Filosofía en español 
Filosofía en español

Manuel Kant

Emmanuel Kant (1724-1804)

Fundador del idealismo clásico alemán. “El rasgo fundamental de la filosofía de Kant es la conciliación del materialismo con el idealismo, el compromiso entre ellos” (Lenin). Kant afirma que existe algún objeto fuera de nuestra conciencia, al que llama “cosa en sí”, que a su juicio, por otra parte, es por principio incognoscible, está más allá de nuestro conocimiento (“transcendente”). “Cuando Kant admite que a nuestras representaciones corresponde algo fuera de nosotros, alguna cosa en sí, Kant es materialista. Pero cuando declara esta cosa en sí como incognoscible... Kant se manifiesta como idealista” (Lenin). Al reconocer la “cosa en sí” como incognoscible, Kant construyó la teoría del conocimiento sobre bases que le acercan al idealismo subjetivo. Bajo la influencia del impulso comunicado a la “cosa en sí”, la facultad sensorial del hombre, a juicio de Kant, crea un caos de percepciones que son ordenadas con la ayuda de formas subjetivas de contemplación: el espacio y el tiempo. De esta manera se obtienen fenómenos u objetos sensoriales. Más adelante actúa el entendimiento, que con la ayuda de las categorías lógicas subjetivas que le son inherentes, convierte este objeto sensible (fenómeno) en un concepto. La esfera superior del conocimiento humano es la razón, que se guía también por ideas subjetivas: del alma como sustancia; del mundo como un todo único; de dios. Kant consideraba, pues, que el espacio, el tiempo, la causalidad, las leyes da la Naturaleza, no son propiedades de la misma Naturaleza, sino de la facultad cognoscitiva del hombre. Kant las reconoció como preexperimentales: “apriorísticas”, y como condiciones de toda experiencia: “transcendentales”; (de aquí el nombre que Kant dio a su filosofía: “Idealismo trascendental”, es decir, el idealismo que reconoce que las formas apriorísticas del conocimiento anteceden a la experiencia y la condicionan). Kant decía que el entendimiento impone las leyes a la Naturaleza. Todo el cuadro de la Naturaleza, tal como se representa ante el conocimiento humano, fue estimado por Kant como la construcción subjetiva del raciocinio. A juicio de Kant, la unidad de la Naturaleza no es dada por la materialidad de ésta, sino por la unidad del sujeto conocedor, del “Yo”. Todos los intentos de salirse fuera de los límites de la experiencia, a juicio de Kant, conducen inevitablemente a la razón, a contradicciones insolubles. Kant señaló correctamente que la razón cae inevitablemente en contradicciones, pero las propias contradicciones las concebía sólo como extravíos, como ilusiones y no como el reflejo de las efectivas contradicciones de la realidad. Como lo señaló Kant, su teoría del conocimiento consistía en establecer una tal delimitación de los derechos de la razón, que dejara lugar para dios más allá de los límites del conocimiento. En su teoría ética, estimaba indispensable para mantener la moral, reconocer la existencia de dios y de la inmortalidad del alma. Con su hipótesis acerca del origen del sistema solar, por primera vez en el siglo XVIII Kant intentó abordar la Naturaleza desde el punto de vista de su desarrollo. Engels concedía una gran importancia filosófica a la hipótesis kantiana, haciendo notar que Kant fue el primero en abrir una brecha en la concepción metafísica del mundo que niega el desarrollo. La filosofía de Kant era la ideología de la joven burguesía alemana que necesitaba hacer una crítica de los conceptos filosóficos y jurídicos de la época feudal, pero que, siendo débil, buscaba al mismo tiempo el compromiso con el absolutismo, no pudiendo pasar más allá de un liberalismo desdentado. El carácter liberal de la teoría de Kant aseguró su éxito a fines del siglo XIX entre los llamados neokantianos. Las obras principales de Kant son: Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo, 1755; Crítica de la razón pura, 1781; Prolegómenos para toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia, 1783: Crítica de la razón práctica, 1788; Crítica del juicio, 1790.

Diccionario filosófico marxista · 1946:165-166

Manuel Kant (1724-1804)

Uno de los más grandes filósofos, fundador del idealismo alemán de la segunda mitad del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. “El rasgo fundamental de la filosofía de Kant es que concilia el materialismo con el idealismo, sella un compromiso entre éste y aquél, compagina en un sistema único direcciones filosóficas heterogéneas, opuestas” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 216, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Por una parte, Kant reconoce la existencia de un mundo de cosas al margen de nuestra conciencia, de “cosas en sí”. (ver “Cosa en sí” y “Cosa para nosotros”). Por otra parte, la “cosa en sí” de Kant es, en su principio, incognoscible, se encuentra más allá de nuestro conocimiento (es “transcendente”). “Cuando Kant admite que a nuestras representaciones corresponde un algo existente fuera de nosotros, una cierta cosa en sí, entonces Kant es materialista. Cuando declara a esta cosa en sí incognoscible, transcendente, ultraterrenal Kant habla como idealista” (Ibid. p. 216). Lenin se refería a la “cosa en sí” incognoscible de Kant, como a una abstracción muerta, vacía de sentido. Al fin de cuentas, la “cosa en sí” en Kant se transforma en un simple símbolo del pensamiento. Tomando como punto de partida la incognoscibilidad de la “cosa en sí”, Kant construye su gnoseología subjetiva idealista. Bajo el impacto transmitido por la “cosa en sí”, la facultad de sentir del hombre crea un caos de percepciones que se ordena con ayuda de formas subjetivas de la sensibilidad: el espacio y el tiempo. Así aparece el fenómeno o el objeto de la sensación. En seguida entra en acción el entendimiento. Con ayuda de las categorías lógicas subjetivas que le son inherentes, el entendimiento convierte el objeto de la sensación (el fenómeno) en concepto. La esfera superior del conocimiento humano reside en la razón dirigida, también, por ideas subjetivas: el alma como substancia, el mundo como un todo homogéneo, Dios.

Según Kant, el espacio, el tiempo, la causalidad, las leyes de la naturaleza, no son propiedades de la naturaleza misma, sino propiedades del entendimiento humano, categorías a priori, anteriores a la experiencia, independientes de esta última, la condición de toda experiencia, categorías transcendentales. De ahí el nombre que Kant dio a su filosofía: “idealismo transcendental”, vale decir, un idealismo según el cual, las formas a priori de la conciencia preceden a la experiencia y la condicionan. De ese modo, el conocimiento separa al hombre de la naturaleza en lugar de unirlo a ella. Kant suministró a la filosofía burguesa las armas de la teoría de la incognoscibilidad del mundo, que los filósofos reaccionarios de todo pelaje utilizan todavía hoy, para luchar contra el materialismo y defender el fideísmo (ver). Fue él quien lanzó el principio idealista según el cual, el entendimiento dicta sus leyes a la naturaleza. Todo el cuadro de la naturaleza, tal como ésta se presenta ante el conocimiento humano, sería una construcción subjetiva de la inteligencia. Según Kant, la unidad de la naturaleza reside no en su materialidad, sino en la unidad del sujeto cognoscitivo, del “Yo”. Todas las tentativas de la razón para salir de los límites de la experiencia subjetiva, la conducen inevitablemente a contradicciones insolubles: se obtienen antinomias, las contradicciones dialécticas del entendimiento consigo mismo. Aquí aparecen ciertos elementos importantes de la dialéctica, propios de Kant, que desempeñaron luego un gran papel en el desarrollo ulterior de la dialéctica en la filosofía alemana. Pero Kant consideraba esas contradicciones como un error, como una ilusión, y no como el reflejo de las contradicciones reales del mundo exterior. Todas las consideraciones de Kant sobre el carácter contradictorio de la razón, sobre las antinomias (ver) confluyen a la defensa del agnosticismo (ver). Al igual que toda la filosofía de Kant, su teoría del conocimiento fue una reacción ante el materialismo francés; con ella, Kant se proponía restaurar el idealismo, rehabilitar a Dios y la religión, bastante quebrantados bajo los golpes de los materialistas. Kant conciliaba el conocimiento con la religión. Su teoría del conocimiento se propone limitar los derechos de la razón, dejar un lugar a Dios más allá del conocimiento. “Tuve que hacer lugar a la fe, poniendo un límite al conocimiento”, escribe en el prefacio a La crítica de la razón pura. En su doctrina ética, estimaba necesario, a fin de sostener la moralidad, reconocer la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.

En su primer período, Kant formuló la hipótesis sobre el origen del sistema solar, lo que contribuyó enormemente al progreso de las ciencias de la naturaleza. En su obra Historia natural del mundo y teoría del cielo, Kant abordó ese problema desde el punto de vista del desarrollo, lo que Engels apreció altamente. Engels señalaba que con su teoría, Kant abrió una brecha en la concepción metafísica del mundo, que negaba el desarrollo.

En los dominios social y político, Kant era partidario de la libertad cívica, de la paz eterna, &c., pero todo eso era, en su opinión, irrealizable. “Kant se contenta con la simple ‘buena voluntad’ aunque ésta no ofrezca resultados, y coloca la realización de esta buena voluntad, la armonía entre ella y las necesidades y las aspiraciones de los individuos, en el más allá. Esta buena voluntad de Kant corresponde perfectamente a la impotencia, a la situación penosa y a la miseria de los burgueses alemanes cuyos intereses mezquinos no fueron capaces jamás, de transformarse en intereses nacionales comunes de una clase...” (Marx/Engels, Obras, Ed. alem.). Kant comprendía la necesidad de ciertas reformas sociales y las exigía, y en este sentido, su doctrina reflejó los intereses del desarrollo burgués progresista de Alemania. Pero ello constituía, como dijeron Marx y Engels, la teoría alemana de la Revolución Francesa, vale decir, la ideología de una burguesía pusilánime, vacilante. Kant exigía de todos los súbditos una sumisión absoluta al Estado explotador, y les negaba el derecho a la resistencia. Era un enemigo de la violencia revolucionaria.

El kantismo es permanentemente una de las armas principales en manos de los ideólogos del imperialismo contra las ciencias naturales modernas y la filosofía científica del marxismo-leninismo. Al tiempo que repudian el elemento materialista de la filosofía kantiana, la “cosa en sí”, los filósofos burgueses y los revisionistas extraen de la gnoseología idealista subjetiva de Kant, sus argumentos contra el materialismo filosófico. Apoyándose en la filosofía de Kant los reformistas hacen del socialismo un ideal inaccesible, una especie de “cosa en sí”, en la cual se puede creer pero nada más. Con ayuda de la filosofía kantiana, tratan de embotar el filo revolucionario del marxismo, convertirlo en un instrumento de “paz social”, y utilizarlo para impedir el derrocamiento revolucionario del capitalismo. Denunciar y combatir las variedades modernas del kantismo es siempre una tarea importante y actual. Obras principales: Historia natural del mundo y teoría del cielo (1755), Crítica de la razón pura (1781), Prolegómenos (1783), Crítica de la razón práctica (1788), Crítica del juicio (1790). (ver igualmente Neo-kantismo).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:268-270

Immanuel Kant (1724-1804)

Filósofo y hombre de ciencia, fundador del idealismo clásico alemán. Nació, estudió y trabajó en Königsberg, donde fue profesor adjunto (1755-70) y profesor ordinario (1770-96); Kant es el fundador del idealismo “crítico” o “trascendental”. Durante su denominado periodo “precrítico” (hasta 1770), creó la hipótesis cosmogónica de la “nebulosa”, en la que explica el origen y la evolución del sistema planetario por la existencia de una “nebulosa” inicial. En ese mismo tiempo, formuló la hipótesis sobre la existencia de una gran Galaxia universal fuera de nuestra Galaxia, desenvolvió la teoría sobre el retardo –como resultado del rozamiento por las mareas– de la rotación diurna de la Tierra, y la teoría sobre la relatividad del movimiento y del reposo. Estas investigaciones, unidas por la idea materialista del desarrollo natural del universo y de la Tierra, desempeñaron un importante papel en la formación de la dialéctica. En los trabajos filosóficos de su período “precrítico”, Kant señaló –bajo el influjo del empirismo y del escepticismo de Hume– la diferencia entre fundamento real y fundamento lógico; introdujo en la filosofía el concepto de magnitudes negativas y se burló de la inclinación de sus contemporáneos por la mística y por las “visiones”. En todos esos trabajos, se limita el papel de los métodos deductivo-formales del pensar en favor de la experiencia. En 1770 tuvo lugar su paso a las concepciones del período “crítico”; en 1781 vio la luz la Crítica de la razón pura, a la que siguió la Crítica de la razón práctica (1788) y la Crítica del juicio (1790). En estas obras se exponía sucesivamente: la teoría “crítica” del conocimiento, la ética, la estética y la teoría sobre la adecuación a fines de la naturaleza. En los trabajos de su período “crítico”, Kant demuestra que es imposible construir un sistema de filosofía especulativa (“metafísica”, según la terminología entonces empleada) antes de haber investigado previamente las formas del conocimiento y los límites de nuestras facultades cognoscitivas. Tales investigaciones llevan a Kant al agnosticismo, a afirmar que la naturaleza de las cosas, tal como éstas existen en sí mismas (“cosas en sí”), es por principio inaccesible a nuestro conocimiento: sólo es posible conocer los “fenómenos”, es decir, el modo por el cual las cosas aparecen en nuestra experiencia. El conocimiento teórico cierto únicamente se da en matemáticas y en la ciencia natural. Según Kant, dicho conocimiento está condicionado por el hecho de que en nuestra conciencia existen formas “apriorísticas” de la contemplación sensorial, formas igualmente apriorísticas o conceptos del entendimiento y las formas apriorísticas de la conexión, o de la síntesis de la diversidad sensible y de los conceptos del entendimiento, en los que se basan, por ejemplo, la ley de la constancia de las sustancias, la ley de causalidad y la ley de interacción de las sustancias. En la razón, según Kant, se da un afán inextinguible de conocimiento absoluto, afán que se deriva de elevadas necesidades éticas. Bajo la presión de este afán, nuestro entendimiento procura resolver los problemas concernientes a los límites o a la infinitud del mundo en el espacio y en el tiempo, a la posibilidad de que existan elementos indivisibles del mundo, al carácter de los procesos que transcurren en el mundo, a Dios como ser absolutamente necesario. Kant consideraba que pueden fundamentarse con un mismo valor demostrativo soluciones contrarias: el mundo es finito, y no tiene límites; existen partículas indivisibles (átomos) y no hay partículas de ese tipo; todos los procesos transcurren como causalmente condicionados y existen procesos (actos) que se realizan libremente; existe un ser absolutamente necesario y tal ser no existe. Resulta, pues, que la razón es, por naturaleza, antinómica, es decir, se desdobla en contradicciones. Sin embargo, tales contradicciones, según Kant, no son más que aparentes. La solución del enigma está en la limitación del saber en beneficio de la fe, en diferenciar las “cosas en sí” y los “fenómenos”, en reconocer como incognoscibles las “cosas en sí”. Así, el hombre no es libre (como ser en el mundo de los fenómenos) y al mismo tiempo es libre (como sujeto del mundo suprasensible incognoscible); la existencia de Dios es indemostrable (para el saber), pero al mismo tiempo es un postulado necesario de la fe en el que se basa nuestra convicción de que existe un orden moral en el mundo, &c. Esta teoría sobre el carácter antinómico de la razón –teoría que le sirve a Kant de base para fundamentar el dualismo de las “cosas en sí” y los “fenómenos” y el agnosticismo– sirvió de impulso que llevo al idealismo clásico alemán a elaborar la dialéctica positiva. En cambio, en la concepción del conocer, de la conducta y de la obra creadora, dicha teoría quedó cautiva del dualismo, del agnosticismo y del formalismo. Así, en ética, Kant proclamó como ley fundamental el mandato incondicionado (Imperativo categórico) que exige guiarse por una regla tal que, con total independencia del contenido moral del acto, pueda convertirse en ley universal de la conducta. En estética, Kant reduce lo bello al agrado “desinteresado”, independientemente de si existe o no el objeto representado en la obra de arte, agrado que está condicionado sólo por la forma. De todos modos, Kant no pudo mantener su formalismo de manera consecuente: en ética –en contra del carácter formal del imperativo categórico– sostuvo el principio del valor intrínseco de cada persona, que no ha de ser sacrificada ni siquiera en nombre del bien de la sociedad toda; en estética –en contra del formalismo en la concepción de lo bello– declaró como forma suprema del arte la poesía, dado que ésta se eleva hasta la representación del ideal, &c. Eran progresivas la doctrina de Kant sobre el papel de los antagonismos en el proceso histórico de la vida de la sociedad y la teoría sobre la necesidad de la paz perpetua. Kant entendía que el medio para establecer y conservar la paz radica en el desarrollo del comercio y de las relaciones internacionales con los beneficios recíprocos que de ello se derivan, para los diferentes estados. La filosofía de Kant, que abunda en contradicciones, ejerció una inmensa influencia sobre el ulterior desarrollo del pensamiento científico y filosófico. Los clásicos del marxismo-leninismo, en su crítica de Kant, han puesto de relieve que la causa social de los errores, contradicciones e inconsecuencias de Kant, se encuentra en el atraso y debilidad de la burguesía alemana de aquel entonces. El pensamiento burgués, degradado, de fines del siglo XIX y primera mitad del XX, ha aprovechado la inconsecuencia de Kant, se ha apropiado varias de las doctrinas erróneas de este último para fundamentar las propias teorías reaccionarias (Neokantismo, Socialismo ético, Escuela de Marburgo, Escuela de Baden).

Diccionario filosófico · 1965:256-257

Immanuel Kant (1724-1804)

Filósofo y científico alemán, progenitor del idealismo clásico alemán. Kant es fundador del idealismo “crítico” o “trascendental”. En el denominado período “precrítico” (hasta 1770), Kant formuló la hipótesis cosmogónica en la que el surgimiento y la evolución del sistema planetario se deduce de una “nebulosa” inicial. Al mismo tiempo, Kant expuso la hipótesis acerca de la existencia de un gran Universo de galaxias fuera de nuestra Galaxia y desarrolló la teoría del retardo, a consecuencia del rozamiento por las mareas, de la rotación diurna de la Tierra, y la doctrina de la relatividad del movimiento y el reposo. Estas investigaciones, unidas por la idea materialista del desarrollo natural del Universo y de la Tierra, desempeñaron un importante papel en la formación de la dialéctica. En sus obras filosóficas del período “precrítico”, Kant trazó –bajo la influencia del empirismo y el escepticismo de Hume– la diferencia entre el fundamento real y el fundamento lógico, introdujo en la filosofía el concepto de magnitudes negativas y se mofó de la pasión de sus contemporáneos por la mística y el espiritismo. En todas estas obras, el papel de los métodos deductivos formales del pensamiento es limitado a favor de la experiencia. En 1770, Kant pasa a las concepciones del período “crítico”: en 1781 ve la luz la Crítica de la razón pura, le siguen la Crítica de la razón práctica (1788) y la Crítica del juicio (1790). En ellas se exponen consecuentemente: la teoría “crítica” del conocimiento, la ética, la estética y la doctrina de la racionalidad de la naturaleza. En sus trabajos del período “crítico”, Kant demuestra la imposibilidad de construir un sistema de la filosofía especulativa (“metafísica”, según la terminología de aquel entonces) antes de que se investiguen previamente las formas del conocimiento y los límites de nuestras capacidades cognoscitivas. Estas investigaciones conducen a Kant al agnosticismo, a la afirmación de que la naturaleza de las cosas, como existen por sí mismas (“cosas en sí”), es por principio inaccesible a nuestro conocimiento: este último sólo es posible respecto a los “fenómenos”, es decir, al método de descubrimiento de las cosas en nuestra experiencia. Un conocimiento teórico verídico sólo existe en las matemáticas y en las ciencias naturales. Según Kant, en la razón se encierra una aspiración inextinguible hacia el conocimiento incondicional. Bajo la presión de ello, el raciocinio humano aspira a resolver las cuestiones de los límites o la infinitud del mundo en el espacio y el tiempo, de la posibilidad de que existan los elementos, indivisibles del mundo, del carácter de los procesos que transcurren en él y de Dios como ser incondicionalmente necesario. Kant consideraba que con igual demostración pueden ser fundamentadas las soluciones contrarias: el mundo es, al mismo tiempo, finito y no tiene límites; existen partículas indivisibles (átomos) y no existen; todos los procesos transcurren como causalmente condicionados, y existen procesos (actos) que se realizan libremente; existe un ser incondicionalmente necesario, y no existe. Así pues, la razón es antinómica por su naturaleza, es decir, se desdobla en contradicciones. Ahora bien, según Kant, estas contradicciones son sólo aparentes. La solución del enigma consiste en limitar el conocimiento a favor de la fe, diferenciar las “cosas en sí” y los “fenómenos” y reconocer incognoscibles las “cosas en sí”. Por ejemplo, el hombre es, al mismo tiempo, no libre (como ser en el mundo de los fenómenos) y libre (como sujeto del mundo suprasensorial incognoscible); la existencia de Dios es indemostrable para el conocimiento y, al mismo tiempo, existe el postulado necesario de la fe, en el que se basa nuestra convicción de la existencia del orden moral en el mundo, &c. Esta doctrina del carácter antinómico de la razón, que servía a Kant de fundamento del dualismo de las “cosas en sí” y los “fenómenos” y del agnosticismo, estimuló la elaboración de la dialéctica positiva del idealismo clásico alemán. Por el contrario, en cuanto a la comprensión del conocimiento, la conducta y la creación, esta doctrina quedaba aprisionada por el dualismo, el agnosticismo y el formalismo. Así, en ética, Kant proclamó como su ley principal el imperativo categórico, que exige guiarse por una norma totalmente independiente del contenido moral del acto, el cual podría convertirse en ley universal de la conducta. En estética reduce lo bello al deleite “no interesado”, independientemente de si existe o no el objeto presentado en una obra de arte, y está condicionado sólo por la forma. Por lo demás, Kant no pudo aplicar consecuentemente su formalismo: en la ética, a despecho del carácter formal del imperativo categórico, expuso el principio del autovalor de cada individuo, que no debe ser sacrificado incluso para bien de toda la sociedad; en estética, a pesar del formalismo en la comprensión de lo bello, proclamó que la variedad suprema del arte es la poesía, ya que ella se eleva hasta la representación del ideal, &c. Fueron progresistas la doctrina kantiana del papel del antagonismo en el proceso histórico de vida de la sociedad y la doctrina acerca de la necesidad de la paz eterna. Kant estimaba que el desarrollo del comercio y la comunicación internacionales mutuamente ventajosos para los distintos Estados, constituye el medio de establecimiento y preservación de la paz. La doctrina kantiana, que abunda en contradicciones, ejerció una influencia colosal sobre el desarrollo del pensamiento científico y filosófico. Al criticar a Kant, los clásicos del marxismo-leninismo mostraron que la naturaleza social de sus extravíos, contradicciones e inconsecuencia estriba en la debilidad y el atraso de la burguesía alemana de aquel entonces. El pensamiento burgués de fines del siglo 19 y primera mitad del 20 utilizó la inconsecuencia de Kant e incorporó una serie de tesis erróneas para argumentar sus construcciones reaccionarias. (Neokantismo, Socialismo ético, Escuela de Marburgo, Escuela de Baden).

Diccionario de filosofía · 1984:243-244