José Ferrater Mora · Diccionario de filosofía
Editorial Sudamericana · Buenos Aires 1951
 
[tercera edición]
páginas 823-824

Bertrand Russell

Nac. (1872) en Trelleck, ha tratado los más diversos problemas filosóficos y sociales desde múltiples puntos de vista, de tal modo que una caracterización unitaria de su pensamiento estaría en contradicción con su propia tendencia a rehusar toda orientación de carácter totalista y organológico como la defendida por el idealismo de Bradley, que ejerció sobre Russell al principio una gran influencia, pero a la cual se opuso luego enérgica e insistentemente. Sin embargo, ciertos marcos en la forma misma del pensar, prácticamente inalterables, conforman el desarrollo de sus teorías lógicas y filosóficas. En primer lugar, su adscripción a la corriente realista o, mejor dicho, neo-realista, si bien pronto superpuso, por la influencia de la dirección empirista de Hume a Avenarius y Mach, una metafísica neutralista según la cual materia y espíritu son manifestaciones de la misma realidad de la experiencia. En segundo término, su inclinación por la matemática y su importante labor en la fundamentación de la nueva lógica simbólica (véase Logística), que asimismo transformó en el sentido de una cierta interpretación de la relación entre ella con lo real, en virtud de su idea de que es, en último término, la lógica lo que se halla en la base de cualquier posible filosofía. La fundamentación de la lógica y de los principios de la matemática, en colaboración con Whitehead, representó la primera gran sistematización del simbolismo lógico, reconociéndose generalmente que, con excepción de algunos aspectos –especialmente la teoría de los tipos lógicos y el axioma de reducibilidad–, los principios establecidos por Russell no ofrecían ya el flanco abierto a objeciones fundamentales desde el punto de vista de la formalización de la lógica. En tercer lugar, el intento de aprovechar, en un esfuerzo de intelección universal de las estructuras de lo dado, todos los resultados del pensamiento formal-descriptivo. Finalmente, un cientificismo más o menos radical que le ha conducido a subrayar, dentro de la unidad de la experiencia, las categorías más propiamente naturalistas, sin por ello necesitar una hipóstasis de la naturaleza. De ahí un cierto atomismo lógico que el propio Russell ha declarado caracteriza muy justamente su filosofía. «La filosofía por la cual abogo, ha dicho, es considerada generalmente como una especie de realismo, y ha sido acusada de inconsistencia a causa de los elementos que hay en ella y que parecen contrarios a tal doctrina. Por mi parte, no considero la disputa entre realistas y sus opositores como fundamental; podría alterar mi punto de vista en ella sin cambiar mi opinión sobre ninguna de las doctrinas que más deseo subrayar. Considero que la lógica es lo fundamental en la filosofía, y que las escuelas deberían caracterizarse más bien por su lógica que por su metafísica. Mi propia lógica es atómica, y éste es el aspecto que deseo subrayar. Por lo tanto, prefiero describir mi filosofía corno un 'atomismo lógico' más bien que como un 'realismo', con o sin adjetivo» («Logical Atomism», en Contemporary British Philosophy, ed. Muirhead, I, 1935, p. 359). Ahora bien, este atomismo lógico impide que haya ningún absoluto como sujeto y hace que las proposiciones sean, a su modo, «absolutas» y completamente definidas. La lógica se convierte de este modo en un sistema de construcciones, por las cuales no hay que entender, a la manera de la ontología idealista, la derivación de una serie de predicados existenciales a partir de ciertos principios, sino la posibilidad de edificar una trama descriptivo-formal de todas las relaciones, de tal suerte que entonces, una vez eliminadas las vaguedades y las hipóstasis metafísicas que «infectan» el lenguaje, pueda ya procederse a una descripción de las estructuras correspondientes a los hechos con ayuda de un lenguaje ideal continuamente depurado. Pues –y esto es fundamental para el pensamiento de Russell– lo que llamamos existencia (véase) solamente puede ser afirmado de descripciones, pero no de entidades. Lo contrario es para Russell el resultado de supuestos ontológicos no sólo inverificables, sino, además, carentes de sentido, la consecuencia a que conduce una metafísica edificada a la vez sobre una «mala gramática». Empleando uno de sus frecuentes ejemplos, podemos decir que una proposición como la de que «Walter Scott escribió Waverley» expresa una identidad entre un objeto meramente nombrado y un objeto descrito, de tal suerte que, si queremos poseer una descripción definida, tendremos que decir que «uno y un solo hombre escribió Waverley, y éste es Walter Scott» (Princ. Math., I, 30). La proposición «Walter Scott existe» es, así, un ejemplo de «mala gramática»; la proposición conteniendo descripciones definidas sería la de que «hay una entidad c, tal que la proposición x escribió W es verdadera, si x es c», y falsa en caso contrario; «además, c es Walter Scott». Por lo tanto, la existencia de una determinada entidad equivale a la afirmación de que «x es tal entidad, es a veces verdadero» (como decir «los números existen» quiere decir que «x es un número, es a veces verdadero». La distinción establecida por Russell (Problems of Philosophy, Cap. V) entre un conocimiento directo (de ciertos fenómenos dados) y un conocimiento descriptivo (de estructuras lógicamente construidas o de características de una entidad dada) está, desde luego, encaminada a hacer posible la descripción (véase) definida, así como el necesario primado de la «construcción lógica» sobre toda «inferencia existencial». Pero la construcción lógica no es tampoco equivalente a una radical formalización del lenguaje, y a la suposición de que, una vez realizada esta formalización, podrá ya insertarse toda proposición dentro de un sistema puramente deductivo. No solamente subraya Russell continuamente la importancia de la experiencia, sino que, además (especialmente en sus últimas obras), no rechaza la posibilidad de descripciones de índole «metafísica» provisionales sin duda, pero no por ello menos regulativas para la estructura de la ciencia y aun para la misma significación de toda construcción lógica. De ahí la inserción dentro de la fundamentación lógica de la filosofía de diversos esquemas «metafísicos» o, si se quiere, «postulativos»; por un lado, la teoría de las «partículas-acontecimientos» como constitutivas de lo real, si bien no al modo como el idealismo entiende lo «constitutivo». Por otro lado, y relacionada con la anterior, la teoría según la cual puede haber una especie de absoluto en esa entidad neutral, una de cuyas caras es lo físico y otra lo psíquico. Esta teoría no niega, por lo demás, la diferencia de estructura entre lo material y lo mental, sino que se limita a sostener su identidad elemental, es decir, el hecho de que los elementos –reducibles, en última instancia, a «hechos atómicos»– sean en todos los casos los mismos. Así, Bertrand Russell queda situado en una posición peculiar dentro del logicismo y empirismo contemporáneo. Si, por un lado, se adhiere a los intentos de formalización del lenguaje, por el otro rechaza que esta formalización conduzca a sistemas deductivos que puedan incluir dentro de sí, como un elemento más, los datos de la experiencia. La unión de la experiencia con las estructuras lógicas es, sin duda, un desideratum, o, mejor dicho, un supuesto de sus indagaciones filosóficas, pero tal unión debe ser realizada, a su entender, por medio de una descripción y no de una construcción, sobre todo cuando esta construcción tiene, bajo su apariencia meramente formal, implicaciones de carácter ontológico. La descripción general de las estructuras de la experiencia podría ser, así, la consecuencia de una previa eliminación de todas las inferencias a entidades «reales» desconocidas, pero también el resultado del deseo de encontrar una característica universal que no se limitara a los objetos ideales, sino que sirviera de efectivo marco de intelección de todas las estructuras de todos los objetos posibles. Las últimas meditaciones de Russell siguen, sin duda, esta vía. La oposición a la teoría radical de la verificación (véase) no es más que un primer paso para el abandono del anterior «primado de la lógica» en la filosofía y para la admisión de ciertos principios o postulados del conocimiento científico que intentan mediar entre el fundamento de la inducción y los supuestos ontológicos de la metafísica tradicional. Estos «postulados» no se basan en la experiencia, pero son confirmados por la experiencia. El empirismo radical es de este modo rechazado o, mejor dicho, «asimilado», pues los postulados no lógicos ni empíricos que se hallan en la base de todo conocimiento y de las significaciones no son tampoco principios metafísicos, sino «creencias justificables». Los «límites» y la «justificación» del conocimiento se convierten así en el centro del pensamiento de Russell, que enlaza de este modo con los problemas tradicionales de la filosofía después de un radical intento de renovación.

Obras principales: An Essay on the Foundations of Geometry, 1897. – A Critical Exposition of the Philosophy of Leibniz, 1900. – The Principies of Mathematics, I, 1903, 2ª edición, 1938. – Principia Mathematica (en colaboración con A. N. Whitehead), I, 1910; II, 1912; III, 1913, 2ª edición, 1925-1927. – Philosophical Essays, 1910. – The Problems of Philosophy, 1912. – Our Knowledge of the External World, 1914. – Principles of Social Reconstruction, 1916. – Road to Freedom: Socialism, Anarchism and Syndicalism, 1918. – Mysticism and Logic and other Essays, 1918. – Introduction to Mathematical Philosophy, 1919. – The Analysis of Mind, 1921. – What I believe, 1925. – The Analysis of Matter, 1927. – An Outline of Philosophy, 1927. – Sceptical Essays, 1928. – The Scientific Outlook, 1931. – Education and the Social Order, 1932. – Freedom and Organisation (1814-1914), 1934. – Power: a New Social Analysis.An Inquiry into Meaning and Truth, 1940. – A History of Western Philosophy, 1947. – Human Knowledge: Its Scope and Limits, 1948. – Authority and the Individual (The Reith Lectures for 1948-49), 1949. – Hay trad. al español de numerosas obras: Los problemas de la filosofía; Nuestro conocimiento del mundo externo; Introducción a la filosofía matemática; Principios de reconstrucción social; Los caminos de la libertad; Análisis de la materia; Ensayos de un escéptico; Panorama científico; Libertad y Organización; El poder en los hombres y en los pueblos; Investigación sobre el significado y la verdad; Los principios de la matemática; Autoridad e individuo; Historia de la filosofía occidental, &c. – Morris Weitz, The Method of Analysis in the Philosophy of B. Russell (tesis), 1943. – Varios autores (H. Reichenbach, Morris Weitz, K. Gödel, James Feibleman, G. E. Moore, Max Black, Ph. P. Wiener, A. Einstein, J. Laird, E. Nagel, W. T. Stace, A. P. Ushenko, R. M. Chisholm, H. Ch. Brown, J. E. Boodin, J. Buchler, E. S. Brightman, E. C. Lindeman, V. J. McGill, B. H. Bode, S. Hook), The Philosophy of Bertrand Russell, ed. A. Schilpp, 1944, con respuesta de Russell a las objeciones y bibliografía de Lester I. Denonn. – A. Wedberg, B. Russell's Empiricism, 1937. – André Darbon, La philosophie des Mathématiques, Etude sur la Logistique de Russell, publicado por Madeleine Lagarce-Darbon, 1949.

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