas de las naciones de otro tiempo, incluidas las del Imperio Austrohúngaro; y en la planta baja había jarcias, cabos, boyas, remos, un farol de bronce y una pistola de señales. Diversos llaniscos se reunían allí para hacer tertulia y para apostar si los barcos que pasaban por la línea del horizonte iban a Gijón, a Avilés o a Vigo; a Santander o a Bilbao. Cada socio tenía un llavín del edificio. Don Fernando era hombre de tertulias, al menos en Llanes, pero hablando poco; a veces se sentaba en un rincón, se calaba las gafas y se ponía a leer los periódicos. Siempre llevaba un montón de periódicos debajo del brazo, pero nunca le vi con un libro: sin duda pensaba que los libros deben leerse en casa. La Caseta del Salvamento de Náufragos, también llamada la Tijerina, porque en aquel lugar había estado establecido un sastre, tenía biblioteca en la galería de poniente: una mesa de madera enorme, cubierta de números y más números de revistas marineras, de las que podían obtenerse datos curiosos, noticias pintorescas y relatos de aventuras, de descubrimientos y de naufragios.

Este era el Barrio de San Antón, al pie de la colina donde está la ermita de la Virgen de Guía, cuya imagen, como en tantas leyendas marineras, llegó por la mar y fue recogida por unos pescadores. Había también cuatro chalets al gusto de los años veinte, de los que sobreviven tres, lo que, en estos tiempos de especulación inmobiliaria, no es mala media; un tendedero para poner a secar las redes con una caseta para cocerlas, que el mar se llevaba periódicamente, cada vez que entraba con fuerza, y, en las cercanías, una o dos fábricas de conservas de pescado. En este lugar, que no ha cambiado demasiado, afortunadamente, pasaba don Fernando Vela los veranos, aunque solía ir todos los días al centro de la Villa. Como veraneante era tradicional: era de los primeros en llegar y de los últimos en irse, en aquellos tiempos poco menos que felices en los que las vacaciones estivales duraban los tres meses.

A pesar de su vinculación con Llanes, don Fernando hacía poca vida social. Paseaba con su hermano Luis, de mucha menor entidad física e intelectual que don Fernando, que estaba colocado en la Unión Española de Explosivos; y los amigos, cada vez que se disponían a encender un cigarro, le gastaban la misma broma:

—Apártese, por favor, don Luis, que voy a encender una cerilla y no sea que explotemos.

Y Luis, que era una gran persona, aunque algo ingenuo, contestaba siempre:

—Calle, hombre; ¿cómo se le ocurre a usted que puedo llevar explosivos en los bolsillos, si yo además trabajo en las oficinas?

Muy sensatamente, don Fernando Vela no colaboró más que en una ocasión en el periodiquillo local, el semanario “El Oriente de Asturias”, bastión de la santurronería, la cursilería y del aldeanismo retrógrado, y cuya norma de conducta es colocarse al sol que más calienta, precisamente con el artículo titulado “El faro”, que ya había sido publicado en el volumen “El grano de pimienta” y que se reprodujo con varias erratas, según es norma en esa casa, lo que dio motivo al filósofo para negarse a colaboraciones posteriores. Aparte de escribir y de jugar al ajedrez, don Fernando iba al cine todas las tardes y solía colocarse siempre en la misma butaca, en la fila 6, pasillo. El “Teatro Benavente” era un cine antiguo, con plateas y butacas forradas de terciopelo, y un telón con múltiples anuncios comerciales que se bajaba en los descansos. En unos medallones en el techo, las pinturas de unas máscaras representaban el dolor, la miseria, la cólera, el espanto: en fin, las emociones humanas.

A pesar de su aparente displicencia, don Fernando Vela era, a su manera, un propagandista de Asturias. Gracias a él don José Ortega y Gasset pasó en Llanes el último verano de su vida. Llegó un buen día en compañía del arabista, académico y embajador Emilio García Gómez y de las esposas de ambos, y no se alojaron en San Antón, con Fernando Vela, sino en el “Hostal Peñablanca”, recién inaugurado. Ortega, aunque tocado ya por la enfermedad que le llevaría a la tumba, hizo los honores al marisco cantábrico y acudió puntualmente a las tertulias en las que le introducía Vela. Por aquellos días, las tertulias en Llanes, como en todas partes, estaban más vivas que ahora, que están en trance de desaparecer; y acudía especialmente a la del “Bar Venecia”, que está frente al hotel, aunque intervenía poco en las conversaciones. En una ocasión salió la cuestión de qué nombre recibía en español el cuarto nieto, y como los contertulios no se ponían de acuerdo, le preguntaron a Ortega, que contestó que no sabía. Los sacó a todos de la duda el médico llanisco Gabriel Sotres, muy aficionado a los crucigramas, que señaló que el cuarto nieto se le llama “chozno”.

Don Fernando, aun durante el verano, no dejaba de escribir; ya dije que muchas veces escuché el sonido de su máquina al pasar delante de su casa de tejados grandes, inclinados, como normandos. A su muerte todavía dejaba dos artículos escritos para la sección “Historia”, de “España Semanal”, que venía desempeñando desde 1951, y que se publicaron póstumamente: “La cocina y la Historia”, el 18 de septiembre de 1966, y “La perla de Asia. Aventuras de una joya única”, el 25 de septiembre. José Carlos Mainer dice de ellos que son representativos de “una heroica contumacia en su oficio y de un peculiar modo de entender la Historia a través de la anécdota”. Espero que esta “semblanza” suya, hecha a partir de anécdotas y ambientes, no sea ajena al espíritu de Vela, filósofo, biógrafo, traductor, prologuista, ensayista, periodista.

(Ignacio Gracia Noriega, “A cien años de Fernando Vela”, Los Cuadernos del Norte, Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo, julio-septiembre 1988, nº 50, págs. 162-163.)

1994 «Además de dar nombre a una calle de Oviedo, ¿Agustín de Pedrayes significa algo para la mayoría de los asturianos de estos años finales del siglo XX? Quienes lean los diarios de Jovellanos lo encontrarán con bastante frecuencia en esas páginas. Fernando Vela, en uno de los ensayos incluidos en el volumen El grano de pimienta, “Un día de Jovellanos en Gijón”, le califica como “el profesor de Matemáticas que, a veces, de asuntos muy sencillos da unas explicaciones complicadísimas que Jovellanos no entiende”.» (Ignacio Gracia Noriega, “El matemático Pedrayes”, La Nueva España, Oviedo, 30 agosto 1994.)

1997, capítulo en Oviedo en los libros

Fernando Vela

Es figura singular de la literatura ensayística española de este siglo: crecido intelectualmente a la sombra de Ortega y Gasset, tuvo influencia en su tiempo; pero a pesar de algunos esfuerzos aislados por rescatarle con motivo del centenario de su nacimiento (que ocurrió en Oviedo en 1888) y de la reedición de varias obras suyas, no parece que despierte demasiado interés en éste. Autodidacta y profesoral, ejerció el periodismo; fue director de El Sol y Diario de Madrid, y secretario de la Revista de Occidente desde su fundación. Según Julián Marías, “la prosa de Vela, rápida e ingeniosa, de una calidad estilística que sostiene cada una de sus frases, todas las cuales están 'escritas' (!!!!), tiene singular diafanidad y ligereza: por eso se unen en sus páginas el rigor del intelectual auténtico y la facilidad y la gracia del periodista”. En fin, cosas de don Julián. Vela publicó varios libros de ensayos –El arte al cubo, El futuro imperfecto, El grano de pimienta, Circunstancias– que fueron refundidos en parte en el volumen póstumo Inventario de la modernidad, donde es inevitable encontrar junto a textos sugestivos otros que provocan el aburrimiento: no se ha hecho una selección sensata hasta la fecha de Vela, y es lástima. También escribió las biografías de Mozart y Talleyrand, y, en rigor, Los Estados Unidos entran en la Historia es una biografía de Franklin D. Roosevelt. Fue traductor prestigioso de La evolución creadora de Henri Bergson, Principios de sociología de Spencer; sobre todo, del alemán, aunque no hablaba esa lengua: Investigaciones lógicas de Husserl, Lo santo de Otto, El espíritu del Derecho Romano de Ihering, &c.

En El grano de pimienta, imagina una jornada de Clarín en Oviedo y otra de Jovellanos en Gijón. Supone Vela que Clarín, “más nervioso que rápido –algún ademán le hace saltar los lentes sujetos de un cordón– pasea por el que llaman 'paseo de los curas'. Hay, en efecto, algunos. Dos de ellos discuten; a lo que se discierne, la discusión no es muy escolástica, y Santo Tomás tendría poco que hacer allí. Algún pálido seminarista que se esfuerza –como Juan de Dios en El Señor– en que su cuerpo y su alma 'sean una armonía'. Un canónigo joven y un capellán. Varios más. La aguda sensibilidad de Clarín respira deseos contenidos, casos de conciencia, sutilidades de confesionario, miradas secretas, crisis, adolescencias turbadas…”. Él se había llamado a sí mismo “uno de los más puros rumiantes del amor platónico”. En sus obras más características se mueve en la órbita de la tentación. Lo tentador era para él la tentación.

“Los castaños de Indias –encendidos rojos– y allá el Aramo, con sus primeras nieves, emocionan a Clarín. Suavemente. Piensa acaso que el otoño es la estación más filosófica del año… y de la vida, de su vida, y le inunda una tristeza 'mitad resignación, mitad esperanzas ultratelúricas', que no puede conocer la juventud”.

Luego Clarín se va al teatro: “gusta de ver los ensayos de la ópera”, y al casino, donde juega una partida de ajedrez con Pepe Ronzal. Se arrima, en fin, a uno de los pilares de la catedral y vuelve a ver el templo desde su casa: “Ha llegado la noche, Clarín, desde su balcón, contempla un momento la alta torre de la catedral. 'Piramidal fantasma, la gótica torre vigila y ofréceme el sigilo de su silencio eterno'.”

Así transcurre un día de Clarín, según Vela, en un Oviedo provinciano que recuerda un poco a Madrid.

(Ignacio Gracia Noriega, Oviedo en los libros, Ayuntamiento de Oviedo, Oviedo 1997, págs. 239-240.)

2002 «Entre las curiosidades taurinas referidas a Asturias encontramos que, según afirma Fernando Carrera en Apuntes sobre las Malaterías en el concejo de Llanes, ni más ni menos que Rafael Guerra, “Guerrita”, descendía de la aldea de La Malatería, en el valle de Ardisana. Su abuelo, Rafael Guerra y García, había salido de dicho valle a comienzos del siglo XIX, y como tantos asturianos marchó a Andalucía, estableciéndose en Córdoba. Con él iba su primo Manuel Guerra, que se quedó en Madrid, donde llegó a ser un ilustre médico, antepasado, si no me equivoco, del escritor Fernando Vela, suegro del torero Alfredo Corrochano. Sobre poco más o menos, una especie de “dinastía”.» (Ignacio Gracia Noriega, “De toros: Guerrita”, La Nueva España, Oviedo, 1 marzo 2002.)

2010, artículo en La Nueva España

Fernando Vela y José Díaz

Ambos fueron tan “modernos” que hoy, según el autor, resultan viejos y decrépitos

Se habla estos días del Partido Socialista catalán y de Fernando Vela (del último, en un ámbito muy local y efímeramente, temo). Ambos, Vela y el socialismo catalán, se parecen en que, disponiendo del original, ¿qué valor tiene la copia? Los separatistas prefirieron votar el separatismo fetén al oportunismo de Montilla. En otro orden, teniendo la obra de Ortega a disposición, ¿existe algún motivo para leer a Vela? Independientemente de los valores intelectuales y literarios de Vela -indiscutibles-, el periodista ovetense vivió tan demasiado a la sombra de Ortega que acabó difuminado.

Nunca pasó, ni quiso pasar, de ser un expositor, un divulgador. Era, como le calificó Julián Marías, “el hombre que no quiso darse importancia”, y eso le honra. Por lo que no se debiera exagerar a propósito de un escritor muy de segunda fila, que además había asumido con mucha resignación su condición de secundario. Vela, en realidad, era un aduanero ilustrado que tal vez encontraba que el mundo de la cultura le quedaba algo grande. Por eso escribía con mucho cuidado, procurando afirmar su solidez intelectual y con carencia absoluta de sentido del humor. Entre los chispazos de ingenio de Ortega y el severo fraseo de Vela hay bastante distancia. Vela escribía con buena prosa, pero sin el nervio y el humor del mejor ensayista asturiano de su generación, Ramón Pérez de Ayala. Éste se reía de sus arcaísmos. Vela, que, en cambio, era lo que el profesor Melón calificaba como “un beatín de la cultura”, era incapaz de ironizar con lo que consideraba importantísimo. Era demasiado serio, y, a la larga, la seriedad resulta aburrida.

Los intentos recientes de resucitar a Vela han fracasado. Lo mismo sucede con su coetáneo José Díaz Fernández, otra víctima del orteguismo (Ortega, como teórico de la literatura, era nefasto: ¿quién lee ahora a Benjamín Jarnés?). La meritoria edición de J. C. Mainer titulada “Inventario de la modernidad” (1983) llevaba plomo a sus páginas. El gran problema de Vela es que fue demasiado moderno. Pero la “modernidad” es efímera, y mucho más la de los años veinte, la época más “moderna” del atribulado siglo XX. ¿A quién le interesa hoy la “poesía pura” o las orientaciones de la filosofía de aquellos años? Todo aquello está ya muy pasado, e inevitablemente repercute en el divulgador.

Puede parecer sorprendente que habiendo escrito bastante sobre cine, nunca se le cite: se debe a que no escribía de cine entendiéndolo como “cultura”. Y sus “prosas poéticas” son de una cursilería abrumadora.

No obstante, fue un gran periodista. Algunos de sus artículos, los menos dependientes de la actualidad “cultural”, o, digamos, de la “modernidad”, son magníficos. Cuando describía, no para que le leyera Ortega, sino el público en general, lo hacía muy bien, y así nos cuenta las aventuras del grano de pimienta, la muy francesa historia del cognac, las ceremonias del té en el Japón, el noventa cumpleaños del saxofón o la importancia histórica de vándalo Genserico.

Estos ensayos son, a la manera inglesa, glosas de libros: de la “Historie de cognac”, de Delamian, de “Genserio, roi des vandales”, de Gautier, de “Lujo y capitalismo”, de Sombart, etcétera. Algunas de sus apreciaciones son importantes y lúcidas: “Desgraciadamente, la barbarie es prácticamente inmutable; la civilización, por esencia, evoluciona más o menos rápidamente cuando alcanza su punto culminante y como organismo vivo que es, camina del nacimiento a la muerte”. O bien, en “Eugenesia y racismo”: “No entiendo por qué los hombres "progresivos" se adhieren rápidamente a la eugenesia y en cambio rechazan por reaccionaria la teoría de las razas, que el nacionalismo alemán está poniendo en práctica”.

Veía claro Vela que eugenesia y racismo, y sus afines el aborto y la eutanasia, obedecen al mismo proyecto de “ingeniería social”. En el artículo sobre Genserico nos recuerda que la caída del Imperio romano obedeció a la “bolchevización del ejército”. Como a los romanos de la decadencia no les apetecía empuñar las armas, lo hacían los bárbaros en su lugar, que no tuvieron necesidad de invadir Roma: ya estaban dentro. Por esta parte de su obra, en mi opinión, habría que recuperar a Vela; no por donde es inútil.

He citado arriba a otro asturiano, José Díaz Fernández. Tampoco hay manera de recuperarle, aunque se ha intentado. Su problema es el mismo que el de Vela: la modernidad. Ambos fueron tan “modernos” que hoy resultan viejos y decrépitos. No hay más que leer las crónicas de Díaz y las de Pla sobre la Revolución de Asturias para comprobar el abismo que separa a ambos. Pla escribía lo que veía y nunca le importó la “modernidad” un comino. Por eso es para todas las épocas, en tanto que Díaz y Vela se difuminan, se han difuminado, inexorablemente, irrecuperablemente.

(Ignacio Gracia Noriega, La Nueva España, Oviedo, 16 diciembre 2010.)

2011, entrada en el Diccionario Biográfico Español

García Vela, Fernando. Oviedo (Asturias), 26.X.1888 – Llanes (Asturias), 6.IX.1966. Filósofo, escritor, periodista.

Fernando Vela –habitualmente prescindía de su primer apellido– estudió el Bachillerato en Oviedo, y aunque comenzó el curso preparatorio para seguir los estudios de Medicina, en 1908 ingresó en el Cuerpo Técnico de Aduanas, con destino en Gijón, donde inició sus actividades periodísticas colaborando en El Noroeste y ocupó el cargo de secretario del Ateneo Obrero de la villa asturiana, por cuya cátedra pasaron Valle-Inclán, Azorín, Pérez de Ayala, Ramón Gómez de la Serna, García Morente y, en 1914, José Ortega y Gasset, con quien mantendría a partir de entonces una relación íntima y fructífera. Ortega le encomendó la corresponsalía en Asturias de la revista España en 1915, y de El Sol a partir de 1917. En 1920 Vela se trasladó a Madrid y contribuyó de manera principal a la fundación de la Revista de Occidente en 1923, de la que fue secretario de redacción durante toda la primera etapa.

Fernando García Vela fue hombre de sentimientos liberales, pero procuró, no obstante, mantenerse al margen de las convulsiones políticas de la época, como lo prueba el hecho de que a pesar de su dependencia de Ortega, cuando éste fundó en 1930 Al servicio de la República, Vela no se afilió. En ese mismo año abandonó sus colaboraciones en El Sol por considerar que había cambiado de ideario, e inmediatamente fundó Crisol y a finales de 1931, Luz. En 1933 regresó a El Sol como director, y en 1935 dirigía El Diario de Madrid.

Cuando comenzó la Guerra Civil de 1936, Vela se encontraba en Madrid y se refugió en el consulado de Haití. Consiguió pasar a Francia y, una vez caído el frente del Norte, se estableció en San Sebastián, donde conoció al crítico taurino Gregorio Corrochano, con quien fundó el diario España en 1938, que se instaló en Tánger, ciudad en la que Vela permaneció cuatro años al cargo de la sección internacional empleando el seudónimo de Luis Longoria.

En 1942 regresó a Madrid, colaborando en las revistas Mundo y Economía Mundial, y se reincorporó como asesor a la renacida Revista de Occidente. Como escribe Teófilo Rodríguez Neira, “sin pausa, durante 50 años largos, fue repartiendo escritos de toda índole: artículos, notas, ensayos, hasta convertirse en un maestro inolvidable de nuevas generaciones”. También destaca su labor como traductor: se le deben las versiones españolas de La evolución creadora, de Henri Bergson; Principios de sociología, de Spencer, y Espíritu del Derecho Romano, de R. Von Ihering.

Su obra es muy variada, aunque tenía especial predilección por asuntos filosóficos, artísticos y científicos. Vela también trabajó la biografía (Mozart), la prosa poética (“Inmovilidades”, incluida en El grano de pimienta), la hagiografía (Ortega y los existencialismos) y hasta los asuntos de actualidad (Estados Unidos, el fútbol).

Murió en el Café Pinin de Llanes, localidad en la que veraneaba, mientras jugaba una partida de ajedrez.

Obras de Fernando Vela: Fútbol Association y Rugby, Madrid, 1924; El arte al cubo y otros ensayos, Madrid, Imprenta Ciudad Lineal, 1927; El futuro imperfecto, Madrid, ed. Literatura, 1934; Mozart, Madrid, Atlas, 1943; Talleyrand, Madrid, Atlas, 1943; Los Estados Unidos entran en la historia, Madrid, Atlas, 1946; El grano de pimienta, Madrid, Ediciones FE, 1950; Circunstancias, Madrid, 1952; Ortega y los existencialismos, Madrid, Revista de Occidente, 1961; Inventario de la modernidad, Gijón, Ediciones Noega, 1983.

Bibliografía: R. García Vela, “Para una bibliografía de Fernando Vela”, en Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, 92 (1977); V. Andrés Álvarez, “Fernando Vela y su tiempo”, en La Nueva España, Oviedo, 12 de julio de 1977; T. Rodríguez Neira, Fernando Vela y Asturias, Oviedo, Caja de Ahorros de Asturias, 1985; I. Gracia Noriega, “A cien años de Fernando Vela”, en Los Cuadernos del Norte, 50 (1988); J. A. Cabezas, “En el centenario de Fernando Vela”, en La Nueva España, 26 de octubre de 1988; J. Marías, “El hombre que no se dio importancia”, en ABC, 11 de marzo de 1988.

Ignacio Gracia Noriega

(Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, Madrid 2011, tomo XXII, páginas 402-403.)

2011 «Discrepancia con quienes han alzado la voz para criticar los errores del Diccionario Biográfico. […] Yo escribí algunos artículos para ese diccionario (entre ellos, el de Fernando Vela, el escritor liberal apropiado por los socialistas con la aprobación de su familia), y lo único que me impusieron fue la extensión del texto.» (Ignacio Gracia Noriega, “Franco y la censura”, La Nueva España, Oviedo, 3 junio 2011.)

2013 «Valentín Andrés Álvarez […] uno de los prosistas más destacados de la Generación del 1927 (a la que pertenecen asimismo como prosistas los asturianos Juan Antonio Cabezas, José Díaz Fernández y el aduanero ilustrado Fernando Vela, gregario de Ortega y Gasset).» (Ignacio Gracia Noriega, “Las dos orillas del Nalón”, La Nueva España, Oviedo, 25 agosto 2013.)

2015 «En cuanto a Pedrayes, saber de él hace años estaba al alcance de algún aduanero ilustrado como Fernando Vela, que le reduce a “el profesor de matemáticas que, a veces, de asuntos muy sencillos, da unas explicaciones complicadísimas que Jovellanos no entiende”.» (Ignacio Gracia Noriega, “Semblanza de Agustín Pedrayes en el bicentenario de su muerte”, La Nueva España, Oviedo, 7 marzo 2015.)


Bibliografía cronológica sobre Fernando Vela

1928 José Díaz Fernández, “Un libro de Fernando Vela”, La Voz de Asturias, Oviedo, jueves 29 de marzo de 1928, última página.

1928 Eduardo Gómez de Baquero, “Los ensayos de Fernando Vela”, El Sol, Madrid, 8 de abril de 1928, pág. 2.

1936-1955 Constantino Suárez & José María Martínez Cachero, “García Vela, Fernando”, Escritores y artistas asturianos. Indice bio-bibliográfico, Instituto de Estudios Asturianos, tomo IV, Oviedo 1955, páginas 190-193.

1970 Ángel Arconada, “García Vela, Fernando”, en Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Espasa-Calpe, Madrid 1970, Suplemento Anual 1965-1966, pág. 316.

1970 José María Martínez Cachero, “Vela, Fernando García”, en Gran Enciclopedia Asturiana, Silverio Cañada Editor, Gijón 1970, tomo XIV, páginas 148-149.

1973 Ramón García de Castro, “Escritores asturianos en el Purgatorio. Fernando Vela”, Voluntad, Gijón 9 diciembre.

1974 Carlos Luis Álvarez, “Fernando Vela y su relación con Ortega”, Revista de Occidente, Madrid, 1-15 marzo 1974, nº 348-9, págs. 58-60.

1974 Ramón García de Castro, “Recuerdo de un orteguiano de pro: Fernando Vela”, Voluntad, Gijón 3 noviembre; “Aspectos de Fernando Vela: segunda singladura”, 10 noviembre, pág. 36; “Perspectivas de Fernando Vela”, 17 noviembre, pág. 26; “Recuerdo de Fernando Vela”, 24 noviembre, pág. 37, y “Etopeya de Vela”, 1 diciembre 1974, pág. 38.

1974 Aquilino González Neira, “Fernando Vela, en los setenta”, La Nueva España, 13 y 14 de diciembre de 1974.

1975 Ramón García de Castro, “Cinco artículos en torno a Fernando Vela”, Revista de Occidente, Madrid, febrero-marzo 1975, nº 143-144, págs. 272-289.

1977 Ramón García-Vela Fernández, “Para una bibliografía de Fernando Vela”, Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo 1977, 92:527-586; 1980, 99:29-51; 1980, 101:597-636 y 1982, 105-106:313-318.

1977 Manuel Fernández Avello, “Recuerdo de Fernando Vela”, Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo 1977, 98:511-525.

1983 Teófilo Rodríguez Neira, “Fernando Vela: la misión ética del periodista”, Los Cuadernos del Norte, Revista Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo, enero-febrero 1983, año IV, nº 17, págs. 84-89.

1985 Teófilo Rodríguez Neira, Fernando Vela y Asturias, evocación de situaciones y perspectivas, Caja de Ahorros de Asturias (Biblioteca académica asturiana 5), Oviedo 1985, IX+214 págs.

1988 Nicolás Muller, Exposición de fotografías. Homenaje a Fernando Vela: julio-agosto 1988, Caja de Ahorros de Asturias-Alvízoras, Oviedo 1988, 81 págs.

1988 Gonzalo Díaz Díaz, “García Vela y Alonso de Caso, Fernando”, en Hombres y documentos de la filosofía española, CSIC, Centro de Estudios Históricos, Madrid 1988, volumen III, páginas 431-433.

1988 Ignacio Gracia Noriega, “A cien años de Fernando Vela”, Los Cuadernos del Norte, Revista Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo, julio-agosto-septiembre 1988, año IX, nº 50, págs. 162-163.

1991 María Presedo Menéndez, “Para la historia de la biblioteca de Llanes: testimonio de Fernando Vela”, Boletín de la Asociación Asturiana de Bibliotecarios, Archiveros, Documentalistas y Museólogos, Oviedo 1991, año II, nº 1, págs. 15-17.

1997 Ignacio Gracia Noriega, “Fernando Vela”, Oviedo en los libros, Ayuntamiento de Oviedo, Oviedo 1997, págs. 239-240.

2006 Eduardo Creus Visiers, “Vigilia de la razón: sobre la obra ensayística de Fernando Vela”, Hispanic Review, Pennsylvania 2006, tomo 74, nº 2, págs. 143-164.

2009 José Ramón San Miguel Hevia, “Fernando Vela”, El Catoblepas, nº 94, diciembre 2009, pág. 8.

2010 Javier Neira, “Fernando Vela, aduanero de las ideas”, La Nueva España, Oviedo, sábado 26 de junio de 2010.

2010 Ignacio Gracia Noriega, “Fernando Vela y José Díaz”, La Nueva España, Oviedo, 16 diciembre 2010.

2011 Ignacio Gracia Noriega, “García Vela, Fernando”, en Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, Madrid 2011, tomo XXII, páginas 402-403.

2011 Eduardo Creus Visiers, “Ensayo y biografía en Fernando Vela”, Revista de Occidente, Madrid 2011, nº 360, págs. 28-50.

2013 José-Carlos Mainer & alii, En torno a Fernando Vela, Universidad de Oviedo, Oviedo 2013, 209 págs.


Bibliografía cronológica de Fernando Vela

1920 [tr] Alfonso Daudet, Cuentos del lunes, la traducción del francés ha sido hecha por Fernando G. Vela, Calpe (Colección universal 356-357, 361-362), Madrid 1920-1921, 2 vols, 214+127 págs. Espasa-Calpe (Colección Austral 1347), Madrid 1966, 222 págs. Debate, Madrid 2002, 307 págs.

1921 [tr] Teófilo Gautier, Avatar, la traducción del francés ha sido hecha por Fernando G. Vela Calpe (Colección universal 502-503), Madrid 1921, 148 págs.

1922 Fernando Vela, “Anatomía de una rana”, El Sol, Madrid, jueves 19 de enero de 1922. (→ El arte al cubo 1927:101-109.)

[tr] Jeromo y Juan Tharaud, Un reino de Dios, traducción del francés por Fernando G. Vela, Calpe (Colección contemporánea), Madrid 1922, 171 págs.

1923 [tr] Honorato de Balzac, Los chuanes (Escenas de la vida militar), la traducción del francés ha sido hecha por Fernando G. Vela, Calpe (Colección universal 242-243), Madrid 1923, 2 vols, 239+237 págs. Espasa-Calpe (Colección Austral 1488), Madrid 1972, 254 págs.

[tr] Rodolfo Lämmel, Fácil acceso a la teoría de la relatividad, traducción del alemán por Fernando G. Vela, Tiempo Nuevo, Madrid 1923, 107 págs.

1924 F. Alonso de Caso, Fútbol, Association y Rugby, dibujos de García Cuervo, fotografías de Álvaro, Calpe (Biblioteca de Deportes), Madrid 1924, 110 págs.

[tr] Ernesto Meumann, Sistema de estética, traducción del alemán por Fernando Vela, Calpe (Breviarios de ciencias y letras 2), Madrid 1924, 139 págs.

1925 Fernando Vela, “Desde la ribera oscura (para una estética del cine)”, Revista de Occidente, mayo 1925, tomo 8, nº 23, págs. 202-227. (→ El arte al cubo 1927:21-64.)

[tr] Rodolfo Otto, Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, traducción de Fernando Vela, Revista de Occidente (Nuevos hechos, nuevas ideas 2), Madrid 1925, 220 págs. 2ª ed.: Revista de Occidente (Selecta), Madrid 1965, 231 págs. Alianza (LB 793), Madrid 1980, 231 págs. Alianza (H 4106), Madrid 2001, 224 págs. 3ª reimp.: Alianza (H 4106), Madrid 2009, 224 págs.

[tr] Fritz Graebner, El mundo del hombre primitivo. Estudio de las concepciones primitivas del mundo en los pueblos salvajes, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Nuevos hechos, nuevas ideas 6), Madrid 1925, 237 págs.

1927 Fernando Vela, “Sobre el problema de la filosofía”, Revista de Occidente, enero 1927, tomo 15, nº 43, págs. 49-68. (→ El arte al cubo 1927:65-99.)

Fernando Vela, “La vida de los termes”, El Sol, Madrid, 17 y 24 de marzo de 1927. (→ El arte al cubo 1927:111-143.)

Fernando Vela, “El arte al cubo”, Revista de Occidente, abril 1927, tomo 16, nº 46, págs. 79-86. (→ El arte al cubo 1927:7-20.)

Fernando Vela, El arte al cubo y otros ensayos, Cuadernos literarios, Imprenta Ciudad Lineal, Madrid 1927, 144 págs.

[tr] Augusto Messer, El realismo crítico, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Nuevos hechos, nuevas ideas 19), Madrid 1927, 131 págs.

[tr] Franz Roh, Realismo mágico, post expresionismo, problemas de la pintura europea más reciente, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1927, 141 págs.

1928 Fernando Vela, “Charlot”, Revista de Occidente, mayo 1928, nº 59, págs. 231-237. (→ El futuro imperfecto 1934:139-150.)

1930 [tr] Harald Hoffding, Sören Kierkegaard, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Los filósofos 3), Madrid 1930, 225 págs. 2ª ed.: Revista de Occidente (Los filósofos 3), Madrid 1949, 219 págs.

1931 [tr] Harald Hoffding, Rousseau, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Los filósofos 8), Madrid 1931, 186 págs.

1932 Fernando Vela, “Orientaciones últimas de la filosofía”, Sur, revista trimestral publicada bajo la dirección de Victoria Ocampo, Buenos Aires, año II, número 6, otoño 1932, págs. 68-116. (→ El futuro imperfecto 1934:11-90.)

1933 Fernando Vela, “Eugenesia y racismo”, Revista de Occidente, mayo 1933, tomo 40, nº 119, págs. 199-221. (→ El futuro imperfecto 1934:91-124.)

Fernando Vela, “Klaus Mehnert: La juventud en Rusia soviética”, Revista de Occidente, agosto 1933, tomo 41, nº 122. (→ El futuro imperfecto 1934:125-138.)

[tr] Jean-Richard Bloch, Noche kurda, traducida del francés por Fernando Vela, Dédalo (Selección literaria 14), Madrid 1933, 221 págs.

[pr] José Ortega y Gasset, Goethe desde dentro. El punto de vista en las artes. El hombre interesante, prólogo-conversación de Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1933, XXIX+295 págs. Espasa-Calpe, Buenos Aires 1940, 222 págs. 2ª ed. esp.: Revista de Occidente, Madrid 1949, 210 págs.

1934 Fernando Vela, El futuro imperfecto (ensayos), Ediciones Literatura (Pen Colección 6), Madrid 1934, 182 págs.

[tr] Jorge Simmel, Cultura femenina y otros ensayos, traducción del alemán por Eugenio Imaz, José R. Pérez Bances, M. G. Morente y Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1934, 329 págs.

1935 [tr] M. Guizot, Historia de la civilización en Europa desde la caída del Imperio Romano hasta la Revolución Francesa, traducción del francés por Fernando Vela, Revista de Occidente (Libros del siglo XIX), Madrid 1935, XV+321 págs. Alianza Editorial (LB 5), Madrid 1966, 343 págs. 2ª ed. Alianza, Madrid 1968.

[tr] Enrique Heine, Lo que pasa en Francia: 1831-1832, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Libros del siglo XIX), Madrid 1935, 236 págs.

Fernando Vela, “Embrutecimiento”, Revista de Occidente, Madrid 1935, XIII, nº CXLIII, págs. 218-225.

1936 [tr] Paul-Louis Courier, Panfletos políticos (1816-1824), traducción del francés por Fernando Vela, Revista de Occidente (Libros del siglo XIX), Madrid 1936, XIV+210 págs.

1938 Exposición de fotografías del sitio de la ciudad invicta y heróica, por Adolfo Armán, prólogo de Fernando Vela, Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad, Oviedo 1938, 10h+2h.

1939 Poesía en asilo. Versos escritos por un asilado en el refugio del Consulado de Haití en Madrid, Editorial Tánger, Tánger 1939, 15 h.

1940 [tr] Carlos Gustavo Jung, Realidad del alma. Aplicación y progreso de la nueva psicología, traducción de Fernando Vela y Felipe Jiménez de Asúa, Editorial Losada, Buenos Aires 1940, 248 págs. 2ª ed. Losada, Buenos Aires 1946, 245 págs. Losada, Buenos Aires 1957, 199 págs. 4ª ed.: Losada, Buenos Aires 1968, 171 págs. Losada, Buenos Aires 2003, 228 págs.

1943 Héctor del Valle, Mozart, Atlas (Colección Vidas 1), Madrid 1943, 155 págs. Fernando Vela, Mozart, Alianza Editorial (El libro de bolsillo 2), Madrid 1966, 266 págs. 2ª ed. Alianza (LB 2), Madrid 1985, 226 págs.

Héctor del Valle, Talleyrand, Atlas (Colección Vidas 8), Madrid 1943, 158 págs.

[tr] Claudio Carlomán de Rulhiére, Historia de la Revolución de Rusia en el año 1762; Sarrasin, La conspiración de Waldstein; Cardenal de Retz, La conjuración de Fiesco, traducción especial para esta biblioteca por Héctor del Valle, Atlas (Colección Cisneros 32), Madrid 1943, 201 págs.

[tr] Conde Felipe de Ségur, Memorias de un ayudante de Napoleón, traducción especial para esta biblioteca por Héctor del Valle, Atlas (Colección Cisneros 43-44), Madrid 1943, 2 vols., 193+191 págs.

1944 [tr] Claudio Carlomán de Rulhière, Estampas de la historia de Polonia, traducción especial para esta biblioteca y prólogo por Héctor del Valle, Atlas (Colección Cisneros 59), Madrid 1944, 202 págs.

[tr] Mariscal Foch, Elogio de Napoleón, traducido por Héctor del Valle, Atlas (Colección Cisneros 64), Madrid 1944, 152 págs.

[tr] Domingo de Kosáry, Historia de Hungría, traducción especial para esta biblioteca y prólogo por Héctor del Valle, Atlas (Colección Cisneros 67-68), Madrid 1944, 2 vols. 235+266 págs.

[tr] Hipólito A. Taine, Idealismo y positivismo inglés, traducción especial para esta biblioteca por Héctor del Valle, Atlas (Colección Cisneros 76), Madrid 1944, 157 págs.

1946 Fernando Vela, Estados Unidos entran en la historia, Atlas (Libros de máxima actualidad), Madrid 1946, 556 págs.

[tr] Jorge Simmel, Problemas fundamentales de la filosofía, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1946, 206 págs.

1947 Fotografías de Nicolás Muller, texto Fernando Vela, Salón de Exposiciones, Revista de Occidente, Madrid 1947, 16 págs.

[tr] Rudolf von Ihering, Abreviatura de “El espíritu del Derecho romano”, Revista de Occidente Argentina (Abreviaturas), Buenos Aires 1947, 450 págs. 2ª ed.: Revista de Occidente, Madrid 1962, 466 págs. Marcial Pons (Clásicos del pensamiento jurídico 2), Madrid 1997, 324 págs.

[tr] Henri Bergson, Abreviatura de “La evolución creadora”, Revista de Occidente Argentina (Abreviaturas), Buenos Aires 1947, 191 págs.

[tr] Otto Jespersen, Humanidad, Nación, Individuo, desde el punto de vista lingüístico, traducido del inglés por Fernando Vela, Revista de Occidente Argentina, Buenos Aires 1947, 281 págs.

1948 [comp] Fernando Vela, Abreviatura de “Principios de sociología” de H. Spencer, Revista de Occidente Argentina (Abreviaturas), Buenos Aires 1948, 2 vols, 302 y 288 págs.

1949 [comp] Fernando Vela, Abreviatura de “Investigaciones lógicas” de E. Husserl, Revista de Occidente Argentina (Abreviaturas), Buenos Aires 1949, 507 págs.

[tr] Emmanuel Mounier, Introducción a los existencialismos, traducción de Daniel D. Montserrat, revisada por Fernando Vela, Revista de Occidente (Manuales), Madrid 1949, 203 págs. 2ª ed.: Guadarrama (Punto Omega 5), Madrid 1973, 215 págs.

1950 Fernando Vela, El grano de pimienta, Espasa-Calpe Argentina (Colección Austral 984), Buenos Aires 1950, 179 págs.

[tr] Karl Jaspers, Origen y meta de la historia, Traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Biblioteca conocimiento del hombre), Madrid 1950, 308 págs. 2ª ed.: Revista de Occidente (Conocimiento del Hombre), Madrid 1953, 307 págs. 3ª ed.: Revista de Occidente (Selecta 7), Madrid 1965, 363 págs. 4ª ed.: Revista de Occidente (Selecta 7), Madrid 1968, 363 págs. Alianza (AU 273), Madrid 1980, 363 págs. 2ª en Alianza (AU 273), Madrid 1985, 363 págs. Altaya, Barcelona 1995, 363 págs.

1952 Fernando Vela, Circunstancias, Revista de Occidente, Madrid 1952, VII+251 págs.

1953 Prólogo de Fernando Vela a Samuel Cohen, La puerta secreta, G.E.H.A., Sevilla 1953, XVI+249 págs.

[tr] Karl Jaspers, Balance y perspectiva. Discursos y ensayos, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Biblioteca conocimiento del hombre), Madrid 1953, 274 págs.

1954 [tr] Werner Heisenberg, La física del núcleo atómico, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1954, 310 págs.

[tr] Otto Friedrich Bollnow, Filosofía de la existencia, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1954, 174 págs.

[tr] Wilhelm Josef Revers, Psicología del aburrimiento, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Biblioteca conocimiento del hombre 6), Madrid 1954, 141 págs. 2ª ed.: Revista de Occidente (Biblioteca conocimiento del hombre 6), Madrid 1958, 118 págs.

1955 [tr] R. W. Southern, La formación de la Edad Media, traducción del inglés por Fernando Vela, con el asesoramiento de Luis Vázquez de Parga, Revista de Occidente, Madrid 1955, 296 págs. Alianza (Alianza Universidad 260), Madrid 1980, 281 págs.

[tr] Frederik Jacobus Johannes Buytendijk, La mujer. Naturaleza, apariencia, existencia, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1955, 331 págs. 2ª ed.: Revista de Occidente (Selecta 11), Madrid 1966, 339 págs. 3ª ed.: Revista de Occidente (Selecta 11), Madrid 1970, 339 págs.

1956 [tr] Fritz Heinemann, ¿Está viva o muerta la filosofía existencial?, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1956, 221 págs.

1957 [tr] Scientific American, La nueva astronomía, traducción de Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1957, 366 págs. Alianza (LB 178), Madrid 1969, 282 págs.

[tr] Scientific American, Energía atómica, traducción de Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1957, 283 págs.

[tr] Scientific American, Control automático, traducción de Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1957, 242 págs.

1958 [tr] Gustav Radbruch, El espíritu del derecho inglés, traducción de Fernando Vela, Revista de Occidente (Biblioteca Conocimiento del Hombre 2), Madrid 1958, 118 págs.

[tr] Karl Jaspers, Filosofía, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Ediciones de la Universidad de Puerto Rico), 2 vols: Madrid 1958 y Madrid 1959.

[tr] Frederik Jacobus Johannes Buytendijk, El dolor. Fenomenología, psicología, metafísica, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Biblioteca Conocimiento del Hombre 7), Madrid 1958, 255 págs.

1959 [tr] Scientific American, La vida de las plantas, traducción de Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1959, 345 págs.

[tr] Scientific American, El planeta Tierra, traducción de Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1959, 259 págs.

≈1950-1960 La Biblioteca Nacional de España conserva una colección de textos mecanografiados de artículos de Fernando Vela, con correcciones manuscritas y firma autógrafa, adquiridos en subasta en 2008, procedentes de la Agencia de Colaboraciones Periodísticas Serco.

1960 [tr] Heini Hediger, Hans Zulliger, Erich Neumann, Urs Schwarz, Gaetano Benedetti, Arthur Jores, Ernst Benz, Walter Ueberwasser, La angustia, traducción del alemán por Fernando Vela, Revista de Occidente (Tribuna de la Revista de Occidente 2), Madrid 1960, 342 págs.

1961 Fernando Vela, Ortega y los existencialismos, Revista de Occidente, Madrid 1961, 145 págs.

1962 [tr] George Gamow, Biografía de la Física, traducción del inglés por Fernando Vela, Revista de Occidente, Madrid 1962, 370 págs. Salvat (Biblioteca General Salvat 11), Estella 1971, 262 págs. Alianza (LB 743), Madrid 1980, 415 págs.

1963 [tr] Denis de Rougemont, Tres milenios de Europa. La conciencia europea al través de los textos, de Hesíodo a nuestro tiempo, traducción de Fernando Vela, Publicado con el asesoramiento del Grupo de Estudios de la Editora y Distribuidora Europea, Revista de Occidente, Madrid 1963, 417 págs. Veintisiete letras, Madrid 2007, 507 págs. (prólogo de Fernando Benito Martín).

* * *

1983 Fernando Vela, Inventario de la modernidad. Ensayos, edición e introducción de José Carlos Mainer, Ediciones Noega (Biblioteca de la Quintana 2), Gijón 1983, 234 págs.

1991 Fernando Vela, Relatos, Ateneo Obrero (Fortuna balnearia 3), Gijón 1991, 64 págs.

2010 Fernando Vela, Ensayos, selección y prólogo de Eduardo Creus Visiers, Fundación Banco Santander (Colección Obra Fundamental), Madrid 2010, 329 págs.


Otros textos sobre Fernando Vela en el proyecto Filosofía en español

1973 Ramón García de Castro, “Escritores asturianos en el Purgatorio. Fernando Vela”, Voluntad, Gijón 9 diciembre.

1974 Ramón García de Castro, “Recuerdo de un orteguiano de pro: Fernando Vela”, Voluntad, Gijón 3 noviembre; “Aspectos de Fernando Vela: segunda singladura”, 10 noviembre, pág. 36; “Perspectivas de Fernando Vela”, 17 noviembre, pág. 26; “Recuerdo de Fernando Vela”, 24 noviembre, pág. 37, y “Etopeya de Vela”, 1 diciembre 1974, pág. 38.

2010 Javier Neira, “Fernando Vela, aduanero de las ideas”, La Nueva España, Oviedo, sábado 26 de junio de 2010.


Textos de Fernando Vela en el proyecto Filosofía en español

1932 Fernando Vela, “Orientaciones últimas de la filosofía”, Sur, revista trimestral publicada bajo la dirección de Victoria Ocampo, Buenos Aires, año II, número 6, otoño 1932, págs. 68-116.

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