Filosofía en español 
Filosofía en español

 
Carlos Marx & Federico Engels en español

1871 · 1889 · 1919 · 1932 · Moscú · enlaces

El doctor Carlos Marx, jefe de la Internacional, grabado de Tomás Carlos Capúz, La Ilustración Española y Americana, Madrid 1 febrero 1872

Tarda en irse conociendo el nombre de Marx por España, aunque en un mismo día, el 30 de marzo de 1852, por ejemplo, dos periódicos de Madrid le mencionasen al trasladar noticias publicadas días antes por la prensa parisina: “Ayer noche, cerca de las ocho, se llevó a cabo por orden del ministro de policía, una visita judicial en el café de Danemark, llamado el Mercado húngaro, dando por resultado el arresto de unos cincuenta refugiados alemanes que pertenecían a la célebre y triste escuela del sectario Marx. Allí era donde se reunían los extranjeros que profesan estas doctrinas comunistas, y allí también era donde se daban las señas de orden y de reunión, y donde estos fanáticos se comunicaban todas las nuevas que tenían interés en propagar.” (La Esperanza); “Los adeptos de la demagogia no descansan un solo instante… la policía ha destruido una reunión de unos cuarenta refugiados alemanes, que bajo fútiles pretestos se reunían diariamente en uno de los cafés de la calle de San Honorato, los cuales pertenecían a la escuela anarquista de allende el Rhin, fundada por el demagogo Marx, que tan triste papel representó en la revolución alemana de 1848.” (El Católico).

Mientras tanto Marx, exiliado en Londres desde 1849, se mantiene principalmente como corresponsal de la New York Daily Tribune, donde en 1854, tras la vicalvarada, publica sin firma su famosa serie de artículos sobre España revolucionaria (unos artículos olvidados hasta su redescubrimiento por los soviéticos, traducidos al español en 1929, setenta y cinco años después).

En 1855 El Ancora, periódico religioso-social de Barcelona, ofrece una relación de quince organizaciones que preparan la revolución por la Europa, lista reproducida por varios periódicos:

«He aquí las sociedades que trabajan en el día esparcidas en toda Europa para servir a las ideas democráticas y preparar la revolución: 1.ª El comité central democrático alemán, bajo la dirección de Kikel, Ruge y Ronge. 2.ª La sociedad secreta socialista, bajo la dirección de Marx. 3.ª La sociedad de agitadores austriacos, cuyo presidente es Tusenau. 4.ª El comité nacional húngaro, que recibe la influencia de Kossuth. 5.ª La sociedad de magyares republicana, dirigida por Perezzel. 6.ª El comité nacional italiano de Mazzini y Saffi. 7.ª La Verdadera democracia, sociedad fundada por Ledru Rollin. 8.ª La Revolución, fundada por Luis Blanc. 9.ª El comité militar republicano central de Charras. 10. La fracción de Víctor Hugo. 11. La sociedad polaca literaria. 12. El comité polaco, su presidente Woriel. 13. La sociedad de socialistas polacos, dirigida por Sawaszkiewich. 14. El comité ruso agitador, presidente Hertzen. 15. La sociedad de hermanos slavos, dirigida por Hertzen y Stojewiez.» (El Áncora, periódico religioso-social y de avisos, Barcelona, 24 septiembre 1855; La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, 26 septiembre; El Clamor Público, periódico del partido liberal; La España; La Iberia, diario liberal de la tarde, Madrid 27 septiembre; Diario de Palma, Islas Baleares 28 septiembre; La Época, Madrid 1 octubre; El Postillón, Gerona 3 octubre 1855.)

«El partido revolucionario no desdeñó por cierto los recursos que esta invasión del socialismo entre las masas le prometía. Un demócrata alemán, Marx, se tomó el trabajo de redactar en un librito curioso (La literatura popular en Francia desde 1833) el catálogo de los diarios, almanaques, libros, folletos, novelas y comedias, con cuyo auxilio se propagaron el desprecio y el odio a la sociedad establecida, así como la fe ciega en una organización social que ha de realizar sobre la tierra la justicia y la felicidad.» (“Socialismo”, Enciclopedia moderna, Establecimiento de Mellado, Madrid 1855, tomo 32, col. 535.)

Durante los quince años siguientes el nombre de Marx es prácticamente ignorado en España.

★ 1871

«El 4 de septiembre de 1870, cuando los obreros de París proclamaron la República, casi instantáneamente aclamada de un extremo a otro de Francia sin una sola voz disidente, una cuadrilla de abogados arribistas, con Thiers como estadista y Trochu como general, se posesionaron del Hôtel de Ville. Por aquel entonces estaban imbuidos de una fe tan fanática en la misión de París para representar a Francia en todas las épocas de crisis históricas que, para legitimar sus títulos usurpados de gobernantes de Francia, consideraron suficiente exhibir sus credenciales vencidas de diputados por París. En nuestro segundo manifiesto sobre la pasada guerra, cinco días después del encumbramiento de estos hombres, os dijimos ya quiénes eran.» (Marx, La guerra civil en Francia.)

Derrotado el segundo imperio francés de Napoleón III en Sedán (1-2 septiembre 1870), en la guerra imprudente que había promovido, Francia es invadida por Prusia. El 5 de octubre Guillermo I rey de Prusia y el canciller Bismarck se instalan en el Palacio de Versalles, y en su Galería de los Espejos, el 18 de enero de 1871, Bismarck en uniforme de coracero, ante seiscientos oficiales y todos los príncipes alemanes (excepto Luis II de Baviera), humilla de nuevo a Francia y proclama allí el Imperio Alemán, que transforma a Guillermo I en Káiser, Emperador de Alemania. París, sitiado desde septiembre por las tropas prusianas, se rinde y entrega el viernes 27. El sábado 28 de enero el conde de Bismarck, canciller de la Confederación germánica, y Jules Favre, ministro de asuntos exteriores del Gobierno de Defensa Nacional de la maltrecha tercera república francesa, firman en Versalles un armisticio general.

«La capitulación de París, que se hizo entregando a Prusia no sólo París sino toda Francia, vino a cerrar la larga cadena de intrigas traidoras con el enemigo que los usurpadores del 4 de septiembre habían empezado aquel mismo día, según dice el propio Trochu. De otra parte, esta capitulación inició la guerra civil, que ahora tenían que librar con la ayuda de Prusia, contra la República y contra París. Ya en los mismos términos de la capitulación estaba contenida la encerrona. En aquel momento, más de una tercera parte del territorio estaba en manos del enemigo; la capital se hallaba aislada de las provincias y todas las comunicaciones estaban desorganizadas.» (Marx, La guerra civil en Francia.)

Bismarck va reimpulsando su vigorosa lucha para que triunfe el pangermanismo anticatólico, el imperio de la Kultura alemana (lucha enconada y bien engrasada con fondos de reptiles que, desde 1873, se dice Kulturkampf, nombre acuñado por el biólogo Rodolfo Virchov, omnis cellula ex cellula).

«En la alborada del 18 de marzo de 1871, París despertó entre un clamor de gritos de “Vive la Commune!” ¿Qué es la Comuna, esa esfinge que tanto atormenta los espíritus burgueses? […] La antítesis directa del Imperio era la Comuna. El grito de “República social”, con que la Revolución de Febrero fue anunciada por el proletariado de París, no expresaba más que el vago anhelo de una República que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase, sino con la propia dominación de clase. La Comuna era la forma positiva de esta República. […] Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos de la fuerza física del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el “poder de los curas”, decretando la separación de la Iglesia y el Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras. Los curas fueron devueltos al retiro de la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles, como sus antecesores, los apóstoles. Todas las instituciones de enseñanza fueron abiertas gratuitamente al pueblo y al mismo tiempo emancipadas de toda intromisión de la Iglesia y del Estado. Así, no sólo se ponía la enseñanza al alcance de todos, sino que la propia ciencia se redimía de las trabas a que la tenían sujeta los prejuicios de clase y el poder del Gobierno.» (Marx, La guerra civil en Francia.)

La Comuna campea durante sesenta días hasta que es reprimida tras una semana sangrienta (21-28 mayo 1871) que deja decenas de miles de muertos. Marx sigue con atención desde Londres el proceso revolucionario parisino y la AIT le encarga en abril la redacción de un manifiesto: el 30 de mayo de 1871, sólo dos días después de la derrota de la Comuna, el Consejo de la AIT aprueba el texto que ha redactado Marx: La Guerra Civil en Francia, escrito en inglés, publicado en Londres a mediados de junio –en agosto conoce su tercera edición revisada en inglés– se traduce de inmediato al alemán, francés, español, ruso, italiano y holandés, y es profusamente difundido en periódicos y folletos.

«El hecho sin precedente de que después de la guerra más tremenda de los tiempos modernos, el ejército vencedor y el vencido confraternicen en la matanza común del proletariado, no representa, como cree Bismarck, el aplastamiento definitivo de la nueva sociedad que avanza, sino el desmoronamiento completo de la sociedad burguesa. La empresa más heroica que aún puede acometer la vieja sociedad es la guerra nacional. Y ahora viene a demostrarse que esto no es más que una añagaza de los gobiernos destinada a aplazar la lucha de clases, y de la que se prescinde tan pronto como esta lucha estalla en forma de guerra civil. La dominación de clase ya no se puede disfrazar bajo el uniforme nacional; todos los gobiernos nacionales son uno solo contra el proletariado.
Después del domingo de Pentecostés de 1871, ya no puede haber paz ni tregua posible entre los obreros de Francia y los que se apropian el producto de su trabajo. El puño de hierro de la soldadesca mercenaria podrá tener sujetas, durante cierto tiempo, a estas dos clases, pero la lucha volverá a estallar una y otra vez en proporciones crecientes. No puede caber duda sobre quién será a la postre el vencedor: si los pocos que viven del trabajo ajeno o la inmensa mayoría que trabaja. Y la clase obrera francesa no es más que la vanguardia del proletariado moderno.
Los gobiernos de Europa, mientras atestiguan así, ante París, el carácter internacional de su dominación de clase, braman contra la Asociación Internacional de los Trabajadores –la contraorganización internacional del trabajo frente a la conspiración cosmopolita del capital–, como la fuente principal de todos estos desastres. Thiers la denunció como déspota del trabajo que pretende ser su libertador. Picard ordenó que se cortasen todos los enlaces entre los miembros franceses y extranjeros de la Internacional. El conde de Jaubert, una momia que fue cómplice de Thiers en 1835, declara que el exterminio de la Internacional es el gran problema de todos los gobiernos civilizados.» (Marx, La guerra civil en Francia.)

La Internacional comienza a estar en boca de todos (en el París que acaba de salir de la Comuna, L'Illustration, journal universel de 10 de junio dedica un comentario a “L'Internationale” donde se presentan las doctrinas del alemán Karl Marx triunfantes sobre las otrora influyentes del francés Proudhon). La preocupación por lo sucedido en la primera mitad de 1871 determina que muy pronto el nombre de Marx, casi ignorado hasta entonces, se convierta en bien conocido desde el verano de 1871, y tanto “Carlos Marx” como “Karl Marx” van suscitando creciente atención: “5.º No ha ido nunca a Inglaterra; jamás ha visto a Carlos Marx, y tampoco es comunista” (La Discusión, 6 julio); “Esa insurreción universal que como término de sus aspiraciones ve con delicia Karl Marx, no es pura y simplemente más que barbarie” (La Época, 7 julio); “Carlos Marx, el famoso jefe supremo de La Internacional, no ha sido nunca, como algunos periódicos franceses lo han dicho, secretario de Bismarck. Es natural de Tréveris, hijo de una rica familia israelita, y nació en 1814” (La Regeneración, 8 julio); “Los periódicos franceses publican una curiosa carta de Karl Marx, el hombre que pasaba por el gran inspirador de la Internacional, y que se ha malquistado recientemente con sus amigos, en ella condena como prematuro el movimiento comunal de París” (La Nación, 8 julio); “Karl Marx, el célebre prusiano secretario general de La Internacional, que reside en Londres, dirigió en abril una carta a un miembro de la Commune, en la cual habla contra M. Bismark, y se lamenta de que los obreros franceses sean aun demasiado patriotas y no quieran la libertad de manos de un ejército alemán. Además, llama imbecil a Gambetta y aplaude la Commune, en principio, y asegura que si hoy no cuenta La Internacional más que con tres millones de adeptos, dentro de 20 años, tendrá mucho más y podrá triunfar en todos los puntos. Si esta carta es auténtica, los gobiernos deberían leerla y meditarla” (La Convicción, 12 julio); “También han resultado falsas las estupendas cartas publicadas por los periódicos franceses con la firma de Karl Marx. Todo es ya mentira en la tierra” (La Flaca, 30 julio); “Mazzini ha condenado la Internacional. He aquí algunos de los párrafos que contiene la protesta que dirige a Karl Marx, jefe principal de la asociación” (La Regeneración, 31 julio); “Una de las principales revistas alemanas, el Grenzboten, de Leipzig, ha publicado un largo e interesante estudio acerca de La Internacional, en que atribuye la principal parte de su establecimiento y desarrollo a Carlos Marx, judío originario de la Prusia rhiniana, quien después de la agitación revolucionaria de 1848 consiguió reunir en Londres el odio de las cabezas extravagantes contra el orden de cosas existente…” (Revista de España, nº 83, pág. 385).

En agosto de 1871 se desvela que el cubano Pablo Lafargue, yerno de Marx, está por España:

«Le Messager de Toulouse, en su artículo de fondo, inserta los siguientes datos referentes a la Internacional, cuya publicación no queremos aplazar, reconociendo su importancia: “1.º En una reunión tenida por los jefes de la Internacional en Barcelona se ha acordado incendiar todas las iglesias, fábricas, y monumentos públicos en el primer movimiento de desorden que haya, cualquiera que sea la causa que le motive. 2.º En Sevilla, aunque inútilmente, se ha intentado incendiar con petróleo algunos palacios de la provincia. 3.º Amouroux y otros cuatro jefes de la Commune han entrado en España. 4.º Mr. Paul Lafargue llegó hace algunos días a Luchon con su mujer y sus dos cuñadas; pero sabido es que Mr. Lafargue es yerno de Mr. Karl Marx, miembro de la Asamblea de la Internacional y uno de los fundadores de la sociedad. La autoridad francesa no tardó en descubrir la presencia del célebre comunero, y así lo notificó a las autoridades españolas; pero éstas no pudieron detenerle cuando quiso traspasar la frontera, y se ignora en dónde se haya refugiado. Sus dos cuñadas están detenidas; pero Mad. Lafargue logró escapar con su esposo. Un parte telegráfico ha anunciado la llegada de aquella a Londres, pero no expresa nada de Mr. Lafargue. El procurador de la República de Saint-Gaudens se ha puesto de acuerdo con las autoridades del valle de Aran y de la provincia de Lérida con respecto a las medidas importantes que deben tomarse con los internacionalistas.” […] Ahora bien; si los hechos que transcribimos son una verdad, a los periódicos que defienden la idea internacional los trasladamos, advirtiéndoles que el periódico francés a que nos referimos es el que las publica, y que nosotros hemos sido meros traductores. Pero si la revolución socialista que se prepara es un hecho, sepase que nosotros defenderemos siempre la bandera de la libertad, distinta, muy distinta, de la que defienden los internacionalistas, porque al lado de ella, y con nosotros, se encuentran todas las personas sensatas de España, que constituyen la mayor fuerza del país.» (La Iberia, diario liberal, Madrid, domingo 13 agosto 1871.)

«El Mensajero de Tolosa señala los los enredos terribles de la Internacional en aquella región. Parece que Armouroux y cuatro jefes de la Commune, se habían refugiado en el valle de Andorra; descubiertos y señalados a la autoridad, han podido sin embargo huir. Pablo Lafargue, yerno de Karl Marx, el gran jefe prusiano, estaba en Luchon estos últimos días, a donde no parecía haber ido para cuidar su salud, y sí para concertarse con ciertos individuos sospechosos; se ha registrado su casa, pero después que se había fugado a España.» (La Convicción, periódico monárquico, Barcelona, miércoles 16 agosto 1871.)

«El Gaulois dice que el Sr. Lafargue, yerno de Karl Marx, el jefe de la Internacional, se ha refugiado en España huyendo de la policía francesa y de las autoridades de la república de Andorra. El mismo periódico añade que Lafargue ha sido expulsado de la Península.» (La Correspondencia de España, Madrid, jueves 17 agosto 1871.)

Pero Pablo Lafargue no es expulsado de España, sino puesto en libertad tras haber sido apresado por indicación de la policía francesa. En una carta que dirige a la prensa, Lafargue reconoce que “en honor de España debo confesar que el comportamiento de los funcionarios públicos españoles no huele a policía como los funcionarios públicos franceses. Desde el gobernador de Huesca, D. Ángel Abad, cumplido caballero, hasta los simples gendarmes, todos han tenido toda clase de distinciones conmigo” (La Época, Madrid, 23 agosto 1871.)

«Mr. Lafargue, refugiado en España, y contra quien parece ser hubo solicitud de extradición no concedida por no venir suficientemente probada, ha dirigido una carta a monsieur Thiers preguntándole si puede regresar a Francia sin temor de ser perseguido de nuevo por la policía. El tono de esta misiva, que La Tribune de Burdeos ha puesto en circulación, es un modelo de arrogancia. “El gobierno de la república, dice el ilustre desconocido Mr. Lafargue, que tolera la presencia en Francia de todos los representantes de las dinastías destronadas por el desprecio popular, no puede considerar como motivo suficiente para desterrarme el que pertenezca a la familia de Karl-Marx.” Excuso decir que este memorial no ha merecido los honores de una respuesta; pero es digno de nuestra época el ver a un sujeto cuya única notoriedad dimana del hecho de servir de agente al jefe de los incendiarios internacionales, pretender las mismas inmunidades que los príncipes que ciñeron la corona o forman parte de las antiguas dinastías reinantes.» (La Época, Madrid, 27 septiembre 1871.)

«La caída de la Comuna trajo a España a Pablo Lafargue, huido de la policía francesa, que le perseguía para prenderle; pero el yerno de Marx no vino a Madrid hasta fines del año 1871, en que las autoridades de Guipúzcoa le obligaron a internarse. […] Es seguro que cuando Lafargue vino a Madrid recibiese indicaciones de su suegro respecto de Lorenzo, por lo que luego redactaron juntos el famoso dictamen acerca de “La propiedad”, que habría de llevarse en abril al Congreso de Zaragoza. Lafargue se puso en contacto con el Consejo de Redacción de La Emancipación, ofreciéndose a escribir en ella, oferta que fue aceptada, y cuando, en enero de 1872, Sagasta publicó la circular poniendo a la Internacional fuera de la ley, los hombres del Consejo Federal, que eran los mismos de La Emancipación, estimaron el trance tan delicado, que celebraron una sesión extraordinaria, invitando para tomar parte en ella a Morago –reñido ya con muchos miembros del Consejo– y a Lafargue. Quizá fue por aquellos días cuando Lafargue habló a sus nuevos amigos de unas ideas que aun no conocían. […] Vinieron las divisiones, volvió Lafargue a Londres en agosto de 1872, y, realmente, fue entonces cuando comenzó a penetrar el marxismo en España.» (Juan José Morato, “Cómo entró el marxismo en España”, El Socialista, Madrid, 20 diciembre 1935.)

Las clases conservadoras se preocupan cada vez más por Marx y por la Internacional: “Firman el peregrino informe de que me ocupo, extensa Memoria relativa a la insurrección de París y otras ciudades francesas, Karl Marx, por la Alemania…” ([Sobre Carlos Marx y la Internacional], La Época, 19 agosto 1871), “Estos hombres, que hacen revoluciones en frío, son los más peligrosos y los más indisculpables” ([Sobre Carlos Marx], La Época, 30 septiembre 1871), “Pasó el tiempo; La Internacional trasformó sus medios de acción; modificó su programa; llegó a ser La Internacional de Karl Marx” (“Los resellados y La Internacional”, El Imparcial, 15 octubre 1871), &c.

Hasta finales de octubre de 1871 no comienza a circular por España el nombre de Federico Engels: “Además han sido nombrados secretarios correspondientes: Karl Marx por la Alemania y Rusia; Sevallier por la Francia; Engels por la Italia y la España; Fraenckel por la Hungría y el Austria…” (La Época, 21 octubre); “Hoy que tanto preocupa la atención pública La Internacional, creemos que nuestros lectores verán con interés algunos pormenores referentes a la misma… El célebre Karl Marx ha sido nombrado secretario para Alemania, y Engels para España e Italia” (La Esperanza, 26 octubre); “Los orígenes de La Internacional, según el diario inglés, datan de 1839… Esta fue progresando… en 1847, un año antes de la revolución de París, pudo verificarse una gran reunión de carácter comunista, en la que vemos ya figurar a dos de los principales agitadores socialistas y fundadores de La Internacional, los alemanes Karl Marx y Federico Engels.” (La Época, 30 octubre 1871).

Se propaga por Europa la efigie de Carlos Marx como apóstol del pangermanismo

Karl Marx, Chef de L'Internationale, d'après une photographie de M. Wunder, à Hanovre, L'Illustration, 11 novembre 1871
“Karl Marx, Chef de L'Internationale, d'après une photographie de M. Wunder, à Hanovre”, L'Illustration, journal universel, nº 1498, París 11 novembre 1871
Karl Marx, jefe de la Internacional, grabado de Julio Robert, El Correo de Ultramar, París, noviembre 1871
“Karl Marx, jefe de la Internacional”, El Correo de Ultramar, nº 985, París [20] noviembre 1871 (se sirve del mismo grabado de Julio Robert utilizado por L'Illustration)
El doctor Carlos Marx, jefe de la Internacional, por Tomás Carlos Capúz, La Ilustración Española y Americana, Madrid 1 febrero 1872
“El doctor Carlos Marx, jefe de la Internacional”, La Ilustración Española y Americana, Madrid 1 febrero 1872. Tomás Capúz copia a Robert o sigue la misma fotografía
 

«Tel est cet homme, qu'on se représente volontiers comme un être farouche et un révolutionnaire sans entrailles. C'est un philosophe et un penseur, redoutable sans doute à cause de ses facultés organisatrices et étonnamment synthétiques, à cause de sa longue expérience des révolutions, de sa science vaste, de sa ténacité, servies par l'indépendance de sa position, l'affabilité de ses manières, la connaissance de toutes les langues europeénnes, et une infatigable aptitude aux travaux les plus arides. Arme terrible aux mains de la Démocratie, et que je vois toujours suspendue au dessus des races latines, à l'extinction et à l'absorption desquelles il croit, et auxquelles, dans sa pensée, succède déjà le Pangermanisme.» (“Karl Marx”, L'Illustration, París, 11 novembre 1871, pág. 311.)

«Tal es el hombre que el mundo se figura como un revolucionario implacable y sin entrañas. Es un filósofo y un pensador, temible sin duda, por causa de sus facultades organizadoras y eminentemente sintéticas, por causa de la larga experiencia de las revoluciones, de su vasta ciencia, de su tenacidad, secundadas por la independencia de su posición, la afabilidad de sus modales, el conocimiento de todas las lenguas europeas y una incansable aptitud para los trabajos mas áridos. Arma terrible en las manos de la Democracia, suspendida siempre sobre las razas latinas, cuya extinción y absorción cree Karl Marx y a las que supone sucede ya el pangermanismo.» (“Karl Marx”, El Correo de Ultramar, París, [20] noviembre 1871, pág. 354.)

 

La efigie de Marx se hizo popular a partir de noviembre de 1871 (por medio del grabado que Julio Robert realizó a partir de la famosa fotografía que Federico Wunder le había tomado, a finales de abril de 1867, en Hannover), al dedicarle su primera página L'Illustration, journal universel de París, el 11 de noviembre de 1871, junto con una semblanza donde se asegura que Marx supone que a las acabadas razas latinas “sucede ya el pangermanismo”. Imagen y texto fueron reproducidas por Il Secolo de Milán el 19 de noviembre, por El Correo de Ultramar de París (hacia el 20 de noviembre), &c., e inspiraron el artículo de La Ilustración Española y Americana, Madrid, 1 febrero 1872.

Un hito significativo en la popularización de la figura de Marx en España se produce el primero de febrero de 1872, cuando el más prestigioso periódico ilustrado de Madrid, La Ilustración Española y Americana, ofrece en portada un retrato del “doctor Carlos Marx, jefe de la Internacional”, grabado por Tomás Carlos Capúz; acompañado de una semblanza apologética, “El doctor Carlos Marx”, que firma “J. M. y L.”, José Mesa y Leompart. En realidad tanto el grabado de Capúz (similar al realizado por el grabador francés Julio Robert a partir de la famosa fotografía de Federico Wunder tomada en 1867) como el texto de José Mesa parecen deudores del artículo “Karl Marx, jefe de la Internacional, publicado dos meses antes en París por El Correo de Ultramar, versión en español del publicado el 11 de noviembre de 1871 por L'Illustration, journal universel. Como El Correo de Ultramar reconoce que «hemos tenido la suerte de que llegue a nuestras manos un retrato fotografiado de ese misterioso personaje, con pormenores biográficos poco conocidos» (en el original de L'Illustration: «Une bonne fortune nous a fait tomber entre les mains un portrait photographié de ce mystérieux personnage, et des détails biographiques peu connus»), podría suponerse también una fuente común a los periódicos ilustrados parisinos y al madrileño, que habrían adaptado entonces fotografía y texto difundido por la agitprop de la AIT o de algún oscuro fondo de reptiles. No dejan de tener gracia las morcillitas antiautoritarias introducidas por Mesa en la semblanza de Marx que él adapta, que aún jaleaban orgullosos sus secuaces sesenta años después:

«La biografía, escrita de seguro con noticias que diera personalmente a Mesa Lafargue, el yerno de Marx –que ya vivía en Madrid–, aparece con un bello retrato, grabado en madera por Capuz, y al pie de él el director artístico de la óptima Ilustración puso este pie: “El doctor Carlos Marx, jefe de la Internacional.” La Emancipación, que Mesa dirigía y redactaba, se indignó, y el caso no era para menos: “La Ilustración Española y Americana, correspondiente a la semana última, publica un notable retrato de Karl Marx, miembro del Consejo general de nuestra Asociación, titulándole jefe de la Internacional. Este error nos ha sorprendido tanto más cuanto que en la biografía que acompaña a dicho retrato se dice terminantemente que Karl Marx no es jefe de la Internacional, y que esta Asociación ni tiene ni ha tenido nunca jefes.”» (Juan José Morato, “Carlos Marx en España”, La Libertad, Madrid, 28 noviembre 1929.)

Como es natural comienzan por entonces a traducirse al español textos de Marx: en 1871 La guerra civil en Francia, en 1872 el Manifiesto Comunista, &c. (ver los estudios de Pedro Ribas, Rafael Priesca, &c.).

★ 1889

En 1889, con ocasión de la celebración en París del centenario de la toma de la Bastilla, cuajan “los marxistas” la Segunda Internacional, en el Congreso Internacional Obrero Socialista al que asisten dos españoles: Pablo Iglesias (representando al Comité Nacional del Partido Socialista Obrero, que él había fundado en 1879) y José Mesa (el primer traductor de Marx al español, que vivía en París y representaba al órgano de ese partido, El Socialista, que se había fundado en 1886).

★ 1919

La Segunda Internacional queda fracturada definitivamente durante la Gran Guerra, y triunfante la Revolución de Octubre en 1917, Lenin y el Partido Comunista de Rusia (bolchevique) impulsan la Internacional Comunista (en ruso Komintern) –Tercera Internacional, quinta generación de la izquierda–, que se organiza en el Congreso Mundial de la Internacional Comunista, celebrado en Petrogrado, del 2 al 6 de marzo de 1919, con voluntad de acabar con el capitalismo, alcanzar la dictadura del Proletariado y extender la revolución y los Soviets fuera de Rusia.

En 1921 el Comité Central del Partido Comunista de Rusia (bolchevique), por iniciativa de Lenin, encarga a David Riazanov la organización en Moscú del Instituto Marx-Engels, que tenía proyectado y había de dirigir hasta su destitución, a principios de 1931, uno de cuyos objetivos consistía en publicar los textos inéditos de Marx y de Engels, donados por éste en 1895, poco antes de morir, al SPD, Partido Socialdemócrata de Alemania, puesto que tales socialdemócratas no mostraban mayor interés por darlos a conocer.

En 1923 el Instituto Marx-Engels logra fotografiar buena parte de esos manuscritos, y en 1925 acuerda, con el SPD, la edición histórico-crítica de las obras de Marx y Engels, en versiones simultáneas en ruso y en alemán. Es la edición conocida como MEGA, planeada en 42 volúmenes. El primero se publicó en 1927: Karl Marx-Friedrich Engels Historisch-Kritische Gesamtausgabe: Werke, Schriften, Briese, Herausgegeben von D. Rjazanov. Band I, Karl Marx Werke un Schriften bis Anfang 1844 nebst Briefen und Dokumenten, Halbband 1 (Frankfurt am Main 1927, LXXXIV+262 págs.). Llegaron a publicarse 13 tomos (hasta 1932 en Berlín, hasta 1935 en Moscú).

Cuando el NSDAP, Partido Nacional Socialista Obrero de Alemania, alcanza el poder en 1933, el SPD saca esos manuscritos de Alemania, para guardarlos en Dinamarca, gracias a lo cual, en 1936, algunos de ellos pudieron ser adquiridos, a subido precio, por el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, que venía siendo dirigido, desde 1931, por Vladimiro Adoratsky, el sustituto de David Riazanov (quien, detenido en febrero de 1931 por menchevique, aún vivió hasta el 21 de enero de 1938, en que fue juzgado, condenado por trotskista y fusilado por el pueblo). Adoratsky continuó la edición de los Marx-Engels Archiv y de la MEGA, fue miembro de 1934 a 1939 de la Comisión Central de Auditoría del PCUS –Центральной Ревизионной Комиссии ВКП(б)–, responsable en 1936 de la comisión para la adquisición del archivo de Marx y Engels, director también de 1936 a 1938 del Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS, y, desde 1939 hasta su fallecimiento en 1945, jefe de redacción del Instituto Marx-Engels-Lenin del CC del PCU(b).

★ 1932

El XII Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, en septiembre de 1932, acuerda reimpulsar la difusión internacional y el conocimiento de la herencia literaria de Marx y Engels.

«De acuerdo con la decisión del XII Pleno del C.E. de la I.C. sobre la realización de una vasta campaña de popularización del marxismo leninismo, en conexión con el 50 aniversario (14 de marzo de 1933) del día de la muerte de Carlos Marx, el más grande maestro y jefe de la clase obrera, la redacción de La Internacional Comunista comienza la publicación de algunos documentos de la herencia literaria de Marx y Engels de que dispone el Instituto Marx-Engels-Lenin, anexo al C.C. de P.C. (b) de la U.R.S.S., así como de algunas notas dedicadas a la actividad del fundador del comunismo científico y del movimiento comunista internacional, Carlos Marx.» («Con motivo del L aniversario de la muerte de Carlos Marx», La Internacional Comunista, Barcelona, febrero-marzo 1933, nº 2-3, pág. 50.)

Centros Distribuidores MARENGLEN, La Internacional Comunista, Barcelona, septiembre-octubre 1933, pg. 66
La Internacional Comunista
(septiembre-octubre 1933, página 66.)

A finales de 1933 operaban en España varios Centros Distribuidores MARENGLEN –acrónimo de Marx Engels Lenin– (en Córdoba, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Almería, Elche, Valencia) al servicio de A. M. P. L. I., Agencia Mundial de Prensa y Libros Internacionales (con sede en Barcelona), con «un servicio gratuito de todos los catálogos concernientes a todas las novedades literarias de vanguardia y las publicaciones periódicas de cultura social que se editan en español, francés, italiano, alemán, ruso, holandés, sueco, noruego, &c., &c.», incluso con servicio a domicilio: «Se efectuará además un servicio semanal o mensual a domicilio a cargo de los grupos MARENGLEN, especialmente dedicados a suministrar en cada hogar todo el material literario de cultura histórico-social y de educación revolucionaria.»

Ediciones Europa-América (fundada en 1929 y activa en Barcelona desde 1932, impulsada por la Komintern a través de su funcionario Ettore Quaglierini (a) Pablo Bono), lanza a principios de 1936 su Serie Popular de Clásicos del Socialismo con dos primeras entregas: L. Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, de Engels (en las páginas 63-65 las «Tesis sobre Feuerbach», compuestas por Marx en Bruselas en la primavera de 1845), y Manifiesto Comunista y Manifiesto inaugural de la I Internacional, de Marx-Engels. Aunque no figura el nombre del traductor, estas obras fueron vertidas al español por Wenceslao Roces (1897-1997), catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Salamanca (impulsor en 1925 de El Estudiante). Presidente de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y detenido tras fracasar la intentona de octubre de 1934 («Catedrático detenido. También se ha sabido hoy que se encuentra en Oviedo a disposición del comandante Sr. Doval y del juez militar el catedrático excedente de la Universidad de Salamanca Wenceslao Roces, elemento directivo del partido comunista español, al que se acusa de haber participado en el movimiento revolucionario, tomando parte directa en él», El Sol, 20 nov 1934), huyó a la Unión Soviética en cuanto fue puesto en libertad condicional (en agosto de 1935 hubo de coincidir en Moscú con José Laín Entralgo, en el VII Congreso Mundial de la Komintern, cuando se decidió la táctica de los Frentes Populares contra el fascismo.) Tras el triunfo electoral del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936, pudo regresar a España.

El Instituto Marx-Engels-Lenin publica en ruso en 1935 unas Obras escogidas de Marx en dos tomos (Карл Маркс, Избранные произведения. В двух томах. Под редакцией В. В. Адоратского), en la editorial del partido –Партиздат ЦК ВКП(б)– con una tirada de 300.000 ejemplares, reeditadas en 1940, &c., edición que se procuró fuera vertida a otras lenguas.

Y así, en julio de 1938, pocos meses antes del final de la Guerra Civil española (en pleno «III año triunfal»), Ediciones Europa-América publica el primer tomo de Obras escogidas de Carlos Marx, «Edición del Instituto Marx-Engels-Lenin, de Moscú, bajo la dirección de V. Adoratsky. Traducción española de W. Roces» (448 páginas), previstas en tres tomos. Los otros no llegaron a publicarse. A pesar del título de la obra, la mitad de los textos en ese tomo son de Engels, más de 50 páginas ofrecen textos de Lenin, 20 páginas recuerdos sobre Marx de Lafargue, 30 páginas textos de Liebknecht y hasta seis páginas se deben a Stalin:

«Nota sobre la edición española. La versión española de las Obras escogidas de Marx se ha hecho sobre la última edición publicada por el Instituto Marx-Engels-Lenin, de Moscú. Los artículos de Lenin y el fragmento de la entrevista de Stalin con una delegación obrera norteamericana, que figuran en la primera parte de este tomo, así como el prólogo de Adoratsky, han sido traducidos directamente del ruso. Los trabajos de Marx y Engels han sido traducidos del alemán, sobre los textos auténticos de sus autores.
Las notas bibliográficas y aclaratorias que figuran al pie de las páginas con la indicación de N. del ed. han sido añadidas por los redactores de la presente edición. El tomo II de esta obra se halla en preparación, y confiamos en que no tardará en aparecer.»

★ Enlaces

año
 
autor
 
texto y versión
 
1845Carlos MarxVersiones de las Tesis sobre Feuerbach de Carlos Marx
1845Carlos MarxTesis sobre Feuerbach · 1938 W. Roces
1845Carlos MarxTesis sobre Feuerbach · 1962 soviética B
1845Carlos MarxTesis sobre Feuerbach · 1962-1969 soviética B-C
1845Carlos MarxTesis sobre Feuerbach · 1969 soviética C
1845Carlos MarxTesis sobre Feuerbach · 1973 soviética D
1854Carlos MarxEspaña revolucionaria
1883Federico EngelsDiscurso ante la tumba de Marx · 1938 W. Roces
1883Federico EngelsDiscurso ante la tumba de Marx · 1962 soviética B
1886Federico EngelsLudwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana
1913V. I. LeninVicisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx · 1938
1927J. StalinFragmento de la entrevista… obreros norteamericanos · 1938
1929Carlos MarxLa revolución española · Andrés Nin, Editorial Cenit
1935V. AdoratskyPrólogo a las Obras Escogidas de Marx · 1938
1938[ Europa-América ]Carlos Marx, Obras Escogidas · 1938
1955[ Ed. len. ext. ]Prefacio a la edición rusa ≈1962
1955[ Progreso ]Prefacio a la edición rusa ≈1964
1973[ Progreso ]Edición definitiva de las Obras escogidas en 3 tomos · Prólogo
1975[ Progreso ]De la Editorial · 1975
1975[ Fundamentos ]Prefacio · 1975
1985[ Quinto Sol ]Reproducción incompleta de las Obras escogidas en 3 tomos

 

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