Filosofía en español 
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Automovimiento

Automovimiento

(En griego: “autos”, uno mismo; un movimiento por sí mismo.) El materialismo dialéctico “considera la naturaleza… como algo sujeto a perenne movimiento y a cambio constante” (Stalin). La causa de este movimiento y de este cambio no se halla fuera, sino dentro de la propia Naturaleza. En la Naturaleza y en la Sociedad, el movimiento y el cambio se efectúan en virtud de las contradicciones internas inherentes a los objetos y a los fenómenos, por un automovimiento. Los idealistas afirman que la causa del movimiento no está en la Naturaleza, sino fuera de ella, en un dios. El filósofo dualista Descartes sostenía que la capacidad de movimiento que hay en la Naturaleza ha sido vertida en ella por Dios al crear el mundo; Newton sostenía que los planetas del sistema solar recibieron el primer impulso del propio Dios. También el materialismo mecanicista niega el automovimiento y reconoce como fuente del movimiento el choque de fuerzas externas contrapuestas. El desarrollo consecuente de esta concepción, así como las teorías idealistas, conducen inevitablemente a la idea de un primer impulso divino. La teoría dialéctica del automovimiento se basa en los datos de la ciencia de la Naturaleza y de la Sociedad. Así, por ejemplo, la teoría de Darwin puso de relieve las leyes internas por las cuales se rige la evolución del mundo orgánico. Un ejemplo de automovimiento en el terreno de las relaciones sociales es la transformación del régimen del comunismo primitivo en el basado en la división en clases. Esta transformación se efectuó en virtud, no de una causa externa cualquiera, sino de los procesos internos que se sucedieron dentro de los marcos del régimen del comunismo primitivo (división del trabajo, aparición del intercambio y de la propiedad privada, &c.). Tal régimen se desintegró y dejó su lugar a una sociedad de clases. Sólo la interpretación del movimiento y del desarrollo como un automovimiento y un autodesarrollo, da la posibilidad de apartarse de todo idealismo y de toda metafísica en la ciencia.

Diccionario filosófico marxista · 1946:21

Automovimiento

El materialismo dialéctico considera la naturaleza no como un estado de reposo e inmovilidad, de estancamiento y de inmutabilidad, sino como un estado de movimiento y de transformación continuos. La causa de este movimiento, de esas transformaciones no se halla fuera, sino dentro de la naturaleza misma. En la naturaleza y en la sociedad, el desarrollo se cumple en virtud de las contradicciones internas inherentes a los objetos y a los fenómenos, en virtud del automovimiento. Los idealistas pretenden que la causa del movimiento reside no en la naturaleza, sino fuera de ella, en Dios. El filósofo dualista Descartes (ver) estimaba que la cantidad de movimiento que posee la naturaleza le fue otorgada por Dios a partir de la creación del mundo; Newton (ver) creía que los planetas del sistema solar recibieron de Dios el impulso inicial. El materialismo mecanicista niega de igual modo el automovimiento, y no reconoce otra fuente del movimiento que el choque de fuerzas opuestas externas. Tal concepción desemboca inevitablemente en la idea de la impulsión divina original.

La tesis dialéctica del automovimiento se funda en los datos de las ciencias naturales y sociales. La fuente del automovimiento en la naturaleza y en la sociedad, es la lucha de los contrarios (ver). Según Lenin, lo que distingue esencialmente la concepción dialéctica de la concepción metafísica sobre este punto, es el reconocimiento de la lucha de los contrarios como fuente del automovimiento en la naturaleza, movimiento que no necesita de ninguna fuerza exterior sobrenatural. El desarrollo, dice Lenin, es la lucha de los contrarios. La historia de la filosofía conoce dos concepciones fundamentales del devenir: 1º, como disminución o aumento, como repetición; 2º, como lucha de contrarios. «Con la primera concepción del movimiento, permanece en la sombra el automovimiento, su fuerza motriz, su fuente, su motivo (a menos que no se transporte esta fuente al exterior –Dios, un sujeto, &c.). La otra concepción nos lleva sobre todo a conocer la fuente del “auto”movimiento. La primera concepción es inerte, estéril, árida. La segunda es viva. Sólo la segunda nos proporciona la clave del “automovimiento” de todo lo que es; sólo ella nos da la clave de los “saltos”, de las “soluciones de continuidad”, de la “transformación en su contrario”, de la destrucción de lo viejo y del nacimiento de lo nuevo» (Lenin, Cuadernos filosóficos, Ed. rusa). El progreso de la ciencia ha desmentido completamente las antiguas ideas idealistas y metafísicas sobre no sabemos qué “fuerzas” exteriores que serían la fuente del movimiento de la materia. La física, la biología y las otras ciencias modernas encaran el movimiento como una propiedad inseparable de la materia inorgánica y orgánica, como el modo de su existencia. Por ejemplo, la disociación radioactiva de los elementos, la mutación de los elementos químicos, &c., son manifestaciones autodinámicas, vale decir, de los procesos intraatómicos, y son inconcebibles fuera de estos procesos. La transición de la comuna primitiva a un régimen basado en la división de la sociedad en clases constituye un ejemplo del automovimiento en el dominio de las relaciones sociales. Este pasaje no obedeció a causas exteriores, sino a procesos internos que se desarrollaron en el seno de la comuna primitiva (división social del trabajo, aparición de la propiedad privada y de los intercambios, &c.). Al descomponerse, la comuna primitiva cedió el lugar a la sociedad dividida en clases. De igual manera, el modo de producción capitalista prepara su hundimiento y las premisas materiales del pasaje al socialismo, no como consecuencia de causas exteriores, sino en virtud de las leyes económicas del desarrollo que le son inherentes.

Sin embargo, sería un error considerar el automovimiento social como una evolución automática que se desenvuelve sin la intervención activa de los hombres, de las masas populares, de los partidos, &c. El desarrollo del capitalismo no hace más que crear las premisas objetivas de su reemplazo por el socialismo. Para que el cambio sea real, es preciso abolir el capitalismo. La revolución proletaria cumple esta tarea y asegura las condiciones de la construcción de la sociedad socialista. La dialéctica marxista no niega tampoco el papel de las contradicciones externas. Sin dejar de considerar la lucha de las contradicciones internas como forma decisiva del movimiento hacia adelante, exige que se tenga en cuenta, en el estudio de los procesos y de los fenómenos, a todo el conjunto de contradicciones que contribuyen a su desarrollo.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:34-35

Automovimiento

Movimiento que tiene su fuente, su causa, en la propia cosa que se mueve. La concepción de automovimiento se ha contrapuesto desde un principio a la de «impulso exterior» como presunta causa única de las transformaciones que se operan en la naturaleza. En la historia de la filosofía, la categoría de automovimiento ha surgido y se ha formado debido, en primer lugar, al planteamiento del problema relativo al «comienzo» del universo, a la causa primera de los procesos universales; en segundo lugar, a las dificultades que se presentan para explicar los procesos reales del desarrollo. Los materialistas intentaban explicar el movimiento por fuerzas y propiedades inherentes a la propia naturaleza: unión y separación de primeros principios (filosofía jónica), «amor» y «odio» (Empédocles), átomos y vacío (Leucipo, Demócrito). Los sistemas idealistas (Platón) hacían depender las transformaciones de un principio ideal que situaban más allá de las cosas. El problema relativo a la manera de concebir la causa del movimiento se hizo singularmente agudo al aparecer el dogma cristiano de la creación del mundo. Para demostrar el automovimiento del mundo es necesario descubrir en este mismo la fuente y el mecanismo de su movimiento, mientras que la teología traslada dicha fuente fuera de él («actividad» de Dios). La inconsistencia teórica (metodológica) de la concepción mecanicista de la causalidad (y de las transformaciones) estriba en que tal concepción no puede oponerse a la idea del «primer impulso» (mecánica newtoniana) y no es capaz de aclarar los procesos reales de desarrollo. Para la elucidación científica del automovimiento, se requería una transformación radical del método del pensar: en ayuda del materialismo tenía que acudir la dialéctica. La idea spinoziana de «causa sui» (causa de sí mismo), el principio leibniziano de mónada como substancia actuante por sí misma, que se determina a sí misma, las ideas kantianas sobre el desarrollo del cielo, de la tierra y del hombre, la idea de evolución en la filosofía de Schelling y finalmente, la dialéctica idealista hegeliana, son hitos en el camino de la formación de la idea de automovimiento, la cual no consiste en otra cosa que en «cierta representación de las contradicciones» (Hegel). La filosofía marxista, que defiende la visión materialista del automovimiento, subraya el contenido dialéctico de esta categoría, su incompatibilidad con la concepción mecanicista del desarrollo (simple disminución, aumento, repetición) y su nexo indisoluble con la idea dialéctica del desarrollo como unidad de contrarios.

Diccionario filosófico · 1965:33

Automovimiento

Movimiento que tiene su fuente y causa en la cosa misma que se mueve. La concepción del automovimiento se opone a la del “impulso exterior” como supuestamente la única causa de los cambios que se operan en la naturaleza. En la historia de la filosofía, el surgimiento y la formación de la categoría del automovimiento se debieron, en primer lugar, al planteamiento de la cuestión sobre el “comienzo” del Universo y la causa primera de los procesos mundiales y, en segundo lugar, a las dificultades que surgían en la explicación de los procesos de desarrollo reales. Los materialistas antiguos trataban de explicar el movimiento sobre la base de las fuerzas y propiedades inherentes a la naturaleza misma: unión y división de los principios primarios (filosofía jónica), “amor” y “odio” (Empédocles), átomos y vacío (Leucipo, Demócrito). El deducir los cambios del principio ideal, contrario al mundo real, era típico de los sistemas idealistas (Platón). El problema de la comprensión de la causa del movimiento adquirió particular agudeza al surgir el dogma cristiano de la creación del mundo. Para demostrar el automovimiento del mundo, se debe poner en claro en él mismo la fuente y el mecanismo de su movimiento, mientras que la teología traslada esta fuente afuera (“actividad” de Dios). La inconsistencia teórica de la comprensión mecanicista de los cambios consiste en que no puede oponerse a la idea del “primer impulso” (mecánica newtoniana) y es incapaz de explicar los procesos reales de desarrollo. Para explicar científicamente el automovimiento se exigía transformar de raíz el método de pensamiento: la dialéctica debía acudir en ayuda del materialismo. La idea espinoziana de la causa sui (causa de sí misma), el principio leibniziano de la mónada, como substancia independiente y autodeterminante, las ideas kantianas del desarrollo del cielo, la tierra y el hombre, la idea de la evolución en la filosofía schellingiana y, por último, la dialéctica idealista hegeliana son hitos que marcan el camino de la formación de la concepción del automovimiento. Al defender el enfoque materialista del automovimiento, la filosofía marxista subraya el contenido dialéctico de la categoría del automovimiento, su incompatibilidad con la comprensión metafísica y evolucionista del desarrollo (simple disminución, aumento, repetición) y su ligazón indisoluble con la concepción dialéctica del desarrollo como unidad y lucha de los contrarios.

Diccionario de filosofía · 1984:31-32