Diccionario soviético de filosofía
Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1965
páginas 162-163

Evolución emergente

(del latín «emergere»: aparecer, salir al exterior). Teoría idealista del desarrollo. Se ha difundido en la filosofía burguesa angloamericana, sobre todo entre los representantes del neorrealismo. Las figuras más destacadas que mantienen dicha teoría son Samuel Alexander, Conwy Lloyd Morgan y Charlie Dunbar Broad. La teoría de la evolución emergente surgió en la década de 1920 en contraposición a la dialéctica materialista. Su objetivo era «explicar» el hecho de que el desarrollo se produjera en forma de cambios bruscos, la aparición de lo nuevo, &c. Los teóricos de la evolución emergente interpretan los procesos de transformación como actos irracionales, incomprensibles desde un punto de vista lógico, y en última instancia llegan al reconocimiento de la divinidad. Esa teoría conduce a la negación de la sujeción natural e histórica a ley. Para Lloyd Morgan, toda la naturaleza tiene espíritu: no existe lo físico sin lo psíquico. Alexander declara que el «espacio-tiempo» inmaterial constituye la base primitiva de la naturaleza y que la materia es derivada respecto a dicha base. Para él, sirven como elementos primeros de la naturaleza «impulsos-elementos» inmateriales. Broad defiende sin rodeos el vitalismo y la transmigración de las almas.

Evolución y revolución

Partes del desarrollo indisolublemente concatenadas entre sí; corresponden al incremento de las transformaciones cuantitativas en el desarrollo del fenómeno (evolución) y al cambio cualitativo más o menos rápido (revolución). La concepción materialista dialéctica de la evolución y de la revolución ha superado las unilateralidades metafísicas del evolucionismo simplista (Spencer), que circunscribía el desarrollo a cambios cuantitativos graduales y no proporcionaba [163] la clave para la comprensión del automovimiento, y del «catastrofismo» negaba el proceso de las transformaciones cuantitativas, preparadoras de la revolución, y confiaba en la voluntad de las grandes personalidades (voluntarismo), en la casualidad o en el creador de la naturaleza (Cuvier). El movimiento incluye en sí tanto el cambio cuantitativo gradual (evolución) como su interrupción (revolución). Ésta no es fruto de la arbitrariedad, sino que constituye un proceso objetivo en el que se superan las viejas contradicciones, que alcanzan «un grado máximo de tensión» y el fenómeno a que ello da origen se desarrolla en virtud de nuevas contradicciones. De ahí que carezca de fundamento la teoría de la evolución emergente, que reconoce de palabra la aparición de lo cualitativamente nuevo en el proceso de desarrollo, pero en última instancia niega el autodesarrollo dialéctico y no ve las premisas de la revolución en la evolución precedente. Tergiversan, asimismo, la esencia de la evolución y de la revolución, otros ideólogos de la burguesía y los revisionistas, a quienes atemoriza la inevitabilidad de la revolución social. El concepto de evolución también se emplea para designar al desarrollo en el amplio sentido de la palabra (verbigracia, evolución del mundo orgánico) y, en este caso, se entiende por evolución el movimiento que incluye en sí cambios cuantitativos y cualitativos.

Evolucionismo vulgar

Teoría según la cual el desarrollo se concibe como un simple aumento o disminución de las propiedades iniciales de un fenómeno cualquiera, se niega que el desarrollo se efectúe a saltos, que los cambios cuantitativos se transformen en cualitativos, que se pase de una cualidad a otra; es antípoda de la dialéctica. El evolucionismo vulgar constituye la base filosófica del reformismo y del oportunismo; actualmente se ha convertido en en fundamento metodológico de las teorías burguesas sobre la «transformación» del capitalismo en socialismo. Una de sus manifestaciones es, en biología, el denominado preformismo.


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