Filosofía en español 
Filosofía en español

cubierta del libro Sergio Vilar

Manifiesto sobre Arte y Libertad. Encuesta entre los intelectuales y artistas españoles

Editorial Fontanella (Informes nº 10). Barcelona 1964, 379 páginas · 124×182 mm

Primera edición: octubre 1964. Número de Registro: 6820-62. Depósito Legal: B. 26792-1964. © Copyright by Sergio Vilar, 1964. Publicado por Editorial Fontanella, S. A., Escorial, 50 - Barcelona 12. Talleres Gráficos Hija de J. Ferrer Coll, Valencia 197, Barcelona.

«Sergio Vilar nació en Valencia el 18 de junio de 1936. Una temprana vocación, a la vez artística e intelectual, muy pronto le hace abandonar sus estudios para dedicarse exclusivamente a sus inquietudes. Sus primeras actividades se orientan hacia diversas experiencias en la realización de teatro de cámara y cine experimental, al mismo tiempo que empieza a colaborar en varias revistas como crítico de dichas materias. Al no encontrar, en el teatro y el cine, el campo suficiente para sus inquietudes culturales, evoluciona y dedica todo su tiempo a la literatura y al periodismo. Realiza diversas encuestas sobre problemas humanísticos en colaboración con algunas personalidades mundiales como Arnold Toynbee y publica numerosos ensayos como “Técnica y Humanismo”, “La cultura como problema”, “Arte y Neurosis”, “¿Lucha de razas? El motor étnico y el encuentro de civilizaciones”, “Maquinismo y automación”, &c. Tiene dos novelas en curso de publicación y otro volumen en el que se recopilan sus ensayos. Ha sido secretario de redacción del semanario de artes y letras Revista y subdirector de Papeles de Son Armadans. En la actualidad es miembro del consejo internacional de redacción de Les lettres nouvelles. Colabora en los principales diarios y semanarios españoles y en algunas revistas literarias americanas y europeas. Ha pronunciado diversas conferencias y participado en congresos internacionales.» (de las solapas de este libro.)

Índice

 
Sergio Vilar pregunta, 7
Introducción, 9
Informe sobre la encuesta, 13
Ante el propio cuestionario, 29
Breves apostillas al tema, 35
Notas, 47
Respuestas de:
Vicente Aguilera Cerni, 51
Vicente Aleixandre, 76
José Luis Aranguren, 79
Max Aub, 82
Francisco Ayala, 85
Enrique Badosa, 89
Jesús Bal y Gay, 95
Corpus Barga, 98
Carlos Barral, 103
José Bergamín, 106
Blai Bonet, 109
Carlos Bousoño, 113
Antonio Buero Vallejo, 116
Francisco Candel, 122
María Aurelia Capmany, 125
José María Castellet, 127
Camilo José Cela, 130
Gabriel Celaya, 134
Miguel Delibes, 136
Josep M. Espinás, 138
Salvador Espriu, 141
Ricardo Fernández de la Reguera, 143
José Ferrater Mora, 145
Antonio Ferres, 149
J. V. Foix, 152
Ramón de Garciasol, 155
Jaime Gil de Biedma, 163
José Agustín Goytisolo, 167
Juan Goytisolo, 170
Luis Goytisolo, 173
Alfonso Grosso, 176
Ricardo Gullón, 178
Fernando Gutiérrez, 183
Ignacio Iglesias, 185
Manuel Jiménez de Parga, 189
Mario Lacruz, 192
Angel María de Lera, 194
Juan J. López Ibor, 200
Jesús López Pacheco, 203
Armando López Salinas, 206
Leopoldo de Luis, 210
Salvador de Madariaga, 214
Julio Manegat, 220
Manuel Mantero, 224
Susana March, 227
Julián Marías, 229
Juan Marsé, 234
Dolores Medio, 238
Manolo Millares, 242
Ramón Nieto, 246
Alejandro Núñez Alonso, 249
Lauro Olmo, 254
Blas de Otero, 256
Esteban Padrós de Palacios, 258
Manuel de Pedrolo, 261
Juan Perucho, 270
José Pla, 272
Manuel Pla Salat, 274
José María de Quinto, 276
Fernando Quiñones, 280
Cesáreo Rodríguez Aguilera, 283
J. Rof Carballo, 288
Carlos Rojas, 291
Luis Romero, 293
Ramón Sarró, 296
Alfonso Sastre, 302
Ramón J. Sender, 304
Arturo Serrano Plaja, 309
José María Subirachs, 317
Daniel Sueiro, 321
Joan Teixidor, 324
Juan José Tharrats, 329
Guillermo de Torre, 333
Jorge C. Trulock, 341
Román Vallés, 343
Vila Casas, 346
Luis Felipe Vivanco, 351
María Zambrano, 356
Juan Antonio de Zunzunegui, 360
Capítulo de adhesiones
Américo Castro, 365
Victoriano Crémer, 369
Jorge Guillén, 371
Emilio Prados, 373
Concha Zardoya, 375

Sergio Vilar pregunta:

1.ª El arte, ¿debe basarse únicamente en la libre actitud creadora del artista?

2.ª ¿Cuál de las siguientes posiciones: liberalismo, «dirigismo», «orientacionismo» (o háblese de alguna otra si se desea) cree usted que debe prevalecer en el Estado respecto a la creación de arte? ¿Y por qué piensa usted eso?

3.ª ¿A quién ha de servir el arte? ¿Su misión es estética o social?

4.ª ¿Cree usted que para el artista es necesaria una libertad personal y política absolutas?

5.ª ¿Se considera usted integrado en –o aislado de– la sociedad en que vive? ¿Por qué razones?

6.ª ¿Merece la sociedad la abnegada y corajuda actitud del artista que muchas veces pone en juego su seguridad personal al levantarse como defensor de los derechos humanos de quienes le circundan?

Introducción

Las seis preguntas que componen el cuestionario de mi encuesta sobre Arte y Libertad entre los intelectuales y artistas españoles, son una síntesis de lo que era mi proyecto inicial acerca de estos temas. Pensé, en un principio, escribir, por cada uno de los problemas suscitados, otros tantos extensos ensayos. Pero la amplitud del tema, al darle desarrollo, no se detenía ante esa meta. A continuación surgían inevitables implicaciones en el orden de complejos análisis históricos, sociales y aun económicos. El proyecto se agrandaba por momentos, cada vez más, pues había que considerar independientemente, en muchas de las naciones de Oriente y Occidente, las peculiaridades de cada uno de los factores antes apuntados, que configuran de manera inevitable la serie de libertades concretas que me preocupan, en relación con las funciones del arte y la cultura.

La realización, pues, para decirlo en pocas palabras, de mi proyecto inicial hubiese tenido que llevarse a [10] cabo por un equipo de los más destacados intelectuales, artistas, sociólogos, historiadores y economistas del mundo. La tarea hubiese sido ingente y a compilar en diversos tomos. Considero, sin embargo, que este amplísimo estudio, a pesar de lo utópico que parezca, debería realizarse un día u otro.

En la segunda evolución de mi proyecto, decidí descargarme, no sólo de esas ramificaciones temáticas que se me presentaban, sino de buena parte de la responsabilidad para investigar la problemática centrada entre los límites de cada una de mis preguntas, y traspasarla a los intelectuales y artistas de los países más representativos. Quise hacerlo así, además, porque un estudio de la libertad debe hacerse entre todos para que se llegue o se aproxime a la verdad de la cuestión. Hablar uno solo de la libertad puede suponer que hable de «su» libertad, que puede no ser la de todos. Y esto es peligroso. Sin embargo, este segundo plan resultó, en la práctica, de parecida envergadura. Convencer a un millar de personalidades de todo el mundo para que colaborasen en esta encuesta, esto es, que se circunscribiesen a contestar las seis preguntas, se convirtió, a los primeros pasos, en una tarea abrumadora sólo capaz para una oficina de Instituto de la Opinión Pública. Algunos contactos con escritores ingleses, franceses e italianos, resultaron fructíferos y me enviaron respuestas muy interesantes. Bastantes de ellos, con todo, me contestaron más bien a base de brillantes lucubraciones que de interpretación de la problemática de las naciones de origen, a la vez que en las cartas particulares me explicaban que aquellas cuestiones que les planteaba, a pesar de su interés, no tienen excesiva aplicación vigente en el estado social y político en el que viven. Sí, en pocas palabras me descubrieron que la [11] problemática es esencialmente española. En el fondo, pues, las preguntas no me las había proporcionado mi preocupación intelectual sobre el tema, sino la circunstancia en que vivimos. Toda obra humana es consecuencia de una necesidad vital.

Nueva y decisiva orientación: la encuesta la hago sólo entre los intelectuales y artistas españoles. A mis cartas y a mis entrevistas todos me contestan –como lo habían hecho los extranjeros– que el tema es de «problemas capitales, graves, importantísimos» –transcribo adjetivos de cartas particulares– y que colaboran con todo entusiasmo, pero que quieren hacer constar de antemano que las preguntas tienen un radio de acción inabarcable en una simple respuesta, pues las interrogaciones abrían ante ellos una tal constelación de problemas, que sería necesario escribir un libro por cada una de las cuestiones planteadas. (Con ello vinieron a confirmarme la amplitud que, en su origen, quise dar a esta encuesta.) Quiero hacer constar estos detalles como disculpa, ante el lector, de la brevedad a la que cada uno de nosotros ha tenido que ceñirse. Concisión, no obstante, colmada de sugerencias, de síntesis, de intensidad y de símbolos que al lector avisado no le costará traducir. En todo ello podrá verse que, aparte de la indudable importancia de su contenido –y hablo sobre los demás, al lector corresponde juzgar las ideas del promotor de esta encrucijada de pensamientos– lo valioso de este ideario es la actitud que hemos tomado ante nuestra circunstancia. Cuando se hacen preguntas sobre la existencia de una cosa, es que se duda de ella. La respuesta es que estamos convencidos de que en España hay una libertad raquítica. Y por ello se lanza este manifiesto, para tratar de conseguir que la libertad sea mayor. [12]

Las declaraciones de cada uno de nosotros constituyen un análisis objetivo de la situación de nuestro país en cuanto se refiere a los puntos planteados en mis preguntas. Al mismo tiempo, al enfrentarnos específicamente con los problemas que nos suscita la circunstancia española, de manera indirecta también sale a relucir, y en cierto modo queda implicada, la sociedad mundial contemporánea; por ello esta compilación de opiniones puede considerarse una serie de trascendentes ensayos en los que lúcidamente se exponen las relaciones en que debe coexistir la literatura con los sistemas políticos y las respectivas sociedades; se discute acerca de las misiones estéticas y sociales del arte; se investiga sobre la libertad psicológica en la que el escritor ha de crear sus obras y, en consecuencia, la necesidad de una libertad política o de una política libremente aceptada; y se exponen las razones por las cuales la sociedad necesita de la orientación de los intelectuales.

Las opiniones de los escritores extranjeros quedan, por hoy, sin publicar. Andando el tiempo acabaremos de perfilar esta encuesta en otros países.

Informe sobre la encuesta

El tema

El intelectual y el artista, en cualquier época, siempre han estado en pugna con el Estado. Esta es una trágica paradoja desde su misma base, ya que tanto el «homo aestheticus» como el «homo politicus» persiguen, al menos teóricamente, parecidos fines: servir a un pueblo. Pero mientras el intelectual y el artista permanecen en todo momento junto a ese pueblo, determinados políticos, cuando saltan a la esfera de su profesionalidad y se acomodan en el poder, pronto suelen olvidarse de los hombres que confiaron en ellos para la dirección de sus destinos, y sólo se preocupan de los intereses propios y de los de sus corifeos. En esta contingencia, el intelectual y el artista, al ponerse del lado del vencido y humillado, ve coartada también su propia libertad. Y el problema, para nosotros, no acaba ahí, porque pronto nos vemos entre dos fuegos, [14] ya que la sociedad, por lo general, tampoco suele colaborar demasiado con los designios de sus portadores de cultura, de su buscadores de justicia.

Esa situación histórica es clara desde siglos. Y continúa vigente en la actualidad. El tema, como ya he apuntado en la introducción, lo tenía dado por la misma realidad nuestra. El análisis de los problemas de los escritores con quienes coexisto, que son los míos propios, me ofreció las pautas de la encuesta. La circunstancia de que un grupo de entre los más destacados intelectuales se encuentran en el exilio acabó de centrarme en la problemática. Ello me llevó a un planteamiento en el cual sus tesis fundamentales, como se ha visto, se resumían en el hecho de que la situación política, económica, social y cultural de un país dan forma o deforman de algún modo, a su creación artística e intelectual. Según están esos cuatro elementos, así se desarrolla el arte, influenciándolo, condicionándolo. Ante este hecho me rebelé. ¿Qué hace entonces la libertad, la libertad inconformista del intelectual o el artista? ¿Por qué unos hombres de los más relevantes del país andan perdidos por el extranjero? ¿Qué hacen, en concreto, unos escritores que no tienen una definida libertad de expresión?

Así, el tema, que había tenido un nacimiento intelectual y había pasado por los fundamentos históricos, acabó concretándose en la vida inmediata. De este modo me convencí de que lo que importaba, no era hacer una suma de lucubraciones sobre el tema, ni un alarde de erudición, sino establecer, en síntesis, la escala de valores de los intelectuales y artistas españoles ante la realidad política y social de su país. Y el ideario se transforma a simple vista en una sereno acto de protesta contra todo aquello que niega y pisotea los [15] derechos humanos, en un manifiesto que pide, con toda objetividad, más libertad, que es decir más justicia.

El cuestionario

El cuestionario se envió o se entregó a la mayoría de los intelectuales y artistas españoles. De esa mayoría ha contestado un noventa y cinco por ciento. Los otros han dado la callada por respuesta. Sobre quienes no contestaron a esta encuesta, habrá que decir que también, en cierta forma, su manera de «responder» resulta elocuente. En esta encuesta sobre la libertad, no se podía, como es lógico, ir forzando a la gente para que contestara, sino, simplemente, colocarles ante unas preguntas reflejo de una situación y esperar, sin sugestionarles para nada, a ver cuál era su reacción. Las «respuestas» de quienes no han contestado no dejan de tener su interés especial; han demostrado tener una predisposición a la «libertad absoluta», esto es, a ser tan «libres» (?) que ni siquiera han querido contestar a un tema sobre la libertad para –supongo– afirmar su «independencia» (?), lo que es tristemente paradójico. Pero allá cada cual con la manera de entender la libertad. El mismo lector puede juzgar esa abstención en pronunciarse ante unas cuestiones sobre la libertad.

Sin embargo, la suerte del lector es que quienes participan en esta encuesta son las personalidades más importantes, que quiere decir, a la vez, las más honestas, de los ámbitos culturales y artísticos de España. La voz sana del país está aquí.

Las preguntas que componen el cuestionario tuvieron escasísimas variantes, mas en honor a la verdad voy a anotarlas.

El cuestionario, después de la labor de síntesis de [16] toda la problemática que se me presentaba, y a la que se ha hecho referencia sucintamente, nació así:

1.ª El arte, ¿debe basarse únicamente en la libérrima actitud creadora del artista?

2.ª ¿Cuál de las siguientes posiciones: liberalismo (inhibicionismo), «dirigismo» (imposicionismo), «orientacionismo» (tutelarismo) o (háblese de cualquier otra que se considere oportuna) cree usted que debe prevalecer en el Estado respecto a la creación de arte? ¿Y por qué piensa usted eso?

3.ª ¿A quién ha de servir el arte? ¿Su misión es estética o social?

4.ª ¿Cree usted que para el artista es necesaria una libertad personal absoluta?

5.ª ¿Se considera usted integrado en (o aislado de) la sociedad en que vive? ¿Por qué razones?

6.ª ¿Merece la sociedad la abnegada y corajuda actitud del artista que muchas veces pone en juego su seguridad personal al levantarse como defensor de los derechos humanos de quienes le circundan?

Poco después pensé que ese superlativo, «libérrima» en la primera pregunta, tenía un tonillo idealista y romántico que podría prestarse, con toda facilidad, a equívocos, y lo dejé, sencillamente, en libre.

La segunda pregunta, con la subinterpretación de las posibles actitudes estatales ante el arte, resultaba un poco confusa y opté por simplificarla, quitándole las palabras entre paréntesis.

La cuarta me pareció ambigua con eso de la «libertad personal» y para acabar de perfilarla decidí añadirle y política.

Y el cuestionario quedó, definitivamente, así:

1.ª El arte, ¿debe basarse únicamente en la libre actitud creadora del artista? [17]

2.ª ¿Cuál de las siguientes posiciones: liberalismo, «dirigismo», «orientacionismo» o (háblese de alguna otra si se desea) cree usted que debe prevalecer en el Estado respecto a la creación de arte? ¿Y por que piensa usted eso?

3.ª ¿A quién ha de servir el arte? ¿Su misión es estética o social?

4.ª ¿Cree usted que para el artista es necesaria una libertad personal y política absolutas?

5.ª ¿Se considera usted integrado en –o aislado de– la sociedad en que vive? ¿Por qué razones?

6.ª ¿Merece la sociedad la abnegada y corajuda actitud del artista que muchas veces pone en juego su seguridad personal al levantarse como defensor de los derechos humanos de quienes le circundan?

No obstante, en el momento que empecé a enviar cuestionarios a los intelectuales que están fuera de España volvió a planteárseme otro problema. ¿Cómo interpretarían la quinta pregunta? ¿Considerarían que su sociedad es la española o bien la del país respectivo en el que se encuentran viviendo? Por todo lo cual quise fijar, al menos, mi posición particular, esto es, la actitud que yo quería que ellos adoptaran. Y al término de la primera parte de dicha pregunta puse una llamada que dice así:

«Me refiero a la sociedad española. La pregunta puede transformarse en que debería vivir. Pero en todo caso la problemática que aquí se suscita es específicamente española. Y seguramente son los «intelectuales en el exilio» quienes más cosas pueden decir en este apartado.»

De esta manera todo quedaba claro.

Es necesario que haga constar todas esas variantes para que el lector no esté desorientado cuando algunos, [18] al contestar, hacen referencias a esas características de las preguntas que se suprimieron, o bien se añadieron.

Con el tiempo, dos palabras, en particular, me han intranquilizado: absolutas, en la cuarta pregunta, por su sentido de aplicación irreal, utópica; y merece, en la sexta, por su latente intención acusatoria, por el poso de culpabilidad que hay en ella. No obstante, pensé que, si bien es cierto que ni yo mismo estaba de acuerdo, es decir, que me contestaba negativamente ante los supuestos que entrañan esas preguntas, me incliné por dejarlas así. En mi modesta opinión creo que en una encuesta, las preguntas que se hagan, antes de ser asépticas, es preferible que lleven una carga oculta de controversia. La personalidad de quien hace las preguntas ha de estar un tanto al margen, plantear cuestiones en las que ni siquiera él esté conforme e incluso colocar unos cuantos anzuelos para los que prefieran picar en ellos. Hay que ofrecer al «encuestado» el más amplio margen posible para que se pronuncie, para que se elija a sí mismo, para que revele, aun sin quererlo, su submundo ideológico.

Primeros pasos

Aunque en el mes de febrero del pasado año empecé a recibir las primeras respuestas al cuestionario, fue en el mes de abril de 1961 cuando le di comienzo «oficial» al impulsarla con toda la carne en el asador. Ese lapso de dos meses fue debido a las vacilaciones que con toda objetividad me transmitieron buenos amigos, al advertirme del berenjenal en que iba a meterme en el que los sinsabores estarían a la orden del día, el éxito final hipotético y hasta –según ellos– podría promover alguna intervención policíaca. Recuerdo que en [19] aquellas conversaciones privadas, hablábamos en un tonillo de conciliábulo, de palabras susurrantes como si se temiera que alguien pudiera escuchar y delatarnos. Algunos incluso llegaron a comentar que las preguntas que formulaba, ya por sí mismas, podrían ser origen de persecución.

Estas apreciaciones, aunque no carentes de fundamentos, me parecieron, al principio, en mi optimismo, reminiscencias subconscientes de los miedos y las euménides de la trasguerra civil. A fuer de sincero, sin embargo, he de confesar que poco a poco tanta suspicacia hizo mella en mí y las prevenciones y el instinto de autoconservación innato en todos, estuvieron a punto de dar al traste con esta encuesta. Pero uno aún se enconó más ante aquella serie interminable de escollos que, mentes serenas y con muchos años, me hacían ver en el camino, y empecé a escribir cartas, a concertar citas por teléfono y a hacer algún viaje.

El fervor y el desaliento

La intuición es algo que no falla, suele decirse. Y así me guié y di en el clavo. Unos cuantos intelectuales acogieron mi proyecto con entusiasmo, contestaron a las preguntas y me orientaron por pistas en las que era factible que se produjese el apoyo, la decisión positiva ante la encuesta. La onda intuitiva continuaba funcionando, pero pronto me di cuenta de que mi intuición pecaba de excesiva ingenuidad. Por mucho entusiasmo que se tenga, por mucha confianza que se deposite en la bondad del hombre, aun en la de aquéllos cuyas actitudes prácticas demuestran lo contrario; por mucha dialéctica para convencer, por mucho empeño que se ponga, &c., cuando se ven algunas personas que están [20] en una actitud remisa incluso para defender lo que no son sino sus propios derechos, cuando ocurre todo eso y más, se observan sonrisas desfallecidas, o hablan de utopías, o de «qué le vamos a hacer», &c., es asaz difícil no claudicar en la empresa.

Pero a pesar de la pasividad de algunos –que hoy todavía estarán soñando y quejándose a la vez, porque hay quien nace para esclavo y ser azotado de vez en cuando–, el «boycott» que me declararon otros (que son los que permiten que se azote –y aquí viene a cuento la frase «tal para cual»–) y las dudas propias a cuestas, pensando si acaso no me metía en el quehacer quijotesco rozando la locura, al empeñarse en transmitir a los demás lo que en su interioridad bulle a la enésima caloría, proseguí la encuesta.

He de volver a reconocer, sin embargo, la grata influencia, el sólido apoyo moral que me brindaron las voces de aliento –de caluroso aliento– que poco a poco me vinieron llegando junto con declaraciones no menos importantes.

Entre Escila y Caribdis

Bien, la encuesta, a pesar de quienes, por lo visto, son partidarios de la injusticia y de los atropellos totalitarios, continuaba con ritmo ascendente. Pero he aquí que, de pronto, alguien hace correr el bulo por entre algunos de quienes había entregado copias del cuestionario, el doble bulo para gusto de todos los consumidores de bulos, de que «otros hay entre bastidores». Unos, sobresaltados por si me patrocinaba la encuesta tal partido político; éstos sobresaltados por si el patrocinador era el partido de aquéllos. Detrás de mi persona empezaron a pulular fantasmas y más fantasmas [21] cargados de cuentos chinos. Nuevo «tratamiento psicoterapéutico», interminables conversaciones, llamadas telefónicas extemporáneas, cartas y más cartas, hasta conseguir convencer de mi completa independencia; de que ni siquiera había nadie que me pagase los sellos ni, mucho menos, las incontables horas de trabajo que todo este asunto me producía en menoscabo de otras actividades literarias y de mi reducida economía particular. Que, aun en el caso de que yo perteneciese a un determinado partido, esto siempre sería una cuestión totalmente al margen, porque yo quería –quiero– el diálogo con todos, sin excluir ni a éste ni a aquél. Además, con la promesa de no adulterar las respuestas en ninguna circunstancia, la cuestión quedaba totalmente en claro.

Las ansiedades, sin embargo, no acabaron ahí.

–Pero usted, con todo esto, puede crear una «maniobra» política –me decían otros.

–Pues claro que sí, tiene usted toda la razón, en eso está usted más o menos acertado. Porque la intención de esta encuesta es precisamente ésa, aunque rechace la palabra «maniobra» porque no atrae mis simpatías, y porque, además, es inconsecuente, carece de aplicación lógica a cuanto estoy haciendo. Sería una «maniobra» (en el sentido peyorativo que este vocablo entraña) si yo le dijese a usted que sus respuestas a la encuesta las voy a encuadernar y guardar después en mi casa para solaz y conspiración hogareña de todos los amigos, e hiciese luego todo lo contrario; pero lo que le digo está todo tan claro como la luz del sol. Usted sabe con exactitud lo que se pretende –aparte de que usted puede afirmarse en la posición que le parezca más oportuna, más de acuerdo con usted mismo, porque aquí cada palo aguanta su vela. La actitud [22] general, para decirlo en pocas palabras, es protestar, de la manera más objetiva posible, contra las cosas que no nos gusten y afirmarnos y abogar por aquéllas que consideremos necesarias para nuestra dignidad como hombres y como intelectuales y artistas, actitud que implica la protesta y la afirmación de todo aquello que perjudique o beneficie a la gente de nuestro país.

Aquí no se oculta ninguna «maniobra» a no ser la que va implícita en las propias respuestas de cada uno; en lo que cada uno de los que intervienen entienda por libertad; en las condiciones en que ha de coexistir el arte y la cultura con la política y la sociedad, según lo que cada uno piense; y en lo que cada uno crea que tienen que ser las funciones que el intelectual y el artista han de prestar a los demás.

–Entonces, ¿usted quiere que nos metan a todos en la cárcel?

–Lo que humildemente pretendo es que, además de que no metan a nadie en la cárcel –a no ser por delitos comunes, que eso allá cada cual– podamos llegar a una situación un día cercano, mediante ésta y otras manifestaciones, en la que todos los españoles tengamos una sana y serena actitud política con la que seamos capaces de dialogar de las cosas más dispares, de buscar la luz a través de la controversia, de tratar de comprender antes de juzgar, antes de fallar y, a veces, condenar.

–¡Esta usted soñando!

–Bien, el tiempo dirá.

Ponerse en claro

A la gente nos cuesta arduos esfuerzos ponernos en claro, no sólo ante los demás sino ante nosotros mismos. [23] ¿Qué soy yo? ¿Qué pienso? ¿A favor de qué y contra qué estoy?

Pero, ¿qué hemos de contestar?, parecían preguntarse unos; ¿qué dicen los otros? ¿Hasta qué punto puedo decir lo que pienso? ¿Y qué puede ocurrir, si lo digo? ¿Estaré, acaso, en franca oposición con los demás y, tal vez, con quienes no me interesa estarlo? ¿Brotará, tal vez, de mi cerebro alguna idea que de pronto me situará en otro plano de la escala de valores en la que hasta ahora vivía?, &c.

La toma de conciencia que el hombre de nuestros días está haciendo de sí mismo, y más en un hecho como el de esta encuesta sobre la libertad, no puede ofrecer otra vía para despejar las incógnitas si no es la de una autodecisión. Esos ejemplos nos demuestran que el hombre todavía tiene que aprender a utilizar su libertad, y no me refiero ahora a la libertad de tónica social, sino a la psíquica. Al hombre de hoy todavía le faltan algunas lecciones para saber manejarse dentro del campo de su libertad psicológica, en la liberación analizada de todos sus deseos.

Hay que afirmar la propia individualidad, y pedir a los demás que afirmen la suya. No son recomendables los hombres-robots. Una humanidad mejor puede ser una sociedad de «individualidades integradas», en diálogo constante unas con otras. De ahí la importancia de no tener miedo a la hora de pronunciarse, de afirmarse en las esencias íntimas, de ponerse en claro y pedir a los demás que también lo hagan así, para averiguar qué posición es la mejor.

Y luego actuar

A un intelectual no le puede pasar cosa peor que ser tímido. Una vez conozca las posibilidades de su [24] carga cultural debe impelerla con todas sus fuerzas. El éxito de su misión depende tanto del valor intrínseco de su trabajo cuanto de la agresividad posterior con que luego lo difunda en todo momento, a toda hora, en cualquier ocasión. Ser intelectual es un sacerdocio en el que no hay vacaciones. El intelectual tibio se traiciona a sí mismo y a lo que teóricamente representa. El intelectual al bañomaría no cuece en su cerebro más que lucubraciones, sartas de palabras hueras y bellos sofismas. El intelectual verdadero, por el contrario, ha de ser radicalmente concreto, lacónico y, si se tercia, irritante para aquellos que se irritan cuando se pide justicia.

Los intelectuales españoles son, en su mayoría, como mandan los cánones. Hay algunos que están, a lo que se decía antes, un poco «desentrenados», es cierto, pero ya vendrán tiempos mejores en los que podamos «correr», «saltar» y hacer nobles torneos para que ganen los mejores, siempre de acuerdo con el reglamento, sin que nadie –ni el «mayor» ni el «pequeño»– se lo salte a la torera.

Resultados óptimos

Es el 1 de abril de 1962 cuando decido dar término a esta encuesta. Miro hacia atrás y casi veo con nostalgia todos los obstáculos, las guerras de nervios, los malentendidos y bastantes esfuerzos derrochados en vano por mi ingenuidad ante los indecisos, ante los que ven fantasmas donde no los hay y ante quienes, explícita o tácitamente, por formar entre sus filas o por no oponerse a ellos, están al servicio de los dictadores. Ha pasado un año y, a pesar de los pesares, creo que al resultado de la encuesta se le puede aplicar el pomposo [25] adjetivo de óptimo. Cerca de un centenar de personalidades unidas por similares, esencialmente similares ideas, es algo que obliga a tenerlo en cuenta.

Entre las opiniones manifestadas aquí hay algunas, desde luego, que discrepan; e incluso se hacen algunos velados reproches para ésta o la otra ideología. (Eso demuestra la nobleza con que nos hemos reunido, lo limpio y lo claro del diálogo.) Pero a todas las informa una actitud, una misma actitud, ante nuestra actual circunstancia. Y en todas me parece ver excelentes deseos de colaboración mutua para hacer –eso tan tópico, pero, por hoy, tan difícil de alcanzar– una España mejor. No es ningún secreto que no todos los aquí reunidos profesamos la misma ideología. Y digo esto en el más acentuado sentido positivo. Pienso y creo y me afirmo en la teoría de Marañón sobre la integración de los contrarios, en el deseo de «estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo».

En la carta-circular que envié a los «encuestados», a todos les pedía sinceridad, espíritu limpio y objetividad para contestar a mis preguntas. La primera cualidad ha sido un poco débil, pero las otras dos se han manifestado en toda su pujanza.

La sociedad española ha de felicitarse: el intelectual español es honesto y consecuente con sus principios.

Hacia el futuro

Pienso que nuestras discordias también pueden provenir de la mismidad hispánica, de las actitudes congénitas del hombre español. De estas cuestiones saben hablarnos muy bien, con toda objetividad, intelectuales tan relevantes como Américo Castro, Julián Marías, Rof Carballo, Ayala, &c. Y a ellos, como a todos [26] los demás, me remito. Si a los intelectuales se escuchara otro gallo nos cantara.

Como síntesis de la problemática hispana que tendremos que resolver muy pronto, es muy interesante que pase sucinta revista a un lúcido ensayo sobre el futuro inmediato de nuestro país que el doctor Rof Carballo ha publicado recientemente (* Rof Carballo: «España, 1970», Papeles de Son Armadans, núm. LXXIV, mayo, 1962). Tomando como punto de partida las actitudes juveniles que se enfrentan con las generaciones mayores, el doctor Rof Carballo analiza la agresividad y los impulsos amorosos que existen en los españoles y en seguida llega a verse que «la agresividad es imprescindible para imponerse en la lucha social y para llevar a cabo una labor creadora. Siempre se ha reconocido que esa fuerza, sin la cual los Estados no podrían subsistir, que es la agresividad potente y vigorosa de las edades juveniles, ha de ser «encauzada». Pero lo que a menudo ocurre es que por «encauzamiento» se entiende, no su aprovechamiento articulado en una empresa fecunda sino su represión rencorosa. Obedece esta represión a motivaciones emocionales muy recónditas que, desde luego, las personas «mayores», los hombres de edad que rigen el orden social, están muy lejos de aceptar. La mayoría de las veces es un temor a ser desbordados por esa fuerza, a no ser lo bastante inteligentes para dominarla.»

Centrado en estas cuestiones, Rof Carballo continúa más adelante: «La energía total de una nación está formada por el acoplamiento armónico de la energía individual de sus ciudadanos. En clínica psicosomática solemos utilizar el término psicoanalítico de libido o, sencillamente, de energía amorosa, cuando queremos referirnos a esto que acabo de denominar ajuste armónico, [27] es decir, a las fuerzas de cohesión o de integración. La violencia agresiva individual es, así, potenciada cuando le disciplina la versión amorosa hacia el prójimo. Si esto no ocurre, si predomina el odio o el aislamiento, las agresividades individuales se neutralizan y destruyen mutuamente. La máquina social se agarrota y su rendimiento se vuelve mezquino, ya que sus rodamientos tienen que gastar su energía en las internas fricciones. Esta es, desgraciadamente, la imagen que hoy nos hacemos muchos españoles para explicar cómo, dadas unas admirables facultades y talentos en el individuo hispánico, su rendimiento social es tan escaso. Y para comprender cómo esa ruedecilla que es cada uno de nosotros y que aquí, dentro de España, chirría en medio de rozamientos que consumen por lo menos las tres cuartas partes de su energía, cuando por azar es engarzada en un mecanismo extranjero, en Inglaterra o en Norteamérica, empieza a dar, con pasmo universal, un rendimiento fabuloso. ¿Hemos de pensar que lo que falta es el tenue óleo del amor que lubrifica el mecanismo social?»

Al proseguir con esta problemática, nuestro pensador estudia las formas en que suele agruparse el español, una de las cuales es la de relación sadomasoquista, regida de manera absoluta por el «suave tirano». «Este tipo de grupo sado-masoquista suele funcionar bastante bien. Lo malo es que no germina en él la fecundidad creadora y que, a la larga, determina un acumulo excesivo de fuerzas agresivas que, al no haber encontrado salida, alientan peligrosamente en los entresijos de la estructura aparentemente estabilizada.»

Y el doctor Rof Carballo, al referirse al inminente relevo de generaciones, cree que se plantearán de nuevo parecidos problemas. «Volverán a enfrentarse los [28] dóciles, los que no han podido liberarse del miedo al desamparo, los que necesitan un abrigo en la transmisión de pautas, aunque sean muertas, con los que quieren buscar la raíz de su mismidad en la entraña más viva, que es la más arcaica, de nuestro ser como nación. Mas la pregunta de la que el futuro depende no es cuál de las dos tendencias va a prevalecer, sino esta otra. ¿Serán las generaciones futuras capaces de inocular amor, esto es, fuerzas de cohesión, de integración, en una palabra, estructura, armonía, en la agresividad hispánica? ¿Osarán pasar el Rubicón que separa las formas sociales infantiles, de tipo sado-masoquista, transitoriamente eficaces, pero llenas de esa agresividad que autodestruye y paraliza, de otras formas sociales más diferenciadas, más plenas de ímpetu amoroso, de eficacia, en las cuales la agresividad, en lugar de destruirse a sí misma, sirve para la construcción, para la creación de cosas, tanto materiales como espirituales? Este es el dilema que va a tener que solventar la actual juventud. Y no podrá hacerlo –tal es la conclusión que resume cuanto he dicho– si, ahondando en este maravilloso enigma de su mismidad, allí donde residen esas fuerzas que lo pueden todo en la Historia, no logra descender, a mayor profundidad de lo que hemos podido hacer nosotros, hasta las raíces esenciales del ser de España.»

Como colofón de las simbólicas y clarividentes ideas expuestas por el doctor Rof Carballo, pongamos nuestros mejores deseos en decir, con una frase de la célebre antropóloga Margaret Mead, que ojalá sea cierto que «el amor siempre encuentra un camino».

Ante el propio cuestionario

1.ª En otro lugar he anotado la importancia de la libertad psicológica del individuo. Desde este prisma me hago la pregunta.

El arte ha de basarse, en principio, en la libre actitud creadora del artista. Encerrado en el laboratorio de su mesa de escribir, con su papel y sus plumas, el escritor –que es a quien siempre, de manera primordial, me refiero– revestido de todos sus poderes destapará la caja donde están todos los arcanos del hombre, todas las incógnitas de su existencia, y también todos sus dolores, alegrías, dificultades, placeres, injusticias y atropellos palpables por los que pasa aquí y ahora sobre la tierra. Dejará que unos y otros griten, hablen, discutan entre sí, reclamen, pregunten, acusen, disfruten, &c., sin censurarlos para nada, en completa libertad. Luego, una vez escuchadas a todas las partes se pronunciará conforme a los intereses comunes a todos. Con ello, si bien contesto a la pregunta de manera afirmativa, rechazo el «únicamente». Después de basarse [30] en su libertad, el creador de arte se basará asimismo en la libertad de los demás. Deberá realizar un detenido análisis de todos los elementos componentes pero en el caso de que su formación personal esté en un plano superior –más adelantado– al de quienes le rodean, del criterio de cada uno de nosotros depende que se decida: A) «Acondicionar» sus ideas para la «edad» de su sociedad. B) Aplicarle algo más de la dosis suficiente para su digestión comodona –es decir, obligarle a asimilar más de lo que acostumbra– con objeto de que evolucione inmediatamente; o bien C) Prescindir de la sociedad en que nació e incorporarse a otra que esté de acuerdo con él, con el nivel de sus valores.

2.ª Lo que el Estado debe hacer es procurar elevar el nivel cultural del país y no inmiscuirse en la creación del artista verbal-conceptual. En la respuesta anterior ya estaba rechazado todo «dirigismo» y «orientacionismo». Muy bien, continúo de acuerdo conmigo mismo. No obstante, ¡cuidado con el liberalismo! Tan peligroso es un dirigismo esterilizador por cuanto supone toda imposición extrínseca, como un liberalismo adoptado a tontas y a locas. Que conste por delante que el vocablo «liberalismo» lo empleo totalmente limpio de su pasado histórico. El vocablo me es particularmente grato, siempre y cuando sea un liberalismo responsable y actuante en determinaciones específicas. Para concretar: el Estado no debe intervenir para nada en la creación del arte ni en dificultar su propagación, pero el artista ha de utilizar esa libertad de manera consecuente, saber por qué actúa y hacia dónde se dirige.

3.ª El arte ha tenido siempre una intensa función social a través de sus servicios estéticos. Hoy, tal vez [31] en esa frase invertiríamos el orden de las palabras social y estéticos. La esencia del arte, por su cualidad congénita, ha de ser estética en todas sus manifestaciones, pero su «presencia» tiene que ser social. Esta palabra, que de tanto usarla se ha desgastado, la aplico en su sentido más amplio. Tanta función social puede haber en un libro que denuncia la llaga del barraquismo en las ciudades, como en otro que difunda una serie de valores para el enriquecimiento del espíritu. El problema que hemos de dilucidar en esta hora es averiguar en cuál de los dos campos es más perentoria nuestra labor. Aunque pienso que hay las mentes suficientes para trabajar intensamente –si nos dejan– en ambos sectores.

4.ª El artista, como cualquier otro hombre, necesita la libertad. Sin libertad no puede haber progreso. No hay ningún ser humano infalible. Todos estamos expuestos a cometer torpezas descomunales. Si somos incapaces de reconocer nuestros yerros, entonces privamos a los demás de su libertad. Únicamente mediante la aceptación del diálogo y de la crítica estamos en un régimen de libertad. La libertad social del artista consistirá, pues, en que pueda criticar a la sociedad y al Estado, a la vez que en aceptar las críticas que puedan referirse a él y que provengan del pueblo y de sus representaciones políticas legales.

En cuanto concierne al arte en sí y a su floración o no dentro del campo de la libertad, ya es harina de otro costal.

La historia del arte nos ofrece bastantes ejemplos de obras que desde siglos se consideran maestras, y que nacieron en regímenes tiránicos.

El arte se produce, sin duda alguna, en muchos casos, [32] por la puesta en marcha de mecanismos masoquistas. El artista necesita protestar de algo; y cuando no tiene problemas propios que resolver, se los busca.

Pero el derrotero que he tomado podría llevar al lector a interpretaciones erróneas de las ideas de quien esto escribe. Falta saber si aquellas obras maestras que se produjeron en estados de esclavitud no fueron, precisamente, un grito simbólico de pedir la libertad. Falta saber, por otra parte, hasta qué magnitudes superiores hubiesen podido llegar aquellas obras. Tal vez su crecimiento sólo llegó a ser raquítico en comparación con la natural potencia de su savia.

Es posible que el artista necesite que le espoleen las dificultades para crear grandes obras, pero no es menos cierto que en el terreno de la libertad personal (psicológica) y política (social) se han producido obras tan valiosas (o más) como aquéllas.

Y si tuviese que decidir, llevados a un punto extremo, por uno de los dos aspectos, diría, remedando una célebre frase de un personaje histórico español, que antes prefiero libertad sin arte que arte sin libertad. Elegiría –si de ello se tratara– la supresión del arte antes que la supresión de mis libertades como hombre.

5.ª Uno de los motivos por los que he organizado esta encuesta es el de no estar, en general, integrado. Pero por fortuna, en particular, tampoco estoy aislado –ahora mismo me rodean cerca de un centenar de personas, de las de más valía del país, con cuyas ideas me identifico, y seguramente en el resto de la nación habrán, idénticas a nosotros, con las mismas ideas, cien mil y diez millones. Con ésas sí estoy integrado. No estoy integrado en la sociedad «oficial» porque no estoy de acuerdo con nuestras estructuras político-ideológicas [33] ni con algunas actitudes congénitas del «homo hispanicus».

Estaré cada vez más integrado, de una manera global, en mi sociedad, a medida que la «apertura liberalizadora», que la evolución que se ha iniciado recientemente –en el sentido de transformar un sistema autoritario para alcanzar un régimen democrático– permita la actuación legal de un partido –o de unos partidos– de la oposición; estaré integrado cuando de una forma objetiva pueda criticar a la Administración todo lo claro que sea necesario.

6.ª No es que lo merezca. La sociedad tiene sobre nosotros el derecho de pedirnos eso y más, porque somos los que podemos dárselo, quienes podemos guiarla.

Notas

Ya he dicho que en este ideario, cada palo aguanta su vela. Ni mis ideas implican a los demás, ni las de los otros implican las mías, salvo en la medida de lo evidente. Y esta regla sirve para la recta interpretación de las declaraciones de cada uno de los componentes de este libro-testimonio. Ni unos ni otros nos implicamos, repito, sino en aquello que esté a la vista. La responsabilidad de cada una de las declaraciones es personal e intransferible, si se me permite decirlo con esta fórmula burocrática. Cada palo aguanta su vela, así es, aunque está claro que todos vamos en el mismo barco.

* * *

Insisto en dejar bien claro que esta encuesta no me la ha patrocinado ningún partido político. Este ideario no está al servicio de ningún tipo de asociación de ese orden. Somos un grupo de intelectuales y artistas que [48] hemos querido exponer nuestras ideas sobre la condición «sine qua non» de la libertad para la creación de arte y de cultura y para las funciones que han de realizar dentro de la sociedad, sin interferencias políticas; y sobre las interrelaciones de unas cuestiones con otras. De rechazo sale a la luz una circunstancia que no nos gusta. Para decirlo en pocas palabras, este documento está al servicio de la Verdad (pongámosla en mayúscula), de la verdad de cada uno de nosotros expuesta con honestidad y nobleza.

Aquí están, pues, estas serenas opiniones de los hombres más eminentes y representativos de las Letras, las Artes, la Universidad, &c., del país, a las que deberá prestarse detenida atención.

* * *

Nuestro ideario, sin embargo, está por encima de la «actualidad». Su vigencia continuará siempre. La actualidad sólo hace más «interesantes» nuestras opiniones, pero no las reduce a la exclusiva aplicación de hoy. Estamos proyectados desde aquí y ahora hacia el futuro. Esto quedará como un código de honor del intelectual y el artista.

* * *

En las presentaciones bio-bibliográficas me atengo en bastantes casos a la transcripción de lo que cada uno de los «encuestados» me dijo de palabra o por carta, porque, con ello, considero que así acaba de darse una visión de su problemática y de su personalidad.

1 de abril de 1961 – 1 de abril de 1962
Barcelona - Madrid - Palma de Mallorca
Sergio Vilar


Los 84 encuestados por orden cronológico

Los 84 encuestados por Sergio Vilarfechaspáginasespacio
 
1879-1893 «generación de 1886» «hijos del 98»
* Américo Castro1885-1972365-3684
Salvador de Madariaga1886-1978214-2196
Corpus Barga1887-197598-1025
* Jorge Guillén1893-1984371-3722
J. V. Foix1893-1987152-1543
 
1894-1908 «generación de 1901» «del 27» «de la República»
José Bergamín1895-1983106-1083
José Pla1897-1981272-2732
Vicente Aleixandre1898-198476-783
* Emilio Prados1899-1962373-3742
Guillermo de Torre1900-1971333-3408
Juan Antonio de Zunzunegui1900-1982360-3623
Ramón Sarró1900-1993296-3016
Ramón J. Sender1902-1982304-3085
Max Aub1903-197282-843
María Zambrano1904-1991356-3594
Jesús Bal y Gay1905-199395-973
Juan Rof Carballo1905-1994288-2903
Juan J. López Ibor1906-1991200-2023
Manuel Pla Salat1906-274-2752
Francisco Ayala1906-200985-884
Luis Felipe Vivanco1907-1975351-3555
Alejandro Núñez Alonso1908-1982249-2535
Ricardo Gullón1908-1991178-1825
 
1909-1923 «generación de 1916» «excombatientes»
José Luis Aranguren1909-199679-813
Arturo Serrano Plaja1910-1979309-3168
Fernando Gutiérrez González1911-1984183-1842
Gabriel Celaya1911-1991134-1352
Dolores Medio1911-1996238-2414
Angel María de Lera1912-1984194-1996
José Ferrater Mora1912-1991145-1484
Ignacio Iglesias1912-2005185-1884
Salvador Espriu1913-1985141-1422
Joan Teixidor1913-1992324-3285
Ramón de Garciasol1913-1994155-1628
* Concha Zardoya1914-2004375-3762
Julián Marías1914-2005229-2335
* Victoriano Crémer1914-2009369-3702
Blas de Otero1916-1979256-2572
Ricardo Fernández de la Reguera1916-2000143-1442
Antonio Buero Vallejo1916-2000116-1216
Camilo José Cela1916-2002130-1334
Cesáreo Rodríguez Aguilera1916-2006283-2875
Luis Romero1916-2009293-2953
Manuel de Pedrolo1918-1990261-2699
María Aurelia Capmany1918-1991125-1262
Susana March1918-1991227-2282
Juan José Tharrats1918-2001329-3324
Leopoldo de Luis1918-2005210-2134
Juan Perucho1920-2003270-2712
Vicente Aguilera Cerni1920-200551-7525
Juan Vila Casas1920-2007346-3505
Miguel Delibes1920-2010136-1372
Julio Manegat1922-2011220-2234
Carlos Bousoño1923113-1153
Román Vallés1923343-3453
 
1924-1938 «generación de 1931» «del silencio»
Lauro Olmo1924-1994254-2552
Antonio Ferres1925149-1513
Esteban Padrós de Palacios1925-2005258-2603
Francisco Candel1925-2007122-1243
Armando López Salinas1925206-2094
José María de Quinto1925-2005276-2794
Alfonso Sastre1926302-3032
José María Castellet1926127-1293
Manolo Millares1926-1972242-2454
Josep M. Espinás1927138-1403
Blai Bonet1927-1997109-1124
José María Subirachs1927317-3204
Enrique Badosa192789-946
Alfonso Grosso1928-1993176-1772
Carlos Rojas1928291-2922
Carlos Barral1928-1989103-1053
José Agustín Goytisolo1928-1999167-1693
Mario Lacruz1929-2000192-1932
Manuel Jiménez de Parga1929189-1913
Jaime Gil de Biedma1929-1990163-1664
Fernando Quiñones1930-1998280-2823
Jesús López Pacheco1930-1997203-2053
Manuel Mantero1930224-2263
Daniel Sueiro1931-1986321-3233
Juan Goytisolo1931170-1723
Jorge C. Trulock1932341-3422
Juan Marsé1933234-2374
Ramón Nieto1934246-2483
Luis Goytisolo1935173-1753

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