Materia

Materia

El mundo, por su naturaleza, es material. La variedad múltiple de los fenómenos que observamos en la Naturaleza, representa diversas formas de la materia en movimiento. La materia es la única fuente y la última causa de todos los procesos en la Naturaleza, puesto que todo se compone de la materia y por ella es engendrado. El átomo, la célula viva, el organismo, el hombre pensante son diversas formas de la materia. La materia es eterna e infinita. No desaparece ni es creada de nuevo; es increable e indestructible; la materia sólo cambia de formas. “Nada es eterno fuera de la materia en sus cambios y movimiento eternos, y las leyes de su movimiento y su cambio” (Engels). “Mediante el largo y lento desarrollo de la filosofía y de las ciencias naturales, los hombres llegaron a la conclusión generalizada de la unidad del mundo material” (Engels). Ya los primeros filósofos de la Antigua Grecia reconocían la materia como el fundamento de la realidad, pero identificándola con algunas de sus formas. Tales estimaba que el fundamento de todo es el agua, Anaxímenes entendía que el aire es la materia infinita y Heráclito consideraba al fuego como primer fundamento de todo. Todos ellos consideraban la “unidad en la variedad múltiple, infinita de los fenómenos de la Naturaleza como algo que por sí mismo se comprende” (Engels), y la buscaban en algo corpóreo, en algo especial (en el agua, en el aire, en el fuego). El primer concepto general de materia fue creado por los atomistas antiguos (Leucipo, Demócrito, Epicuro). Demócrito enseñaba que el mundo es una multitud infinita de átomos, idénticos por su esencia, pero diferentes por el volumen y la forma. En el siglo XVII, la concepción atomista de la estructura de la materia fue continuada por el filósofo francés Gassendi (ver), quien también estimaba que el mundo se compone de átomos que poseen propiedades absolutas, tales como la solidez y la impenetrabilidad. Otra concepción sobre la materia desenvolvió el filósofo francés Descartes (ver) el cual se manifestó contra la teoría atomista, defendiendo la idea de la continuidad de la matarla. Descartes negaba la indivisibilidad de los átomos, considerando que la materia es divisible hasta la infinitud. Los materialistas franceses del siglo XVIII dieron un paso adelante en la interpretación de la materia manifestándose, de un lado, contra Descartes, que identificaba la materia con la extensión, y del otro lado, contra Newton, que interpretaba la materia como pasiva e inerte. Los materialistas franceses concebían la materia en unidad con el movimiento. Pero sus concepciones no salieron fuera de los marcos de la metafísica, puesto que consideraban que la materia se compone de partículas iguales e inmutables. «El reconocimiento de cualesquiera elementos inmutables, “de la inmutable esencia de las cosas”, &c., no es un materialismo verdadero, sino un materialismo metafísico, o sea, antidialéctico» (Lenin). El materialismo dialéctico establece que la materia es el mundo objetivo que existe en las múltiples y variadas formas de su manifestación y no un conjunto de cosas muertas, anquilosadas, inmóviles. El materialismo dialéctico no identifica la materia con ninguna de sus formas concretas; distingue claramente el concepto filosófico y el concepto físico de la materia. El concepto filosófico de la materia da una respuesta al problema del carácter primario y de realidad objetiva de la materia, abarcando todas sus formas, conocidos y desconocidas. “La materia es una categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva que es dada al hombre en sus sensaciones, realidad que es copiada, fotografiada. reflejada, por nuestras sensaciones, pero que existe independientemente de ellas” (Lenin). La materia posee una serie de propiedades sustanciales, la principal de las cuales es el movimiento. La materia existe en el espacio y en el tiempo, que son las formas objetivas de su existencia. El concepto físico de la materia se define por nuestros conocimientos científicos acerca de su estructura y de sus propiedades, concepto que no puede dejar de modificarse con la evolución de los conocimientos científicos acerca de la estructura de la materia. Así, en relación con los progresos recientes de la ciencia de fines del siglo XIX y de principios del XX, nuestros conocimientos sobre la estructura de la materia han experimentado un cambio, fueron enriquecidos por nuevos descubrimientos (la radioactividad, la teoría electrónica, &c.). La física contemporánea ha revelado que no sólo el átomo tiene una estructura compleja, sino también su núcleo, que se compone de partículas de dos clases: protones y neutrones. El concepto físico de la materia se va modificando, puesto que los conocimientos humanos se profundizan incesantemente. Las ciencias naturales no pueden dar una definición física plena y cabal de la materia, enumerar todas sus propiedades y manifestaciones, ya que la propia materia es inagotable. Pero “la mutabilidad de los conocimientos científicos acerca de la estructura y las formas del movimiento de la materia no refutan la realidad objetiva del mundo exterior” (Lenin). El concepto filosófico de la materia está íntimamente relacionado con su concepto físico. Pero, a la vez que la conexión entre ellos, es necesario recordar también su diferencia. Confundir el concepto filosófico de la materia que tiene un valor universal y no transitorio, con la doctrina física acerca de la estructura de la materia que expresa siempre sólo el nivel alcanzado por la ciencia, puede conducir a negar la existencia de la materia como realidad objetiva, al idealismo físico. Confundiendo ambos conceptos de la materia, los naturalistas burgueses llegaron a una conclusión idealista a raíz de los formidables descubrimientos de la física de principios del siglo XX. Interpretaban el resquebrajamiento de nuestras representaciones de la materia como el desvanecimiento de la propia materia. No es la materia la que se desvanece, escribía Lenin, sino su límite hasta ahora conocido el que se esfuma. Nuestro conocimiento se profundiza y descubre nuevas propiedades de la materia. “Puede envejecer y envejece con cada día la teoría de la ciencia acerca de la estructura de la materia, acerca de la composición química de los alimentos, acerca del átomo y el electrón” (Lenin), pero no puede envejecer el concepto filosófico de la materia. Así, pues, el reconocimiento de la materia como una realidad objetiva que existe antes que el hombre, y que después de la aparición del hombre sigue existiendo fuera e independientemente de la conciencia humana, constituye la premisa básica de todo conocimiento científico.

Diccionario filosófico marxista · 1946:195-197

Materia

El mundo es material por naturaleza. La diversidad de los fenómenos naturales es una manifestación de las diversas formas de la materia en movimiento. La materia es la fuente única y la causa última de todos los procesos naturales. El átomo, la célula viva, el organismo, el hombre pensante, constituyen diferentes especies de la materia. La materia es eterna en el tiempo e infinita en el espacio. No puede ser creada ni destruida; sólo puede cambiar de forma. Engels escribía que en el ciclo de la materia “…no hay nada eterno a no ser la materia en eterno cambio, en eterno movimiento, y las leyes según las cuales se mueve y cambia” (Dialéctica de la naturaleza, Ed. rusa). Los hombres llegaron a la comprensión de la unidad del mundo material luego de un prolongado desarrollo de la filosofía y de las ciencias de la naturaleza. La materialidad del mundo se prueba no por medio de juegos de prestidigitación, dice Engels, sino por un largo y laborioso desarrollo de la filosofía y de las ciencias de la naturaleza. Ya los primeros filósofos de la Grecia antigua colocaban la materia en la base de todas las cosas, pero la identificaban con uno de sus diversos aspectos: para Tales (ver) era el agua; para Anaxímenes, el aire, y para Heráclito (ver), el fuego. La diversidad de los fenómenos naturales no les impedía reconocer en ellos la unidad que buscaban en las formas materiales particulares (el agua, el aire, el fuego). La primera definición de la materia se debe a filósofos atomistas de la antigüedad: Leucipo, Demócrito (ver), Epicuro (ver). Demócrito consideraba el mundo como una infinidad de átomos indivisibles, pero de forma y magnitud diferentes.

En el siglo XVII, la concepción atomística fue desarrollada por Gassendi (ver), para quien el mundo estaba compuesto por átomos dotados de propiedades absolutas tales como la solidez y la impenetrabilidad. En cuanto a Descartes (ver), se alzaba contra la teoría atomística, sostenía la idea de la continuidad de la materia, negaba la indivisibilidad de los átomos y afirmaba que la materia es divisible al infinito. Los filósofos materialistas del siglo XVIII se pronunciaban por una parte contra Descartes, que identificaba la materia y la extensión, y por otra parte, contra Newton (ver), que consideraba la materia como algo pasivo e inerte. Para los materialistas franceses, la materia es inseparable del movimiento. Pero ellos tampoco rebasaron el marco de la concepción metafísica según la cual, la materia se compone de partículas iguales inmutables y el movimiento se reduce al simple desplazamiento en el espacio. «La admisión de elementos inmutables cualesquiera, de la “inmutable esencia de las cosas”, &c., no es materialismo: es un materialismo metafísico, es decir, antidialéctico» (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 290, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948).

Los descubrimientos del gran sabio Lomonósov (ver), particularmente la ley de la conservación de la materia y del movimiento, que demostró la imposibilidad de aniquilar la materia y el movimiento, fueron de gran valor para el estudio científico de la materia y de las leyes de su movimiento. Un aporte precioso fue hecho en ese dominio por los pensadores rusos del siglo XIX, Belinski (ver), Herzen (ver), Chernishevski (ver) y Dobroliúbov (ver), quienes oponiéndose a la teoría metafísica de la materia, la enfocaban desde el ángulo de su desarrollo y de su cambio continuos. Sin embargo, sólo el materialismo dialéctico ha llegado a eliminar enteramente los postulados metafísicos y ha dado una definición científica de la esencia de la materia. Fue formulada por Lenin de la manera siguiente: “La materia es una categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva, que es dada al hombre en sus sensaciones, que es copiada, fotografiada, reflejada por nuestras sensaciones, y que existe independientemente de ellas” (Ibid., pp. 136 y 137). Esta definición generaliza los datos de la ciencia sobre la materia y suministra a los sabios un sólido apoyo materialista. Esta definición apunta directamente contra los idealistas que especulan con cada nuevo descubrimiento en el dominio de la estructura del átomo para denigrar el materialismo y hacer creer que la materia sería una ficción, un símbolo, un puro concepto, y no una realidad objetiva. Ahora bien, cualesquiera que sean las nuevas ideas sobre la estructura del átomo, nada puede conmover este hecho capital: la materia existe independientemente de la conciencia humana; todo lo que existe es la materia en sus diversas manifestaciones. La definición de la materia como categoría filosófica resuelve el problema de la realidad objetiva y de la anterioridad de la materia, abarca todas las formas conocidas y todavía desconocidas de la existencia de la materia.

La materia está dotada de ciertas propiedades esenciales, de las cuales, la principal es el movimiento. Ella se mueve en el espacio y en el tiempo (Ver Tiempo y espacio), formas objetivas de su existencia. Nuestras representaciones sobre la estructura de la materia están en función del nivel alcanzado por la ciencia. Así, los nuevos progresos de la ciencia que se produjeron a fines del siglo XIX y comienzos del XX, han modificado y enriquecido nuestros conocimientos sobre la estructura de la materia (la radioactividad, la teoría electrónica, &c.). La física moderna no sólo ha descubierto la estructura compleja del átomo, sino también del núcleo compuesto de partículas de dos clases: protones y neutrones. (Ver Átomo; Núcleo atómico). Pero, “…la mutabilidad de nuestros conocimientos científicos sobre la estructura y las formas de movimiento de la materia tampoco refuta la realidad objetiva del mundo exterior” (Ibid., p. 190). Los físicos de fines del siglo XIX y del comienzo del XX, extrajeron de esos descubrimientos una conclusión idealista. La destrucción de las antiguas representaciones concretas de la materia fue interpretada por ellos como la desaparición de la propia materia. En su lucha contra el idealismo “físico” (ver) y el “machismo” (ver), Lenin hace notar que no es la materia lo que desaparece, sino un límite determinado de nuestros conocimientos en ese dominio. Al progresar, nuestros conocimientos descubren propiedades nuevas de la materia. Sólo nuestras ideas sobre la estructura de la materia, sobre la composición química de las substancias, sobre el átomo y el electrón, &c., pueden envejecer, pero no la noción de materia.

Los filósofos reaccionarios de nuestros días han desencadenado de nuevo la campaña contra la materia desnaturalizando los nuevos descubrimientos en el dominio del microcosmos. Sólo el materialismo dialéctico asegura una base filosófica inconmovible a la ciencia moderna de la materia. El marxismo considera que la definición de la materia como categoría filosófica no puede ser confundida con tal o cual teoría física acerca de la estructura de la materia: la variabilidad de nuestras representaciones sobre la estructura y las propiedades de la materia no puede refutar el hecho de su realidad objetiva. Al mismo tiempo, el marxismo insiste en el vínculo de la filosofía con las demás ciencias. Engels hace notar que el materialismo cambia de aspecto ante cada gran descubrimiento de las ciencias naturales. Así, la tesis del materialismo dialéctico sobre el espacio y el tiempo como formas objetivas de la existencia de la materia, es incontestable. Pero habiendo profundizado la física moderna nuestros datos sobre las relaciones entre la materia y el movimiento, el espacio y el tiempo, es imposible examinar, al presente, las nociones del espacio y del tiempo, sin tener en cuenta los nuevos descubrimientos. Sucede lo mismo en lo que concierne al movimiento como modo de existencia de la materia de la que es una propiedad inseparable: los progresos de la física moderna, la teoría de la correlación entre la masa y la energía, del cambio de masa con el crecimiento de la velocidad, &c., al profundizar y concretar nuestros conocimientos sobre ese punto, hacen que la noción de movimiento no pueda ser examinada al margen de la teoría física moderna. El materialismo dialéctico exige que la concepción filosófica de la materia tome en consideración las adquisiciones de la ciencia, sin lo cual, la filosofía se convierte en dogma incapaz de generalizar los nuevos aportes científicos.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:325-327

Materia

Categoría filosófica para designar la realidad objetiva, que existe con independencia de la conciencia y en ésta se refleja (véase, Lenin, tomo XIV, pág. 117. Materialismo y empiriocriticismo, E.P.U., Montevideo 1959, pág. 135). Materia es la multiplicidad infinita de todos los fenómenos, objetos y sistemas existentes, es el substrato de todas las diversas propiedades, relaciones, interacciones y formas del movimiento. La materia no existe más que en la infinita multiplicidad de formas concretas de organización estructural, cada una de las cuales posee diferentes propiedades e interacciones, una estructura compleja, y constituye un elemento de un sistema más general. Sería, por tanto, erróneo buscar “la materia como tal”, una substancia primaria invariable, fuera de sus formas concretas. La esencia interna de la materia se revela a través de sus diversas propiedades e interacciones, cuyo conocimiento significa, precisamente, el conocimiento de la materia misma. Cuanto más compleja es la materia, tanto más distintas y diferenciadas son sus interconexiones y propiedades. En el nivel más alto de la complejidad –al que corresponde la aparición de los seres racionales– algunas de las propiedades de la materia, como por ejemplo la conciencia, parecen tan insólitas, tan distintas de la materia, que a primera vista se nos ofrecen como algo totalmente desligado de ella. El elevar esta idea a la condición de algo absoluto, la incapacidad de descubrir el nexo entre la conciencia y la materia siempre ha dado lugar a que surgieran diversas teorías idealistas y dualistas. Desde el punto de vista del materialismo dialéctico, la oposición entre materia y conciencia es relativa y condicional. Sólo tiene sentido en lo que respecta al planteamiento y a la resolución de la cuestión fundamental de la filosofía; más allá de esta esfera, pierde su sentido absoluto, pues la conciencia, las ideas sociales, &c. pueden presentarse respecto a los objetos materiales, cualesquiera que sean, como determinantes, y en este sentido son lo primario. La acción transformadora de la sociedad hace que en el mundo que nos circunda, determinado grupo de objetos materiales –instrumentos y medios de producción, edificios, productos de la síntesis química, objetos de consumo, &c.– por su origen y por la organización de la materia que los compone en cierta medida dependen de la conciencia del hombre, pues en ellos se encarna la idea humana. A medida que la ciencia y la técnica avancen, irá aumentando el número de objetos materiales cuyas propiedades, forma de organización e incluso origen dependerán de la actividad transformadora consciente del ser humano, que utilizará, al hacerlo, los materiales de la naturaleza. En este sentido señaló Lenin que “la conciencia del hombre no sólo refleja el mundo objetivo, sino que también lo crea” (tomo XXXVIII, pág. 204). La concepción filosófica de la materia como realidad objetiva se concreta y completa mediante las ideas científicas sobre la estructura y propiedades de la materia misma. Mas sería erróneo identificar la materia como categoría filosófica con tales o cuales concepciones sobre su estructura, dado que éstas cambian en dependencia de los nuevos descubrimientos de la ciencia, mientras que la definición filosófica de la materia permanece invariable. También sería erróneo identificar la materia como categoría filosófica con alguno de sus aspectos concretos, por ejemplo con la substancia, con el campo o con alguna de sus propiedades, verbigracia la masa, la energía, &c. La concepción materialista dialéctica de la materia se diferencia de la metafísica por el hecho de ver la materia no sólo como existiendo objetivamente, con independencia del espíritu del hombre, sino, además, como ligada de manera indisoluble al movimiento, al espacio y al tiempo, capaz de autodesarrollo, infinita en las relaciones cualitativa y cuantitativa en todas las dimensiones de su existencia (Unidad y diversidad del mundo, Formas de movimiento de la materia).

Diccionario filosófico · 1965:297-298

Materia

Realidad objetiva que existe fuera e independientemente de la conciencia humana y es reflejada por esta última. La materia, abarca una infinidad de objetos y sistemas del mundo que existen en la realidad. La materia es increable e indestructible, eterna en el tiempo e infinita en el espacio, en sus manifestaciones estructurales, está ligada indisolublemente con el movimiento y es capaz de autodesarrollarse sin cesar. En determinadas etapas, existiendo las condiciones favorables, este autodesarrollo conduce al surgimiento de la vida y de los seres pensantes. La conciencia constituye la forma superior del reflejo, que es una propiedad de la materia. El carácter universal y absoluto de la materia caracteriza la unidad material del mundo. En este último no hay nada que no sea un determinado tipo o estado de la materia, su propiedad, forma de su movimiento o producto de su desarrollo histórico. El reconocimiento de la unidad material del mundo es el principio de partida del materialismo filosófico en oposición a todas las concepciones idealistas en las que se admite como substancia de todos los fenómenos en el mundo la voluntad divina, la “idea absoluta”, el espíritu, la energía (energetismo), &c. La materia no puede reducirse a sus formas concretas de manifestación, por ejemplo, a la substancia o a los átomos, pues existen las formas no substanciales de la materia: los campos electromagnéticos y gravitacionales, los neutrinos de diversos tipos, cuya estructura es muy compleja. La materia es inagotable y su conocimiento es potencialmente ilimitado. Al mismo tiempo, la materia siempre posee una organización sistémica ordenada y es inseparable de las distintas propiedades y formas del movimiento. Desde el punto de vista de la ciencia moderna, las formas fundamentales de la materia son: 1) los sistemas de la naturaleza inorgánica (partículas elementales y campos, átomos, moléculas, cuerpos macroscópicos, sistemas cósmicos de distintos órdenes); 2) los sistemas biológicos (toda la biosfera, desde los microorganismos hasta el hombre); 3) los sistemas socialmente organizados (hombre, sociedad). Pero la materia no se reduce sólo a estas formas, ya que en el mundo infinito existen también variedades cualitativamente distintas de la materia como realidad objetiva, por ejemplo, los quarkos u otros posibles microobjetos en la estructura de las partículas “elementales”. La comprensión filosófica de la materia como realidad objetiva se especifica por las teorías de las ciencias naturales sobre la estructura y las leyes del movimiento de la materia. Pero sería erróneo identificar la categoría filosófica de materia con las representaciones físicas o químicas concretas sobre la materia, pues estas ultimas tienen un carácter particular y no abarcan toda la diversidad infinita de las variedades de la materia existentes en la realidad. De la misma manera es erróneo identificar la materia con una de sus propiedades concretas, por ejemplo, con la masa, la energía, el espacio, &c., puesto que la materia posee una diversidad inagotable de propiedades. El concepto de materia se explica detalladamente en todo el contenido del materialismo dialéctico e histórico y en su doctrina acerca de las propiedades universales y leyes del desarrollo de la materia (Formas de movimiento de la materia, Infinito y finito, Universo, Substancia, Unidad y diversidad del mundo).

Diccionario de filosofía · 1984:273-274