Filosofía en español 
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¿Anarquismo o socialismo?

Anarquismo o socialismo

Es el título general de una serie de artículos (en total 12) de J. V. Stalin publicados bajo el seudónimo de Ko…, en el período comprendido entre el 21 de junio de 1906 y el 6 de abril de 1907, en cuatro periódicos bolcheviques georgianos de Tiflis: Ajali tsjovreba (“Nueva Vida”), Ajali droeba (“Nuevo Tiempo”), Chveni tsjovreba (“Nuestra Vida”) y Dro (“Tiempo”). Estos trabajos fueron escritos por Stalin a raíz de la aparición de una serie de artículos de los anarquistas-kropotkinianos de la Transcaucasia atacando la concepción del mundo del partido marxista: el materialismo dialéctico. En sus artículos, Stalin desenmascaró y aplastó ideológicamente a los enemigos del socialismo, a los mencheviques y anarquistas; defendió y desarrolló la teoría marxista. Los anarquistas, encubriéndose bajo la bandera del colectivismo, se hacen pasar por socialistas. Stalin demuestra en sus artículos que los auténticos socialistas sólo son los marxistas, que reconocen la necesidad de implantar la dictadura del proletariado para poder construir un nuevo régimen social basado en la propiedad colectiva de los medios de producción. En cambio, los anarquistas, que niegan la necesidad de la dictadura del proletariado como todos los oportunistas, son los vehículos de trasmisión de la influencia burguesa sobre el movimiento obrero. Sólo los marxistas son verdaderos revolucionarios. El anarquismo y el socialismo son dos doctrinas hostiles entre sí, que en el fondo se niegan mutuamente. El anarquismo sitúa en el primer plano la liberación del individuo, y su lema es: todo para el individuo. El marxismo plantea en cambio y en primer término la liberación de la clase obrera, la liberación de las masas y de los trabajadores y, a través de la liberación de las masas, la emancipación efectiva y completa del individuo. La concepción anarquista del mundo es una mezcla ecléctica de los conceptos filosóficos más heterogéneos. El marxismo, en cambio, es la única concepción científica armónica y consecuente del mundo, “un sistema filosófico del cual brota con toda lógica el socialismo proletario de Marx. Este sistema filosófico se llama materialismo dialéctico” (Stalin). El marxismo niega como doctrina hostil, todo género y forma de metafísica, de idealismo y de materialismo vulgar. Stalin muestra que la ciencia del marxismo, su filosofía, se cimenta en el desarrollo de toda la historia, y cada nuevo progreso en el desarrollo de la ciencia confirma cada vez más la exactitud del marxismo. Al exponer los fundamentos de la teoría marxista, Stalin nos ofrece ante todo, un bosquejo general del desarrollo de la Naturaleza en consonancia con el estado contemporáneo de las ciencias naturales. Antes hubo una “naturaleza muerta”, externa. No había seres vivos. Luego aparecieron los primeros. El primer ser vivo carecía de toda conciencia. Sólo poseía parciales y rudimentarios elementos sensitivos. A medida que avanzaba la evolución histórica y se complicaba la estructura de los animales y de su sistema nervioso, las sensaciones se convertían en conciencia, y, con su aparición, nacía la posibilidad de conocer el mundo y la Naturaleza. El hombre va conociendo el mundo circundante mediante las percepciones. Antes de qua pueda aparecer una idea sobre cualquier objeto determinado, éste debe existir en la Naturaleza y actuar sobre los órganos de los sentidos del hombre. Stalin señala que las partes integrantes de la filosofía marxista son: el método dialéctico, la teoría materialista y su aplicación a la vida social: el materialismo histórico, que es la teoría de las leyes que rigen el desarrollo de la Sociedad, teoría de las leyes de la lucha política. Al analizar el método dialéctico y su contenido, Stalin no se limita únicamente a dar una fórmula general, aunque profunda y expresiva, de las leyes dialécticas, sino que las ilustra con ejemplos vivos y claros tomados del terreno de la lucha de clases del proletariado, demostrando así el enorme valor que la dialéctica tiene para poder comprender los problemas básicos de la lucha por el socialismo. Todo lo que existe en el mundo se halla en movimiento, en perenne crecimiento y desarrollo ininterrumpidos. «No en vano dijo Marx: “el movimiento eterno, la eterna destrucción-creación: tal es la esencia de la vida”» (Stalin). Debido a que todo en el mundo se mueve, se desarrolla, nace, crece y muere, en la vida existe siempre lo nuevo y lo viejo, y la lucha entre ambos. El objetivo principal del método dialéctico consiste en examinarlo todo en movimiento y, sobre esta base, comprender hacia dónde y cómo marcha la vida, qué es lo que nace y qué es lo que muere, qué es lo que se está destruyendo y qué es lo que se está creando. La comprensión de estas leyes que rigen el movimiento arma a los revolucionarios con la ciencia que enseña cómo hay que vencer a los enemigos de la revolución. El movimiento de la vida social tiene dos formas fundamentales: la evolutiva y la revolucionaria. El movimiento es evolutivo cuando los elementos progresistas sostienen espontáneamente la lucha y tratan de introducir pequeños cambios cuantitativos en las viejas normas. El movimiento es revolucionario cuando esos elementos progresistas sostienen la lucha por la transformación cualitativa, radical del viejo régimen, por reemplazarlo por un nuevo régimen social. Al analizar la filosofía del marxismo, Stalin señala que la teoría marxista es una teoría científica monista. Su carácter monista se revela en su concepción de la Naturaleza como un algo íntegro indivisible qua se manifiesta en dos formas: material e ideal. El marxismo rechaza tanto el idealismo como el dualismo. El lado material de la Naturaleza, la existencia, es el contenido; y el pensar, la conciencia, es la forma. El contenido determina la forma, la antecede. De aquí la tesis fundamental de Marx: “No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino por el contrario, su existencia social es la que determina su conciencia”. La base material de la vida social, su contenido, según el marxismo es el desarrollo económico, el modo de producción. La evolución jurídica, político-religiosa y filosófica, es la forma ideológica del contenido, la superestructura. Al cambiar la base económica, se transforma también más o menos rápidamente, toda la superestructura. Al exponer la doctrina económica de Marx, Stalin muestra más adelante la contradicción fundamental que existe en la sociedad capitalista: la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista privada de la apropiación. La revolución proletaria es el único camino que conduce a la solución de esta contradicción. La revolución es inevitable, pero hoy que organizarla: hay que organizar y aleccionar a las fuerzas de clase que la han de realizar. La clase obrera debe crear para ello el partido marxista internacional, la forma superior de organización de clase del proletariado, que dirija todas las organizaciones obreras, elabore la táctica de lucha, cohesione y oriente el trabajo por la senda revolucionaria: el derrocamiento del zarismo y de la burguesía, y la organización del socialismo. Tal es, brevemente expuesto, el contenido fundamental de los formidables trabajos filosóficos de Stalin, escritos en 1906-1907; trabajos que desempeñaron un enorme papel en la educación política de los obreros, en la lucha de los bolcheviques del Cáucaso contra todas las corrientes antileninistas. Estos artículos fueron una defensa de los fundamentos teóricos del partido marxista contra los ataques de los enemigos de la clase obrera.

Diccionario filosófico marxista · 1946:17-19

¿Anarquismo o socialismo?

Obra de J. Stalin consagrada a la crítica del anarquismo y a la exposición de principios de la ideología marxista. Publicada primeramente bajo la forma de una serie de artículos filosóficos en los periódicos bolcheviques georgianos de Tiflis (de junio de 1906 a abril de 1907), Stalin responde en ella a los ataques del anarquista V. Cherkezishvili, discípulo de Kropotkin, y de sus adeptos M. Tsereteli y Ch. Goguelia, contra la concepción del mundo del partido marxista, el materialismo dialéctico y el socialismo científico. Al criticar la actitud del anarquismo hacia todos los problemas cruciales de la filosofía y del socialismo científico, Stalin expone y desarrolla la ideología marxista del socialismo. Demuestra que sólo son socialistas y revolucionarios auténticos los marxistas que reconocen la necesidad de la dictadura del proletariado (ver) para construir un régimen social nuevo fundado sobre la propiedad colectiva de los medios de producción. En cuanto a los anarquistas, no son ni socialistas, puesto que preconizan un “socialismo de pequeñas comunidades”, ni revolucionarios verdaderos puesto que niegan la necesidad de la dictadura del proletariado. Como todos los oportunistas, propagan la influencia burguesa dentro del movimiento obrero.

El anarquismo y el marxismo constituyen dos ideologías distintas, incompatibles una con la otra. La concepción del mundo de los anarquistas, es una mezcla ecléctica de las ideas filosóficas más heterogéneas. El marxismo es la única concepción del mundo científica y consecuente, “una concepción integral del mundo, un sistema filosófico del cual se desprende lógicamente el socialismo proletario de Marx. Este sistema filosófico se llama materialismo dialéctico” (Stalin, ¿Anarquismo o Socialismo?, en Obras, t. I. p. 304, Ed. esp., Moscú, 1953). El marxismo rechaza categóricamente como hostiles a la ciencia, todas las variedades y formas de metafísica, de idealismo, de materialismo vulgar. En su obra, Stalin analiza la teoría marxista en estrecha relación con las tareas apremiantes de la lucha del proletariado. Realiza allí un estudio conciso del método dialéctico marxista (ver), de la teoría materialista y de su aplicación a la vida social, vale decir, del materialismo histórico (ver), ciencia que estudia las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad y la lucha política.

La primera parte de la obra trata del método dialéctico. Stalin analiza allí las tesis principales de la dialéctica marxista y las defiende contra los ataques de los anarquistas. La lucha de clases del proletariado le suministra ejemplos probatorios, extraídos de lo vivo, que le permiten aclarar la importancia de la dialéctica para la comprensión de las tareas fundamentales en la lucha por el socialismo. Dado que todo el universo está en movimiento, que todo cambia, nace, se desarrolla y muere, habrá siempre lo nuevo y lo antiguo, lo revolucionario y lo conservador, en lucha perpetua. El método dialéctico exige primeramente que se abarque la vida en su movimiento y en su desarrollo, y que se determine desde ese punto de vista hacia dónde y cómo se encamina la vida, cuáles son los elementos que nacen y cuáles, los que mueren, cuáles los que se destruyen y cuáles los que se crean. La tesis marxista sobre la invencibilidad de lo que nace y crece, es de un alcance inmenso para la teoría y la práctica; enseña a los combatientes del socialismo a distinguir lo nuevo, lo que crece, a guiarse por ello, a tener confianza en las fuerzas inagotables del proletariado, que terminará por imponerse sobre la burguesía, puesto que crece, se fortifica y marcha adelante, mientras que la burguesía, en su condición de clase, se disgrega, se debilita, envejece y se transforma en una carga inútil de la que es necesario librarse. El movimiento de la vida social, señala J. Stalin, reviste dos formas: la forma evolutiva y la forma revolucionaria. Evoluciona gradualmente cuando los elementos progresistas tratan de aportar, por medio de su lucha espontánea, cambios cuantitativos insignificantes al régimen que toca a su fin. El movimiento se convierte en revolucionario, cuando los elementos de progreso combaten por una transformación radical cualitativa del régimen antiguo para substituirlo por un régimen social nuevo.

En el análisis del materialismo filosófico que realiza en la segunda parte del libro, J. Stalin muestra que la doctrina marxista, es la teoría del monismo científico. Es monista puesto que concibe la naturaleza como un todo indivisible que se manifiesta bajo dos formas: la forma material y la forma ideal. El marxismo rechaza tanto el dualismo como el idealismo. Para justificar el materialismo sobre la base de las ciencias naturales contemporáneas, J. Stalin esboza un cuadro de conjunto de la evolución de la naturaleza. En la época en que no existían todavía seres vivos, la naturaleza exterior, “inanimada”, existía ya. Los primeros seres vivos aparecieron desprovistos de toda conciencia, dotados únicamente de la facultad de excitabilidad y de los primeros gérmenes de la sensación. Al compás de la evolución histórica, la estructura de los animales, su sistema nervioso, se hacen más complejos, la facultad sensitiva se desarrolla; ésta se transforma lentamente en conciencia. En un grado determinado de la evolución del mundo orgánico, aparece la conciencia y, por medio de ella, la posibilidad de conocer el universo, la naturaleza. Para poder representarse un objeto, es preciso que exista de antemano en la naturaleza y que accione sobre los órganos de los sentidos del hombre.

El lado material, el ser, constituye el contenido; el pensamiento, la conciencia, constituye la forma. El contenido determina la forma, la precede. De aquí esta tesis fundamental de Marx: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina la conciencia” (Prólogo de Contribución a la crítica de la Economía Política, en Marx/Engels, Obras Escogidas, t. I, p. 333, Ed. Esp., Moscú, 1951). Las lucubraciones de los idealistas subjetivos para quienes el mundo no es más que la percepción, la representación del “yo” del hombre, son absurdas. J. Stalin pone de relieve la diferencia fundamental entre el materialismo dialéctico y el antiguo materialismo metafísico; subraya la actitud intransigente del marxismo hacia toda manifestación de materialismo vulgar que considera la conciencia como materia. Es el desarrollo económico lo que constituye la base material, el contenido de la vida social. La moral, las costumbres, dependen de las relaciones económicas entre los hombres. De aquí esta conclusión práctica: si el régimen político, las formas jurídicas, son defectuosos, es preciso para cambiarlos radicalmente, transformar las relaciones económicas.

En la tercera parte de su obra, Stalin muestra que “…el socialismo proletario deriva directamente del materialismo dialéctico.” (Obras, t. I, p. 339, Ed. esp., Moscú 1953). Ofrece un esquema brillante y conciso de la sociedad socialista, y critica las teorías reformistas y anarquistas que no contienen ni un grano de socialismo científico proletario. Al exponer la doctrina económica de Marx, muestra la contradicción fundamental de la sociedad capitalista, la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista privada de la apropiación. La revolución proletaria es el único medio capaz de hacer desaparecer esta contradicción. La revolución es inevitable, pero es preciso prepararla; es preciso organizar y educar a las fuerzas sociales que realizarán la revolución. Por eso la clase obrera tiene necesidad de un partido marxista revolucionario que, como forma superior de organización de clase del proletariado, asumirá la dirección de todas las organizaciones de la clase obrera, elaborará la táctica de la lucha, coordinará su acción y la orientará hacia la revolución, hacia el derrocamiento del zarismo y de la burguesía, para instaurar el socialismo.

Tal es, a grandes líneas, el contenido de esta obra filosófica de Stalin, que desempeñó un papel de primer plano en la educación política de los obreros, en la lucha de los bolcheviques caucasianos contra las corrientes antileninistas. Stalin mostró que el socialismo proletario no es simplemente una doctrina filosófica entre tantas otras en la sociedad burguesa. «Es la doctrina de las masas proletarias, su bandera; los proletarios del mundo la veneran y “se inclinan” ante ella. Por tanto, Marx y Engels no son unos simples fundadores de una “escuela” filosófica cualquiera: son los jefes vivos del movimiento proletario vivo, que crece y se vigoriza cada día. Quien luche contra esta doctrina, quien quiera “echarla por tierra” debe tenerlo bien en cuenta, para no estrellarse vanamente en una lucha desigual». (Ibíd., p. 358).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:16-17

no figura

Diccionario filosófico · 1965

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Diccionario marxista de filosofía · 1971

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Diccionario de filosofía · 1984