Filosofía en español 
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Fatalismo

Fatalismo

(Del latín: “fatum”, suerte, destino). El fatalismo es una teoría idealista, según la cual, el desarrollo histórico está predestinado por una fuerza desconocida, por la suerte, por el destino. El fatalismo niega el activo papel creador de la personalidad, de los partidos y de las clases en la historia, considerando que la intervención del hombre en el desarrollo de la sociedad, en los sucesos históricos, es inútil, y que el hombre sólo es un juguete ciego en manos de las leyes inexorables de la historia. El fatalismo es una doctrina reaccionaria, puesto que predica la pasividad, la inacción, el automatismo, y niega la lucha revolucionaria. La doctrina del marxismo-leninismo sobre las leyes que rigen el desarrollo social y sobre el papel de la personalidad, de los partidos y de las clases en este desarrollo es opuesta tanto al fatalismo, como al subjetivismo que reduce todo el desarrollo social a la acción de los “héroes”, de las personalidades ilustres. La doctrina del marxismo-leninismo sobre la necesidad histórica en el desarrollo social no menoscaba, ni mucho menos, el papel de la personalidad en la historia (ver). El marxismo-leninismo parte del criterio de que son los hombres los que hacen la historia, pero que su actuación está condicionada y determinada por las necesidades del desarrollo de la vida material de la sociedad.

Diccionario filosófico marxista · 1946:112

Fatalismo

(del latín, fatum: destino). Teoría idealista según la cual, el desarrollo histórico está determinado de antemano por una fuerza desconocida, el fatum, destino. El fatalismo no reconoce el papel activo de los partidos, de las clases en la historia. Estima que la intervención del hombre en la evolución de la sociedad, en los acontecimientos históricos, es inútil, que el hombre sólo es un juguete ciego de las leyes implacables de la historia. El fatalismo es una doctrina reaccionaria puesto que predica la pasividad, la inacción, el “laissez-aller”, y repudia la lucha revolucionaria.

La doctrina marxista-leninista sobre las leyes objetivas del desarrollo social, sobre el papel de la personalidad, de las clases, de los partidos, en la historia, se opone al fatalismo de igual modo que al subjetivismo que reduce todo a los actos de los “héroes”, de las personalidades eminentes. La doctrina marxista-leninista acerca de la necesidad histórica, sobre las leyes objetivas del desarrollo social, no disminuyen en absoluto el papel del individuo en la historia (ver). El marxismo-leninismo parte del hecho de que son los hombres quienes hacen la historia, pero que su actividad está condicionada y determinada por las necesidades del desarrollo de la vida material de la sociedad. (Ver igualmente Libertad y necesidad).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:183

Fatalismo

(del latín “fatalis”: funesto). Concepción filosófica según la cual en el mundo y en la vida humana todo se halla sujeto a la predeterminación del hado, del destino. Ya en la mitología antigua se encontraba difundida la idea de que los hados imperan sobre los hombres e incluso sobre los dioses. En la historia de la filosofía, la concepción del fatalismo recibió distintas interpretaciones en dependencia de cómo se resolvía el problema del libre albedrío. En la teoría de la predeterminación (ocasionalismo, armonía preestablecida, &c.), el hombre era concebido como un abúlico juguete de Dios o de la naturaleza, creado en cierta ocasión e incapaz de modificar el curso preestablecido de los acontecimientos. A esta variedad de fatalismo, que niega por completo el libre albedrío, se contrapone otra posición extrema: el voluntarismo. El fatalismo religioso (Islamismo, Agustín, Lutero, Calvino y otros) admitía con ciertas salvedades el libre albedrío del hombre, mas nunca pudo reconciliar la «buena» voluntad de Dios con la «mala» voluntad humana. El fatalismo alcanza su expresión acabada en las teorías filosóficas que preconizan la repetición absoluta de todos los acontecimientos en cada ciclo del devenir del cosmos («eterno retorno» de los pitagóricos, Nietzsche y otros). Esta concepción concibe la casualidad y la libertad del hombre como instrumento y premisa del destino, con lo cual reconoce que el hombre es el creador de su vida. Por ejemplo, en la filosofía de Nietzsche, fatalista hasta la médula y, al mismo tiempo, voluntarista, del «amor al destino» se desprendía la «voluntad de poder». Históricamente, el fatalismo ha desempeñado un papel reaccionario. Por una parte, el considerar el destino como un «plan» de la vida del hombre establecido desde arriba incitaba a la pasividad, a subordinarse servilmente a las circunstancias. Por otra parte, la seguridad en la omnipotencia de la voluntad suprema que conducía a los «elegidos del destino» a la victoria inevitable y al dominio favorecía el fanatismo religioso.

Diccionario filosófico · 1965:170

Fatalismo

(lat. fatalis): concepción del mundo antidialéctica, según la cual todos los procesos que transcurren en el mundo están sometidos al dominio de la necesidad que no deja lugar a la libertad y la creación, están predeterminados. Inicialmente, el fatalismo se desarrolló en la mitología como representación de que los hombres y hasta los dioses dependen inminentemente de la suerte ciega, que no tiene sentido ni fin. En filosofía, el fatalismo se manifiesta en formas distintas. Según la doctrina de los estoicos, el cosmos está dominado por un destino inexorable, y después del incendio mundial, que ocurre periódicamente, todo se repite. En la doctrina de Leibniz de la armonía prestablecida, la interacción de las mónadas está predeterminada por Dios; en el sistema idealista objetivo de Schelling, el divorcio entre la libertad y la necesidad priva a los individuos de las posibilidades de actuar libremente; en la concepción de Hegel, el individuo sólo constituye en definitiva un instrumento del espíritu absoluto. En los sistemas del materialismo metafísico (Hobbes, el materialismo francés del siglo 18, &c.), la negación de la casualidad objetiva y la identificación de la causalidad y la necesidad también conducen al fatalismo. El fatalismo teológico parte de la predeterminación de los acontecimientos en la historia y la vida del hombre por la voluntad de Dios; en su marco se libra una lucha entre las concepciones de la predeterminación absoluta (agustinismo, calvinismo, jansenismo) y las concepciones que tratan de hacer coincidir la omnipotencia de la providencia con el libre albedrío del hombre (catolicismo, ortodoxia). En la filosofía marxista están orgánicamente vinculadas la acción de las leyes del desarrollo de la sociedad y la actividad libre de los hombres y se ha alcanzado la comprensión de la dialéctica de la necesidad y la casualidad, la libertad y la necesidad. El marxismo ve las raíces de clase del fatalismo en los intereses de determinadas fuerzas sociales y hace ver que el terreno histórico de las concepciones fatalistas se elimina gradualmente gracias sólo a la transformación cardinal de la sociedad.

Diccionario de filosofía · 1984:164-165