Filosofía en español 
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Existencia social y conciencia social

Existencia social y conciencia social

Desde el punto de vista del materialismo dialéctico, la existencia es lo primario, y la conciencia, lo secundario, el reflejo de la materia, de la Naturaleza, en el cerebro humano, que es producto superior del desarrollo de esta misma Naturaleza. De igual modo, el materialismo histórico resuelve el problema de la relación entre la existencia social y la conciencia social. La existencia social –el modo de producción de los bienes materiales: los alimentos, el vestido, la vivienda, &c.– es lo primario, lo que determina la conciencia social, la vida espiritual de la sociedad. Lenin, refiriéndose a este problema, dice lo siguiente: “Así como el conocimiento del hombre refleja la Naturaleza que existe independientemente de él, es decir, de la materia en desarrollo, así también el conocimiento social del hombre (o sea, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, &c.), refleja el régimen económico de la sociedad”. Antes de Marx imperaba la concepción idealista de la historia (ver). Los idealistas veían en la conciencia social (en las ideas, teorías, convicciones de los hombres) o en la “idea absoluta”, en dios, &c., la base, la fuerza impulsora del desarrollo social. Marx extendió el materialismo dialéctico al terreno de los fenómenos sociales, descubriendo que la existencia social, el modo de producción de los bienes materiales determina la conciencia social. Fue éste el descubrimiento más grande, el que transformó la Sociología en una auténtica ciencia. Al mismo tiempo, el marxismo demostró que las ideas sociales avanzadas desempeñan un grandioso papel transformador y organizador en el desarrollo de la Sociedad.

Diccionario filosófico marxista · 1946:109

Existencia social y conciencia social

El marxismo entiende por existencia social, las condiciones de la vida material de la sociedad (ver), ante todo, el modo de producción, así como el régimen económico de la sociedad. La conciencia social, está constituida por las concepciones filosóficas, políticas, artísticas, científicas, morales, religiosas. La relación de la existencia social con la conciencia social es la cuestión filosófica fundamental en lo que se refiere a los fenómenos sociales. El materialismo dialéctico considera la existencia como dato primario y la conciencia, como dato secundario; la conciencia es el reflejo de la materia en el cerebro humano, producto supremo de la evolución de la naturaleza. De análoga manera, el materialismo histórico, zanja el problema de la relación de la existencia social con la conciencia social (ideas, teorías, opiniones, &c.). La existencia social es el dato primario, y ella determina la conciencia social, la vida espiritual de la sociedad. A determinada existencia social o condiciones de vida, corresponden determinadas ideas y concepciones políticas o instituciones políticas. El período premarxista estaba dominado por la concepción idealista de la historia según la cual, el motor del desarrollo social residiría en la conciencia social, o bien, en la “idea absoluta”, Dios, &c. Habiendo aplicado el materialismo dialéctico a los fenómenos históricos, Marx estableció que la existencia social determina a la conciencia social. Este gran descubrimiento señala el nacimiento de una ciencia social verdadera. Al mismo tiempo, el marxismo muestra la importancia considerable de las ideas de vanguardia en la vida material de la sociedad. Una vez engendradas, las ideas se convierten en poderosa fuerza activa, y ayudan al nuevo régimen a abolir la base económica antigua y las clases caducas. (Ver igualmente Base y Superestructura).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:179-180

Ser social y conciencia social

Son dos aspectos, material y espiritual, de la vida de la sociedad que se hallan en determinada conexión e interacción recíprocas. Por ser social, el marxismo entiende la vida material de la sociedad, la producción de bienes materiales y las relaciones que los hombres establecen en el proceso de dicha producción (relaciones de clase en la sociedad clasista). La conciencia social está formada por las concepciones, las representaciones, las ideas, las teorías políticas, jurídicas, estéticas, éticas, &c., la filosofía, la moral, la religión y demás formas de la conciencia. El problema de la relación entre el ser social y la conciencia social constituye una forma concreta de la cuestión fundamental de la filosofía aplicada a la sociedad. Antes del marxismo, la concepción predominante en filosofía era la de que en la vida de la sociedad el papel determinante correspondía a la conciencia. La verdad es, sin embargo, que la conciencia no es sino el reflejo del ser social de los hombres en su vida espiritual. La primen formulación de esta tesis, que proporciona una firme base científica a la disciplina que estudia la sociedad, la dieron Marx y Engels en La ideología alemana: “...los hombres, al desarrollar su producción y su intercambio material (es decir, las relaciones de producción, Red.), modifican también, junto con esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia lo que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia” (C. Marx y F. Engels, t. III, pág. 25). El marxismo no sólo explicó este hecho, decisivo para comprender la vida del hombre. También ha puesto en claro que las correlaciones entre el ser social y la conciencia social no son simples, sino complejas, móviles y se desarrollan a la par que avanza y se hace más compleja la vida social. Mientras que en los primeros peldaños de la historia la conciencia social se forma como fruto inmediato de las relaciones materiales existentes entre los hombres, posteriormente, al dividirse la sociedad en clases, al surgir la política, el derecho, la lucha política, el ser social actúa de manera determinante sobre la conciencia de los individuos a través de un gran número de eslabones intermedios, como son el Estado y el régimen estatal, las relaciones jurídicas y políticas, &c., las cuales ejercen, asimismo, una influencia inmensa sobre la conciencia social. En estas condiciones, inferir la conciencia social directamente de las relaciones materiales lleva a la vulgarización y a la simplificación. El marxismo, por otra parte, requiere que se vea y se tenga en cuenta el gran papel de la conciencia social y su incidencia sobre el desarrollo del propio ser social. La contraposición absoluta de estos dos aspectos de la vida de los hombres es válida tan sólo en el marco de la cuestión fundamental acerca de qué es lo primario y qué lo secundario. Más allá de este problema, tal contraposición absoluta pierde sentido; en ciertos períodos el papel de la conciencia social puede llegar a ser, y llega a ser, hasta decisivo, pese a que también en estos casos está determinado y condicionado, en última instancia, por el ser social. A la conciencia social y a sus múltiples formas, pese a su dependencia del ser social, les es inherente una relativa independencia. Ello se refleja en el hecho de que los cambios en la vida material de la sociedad no dan nunca origen a productos totalmente nuevos de conciencia social, pues las representaciones espirituales –ideas científicas, filosóficas, artísticas y demás– dependen del acervo acumulado con anterioridad y están subordinadas, también, a una determinada lógica interna de su desarrollo. Por otra parte, los cambios en las relaciones materiales no pueden provocar un cambio instantáneo, automático de la conciencia social, ya que las representaciones espirituales del ser humano poseen una considerable fuerza de inercia, y sólo la lucha entre las representaciones nuevas y las viejas lleva, conforme a leyes, a la victoria de las originadas por las exigencias fundamentales de la modificada vida material del nuevo ser. La teoría marxista acerca del ser social y de la conciencia social, tiene un enorme valor metodológico, ayuda a plantear científicamente los problemas de la vida social y a resolverlos en la práctica.

Diccionario filosófico · 1965:418-419

Ser social y conciencia social

Dos aspectos –material y espiritual– de la vida de la sociedad, que se encuentran en determinada interconexión e interacción mutuas. El marxismo entiende por ser social la relación material de los hombres con la naturaleza en el proceso de producción de bienes materiales y las relaciones (en la sociedad dividida en clases, las relaciones clasistas) que los hombres contraen en el curso del mismo. La conciencia social son las opiniones, representaciones, ideas, teorías políticas, jurídicas, estéticas, éticas y otras, filosofía, moral, religión, &c. El problema de la interrelación del ser social y la conciencia social es la concreción del problema fundamental de la filosofía aplicado a la sociedad. Antes del marxismo, en la filosofía dominaba la idea del papel determinante de la conciencia en la vida de la sociedad. Pero en realidad, la conciencia no es sino el reflejo del ser social de los hombres en su vida espiritual. En La Ideología Alemana, Marx y Engels formularon por primera vez esta tesis, la cual sirvió de firme fundamento científico para la ciencia sobre la sociedad: “...los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material (o sea, las relaciones de producción, –Nota de la Redacción) cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia” (t. 3, p. 25). El marxismo no sólo explicó este hecho, decisivo para comprender la vida de los hombres, sino que mostró también que las relaciones entre el ser social y la conciencia social no son simples, sino complejas y movibles y se desarrollan a tono con la evolución y la complejización de la vida social. En las primeras etapas de la historia, la conciencia social se forma como un producto directo de las relaciones materiales de los hombres, mientras que posteriormente, al dividirse la sociedad en clases y al surgir la política, el Derecho y la lucha política, el ser social influye de modo determinante sobre la conciencia de los hombres a través de numerosos eslabones intermedios: el Estado y el régimen estatal, las relaciones jurídicas y políticas, &c., las cuales ejercen también una enorme influencia sobre la conciencia social. En tales circunstancias, el deducir la conciencia social directamente de las relaciones materiales conduce a la vulgarización y la simplificación. La conciencia social y sus múltiples formas, no obstante toda su dependencia del ser social, poseen relativa autonomía. Esta última se expresa en que los cambios en la vida material de la sociedad nunca crean de nuevo los productos de la conciencia social, ya que las representaciones espirituales –ideas científicas, filosóficas, artísticas y de otra índole– dependen del acervo acumulado antes y obedecen a una determinada lógica interna de su desarrollo. Además, los cambios en las relaciones materiales no pueden producir un cambio momentáneo y automático de la conciencia social, puesto que a las representaciones espirituales de los hombres les es propia una considerable fuerza de inercia, y únicamente la lucha entre las representaciones nuevas y las viejas lleva lógicamente a la victoria de las representaciones que deben su origen a las necesidades decisivas de la vida material cambiada. Al mismo tiempo, se debe advertir y tomar en consideración el gran papel que desempeña la conciencia social, así como su influencia sobre el desarrollo del ser social. La contraposición absoluta de estos dos aspectos de la vida de los hombres sólo es válida en el marco de la cuestión fundamental de qué es lo primario y qué es lo secundario. Al margen de esta cuestión, tal contraposición absoluta pierde sentido. En unos u otros períodos, la conciencia social puede pasar a desempeñar y desempeña el papel decisivo, aunque también en este caso la determina y condiciona en última instancia el ser social. La solución histórico-materialista de la cuestión del ser social y la conciencia social y su naturaleza tiene una importancia metodológica inmensa y ayuda a plantear científicamente y resolver en la práctica los problemas de la vida social.

Diccionario de filosofía · 1984:389-390