Filosofía en español 
Filosofía en español

cubierta del libro Fernando Vela

El arte al cubo y otros ensayos

Cuadernos Literarios

Madrid 1927, 98×143 mm, 144 págs.

[lomo] “19 · El arte al cubo · Fernando Vela”. [cubierta] “Fernando Vela. El arte al cubo y otros ensayos. (Viñeta.) Cuadernos Literarios”. [contracubierta] “Los Cuadernos Literarios…”. [contracubierta trasera] “Cuadernos de Ciencia y de Cultura…”. [cubierta trasera] “Cuadernos Literarios…”. [3] “El arte al cubo y otros ensayos”. [5 = portada] “Fernando Vela. El arte al cubo y otros ensayos. Madrid 1927”. [6] “Propiedad reservada. Imprenta Ciudad Lineal. Madrid. Teléfono 50.018”. [7-20] “El arte al cubo”. [21-64] “Desde la ribera oscura (para una estética del cine)”. [65-99] “Sobre el problema de la filosofía”. [101-109] “Anatomía de una rana”. [111-143] “La vida de los termes”. [144 = colofón] “se acabó de imprimir este libro en la imprenta de la ciudad lineal año mcmxxvii“.

Se trata del primer libro firmado por Fernando Vela (1888-1966) –funcionario del Cuerpo Pericial de Aduanas, periodista y cofundador en 1923, junto con José Ortega y Gasset (1883-1955), de Revista de Occidente, de la que fue secretario de redacción hasta 1936–, lleva el número 19 de los Cuadernos Literarios distribuidos por “La Lectura”, y está formado por cinco ensayos todos ya éditos (sin que en el libro se mencione esta circunstancia ni se diga, obviamente, dónde fueron publicados anteriormente):

“El arte al cubo” (7-20, publicado en Revista de Occidente, abril 1927, tomo 16, nº 46, págs. 79-86, a propósito de la “Sinfonietta” con la que Ernesto Halffter ganó en 1925 el primer premio en el concurso nacional de Bellas Artes).

“Desde la ribera oscura (para una estética del cine)” (21-64, publicado en Revista de Occidente, mayo 1925, tomo 8, nº 23, págs. 202-227, comentario al libro del húngaro Béla Balázs, Der sichtbare Mensch oder die Kultur des Films, 1924).

“Sobre el problema de la filosofía” (65-99, publicado en Revista de Occidente, enero 1927, tomo 15, nº 43, págs. 49-68, comentario del libro de Bernardo Groethuysen, Introduction à la pensée philosophique allemande depuis Nietzsche, 1926).

“Anatomía de una rana” (101-109, publicado en El Sol, jueves 19 de enero de 1922, sugerido por el prólogo del libro La rana viajera de Julio Camba).

“La vida de los termes” (111-143, publicado en dos partes en los “Folletones de El Sol”, 17 y 24 de marzo de 1927, sugerido por La vie des termites, 1926, de Mauricio Maeterlinck; al margen de que el dramaturgo y naturalista belga hubiese plagiado bastante sobre las termitas del etólogo afrikáner Eugenio Marais).

Aunque el libro lleva fecha de 1927 su presencia no se hace notar hasta los primeros meses de 1928. Adviértase que tres de las primeras menciones a este libro se deben a Ernesto Giménez Caballero, que incluso se preocupa por publicar una foto del autor en La Gaceta Literaria. No se olvide que ya en el primer número de este periódico de las letras, como lo definió Ortega a modo de editorial, figura Vela como responsable, dentro del Comité Redactor, de la sección de filosofía (entendida, por cierto, como una ciencia: “Ciencias: Filosofía: F. G. Vela. Matemáticas: T. R. Bachiller…”). Como es sabido Ortega encomendó a Fernando Vela hacerse cargo de la sección de filosofía de La Gaceta Literaria, delegando Fernando Vela a su vez en el joven cartero y estudiante de filosofía y matemáticas Ramiro Ledesma Ramos.

«Don Fernando Vela ha dado a los Cuadernos literarios uno sobre El arte al cubo. (Revelación de un crítico estricto, sólido y espléndido.) También Mauricio Bacarisse ha publicado literatura en esa misma Colección.» (E. Giménez Caballero, “Revista literaria ibérica”, Revista de las Españas, nº 19, marzo 1928, pág. 95.)

Un libro de Fernando Vela

No hay triunfo más puro ni más concreto que el de Fernando Vela en Madrid. Los asturianos saben de este escritor que vivió las dos terceras partes de su juventud entre ellos, adscrito a toda obra del espíritu, marcándole un contorno fino, sonriente, equilibrado, docto como él es, en suma. Este ovetense representativo es el propio Oviedo europeo, el último, el de la Universidad, el Ateneo y la “peña” del Campoamor o de la “Braserie”. Tiene todas las gracias modernas y el fondo típico, característico inviolable del viejo ovetense. Fernando Vela es el cónsul en Madrid de la Asturias nueva, el que mejor la representa. Yo diría su arquetipo.

Su éxito en Madrid, repito, es de los duraderos, de los que van agrupando valores hasta arrojar la suma de las máximas jerarquías. Su nombre va unido a la empresa intelectual más fértil de nuestro momento a la “Revista de Occidente”. Su periodismo está vivo en los editoriales de “El Sol” a los que ha marcado ese tono estricto y airoso que los hace inconfundibles en la Prensa mundial. Es, en realidad, un ensayista que hace periodismo sin contaminarse con lo que el periodismo tiene a veces de facilidad y superficialidad. Cuando se examine el avance de la Prensa española en estos últimos veinte años el nombre de nuestro paisano será el de un precursor.

El nombre de Fernando Vela suena entre los mejores con acento de respeto y de simpatía. Él trabaja callado, sin prisa, en su obra que no se evapora en la actualidad sino que va sedimentándose cada día. Como que es el pensamiento, la inteligencia y la cultura.

Ahora ha publicado un libro con cinco de sus mejores ensayos. No trato de hacer una crítica de este volumen que lanza “La Lectura” en sus “Cuadernos”, sino de notificarlo a los lectores de La Voz de Asturias. Porque el autor ni siquiera se ocupará de que su volumen llegue a las librerías. En ese libro hay una muestra espléndida del intelecto más equilibrado de la juventud literaria actual y la prosa más certera, transparente y ceñida de cuantos escriben prosa en la hora presente. Nos encanta la objetividad con que Vela enfoca los problemas, el punto crítico en que han sido logradas las ideas, la lozanía del lenguaje, el movimiento reposado y brillante de las metáforas, la cultura que esmalta y afirma los juicios. Y, sobre todo, la ironía ovetense, aro de luz que ciñe cada ensayo y filtra en él las gracias de un pensamiento que no pierde jamás su geométrica elegancia. “El arte no es nunca ingenuidad, sino ironía”, dice nuestro paisano con una frase que suscribiría “Clarín”.

El libro de Fernando Vela lleva el título del primer ensayo: “El arte al cubo”. Se examina en él la obra del joven compositor Ernesto Halffter. Después está “Desde la ribera oscura”, un maravilloso estudio del arte del cinema. Le siguen una crítica filosófica y esa deliciosa “Anatomía de una rana” donde está el mejor estudio del humorismo de Julio Camba. Completan la obra dos ensayos acerca de “La vida de los Termes” de donde Vela extrae símiles profundos para enfrentarse con los problema sociológicos palpitantes.

Lo que más sorprende, desde luego, es el aire alegre, limpio, fresco, que la prosa de Vela imprime a los temas más profundos, desconcertantes y pavorosos. Solo una inteligencia tan fina puede traer a los planos de la sensibilidad moderna ideas motrices, pesadas y soberbias como las que se examinan en esas páginas. Y, sin embargo, esos problemas aparecen aéreos, claros, casi inmateriales en su tejido que pudiéramos llamar poético tan pronto la pluma de Vela cae sobre ellos y los levanta con el imán de su estilo vigoroso y armónico.

Quiero copiar aquí para mis amigos de Oviedo una feliz alusión a la Catedral que encuentro en uno de los ensayos. Dice: “De ahí deriva el caos del cine, esa mezcla de realismo y fantasía, de barbarie y ternura... de este, como de otros enigmas semejantes me reveló una vez la clave la Catedral gótica que navega, enclavada, con su único mástil, sobre los tejados de mi ciudad. Fue cuando entre la hojarasca de un capitel descubrí, dejada allí, como una deyección en un rincón, por el obrero tallista, la figura de un hombrecillo lujurioso, y luego, por todas partes –hasta en las peanas de los santos– imágenes de íncubos, micos, una fauna monstruosa sobre la cual se eleva la Catedral con todas sus idealidades; con su única torre, huso alrededor del cual mi adolescencia devanaba sus ensueños. Desde entonces la Catedral gótica se me aparece como la representación más cabal de un alma humana, con su parte cavernaria y animal y su ápice místico”.

¿No es verdad que no hay quien ofrezca una impresión tan exacta, tan honda y al mismo tiempo tan lírica de la Catedral relacionándola con un problema de estética contemporánea?

Felicitémonos, asturianos, de tener aquí este símbolo de la Asturias europea alternando con los mejores de nuestra “élite” intelectual.

J. Díaz-Fernández

(La Voz de Asturias, Oviedo, jueves 29 de marzo de 1928, última página.)

Los ensayos de Fernando Vela

Creo que este librito, El Arte al cubo, que aparece en la serie de los “Cuadernos literarios”, es el primer libro de Fernando Vela.

Los “Cuadernos literarios” son una selección adornada por nombres ilustres y en que figuran también autores jóvenes distinguidos y prometedores, algunos de los cuales podrían pretender ya el título de jóvenes maestros si aquí estuviera en uso, como en Francia.

Aunque sea el primer libro (para mí lo es, si bien la bibliografía de los nuevos autores, por no estar bastante popularizada, puede reservar sorpresas), no es la revelación de un escritor desconocido. La parte que otorgan a la literatura los periódicos permite que un escritor pueda ser conocido, estimado y hasta famoso sin haber publicado un solo libro. Cavia era célebre antes de que saliera su primer volumen. Las hojas sueltas de su vasta producción estaban diseminadas en periódicos, y sólo faltaba encuadernarlas en libros. Era un maestro disperso. Por eso el primer libro no nos ofrece siempre una virginidad literaria.

Vela es conocido no sólo como periodista excelente, sino como escritor culto. Esencialmente culto, y aun “cultista”, de fina marca intelectual. Su puesto de secretario de la Revista de Occidente le erige en una especie de Privat Docent de esta Universidad literaria del siglo XX. Carlyle decía que la verdadera Universidad moderna era una biblioteca. Este símil, pues como símil hay que tomarlo, puede extenderse a las revistas que combinan la didáctica con la poesía. Algo de Universidad circulante y “popular” (el radio del pueblo, para las efectos de la cultura, varía según las épocas y la difusión de los conocimientos) tienen las bibliotecas y las revistas cultas.

* * *

Vela es conocido y estimado en el círculo selecto de los aficionados a las nuevas letras, los curiosos de ellas y los oficiantes. Hay escritores de circulación extensa y vulgar, pero que no gozan de una estimación literaria completa, y hasta pueden estar fuera de la literatura, como dijo Anatole France de Olmet. Paul Souday ha dicho que hacer una revista teatral es un arte mecánico, como fabricar un reloj de sobremesa. Arte mecánico o industrial hay en otras producciones artísticas de más pretensiones, y, si bien se mira, una revista podría ser una verdadera obra artística, una estupenda “féerie”, sin necesidad de otras hadas que las del tablado; el fruto, en fin, de la compleja colaboración de varias artes. Pero los autores son, por lo general, más modestos, y el público también, en sus aspiraciones. Un director genial de teatro, ese nuevo tipo de oficial de la belleza que se está iniciando, podrá rehabilitar a la revista.

Frente a esos escritores de circulación extensa y vulgar hay otros escritores de circulación selecta y reducida, estimados entre los cultos, pero poco populares. Por ahí empiezan generalmente los escritores nuevos de mérito. El caso más feliz es aquel en que se funden las dos circulaciones, o, si se quiere, la circulación y la consideración. Es el caso del genio o de los ingenios sobresalientes. Hoy la facilidad y abundancia de la letra impresa hace casi inverosímil el genio desconocido. El gran arte tiene más probabilidades que nunca de llegar a ser popular ahora que el pueblo de las letras tiene muchos más habitantes y no es necesariamente plebe.

* * *

Cinco ensayos comprende el “Cuaderno literario” de Vela: “El Arte al cubo", comentario sobre la estética de la música nueva; “Desde la ribera oscura (Para una estética del cine)”, “Sobre el problema de la filosofía”, “Anatomía de una rana” (acerca de La rana viajera de Julio Camba, a quien llama el más intelectual de los humoristas) y “La vida de los termes”. La variedad de estos asuntos, que van desde las ciencias naturales a la estética del arte nuevo, que Juan Cocteau ha llamado, con alguna exageración, la décima Musa (“Cinema dixième Muse”), acredita a la vez una curiosidad intelectual muy varia y una cultura muy extensa, pues Vela discurre acerca de tan diferentes temas como hombre de lectura y de pensamiento sobre todos ellos.

En muchas cuestiones y particulares no pienso como Fernando Vela; pero me atrae la finura intelectual con que ejercita el arte de disociar las ideas, como dice Remy de Gourmout, y de refinarlas. Hay ahora en la estética como una nueva y delicada escolástica que sobresale en la sutilidad.

Respecto a la música, a su filosofía o a su metafísica, creo que la interpretación más profunda, aunque no sea del siglo XX, es la de Schopenhauer, que veía en la música la voz de la Voluntad, de lo subconsciente, de lo que está debajo de la Representación. La música no puede ser clara en sentido intelectual; no es “racional”, sino emocional. La razón no tiene otro instrumento que la palabra. La música, a mi parecer, sigue siendo sirena; pero no es necesariamente una sirena triste.

Es perspicaz la observación que hace Vela; estamos en tal situación, que la música necesita evocar otra música; sí; así es en las promociones recién acuñadas del modernismo, palabra vieja cuyo contenido real se renueva. El intelectualismo, el “alejandrinismo” de nuestra época hace que todo se refiera a un antecedente culto; que ante el cuadro, la música o el poema se evoque un recuerdo erudito o se establezca una relación erudita, interpuesta entre el contemplador y la Naturaleza. Es un mediador que complica las cosas, que a veces enriquece el goce artístico y otras deforma la emoción, apartándola de sus fuentes puras y originales.

E. Gómez de Baquero

(El Sol, Madrid, 8 de abril de 1928, pág. 2.)

Fernando Vela

«el arte al cubo [fotografía] Fernando Vela. Autor de “El Arte al Cubo”, que acaba de aparecer en Cuadernos Literarios. (La Lectura.)» (La Gaceta Literaria, nº 33, Madrid 1 mayo 1928, pág. 7.)

«Don Fernando Vela ha dado a los Cuadernos literarios uno sobre El arte al cubo. (Revelación de un crítico estricto, sólido y espléndido.) También Mauricio Bacarisse ha publicado literatura en esa misma Colección.» (E. Giménez Caballero, “1928: total de libros”, La Gaceta Literaria, nº 50, Madrid 15 enero 1929, pág. 3.)

«Que lo dicho por Fernando Vela con respecto a la música –“El arte al cubo”–, se aplique propiamente a la literatura y tendremos una aproximación a la fórmula empleada por la experiencia de Bergamín para infundir a su prosa un encanto cercano, aprendido tan lejos.» (Rafael Porlán y Merlo, “Enemigo que huye”, Mediodía, Sevilla, febrero 1929, nº 14, pág. 22.)

«Banquetes literarios: El de Camba. A Julio Camba, el enemigo de los banquetes, le han dado uno sus amigos y admiradores. Ya que al gran humorista le habían por cable escamoteado de esta vida podía asistir desde la otra como convidado de piedra. Y así fué cumpliendo con su destino y recibiendo el homenaje de sus lectores. Desde este Mirador, para adherirnos al banquete, nada mejor que leer el magnifico ensayo que el fino espíritu de Fernando Vela dedicó a Camba en su libro El arte al cubo. Subrayemos el párrafo final: “Cuando nuestro aparato intelectivo ha jugado todas sus ruedas y operado todos sus movimientos sin resultado útil, y se encuentra con la incongruencia oculta, el espíritu se ríe de sí mismo, la razón se burla de la razón. Es la pura risa intelectual esta que hallamos en la obra de Camba.”» (Guillén Salaya, “Mirador literario”, El Imparcial, Madrid, domingo 14 abril 1929, pág. 8.)

«Un scriptor germànic, Béla Balazs, comentat per Fernando Vela (El Arte al Cubo), n'ha parlat agudament. Els termes, però, que l'inclouen, són de categoria inesgotable.» (Guillem Díaz Plaja, “Una cultura del cinema. Plasticitat”, Mirador, Barcelona, 28 novembre 1929, nº 44, pág. 6.)

«Revalorización de la superficies, El cinema tiende a la revalorización de las superficies. Del mundo sensible que nos rodea. Béla Balasz (comentado por Fernando Vela: El arte al cubo); ha sido quien ha hecho sobre este fenómeno –sensacional– un más afortunado hincapié. El adjetivo “superficial”, dejando su viejo sentido peyorativo, por el auge de la cultura sensorial. Y ésta es una forma de superación del siglo XIX: la posibilidad de enfrentar estos dos conceptos –Profundidad y Superficie– sin sombra de rubor.» (Guillermo Díaz Plaja, “Una cultura del cinema”, La Gaceta Literaria, nº 79, Madrid 1 abril 1930, pág. 6.)

«Bela Balazs fa notar com al teatre sol diferenciar-se l'obra de la representació. Al cinema sols hi ha representació. O millor encara –com vol Fernando Vela–, presentació. “El personatge… és exactament igual a la seva aparença.” Quan al cinema soviètic el personatge camperol és representat –presentat– precisament per un campero, no es fares més que posar en pràctica aquesta teoria. Al teatre no existeis la microscopia del gest de què Fernando Vela parlava (1. El arte al cubo. Cuadernos literarios de La Lectura, Madrid).» (Guillem Díaz Plaja, “Mímica i Teatre”, Mirador, Barcelona, 18 septiembre 1930, nº 86, pág. 5.)

[ Los Cuadernos Literarios ]

Los Cuadernos Literarios no pretenden ser una colección análoga a las que ya circulan en la librería española. Sin desdeñar al gran público, cuya avidez de lectura parece colmada por la incesante producción novelesca, querrían los Cuadernos Literarios hablar a un núcleo de lectores que no limitan su curiosidad a la ficción narrativa, y ofrecer al mismo tiempo a los escritores que hoy cultivan géneros menos solicitados campo modesto e independiente.

En el própósito de los Cuadernos Literarios está el responder con la fidelidad posible a las corrientes espirituales, quizá un poco antagónicas, para vistas de cerca, que se van marcando en nuestros días. Junto a la obra del hombre consagrado con personalidad definida, cabe aquí la tentativa del escritor joven que ve claro su propósito. Pretenden, en suma los Cuadernos Literarios ser un reflejo de la vida literaria contemporánea, sin reducirla al círculo intelectual de un grupo, de una tendencia o de un país.

[contracubierta.]

[ Cuadernos de Ciencia y de Cultura ]

Cuadernos de Ciencia y de Cultura
publicados

I. P. Dorado Montero: La naturaleza y la Historia. Metafísica y Psicología. 3,00 pesetas.

II. G. Marañón: Gordos y flacos. Estado actual del problema de la patología del peso humano. 2,00 pesetas.

III. Eugenio d'Ors: Una primera lección de Filosofía. 1,50 pesetas.

IV. José M. Sacristán: Figura y carácter. 2,00 pesetas.

V. Manuel Bastos Ansart: Los mecanismos del movimiento en el hombre y en los animales. 2,00 pesetas.

VI. S. Carnot: Reflexiones sobre la potencia motriz del fuego y sobre las máquinas aptas para desarrollar esta potencia.

VII. Luis Fortún: Tuberculosis. Evolución y estado actual de su concepto patológico como base del problema práctico.

[contracubierta trasera.]

Cuadernos Literarios

Primera serie

Pío Baroja: Crítica arbitraria. 1,00 ptas.

Santiago Ramón y Cajal: Pensamientos escogidos. 1,50 ptas.

D. de Regoyos: España Negra. 1,75 ptas.

Ramón Menéndez Pidal: Un aspecto en la elaboración del «Quijote». 1,50 ptas.

Alfonso Reyes: Calendario. 2,25 ptas.

J. Moreno Villa: Comedia de un tímido. 1,25 ptas.

Segunda serie

Enrique Díez-Canedo: Algunos versos. 1,75 ptas.

Andrenio: Cartas a Amaranta. 2,25 ptas.

Ramón Gómez de la Serna: Caprichos. 1,75 ptas.

J. Gutiérrez Solana: Dos pueblos de Castilla. 1,25 ptas.

Gerardo Diego: Manual de espumas. 1,25 ptas.

Azorín: Racine y Moliére. 1,50 ptas.

Tercera serie

Eugenio d'Ors: «Religio est libertas». 1,00 ptas.

Félix Urabayen: Vida ejemplar de un claro varón de Escalona. 1,00 ptas.

Benjamín Jarnés: Ejercicios. 1,75 ptas.

Manuel Azaña: La novela de Pepita Jiménez. 1,50 ptas.

Mauricio Bacarisse: El Paraíso desdeñado. 1,00 ptas.

Fernando Vela: El arte al cubo y otros ensayos. 1,75 ptas.

Cuadernos en preparación

A. Espina, A. Machado, M. de Falla, J. Ortega Gasset, F. García Lorca, Corpus Barga, Gabriel Miró, R. Pérez de Ayala, P. Henríquez Ureña, Jorge Guillén, Enrique de Mesa, Pedro Salinas, &c.

Venta exclusiva en «La Lectura»
Paseo de Recoletos, 25. Madrid.

[cubierta trasera.]