Ante el fallecimiento de

Marvin Harris

1927-2001

Marvin Harris: los límites del materialismo cultural, José Antonio Gómez Marín
Decía Harris, Javier Neira
Sí conocemos a Marvin Harris, Ana Alarcón
Marvin Harris: un maldito popular, David Alvargonzález


Marvin Harris: los límites del materialismo cultural

José Antonio Gómez Marín, El Mundo, viernes 2 de noviembre de 2001.

La muerte de Marvin Harris a los 74 años, acontecida el pasado 25 de octubre, no ha tenido el menor eco en nuestro país. Un silencio clamoroso ha confirmado el desdén gremial manifestado tercamente durante años contra ese brillante provocador que cayó en nuestras manos hacia finales de los 70, sin que una sola voz de la ya considerable legión de antropólogos profesionales y aficionados se haya levantado para comentar siquiera el hecho.

Tampoco es raro, bien miradas las circunstancias, porque el provocativo cultivador de eso que él llamó «materialismo cultural» fue, desde el principio, en función de libros tan atractivos como Caníbales y Reyes, Vacas, cerdos, guerras y brujas o Bueno para comer, un autor de gran éxito entre un amplio sector de público que descubrió en sus racionalizaciones de los hechos culturales seductoras perspectivas o la confirmación de sospechas propias. Mi impresión es que la aparición en 1978 de su ensayo sobre el desarrollo de las teorías antropológicas tan audaz como provocador condicionó de antemano su aceptación entre la incipiente antropología académica española, luego bastante exasperada ante esa obra marcada por tan vasto éxito. Harris seguiría triunfando entre los lectores desterrado de las aulas. Nada nuevo.

Hay que reconocer que, aparte del indudable atractivo de su visión de la cultura, ese «loco autoritario», como le llamó David B. Truman, no se preocupaba gran cosa de evitar el escándalo. Su explicación del canibalismo azteca, «el reino caníbal», como una estrategia para la consecución de proteínas cárnicas tan banalmente resumido ahora, por cierto, en la necrológica del New York Times o su argumento paralelo a propósito del canibalismo de los yanomanos, «el pueblo feroz», zamarrearon nuestra imaginación antropológica, incluso si éramos conscientes de su fragilidad conceptual frente a las interpretaciones clásicas de Soustelle o del viejo Murdock.

Su insistencia en explicar el origen de la guerra en clave económica y demográfica fue otro de sus campos de batalla, así como su afán en ver en la supremacía masculina un fenómeno cultural consecuencia de la guerra y el consiguiente monopolio de las armas, además del fomento del machismo agresivo a través del propio sexo.

Esta visión provocó ardientes réplicas, en especial cuando publicó en un famoso magazine su idea de «Por qué los hombres dominan a las mujeres» en paralelo con lo argumentado en Caníbales y Reyes a propósito del complejo de Edipo.

Al lector medio se le grabó su ingenioso desciframiento del tabú de la vaca en India tanto como su algo precipitada teoría sobre la función del potlacht entre las sociedades primitivas o su ensayo no poco banal sobre las brujas, la historia de cuya trágica odisea conocía sólo muy precariamente, todo hay que decirlo.

Pero Harris no sólo se inclinó sobre las culturas exóticas sino que, en su búsqueda de interpretaciones válidas para el hecho cultural, bordeó la sociología en sus observaciones bien poco optimistas sobre la misma sociedad americana, a la que veía atrapada en el dispositivo inútil de una burocracia desmesurada. Su libro The Anthropology of a Changing Culture (La antropología de una cultura cambiante) se entendía mejor con aquel otro título Por qué nada funciona: la Antropología de la vida cotidiana.

Harris vivió quizá demasiado de esa intuición que presta a sus ensayos la mejor frescura y su atractivo más seductor. Lo que no equivale a banalidad ni tiene por qué resultar extraño a la ciencia. El silencio que envuelve a su desaparición me sugiere con vehemencia que su mayor error fue triunfar para un público demasiado amplio. El éxito se perdona menos que los errores, en especial entre gentes del gremio.

Nacido en Nueva York en 1927, la mezcla de culturas de la ciudad despertó pronto su vocación antropológica, como él mismo confesaría más tarde. Se graduó en Columbia, donde impartió clases de 1953 a 1980, año en el que se instaló en Florida, en cuya Universidad seguía trabajando hasta ahora.

Marvin Harris, antropólogo, nació en Nueva York en 1927 y falleció en Gainesville (Florida) el 25 de octubre de 2001.


Decía Harris

Javier Neira. La Nueva España, lunes 5 de noviembre de 2001.

Un densísimo silencio, un eco casi de grado cero, ha respondido a la muerte, ocurrida el pasado 25 de octubre en EE UU, del antropólogo Marvin Harris. Padre y principal figura del materialismo cultural, sus libros como «Caníbales y reyes», «Vacas, cerdos, guerras y brujas» o «Antropología cultural» llegaron a ser verdaderos best-sellers. Quizás ese enorme éxito entre millones de lectores le haya valido el silencio de la Academia. Como sucede con Gustavo Bueno: no lo quiere la Universidad, pero lo requiere todo el mundo.

La comparación no es trivial. El materialismo cultural de Harris se opone al materialismo filosófico de Bueno, planteado para el caso de la antropología en «Etnología y utopía», un libro que polemizaba con la antropología estructural de Lévi-Strauss y... Harris estuvo por aquí, se mostró como una persona muy abierta, dispuesto a aprender de quienes veían las cosas de forma muy distinta. David Alvargonzález hizo la tesis doctoral sobre su obra.

En el apartado «El origen de la guerra» de su libro «Caníbales y reyes» y en otros estudios, Harris describe la guerra y el infanticidio femenino como sistemas de control de la población de las sociedades tradicionales en relación a sus recursos. La guerra la administran los hombres, está en función de la demografía e implica la opresión de la mujer. Dándole la vuelta al argumento y pensando en la contienda mundial que nos ocupa, la feroz represión del fundamentalismo islámico sobre las mujeres es resultado de un sistema de guerra. Vamos, que guerra y machismo son dos caras de la misma moneda. Por cierto, Bueno rechaza el origen genético de la guerra, también el origen adquirido por aprendizaje y, asimismo, el origen cultural, que propone Harris; la ve inevitable y controlable.

Final: Marvin Harris había nacido en Nueva York, primer escenario del horror en curso.

(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la sinfonía «Nuevo Mundo», de Dvorak).


Sí conocemos a Marvin Harris

Ana Alarcón. El Mundo, lunes 5 de noviembre de 2001.

Sr. Director: No todo ha sido desdén gremial o silencio clamoroso de los antropólogos profesionales sobre la persona de Marvin Harris en nuestro país, como señala J. A. Gómez Marín en el obituario publicado del profesor estadounidense publicado el pasado viernes 2 de noviembre (Los límites del materialismo cultural).

Afortunadamente he conocido las teorías de Harris a lo largo del primer curso de Psicología que realicé el año pasado en la Universidad Complutense de Madrid. En la asignatura de Antropología, nuestro profesor tuvo a bien seguir un programa prácticamente basado en el libro de Harris Antropología Cultural; así que, ni a mí, ni a todos mis compañeros de curso, nos es ajena su visión antropológica.

Nos tuvimos que familiarizar con los yanomanos, los Kung san, las celebraciones potlacht, el dinero de conchas de los habitantes de Nueva Guinea y con tantos otros hechos culturales que nos han llevado a apreciar la disciplina antropológica, en este caso a través precisamente de Marvin Harris y de nuestro profesor, el antropólogo Rafael Llavona. Ana Alarcón. Alumna de 2º Curso de Psicología en la Universidad Complutense. Madrid.


Marvin Harris: un maldito popular

David Alvargonzález. La Nueva España, martes 6 de noviembre de 2001.

La noticia de la muerte, el pasado 25 de octubre, del antropólogo norteamericano Marvin Harris a los 74 años de edad ha llegado a España tarde y sin demasiada fuerza. Y no es difícil entender esta circunstancia si se contempla en su contexto internacional, porque Marvin Harris representa en los Estados Unidos de América una corriente de pensamiento y de estudios empíricos, el materialismo cultural, que continúa siendo, en aquellas tierras, minoritaria. Pero el materialismo cultural es todavía más desconocido en Inglaterra, Francia o Alemania, los vecinos del Norte que tanta gente admira, donde los héroes son Clifford Geertz y Lévi-Strauss. Todavía hace unos pocos días, unos alumnos me comentaron que la Gran Enciclopedia Larousse, con sus veinticuatro tomos, no dedica ni una escueta entrada a Harris, mientras que, por poner un ejemplo, ocupa su espacio con Terenci Moix (con fotografía incluida). Las obras más importantes de Marvin Harris (El desarrollo de la teoría antropológica, la Introducción a la antropología general, Caníbales y reyes, Vacas, cerdos, guerras y brujas, La cultura norteamericana contemporánea, Bueno para comer) coincidieron con el período de la «guerra fría» y el horno del imperio no estaba para bollos materialistas. Los alemanes y los ingleses tampoco querían saber nada, y los franceses erre que erre con Lévi-Strauss. Harris fue tachado de marxista y filocomunista, y sus posiciones no lograron ni en la Universidad americana ni en la europea la presencia que se merecían (sobre todo si las comparamos con las de algunos de sus rivales). Ahora bien, en el debate que suscitó su fértil metodología antropológica, en la academia y en los medios de comunicación, Harris defendió sus posiciones con tenacidad y brillantez, y no dejó sin contestar cumplidamente a ninguno de sus críticos.

Marvin Harris y Gustavo Bueno En 1985 Marvin Harris estuvo unos días en Asturias, pronunciando unas conferencias patrocinadas por la empresa de autobuses ALSA, la Caja de Ahorros de Asturias, la Fundación Príncipe de Asturias y el Ayuntamiento de Oviedo. En la foto Marvin Harris, adalid del materialismo cultural, con Gustavo Bueno, adalid del materialismo filosófico, en Niembro, en la casa de Bueno.

Y ¿qué pasó en España? Aquí las traducciones de los libros de Harris comenzaron en 1979 con El desarrollo de la teoría antropológica, esa provocadora y sugerente historia de la antropología, y siguieron con la Introducción a la antropología general, el libro sobre las vacas, los cerdos, las guerras y las brujas, el de los caníbales y una larga lista. El éxito editorial fue rotundo y, a día de hoy, podemos calcular que Harris lleva vendidos más de trescientos mil ejemplares de sus libros en español. Algunos de estos libros, como la Introducción a la antropología general, son textos que se estudian como manuales en varias universidades españolas y que han resultado irreemplazables, aunque les pese a quienes los mandan estudiar. Bien es verdad que en estas tierras de España algunos no se enteraron de la importancia de Marvin Harris: yo recuerdo una anécdota, allá por el año 1985, cuando un grupo de profesores de la Universidad invitamos a Marvin Harris a impartir unas conferencias en Oviedo. El decano de la Facultad de Filosofía consideró que una conferencia de Marvin Harris no tenía interés académico y no nos proporcionó ni un duro. Así que una compañera mía fue a ver al entonces director regional de Cultura del PSOE para solicitarle una ayuda económica porque había que sufragar el equipo de traducción simultánea que necesitábamos. Mi compañera salió impresionada del despacho; nuestro director regional no había oído hablar de Harris y no estaba dispuesto a contribuir a sufragar los gastos de una conferencia porque el PSOE sólo apoyaba la «cultura popular» (en aquel momento, Harris llevaba vendidos en español más de ciento cincuenta mil ejemplares). Aquellas conferencias en el hotel Reconquista y en la Caja de Ahorros fueron un éxito y a ellas asistieron cerca de mil personas. Muchos las recordarán y también recordarán las cuatrocientas pesetas que tuvieron que pagar para alquilar el pequeño receptor que permitía seguir la traducción.

Repasando ahora la biografía de Harris, hay otra cosa que quiero comentar dada su actualidad: Harris estudió su Bachelor of Arts en el Columbia College (1948), realizó el doctorado en la Universidad de Columbia (1953), fue assistant professor en el departamento de Antropología de la Universidad de Columbia (1953-59) y fue, sucesivamente, associated professor (1959-63), director (1963-66), y professor (1963-80) de ese mismo departamento. En total, más de treinta y cinco años en Columbia, años que coinciden con la época en la que produjo lo más importante de su obra: ¿será la «endogamia» el problema de la Universidad americana? Sólo a los cincuenta y tres años cambió de Universidad y marchó a Florida (Gainesville), donde le ofrecían condiciones de trabajo mejores.

En fin, Marvin Harris ha muerto. Sus virtudes personales, que eran muchas, las conocemos los que le tratamos y los que tuvimos la suerte de aprender directamente de su magisterio. Su obra, tan amplia y tan valiosa, ahí está: seguirá influyendo sobre nosotros y tiene ya un lugar importante en la historia de la antropología. No creo equivocarme si digo que muchos de sus lectores lamentarán conmigo esta pérdida. Y si sus enemigos se alegran de su muerte, así se envilecen.

David Alvargonzález, profesor del departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo, es autor del libro Ciencia y materialismo cultural, UNED, 1989.

 

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