Filosofía en español 
Filosofía en español

Cosmogonía

Cosmogonía e hipótesis cosmogónicas

La cosmogonía y las hipótesis cosmogónicas son la ciencia y las hipótesis sobre el origen de los sistemas cósmicos (sistema solar, sistemas astrales, &c.). El punto de partida de la cosmogonía científica materialista es la ley absoluta de la Naturaleza: nada puede nacer de la nada, la materia no nace ni se destruye, la materia es eterna. En cambio, los mundos individuales, los sistemas solares y estelares individuales sólo existen durante un determinado espacio de tiempo; no son eternos, son transitorios. “Nada es eterno fuera de la materia en eterna mutación y en eterno movimiento, y las leyes de su movimiento y mutación” (Engels). Las hipótesis cosmogónicas, creadas por la humanidad sobre la base de las conquistas más avanzadas de los conocimientos científicos, no dan aún actualmente una descripción y explicación satisfactorias del origen de los sistemas cósmicos. Tampoco está resuelto aún el problema del origen de nuestro sistema solar. Las hipótesis cosmogónicas pueden ser divididas en dos grupos: las que se basan en nebulosas y las catastróficas. El primer grupo comprende las hipótesis que explican el origen de los sistemas cósmicos por la rotación de las nebulosas; las hipótesis catastróficas explican el origen de los mundos como resultado de la colisión de gigantescos soles y del desprendimiento de fragmentos aislados de materia de los cuales están formados también los planetas, sus satélites y demás cuerpos celestes. De entre las hipótesis acerca de las nebulosas, las más importantes son las de Kant y de Laplace. Antes de Kant, –de acuerdo con la física clásica de Newton–, nuestro sistema solar era considerado como eterno e inmutable. El movimiento de los planetas alrededor del sol se explicaba como resultado del “primer impulso” comunicado al mundo por Dios. Engels escribe: “La primera brecha en esta petrificada concepción del mundo fue abierta, no por un experimentador naturalista, sino por un filósofo. En 1775 apareció la Historia general natural y teoría del cielo de Kant. El problema del primer impulso queda descartado allí; la tierra y todo el sistema solar aparecen como algo situado en el curso del tiempo”. Kant concibe el origen del sistema solar como el resultado de la rotación y condensación paulatina de la nebulosa, lo que habría conducido a la formación del sol, de planetas y satélites. La hipótesis de Kant obtuvo en 1796 (con una serie de modificaciones) su ulterior desarrollo y fundamentación matemática en los trabajos de Laplace. El valor filosófico de la hipótesis Kant-Laplace sobre el origen de los mundos es extraordinario. En primer lugar, esta hipótesis aparta toda fuerza divina del “más allá”: el mundo nació como resultado del propio movimiento de la materia. En segundo lugar, esta hipótesis introdujo en la ciencia la idea del desarrollo, asestando con ello el golpe más fuerte a la metafísica. Las hipótesis acerca de las nebulosas, sin embargo, no pudieron explicar toda una serie de hechos. Entonces aparecen diversas hipótesis catastróficas sobre el origen del mundo. De acuerdo con estas hipótesis, los sistemas planetarios se formaron a consecuencia de la colisión directa de astros, o como resultado de su cruce muy próximo, lo que habría provocado la dispersión de la materia y la posterior formación de los planetas. Por ejemplo, según la hipótesis de Jeans, un astro que se cruzó con el sol, a poca distancia, provocó el desprendimiento de una gran oleada de materia, que arrastrándose detrás del astro cuyo camino no cambió, se extendió a través de una considerable distancia, descomponiéndose después en diversos fragmentos y dando comienzo así a la formación de los planetas. Pero tampoco la hipótesis de Jeans, como las demás hipótesis catastróficas, pudo explicar toda una serie de fenómenos (por ejemplo, las grandes distancias entre los planetas y el sol), y por eso en la ciencia no existe todavía hasta hoy una unidad de criterio, ni siquiera sobre el problema del origen de nuestro sistema solar. Con algunas hipótesis cosmogónicas están vinculadas las especulaciones pseudocientíficas de la filosofía burguesa. Si hemos de dar fe a los actuales “filósofos” burgueses, la muerte del Universo es inevitable: o bien a consecuencia de la llamada “muerte calorífica” (el paso del calor de cuerpos más calientes a menos calientes y el establecimiento del “equilibrio térmico” en el Universo, de lo que ha de seguir su muerte), o bien a consecuencia del supuesto “ensanchamiento” continuo del Universo, lo que conduce al “desvanecimiento” de la materia en el mundo. Todas estas “teorías” no están respaldadas por ningún fundamento científico.

Diccionario filosófico marxista · 1946:56-58

Cosmogonía

En su acepción amplia, la cosmogonía estudia el origen y el desarrollo de los cuerpos cósmicos, especialmente de nuestro sistema solar. Es éste un problema particular que presenta un grandísimo interés. Igual que en otros dominios, la solución de este problema implica la interpretación acertada desde el punto de vista del materialismo dialéctico, de las observaciones cada vez más numerosas proporcionadas por la astronomía y el estudio del globo terrestre. Hace apenas algunas docenas de años, esos datos casi no existían, de modo que los sistemas cosmogónicos se basaban en premisas arbitrarias que parecían entonces las más probables. Se deducía de esas premisas, de una manera puramente especulativa, la historia de nuestro sistema planetario y de todo el mundo sideral.

En el transcurso de doscientos años, a medida que progresaba la ciencia del universo, numerosas hipótesis cosmogónicas se hundieron para ceder el lugar a otras nuevas. La de Kant (1755), punto de partida de todas las teorías ulteriores, había adquirido una importancia considerable. Por primera vez, una teoría cosmogónica proclamaba que la evolución es la ley fundamental del universo. Engels apreciaba en alto grado esta doctrina. La hipótesis más especial de Laplace (1796) llamada de la “nebulosa”, muy en boga hasta comienzos del siglo XX, al igual que sus variantes creadas en el siglo XIX y principios del siglo XX fueron después reemplazadas por la de Jeans. Según la teoría de Jeans, los planetas se habrían formado a partir de una porción de materia desprendida del sol, debido a la atracción ejercida por una estrella al pasar por su proximidad. Con la hipótesis de Jeans, se llega inevitablemente a concluir que nuestro sistema solar ocupa una posición exclusiva en el universo, conclusión que no concuerda con las observaciones y la tesis materialista. Los sabios soviéticos han sido los primeros en demostrar que ese sistema era inconsistente aun desde el punto de vista de la mecánica celeste. En este dominio, reina la mayor confusión entre los sabios extranjeros. Las “teorías” religiosas e idealistas que proclaman el comienzo y el fin del universo, que predicen la “muerte térmica” del mundo, &c., se hallan ampliamente difundidas.

La cosmogonía soviética se funda en el análisis y en una vasta síntesis de datos obtenidos por la observación. Se ha establecido por ejemplo, que las estrellas se desprenden del estado pre-estelar simultáneamente, por grupos enteros (Ambartsumian), que las estrellas se formaron en las épocas más remotas y que ese proceso prosigue todavía; las estrellas están sujetas a una disgregación lenta: emiten en el espacio su propia substancia, lo que reduce continuamente la velocidad de su rotación y las pone en interacción con el medio intersideral ambiente (Fessenkov); la formación de sistemas planetarios, muy numerosos en el universo, está inseparablemente ligada al nacimiento de las estrellas mismas y constituye un proceso regular. La ciencia soviética ha obtenido resultados preciosos en el estudio del origen de la Tierra y de los planetas del sistema solar. Otto Schmidt ha elaborado una teoría que explica el mecanismo de la formación de los planetas a partir de partículas de nebulosas constituidas de una substancia gaseosa y polvorienta que rodeaba el Sol. Esas partículas, arrastradas aparentemente por el Sol que se desplaza en la Galaxia y encuentra las nebulosas de gas y de polvo, han dado nacimiento a cuerpos cada vez mayores, y finalmente, a los planetas. La teoría de Schmidt explica el movimiento de traslación casi circular de los planetas, su rotación, los movimientos en el mismo sentido y en sentido opuesto de los satélites, &c. Los éxitos de la cosmogonía soviética se deben a la superioridad de una ciencia que se inspira en el materialismo dialéctico.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:91-92

Cosmogonía

(del griego κόσμος: universo, y γίγνομαι: ser, producirse). Parte de la astronomía; ciencia sobre el origen y el desarrollo de los cuerpos celestes y sus sistemas. Convencionalmente, se puede dividir en cosmogonía planetaria y cosmogonía estelar, aunque la solución de los problemas de cada una de ellas se halla relacionada con la que se dé en la otra. Las conclusiones de la cosmogonía se basan en los datos de otras partes de la astronomia, de la física, así como también de la geología y otras ciencias que tratan de la Tierra. La cosmogonía, como la cosmología, se encuentra íntimamente unida a la filosofía, ha sido y sigue siendo campo de enconada lucha entre materialismo e idealismo, entre ciencia y religión. La dificultad que ofrecen los problemas cosmogónicos se debe a que los procesos en que se produce el desarrollo de los objetos cósmicos duran muchos millones y miles de millones de años; en comparación con esto, las observaciones astronómicas e incluso toda la historia de la astronomía abarcan espacios de tiempo insignificantemente pequeños. Las dificultades de la cosmogonía planetaria están, además, condicionadas por el hecho de que por ahora sólo podemos observar de manera directa un sistema planetario. La cosmogonía científica nació hace unos doscientos años, cuando Kant formuló la hipótesis de que los planetas habían surgido de una nebulosa de polvo que, según él, había rodeado al Sol en otro tiempo. Las hipótesís de Kant (1755) y de Laplace (1796) (Hipótesis de la nebulosa) no pudieron explicar algunas particularidades esenciales de la estructura del sistema solar y fueron abandonadas. Se presentaron otras varias hipótesis de las cuales la más popular fue la de Jeans (1916). Sin embargo, también ésta chocó con obstáculos insuperables y desde el punto de vista de los principios constituía incluso un paso atrás en comparación con las hipótesis cosmogónicas clásicas. Actualmente, prosigue la tenaz acumulación de datos y se generalizan, pero el problema aún no se ha resuelto. Es muy sustancial la aportación de los científicos soviéticos a la cosmogonía planetaria (trabajos de Otto Iúlievich Schmidt, Vasili Grígorievich Fesenkov y otros). Sólo en el siglo XX se ha aclarado la naturaleza y la estructura interna de las estrellas. En la actualidad, se sabe en líneas generales cuál es el carácter de la evolución de las estrellas, mas por lo que respecta a su origen sólo cabe formular, por ahora, conjeturas. Durante mucho tiempo imperó la idea de que las estrellas habían nacido simultáneamente hacía varios miles de millones de años. Ahora no hay duda, sobre todo gracias a los trabajos de los hombres de ciencia soviéticos (Viktor Amazaspovich Ambartsumián), de que también en la época actual se da el proceso de la formación de estrellas en las galaxias, en la nuestra y en las otras. Se han efectuado también varios trabajos que arrojan nueva luz sobre el desarrollo de los cúmulos estelares y de las galaxias. Los éxitos de la cosmogonía soviética se deben en gran parte a que sus científicos orientan las investigaciones inspirándose en la filosofía del materialismo dialéctico. La filosofía idealista, en cambio, contribuye a menudo a que surjan ideas cosmogónicas arbitrarias, como la de que los átomos, las estrellas y hasta la Metagalaxia proceden de la nada, lo cual significa el renacimiento de concepciones fideístas impugnadas ya por la ciencia natural.

Diccionario filosófico · 1965:89

Cosmogonía

(gr. kosmos: Universo, y goneia: nacimiento.) Esfera de la ciencia en la que se estudian el origen y el desarrollo de los cuerpos celestes y de sus sistemas. Puede ser dividida convencionalmente en cosmogonía planetaria y cosmogonía astral, aunque los problemas de su solución están interconectados. Las conclusiones de la cosmogonía se basan en los datos de otras secciones de la astronomía, de la física, así como de la geología y de otras ciencias sobre la Tierra. La cosmogonía, lo mismo que la cosmología, está ligada estrechamente con la filosofía, ha sido y sigue siendo la palestra de una enconada lucha entre el materialismo y el idealismo, entre la ciencia y la religión. La dificultad de los problemas cosmogónicos se debe a que los procesos de desarrollo de los objetos cósmicos duran millones y miles de millones de años; en comparación con ello, las observaciones astronómicas y toda la historia de la astronomía incluso abarcan insignificantes lapsos de tiempo. Las dificultades de la cosmogonía planetaria están condicionadas también por el hecho de que por ahora podemos observar directamente sólo un sistema planetario. La cosmogonía científica nació hace unos 200 años, cuando Kant planteó la hipótesis acerca de la formación de los planetas a partir de una nebulosa de polvo que otrora rodeaba al Sol. Las hipótesis de Kant (1755) y Laplace (1796) (Hipótesis de la nebulosa) no pudieron explicar algunas particularidades sustanciales de la estructura del Sistema Solar. Actualmente sigue acumulándose material fáctico y se le sintetiza, pero el problema todavía no está resuelto. Los trabajos de los científicos soviéticos (O. Schmidt, V. Fesénkov y otros) hicieron un aporte sustancial a la cosmogonía planetaria. Tan sólo en el siglo 20 fueron establecidas la naturaleza y la estructura interior de los astros. En la actualidad, el carácter de su evolución está claro en lo general, pero todas las hipótesis sobre su origen siguen siendo discutibles. La cosmogonía de la metagalaxia se la remite de ordinario a la competencia de la cosmología.

Diccionario de filosofía · 1984:91-92