La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Adiciones

Carta segunda
Sobre el mismo asunto


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1. Muy Señor mío: Cumplo lo que ofrecí a V.S. en la Carta antecedente, continuando en ésta el asunto de aquélla; en la cual reconozco, que quedé algo diminuto cuanto a la parte de satisfacer a V.S. sobre el cargo, de que mi Paralelo podría ocasionar alguna displicencia a los dos Monarcas, por lo que quiero suplir ahora lo que faltó entonces.

2. Suponía yo, y aún debía suponer, que los dos Monarcas no tendrían formado un concepto más alto de las glorias, y virtudes de su ilustre Bisabuelo, que el que tenía formado yo. Digo, que debía suponerlo, por cuanto con un juicio reflejo asentía a que mi concepto era enteramente conforme a los méritos del objeto; y así atribuir a los dos Monarcas un concepto discrepante del mío, sería atribuirles un concepto errado.

3. Pero los que me culpan el Paralelo no se satisfacen con esto, porque no atienden al concepto justo, que pueden hacer los dos Monarcas arreglado a los méritos del objeto, sino a un concepto apasionado, que pretenden ellos les haya influido la comunicación de la sangre. Y esto sí que realmente es ofenderlos. Yo les atribuyo un juicio recto dictado por la razón, porque tal juzgo el que expuse en el Paralelo. Mis censores, sin examinar si es recto, o no lo es, o prescindiendo de uno, y otro, suponen en [62] ellos aquel dictamen, que juzgan les inspiró la pasión. ¿Quién en esta parte es injurioso a los Monarcas, mis censores, o yo?

4. Añado, que aun cuando supongan mis censores el influjo de la pasión del parentesco, para que los dos Monarcas profieran en el conjunto de virtudes su ilustre Bisabuelo el Emperador de la Rusia, deben hacer cuenta de un insigne contrapeso, que dentro de ellos mismos tiene esa pasión. ¿Cuál es éste? Su amable, dulce, y pacífica índole. Explicaréme.

5. Es cierto, que aunque fueron dos muy grandes Príncipes Luis XIV y Pedro Primero, no lo fueron por el mismo camino, ni este renombre dio el Mundo a los dos por la misma especie de mérito, o por lo menos la especie de mérito, que principalísimamente se le adjudicó fue muy diversa. A Luis XIV le adjudicaron principalmente el renombre de Grande las muchas victorias, que logró sobre sus enemigos. A Pedro Primero los muchos insignes beneficios, que a costa de inmensas fatigas hizo a sus Vasallos. Creo, pues, firmemente, que el genio de los dos Monarcas, que hoy rigen a España, y Francia, benéfico, y apacible, como le tienen ambos, mas los conduce a hacerse gloriosos por el rumbo, que hizo glorioso a Pedro Primero, que por aquel que granjeó a Luis XIV el epíteto de Grande.

6. Y especialmente si fijamos los ojos en nuestro Monarca Fernando el Justo, ¿qué cuidados vemos en él, sino los mismos del Monarca Rusiano? Conducir Artífices, Maestros, instrumentos, no sólo para el uso, mas también para la enseñanza de ciencias, y artes útiles, promover el Comercio activo, colocar sobre un buen pie la Marina, construir Arsenales, fortificar Puertos; en fin procurar con varias providencias la seguridad, y comodidad de sus Vasallos, sabiendo, que esto es lo que constituye un Rey Grande, Glorioso, y Excelente; y no llevar fuego sobre sus vecinos, derribar muros, inundar de sangre las Campañas. [63]

7. Mas descubriendo a V.S. enteramente mi corazón, le añado ahora, que aunque al formar el Paralelo no pensé escribir cosa, que fuese del desagrado de los Monarcas, tampoco tuve la mira de adularlos, o complacerlos, sí sólo la de exponer lo que me dictaban la razón, y la conciencia. Más digo. Aun cuando yo supiese, que uno, y otro daban en su mente la preferencia a su ilustre Bisabuelo sobre el Emperador Rusiano, si me considerase capaz de hacerlos mudar de dictamen, lo pretendería sin duda, porque eso se me representaría ser lo más conveniente a sus augustas personas, y mucho más a las innumerables de sus Vasallos. Voy a dar la razón.

8. La manía, en que dio el Mundo de celebrar como dignos de una fama inmortal a todos los grandes Conquistadores, fue varias veces perniciosa a muchos Reinos, por lo que influyó en no pocos Príncipes el deseo ardiente de hacerse famosos por este camino. Las lágrimas, que derramó Julio César leyendo la Historia de Alejandro, por la triste reflexión de que no había hecho aún cosa memorable, hallándose en una edad, en que aquel Conquistador había sujetado muchos Reinos, mostraron la grande ansia, que tenía de imitarle, y el deseo de imitarle fue fatal a los Romanos, y a una gran parte de Europa, y Asia. El propio efecto hizo en nuestros días la lectura de la misma Historia en Carlos Duodécimo de Suecia, siendo aún niño; y aunque se le representó para templar su anhelo a seguir los pasos de aquel Héroe, que Alejandro murió antes de cumplir la edad de treinta y tres años, intrépido respondió: Bastante vive quien muere después de haber conquistado Reinos. ¿Y qué produjo esta emulación con Alejandro? Algunas ilustres victorias a la verdad, pero esas victorias le costaron la casi total ruina de su proprio Reino de Suecia.

9. De modo, que el haber ligado el Mundo por un error insigne la idea de heroismo a la ambición desmesurada de Conquistadores atrevidos, y felices, ocasionó éstos, y otros muchos estragos, que se leen en las Historias; porque [64] viendo algunos Príncipes de capacidad, y valor, que el común de los hombres celebra como Héroes dignos de suprema admiración aquellos ilustres Guerreros, que hicieron eterna su fama con sus conquistas, se encendieron en un ardiente apetito de buscar su gloria por la misma senda; y buscando la gloria por esa senda, ejercieron una horrenda carnicería sobre gran porción del género humano, en que fueron también comprehendidos sus propios Vasallos.

10. Ve aquí V.S. por qué en el Paralelo dí la preferencia al Czar Pedro sobre Luis XIV. Nunca serán objeto de mis elogios los Príncipes apellidados grandes sólo por sus conquistas, porque esto es de un pésimo ejemplo para sus sucesores. Si pudiese yo, a cuantos mandan el Mundo diría lo primero, que el Patriarca de los Conquistadores fue Nembrod, que eso significa lo que dice la Escritura, ipse coepit esse potens in terra, y el gran ejemplar de los Príncipes pacíficos Cristo Señor nuestro, que por eso le llama Isaías Princeps pacis. Les diría lo segundo, que lo que constituye los ilustres Reyes, y dignos de la imitación de la posteridad, no es supeditar a sus vecinos, sino hacer felices a sus Vasallos, Les diría lo tercero, que es mucho más difícil, y de mayor capacidad lo segundo, que lo primero, porque lo primero de parte del conocimiento no pide más que pericia militar; lo segundo necesita de una extensión de luces dilatadísima, siendo cierto, que componiéndose la felicidad de un Reino de una gran multitud de providencias pertenecientes a diversísimas especies, además de la necesidad de penetrar con claridad cada una, es imposible abarcarlas todas, y hacer las inexcusables combinaciones de todas ellas sin una comprehensión casi sobrenatural. Les diría lo cuarto, que no sólo pide esto mucha capacidad, mas también mucho valor, y una constancia tal vez más que heroica, porque a cada paso ocurren obstáculos, que vencer, y contradicciones, que desarmar, como sucedió al Czar Pedro. ¿Y cuánta firmeza de ánimo es menester para no desmayar, cuando algunas de las providencias tomadas, [65] o por ciertos accidentes adversos, o por la menor pericia de los Ejecutores (lo que es muy común a los principios) salieron inútiles? Les diría lo quinto, que, mirado por parte de la moralidad, es infinito el exceso, que hace un Rey, que sólo atiende al bien de sus Vasallos, a aquel, que aplica su ánimo a conquistas. Lo primero es virtud, lo segundo es vicio, y con esto se dice todo. Aquél obedece a Dios, éste a su ambición, o a su codicia.

11. No por eso pretendo, que esta contraposición sea con la mayor propiedad adaptable a los dos Monarcas, que fueron objeto del Paralelo: porque el Rusiano también fue Conquistador; y el Francés no sólo triunfó de sus enemigos, también hizo muchas cosas muy buenas en beneficio de sus Vasallos; sí sólo, que el primero, no por las conquistas logró el epíteto de grande, sino por un insigne bien hechor de sus Reinos, de lo cual es prueba clara lo que dice Mr. de Voltaire, que antes de la batalla de Pultava ya habían conspirado las Naciones a decorarle con ese epíteto; y antes de la batalla de Pultava no había hecho conquista alguna, o sólo muy leve, que no podía compensar la gran derrota, que padeció delante de Nerva. Al contrario a Luis XIV principalísimamente se lo adjudicaron la fortuna, y acierto de sus Militares Expediciones, aunque no dejó de merecer aplausos por sus ideas, y providencias domésticas.

12. Acaso habrá alguna falencia en tales cuales noticias de aquellas, que me sirvieron al Paralelo, de las cuales por tanto no me constituyo fiador, antes oiré con docilidad a cualquiera, que más bien fundado me las corrija. No sólo con docilidad, mas también con gusto, y complacencia, porque pudiendo hacerlo sin despendio de la verdad, mucho más inclinado me siento a preconizar las glorias de un Príncipe, sobre Católico, y vecino, ascendiente de un Monarca, a quien adoro, y de otro a quien venero, que las de otro Heterodoxo, distante, y que por ninguna parte puede inspirarme algún afecto apasionado.

13. Supongo, que en caso que a los ojos, o a los [66] oídos de los Monarcas Reinantes llegase mi dictamen en esta materia, no hallándole conforme al suyo, le hollarían: no con indignación, sino con desprecio. Sin embargo de lo cual, estoy siempre constante en que, en la suposición moralmente imposible de que postrado ante su Trono se dignasen de oír mis voces, nunca les propondría como modelos proporcionado a su imitación a algún Príncipe Guerrero, o famoso por sus Expediciones Militares, sino aquellos, que incesantemente se aplicaron a procurar el mayor bien de sus Reinos, Justos, Pacíficos, Padres de sus Vasallos, representándoles esta gloria como de mucho mayor solidez, y realidad, que aquella; pero dejando lugar a las Guerras, que persuadiese un derecho constante, o la necesidad de una justa defensa. Quiero al Príncipe pacífico, mas no cobarde, moderado, mas no insensible, Religioso, mas no encogido; y en fin, que los confinantes le vean apacible, pero armado, con la espada envainada, pero ceñida.

14. Ni yo he pensado jamás en cualificar de injustas todas las Guerras, que movió Luis XIV. En la que emprendió para reponer en el Trono de Inglaterra al desposeído Jacobo II, obró como Príncipe Católico, y como generoso, y honrado vecino. Y en la que sostuvo para mantener en la Corona de España a su Nieto nuestro Felipe V hizo lo que pedía la justicia. Para otras fue opinión común de la Europa, y aun pienso, que lo sea hoy, que más fue estimulado de su genio guerrero, y ambicioso de gloria, que de la razón; dejando a parte si tuvo la idea de la Monarquía Universal, que algunos le atribuyeron; pero nunca le juzgué verosímil, aunque leí lo que realmente a este asunto escribió nuestro famoso Español Don Manuel de Lira, en el Libro, que intituló: Idea, y proceder de la Francia, cuando este libro era de la moda.

Soy siempre de V.S. cuya vida guarde nuestro Señor muchos años, &c.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Adiciones a las Obras del muy ilustre, y reverendísimo Padre Maestro D. F. Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, Maestro General del Orden de San Benito, del Consejo de S.M. &c., texto tomado de la edición de Madrid 1783 (Por la Real Compañía de Impresores, y Libreros del Reino, en la Imprenta de Don Pedro Marín), páginas 61-66.}


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