Filosofía en español 
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Idealismo

Idealismo

El idealismo es una de las dos tendencias fundamentales en filosofía, que en la solución del problema sobre la relación entre el ser y el pensar por oposición al materialismo, considera primario la conciencia, el espíritu, negando que éstos sean un producto de la materia. El idealismo considera el mundo como la encarnación de una “conciencia”, de una “idea absoluta”, de un “espíritu universal”. El idealismo afirma que “sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo existen en nuestra conciencia, en nuestras sensaciones, en nuestras percepciones, en nuestras ideas” (Stalin). La tendencia idealista en filosofía se divide en dos principales variantes. El idealismo subjetivo toma como base las sensaciones, las percepciones, la conciencia de la persona individual, del sujeto. Esta variante del idealismo está relacionada, ante todo, con el nombre del filósofo inglés Berkeley (ver), quien consideraba que los objetos sólo existen en las sensaciones, como un complejo de sensaciones, negando la existencia de los objetos reales, independientes del hombre, así como que actúen sobre nuestros órganos de los sentidos y provoquen en nosotros determinadas sensaciones. Este punto de vista conduce inevitablemente al solipsismo (ver), es decir, a reconocer que sólo existe el sujeto que percibe. Todo lo demás es sólo el resultado de la actividad de su conciencia. La prueba más evidente contra esta filosofía, como en general contra toda filosofía idealista, es la práctica humana, que a cada paso viene convenciendo al hombre de que hay que distinguir entre la ilusión y la realidad, entre el “complejo de sensaciones” que nace en el sueño, y el “complejo de sensaciones” creado por los objetos que realmente existen y que obran sobre nuestros órganos de los sentidos. A diferencia del idealismo subjetivo, el idealismo objetivo toma como fundamento, no la conciencia personal, no la conciencia subjetiva, sino la conciencia impersonal, objetiva, la conciencia en general: la razón universal, la voluntad universal, &c., que existen, a juicio de los idealistas objetivos, en forma autónoma, independientemente del hombre. El idealismo está ligado muy íntimamente con la religión y conduce, en una forma u otra, a la idea de Dios. El idealismo tiene sus raíces en la división de clases de la sociedad, así como en el propio proceso del conocimiento. Señalando que el idealismo es un clericalismo, subrayando, a la vez, que el “idealismo filosófico es (‘más bien’ y ‘además’) el camino hacia el clericalismo a través de uno de los matices del infinitamente completo (dialéctico) conocimiento del hombre”, Lenin pone al descubierto las raíces gnoseológicas del idealismo. En el propio conocimiento, en el proceso de la generalización de los fenómenos, existe la posibilidad de que la conciencia se separe, se aleje de la realidad; la posibilidad de convertir (y además una conversión imperceptible, inconsciente para el hombre) los conceptos generales en un ente absoluto, separado de la materia y divinizado. Los conceptos y las ideas abstractos que descubren lo general en los fenómenos son convertidos por el idealismo objetivo en la base de todo lo existente; el mundo real, objetivo que nos circunda es transformado, desde este punto de vista, en el segundo ser del concepto, de la idea, su copia pálida e inexacta. Para el idealista objetivo, los conceptos, las ideas, no son el producto de las síntesis en el conocimiento de los objetos realmente existentes. Por el contrario, estos objetos sólo existen por cuanto existen sus conceptos e ideas. Así, por ejemplo, sintetizando las manzanas, peras, fresas y almendras realmente existentes en el concepto de “fruta”, el idealismo objetivo considera este concepto (“fruta”) abstraído de la realidad objetiva, como el fundamento de la propia existencia de estas manzanas, peras, fresas y almendras. Como consecuencia, dice Marx, obtenemos “frutas que brotaron, no del suelo material, sino del éter de nuestro cerebro”. Esta posibilidad de deificar los conceptos se debe a determinadas condiciones sociales, como son: la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, la aparición de las clases y de la explotación. La interpretación idealista de los fenómenos de la Naturaleza fue desarrollada como norma por los ideólogos de las clases reaccionarias o por los de las clases que llegaban a compromisos con ellas. Los representantes más antiguos del idealismo filosófico fueron, con algunas excepciones, los pitagóricos. En sus doctrinas, que representaban la organización política de la aristocracia griega, en lucha activa contra la democracia, los pitagóricas desarrollaban la teoría idealista de los números como fundamento y esencia de la existencia. El representante más destacado del idealismo griego antiguo fue Platón (ver), quien declaró que el mundo verdadero es el suprasensorial, de las ideas, y el mundo de las cosas reales es el de las sombras, el mundo de los pálidos reflejos de las ideas. En la sociedad feudal predominaba la escolástica idealista que convirtió la filosofía en sirviente de la teología. Durante el período de la desintegración del feudalismo y el desarrollo de las relaciones burguesas, de la burguesía revolucionaria de los países avanzados (Inglaterra, Holanda) surgen muchos filósofos materialistas (Bacon, Spinoza, &c.), frente a los cuales, durante la época del afianzamiento de las relaciones capitalistas en Inglaterra, reaccionan el idealismo subjetivo de Berkeley y el agnosticismo de Hume. La burguesía alemana del siglo XVII y de principios del XVIII, interesada en desarrollar las relaciones burguesas, pero al mismo tiempo vinculada muy estrechamente al feudalismo, con el cual establecía un compromiso, inspira al filosofo idealista Leibnitz (ver). En el siglo XVIII y en la primera mitad del XIX aparece en Alemania la filosofía idealista clásica (Kant, Fichte, Schelling, Hegel) que refleja el carácter de compromiso de la burguesía alemana de esa época: por un lado, sus sueños revolucionarios y, por el otro, su impotencia para realizar la revolución burguesa a causa del exiguo desarrollo de las relaciones económicas y la dispersión política de Alemania. Los representantes del idealismo clásico alemán no sólo absorbieron en su filosofía mucho de lo más valioso que había en el desarrollo de la ciencia, sino que, en forma idealista, emitieron toda una serie de pensamientos geniales que presagiaban los descubrimientos de las ciencias naturales del siglo XIX (la filosofía de la naturaleza de Kant y de Schelling). La culminación del idealismo filosófico alemán fue la filosofía de Hegel, que, sobre la base del idealismo objetivo, por vez primera, vio el mundo como un proceso, es decir, en movimiento, mutación y desarrollo continuos e intentaba indagar la conexión mutua interna de este movimiento y desarrollo. “La mistificación que ha padecido la dialéctica en manos de Hegel, no ha impedido, ni mucho menos, que fuera precisamente Hegel el primero que diera un cuadro cabal y consciente de sus formas generales del movimiento” (Marx). Hegel fue el último representante de una filosofía idealista en la que, a pesar del idealismo, hay momentos valiosos, progresistas. Después de Marx y Engels –creadores del materialismo dialéctico, la concepción filosófica del mundo y el método filosófico del proletariado revolucionario–, la filosofía burguesa degenera, copiando de los sistemas idealistas del pasado las ideas más reaccionarias, anticientíficas y místicas. Un carácter particularmente reaccionario adopta la filosofía burguesa durante la época del imperialismo. La filosofía idealista reaccionaria burguesa llega a convertirse en bandera del revisionismo y del oportunismo. Defendiendo la idea de la colaboración de clases, luchando contra la idea de la revolución proletaria, el revisionismo arroja del marxismo la dialéctica materialista, tratando de conciliar eclécticamente la doctrina de Marx con cualquier filosofía idealista. Sólo en la URSS, donde el único sistema imperante es el de la economía socialista, donde fue suprimida la explotación del hombre por el hombre, donde son superados los contrastes entre el trabajo intelectual y el manual, es posible un incontenible progreso del desarrollo de la producción y de la ciencia, creándose las condiciones y premisas para la extinción definitiva de la concepción idealista del mundo. En la interpretación de los fenómenos sociales, todos los filósofos anteriores a Marx y Engels tomaban como punto de partida el idealismo, la afirmación de que la historia se reduce al progreso de las ideas y que el motor fundamental de la historia son los hombres ilustrados, los “héroes”, que crean la historia sin el pueblo. Estas mismas posiciones idealistas las ocupaban también los populistas rusos (Lavrov, Mijailovski) y en ellas permanece hasta hoy la ciencia burguesa. Hasta los materialistas anteriores a Marx, caían en el idealismo cuando trataban de dar una interpretación de los fenómenos sociales. Marx y Engels expulsaron el idealismo también de este último refugio. Sólo el marxismo señaló el verdadero fundamento de la sociedad, descubriendo que la base de las ideas son las condiciones materiales de la vida. El marxismo creó, por primera vez, una concepción consecuentemente materialista del mundo, hostil al idealismo hasta el fin.

Diccionario filosófico marxista · 1946:147-150

Idealismo

Corriente filosófica anticientífica que, contrariamente al materialismo, resuelve el problema fundamental de la filosofía, el de la relación entre el pensamiento y el ser, haciendo de la conciencia, del espíritu, el dato primario. El idealismo considera el mundo como una encarnación de la “conciencia”, de la “idea absoluta”, del “espíritu universal”. Sólo nuestra conciencia tendría una existencia real, y el mundo material, el ser, la naturaleza, no sería más que el producto de la conciencia, de las sensaciones, de las representaciones, de los conceptos.

Se distinguen dos variedades principales de la filosofía idealista: el idealismo subjetivo y el idealismo “objetivo”. El idealismo subjetivo coloca en la base de todo lo que existe la sensación, la representación, la conciencia del individuo, del sujeto. Esta doctrina está vinculada sobre todo al nombre del arzobispo inglés Berkeley (ver) y niega la existencia, más allá de nuestras sensaciones, de objetos reales, independientes del hombre, que actúen sobre nuestros órganos de los sentidos y provoquen sensaciones determinadas. El idealismo subjetivo desemboca necesariamente en el solipsismo (ver). La práctica social que nos convence a cada paso de que las sensaciones, las representaciones del hombre reflejan objetos reales, demuestra, mejor que nada, el carácter anticientífico del idealismo subjetivo, una de las formas de la filosofía idealista.

Para el idealismo “objetivo”, la base de todo lo que existe está constituida no por la conciencia individual, subjetiva, sino por una ignorada conciencia “objetiva” y mística, la conciencia en general: el “espíritu universal”, la “voluntad universal”, &c., que según los idealistas “objetivos” existen independientemente del hombre. En realidad, no existe ni puede existir ninguna conciencia “objetiva”, vale decir, independientemente del hombre.

El idealismo se halla estrechamente ligado a la religión y conduce de uno u otro modo a la idea de Dios. Es el auxiliar y aliado fiel de la religión. Lenin indica que el idealismo es el obscurantismo, más precisamente, “el idealismo filosófico es (‘más bien’ y ‘además’) un camino que conduce al obscurantismo clerical a través de uno de los matices del conocimiento (dialéctico) infinitamente complejo del hombre” (Cuadernos filosóficos, Ed. rusa). El idealismo tiene sus raíces en la vida social, y también, en el proceso mismo del conocimiento. El proceso del conocimiento, de la generalización de los fenómenos, hace posible la ruptura entre la conciencia y la realidad, la transformación de las nociones generales en un absoluto separado de la materia y divinizado. Así, hablando de la relación entre las manzanas, peras, fresas, almendras que existen realmente, y su noción general, el “fruto”, el idealista “objetivo” coloca ese concepto, que no es más que una abstracción de la realidad, en la base misma de la existencia de esas manzanas, peras, fresas, almendras. De modo semejante, el idealismo subjetivo, bajo pretexto de que es imposible conocer los objetos sin las sensaciones, hace de esta última la única realidad y niega la existencia del mundo exterior.

La separación del trabajo intelectual y del trabajo manual, la aparición de las clases y de la explotación, tales son las condiciones sociales que engendran el idealismo filosófico. La interpretación idealista de los fenómenos de la naturaleza constituye el hecho principal de los ideólogos de las clases reaccionarias. Así, por regla general, el idealismo filosófico desempeñó en la historia de la sociedad un papel reaccionario: combate a las fuerzas del progreso, de la democracia y de la ciencia.

El idealismo se originó en tiempos muy remotos en la antigüedad. El idealismo “objetivo” de la Grecia antigua está representado por Platón (ver) intérprete de los intereses de la aristocracia esclavista, adversario apasionado de la democracia antigua. Para Platón, el mundo real es el mundo suprasensible de las ideas, mientras que el mundo de las cosas reales es el de las sombras, de los pálidos reflejos de las ideas. En la sociedad feudal, la escolástica religiosa idealista hace de la filosofía una servidora de la teología. En la época de la decadencia del feudalismo y del desarrollo de las relaciones burguesas, la burguesía revolucionaria de los países económicamente desarrollados (Inglaterra y Holanda) ofrece todo un conjunto de filósofos materialistas (F. Bacon, ver, Spinoza, ver, Hobbes, ver, y otros). El subjetivismo de Berkeley y el escepticismo de Hume (ver), constituyen las formas de lucha del idealismo contra el materialismo de los filósofos ingleses, una vez afirmadas las relaciones capitalistas en Inglaterra.

La filosofía idealista alemana del siglo XVIII y del primer tercio del siglo XIX (Kant, ver, Fichte, ver, Schelling, ver, Hegel, ver) representa una reacción provocada por la Revolución Francesa y el materialismo francés del siglo XVIII que habían desempeñado un papel importante en la lucha contra la ideología religiosa y el idealismo filosófico (La Mettrie, ver, Holbach, ver, Diderot, ver, Helvecio, ver, y otros). Hegel impulsa al idealismo filosófico a su límite extremo: para él, todo es idea o encarnación de la idea. Hegel es el último representante de esa filosofía idealista que, a pesar de su idealismo, encerraba importantes elementos de progreso (médula racional de la dialéctica de Hegel, su doctrina del desarrollo).

Corresponde un gran mérito en la lucha contra el idealismo filosófico al gran materialista alemán Feuerbach (ver), a los materialistas rusos del siglo XVIII y XIX: Lomonósov (ver), Radishchev (ver), Belinski (ver), Herzen (ver), Chernishevski (ver), Dobroliúbov (ver), Pisarev (ver), Sechenov (ver), y otros.

Posteriormente, la filosofía idealista degenera al tomar de los sistemas filosóficos del pasado las teorías más reaccionarias y místicas. Y en la época del imperialismo, la filosofía idealista se hace más reaccionaria. El fin del siglo XIX y comienzos del XX se destacan por la notoriedad del empiriocriticismo (ver) de Mach y Avenarius que resucitaban la doctrina de Berkeley. En su crítica virulenta del “machismo”, Lenin decía: “...no es posible dejar de ver tras la escolástica gnoseológica del empiriocriticismo la lucha de los partidos en filosofía, lucha que en definitiva expresa las tendencias y la ideología de las clases enemigas en la sociedad contemporánea” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 402, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Pero nunca como ahora ha sido tan profundo el marasmo de la filosofía idealista.

Los renegados y los traidores a la clase obrera han sacado siempre partido de la filosofía burguesa para justificar el oportunismo y el revisionismo. Al preconizar la idea de la colaboración de clases, al luchar contra la idea de la revolución proletaria, el revisionismo rechaza la dialéctica materialista y trata de combinar de un modo ecléctico la doctrina de Marx con tal o cual variedad de la filosofía idealista. Los actuales dirigentes de los socialistas de derecha, proclaman abiertamente el idealismo filosófico. Pero en vano los idealistas se esfuerzan en defender su causa reaccionaria. Los progresos de la ciencia y los éxitos de las fuerzas de la democracia y el socialismo hacen perder, una tras otra, sus posiciones al idealismo filosófico. El hundimiento del capitalismo arrastrará tras sí la destrucción de las bases sociales del idealismo.

Para explicar los fenómenos sociales, todos los filósofos anteriores a Marx y Engels, inclusive los materialistas, se asentaban en posiciones idealistas: afirmaban que el progreso histórico es en esencia obra de los hombres instruidos, de los “héroes” que crean la historia sin el pueblo; que este último es una fuerza pasiva, inerte, incapaz de elevarse a la altura de las actividades históricas. Estas concepciones idealistas eran compartidas por los populistas rusos (Lavrov, ver, Mijailovski), los socialistas pequeño-burgueses, los anarquistas, &c. Ciertos filósofos burgueses proclaman en nuestros días, en interés de los monopolistas, las teorías más reaccionarias: el racismo (ver), el malthusianismo, &c. Marx y Engels desalojaron al idealismo de su último refugio, del dominio de las ciencias sociales. El marxismo ha demostrado que el modo de producción de los bienes materiales (ver) es la fuerza principal del desarrollo social, que el pueblo, las masas trabajadoras son los artesanos de la historia. Los fundadores del marxismo fueron los primeros en crear una concepción del mundo materialista consecuente e irreductiblemente hostil al idealismo. La aparición del materialismo marxista señala una revolución en la historia de la filosofía materialista.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:245-247

Idealismo

(del griego ἰδέα: forma, imagen, idea). Corriente filosófica opuesta al materialismo en el modo de resolver la cuestión fundamental de la filosofía. Según el idealismo, lo espiritual, lo inmaterial posee carácter primario, y lo material, carácter secundario; ello lo aproxima a las tesis de la religión sobre la naturaleza finita del mundo en el tiempo y en el espacio y sobre su creación por Dios. El idealismo ve la conciencia al margen de la naturaleza, con lo que mistifica inevitablemente la conciencia humana y el proceso del conocimiento; por regla general, propugna el escepticismo y el agnosticismo. El idealismo consecuente contrapone al determinismo materialista el punto de vista teleológico (Teleología). Los filósofos burgueses emplean el término de “idealismo” en muchos sentidos, pero la corriente en sí es considerada como auténticamente filosófica. El marxismo-leninismo demuestra la inconsistencia del punto de vista idealista; sin embargo, frente al materialismo metafísico y vulgar, que considera el idealismo tan sólo como un absurdo y un despropósito, subraya la existencia de raíces gnoseológicas en cualquier forma concreta de idealismo (véase Lenin, t. XXXVIII, pág. 361). El desarrollo del pensar teórico hace que la posibilidad del idealismo –separación de los conceptos respecto a sus objetos– se dé ya en la abstracción más elemental. Dicha posibilidad se convierte en realidad sólo en las condiciones de una sociedad de clases, donde el idealismo surge como prolongación, revestida de forma científica, de las fantásticas representaciones mitológicas y religiosas. Por sus raíces sociales, el idealismo, en oposición al materialismo, suele aparecer como concepción del mundo de las capas y clases conservadoras y reaccionarias no interesadas en que se refleje con fidelidad el ser ni en que se desarrollen las fuerzas productivas y se reestructuren radicalmente las relaciones sociales. Además, el idealismo confiere significado absoluto a las dificultades inevitables que surgen en el avance del conocimiento humano y, con esto, frena el progreso científico. Por otra parte, algunos filósofos idealistas, al plantear nuevas cuestiones gnoseológicas y al ver en determinado sentido la forma del proceso de la cognición, han estimulado el estudio de varios problemas filosóficos (Hegel, por ejemplo, “adivinó” en la dialéctica de los conceptos la dialéctica de las cosas). Frente a los filósofos burgueses, que consideran que existe una multiplicidad de formas independientes de idealismo, el marxismo-leninismo divide todas las variedades de idealismo en dos grupos: idealismo objetivo, que toma como base de la realidad un espíritu personal o impersonal, cierta conciencia supraindividual, e idealismo subjetivo, que construye el mundo basándose en las particularidades de la conciencia individual. Sin embargo, la diferencia entre el idealismo objetivo y el subjetivo no es absoluta. Muchos sistemas idealistas objetivos contienen elementos de idealismo subjetivo; por otra parte, no es raro que los idealistas subjetivos, intentando evitar el solipsismo, hagan suyos algunos principios del idealismo objetivo. En la historia de la filosofía, las doctrinas idealistas objetivas surgen inicialmente en el Oriente (Vedanta, Confucianismo). La forma clásica del idealismo objetivo se dio en la filosofía de Platón. La particularidad del idealismo objetivo de Platón, y del idealismo grecorromano en general, estriba en sus lazos con las representaciones religioso-mitológicas. Esos lazos se intensifican a principios de nuestra era, en la época de crisis de la sociedad antigua, cuando florece el neoplatonismo, estrechamente unido no sólo a la mitología, sino, además, al misticismo extremo. Esta característica del idealismo objetivo se acentúa todavía más en la época medieval, cuando la filosofía se subordina por entero a la teología cristiana y musulmana (San Agustín, Tomás de Aquino). La reestructuración del idealismo objetivo, obra ante todo de Tomás de Aquino, se basaba en un aristotelismo falseado. Después de Tomás de Aquino, el concepto fundamental de la filosofía idealista objetiva del escolasticismo fue el concepto de forma inmaterial, tratada como principio teleológico que cumple la voluntad de un dios extranatural, sabio planificador del mundo finito en el tiempo y en el espacio. A partir de Descartes, en la filosofía burguesa de la Época Moderna el idealismo subjetivo va avanzando a medida que cobran mayor relieve los motivos de tipo individualista. El idealismo subjetivo halló su manifestación clásica en la parte gnoseológica del sistema de Berkeley y en la filosofía de Hume. Dos principios, uno idealista subjetivo y otro idealista objetivo se combinan en la filosofía de Kant con la afirmación materialista de que la “cosa en sí” es independiente de la conciencia del sujeto; la primera de las tesis aludidas es la que se refiere a las formas apriorísticas de la conciencia del sujeto, tesis que sirve de base al agnosticismo; la segunda, es la que afirma el carácter supraindividual de tales formas apriorísticas. Posteriormente, la tendencia idealista subjetiva prevalece en la de Schelling y, sobre todo, en la de Hegel, quien creó un sistema universal de idealismo dialéctico. Después de la desintegración de la escuela hegeliana, la evolución del idealismo está determinada por el hecho de que la burguesía pierde su posición social progresiva y por su lucha contra la filosofía del materialismo dialéctico. Entre los propios filósofos burgueses, el concepto de “idealismo” empezó a ser identificado sólo con su forma espiritualista más abierta. Aparecieron numerosas teorías “intermedias” y hasta muchas que pretendían “elevarse” por encima del idealismo y del materialismo (positivismo, neorrealismo, &c.). Se intensificaron las tendencias agnósticas e irracionalistas, la desconfianza en la razón humana, en el futuro de la humanidad, &c. La crisis general del capitalismo condujo a la difusión de formas del idealismo tales como el existencialismo y el neopositivismo. A esa misma causa se debe la reanimación de varias escuelas de la filosofía católica, ante todo del neotomismo. Las tres corrientes mencionadas constituyen las variedades fundamentales del idealismo a mediados del siglo XX, pero a su lado y dentro de ellas continúa el proceso de desintegración del idealismo en pequeñas escuelas epigónicas. Las principales causas sociales de la “multiplicidad” de formas del idealismo contemporáneo (fenomenología, realismo crítico, personalismo, pragmatismo, filosofía de la vida, &c.) radican en el proceso, cada vez más profundo, de descomposición de la conciencia burguesa y en el afán de afirmar la ilusión de “independencia” de la filosofía idealista respecto a las fuerzas políticas del imperialismo. Por otra parte, se registra hasta cierto punto un proceso inverso: el de aproximación e incluso “hibridación” de diferentes tendencias idealistas sobre la base de la orientación general anticomunista del idealismo burgués del siglo XX. Los fundamentos científicos de la crítica de las formas idealistas actuales fueron expuestos por Lenin en su libro Materialismo y empiriocriticismo, donde se hace un análisis marxista no sólo de la variedad machista del positivismo, sino, además, del contenido básico de toda la filosofía burguesa de la época imperialista.

Diccionario filosófico · 1965:228-230

Idealismo

Corriente filosófica contraria al materialismo en la solución del problema fundamental de la filosofía. El idealismo parte de que lo espiritual, lo inmaterial, es primario, y lo material, secundario. Esto lo acerca a los dogmas de la religión sobre la finitud del mundo en el tiempo y el espacio y la creación del mundo por Dios. El idealismo estudia la conciencia separándola de la naturaleza, en virtud de lo cual mistifica ineluctablemente a aquélla y al proceso del conocimiento, y a menudo llega al escepticismo y al agnosticismo. El idealismo consecuente opone al determinismo materialista el punto de vista teleológico (Teleología). Los filósofos burgueses usan el término “idealismo” en muchos sentidos y, a veces, consideran esta corriente como auténticamente filosófica. El marxismo-leninismo demuestra la endeblez de este punto de vista, pero, a diferencia del materialismo metafísico y vulgar, que no enfoca el idealismo sino como absurdidad y disparate, subraya la existencia de raíces gnoseológicas en toda forma concreta de idealismo. El desarrollo del pensamiento teórico conduce a que la posibilidad del idealismo –separación de los conceptos de sus objetos– se contenga ya en la abstracción más elemental. El idealismo surge como continuación pseudocientífica de las representaciones mitológicas fantástico-religiosas. Por sus raíces sociales, el idealismo, a diferencia del materialismo, constituye de ordinario la cosmovisión de las capas y clases conservadoras y reaccionarias, no interesadas en un reflejo correcto del ser ni en la transformación cardinal de las relaciones sociales. Cabe decir que el idealismo absolutiza las dificultades inevitables del desarrollo del conocimiento humano y frena de este modo el progreso científico. Al mismo tiempo, algunos representantes del idealismo, al plantear nuevas cuestiones gnoseológicas e investigar las formas del proceso de conocimiento, estimularon en gran medida el análisis de una serie de importantes problemas filosóficos. Contrariamente a los filósofos burgueses, que cuentan con numerosas formas independientes del idealismo, el marxismo-leninismo divide todas sus variedades en dos grupos: el idealismo objetivo, que toma por base de la realidad el espíritu universal personal o impersonal, cierta conciencia supraindividual, y el idealismo subjetivo, que reduce los conocimientos sobre el mundo al contenido de la conciencia individual. Ahora bien, la diferencia entre el idealismo objetivo y el idealismo subjetivo no es absoluta. Numerosos sistemas idealistas objetivos contienen elementos de idealismo subjetivo; por otra parte, los idealistas subjetivos, tratando de eludir el solipsismo, a menudo pasan a ocupar las posiciones del idealismo objetivo. Las doctrinas idealistas objetivas surgen por primera vez en Oriente (Vedanta, Confucianismo). La filosofía de Platón es la forma clásica del idealismo objetivo. La particularidad del idealismo objetivo de Platón, propia del idealismo antiguo en general, consiste en su estrecha ligazón con las representaciones mitológico-religiosas. Esta ligazón se hace más estrecha al comienzo de nuestra era, en la época de la crisis de la sociedad antigua, cuando se desarrolla el neoplatonismo, fundido no sólo con la mitología, sino también con el misticismo extremo. Esta peculiaridad del idealismo objetivo se expresa con una fuerza todavía mayor en el Medioevo, cuando la filosofía se subordina por completo a la teología (San Agustín, Tomás de Aquino). Después de Tomás de Aquino, el principal concepto de la filosofía escolástica idealista objetiva pasó a ser el concepto de forma inmaterial, que se interpretaba como principio concreto, que cumple la voluntad de un dios extranatural, que sabiamente había planificado el mundo finito en el tiempo y en el espacio. A partir de Descartes, a medida que se refuerzan los motivos individualistas en la filosofía burguesa de la Edad Moderna, se desarrolla cada vez más el idealismo subjetivo. La manifestación clásica del idealismo subjetivo es la gnoseología del sistema de Berkeley y de la filosofía de Hume. En la filosofía de Kant, la afirmación materialista acerca de la independencia de las “cosas en sí” respecto de la conciencia del sujeto se conjuga, por una parte, con la tesis idealista subjetiva sobre las formas apriorísticas de esta conciencia, que fundamentan el agnosticismo, y por la otra, con el reconocimiento idealista objetivo del carácter supraindividual de dichas formas. Más tarde, la tendencia idealista subjetiva predominó en la filosofía de Fichte, y la idealista objetiva, en la filosofía de Schelling, y sobre todo, en la de Hegel, que creó el sistema universal del idealismo dialéctico. Después de la disgregación de la escuela hegeliana, la evolución del idealismo varió en correspondencia con la pérdida por la burguesía de su papel social progresista y su lucha contra el materialismo dialéctico. Los filósofos burgueses mismos empezaron a identificar el concepto de “idealismo” sólo con su forma más declarada, espiritualista. Aparecieron numerosas doctrinas supuestamente “intermedias” y hasta las que pretendían “estar por encima” del idealismo y el materialismo (positivismo, neorrealismo, &c.). Se reforzaron las corrientes agnósticas e irracionalistas, la mitologización de la filosofía y la falta de fe en la razón humana, en el porvenir de la humanidad, &c. Se desarrolló el pseudoateísmo reaccionario (nietzscheanismo, concepciones filosóficas fascistas, algunas modalidades del positivismo, &c.). En el período de la crisis general del capitalismo se difundieron las formas del idealismo tales como el existencialismo y el neopositivismo, así como varias escuelas de la filosofía católica, ante todo, el neotomismo. Las tres corrientes mencionadas son las principales variedades del idealismo de mediados del siglo 20, pero además de ellas y dentro de ellas, en la segunda mitad del mismo continúa el proceso de desintegración del idealismo en pequeñas escuelitas epígonas. Las principales causas sociales de la “variedad” de formas del idealismo moderno (fenomenología, realismo crítico, personalismo, pragmatismo, filosofía de la vida, antropologismo filosófico, concepción de la Escuela de Francfort, &c.) son, por una parte, el proceso cada vez más profundo de disgregación de la conciencia burguesa y el afán de consolidar la ilusión de que la filosofía idealista “no depende” de las fuerzas políticas del imperialismo. Por otra parte, transcurre también el proceso contrario: el acercamiento y hasta la “hibridación” de las diversas corrientes del idealismo sobre la base de la orientación anticomunista general de la ideología burguesa del siglo 20. Los fundamentos científicos de la crítica de las formas modernas del idealismo los colocó Lenin en su libro Materialismo y empiriocriticismo, en el que se hace un análisis marxista no sólo de la variedad machista del positivismo, sino también del contenido principal de toda la filosofía burguesa de la época del imperialismo.

Diccionario de filosofía · 1984:219-220