Filosofía en español 
Filosofía en español


Comunismo

Este nombre se da a una secta nacida o más bien resucitada en el presente siglo, y cuyas doctrinas contenidas en el Credo comunista que publicó Cabet en 1841, son sustancialmente las siguientes:

1.° No hay otro Dios que la naturaleza. 2.° Proviniendo todos los males de la desigualdad social, no hay otro remedio para contrarrestarlos que una igualdad general y absoluta. 3.° La naturaleza no ha hecho a los unos para ser señores, ricos y holgazanes y a los otros para ser pobres y esclavos y estar agobiados de trabajo: todo es para todos. 4.° La institución de la propiedad ha sido el error más funesto de todos los errores: para poner término a los males de la humanidad hay que restablecer la comunidad de bienes.

Esta teoría va a parar como todas las inventados en estos últimos tiempos por una filosofía presuntuosa en la destrucción de la idea de Dios sustituyéndole un panteísmo absurdo, en el trastorno de los fundamentos de la moral y en la introducción de una confusión general.

El comunismo se ha propagado en Suiza, donde Weitling ha sido un apóstol ardiente de estas doctrinas. Habiendo nombrado el gobierno de Zurich una comisión para que examinara las tendencias de los comunistas, el consejero de estado Blunt-Sichli extendió un informe que contiene las noticias más curiosas: el gobierno le envió al punto a los estados confederados y a los ministros de las potencias extranjeras.

En el primer capítulo intitulado Principios de los comunistas la comisión refiere el comunismo a las máximas de igualdad de Robespierre y Babeuf: luego se extractan varias páginas de una obra de Weitling, donde se ve que declarándose contra la institución de la propiedad y contra el dinero como fuentes del egoísmo en el mundo y de las privaciones de la muchedumbre quiere después de destruido el actual orden de la sociedad civil establecer una comunidad donde reine la igualdad del trabajo y de los goces entre los hombres. Ya no habría entonces ni iglesia, ni estado, ni propiedad individual, ni clases, ni nacionalidad, ni patria.

El segundo capítulo se intitula Medios de ejecución. En la primera sección se expone con extractos de la correspondencia ocupada a Weitling lo que se refiere a la institución de las asociaciones como medios de propagar el comunismo. Entre otros se ve que se trató de aprovechar las sociedades de operarios alemanes que existían ya para la música y la instrucción; pero que los comunistas encontraron unos terribles adversarios en la Alemania joven, asociación esencialmente política cuyo objeto es la propagación de los principios republicanos. La pugna entre los dos partidos fue larga y porfiada, equilibrándose los triunfos y reveses recíprocos. Se llamaba nobleza vieja a los trabajadores que eran indiferentes a estas disidencias, girondinos a los partidarios de la Alemania joven, y montañeses a los comunistas. Estos encontraron también resistencia en las asociaciones de Grutli compuestas de suizos exclusivamente, cuya tendencia es la unidad política de la Suiza según un informe de Weitling. La Alemania joven, cuya tendencia es la unidad política de Alemania con la república, se componía de alemanes y suizos. Las asociaciones comunistas compuestas también de alemanes y de algunos suizos tienen miras mucho más vastas y tienden a la emancipación de todo el género humano, a la abolición de la propiedad, de las herencias, del dinero, de los salarios, de las leyes y de las penas y a una repartición igual de los goces según las proporciones naturales.

En seguida el informe entra en especificaciones sobre la organización de las asociaciones comunistas que tienen por objeto y medio la fraternidad, la cultura social, la propagación del comunismo y la templanza, sobre las condiciones y formas de la admisión en la asociación, el orden de las tareas en las juntas, las cuotas pecuniarias y las asistencias. Estas sociedades son secretas, y se promete no revelar nada de lo que allí pasa. La junta directiva reside en París.

La segunda parte de dicho capítulo que trata de las relaciones personales, no es la menos interesante. Los principales corresponsales de Weitling eran un jefe residente en París y que estaba en comunicación con Cabet, Sebastian Seiler que ha vivido en diferentes parajes de la Suiza, Becker de Ginebra y Simon Schmidt de Lausana, todos comunistas y alemanes, así como el profeta Albrecht, que después de haber sido expulso de muchos cantones halló un asilo en Basilea (distrito del campo). Las otras personas que sin formar parte de la asociación estaban en relación más o menos íntima o remota con ella, eran la mayor parte alemanes.

La tercera sección del capítulo II se refiere a la imprenta. Los comunistas lograron introducirse con los escritores de algunos diarios de la Suiza alemana y de Alemania, y Weitling fundó también uno con el título de El grito de apuro de la juventud alemana y luego con el de La nueva generación: este diario se publicó sucesivamente en Ginebra, Berna, Vevey y Langenthal. La obra principal de Weitling lleva el título de Seguridades de la armonía y de la libertad; y por haber intentado imprimir el Evangelio del pobre pecador fue preso y se le registraron los papeles. En él trata de representar a Jesucristo como un comunista que ocultaba sus principios bajo de parábolas, y quiere que la sagrada cena sea un banquete de amor en el que los pobres en vez de recibir una hostia o un pedazo de pan se sienten junto a los ricos para celebrar la Pascua comiendo y bebiendo juntos pan y vino, carne, leche, patatas y pescado. Tales extravagancias llevan en sí su antídoto y no necesitan refutarse.