Filosofía en español 
Filosofía en español

Experiencia

Experiencia

Por experiencia se entiende habitualmente el experimento, la comprobación de nuestros conocimientos por vía de laboratorio o mediante la observación de los fenómenos en la realidad circundante. En filosofía, la experiencia es interpretada en forma materialista y en forma idealista. Según la interpretación del materialismo dialéctico, experiencia supone la presencia del mundo material objetivo que existe independientemente de la conciencia del hombre. El concepto de experiencia, desde el punto de vista del marxismo, incluye todo el conjunto de la práctica social de los hombres. La experiencia se crea en el proceso de la acción recíproca social entre el hombre y el mundo exterior, en el proceso de la actividad práctica, y en primer lugar de la actividad material-productora, por medio de la que el hombre modifica la Naturaleza y se modifica a sí mismo. A juicio de los idealistas (por ejemplo, los machistas), en la experiencia nos relacionamos, no con objetos materiales y con fenómenos materiales, sino con nuestras sensaciones, con nuestras propias experimentaciones, únicamente. El sentimiento religioso, por ejemplo, es considerado por ellos como una demostración “experimental” de la existencia de dios.

Diccionario filosófico marxista · 1946:109-110

Experiencia

En el sentido estrecho de la palabra: verificación experimental de nuestros conocimientos en laboratorio o mediante la observación de la realidad. La concepción marxista de la experiencia engloba el conjunto de la práctica social de los hombres: la actividad recíproca entre los hombres y el mundo exterior, la actividad práctica humana y, ante todo, la producción material por cuyo medio el hombre transforma la naturaleza y se transforma a sí mismo. La experiencia así concebida constituye la base del conocimiento y el criterio de la verdad. Según la concepción idealista (el “machismo”, por ejemplo), en la experiencia no nos encontramos frente a los objetos y fenómenos materiales, sino a nuestras propias sensaciones, a nuestras propias emociones. La filosofía reaccionaria contemporánea (pragmatismo, positivismo) especula con la noción de “experiencia” a la que desnaturaliza, para reafirmar el idealismo. A la manera del “machismo”, entiende por experiencia el conjunto de sensaciones, su estado y sus efectos. En su Materialismo y empiriocriticismo (ver), Lenin muestra que los adeptos del empiriocriticismo, del empiriomonismo, &c., recurren a esta noción a fin de hacerse pasar por “realistas” y disimular su flagrante idealismo subjetivo. La noción de “experiencia”, indica Lenin, puede ser interpretada en un sentido materialista o idealista. Por eso, no se puede considerar como materialista todo filósofo que invoque la experiencia. Al criticar severamente a Plejanov (ver) por haber calificado de materialista la tesis del “machista” Carstanjen sobre la experiencia como “objeto de estudio”, Lenin puntualiza que todo depende de la manera como se comprenda la experiencia: “...bajo la palabra experiencia pueden indudablemente cobijarse tanto la línea materialista como la línea idealista de la filosofía, igual que la de Hume y la de Kant, pero ni la definición de la experiencia como objeto de investigación, ni su definición como medio de conocimiento, resuelven nada en este sentido” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 163. Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948).

Sólo el materialismo ofrece una definición científica de la experiencia, considerada como práctica humana que actúa sobre la naturaleza objetiva e independiente de la conciencia humana, y la transforma con ayuda de los instrumentos de producción creados por los hombres. La concepción materialista de la experiencia es de gran importancia para la teoría del conocimiento, para la ciencia, para la actividad revolucionaria de la clase obrera. Toda teoría científica se apoya en la experiencia, y representa su generalización, su balance.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:180

Experiencia

1. En filosofía y en el sentido tradicional, reflejo sensorial y empírico del mundo exterior. Alcanzó gran difusión el punto de vista según el cual la experiencia es la única fuente de todo saber (Empirismo, Sensualismo). Con esto, el materialismo reconocía la fuente de la experiencia como exterior, objetiva, independiente de la conciencia. El carácter contemplativo del materialismo anterior a Marx se traducía en el hecho de concebir la experiencia tan sólo como resultado de la percepción pasiva del mundo exterior. Pero la experiencia sensorial de por sí no proporciona un saber universal y necesario, capta sólo la faceta externa, superficial, de los fenómenos del mundo objetivo. Como reacción contra las insuficiencias del materialismo contemplativo en la interpretación del concepto de experiencia, surgieron, por una parte, el racionalismo, y por otra, la concepción idealista-subjetiva y agnóstica de la experiencia. Esta última concepción reducía la experiencia a distintos estados de la conciencia del sujeto (vivencias, sensaciones, percepciones, enunciados verbales, formaciones teóricas del pensar), y en lo tocante a la fuente de la experiencia, o la ignoraba o la declaraba incognoscible en principio. Kant adoptó en este problema una posición especial. Creía que las acciones caóticas del objeto (“cosa en sí”) sobre la conciencia se transforman en experiencia tan sólo como resultado de la actividad ordenadora de las formas apriorísticas (preexperimentales) del entendimiento. Sin embargo, en el planteamiento que hace Kant del problema, a pesar del idealismo, se encuentra un sentido racional, precisamente la idea de que, en la cognición, el pensar del sujeto es activo. El positivismo moderno, reduciendo la experiencia a las sensaciones, a las vivencias sensoriales del hombre, &c., niega, en esencia, la posibilidad y la necesidad de plantear y resolver el problema que trata de qué existe tras esa experiencia, es decir, el problema relativo a la existencia del mundo real, independiente de la conciencia, por considerarlo un “seudo problema”. Utilizando los resultados de la filosofía precedente y prosiguiendo las tradiciones del materialismo, el marxismo superó el carácter contemplativo de la interpretación de la experiencia: reconoce que la experiencia es secundaria, derivada frente a la realidad objetiva, y no la define como contenido pasivo de la conciencia, sino como influencia práctica del hombre sobre el mundo exterior. En el proceso de esta acción, se descubren las conexiones necesarias, las propiedades y leyes de los fenómenos, se buscan y ensayan los métodos y recursos adecuados de actividad, &c. De este modo, la experiencia se entiende como interacción del sujeto social con el mundo exterior y como resultado de tal interacción. Así concebida, 1a experiencia se funde con todo el conjunto del hacer práctico social. La experiencia sirve de recurso importantísimo para el enriquecimiento de la ciencia, para el desarrollo de la teoría y de la práctica.

2. También se da el nombre de experiencia{1} al experimento científico y a la observación.

{1} Incorrectamente en castellano. (Nota de la edición española).

Diccionario filosófico · 1965:164-165

Experiencia

En filosofía, en el sentido tradicional, reflejo empírico-sensorial del mundo exterior. Se divulgó ampliamente el punto de vista de que la experiencia es la única fuente de todo saber (Empirismo, Sensualismo). Cabe decir que el materialismo reconocía la fuente externa, objetiva e independiente de la conciencia, de la experiencia. El carácter contemplativo del materialismo premarxista se manifestó en que este problema se comprendía de modo que la experiencia sólo se consideraba como resultado de la percepción pasiva del mundo externo. Pero la experiencia sensorial de por sí no proporciona un saber universal y necesario, sino que sólo capta el aspecto externo, superficial, de los fenómenos del mundo objetivo. Como reacción a las deficiencias del materialismo contemplativo en la interpretación del concepto de experiencia surgieron, por una parte el racionalismo y, por la otra, la concepción idealista subjetiva y agnóstica de la experiencia. Esta última reducía la experiencia a los distintos estados de la conciencia del sujeto (vivencias, sensaciones, percepciones, enunciados verbales, construcciones teóricas del pensamiento) y obviaba la fuente de la experiencia o la proclamaba incognoscible por principio. Kant mantenía un punto de vista original al respecto. Consideraba que las influencias caóticas del objeto (“cosa en sí”) sobre la conciencia se convierten en experiencia tan sólo en virtud de la actividad ordenadora de las formas apriorísticas (anteriores a la experiencia) del raciocinio. Ahora bien, en el planteamiento de la cuestión por Kant, a pesar del idealismo, existe un sentido racional: idea sobre el carácter activo del pensamiento del sujeto en el curso del conocimiento. Al reducir la experiencia a las sensaciones y vivencias sensoriales del hombre, &c., el positivismo moderno niega de hecho la posibilidad y necesidad de plantear y resolver la cuestión de qué es lo que está detrás de tal experiencia, es decir, de la existencia del mundo real, independiente de la conciencia. Valiéndose de los adelantos de la filosofía precedente y continuando las tradiciones del materialismo, el marxismo superó el carácter contemplativo de la interpretación de la experiencia: al reconocer la experiencia como secundaria y derivada de la realidad objetiva, la filosofía marxista no la define como contenido pasivo de la conciencia, sino como influencia práctica que el hombre ejerce sobre el mundo externo. En el proceso de esta influencia se ponen de manifiesto las concatenaciones, propiedades y regularidades necesarias de los fenómenos, se buscan y se ensayan los métodos y medios racionales de actividad, &c. Así pues, la experiencia entiende como interacción del sujeto social con el mundo exterior y también como resultado de tal interacción. En esta concepción, la experiencia se funde directamente con toda la práctica social colectiva. La experiencia es un importantísimo medio de enriquecimiento de la ciencia y de desarrollo de la teoría y la práctica. Experiencia se llama también al experimento científico y a la observación.

Diccionario de filosofía · 1984:159-160