Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana
Espasa Calpe S. A., Madrid 1931
Apéndice, tomo 5
página 983

Isidro Gomá y Tomás

Biog. Prelado español, nacido en La Riba (Tarragona) el 17 de agosto de 1869. Cursó la carrera eclesiástica, con la nota constante de Meritissimus, en el Seminario de Tarragona. Ordenóse de sacerdote el 8 de junio de 1895. Fue coadjutor de la parroquia del Carmen de la ciudad de Valls, y ecónomo en la de Montbrió del Campo. El 30 de noviembre de 1897 fue nombrado profesor del Seminario Pontificio de Tarragona, y en 1899 se le nombró rector del Seminario, rigiéndolo hasta 1908. Doctoróse en Sagrada Teología en el Seminario de Valencia, y en Derecho Canónico y Filosofía en el de Tarragona. En los veinticinco años de su profesorado en la Universidad Pontificia de Tarragona enseñó Humanidades, Ciencias físicas y naturales, Elocuencia y Sagrada Escritura. En 1906 obtuvo, por oposición, un beneficio en la Catedral tarraconense, y en 1907, también por oposición, ganó una canonjía, y en 1922, por promoción, le fue designada la dignidad de arcediano. En 1913 fue nombrado juez metropolitano y en 1918 provisor diocesano, cuyos cargos desempeñó hasta su preconización al episcopado (1927). Ha sido examinador prosinodal, del Consejo de Vigilancia de Doctrina, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia tarraconense y vocal-decano de la Junta de Administración del Hospital de San Pablo y Santa Tecla de esta capital. Tomó parte, interviniendo en las grandes asambleas religiosas y actos de carácter científico y de apostolado, tales como el Congreso Internacional Apologético de Vich, en 1910, con motivo del centenario de Balmes; en el Congreso Litúrgico de Montserrat, en 1915; en el Congreso Montforciano de Barcelona, en 1918; en la Semana Catequística de Reus, en 1923; en el Congreso Eucarístico de Amsterdam, en 1924, como representante de España; en la Asamblea Mariana de Covadonga, en 1926; en el III Congreso Eucarístico, de Toledo, en octubre de 1926; en el Congreso Mariano de Sevilla, en mayo de 1929; en el I Congreso de Acción Católica, celebrado en Madrid en noviembre de 1929; en el XXX Congreso Eucarístico Internacional de Cartago, en mayo de 1930, y en la Asamblea Catequística de Zaragoza, en septiembre de 1930. Ha predicado en grandes solemnidades, tales como en la de San Agustín en el Escorial, en 1920; la de San Ramón de Peñafort; en la Fiesta de los Abogados, de Barcelona; la de Santo Tomás de Aquino (con motivo del VI centenario de su nacimiento), en 1924; en las fiestas celebradas en Barcelona por su Universidad y por el Seminario. Debe, además, de señalarse el que la Santa Sede de Roma designara al doctor Gomá uno de los 10 teólogos escogidos (tres belgas, cuatro italianos y tres españoles) para estudiar, entre los tres nombrados de España, y monografiar en copiosísima ponencia todos los argumentos en pro y defensa de la creencia sobre la Mediación universal de María Santísima. El papa Pío XI preconizó al doctor Gomá obispo de Tarragona el 20 de junio de 1927. El 2 de octubre del mismo año fue consagrado en la Catedral de Tarragona por el cardenal arzobispo Vidal Barraquer, en cuyo acto el pueblo en masa rindióle homenaje de aprobación y estima. Aparte de un gran número de artículos y trabajos de Exégesis, Teología, crítica, Ciencias naturales y apologéticos esparcidos por revistas y publicaciones periodísticas, sus principales obras son: Tradición y Crítica en Exégesis, orientaciones de la apologética bíblica moderna (Barcelona, 1910; la Rivista di Apologia Cristiana de Treviso, el mismo año 1910 publicóla en italiano); Discurso presidencial en el Certamen Constantiniano, opúsculo publicado por el Semanario Católico, de Reus (1913); Las modas y el lujo ante la Ley cristiana, la Sociedad y el Arte (Barcelona, 1913; en 1926 se hizo la segunda edición); Oración fúnebre del excelentísimo doctor A. López Peláez, arzobispo de Tarragona (Tarragona); El valor educativo de la liturgia católica (Barcelona, 1918); Panegírico de san Agustín, predicado en El Escorial en 1920; María, Madre y Señora, fundamentos y valor de piedad de la santa esclavitud (Barcelona, 1920); Oración fúnebre de S. S. el Papa Benedicto XV, en las solemnes exequias celebradas en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Tarragona en 1922 (Tarragona); La Eucaristía y la Vida Cristiana, estudios de Teología y Psicología sobrenatural alrededor del Santísimo Sacramento y Comunión (Barcelona, 1922); Sant Ramón de Penyafort, representatiu del seny jurídic cristià, predicado en la iglesia de los Padres Dominicos de Barcelona (Barcelona, 1923); Discurso pronunciado en el Congreso Eucarístico Internacional de Amsterdam el 24 de julio de 1924 (Reus, 1924). Santo Tomás de Aquino. Época. Personalidad. Espíritu (Barcelona, 1924); Al clero de habla española (Barcelona, 1925); La nostra commemoració de Nicea (Barcelona, 1926); La familia según el derecho natural y cristiano (Barcelona, 1926); La Eucaristía y la Acción Católica de la Mujer, conferencia en la Semana Femenina de Apostolado Eucarístico (Barcelona, 1927; edición francesa, con traducción de Carmen García Loygorri, Gembloux, 1928); L'us de la Sagrada Escriptura en la predicació (Barcelona, 1927); La Biblia y la Predicación (Barcelona, 1927); La edificación de la Iglesia, carta pastoral (Barcelona, 1927); La iconografía Mariana y la Mediación universal de la Virgen, carta pastoral (Barcelona, 1928); La mediación de la Virgen y la misión del sacerdocio católico en la Iglesia de Cristo, conferencia teológica pronunciada en el Congreso Mariano de Sevilla el 16 de mayo de 1929; La autoridad de la Iglesia en las cuestiones todas de orden social, lección habida en el I Congreso de Acción Católica de España, celebrado en Madrid en noviembre de 1929 (Tarazona); Trascendencia actual del Papado, carta pastoral con motivo del jubileo sacerdotal de Su Santidad Pío XI (Tarazona); Los deberes cristianos de Patria, carta pastoral (Tarazona); Los Doctores de Cartago y la Comunión Eucarística, discurso leido en el XXX Congreso Eucarístico Internacional de Cartago, celebrado en esta ciudad en marzo de 1930; La Cuaresma y la edificación de la Iglesia, carta pastoral (Tarazona, 1928); El mes de María, carta pastoral (Tarazona, 1928); Nuestro Seminario de Tarazona, carta pastoral (noviembre de 1928, Tarazona); Organización de la Catequesis en nuestra diócesis (Tarazona, 1929), y El Evangelio explicado, cuatro volúmenes, de los que han aparecido tres hasta la fecha (1931).


Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana
Espasa Calpe S. A., Madrid 1948
Suplemento 1940-1941
páginas 311-314

Isidro Gomá y Tomás

Cardenal y prelado español, arzobispo de Toledo, nacido en La Riba (Tarragona) el 17 de agosto de 1869 y muerto en Toledo el 22 de agosto de 1940. Véase su biografía en el tomo V, página 983, del Apéndice.

Rigió la diócesis de Tarazona, siendo al mismo tiempo administrador apostólico de Tudela, desde el año 1927 hasta el 1933. Desde su posesión de la archidiócesis primada de España hasta agosto de 1935, en que se hizo cargo de las diócesis de Tarazona y Tudela el P. Nicanor Mutiloa, el Dr. Gomá actuó como administrador apostólico de Tarazona y Tudela. Durante su aludido pontificado trabajó denodadamente por la reorganización de la vida eclesiástica y por el Seminario, en el que hizo mejoras definitivas. Siendo el Dr. Gomá prelado de Tarazona, sobrevino la República, y la nueva situación ofreció ampliamente ocasión al eminente prelado para vindicar los derechos de la Iglesia con su actuación pastoral y singularmente con sus luminosos escritos pastorales, de los cuales publicó ochenta, desde 1931 a julio de 1933. El 12 de abril de 1933 fue nombrado arzobispo de Toledo; tomó posesión de su sede por medio del vicario capitular, don Feliciano Rocha, el 18 de junio, y entró solemnemente en la capital el 2 de julio del mismo año. Rigió la diócesis de Toledo hasta su muerte (1940). Compartió sus intensos trabajos de Pastor con publicación de libros y escritos pastorales llenos de erudición y fuerza ideológica. En el Consistorio de 19 de diciembre de 1935 fue creado cardenal de la Santa Iglesia, asignándosele el título de San Pedro in Montorio. Desde su entrada en Toledo hasta la fecha del Movimiento Nacional español, el cardenal Gomá dedicó preferentemente sus afanes a su diócesis, en la que se celebró también con gran brillantez y fruto la IV Asamblea Nacional de juventud Católica (octubre de 1933); pero en su condición de primado presidió una magna peregrinación de la juventud Católica, en marzo de 1934, cuyos emocionantes episodios dejó consignados en una Carta pastoral titulada Nuestra peregrinación a Roma, y asistió al XXXII Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Buenos Aires, donde pronunció el todavía arzobispo Gomá su admirable Discurso de la Raza, en el Teatro Colón, ante el cardenal Pacelli, legado pontificio en el Congreso; varios cardenales; el Presidente de la República Argentina, general Agustín P. Justo, y lo más selecto de la aristocracia americana. La Prensa argentina llamó al discurso «la Encíclica de la Hispanidad». Como empresa de carácter diocesano, pero de alcance nacional, merece consignarse la Semana Pro Seminario celebrada en Toledo en noviembre de 1935.

Fue singular la facilidad de escritor del cardenal Gomá, y sus producciones tienen un alto valor constructivo. Los libros publicados por este eminentísimo purpurado, casi todos ellos reeditados, son dieciséis: Tradición y crítica en exégesis; Las modas y el lujo; La Eucaristía y la vida cristiana; Valor educativo de la liturgia; La familia; María, Madre y Señora; La Biblia y la predicación; El nuevo salterio del Breviario romano; Santo Tomás de Aquino; El matrimonio; El Evangelio explicado (cuatro tomos); Jesucristo Redentor; Antilaicismo; Los Santos Evangelios; Por Dios y por España, y María Santísima (obra póstuma). Sus escritos pastorales ascienden a 330, de los cuales 183 fueron dirigidos a los diocesanos de Tarazona y 147 a los de Toledo. El carácter de estos escritos lo describió el autor en el prólogo puesto a su libro Antilaicismo, en esta forma: «Deber de magisterio, situándonos en la región serena de los principios...; deber de defensa de este cúmulo de grandes cosas confiadas a nuestra custodia, que se condensan en el nombre de catolicismo...; deber de pastoración pragmática, dirigiendo a nuestros fieles en la casuística, delicada y compleja, de la vida cristiana.»

El Movimiento Nacional le sorprendió en Tarazona, a donde había acudido el cardenal Gomá para consagrar a su obispo auxiliar. De allí pasó a Navarra, donde permaneció durante toda la guerra el tiempo que no reclamaban su estancia en Toledo las atenciones diocesanas. Su actuación durante la guerra civil fue intensísima y brillante, en su doble calidad de primado de España y de representante confidencial y oficioso de la Santa Sede ante el Gobierno del general Franco. Ostentó el cargo de representante de la Santa Sede desde diciembre de 1936 hasta octubre de 1937, en que presentó ante el general Franco sus Cartas de Gabinete, como Encargado de Negocios de la Santa Sede, Mons. Hildebrando Antoniutti. Al cesar en su cargo de representante de la Santa Sede, recibió el cardenal Gomá una honrosa comunicación del Gabinete diplomático de S. E. el Jefe del Estado. Por su parte, el Cardenal Secretario de Estado, en fecha de 14 de octubre del mismo año, decía expresivamente: «Nos alegra testimonio tan patente y honorífico a la labor de Vuestra Eminencia dado por ese Gobierno. Por mi parte, sólo me resta añadirle en nombre de la Santa Sede otro no menos sincero y sentido. La Providencia ha dispuesto que en la hora grande y amarga que España está atravesando se confiase al cuidado vigilante y generoso del primado de España la representación, aunque fuera en forma oficiosa e interina, de la Sede Apostólica, en su deseo constante de estar cerca y presente al pueblo español, y de asistirlo en la mejor manera posible en sus intereses espirituales, y no tengo necesidad, Eminencia, de asegurarle la gratitud y la satisfacción del Augusto Pontífice por cuanto ha hecho Vuestra Eminencia para desempeñar dignamente el cargo. Bien le consta cuánto alivio han proporcionado a Su corazón los leales servicios de Vuestra Eminencia.» Y el propio Pío XI, en audiencia concedida al cardenal Gomá en 1938, agradeciéndole la información «tan clara, tan llena, tan justa» que había proporcionado sobre España a la Santa Sede, añadió: «la Iglesia, en España, en estas difíciles circunstancias, ha tenido su hombre...»

La figura prócer del cardenal Gomá adquirió un relieve y simpatía inigualados en el Extranjero durante la guerra de liberación de España, y a él se dirigieron mensajes de adhesión y simpatía de todo el orbe católico. Pueden mencionarse, entre muchos, los del Episcopado inglés, alemán, francés y de las naciones de América, y la impresionante manifestación hecha en Irlanda el 24 de octubre de 1936 en favor de la España católica mártir.

Su mismo cargo de Primado le situó en primer plano en todos los acontecimientos de carácter religioso nacional, en los cuales se pusieron muy de manifiesto las dotes extraordinarias del que por muchos era llamado «el gran cardenal de España». Como muestras de su actividad en este orden consignamos el discurso en la Ofrenda al Apóstol Santiago, en julio de 1937. Esta ceremonia, que había venido repitiéndose durante siglos, había sido suprimida por el Gobierno de la República en 1931, y fue restaurada por un decreto del general Franco de 21 de julio de 1937. Hizo la Ofrenda, en nombre del Jefe del Estado, el general don Fidel Dávila, jefe del Ejército del Norte, y contestó en un ambiente de magnificencia y esplendor inusitado, en la basílica compostelana, el cardenal Gomá, con un discurso profundo y sonoro, que fue transmitido por radio a toda la nación. En este mismo año envió, en representación del Episcopado español, a don Miguel de los Santos Díaz Gómara, obispo de Cartagena, al Congreso Eucarístico del Paraguay, con expresivo mensaje para el Episcopado de aquella nación, siendo esta representación un éxito sin precedentes en las relaciones cordiales de España con Paraguay. Consiguió que el Gobierno español subvencionara la construcción de una preciosa capilla española en el pabellón pontificio de la Exposición Internacional de París, la cual fue decorada por el pintor Sert e inaugurada el 15 de octubre de 1937. Después de haber trabajado denodadamente por conseguir la rendición de Bilbao, acudió a dicha ciudad en septiembre de 1937, para presidir las fiestas de consagración de Vizcaya al Sagrado Corazón de Jesús, pronunciando, después de la misa que celebró el 13 de septiembre ante el monumento al Sagrado Corazón, un discurso efusivo y de gran caridad. En abril de 1938, Mons. Antoniutti, Encargado de Negocios de la Santa Sede, visitó Toledo, dando ante autoridades y pueblo testimonio de la especial consideración que merecía a la Santa Sede el cardenal Gomá. En su condición de primado de España, recibió el juramento del Jefe del Estado en el solemne acto de inauguración del Consejo Nacional de F. E. T. y de las J. O. N. S. celebrado en el histórico monasterio de Las Huelgas, de Burgos. En 1938 acudió a Roma, siendo éste su segundo viaje a la Ciudad Eterna durante nuestra guerra, para asistir a la canonización del español San Salvador de Horta, y continuó su viaje para tomar parte, como representante de España, en el XXXIV Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, que tuvo lugar del 25 al 29 de mayo. La presencia prócer del cardenal Gomá y Tomás hizo que el Congreso tuviera marcado matiz de apoteosis de España, que se reflejaba en las manifestaciones de simpatía y entusiasmo en presencia del eminentísimo purpurado y singularmente en sus actuaciones. El cardenal Gomá habló tres veces en aquel Congreso, dos de ellas en improvisación, y arrancó aplausos y entusiasmos inigualados. También se le reservó la celebración de la misa de comunión de hombres, el 27 de mayo, a las doce de la noche, en la que recibieron la Sagrada comunión 150.000 hombres. El cardenal polígrafo perpetuó la memoria de este Congreso fastuoso en una pastoral dirigida a sus diocesanos con el título de El Congreso Eucarístico de Budapest. Con motivo de este Congreso, el cardenal Gomá pidió oficialmente al Comité permanente de los Congresos Eucarísticos Internacionales la celebración en España del XXXVII Congreso para 1944, toda vez que el XXXV había de celebrarse en Niza el año 1940 y el XXXVI estaba concedido a Polonia para el 1942. En el año 1939 recibió contestación oficial afirmativa por conducto de Mons. Rémond, obispo de Niza, quien acudió personalmente a Toledo, acompañado del mariscal Pétain, embajador a la sazón de Francia ante el general Franco, para invitar en la persona del primado a la jerarquía española al Congreso de Niza. La guerra mundial impidió la celebración de los Congresos proyectados.

Durante la guerra española fue concedida, asimismo, al cardenal primado la Delegación Pontificia Castrense, con amplias facultades para organizar el servicio espiritual de los Ejércitos de tierra, mar y aire, habiéndose logrado, mediante un sencillo y ágil organismo, una organización eficacísima de conformidad con un decreto del Jefe del Estado, en que se reconocía la autoridad del Delegado pontificio en esta materia. También fue nombrado por la Santa Sede presidente nacional en España de la Unión Misional del Clero.

Terminada la guerra de liberación, tuvo lugar el 20 de mayo de 1939, en la iglesia de Santa Bárbara, de Madrid, la emocionante escena de acción de gracias a Dios por la victoria. El cardenal Gomá recibió, en nombre de la Iglesia, la oración del Caudillo Franco y la espada vencedora que éste ofrendó a Dios, en testimonio de gratitud. La espada, por orden del prelado, fue depositada para su custodia en el Tesoro de la Santa Iglesia Catedral Primada.

Por imperativos de su conciencia de pastor y hasta por sus aficiones y formación artística, el cardenal Gomá sintió hondamente la angustia de ver mutilado el Tesoro incomparable de la Catedral primada, y no perdonó esfuerzo alguno por recuperar la perdido y aumentar el caudal artístico de la Catedral. De las 67 joyas substraídas durante el dominio rojo, quedan 55 por recuperar y sin que se tenga indicio de su posible paradero. Por su parte, el cardenal, a más de aceptar para la Catedral, en un precioso discurso, una artística cruz del beato Angélico, ofrecida el 16 de julio de 1939, en nombre de Mussolini, por el conde Ciano, dispuso en su testamento que pasaran al Tesoro los siguientes objetos artísticos de su propiedad personal: 1.º El báculo pastoral, en cuya voluta se representa la Coronación de la Santísima Virgen; 2.º Un precioso pectoral de topacios quemados y brillantes, y un anillo de la misma factura; 3.º Un cáliz, de arte moderno, obsequio del mariscal Pétain, que había figurado en la Exposición Internacional de Arte Sacro, de Vitoria, siendo la mejor pieza de orfebrería de dicha Exposición, y 4.º Un gran crucifijo de marfil, del siglo XVII, y de procedencia española, que le había sido donado por el cardenal Hinsley, arzobispo de Westminster.

Fue también preocupación vivísima del cardenal la reconstrucción material de iglesias destruidas y pertenencias eclesiásticas devastadas. Para ello, a más de estimular el celo de sus diocesanos y sugerir al Gobierno nacional iniciativas, proyectó una magna «Cuestación mundial», que fue bendecida por los Sumos Pontífices Pío XI y Pío XII, y en la que estuvieron interesados los más destacados miembros del Episcopado de Europa y América. La guerra mundial impidió que se llevara a cabo la esperanzadora empresa.

El cardenal Gomá, por su infatigable actuación y por sus escritos repletos de doctrina y valentía, había llegado a ser en el Extranjero el símbolo de la España fuerte y católica, y por ello atraía las miradas de los prelados y del mundo católico. En sus viajes al Extranjero llevó muy alto el nombre de la patria, y en su sencillo alojamiento de Pamplona o en el palacio arzobispal de Toledo era solicitadísimo por personalidades de toda procedencia. Conversó, en 1938, con el general japonés Tojo y recibió en Toledo a Mons. Alter, obispo de Toledo (Ohio), quien hizo un viaje ex profeso para recabar del cardenal arzobispo de Toledo el honor de que consagrara la catedral que estaba edificándose en el Toledo americano. En 1939 fue visitado por diputados franceses, en comisión presidida por el obispo de Chartres; por el almirante Joubert, y por el obispo auxiliar de París, Mons. Beaussart. Cuando acudió al Cónclave para la elección de Su Santidad Pío XII, oyó del entonces cardenal Pacelli elogios enternecedores, y los cardenales extranjeros le saludaban con el título de «Mercier español». En 1940, aquejado ya por la dolorosa y larga enfermedad que le llevó al sepulcro, recibió en la clínica la visita de una Comisión inglesa y del embajador de la Gran Bretaña, sir Samuel Hoare.

Pero nada dio al cardenal tanta fama, ni granjeó a España tanta simpatía en el Extranjero como los admirables «escritos de guerra». Reunidos en un libro con el sobrio título Por Dios y por España, han podido llenar 590 páginas, siendo los principales sus magníficas Cartas pastorales que llevan por título: El caso de España; Respuesta obligada-Carta abierta al señor don José Antonio Aguirre; La Cuaresma de España; Lo que debemos al Papa; A nuestros estudiantes católicos; Catolicismo y patria, y Lecciones de la guerra y deberes de la paz. Los dos primeros documentos, por su carácter práctico y por tratar asunto que apasionaba los ánimos dentro y fuera de España, tuvieron una difusión amplísima en el Extranjero. De El caso de España sabemos que se hicieron las ediciones siguientes: cuatro en francés, entre Francia, Bélgica y Canadá, con un total aproximado de 1.100.000 ejemplares; una en alemán; tres en inglés; dos en polaco, y una, al menos, en italiano. La Carta abierta fue editada también por entidades católicas extranjeras en varias versiones francesas, en inglés, en alemán, en italiano, en portugués y en holandés. Los escritos del cardenal Gomá eran buscados ávidamente dentro y fuera de España, y su fácil pluma ganó batallas decisivas para España. Un conocido publicista escribió a este propósito estas palabras: «Fue nuestra fortuna que el primado tuviese muy de antiguo afición y madera de escritor. Pues en ocasión tan decisiva para la causa de España, esencialmente religiosa, el cardenal puso mano a la pluma y la constituyó en instrumento poderoso de difundir la verdad. Entre el agobio de sus cotidianas tareas, halló vagar para una serie de escritos que son la apología vibrante, persuasiva, de España nacional.» Por eso el Encargado de Negocios de la Santa Sede, Mons. Hildebrando Antoniutti, pudo decir en Toledo: «No dudo que el señor cardenal ha de pasar a la Historia, porque nadie hubiera sido capaz de promover, como él, tan eficazmente, el bien de la Santa Iglesia, hermanado con los intereses de la patria en estas circunstancias difíciles.» Pero el escrito que más renombre dio al cardenal fue la Carta colectiva del Episcopado español, que se debe a su iniciativa y a su pluma, si bien se admitieron las modificaciones sugeridas por los restantes prelados. Obtuvo el documento una difusión insospechada, de la que darán idea los datos siguientes: Ediciones: a) Castellanas. La oficial, de 4.000 ejemplares, y algunas de iniciativa particular en España. Una en Córdoba (Argentina). Otra en Temuco (Chile). Otra en Colombia, por la Revista Javeriana, de los padres jesuitas; en la misma nación, otra en folleto aparte, de El Mensajero del Corazón de Jesús. Otra en Montevideo, de 10.000 ejemplares, y alguna más americana, sin que se pueda precisar la procedencia. b) Francesas. La oficial, con tres tiradas y un total de 15.000 ejemplares; otra, de Action Populaire, en París. En Bélgica, una de la librería «Pax», de Lieja; otra de «Etudes Religieuses». Otra, procurada por el obispo de Tournai. Otra, traducción del canónigo Leclef, en Bruselas. Otra en el libro Le calvaire ibérique, del conde Van der Burch. Otra en flamenco, editada por orden del cardenal Van Roey. En el Canadá, dos ediciones. c) Inglesas. Una de la Truth Society, de Londres. Y en Estados Unidos, una de The America Press, de más de 10.000 ejemplares. Otra de The Paulist Press, N. Y., y una de National Catholic Welfare Conference, Washington. d) Alemanas. Tres en Viena y una en Graz, y una tercera de procedencia desconocida. e) Húngara. Una, versión del Dr. L. Saly, de la Universidad de Budapest. f) Italianas. Una, de 2.000 ejemplares, por el obispo de Culma. Otra hecha en Roma. g) Polaca. Una hecha por el Ilmo. Okoniewski, obispo de Belplin. h) Checoslovaca. Una en un libro de Estelrich. i) Portuguesa. Una en el Brasil. j) Rumana. Una traducción de Constant Stelian (Bucarest). k) Latina. Una publicada en Periodica de re morali, canonica et liturgica, en Roma. l) China. Una traducción. m) Rusa. En el Boletín Católico de la Eparquía rusa del rito bizantinoeslávico de Manchuria. Total: más de 36 ediciones sueltas, en 14 lenguas. Añádanse los miles de ejemplares de los periódicos y revistas en que se publicó la Carta colectiva en todos los países, y se tendrá una visión de la resonancia extraordinaria sobre toda ponderación que logró el citado documento. La vibración de opinión que siguió en todo el orbe a esta difusión dio lugar a un cúmulo inmenso de mensajes del Episcopado, de entidades y de particulares, testimonios todos ellos coincidentes en manifestar simpatía vehemente por la España mártir. La resonancia fue tal, que ha podido escribirse un libro con el título El mundo católico y la «Carta colectiva del Episcopado español». Y el fruto quizá pueda medirse por este testimonio de Maurice Hougardy –uno entre mil– «Lo escribo a conciencia; la Carta colectiva de los obispos españoles pone término a las perplejidades de los católicos del mundo entero.» La Carta colectiva, por lo que a España se refiere, puede llamarse una gran página de la Historia de España y de la Iglesia española; para el Extranjero, fue una batalla de proporciones gigantescas ganada en favor de nuestra patria.

Terminada la guerra, el infatigable cardenal orientó su esfuerzo hacia la reconstrucción espiritual y temporal de España, y en particular de su diócesis de Toledo. Intervino eficazmente ante el Gobierno en la derogación de leyes opuestas al sentir católico del país y en la reinstauración del presupuesto de Culto y Clero, y procedióse en Conferencia de Metropolitanos a la reorganización de la Acción Católica. Pero las grandes empresas de la guerra, su afán cotidiano y solicitud pastoral que le llevaban a un esfuerzo gigantesco, y el incendio de gran parte de su palacio de Toledo, ocurrido en julio de 1939, resquebrajaron aquella robusta salud, acarreando la dolencia que puso fin a su vida.

A principios del año 1940, la salud del cardenal inspiró serios temores, y con este motivo se puso de manifiesto el cariño y veneración que sentía España por su primado. Por estas fechas fue nombrado académico de la Lengua y, algo más tarde, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, sin que pudiera llegar a tomar posesión. El Gobierno Nacional le nombró, por decreto del Jefe del Estado, de fecha 16 de mayo de 1940, Canciller presidente del Consejo de la Orden de Isabel la Católica, de la que el cardenal Gomá era caballero desde fines de 1935. En marzo se agravó el ilustre purpurado, de quien se pudo decir que era «un gigante derribado», y se le administraron los Santos Sacramentos de Viático y Extremaunción, con solemnidad impresionante y participación de todo el vecindario de Toledo. Todavía, tuvo el cardenal alientos para dirigir a sus diocesanos una Exhortación pastoral, fechada en 22 de marzo, Viernes Santo, despidiéndose paternalmente de ellos en términos de gran patetismo, y más tarde, una Instrucción con el título Gloria y dolor del Corpus Christi. Transcurrieron algunos meses, en que el Señor puso a prueba la fortaleza espiritual del primado, y éste estuvo un tiempo en Madrid, donde recibió la visita del Jefe del Estado, Generalísimo Franco, quien con esta deferencia quiso testimoniar la gratitud de la patria y el alto aprecio con que personalmente distinguía al cardenal Gomá. Posteriormente fue llevado a Pamplona, en busca de reposo en clima menos caluroso que el de Toledo, y allí se fue agotando lentamente hasta que a mediados de agosto llegó a trance de muerte. Tuvo entonces una de sus grandes corazonadas. Llamó a su fiel secretario y le dio un encargo terminante: «Quiero morir en Toledo.» El viaje se dispuso y emprendió con toda rapidez, en la tarde del 20 de agosto y a media mañana del día 21 llegó a Toledo el prelado; seguidamente se celebró la santa misa en su dormitorio, siguiéndola el cardenal con fervor y plena lucidez. Todo estaba dispuesto, porque el previsor prelado, desde abril, había ultimado su testamento espiritual, disponiendo también de las cosas materiales, y personalmente había redactado su epitafio, al que se añadió una sola frase de elogio, a instancias de dos obispos. El 22 de agosto fue todo él de agonía para el cardenal, quien se extinguió lentamente, dando altísimos ejemplos de fervor y de amor a sus diocesanos, y en la última hora de la noche expiró plácidamente en su Toledo, como había ansiado. Se concedieron al cadáver honores de capitán general y fue inhumado en la capilla de la Virgen del Sagrario en la Catedral primada. Como muestra del sentimiento que su óbito causó en todo el mundo católico, copiamos la alocución pronunciada por radio desde Inglaterra por el cardenal Hinsley en estos términos: «Con la muerte del cardenal Gomá, la Iglesia española pierde un gran servidor y la misma España un hijo entrañable. En las breves relaciones que con él sostuve, tanto durante el Congreso Eucarístico en Budapest, como durante el Conclave en Roma, pude ver que su única aspiración era la de servir a su país en el sentido más exaltado, a través de la fe y del sacrificio. Su solo deseo era ver una España grande en la paz y en la prosperidad. De sus propios labios escuché esta expresión de los anhelos de su corazón. En mayo pasado, en el aposento de la clínica donde tanto padeció los dolores de la enfermedad que ha causado su muerte, se dignó recibir un gran crucifijo español que yo le enviaba como muestra personal de simpatía y de afecto fraternal. El cardenal besó la imagen de Cristo crucificado, diciendo que mi presente era muy adecuado para él, que se encontraba también tendido en la cruz del dolor, que compartía en unión de su Divino Maestro. Ahora, desde el reino de la paz, quiera Dios que pueda contemplar a su amada patria en pleno florecimiento de una tranquilidad inquebrantable y de un progreso constante. Yo ofrezco la santa misa y mis oraciones por el descanso eterno de su alma y por la tierra que tanto amó.»

Se puede subrayar, ante la figura del cardenal Gomá y Tomás, la frase de un prelado español: «España y la Iglesia le contarán sin duda entre sus hijos más preclaros en todo el correr de los siglos.» –Antonio Granados García.


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