Filosofía en español 
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Historiadores franceses de la época de la Restauración

Historiadores franceses de la época de la Restauración

(A. Thierry, F. Guizot, F. Mignet). Son una corriente dentro de la ciencia histórico-burguesa, en el período que corre entre los años 1820-1840; período de la restauración de poder realista en Francia, después del derrocamiento de Napoleón. El mérito histórico de Thierry, Guizot y Mignet, radica en haberse elevado más alto que los materialistas franceses en la interpretación de las leyes que rigen el desarrollo histórico. En toda una serie de investigaciones (Thierry: Sobre la formación y desarrollo del tercer Estado, Historia de la conquista de Inglaterra por los normandos; Guizot: Historia de la civilización en Francia, Historia de la revolución inglesa; Mignet: Historia de la revolución francesa, &c.), los historiadores franceses de la época de la restauración examinan la historia del feudalismo y de la formación de la sociedad burguesa, como una historia de la lucha de clases. No satisfechos con la teoría histórica de los materialistas franceses, según la cual la vida social es determinada por las instituciones políticas, Guizot, Mignet y Thierry, demuestran que las instituciones políticas están condicionadas por la existencia de la sociedad civil, que las relaciones de posesión determinan la vida de la sociedad y son el fundamento de la lucha de clases. En su trabajo Diez años de investigaciones históricas, Thierry examina la contienda religiosa entre los presbiterianos y los católicos, como una lucha de partidos políticos por intereses materiales de clases distintas. Lo determinante en esta lucha, según Thierry, son los “intereses positivos” de las clases, mientras que todo lo demás sólo es “una exterioridad o un pretexto”. En Experiencias de la historia de Francia, examinando la historia posterior a la caída del Imperio Romano, Guizot declara que la base de este período histórico la constituye el régimen agrario. En la Historia de la revolución inglesa, Guizot va más lejos aún. Al considerar la revolución inglesa como la lucha de la burguesía contra la aristocracia, afirma que las contradicciones sociales y la lucha de clases son, no sólo producto del régimen agrario, sino de las relaciones de propiedad en general. De igual modo Mignet, analizando en la Historia de la revolución francesa las causas de la revolución de 1789, llega a la conclusión de que estas causas tienen sus raíces en los diversos intereses materiales de las clases sociales. No obstante interpretar la vida social por las diversas relaciones de propiedad, estos historiadores no tenían idea de las fuerzas productivas como fundamento, como contenido de dichas relaciones jurídicas y de propiedad. Por lo tanto, los historiadores del tiempo de la restauración retornaban al punto de vista de donde partieron los materialistas franceses, manteniéndose en sus mismas posiciones idealistas. Consecuencia de ello fue también, que en el problema del origen de las clases, recurrieran a la teoría de las conquistas, como la fuerza decisiva del desarrollo social, no llegando a comprender el carácter histórico de las clases, ni que el origen y la existencia de las mismas están relacionadas sólo con un determinado modo de producción, Así, Thierry consideraba que las clases feudales se habían formado como resultado de la conquista de la población indígena, galo-romana, por los bárbaros germanos; de los conquistadores había salido la aristocracia feudal; de los vencidos, el tercer estado. Por eso, la lucha de la burguesía contra la aristocracia feudal, Thierry la consideraba como una lucha, de la población indígena gala contra los descendientes de los conquistadores. Al no comprender las causas del origen, desarrollo y muerte de las diversas formas de relaciones de posesión, y por lo tanto, de las propias clases, Mignet explica las relaciones de posesión por las conquistas, y a éstas, por la tendencia hacia la dominación, inherente a la naturaleza humana. Mignet vuelve, pues, al punto de vista de la “naturaleza humana”, desarrollado por los materialistas franceses. No sabiendo explicar los fundamentos de las relaciones de posesión, Guizot, al igual que Mignet y Thierry, llega a conclusiones idealistas. Al explicar en la Historia de la civilización de Europa las causas de la caída del Imperio Romano, Guizot declara que, en resumidas cuentas, la conducta de los hombres es determinada por la “idea pura”: “cualesquiera sean loa sucesos exteriores, escribe Guizot, el mundo es creado principalmente por el propio hombre; de sus sentimientos, ideas, inclinaciones morales y mentales depende el orden y el movimiento del mundo; de su estado interno depende también el estado de la sociedad, ¿bajo qué condiciones, pues, pueden los hombres fundar una sociedad un tanto estable y justa? Evidentemente, deben tener ciertas ideas que, por su extensión, corresponden a determinada sociedad, que las aplica a sus necesidades y relaciones”. No obstante la limitación idealista de su concepción histórica, los historiadores franceses dieron un firme paso hacia adelante en la comprensión de las causas del desarrollo histórico, sobrepasando también a los materialistas franceses en cuanto a la comprensión del papel de la personalidad en la historia. Atribuyendo una enorme importancia a la actuación del pueblo, Thierry somete a crítica a los materialistas franceses que consideraban la historia como el producto de monarcas, príncipes, caudillos, militares o legisladores. “Y hasta hoy, escribía Mignet, existe el error por el que se atribuye la más grande de las revoluciones a ciertas intrigas oscuras y míseras ¡cómo si en tal tiempo pudiera todo el pueblo servir de instrumento en manos de un hombre!”. “A no ser por la revolución, Mirabeau no hubiera cumplido con su misión, porque no basta con haber nacido gran hombre, ¡hace falta también haber nacido a tiempo!” Como ideólogos de la burguesía liberal los historiadores del tiempo de la restauración consideraban legítima la lucha de la burguesía contra el feudalismo, consideraban legal el derecho del Tercer Estado a la destrucción del dominio de la aristocracia feudal. Pero negaban las contradicciones existentes dentro del propio Tercer Estado. Habiendo reconocido la lucha de clases como progresista en el pasado, negaban su necesidad en la sociedad burguesa, predicando la idea de la paz de clases. En su carta a Engels del 27 de julio de 1854, Marx escribe: “Me ha interesado mucho el libro de Thierry Historia de la formación y desarrollo del Tercer Estado... Es sorprendente, cómo este señor, “padre” de la “lucha de clases” en la ciencia histórica francesa, se indigna en el prólogo contra los “modernos” que ven una contradicción entre la burguesía y el proletariado, y encuentran sus huellas en la historia del Tercer Estado ya antes de 1789. A toda costa intenta demostrar que el Tercer Estado abarca a todos, excepto la nobleza y el clero, y que la burguesía desempeña el papel de representante de todos les elementos restantes”. Después de la revolución de 1830, los historiadores de la época de la restauración se convirtieron en defensores furibundos de las normas burguesas. Durante las revoluciones de 1848 y 1871, Guizot fue el estrangulador de la clase obrera. En su carta a Weydemeyer (1852) Marx escribe que el mérito del descubrimiento de las clases y de la lucha de clases no le pertenece, que las clases y la lucha de clases fueron descubiertas y expuestas mucho antes que él, por los historiadores burgueses. Esta observación de Marx se refiere principalmente a los historiadores franceses del tiempo de la restauración, Thierry, Guizot y Mignet. En ello radica su método histórico.

Diccionario filosófico marxista · 1946:137-139

Historiadores franceses de la Restauración

Thierry, Guizot, Mignet, son historiadores burgueses de la época de la Restauración. Su mérito consiste en haberse elevado por encima de los materialistas franceses del siglo XVIII en la comprensión de las leyes de la historia. Sostienen que la historia del feudalismo y de la formación de la sociedad burguesa, es la de la lucha del tercer estado (mayoría de la nación) contra la nobleza y el clero (minoría). No satisfechos con la teoría de los materialistas franceses según la cual la vida social estaría determinada por las instituciones políticas, Guizot, Thierry y Mignet tratan de demostrar que estas últimas están condicionadas por el modo de vida social, que la lucha de las clases tiene por origen las relaciones de propiedad. En Diez años de estudios históricos, Thierry considera la lucha entre presbiterianos y católicos como una lucha de partidos políticos por intereses materiales de clases distintas. Esa lucha, según Thierry, estaba determinada por los “intereses positivos” de las clases. En sus Ensayos sobre la historia de Francia, Guizot analiza la época que siguió a la caída del Imperio Romano y afirma que en la base de la historia se hallan las relaciones agrarias. Al analizar en su Historia de la Revolución Francesa las causas de la Revolución de 1789, Mignet llega a la conclusión de que ellas residen en los intereses materiales de las diferentes clases.

Los historiadores franceses reducían la vida social a las relaciones de la propiedad sin tener ninguna idea de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, base de las relaciones jurídicas de propiedad. En el problema del origen de las clases, profesaban la teoría idealista de la conquista que consideraban como la fuerza decisiva del desarrollo social, sin comprender que el origen y la existencia de las clases se hallan vinculados a un modo de producción determinado. Así, Thierry explica la formación de las clases feudales por la victoria de los germanos sobre los galo-romanos. Los conquistadores habrían constituido la aristocracia feudal, y los vencidos, el tercer estado. La lucha de la burguesía contra la aristocracia feudal sería la de la población autóctona contra los descendientes de los vencedores. Mignet, al ignorar las causas del nacimiento, la evolución y la desaparición de las formas de las relaciones de propiedad, vale decir, de las propias clases, explica las relaciones de propiedad por las conquistas, y éstas, por la tendencia a la dominación inherente, según creía, a la naturaleza humana. En última instancia, los historiadores de la Restauración se mantuvieron en posiciones idealistas. En su Historia general de la civilización en Europa, Guizot declara que la conducta de los hombres está determinada, en último término, por una “idea pura”. “Cualesquiera sean los acontecimientos exteriores”, escribe Guizot, “el hombre mismo es quien hace al mundo; en razón de las ideas, de los sentimientos, de las disposiciones morales e intelectuales del hombre, se regula y marcha el mundo; y del estado interior del hombre depende el estado visible de la sociedad”.

Los historiadores de la Restauración eran ideólogos de la burguesía liberal que comprendían el carácter inevitable de la lucha de la burguesía contra el feudalismo, y reconocían al tercer estado el derecho a abolir la dominación de la nobleza y el clero. Pero negaban la existencia de contradicciones en el seno del tercer estado al que identificaban con el pueblo entero. Aunque admitían el carácter progresivo de la lucha de clases en el pasado, negaban su necesidad bajo la dominación de la burguesía, la calificaban de “locura”, y proponían la paz entre las clases, la eternidad del capitalismo y la división de la sociedad en clases. Con propósito deliberado, disimulaban las contradicciones de clase. En su carta a Engels del 27 de julio de 1854, Marx escribía: “Un libro que me interesa mucho es el de Thierry, Historia de la formación y del progreso del tercer estado, (1853). Lo curioso es que este padre de la ‘lucha de clases’ en la historiografía francesa se deja llevar, en su prefacio, contra los ‘modernos’ que ven actualmente un antagonismo entre la burguesía y el proletariado y quieren descubrir la huella de esa antinomia en la propia historia del tercer estado hasta 1789. Thierry se esfuerza penosamente en demostrar que el tercer estado engloba a todos los estados diferentes de la nobleza y el clero, y que la burguesía desempeña su papel como representante de todos esos otros elementos” (Marx/Engels, Obras, Ed. alem.).

Después de la revolución de 1830, los historiadores de la Restauración se declararon defensores del orden burgués. Durante la revolución de 1848, Guizot fue el verdugo de la clase obrera.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:236-237

Historiadores franceses de la Restauración

(Thierry, Guizot, Mignet). Historiadores burgueses del período formado por las décadas de 1830 y 1840. En la explicación del desarrollo social, superaron a los materialistas franceses del siglo XVIII. Veían la historia del feudalismo y de la sociedad burguesa como la historia de la lucha del tercer estado contra la nobleza y el clero; llegaron a la conclusión de que las causas de la lucha de clases radicaban en las diferencias de los intereses materiales de las clases sociales. Por ejemplo, Thierry consideraba la lucha religiosa entre presbiterianos y católicos como lucha de partidos políticos por los intereses materiales de distintas clases sociales. Pero reduciendo la vida social a relaciones de bienes, los historiadores franceses no veían que la base de tales relaciones se encuentra en las fuerzas productivas y en las relaciones de producción. En cuanto al origen de las clases, enfocaban el problema con una perspectiva idealista, entendían que la fuerza decisiva del desarrollo social era la guerra, la violencia. Los historiadores de la época de la Restauración, como ideólogos de la burguesía liberal, negaban las contradicciones en el interior del tercer estado, en el que incluían a todo el pueblo en su conjunto excepción hecha de la nobleza y del clero. Aun reconociendo que la lucha de clases había sido progresiva en el pasado, negaban que ésta fuera necesaria bajo el dominio de la burguesía, llamaban a tal lucha una insensatez, preconizaban la paz entre las clases, la perdurabilidad. del capitalismo.

Diccionario filosófico · 1965:219-220

Historiadores franceses de la época de la Restauración

(A. Thierry, F. Mignet, F. Guizot, A. Thiers). Historiadores burgueses que se promovieron en el período de la Restauración (años 20 del siglo 19). Bajo el influjo de la experiencia de la revolución burguesa en Francia y de las ideas de Saint-Simon, dichos historiadores fueron más lejos que los materialistas franceses del siglo 18 en la explicación del desarrollo social. Consideraban la historia del feudalismo hasta la victoria de la sociedad burguesa como historia de lucha de las clases, interpretándola como lucha del “tercer estamento”, con la burguesía a la cabeza, contra la nobleza. Vinculaban las causas de la lucha de clases con la diferencia existente entre los intereses económicos de las clases sociales. Pero al reducir la vida social a las relaciones patrimoniales, los historiadores franceses no advirtieron su base –la dialéctica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción– y en el problema del origen de las clases mantenían posiciones idealistas, atribuyendo el papel decisivo a la violencia: conquistas, guerras. Siendo ideólogos de la burguesía liberal, negaban las contradicciones en el seno del “tercer estamento”, incluyendo en éste a todo el pueblo en conjunto, salvo la nobleza y el clero; reconocían legítima y progresista la lucha de clase únicamente porque se libraba contra el feudalismo, en aras del triunfo de la burguesía, al tiempo que la lucha de clase del proletariado o bien quedaba inadvertida o bien considerada como infracción del régimen normal, natural; predicaban la paz entre las clases y la eternidad del capitalismo.

Diccionario de filosofía · 1984:210