Diccionario de ciencias eclesiásticas
Imprenta Domenech, Editor, Valencia 1883
tomo primero
páginas 844-845

Avicena o Ibn Sina

Médico y filósofo nacido en Bokhara en 980, y muerto en Hamadan en 1037. La imaginación árabe se ha dado a exageraciones increíbles respecto a la precocidad de ingenio y capacidad científica de Avicena, aunque fue extraordinaria más que original. Como médico es su obra principal el Canon de medicina, que por siglos sirvió de texto en las escuelas, aunque es una repetición de Galeno, si bien con observaciones propias de algún valor. Como filósofo escribió varios tratados en que expone, y generalmente sigue a Aristóteles y sus comentadores, aunque alguna vez le modifica, no siempre le entiende, como sucedió generalmente a los árabes y aun a los escolásticos, por defectos de las traducciones, y algunas veces emite opiniones diferentes. Según Averroes, negaba Avicena la existencia de Dios como sustancia separada del mundo, y admitía el panteísmo, de lo cual le acusaba también Tofail con otros filósofos árabes. He aquí algunas de sus ideas según Fr. Zeferino González: «Siendo Dios uno, no puede producir lo vario, como es el mundo, conjunto de seres distintos, por lo cual solo produce una primera inteligencia, esta otra segunda, la cual, convirtiéndose hacia la primera, y conociéndola, produce una tercera, de donde procede la universalidad de las cosas. Es manifiestamente una renovación de las doctrinas emanatistas de Plotino y otros filósofos emanatistas. Dios conoce al mundo en general, pero no las cosas singulares; con lo cual se niega la Providencia. No debiéndose el origen del mundo a una creación, sino a una emanación inmanente de Dios, como se ha dicho; él y la materia de que consta son eternos. Las formas sustanciales no están en el alma por una manera inteligible y sensible, sino que ella las pone en las materias respectivas y las crea. Esto dice de Avicena Averroes, y es difícil comprender lo que quiere significar, ni si se trata del alma de cada uno, o de una de esas primeras emanaciones de Dios a que llamaban alma algunos neoplatónicos, como parece más verosímil. La imaginación y voluntad del hombre pueden producir alteraciones y cambios, no solo en el propio cuerpo, sino en los exteriores, y hasta lluvias, caídas, esterilidad, &c.; pero este poder no le tienen todos, sino algunos privilegiados. Aquí parece verse la moderna doctrina espiritista del poder de los mediums. Las esferas celestes están animadas y son movidas por inteligencias (doctrina común en la antigüedad, que no sabía explicarse de otra manera la regularidad de los movimientos de los astros, aún después de los Orbes de Ptolomeo); pero según Avicena tenían además la facultad imaginativa, es decir, quedaban casi completamente equiparadas a los animales, idea que también fue bastante común en la antigüedad. Como más físico y naturalista que filósofo, es más citado por los escolásticos en el primer sentido que en el segundo.

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