Filosofía en español 
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Materialismo

Materialismo

El materialismo es una de las dos principales tendencias en la filosofía, que da la única respuesta científica correcta al problema cardinal de la filosofía sobre la relación entre el ser y el pensar. El materialismo, por oposición al idealismo, reconoce la materia como lo primario, y la conciencia, el pensar, como lo secundario. La forma superior del materialismo es el materialismo filosófico marxista (ver), que supera todos los defectos y debilidades de las anteriores doctrinas materialistas. El materialismo, en su evolución, se apoyó en la ciencia, particularmente en las ciencias naturales. A lo largo de toda la historia de la filosofía, el materialismo filosófico fue normalmente la concepción del mundo de las clases sociales de avanzada que luchaban por el progreso, interesadas en el desarrollo de las ciencias. El materialismo nació en las colonias jónicas de la Grecia Antigua a fines del siglo VII y principios del VI antes de nuestra era, en la época de la formación de las Ciudades-Estados, cuando se desarrollaban aceleradamente los oficios y el comercio. La concepción materialista del mundo de los primeros pensadores griegos antiguos está íntimamente relacionada con los primeros pasos de la ciencia. Los filósofos griegos antiguos, representantes de la llamada filosofía jónica (Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito), desenvolvieron la concepción materialista espontánea y dialéctica simplista del mundo. “La concepción materialista del mundo era, primitivamente, entre los filósofas griegos, algo absolutamente lógico y natural” (Engels). El problema fundamental de su filosofía era el problema del primer principio, de la primera materia. Tales consideraba que el agua es el primer principio de todas las cosas; Anaximandro, la materia indefinida, el “apeyron”; Anaxímenes, el aire; Heráclito, el fuego. Engels, caracterizando la filosofía de los jónicos, escribía: “…Aquí tenemos ante nosotros enteramente un primitivo materialismo espontáneo, que al nacer considera como natural la unidad en la variedad de los fenómenos de la Naturaleza, como algo que por sí mismo se comprende y la busca en algo definidamente corpóreo, o en algo especial, como Tales en el agua”. Tomando como base del mundo los diversas principios materiales, los jónicos lo concebían como un todo íntegro, como un proceso infinito de cambios y de transformaciones de estas primeras materias. Todos, según expresión de Engels, eran dialécticos “innatos”, para quienes la conexión universal de los fenómenos aparecía en la observación directa. Esta concepción del mundo, primitiva, pero en el fondo exacta, fue claramente expresada por Heráclito (alrededor de los años 544-484 antes de nuestra era). El posterior desarrollo del materialismo está vinculado, principalmente, con los nombres de Anaxágoras (alrededor de 500-428 antes de nuestra era), Empédocles (alrededor 460-425) y, especialmente, Demócrito (años 460-370), Epicuro (342-270) y Lucrecio (99-55). Los tres últimos fueron representantes del materialismo atomista de la antigüedad. Consideraban como la base de todo a los átomos, las más pequeñas partículas materiales, indivisibles e impenetrables que se mueven en el vacío infinito. De toda clase de asociaciones de estos átomos, diversas por su forma, está constituida, a su juicio, la variedad toda de los fenómenos de la Naturaleza. Existe una multitud infinita de mundos, que nacen del movimiento en torbellino de los átomos. Unos mundos nacen, otros perecen. El materialismo atomista de Demócrito, Epicuro y Lucrecio, estaba dirigido contra la idea de la injerencia de los dioses en el destino del mundo y, en general, contra la superstición religiosa. Negaban la inmortalidad del alma, a la que consideraban material y compuesta de átomos más sutiles. En la Edad Medía imperaban el idealismo y la escolástica. La filosofía se convirtió entonces en la sirvienta de la teología. Algunas tendencias materialistas en la escolástica se manifestaron entre los nominalistas (Duns Escoto, Guillermo Occam), que afirmaban que los conceptos generales no existen antes que las cosas, como lo enseñaban los realistas extremos, sino que sólo son las denominaciones de las cosas concretas individuales. La evolución de la ciencia y el renacimiento del materialismo están relacionados con la desintegración de la sociedad feudal y la formación del nuevo modo capitalista de producción. Los grandes descubrimientos geográficos de fines del siglo XV y de principios del XVI (descubrimiento de América, de la vía marítima a la India, de la circunnavegación) demostraron la forma esférica del mundo. Copérnico (1473-1543) refutó la idea, defendida por la iglesia, acerca de la Tierra inmóvil en el centro del universo, y fundamentó el sistema heliocéntrico del mundo, asestando un certero golpe a la concepción eclesiástica del mundo de la Edad Media. Los trabajos de Keplero (1571-1630) y de Galileo (1564-1642) afianzaron el sistema heliocéntrico del mundo como el único científico, no obstante la interdicción de esta teoría por la iglesia y el cruel castigo de sus defensores. La filosofía materialista moderna, que sintetizó las conquistas del pensamiento científico, mantiene la lucha contra la escolástica, contra la autoridad de la iglesia y dirige su mirada hacia la experiencia como el auténtico maestro, y hacia la Naturaleza como el verdadero objeto de la filosofía. El progenitor del materialismo de los tiempos modernos fue el filósofo inglés Francisco Bacon (1561-1626), que se manifestó contra la escolástica y en defensa del conocimiento experimental; consideraba las sensaciones y la experiencia, fuente de nuestros conocimientos. El materialismo de Bacon, aún encerrando tendencias mecanicistas, no había adoptado, sin embargo, un carácter mecanicista unilateral. En Hobbes (1588-1679), sistematizador del materialismo baconiano, el materialismo adquirió un carácter nítidamente mecanicista. “La materialidad pierde su flor y se convierte en la materialidad abstracta de un geómetra. El movimiento físico es sacrificado al movimiento mecánico o matemático” (Marx). El materialismo mecanicista fue desarrollado en su física por el filósofo francés Descartes (1596-1650), quien permaneció en las posiciones del dualismo en su metafísica. El filósofo Gasssendi (1592-1655) resucitó el materialismo atomista de Epicuro y combatió la metafísica idealista de Descartes. El gran filósofo holandés Spinoza (1632-1677) superó el dualismo de Descartes, tomando como base la sustancia única, la Naturaleza. La extensión y el pensamiento fueron considerados por Spinoza como las propiedades (atributos) necesarias e inalienables de esta sustancia única. La aspiración de Spinoza a comprender la unidad del mundo y a explicarlo por sí mismo, halló su expresión en su teoría de la sustancia como causa de sí misma, como autocausa. No obstante todos los aspectos débiles y sus defectos, la filosofía de Spinoza constituye la gran síntesis de los conocimientos de aquella época. La filosofía de Locke (1632-1704), sin estar libre de concesiones al idealismo y al agnosticismo, pero que desenvolvió el principio materialista sosteniendo que las percepciones del mundo exterior por los órganos sensoriales son la fuente del conocimiento, ejerció una gran influencia sobre la teoría del conocimiento de los materialistas franceses del siglo XVIII. También ejerció una influencia considerable sobre estos últimos el filósofo inglés Toland (1670-1722), que concebía el movimiento como el atributo fundamental de la materia. El materialismo francés (La Mettrie, 1709-1751; Holbach, 1723-1789; Diderot, 1713-1784; Helvecio, 1715-1771, y otros), que sintetizó los progresos alcanzados por las ciencias naturales en los siglos XVII y XVIII y que en vísperas de la Revolución Francesa de 1789 forjó el arma teórica de la lucha de la burguesía revolucionarla contra la ideología feudal, tenía un carácter particularmente combativo y progresista. Los materialistas franceses actuaron como combatientes por el progreso de la ciencia, contra el obscurantismo religioso y contra la metafísica idealista del siglo XVII. Sin embargo, el materialismo francés no rebasó los marcos de la metafísica y de la interpretación mecanicista del movimiento. Los materialistas franceses eran idealistas en cuanto a la interpretación de los fenómenos sociales. El último gran representante del materialismo anterior a Marx fue el filósofo alemán Ludwig Feuerbach (1804-1872), que, luchando contra el idealismo de Hegel, afirmaba que la Naturaleza existe independientemente de la conciencia y que el hombre es el producto de la Naturaleza. Pero Feuerbach concebía el hombre de una manera abstracta, sólo como Hombre en general y no como un hombre social e históricamente concreto que modifica el mundo que le circunda. Al no comprender el valor de la práctica social, Feuerbach permaneció en las posiciones del materialismo intuitivo, siendo idealista en la interpretación de los fenómenos sociales, Feuerbach criticó severamente la religión, no estando en condiciones, sin embargo, de descubrir sus raíces sociales, y llegando a proclamar una religión nueva, la religión del corazón, la religión del amor. Además de rechazar el idealismo hegeliano desechó también su dialéctica, quedándose en las posiciones del materialismo metafísico. Sólo Marx y Engels, los ideólogos de la única clase consecuentemente revolucionaria, el proletariado, reelaborando todo lo valioso que había creado el pensamiento científico y filosófico precedente, crearon la forma superior del materialismo, el materialismo dialéctico (ver). Marx y Engels hicieron extensivo, por primera vez, el materialismo al conocimiento de la Sociedad, creando el materialismo histórico (ver). Después de ellos, los filósofos y sabios burgueses hicieron aisladas tentativas de resucitar las anteriores formas del materialismo dotándole de un carácter trivial y vulgar (los materialistas vulgares: Buchner, Vogt, Moleschot, que aparecieran en Alemania en las décadas del 50 y 60 del siglo XIX). Marx y Engels lucharon contra este materialismo trivial y vulgar. El materialismo dialéctico, desarrollado más adelante en los trabajos de Lenin y de Stalin, es la concepción filosófica del Partido Bolchevique.

Diccionario filosófico marxista · 1946:197-200

Materialismo

Una de las dos principales corrientes filosóficas, que resuelve científicamente el problema fundamental de la filosofía, el de la relación entre el pensar y el ser. Contrariamente al idealismo, el materialismo considera la materia como dato primario y la conciencia, el pensamiento, como dato secundario. La forma superior del materialismo es el materialismo filosófico marxista (ver), que ha superado todas las insuficiencias y debilidades de las doctrinas materialistas anteriores. El materialismo, que se apoya en la ciencia, ha sido siempre la concepción del mundo de las clases sociales avanzadas en lucha por el progreso e interesadas en el desarrollo de las ciencias.

El materialismo nació en los países del Oriente antiguo: Babilonia, Egipto, India y China. A fines del siglo VII y comienzos del VI antes de nuestra era, en la época de la formación de las ciudades griegas con su artesanado y su comercio floreciente, se desarrolló en las colonias jónicas de Grecia. Los sistemas materialistas de los pensadores de la Grecia antigua, quienes eran al mismo tiempo naturalistas, se hallaban estrechamente ligados a los progresos de las ciencias. Los filósofos jonios de la escuela de Mileto (ver), en particular, Tales, Anaximandro, Anaxímenes, profesaban un materialismo primitivo y una dialéctica ingenua. El problema fundamental de sus sistemas era el del principio primero, de la materia original. Para Tales (ver) las cosas provenían del agua; para Anaximandro, de una materia indefinida, el “apeirón”; para Anaxímenes, del aire. Según Heráclito (ver), el universo fue, es y será siempre un fuego vivo que se enciende y se extingue perpetuamente. En su caracterización de la filosofía jónica, Engels decía: “…vemos dibujarse ya enteramente el materialismo natural espontáneo que, en la primera fase de su desarrollo, considera como algo completamente lógico y natural la unidad en la infinita diversidad de los fenómenos naturales, y la busca en algo netamente físico, en un cuerpo en particular, como Tales en el agua” (Dialéctica de la naturaleza, Ed. rusa). Al colocar en la base del mundo diversos elementos materiales, los filósofos de la Grecia antigua lo consideraban como un todo unido, como un proceso infinito de cambios y de transformaciones de esos elementos. Según la expresión de Engels, eran todos ellos dialécticos natos, para quienes la idea de la ligazón de los fenómenos era el resultado de la observación inmediata. Ese punto de vista ingenuo, pero justo en el fondo, fue formulado con la mayor fuerza por Heráclito. Los progresos ulteriores del materialismo se vinculan ante todo a los nombres de Anaxágoras (ver), Empédocles (ver), Demócrito (ver), Epicuro (ver) y Lucrecio (ver). Demócrito, Epicuro y Lucrecio eran atomistas. Según ellos, el fundamento de todas las cosas está constituido por átomos, partículas materiales de formas variadas, indivisibles e impenetrables, que se desplazan en un vacío infinito y cuyas combinaciones engendran toda la diversidad de los fenómenos naturales. Los mundos son innumerables y extraen su origen del torbellino de los átomos. Unos surgen, otros perecen. El materialismo atomístico de Demócrito, de Epicuro y de Lucrecio estaba dirigido contra la idea de la intervención divina en los destinos del mundo y, de una manera general, contra las supersticiones. Esos filósofos negaban la inmortalidad del alma, a la que consideraban como una cosa material, compuesta de átomos muy ligeros.

La Edad Media es dominada por el idealismo y la escolástica. La filosofía se convierte en la servidora de la teología. Algunas tendencias materialistas se manifiestan en los nominalistas (Ver Nominalismo; Occam), quienes afirman, en oposición a los “realistas”, que las ideas generales no son anteriores a las cosas y sirven únicamente para designar los objetos concretos. La decadencia de la sociedad feudal y el nacimiento del modo de producción capitalista estimulan el progreso de la ciencia y el nuevo avance del materialismo. Los grandes descubrimientos geográficos de fines del siglo XV y comienzos del XVI (descubrimiento de América, de la vía marítima a las Indias, viajes alrededor del mundo) muestran la esfericidad de la tierra. El eminente sabio polaco Copérnico (ver) echa por tierra el sistema de Ptolomeo defendido por la Iglesia y, según el cual, la tierra sería un cuerpo fijo colocado en el centro del universo. El sistema heliocéntrico de Copérnico asesta un golpe fulminante a la concepción medieval del mundo. Kepler y Galileo (ver) perfeccionan ese sistema científico a despecho de su condenación por la Iglesia y de las represiones brutales de que fueron objeto sus defensores.

La filosofía materialista del nuevo período generalizó y resumió las adquisiciones del pensamiento científico, se elevó contra la escolástica y los dogmas de la Iglesia, se volvió hacia la experiencia, su verdadero maestro, y hacia la naturaleza, objeto auténtico de la filosofía. Ese materialismo era la filosofía de una clase nueva, la burguesía, que desplazaba a los feudales. El filósofo inglés F. Bacon (ver) fue el fundador del materialismo moderno. Fue enemigo de la escolástica y defensor del conocimiento experimental; las sensaciones, la experiencia, eran para él, la fuente de nuestros conocimientos. A pesar de su tendencias mecanicistas, su materialismo no tiene el carácter unilateral que tendrá en Hobbes (ver). Marx escribía que en Hobbes, quien sistematizó el materialismo de Bacon, la materialidad “se convierte en la materialidad abstracta del geómetra. El movimiento físico es sacrificado al movimiento mecánico o matemático; la geometría es proclamada como la ciencia principal” (Marx/Engels, Obras, Ed. alem.). Descartes (ver) desarrolla en su física el materialismo mecanicista (ver) aunque permaneciendo dualista en filosofía. Gassendi (ver) pone de nuevo en el puesto de honor al materialismo atomístico de Epicuro y lucha contra la metafísica idealista de Descartes. El gran filósofo holandés Spinoza (ver) supera el dualismo de Descartes y sostiene que la naturaleza es la substancia única cuyos atributos son la extensión y el pensamiento. La substancia, “causa sui“, expresa la unidad del mundo, el cual se explica por sí mismo. No obstante sus puntos débiles, la filosofía de Spinoza señala un gran paso adelante en el progreso del materialismo. La teoría materialista del conocimiento del siglo XVIII, debe mucho a Locke (ver), quien, no obstante sus concesiones al idealismo y al agnosticismo, desarrolla la tesis materialista según la cual, las percepciones sensoriales del mundo exterior constituyen la fuente del conocimiento. El filósofo inglés Toland (ver), quien consideraba el movimiento como el atributo esencial de la materia, ejerció también una gran influencia sobre el desarrollo del materialismo. El materialismo francés (La Mettrie, ver; Holbach, ver; Diderot, ver; Helvecio, ver, y otros), que sistematizó las adquisiciones de la ciencia de la naturaleza de los siglos XVII y XVIII, y se convirtió, en vísperas de la Revolución Francesa, en el arma teórica de la burguesía revolucionaria en su lucha contra la ideología feudal, se distingue por su carácter avanzado y combativo. Los materialistas franceses, campeones del progreso científico, se alzan contra el obscurantismo religioso, contra la metafísica idealista. Pero el materialismo francés no rebasa el marco del materialismo metafísico, de la concepción mecanicista del movimiento según la cual, todos los cambios de la naturaleza representan un progreso puramente cuantitativo. Los materialistas franceses, como todos sus predecesores por lo demás, se atienen a una explicación idealista de los fenómenos sociales.

El materialismo filosófico y la ciencia materialista del siglo XVIII deben mucho al gran sabio ruso Lomonósov (ver) y al eminente filósofo ruso Radishchev (ver). La ley de la conservación de la materia y del movimiento revelada por Lomonósov, así como otros descubrimientos de ese sabio, en física, química, &c., denotaban una tendencia rigurosamente materialista y minaban los fundamentos del idealismo. Las tesis sostenidas por Lomonósov contenían importantes elementos dialécticos. El campeón de la lucha contra la servidumbre de la gleba, Radishchev, asestó golpes sensibles al idealismo por medio de su libro Del hombre, de su mortalidad y de su inmortalidad.

El filósofo alemán Ludwig Feuerbach (ver) fue un notable representante del materialismo anterior a Marx. Combatiendo el idealismo de Hegel (ver), Feuerbach sostiene que la naturaleza existe independientemente de la conciencia, que el hombre es un producto de la naturaleza. Sin embargo, considera al hombre como un ser abstracto, como el hombre en general, y no como un ser social e históricamente concreto que transforma el mundo que lo rodea. Sin comprender la importancia de la práctica social, Feuerbach no pasó de ser un materialista contemplativo y un idealista en la explicación de los fenómenos sociales. Hizo una crítica severa de la religión pero, incapaz de captar sus raíces sociales, proclamó una religión nueva, la del corazón y del amor. Al rechazar el idealismo de Hegel, rechazó al mismo tiempo, su dialéctica.

El materialismo anterior a Marx alcanzó su apogeo en la obra de los grandes pensadores rusos del siglo XIX Belinski (ver), Herzen (ver), Chernishevski (ver), Dobroliúbov (ver). Estos pensadores fueron portavoces de los intereses del campesinado, campeones de la lucha contra la servidumbre de la gleba y la explotación burguesa. Eso les permitió eliminar los defectos y la estrechez del materialismo anterior. Lejos de ser pasivo y contemplativo, el materialismo de Chernishevski y de Dobroliúbov fue un arma y bandera de la lucha revolucionaria contra la opresión del pueblo, fue la ideología de la revolución campesina. Contrariamente a Feuerbach, los materialistas rusos no rechazaban la dialéctica hegeliana sino que utilizaban sus elementos positivos y se esforzaban por encauzarla en un sentido materialista. Lucharon resueltamente contra la religión, y uno de sus grandes méritos consiste en haber creado una estética materialista, una ética revolucionaria, &c. Las circunstancias objetivas, sin embargo, no permitieron que esos pensadores superaran enteramente la estrechez metafísica del antiguo materialismo, ni aplicaran el materialismo filosófico a la explicación de la vida social, ni se elevaran hasta el materialismo dialéctico. Sólo Marx y Engels, ideólogos del proletariado, es decir, de la única clase revolucionaria consecuente, refundieron con espíritu crítico lo más precioso del pensamiento científico y filosófico anterior, y crearon la forma superior del materialismo, la única científica, el materialismo dialéctico (ver).

El materialismo filosófico marxista no es una simple prolongación del antiguo materialismo, sino que significa un “salto” en el desarrollo del pensamiento humano, el pasaje a un estado cualitativo nuevo. El materialismo de Marx y Engels superó la estrechez del antiguo materialismo, conservando al mismo tiempo cuanto había de valedero en este último.

El materialismo marxista se halla ligado orgánicamente a la teoría dialéctica del devenir. Es un materialismo dialéctico. Las diversas tentativas realizadas por los filósofos y científicos burgueses para resucitar las antiguas formas –mecanicistas y metafísicas– del materialismo (Büchner, Vogt, Moleschott, materialistas vulgares alemanes de la década del cincuenta del siglo XIX) fueron liquidadas completamente por Marx, Engels y Lenin. Marx y Engels crearon el materialismo histórico (ver) aplicando el materialismo al conocimiento de la sociedad. La esencia del materialismo marxista como ideología del proletariado revolucionario, se expresa con brillantez en una de las tesis de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (Marx/Engels, Obras escogidas, t. II, p. 378, Ed. esp., Moscú, 1952). La esencia misma del materialismo filosófico marxista determina su eficacia revolucionaria, su combatividad, su espíritu de partido, su vínculo orgánico con el socialismo proletario.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:327-330

Materialismo

(del latín materialis: sustancial). Única corriente filosófica científica, opuesta al idealismo. El materialismo como certidumbre espontánea de todas las personas en la existencia objetivo del mundo exterior, se distingue del materialismo como concepción filosófica del mundo, concepción que representa la profundización y el desarrollo científicos del punto de vista del materialismo espontáneo. El materialismo filosófico afirma el carácter primario de lo material y el carácter secundario de lo espiritual, de lo ideal, lo cual significa que el mundo es eterno, que no ha sido creado, que es infinito en el tiempo y en el espacio. El materialismo entiende que la conciencia es un producto de la materia y la concibe como un reflejo del mundo exterior, con lo cual afirma que la naturaleza es cognoscible. En la historia de la filosofía, el materialismo, por regla general, ha sido la concepción del mundo de las clases y capas avanzadas de la sociedad, interesadas en que el mundo se reflejara acertadamente, en que se intensificara el dominio del hombre sobre la naturaleza. Generalizando los resultados de las ciencias, el materialismo facilitaba el progreso del saber, el perfeccionamiento de los métodos científicos, lo cual a su vez ejercía beneficiosa influencia sobre los resultados de la actividad práctica del hombre, sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. En el proceso de la interacción que se establecía entre el materialismo y las ciencias especiales, se modificaba el aspecto del propio materialismo. Sus primeras doctrinas aparecen cuando nace la filosofía en las sociedades esclavistas de la India, China y Grecia antiguas, varios siglos antes de nuestra era, debido al progreso de los conocimientos científicos en astronomía, matemáticas y otras ciencias. El rasgo común del materialismo antiguo, en muchos aspectos todavía ingenuo (Lao-tse, Ian-chu, Van Chun, escuela charvaka, Heráclito, Anaxágoras, Empédocles, Demócrito, Epicuro y otros), estriba en reconocer la materialidad del mundo, su existencia independiente del espíritu humano. Sus representantes se esforzaban por encontrar en la diversidad de la naturaleza un primer principio común a todo lo existente y a todo lo que ocurre (Elemento). Fue un mérito del materialismo antiguo el haber ideado la hipótesis de la estructura atómica de la materia (Leucipo, Demócrito). Muchos materialistas de la Antigüedad eran dialécticos espontáneos. No obstante, algunos de ellos no establecían aún una delimitación precisa entre lo físico y lo psíquico, atribuían propiedades psíquicas a toda la naturaleza (Hilozoísmo). En el materialismo antiguo, el desarrollo de las tesis materialistas y dialécticas se combinaba aún con la influencia de la ideología mitológica. En la Edad Media y en el Renacimiento, las tendencias materialistas se presentaban en forma de nominalismo, de teorías panteístas (Panteísmo) y de otras que sostenían la “coeternidad de naturaleza y Dios”. El ulterior desarrollo del materialismo aconteció durante los siglos XVII-XVIII en Europa (Bacon, Galileo, Hobbes, Gassendi, Spinoza, Locke). Este materialismo surgió sobre la base del capitalismo en gestación y del avance consiguiente de las fuerzas productivas, de la nueva técnica, de la ciencia. Los materialistas, como ideólogos de la burguesía, progresiva en aquellos tiempos, combatieron a la escolástica medieval y a las autoridades eclesiásticas, tomaron la experiencia como maestro y la naturaleza como objeto de la filosofía. El materialismo de los siglos XVII-XVIII se halla vinculado a la mecánica y a la matemática, entonces en impetuoso crecimiento, y a ello se debe su carácter mecanicista. Otra de sus particularidades estriba en su tendencia al análisis, a la división de la naturaleza en esferas y objetos de investigación aislados, desligados entre sí, y en examinarlos sin tener en cuenta su desarrollo. Entre los representantes de la filosofía materialista del período indicado, ocupan un lugar especial los materialistas franceses del siglo XVIII (La Mettrie, Diderot, Helvecio y Holbach). Sin salir, en líneas generales, de la concepción mecanicista del movimiento, lo consideraban –siguiendo a Toland– como propiedad universal e inseparable de la naturaleza. Se liberaron por completo de la inconsecuencia deísta inherente a la mayor parte de los materialistas del siglo XVII. La conexión orgánica que existe entre todo materialismo y el ateísmo se manifestó con singular relieve en los materialistas franceses del siglo XVIII. En el desarrollo de esta forma de materialismo el punto culminante –en Occidente–, corresponde al materialismo “antropológico” de Feuerbach. Al mismo tiempo, en Feuerbach se hace más patente el carácter contemplativo propio de todo el materialismo premarxista. En Rusia y en otros países de la Europa Oriental, dan un nuevo paso en el desarrollo del materialismo los demócratas revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX con su filosofía (Belinski, Herzen, Chernishevski, Dobroliúbov, Márkovich, Botev, y otros); se basaban en la tradición de Lomonósov, Radíshchev y otros, y en varios aspectos se elevaron sobre el estrecho horizonte del antropologismo y del método metafísico. La forma superior y más consecuente del materialismo es el materialismo dialéctico creado por Marx y Engels a mediados del siglo XIX. Con él no sólo se superan las insuficiencias del viejo materialismo recién indicadas, sino además, la concepción idealista de la historia, propia de todos ellos. En la ulterior historia del materialismo, ya se distinguen nítidamente dos tendencias por principio diferentes: el desarrollo del materialismo dialéctico e histórico por una parte y distintas variedades simplistas y vulgarizadoras del materialismo por otra. Entre estas últimas la más típica ha sido el materialismo vulgar próximo al positivismo; hacia el positivismo se inclinaban también las variedades del materialismo vulgar que surgieron en la linde de los siglos XIX y XX como tergiversación del materialismo dialéctico (revisión mecanicista del marxismo y otras). En la segunda mitad del siglo XIX el materialismo en sus formas maduras resultó incompatible con los estrechos intereses de clase de la burguesía. Los filósofos burgueses acusan al materialismo de amoral, de no comprender la naturaleza de la conciencia y lo identifican con las variedades primitivas del primero. Algunos de ellos, sin embargo, aunque rechazan el ateísmo militante y el optimismo cognoscitivo, se han visto obligados a admitir, con vistas al desarrollo de la producción y de la ciencia natural, ciertos elementos de la concepción materialista del mundo. Por otra parte no han sido pocos los científicos que, declarándose idealistas, desentendiéndose al modo positivista “de toda filosofía”, en las investigaciones científicas especiales han mantenido de hecho posiciones materialistas (por ejemplo, el materialismo histórico-natural de Ernst Haeckel y de Ludwig Boltzmann). En cuanto a los hombres de ciencia avanzados de nuestro tiempo, es característica la evolución en el sentido de pasar del materialismo científico-natural al materialismo consciente y, en última instancia, al materialismo dialéctico (Langevin, Joliot-Curie, Kotarbinski, Ianaguida, Lamont y otros). Una de las particularidades que ofrece el desarrollo del materialismo dialéctico estriba en enriquecerse con nuevas ideas gracias a la crítica tanto de las formas actuales del idealismo como de los puntos débiles de las teorías formuladas por los naturalistas materialistas. El actual desarrollo de la ciencia requiere que los naturalistas se conviertan en partidarios conscientes del materialismo dialéctico. Por otra parte, el desarrollo de la práctica histórico-social y de la ciencia condiciona el ulterior progreso de la filosofía del materialismo.

Diccionario filosófico · 1965:298-299

Materialismo

(lat. materialis): corriente filosófica científica, opuesta al idealismo. Se diferencia entre el materialismo como convicción espontánea de todos los hombres en la existencia objetiva del mundo exterior y el materialismo como concepción filosófica del mundo que constituye la profundización y el desarrollo científicos de los puntos de vista del materialismo espontáneo. El materialismo filosófico afirma la prioridad de lo material y el carácter secundario de lo espiritual, lo ideal, lo que significa que el mundo existe desde toda la eternidad, no fue creado y es infinito en el tiempo y el espacio. Considerando que la conciencia es un producto de la materia, el materialismo estudia a aquélla como reflejo del mundo exterior y afirma así la cognoscibilidad de la naturaleza. En la historia de la filosofía, el materialismo ha sido, por lo general, la concepción del mundo de las clases y sectores de vanguardia de la sociedad, interesados en el conocimiento atinado del mundo y en el reforzamiento del poder del hombre sobre la naturaleza. Sintetizando las realizaciones de la ciencia, el materialismo contribuye al crecimiento del saber científico y al perfeccionamiento de los métodos científicos, lo cual a su vez ejerce una influencia benéfica sobre los éxitos de la práctica humana y el desarrollo de las fuerzas productivas. En el proceso de interacción del materialismo y las ciencias especiales se han cambiado el aspecto y las formas del propio materialismo. Sus primeras doctrinas aparecen al surgir la filosofía en las sociedades esclavistas de la India, China y Grecia antiguas, algunos siglos antes de nuestra era, en virtud del progreso en el dominio de la astronomía, las matemáticas y otras ciencias. El rasgo común del materialismo antiguo, todavía ingenuo en gran medida (Laozi, Yang Zhu, Wang Chung, escuela lokayata, Heráclito, Anaxágoras, Empédocles, Demócrito, Epicuro y otros), consiste en el reconocimiento de la materialidad del mundo y su existencia independiente de la conciencia humana. Sus representantes procuraban hallar en la diversidad de la naturaleza el principio primario común a todo lo que existe y acontece (Elemento). Un mérito del materialismo antiguo fue la creación de la hipótesis acerca de la estructura atómica de la materia (Leucipo, Demócrito). Muchos materialistas antiguos fueron dialécticos espontáneos. Ahora bien, la mayoría de ellos no trazaban todavía una línea divisoria nítida entre lo físico y lo psíquico, dotando de propiedades de este último a toda la naturaleza (Hilozoísmo). El desarrollo de los postulados materialistas y dialécticos se conjugaba aún en el materialismo antiguo con la influencia de la ideología mitológica. En los siglos de la Edad Media, las tendencias materialistas se manifestaban en forma de nominalismo, doctrinas de la eternidad de la naturaleza y de Dios y de las primeras herejías panteístas. En la época del Renacimiento, el materialismo (Telesio, Bruno y otros) a menudo tomaba forma de panteísmo e hilozoísmo, estudiaba la naturaleza en su integridad y hacía recordar en gran medida el materialismo de la Antigüedad. En los siglos 17-18, el materialismo se desarrolló en los países de Europa (Bacon, Galileo, Hobbes, Gassendi, Spinoza, Locke). Esta forma de materialismo surgió sobre el terreno del capitalismo naciente y el correspondiente crecimiento de la producción, la técnica y la ciencia. Siendo ideólogos de la burguesía, que a la sazón era una clase progresista, los materialistas luchaban contra la escolástica medieval y las autoridades eclesiásticas y se remitían a la experiencia como al maestro y a la naturaleza como al objeto de la filosofía. En los siglos 17-18, el materialismo está enlazado con la mecánica y las matemáticas en vertiginoso progreso, lo cual determinó el carácter mecanicista del materialismo. Una particularidad del materialismo de aquella época era el afán de analizar, de dividir la naturaleza en campos y objetos de investigación más o menos aislados y desvinculados entre sí y de estudiarlos al margen del desarrollo. Entre representantes de la filosofía materialista de aquel período ocupan especial lugar los materialistas franceses del siglo 18 (La Mettrie, Diderot, Helvecio y Holbach). Manteniendo en conjunto las posiciones de la comprensión mecanicista del movimiento, lo juzgaban propiedad universal e inalienable de la naturaleza. Muchos elementos de la dialéctica figuran en el materialismo de Diderot. En los materialistas franceses del siglo 18 es particularmente realzado el nexo orgánico existente entre todo materialismo y el ateísmo. En Occidente, la cumbre de esta forma de materialismo era el materialismo “antropológico” de Feuerbach. Al mismo tiempo, en las obras de Feuerbach se manifestó con la mayor evidencia el carácter contemplativo propio de todo el materialismo premarxista. En Rusia y otros países de Europa Oriental, un paso adelante en el desarrollo del materialismo lo constituyó en la segunda mitad del siglo 19 la filosofía de los demócratas revolucionarios (Belinski, Herzen, Chernishevski, Dobroliúbov, Marcovic, Botev y otros), que se apoyaba en las tradiciones de Lomonósov, Radíschev, &c. y en varios aspectos se elevó por encima del estrecho horizonte del antropologismo y del método metafísico. La forma superior y más consecuente del materialismo pasó a ser el materialismo dialéctico, creado hacia mediados del siglo 19 por Marx y Engels. El materialismo dialéctico no sólo superó los defectos mencionados del viejo materialismo, sino también la comprensión idealista –propia de todos sus representantes–de la sociedad humana. En la historia posterior del materialismo se distinguieron ya bien claro dos líneas diferentes por principio: el desarrollo del materialismo dialéctico e histórico, por una parte, y una serie de variedades simplificadas y vulgarizadas del materialismo, por la otra. Entre las últimas, el más típico era el materialismo vulgar, que se acercaba al positivismo; hacia este último tienden también las variedades del materialismo surgidas en la divisoria de los siglos 19 y 20 como deformación del materialismo dialéctico. En la segunda mitad del siglo 19, el materialismo en sus formas maduras resultó incompatible con los estrechos intereses de clase de la burguesía. Los filósofos burgueses acusan al materialismo de amoralidad y lo identifican con sus variedades primitivas. A veces los idealistas hacen pasar sus doctrinas por materialismo “auténtico” y “más reciente” (Carnap, Bachelard, Sartre). Disimulando a menudo la contraposición del materialismo y el idealismo, los filósofos burgueses no recurren sólo al positivismo y el neorrealismo, sino también a construcciones tan amorfas y ambiguas como el naturalismo americano moderno. Los científicos contemporáneos de vanguardia se caracterizan por el tránsito del materialismo de las ciencias naturales al materialismo consciente y, en última instancia, dialéctico (Langevin, Juliot-Curie y otros). Una particularidad del desarrollo del materialismo dialéctico es su enriquecimiento con nuevas ideas. El desarrollo actual de la ciencia exige que los científicos naturalistas se conviertan en partidarios conscientes del materialismo dialéctico. Al mismo tiempo, el desarrollo de la práctica socio-histórica y la ciencia recaba que se desarrolle y especifique sin cesar la filosofía misma del materialismo. Lo último transcurre en constante lucha del materialismo contra las variedades más recientes de la filosofía idealista.

Diccionario de filosofía · 1984:274-276