José Ferrater Mora · Diccionario de filosofía [quinta ediciĆ³n]
Editorial Sudamericana · Buenos Aires 1965
 
tomo primero
página 640

Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764)

Nació en Casdemiro (Orense), representó una forma muy hispánica de la ilustración enciclopédica setecentista. Sus exposiciones filosóficas carecen de orden sistemático y consisten más bien en una continua reiteración de temas siguiendo el modo mental del autor. Este modo está dominado –cuando menos en filosofía– por el ideal de la moderación. El propio escepticismo debe ser moderado y limitarse a reconocer que las tesis filosóficas son falibles. No es, pues, conveniente adherirse fanáticamente a ningún partido en las «guerras filosóficas»; los doctos deben ser «neutrales» y «políticos»: en el buen sentido de estos dos términos. La novedad no es en principio ni buena ni mala. Contra las exageraciones de «nuestros aristotélicos» hay que admitir lo que esté bien fundado en el pensamiento moderno, pero contra las exageraciones de este pensamiento (por ejemplo, contra «la excesiva duda cartesiana») hay que aceptar (con cautela) inclusive aquello que no sabemos con toda certidumbre. Lo que sucede en los temas metafísicos ocurre también, según Feijoo, en los problemas de la filosofía natural. Deben rechazarse tanto los principios meramente verbales de gran parte de los autores escolásticos como los «extremismos» de la física corpuscular moderna, en particular gassendista. La oposición a las supersticiones, a los errores y a los engaños en que cae el común de las gentes no significa que deba prescindirse de las grandes verdades que se encuentran en los autores del pasado. Es muy característico de los comentarios filosóficos de Feijoo la constante alabanza de la claridad y la tendencia a lo concreto. Lo último se manifiesta en la preferencia por temas que rozan los «físico» y lo «corpóreo», en la aversión al análisis abstracto, en la idea de la lógica como arte instrumental, en la importancia concedida a la experiencia y a la experimentación, en los elogios (por otro lado mesurados) de Francis Bacon, &c. Sin embargo, esto no significa tampoco que Feijoo se adhiera a un completo experimentalismo; el sentido común y la razón deben corregir los excesos que a veces puede cometer «el gran magisterio de la experiencia». De hecho, la filosofía es para nuestro autor una reflexión situada entre lo demasiado abstracto y lo puramente concreto, una lucha constante que oscila entre lo que llama la idearia y lo que califica de solidura. Los escritos de Feijoo fueron muy discutidos en su época. Entre sus impugnadores destacaron Salvador José Mañer (1676-1751: Antitheatro crítico, 1729) y Fray Francisco Soto y Marne (Reflexiones crítico-apologéticas, 1749). Defendió a Feijoo contra sus impugnadores, particularmente contra Mañer, el Padre Martín Sarmiento (1695-1772) con su Demostración crítico-apologética del Teatro Crítico Universal (1757).

Obras de Feijoo: Theatro critico universal o discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes, 8 vols., 1727 a 1739; nueva impresión, 1773. –Cartas eruditas y curiosas en que por la mayor parte se continúa el designio del T. C. U., impugnando o reduciendo a dudosas varias opiniones comunes, 5 vols., 1742 a 1760; nueva impresión, 1774. –Selección de Cartas eruditas por Millares Carlo, 3 vols, 1923-1925. –Véase M. Morayta, El P. Feijóo y sus obras, 1913. –G. Marañón, Las ideas biológicas del P. Feijoo, 1934. –G. Delpy, Feijóo et l'esprit européen, 1936. –Arturo Ardao, La filosofía polémica de Feijoo, 1962.

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