22 julio 2005

El gobierno socialista de España cede en parte a las presiones y atenúa algo su plan de eliminar la presencia de la filosofía en el bachillerato

El Consejo de Ministros de España, en su reunión del viernes 22 de julio de 2005, aprobó la remisión a las Cortes Generales del Proyecto de Ley Orgánica de Educación (LOE), para su debate y posterior aprobación. La publicación del Anteproyecto de LOE, el miércoles 30 de marzo de 2005, en el que se mostraba la voluntad política socialista de eliminar la presencia del estudio de la filosofía en el bachillerato español, provocó, sobre todo a partir de la concentración en defensa de la filosofía que se celebró en Madrid, ante la sede del Ministerio de Educación, el día 12 de mayo de 2005, la multiplicación de protestas, presiones y negociaciones, que han supuesto en el Proyecto una relativa mejora de la presencia de enseñanzas encomendadas a profesores de filosofía respecto de la triste situación que diseñaba el Anteproyecto.

Las Cortes Generales comenzarán a tramitar en septiembre de 2005 la nueva Ley Orgánica de Educación (LOE), que una vez aprobada, sancionada y publicada, derogará tres leyes vigentes en ámbitos diversos –LOGSE 1990, LOPEG 1995 y LOCE 2002, ley promovida por el Partido Popular, en vigor desde el 13 de enero de 2003, pero cuyo calendario de aplicación quedó aplazado durante dos años en virtud de un Real Decreto del gobierno socialista en mayo de 2004– y convivirá con la socialista LODE 1985 (Ley Orgánica del Derecho a la Educación).

La prensa del sábado 23 de julio de 2005 repite la siguiente fórmula oficiosa respecto de las variaciones sufridas por el Proyecto respecto del Anteproyecto en lo que se refiere a los recortes previstos en distintas asignaturas: «La presión de los colectivos que defienden mayor presencia de la filosofía en el bachillerato ha surtido su efecto. El ministerio ha vuelto de poner Historia de la Filosofía en 2 de bachillerato (que se había quitado), así como la Ética en 4 de ESO, que se llamará Educación Ético-cívica. También mantiene la filosofía en 1 de bachillerato, como Filosofía y Ciudadanía. Sin embargo, ha mantenido la reducción de la Educación Plástica y Visual y de la Música a uno de los tres primeros cursos de la ESO (ahora se imparten en los tres). La LOE también deja la Tecnología en sólo uno de esos tres cursos.»

Las asignaturas hasta ahora encomendadas en el bachillerato a profesores de filosofía quedarán hibridadas merced a la LOE por la disciplina adoctrinadora ideológicamente triunfante en las socialdemocracias europeas, Educación para la ciudadanía, lo que podría suponer al menos la supervivencia de un cuerpo específico de profesores de filosofía en la enseñanza preuniversitaria española, gremio constituido tras las reformas introducidas en el bachillerato después de la guerra civil de 1936-1939.

La aprobación del Proyecto de la LOE en plenas vacaciones de verano facilita que al comienzo del nuevo curso se conozcan ya los remodelados planes políticos de los gobernantes socialdemócratas que afectan a los profesores de filosofía (y por lo tanto, principalmente, a quienes cursan, tienen previsto estudiar o se han licenciado en Filosofía, que hacen posible la viabilidad de tantas facultades universitarias del ramo en las universidades españolas, y la de sus profesores).

Ha parecido de gran utilidad poder disponer a doble columna, señalando las variantes, las partes más significativas del Anteproyecto y del Proyecto de LOE: la Exposición de motivos, el Título preliminar y el Título I: las enseñanzas y su ordenación. Se pueden así advertir con claridad todas las transformaciones sufridas por el Proyecto, y en particular las atribuibles necesariamente a la movilización de parte del gremio filosófico durante la primavera de 2005.

Comparando en ambos documentos la Exposición de motivos se advierte ya, sin ir más lejos, cierta moderación al anunciarse la nueva disciplina adoctrinadora de la «ciudadanía»: el Anteproyecto presenta como una novedad de la Ley «la introducción de una nueva materia, denominada Educación para la Ciudadanía», el Proyecto reduce tal novedad a «situar la preocupación por la educación para la ciudadanía en un lugar muy destacado del conjunto de las actividades educativas...».

El fervor europeista (no hay que olvidar que el Consejo de Europa decidió que 2005 fuera Año Europeo de la Ciudadanía a través de la Educación) de los socialdemócratas españoles en el poder se ha visto también atemperado por los nubarrones que se ciernen sobre el Proyecto de Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, y el optimismo que se insuflaba a la nueva disciplina adoctrinadora en el Proyecto, ofrecer entre otros «los principios establecidos en la Constitución española, la europea y las grandes declaraciones universales de los derechos humanos», se deja de fantasías en el Proyecto, que se ajusta más a la realidad y menos a la política de papel: «los principios establecidos en la Constitución española y las declaraciones universales...»

En el Título I, Las enseñanzas y su ordenación, Artículo 18.2, la «Educación para la ciudadanía» deja de figurar como «área», y aunque merece un epígrafe especial en el Artículo 18.3, parece que en el Proyecto se alejan los planes de crear un «cuerpo de profesores de Educación para la Ciudadanía» (proyectado por quienes, en pleno conflicto entre Facultades, disputa ideológica y gremial nada ingenua, prefieren los egresados de las Facultades de Ciencias Políticas, o de las Facultades de Derecho, a quienes salen de las Facultades de Filosofía).

Las variantes introducidas en el Artículo 34.7 del Proyecto respecto del Anteproyecto ofrecen un respiro a las preocupaciones e intereses de estudiantes y profesores de filosofía: la nueva materia común que el Anteproyecto introducía en el bachillerato, «Educación para la ciudadanía», queda en el Proyecto como «Filosofía y ciudadanía», un nuevo rótulo bien prometedor, que permitirá a los profesores de filosofía, y debe suponerse que tienen capacidad para hacerlo, tratar desde coordenadas filosóficas cuanto tiene que ver con la ciudadanía, más allá de un mero adoctrinamiento complaciente ideológico político.

Es de señalar la totalidad ambigüedad con la que se ha introducido el concepto de Ciudadanía, y en consecuencia la «Educación para la Ciudadanía». El concepto moderno de Ciudadanía se delimita en la Revolución Francesa, cuando se opone el Ciudadano al Hombre, en la «Declaración de derechos del hombre y del ciudadano». Los «derechos del hombre» van referidos a ciertos atributos propios de los hombres en general, es decir, abstrayendo la Nación y el Estado al que pertenecen (en esta línea, cuyos antecedentes estoicos, cristianos... son bien conocidos, se estableció tras la Segunda Guerra Mundial, por la ONU, la Declaración universal de los derechos humanos, que, como se sabe, mantuvo y mantiene una tensión constante con los derechos de cada Nación política, de cada Estado).

«Ciudadano», en sentido moderno, es un concepto que sólo adquiere sentido en el contexto de una Nación política históricamente dada (ciudadano de la Nación política francesa, ciudadano de la Nación política española, &c.). Ciudadano significa por tanto el elemento de una Nación política que ha dejado de ser súbdito del Antiguo Régimen. Por tanto el ciudadano es, al mismo tiempo, un patriota dispuesto a defender su Patria con las armas («Aux armes, Citoyens!, Formez vos bataillons!...» en La marsellesa; «¡Míralo, míralo y muérete, vil servilón!... He aquí la villa del miliciano, buen Ciudadano de la Nación...» en El pendón morado) lo que implica formar parte de los Ejércitos nacionales, tributar al Estado, &c.

El concepto de Ciudadanía, reelaborado por la ideología europeista, es el resultado de los proyectos de transformación de Europa en una sociedad política, una vez que los ciudadanos de los Estados hoy agrupados en la UE pasasen todos a ser sólo ciudadanos de la nueva sociedad política que se pretende, Europa, con todas sus obligaciones como tales a esa nueva escala europea (ejército, tributación), obligaciones que distinguirían al ciudadano europeo del de otras Naciones o Estados. Porque sólo en el caso de una utópica «ciudadanía cosmopolita», los derechos y deberes de la ciudadanía podrán confundirse con los derechos y deberes del hombre. Y solamente cuando contemplamos esa hipotética ciudadanía europea, la «Educación para la Ciudadanía» podría dotarse de contenidos concretos; pues de otra forma una «Educación para la Ciudadanía» referida a las ciudades europeas, o a las ciudades en general, equivaldría a la antigua disciplina de Urbanidad, y en ella sus profesores (de filosofía u otros) tendrían que instruir a los alumnos sobre la conveniencia de no tirar papeles en la calle o ceder el asiento a las señoras (siempre que esto no signifique discriminación).

Además la raquítica «Filosofía (en la modalidad b)» [sólo para los alumnos de ciencias] con la que el Anteproyecto situaba, de hecho, al cuerpo de profesores de filosofía de bachillerato camino de la extinción, pasa a ser, en el Artículo 34.7 del Proyecto, una «Historia de la filosofía» como materia común en el bachillerato.

Y como también en la educación secundaria obligatoria, Artículo 24.2-3 y Artículo 25.1, se atempera la presencia de la «Educación para la ciudadanía», y se introduce en cuarto curso una «Educación ético-cívica» (no se olvide que en el Anteproyecto se había cercenado la Ética que en ese curso vienen impartiendo los departamentos de filosofía), la situación durante el verano de 2005 es menos preocupante que en la primavera de 2005, lo cual no aconseja, por supuesto, quedarse adormecidos durante el otoño y el invierno, cuando se discuta la LOE...

 

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